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Se retira el asfalto existente en calle Libertad

En el marco de la obra de pavimentación de calle Libertad, desde la mañana de este jueves la empresa Quidel está retirando la carpeta asfáltica existente. Esta tarea es una de las previstas en el plan de trabajos elaborado por la adjudicataria, que tuvo como trabajos iniciales la demolición del cordón cuneta.

El Intendente Marcelo Orazi recorrió el sector donde se están llevando adelante las tareas mencionadas.

Recordemos que Quidel puso en marcha la obra el 19 de enero pasado, tras cumplirse con todos los pasos administrativos que derivaron en la firma del contrato de obra.

El plazo de ejecución es de 5 meses, el presupuesto es de $24,5 millones y contempla, además de la pavimentación, la construcción de un boulevard y bicisenda.

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  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

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  • Berni quiere que la Legislatura controle el proceso de privatización de Nucleoeléctrica Argentina

     

    Sergio Berni busca crear una comisión bilateral para que la Legislatura bonaerense haga un seguimiento del proceso de privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina (NASA), la empresa estatal que opera las centrales nucleares del país.

    El jefe de los senadores peronistas en la Legislatura presentó un proyecto de Ley para garantizar la participación de la provincia en el proceso iniciado por el gobierno libertario.

    La iniciativa propone la creación de una comisión integrada por cinco senadores y cinco diputados, con representación proporcional de los distintos bloques políticos. La idea es que esa comisión pueda intervenir en el proceso de privatización, elaborar informes públicos y velar por la defensa de los intereses de la provincia y del país.

    «Cuando una empresa sujeta a privatización tiene su principal asentamiento en una provincia, esa provincia debe participar del procedimiento. Lo que estamos haciendo es garantizar ese derecho y que no quede librado a la voluntad del Gobierno nacional», dijo Berni.

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    El senador tiene su armado político en Zárate, donde funcionan las centrales nucleares Atucha I, Atucha II y el proyecto CAREM-25. Por eso, rápidamente brotaron las críticas del PRO -que gobierna ese municipio del norte bonaerense- a la iniciativa.

    «Tendría más sentido que sobre el tema legisle su mujer (Agustina Propato) que es diputada nacional y es en la órbita donde funciona Nucleoeléctrica Argentina. Sin embargo, a Berni le gana el personaje», dijo la diputada provincial Natalia Blanco que tiene asiento en Zárate y responde a Cristian Ritondo.

    Según el proyecto, la omisión de esa participación provincial por parte del Poder Ejecutivo Nacional configuraría el incumplimiento de un requisito esencial del procedimiento administrativo, lo que podría afectar la validez del proceso de privatización y dar lugar a las acciones administrativas y judiciales correspondientes.

    Rebelión atómica: suspendieron a los gerentes de Reidel, que se brotó en plena reunión

    Por estas horas, el gobierno se prepara para vender casi la mitad de Nucleoeléctrica Argentina. El plan es desprenderse del 49% de las acciones, en un movimiento que promete cambiar el tablero energético.

    NASA controla 1.763 MW de potencia instalada, lo que equivale al 4,1% de la capacidad bruta del país, y genera el 7,35% de la energía del SADI. Además, es una rara avis entre las estatales: fue superavitaria. En el primer trimestre declaró ganancias por $17.234 millones de pesos.

    El negocio tiene también un trasfondo geopolítico: en paralelo se firmó un acuerdo con Estados Unidos por el uranio argentino, con potencial para cambiar la matriz energética del país. Argentina tiene 34.000 toneladas de reservas y consume unas 220 toneladas anuales; el resto puede exportarse.

     

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  • Se pide mantener limpios los sectores en los que se llevó a cabo la recolección de residuos no domiliciarios

    Con el fin de erradicar de forma definitiva con los basurales clandestinos, en el día de ayer se comenzó con la recolección de residuos no domiciliarios desde la Avenida General Paz hacia el Este (Barrio Matadero, Este, El Trabajo, 201 Viviendas, Borgatti, Don Bosco y Provincial). En total se retiraron 47 viajes de camión volcador…

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  • El mercado global de bonos verdes se enfría y Genneia evitó que Argentina profundizara la caída

     

    El mercado global de bonos verdes y sostenibles perdió impulso durante 2025 y Argentina no quedó al margen de esa tendencia. Aunque el volumen emitido en el país mostró una recuperación respecto del año anterior, la mejora respondió casi exclusivamente a una colocación de Genneia, que evitó que el mercado local registrara una caída mucho más pronunciada.

