La Municipalidad de Villa Regina, a través de las Direcciones de Cultura y de Turismo, invitan a los comercios gastronómicos de la ciudad a formar parte de GastroArte, propuesta que busca revalorizar e impulsar a los artistas musicales y emprendimientos gastronómicos.
Con este objetivo, los comercios deberán ofrecer en su menú un plato que refleje la identidad de Villa Regina, elaborado con productos regionales o bien que sea heredado de nuestra historia. El Municipio, en tanto, ofrecerá un artista local solista, dúo o DJ, sonido y promoción.
Los interesados en participar deberán comunicarse al WhatsApp 2984 904350 o al mail [email protected]. Así se le enviará más información sobre la propuesta y se coordinará fecha, horario y artista.
La iniciativa tiene como objetivo estimular la demanda en el sector gastronómico, trabajo genuino al sector cultural artístico y crear un perfil turístico- cultural que ponga en valor la identidad reginense y fomente el turismo de cercanía.
Diego de “Mandinga Tattoo” se presentó este fin de semana en Villa Regina. Por obra del destino, una persona que lo seguía en redes, le contó que había una persona que iba a tatuar a mujeres sobrevivientes del cáncer de mama. A raíz de eso, hace 8 años comenzó a reconstruir areolas mamarias de manera…
Estamos empeñados en usar todo lo que nos podría mejorar la calidad de vida, de la peor manera. Nos esforzamos para ver como destruir. Con suerte algunos, al menos, «intentan» deconstruir. Campañas con zanahorias lúgubres. Con todas las nuevas herramientas esclarecedoras, optan por oscurecer. Jugar sucio. Hoy no me quiero desayunar los fideitos (llámese así al…
Max Weber definió al Estado como el monopolio de la violencia legítima. Dicho de otra forma, el Estado tiene la facultad de ejercer la violencia simbólica, institucional o física que lo avala por su poder de autoreferencia legitimante. ¿Cómo se podría revertir esta conceptualización del Estado? Con actos, es evidente, porque el discurso no alcanza……
La Ciudad contará con 22 trambuses dobles con capacidad para 120 pasajeros y la primera unidad estará lista en mayo. Los vehículos tendrán una autonomía de 350 kilómetros y funcionarán con motor eléctrico.
Los trambuses convencionales, similares a los colectivos, comenzaron una prueba piloto el hace cinco meses con el corrido de la línea 34. Se espera que en pocos meses ya esté en completo funcionamiento la T1, el ramal que une Nueva Pompeya con Aeroparque.
En una primera etapa, la flota de trambuses tendrá 52 unidades totales, 30 buses regulares de 12 metros de largo y con capacidad para más de 80 personas (31 pasajeros sentados y 50 parados).
En mayo estará lista la primera unidad articulada de 18 metros de largo con capacidad para más de 120 pasajeros, 51 sentados y 70 de pie. Este modelo tendrá más similitudes con los tranvías, aunque no correrá sobre rieles, sino que circulará en carriles exclusivos.
Los trambuses articulados para la T1 están fabricados en la Argentina con chasis Agrale y carrozados Todobus. La operación correrá por cuenta de Dota. Lo único importado son las baterías, que permitirán recorrer 350 kilómetros, contra 270 kilómetros de los trambuses convencionales.
Durante el trayecto, la T1 permitirá combinar con el FFCC San Martín y el Sarmiento y las Líneas A, B, H, E y D de subtes. Desde el ministerio de Infraestructura que conduce Pablo Bereciartúa confirmaron que la red de trambuses estará conectada a los semáforos para que haya la menor cantidad de detenciones posible.
Los trambuses tendrán cámaras internas y externas para monitorear el entorno y la cabina del conductor. También estarán equipados con sistemas de conteo de pasajeros y cartelería audiovisual en tiempo real con información sobre recorridos, próximas paradas y estado del servicio. Habrá WiFi gratuito y validadoras multipago.
En esas estaciones con alta demanda, aquellas que permitan combinar con tren o subte está previsto que haya guarderías de bicicletas y puntos de carga para vehículos eléctricos. También se instalarán lockers para retirar paquetes de plataformas de comercio electrónico.
Esta nota es una coproducción de Revista Anfibia y elDiarioAR
El pueblo santafesino de San Cristóbal está en el foco de los medios nacionales desde que G., un adolescente de 15 años, mató a Ian Cabrera, de 13, e hirió a otros ocho con una escopeta. “Si el portero no se le tiraba encima cuando vio que recargaba el arma, esto era una masacre”, asegura la tía segunda de Ian. ¿Cómo es que un pibe de tercer año decide transformar la escuela en un espacio en el que se puede matar y morir?
San Cristobal parece haberse detenido. El intento de buscar respuestas, de asomar la cabeza al mundo de G., es como arrimarse a un abismo. Ayer, los compañeros de G. empezaron a revisar sus contenidos en las redes sociales y los comentarios que recibía. En Instagram, solo hay un posteo de 2021 con una imagen del manga “Aku no Hana” (las flores del mal). El personaje grita, transpira y llora con el ceño fruncido mientras dice “te amo”. El lunes, un usuario comentó: “no pudiste llegar a tu meta de 5 tremendo fracaso”.
