La Municipalidad de Villa Regina, a través de las Direcciones de Cultura y de Turismo, invitan a los comercios gastronómicos de la ciudad a formar parte de GastroArte, propuesta que busca revalorizar e impulsar a los artistas musicales y emprendimientos gastronómicos.
Con este objetivo, los comercios deberán ofrecer en su menú un plato que refleje la identidad de Villa Regina, elaborado con productos regionales o bien que sea heredado de nuestra historia. El Municipio, en tanto, ofrecerá un artista local solista, dúo o DJ, sonido y promoción.
Los interesados en participar deberán comunicarse al WhatsApp 2984 904350 o al mail [email protected]. Así se le enviará más información sobre la propuesta y se coordinará fecha, horario y artista.
La iniciativa tiene como objetivo estimular la demanda en el sector gastronómico, trabajo genuino al sector cultural artístico y crear un perfil turístico- cultural que ponga en valor la identidad reginense y fomente el turismo de cercanía.
La mejora de la calificación de los bancos argentinos por parte de Fitch Ratings no alcanzó para despertar entusiasmo entre los inversores. Aunque la decisión de la agencia representó una señal positiva para el sistema financiero local, las principales acciones bancarias argentinas cerraron la jornada con bajas en Wall Street y dejaron expuesta la persistente cautela del mercado frente a los problemas estructurales del sector.
Fitch elevó las calificaciones de varias entidades financieras luego de la reciente mejora de la nota soberana argentina a «B-» desde «CCC+». La agencia también revisó al alza el entorno operativo del sistema bancario local y destacó una mejora del marco macroeconómico.
Los ADR de los principales bancos argentinos operaron en terreno negativo durante la rueda. Banco Macro cayó 2,42 por ciento y BBVA Argentina retrocedió 3,28 por ciento, pese a la noticia favorable de la calificadora.
En el mercado explican que la mejora de Fitch estuvo fuertemente asociada al upgrade soberano de la deuda argentina y no necesariamente a una mejora específica en la situación financiera de los bancos. De hecho, varios operadores remarcan que buena parte de la reacción positiva ya se había adelantado la semana pasada, cuando Fitch elevó la nota del país.
«El cambio de calificación es en principio una buena noticia para los bancos, pero no impactó directamente en la cotización de las acciones», explicó un operador financiero consultado por este medio. Según señaló, el mercado entiende que la decisión de Fitch responde principalmente al nuevo escenario macroeconómico y no tanto a una transformación estructural del negocio bancario.
El operador recordó además que los ADR bancarios habían reaccionado positivamente tras la mejora de la nota soberana, pero luego volvieron a corregir parte de esas ganancias. «Pasó algo parecido con el riesgo país: bajó inicialmente después del anuncio, pero después empezó a subir nuevamente en los últimos días», sostuvo.
Pasó algo parecido con el riesgo país: bajó inicialmente después del anuncio, pero después empezó a subir nuevamente en los últimos días. Hoy la mora tiene más peso para los inversores que la mejora en la calificación.
La cautela de los inversores también está vinculada a la situación puntual del sistema financiero local. En el mercado existe preocupación por el aumento de la mora y el deterioro de algunos indicadores crediticios, un fenómeno que empieza a ganar peso entre quienes siguen de cerca el comportamiento del sector.
«Hoy la mora tiene más peso para los inversores que la mejora en la calificación», explicó el operador. Según señaló, el mercado empieza a mirar con más atención el deterioro de la cartera de préstamos y el posible impacto que eso podría tener sobre la rentabilidad futura de las entidades financieras.
En su informe, Fitch reconoció que los bancos argentinos continúan mostrando buenos niveles de capitalización y lograron atravesar episodios de fuerte volatilidad financiera durante los últimos meses. Pero al mismo tiempo advirtió que el aumento de los costos de financiamiento y del riesgo crediticio seguirá presionando los resultados del sistema durante la primera mitad de 2026.
Dentro de las mejoras anunciadas, Banco Macro fue una de las entidades más beneficiadas. Fitch elevó sus calificaciones de largo plazo en moneda extranjera y local a «B-» desde «CCC+», mientras que las notas de corto plazo subieron a «B» desde «C». También mejoró su calificación de viabilidad.
En el caso de Santander Argentina y BBVA Argentina, la agencia mantuvo las notas en moneda extranjera pero mejoró las calificaciones en moneda local y las evaluaciones de viabilidad. Banco Supervielle, en cambio, fue el único de los grandes bancos privados que no recibió mejoras y mantuvo sus notas en niveles de «CCC+».