    Así surge de un informe de la calificadora FIX SCR, que analizó la evolución del financiamiento sostenible tanto a nivel internacional como en Argentina y advirtió que el sector atraviesa una etapa de desaceleración luego del fuerte crecimiento registrado durante los últimos años.

    Según el estudio, las emisiones globales de bonos sociales, verdes y sostenibles totalizaron alrededor de USD 850.000 millones durante 2025, un 21% menos que en 2024. La retracción fue aún mayor en cantidad de operaciones, con una baja cercana al 30%, mientras que los bonos vinculados a la sostenibilidad profundizaron su retroceso y registraron una caída interanual superior al 42%.

    FIX atribuyó ese enfriamiento a una combinación de factores. Entre ellos mencionó un contexto regulatorio más exigente, mayores demandas de transparencia por parte de los inversores, dificultades para medir el impacto ambiental de algunos proyectos y el desplazamiento de parte del financiamiento hacia vehículos de deuda privada, considerados más flexibles para este tipo de inversiones.

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    «Durante algunos años alcanzaba con que un bono tuviera una etiqueta verde para captar fuerte demanda. Hoy el mercado cambió. Los inversores primero miran la calidad crediticia del emisor y recién después evalúan el componente ambiental», explicó a LPO un operador financiero consultado sobre la evolución del segmento.

    El especialista sostuvo que las empresas todavía pueden obtener una ventaja al emitir este tipo de instrumentos, ya que suelen ampliar la base de inversores y, en algunos casos, conseguir un costo de financiamiento más bajo. «Pero ese beneficio dejó de ser automático. Si el balance de la compañía no convence o el proyecto no tiene métricas claras, el sello ESG por sí solo ya no alcanza», agregó.

    Durante algunos años alcanzaba con que un bono tuviera una etiqueta verde para captar fuerte demanda. Hoy el mercado cambió

    En Argentina, el comportamiento fue similar. Durante 2025 se concretaron apenas 12 nuevas emisiones dentro del panel de bonos sociales, verdes y sostenibles de BYMA, prolongando la caída iniciada el año anterior. La cantidad de colocaciones disminuyó 25% respecto de 2024 y quedó muy por debajo del pico alcanzado en 2023, cuando se habían registrado 25 emisiones.

    Sin embargo, el volumen colocado mostró una fuerte recuperación al pasar de aproximadamente USD 211 millones a unos USD 472 millones. El dato podría sugerir un mercado más dinámico, aunque el propio informe aclara que esa mejora estuvo fuertemente condicionada por una única operación.

    La emisión de un bono verde de Genneia por USD 400 millones explicó prácticamente todo el crecimiento registrado durante el año. De acuerdo con FIX, cerca del 98% del volumen emitido en 2025 correspondió justamente a bonos verdes, impulsados por esa colocación de la empresa energética.

    «En los mercados desarrollados existe incluso el llamado ‘greenium’, que permite a algunos emisores financiarse a tasas levemente más bajas por la elevada demanda de estos activos. Pero esa diferencia se redujo mucho porque hoy los fondos son bastante más exigentes y revisan en detalle la calidad del crédito y el uso efectivo de los recursos», agregó el operador.

    El informe también muestra que, desde el inicio del mercado local de financiamiento sostenible, los bonos verdes se consolidaron como el instrumento dominante. Desde 2019 representan alrededor del 61% de las emisiones y cerca del 75% del volumen colocado, muy por encima de los bonos sociales y sostenibles.

    Pese a la desaceleración, FIX considera que América Latina todavía ofrece un amplio potencial de crecimiento por el peso que tienen sectores como energía, minería, transporte y agroindustria, que demandarán inversiones para avanzar en procesos de descarbonización. En ese escenario, la calificadora sostiene que los estándares internacionales de sustentabilidad y las nuevas exigencias de los mercados comenzarán a tener un papel cada vez más relevante para acceder al financiamiento.

    Para Argentina, la calificadora identifica algunos factores que podrían reactivar el mercado durante los próximos años. Entre ellos menciona la posible entrada en vigor del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que incorpora compromisos ambientales y de trazabilidad, además de una mayor integración con los mercados internacionales y el crecimiento de sectores intensivos en emisiones que necesitarán demostrar estándares ambientales para acceder al capital.

    El desafío, sin embargo, será que el crecimiento deje de depender de operaciones puntuales y logre incorporar a un mayor número de empresas. El desempeño de 2025 mostró que, pese al interés creciente por las finanzas sostenibles, el mercado argentino todavía sigue siendo pequeño y altamente concentrado en unos pocos emisores.