La situación dejó una dinámica similar a la que había mostrado el mercado tras la mejora de la deuda soberana argentina. En aquel momento, los bonos tuvieron una reacción positiva pero moderada y el riesgo país apenas retrocedió algunos puntos, reflejando que los inversores todavía mantienen dudas sobre la sostenibilidad del programa económico.
En el mercado sostienen que el principal interrogante sigue siendo político y financiero al mismo tiempo. Si bien la mejora de Fitch representa una validación parcial del rumbo económico del Gobierno, los inversores continúan observando con atención la evolución de la actividad, la capacidad de acumular reservas y el impacto del deterioro crediticio sobre bancos y empresas.
En el año ´74 y debido al «boom» que había generado el ascenso del #Albo al Torneo Nacional se reinauguró la cancha en el barrio de Villa Obrera, con una inmensa tribuna de cemento sobre todo el lateral del campo como aperitivo principal del debut como local frente a Ferro Carril Oeste con un marco…
Hace 11 años —cuando X era Twitter y no una red social tan hostil, expulsiva y aleccionadora como ahora— escribí desde las tripas: «No vamos a levantar la voz?. NOS ESTÁN MATANDO». Estaba envuelta en enojo, pena y furia. La violencia extrema hacia las mujeres, y en ese momento puntual contra las adolescentes, tuvo uno de sus picos máximos cuando Chiara Páez fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, en Rufino, Santa Fe. Chiara tenía 14 años y estaba embarazada de tres meses. Mansilla la mató a golpes y la enterró en la casa de sus abuelos.
Este tuit está escrito. Sucedió. Pero fue azaroso que me haya interpelado a mi de esa forma. Cualquiera podría haber sido la autora de ese posteo: vos, aquella, la otra, la de más allá, la del otro lado. Fue una circunstancia. En menos de un mes, entre ese tuit del 11 de mayo y el miércoles 3 de junio de 2015, organizamos la primera marcha de Ni Una Menos. Ahora, once años después, nos enteramos del femicidio de otra adolescente de 14 años. Entre aquel Ni Una Menos inaugural y hoy contamos 3424 mujeres asesinadas, según La Casa del Encuentro. De esos asesinatos, 3073 fueron femicidios y femicidios vinculados (cuando un hombre mata a una o varias personas con el propósito de causarle sufrimiento, castigar o destruir psíquicamente a una mujer). En estos once años, una mujer fue asesinada cada 30 horas.
Agostina Vega, cordobesa, estuvo desaparecida una semana. Su mamá hizo la denuncia policial horas después de la desaparición. Como suele suceder en estos casos, la fiscalía primero se centró en el círculo más cercano y en la hipótesis de que Agostina podría estar con un noviecito. Recién tres días después se activó la Alerta Sofía. Al cuerpo de Agostina lo encontró la Policía este domingo en un descampado cerca del barrio Ampliación Ferreyra.
Claudio Barrelier, el hasta ahora único acusado por el femicidio, está detenido. El hombre de 33 años había sido denunciado el año pasado por privación ilegítima de la libertad por una mujer que salió corriendo de su casa desnuda y pidiendo ayuda. En mayo de 2025 estuvo detenido solamente 20 días. El fiscal Iván Rodriguez lo dejó libre, fianza de por medio.
Cuando el impacto mediático trasciende los límites de la provincia, la voracidad por el “vivo y directo”, el vértigo, le gana a la información veraz. La audiencia muestra interés por el “caso”, se abren puñados de teorías, análisis, especialistas y opinólogos que desfilan sin parar.
Lo sabemos: casi todas esas teorías se centran en la víctima. Que para su corta edad esto o aquello, que sí hacía videos para TikTok, que las fotos que se tomaba. Hasta se escuchó con tono fuerte y certero a un cronista mencionar detalles de la intimidad de Agostina.
También vale mencionar aquí a esos cronistas de exteriores que, valiéndose de lo que ven, escuchan, preguntan e investigan, valoran la información en off de record y comprenden, como pocos, la prudencia de lo que se informa y cómo.
Pero la carroña mediática está a tiro cuando se trata de una mujer, adolescente, de apenas 14 años como Agostina. Lo mismo sucedió en 2017, por poner sólo un ejemplo, con la joven bonaerense Melina Romero. Melina, la “ fanática de los boliches que abandonó la secundaria”, titulaba el diario de mayor alcance del país, y ampliaba: “Hija de padres separados, dejó de estudiar hace dos años y desde entonces nunca trabajó. Según sus amigos, suele pasarse la mayoría del tiempo en la calle con chicas de su edad o yendo a bailar, tanto al turno matiné como a la noche, con amigos más grandes. En su casa nadie controló jamás sus horarios y más de una vez se peleó con su mamá y desapareció unos días”.