    Genneia busca cotizar en Wall Street

    Genneia anunció el inicio formal del proceso ante la Securities and Exchange Commission (SEC) para realizar una oferta pública inicial (IPO) en Wall Street y busca convertirse en la primera empresa argentina en hacerlo después de siete años. La última fue Vista en 2019.

    La operación se ha estructurado como una oferta global. En Estados Unidos, los inversores podrán acceder a través de American Depositary Shares (ADS), mientras que en el mercado local se negociarán acciones Clase B. El diseño financiero combina una emisión primaria, destinada a captar fondos frescos para la compañía, con una venta secundaria por parte de accionistas actuales.

     La empresa busca cotizar bajo el símbolo «GENN».

     

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    A 130 años del Hospital Pirovano: el hospital que nació para combatir las epidemias y homenajeó a un pionero de la cirugía argentina

     

    Cada 24 de julio se conmemora un nuevo aniversario del Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano, uno de los establecimientos públicos más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires. Inaugurado en 1896 para responder a las epidemias que golpeaban a la zona norte de la Capital, el hospital lleva el nombre de un médico que revolucionó la cirugía argentina y dejó una huella imborrable en la medicina nacional.

    Por Lola Santacreta para NLI

    Un hospital nacido de las epidemias

    El 24 de julio de 1896 abrió oficialmente sus puertas el Hospital Pirovano. La institución había sido concebida para atender las necesidades sanitarias de una ciudad en plena expansión, luego de que Buenos Aires sufriera sucesivos brotes de cólera, fiebre amarilla y fiebre tifoidea, que evidenciaron la falta de infraestructura hospitalaria en la zona norte.

    Originalmente iba a llamarse Hospital de Belgrano, ya que su construcción fue impulsada por vecinos y por la Sociedad de Damas de Caridad de Belgrano, que gestionó la adquisición de los terrenos y reunió fondos para concretar una obra considerada indispensable para una población que ya superaba los 11.000 habitantes.

    Sin embargo, durante la etapa final de la construcción ocurrió un hecho que cambiaría para siempre su identidad.

    ¿Quién fue Ignacio Pirovano?

    El hospital fue bautizado en honor al doctor Ignacio Pirovano (1844-1895), considerado uno de los padres de la cirugía argentina moderna.

    Formado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y perfeccionado en Europa, Pirovano introdujo en el país técnicas quirúrgicas innovadoras para la época y promovió la incorporación del conocimiento científico más avanzado a la práctica médica. Su prestigio fue tal que llegó a ser reconocido como el cirujano más importante de la Argentina de fines del siglo XIX, con pacientes provenientes tanto de Buenos Aires como del interior del país.

    Además de su actividad asistencial, fue un destacado docente universitario y un impulsor de la profesionalización de la cirugía en momentos en que la medicina argentina comenzaba a consolidarse como disciplina científica.

    El homenaje que inmortalizó su nombre

    Cuando el edificio del nuevo hospital estaba prácticamente terminado, Ignacio Pirovano falleció el 2 de julio de 1895, víctima de un cáncer en la base de la lengua que él mismo logró diagnosticar. Su muerte conmocionó al ambiente médico y político de la época.

    Ante esa pérdida, el entonces secretario de la Asistencia Pública, Juan B. Señorans, propuso que el futuro Hospital de Belgrano llevara el nombre del prestigioso cirujano como reconocimiento a toda su trayectoria.

    Así, apenas un año después de su fallecimiento, el establecimiento fue inaugurado oficialmente como Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano, denominación que conserva hasta la actualidad.

    130 años al servicio de la salud pública

    Lo que comenzó con apenas unas decenas de camas terminó convirtiéndose en uno de los hospitales públicos más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Desde allí se atienden cientos de miles de vecinos de barrios como Belgrano, Núñez, Coghlan, Villa Urquiza, Saavedra, Colegiales y Villa Ortúzar, además de pacientes provenientes del conurbano bonaerense.

    A lo largo de más de un siglo, el Hospital Pirovano atravesó epidemias, crisis sanitarias y profundas transformaciones del sistema de salud argentino, manteniéndose como un referente de la atención pública y de la formación de profesionales.

    Su aniversario no solo recuerda la inauguración de un edificio histórico, sino también el legado de un médico que ayudó a transformar la cirugía argentina y cuyo nombre quedó para siempre asociado a uno de los hospitales más importantes del país.

     

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