Dos años antes del femicidio de Melina, cuando escribí aquel tuit, las réplicas e intercambios fueron inmediatos. Colegas, compañeras, amigas y desconocidas sugerían ideas, adónde ir, qué hacer, a quiénes y cómo convocar para lograr, primero, el impacto mediático. Allí también se nos abrieron espacios amigables de colegas periodistas, compañeros de profesión y amigos del oficio. Después, hubo que profundizar en los contenidos, reclamos, exigencias, deudas y pendientes. Todo lo organizamos en menos de un mes.
Que vayamos al Puente de la Mujer en Puerto Madero, que estemos vestidas de violeta o de negro, que el horario tenía que ser después de las 17, pero no tan tarde por el frio de junio. Finalmente, lo decidimos: iba a ser en el kilómetro cero del país, frente al Congreso de la Nación.
Desde el 11 de mayo a ese 3 de junio vivimos días frenéticos, intensos. Comenzó a tejerse una red potente, primero de periodistas y comunicadoras, que ya habían participado en un encuentro literario en el Museo de la Lengua, también bajo el lema “Ni Una Menos”, parte de un poema de Susana Chávez, activista mexicana asesinada en Ciudad Juárez.
Todas, una veintena, de diferentes medios, de diversas militancias, formaciones académicas, algunas presentadoras de noticias, escritoras, ensayistas, licenciadas en letras, abogadas, cronistas de exteriores, comenzamos a intercambiar ideas para bajarlas, literalmente, a la calle.
¿Qué íbamos hacer? ¿Qué teníamos para decir? ¿Cuáles eran nuestros reclamos? ¿Qué respuestas tenía el poder político de turno? ¿Qué era aquello que comenzaba a replicarse como #NiunaMenos, basta de femicidios? La respuesta se manifestó la tarde del 3 de junio de 2015 en cada rincón del país.
En todas las provincias, en cada ciudad, en pueblos que jamás habían salido a las calles, como Corral de Bustos, recuerdo; la implosión fue desde el Congreso hasta cada punto del país. O al revés. Lo siento por los porteños.
No pretendo traer una foto sepia de aquella fecha, pero sí recordar que fue un mojón en la historia de los movimientos de mujeres aquí, en la región y en el planeta. Se miraba a la Argentina, este país del fin del mundo. “Vengo del país del #NiUnaMenos” dije una vez ante colegas de otros países de la región. La Argentina era validada, también, por esta nueva ola feminista. Las Tesis llevaron su performance. “Un violador en tu camino”, desde Chile a cada rincón donde los ataques sexuales fueron tema de discusión. El #MeToo, que en 2017 sacudió al mundo cuando dos periodistas revelaron que Harvey Weinstein era, aparte de un exitoso productor de Hollywood, un depredador sexual.
Tuvimos en Argentina aquel Paro Internacional de Mujeres, y después arrasó el #MiraCómoNosPonemos” cuando supimos que Thelma Fardìn, en su adolescencia, había sido abusada sexualmente por el popular actor Juan Darthes.
Y vinieron más marchas, otros paros, imposible recorrerlos todos en un sólo texto.
Pero en los últimos años, la búsqueda de la equidad quiere instalarse como el principal enemigo a vencer. Resulta que para propios y ajenos ese enemigo somos las feministas. Que dónde estamos, por qué reaccionamos, por qué los silencios.
Aquello de «no me siento representada por el feminismo del país» se cuela por la ventana, sin siquiera poder debatir cómo son los feminismos, cuál es el camino de los movimientos de mujeres en la Argentina. ¿Desde qué lugares se lanzan estas pretenciosas afirmaciones casi idénticas y de tan poca profundidad? Desde el poder político, claro. El mismo poder que hoy niega los femicidios y la violencia machista. Que se preocupa por las supuestas falsas denuncias y no dice nada cuando una piba como Agostina, como Chiara, como Melina, aparece asesinada. No hablo sólo del Gobierno. Hablo también de la Justicia. Para muestra, basta la conferencia de prensa que dio ayer el fiscal Raúl Garzón. ¿Nos piden explicaciones a las únicas que nos movilizamos y accionamos contra los femicidios, las violaciones y los abusos? ¿Nos tildan de exageradas? ¿Nos piden que nos calmemos?
Voy a defender mi derecho a estar viva, pero también a enojarme. Y, para eso, tampoco pido permiso ni perdón. El enojo también es una lucha política. Nos vemos, otra vez, el 3 de junio en las calles.
Extractos de la investigación de la profesora e historiadora reginense Silvia Zanini presentada en las Primeras Jornadas de Historia del Delito en la Patagonia, organizadas por el GEHiSo y las Facultades de Humanidades y de Derecho y Ciencias Sociales (UNCo), General Roca. El riego: Cuestión de vida o muerte Cada chacarero tenía su turno para…
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