En la cuenta de TikTok que los amigos le atribuyen a G. aparecen los contenidos más alarmantes (ya sea publicados o compartidos): videos y fotos tributo a tiradores como Eric Harris, uno de los autores de la masacre de la escuela Columbine en 1999, en Estados Unidos. Hay decenas de comentarios en sus posteos. La mayoría le dice “héroe” a G.
Los adolescentes se contactaron con algunos de estos usuarios —de otros países— que dicen haber conocido a G. a través de Discord. Algunos, hasta tenían fotos del joven frente al espejo. “Él mencionó que las chicas de su colegio lo molestaban por su físico, que estaba harto de sentirse inferior y que no se esforzaría más por ser guapo o ser aceptado. Mandaba fotos con armas que mencionó que eran de su abuelo, en sí nunca notamos que fuera a hacer algo”.
Según este usuario o usuaria, G. decía que la mayor parte del acoso venía de las “foids”, un término despectivo hacia las mujeres. Una de las fotos que recibió del adolescente de San Cristóbal fue una donde se apuntaba con un arma a él mismo.
Otro joven de TikTok dijo que G. pertenecía a la True Crime Community (TCC), un lugar donde se admira a todo tipo de asesinos en serie: “él, yo y unas amigas estábamos en el mismo grupo, días antes como el 18 o 22 de marzo estaba activo y hablaba. Se lo notaba serio a la hora de escribir y, desde mi punto de vista, como todo chico que está en esta comunidad, lo que quieren hacer siempre es cometer tiroteos, matar a cuantos puedan y después acabar con su propia vida”.
El último comentario de G. que le llamó la atención fue que su mamá no creía que él podía matarse en su pieza con ese arma.
Revista Anfibia y elDiarioAr consultaron hoy a Mariana Oroño, abogada defensora de G., sobre estas hipótesis y la posible línea de investigación: “Por el momento no estamos hablando más con medios para proteger el transcurso normal de la causa”.
Como aún no entró en vigencia el nuevo Régimen Penal Juvenil aprobado por el Congreso, los hechos no serán juzgados penalmente.
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La Escuela Nº40 Mariano Moreno tiene 1500 estudiantes en cuatro niveles educativos. Es una institución con un gran patio al aire libre, verde y arbolado en el que dos días después del tiroteo quedaron cincuenta bicicletas de distintos tamaños y colores. Los adolescentes tuvieron que dejarlas. Al escuchar el primer disparo, salieron corriendo y se refugiaron en la plaza San Martín, a unos 150 metros.
A la mañana siguiente, el establecimiento amaneció bordeado por una cinta roja y blanca que señalaba “PELIGRO”. El aviso llegó tarde. ¿Pero quién o qué podría haber anticipado lo que pasó? Andres Giménez, presidente del Club Atlético Independiente San Cristóbal, donde entrenaba Ian, insiste en que hay que averiguar qué le ocurrió a G. 24 horas antes. ¿Por qué decidió agarrar el arma “de defensa” de su abuelo?
El domingo, a las siete de la tarde, G. jugaba a un videojuego de fútbol con un compañero de curso a la distancia: Matías.* Se despidieron. Al otro día, Matías estaba en el patio interno de la escuela, frente al baño, minutos antes de ir a izar la bandera. De golpe, escuchó un estruendo y pensó que era un “rompeportones”. Unos segundos después se dio vuelta y lo vio a G. salir del baño con la escopeta. Corrió hacia la calle, y en el camino llegó a ver a Ian desplomado en el piso.
Sofía, de cuarto año, también esperaba sentada en el patio interno porque tenía el pie fracturado. Sus seis amigas lograron escapar de la escuela, y lo primero que hicieron, desde fuera, fue una videollamada grupal. Recién cuando atendió Sofía se tranquilizaron. “No puede hablar con nadie todavía. Está muy shockeada. Así están los chicos que escucharon los tiros que podrían haber sido para ellos, imaginate verlo todo”, cuenta María José, mamá de una compañera de Sofía.
Ella recibió el llamado de su hija pidiendo que la fuera a buscar, cerca de las 7.20, y salió eyectada. Son siete cuadras desde su casa hasta la escuela. Tres minutos en moto. “Una duda sobre si dejarla ir a un boliche y el mayor riesgo de su vida lo termina corriendo en la escuela”, dice María José.
Mientras apretaba el acelerador, veía un montón de adolescentes corriendo sobre la avenida Hipólito Irigoyen a contramano de ella. Buscaba y buscaba entre las jóvenes de chomba blanca y cuello azul. Nada.
Su hija la que la vio. Y se abalanzó sobre ella.
María José no entiende. Nadie entiende. La tarde anterior, Matías no había notado nada raro. Todo el pueblo repite, como si fuese un guión coordinado, que G. “era un buen chico”, tenía notas altas, era deportista. El año pasado lo eligieron mejor compañero. “Es mentira que sufría bullying”, repiten madres, estudiantes y docentes. La Defensa también lo desmintió.
¿Qué pasó?
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—Esto nos terminó de matar —lamenta en voz baja y trémula una trabajadora de unos 60 años, rubia, pelo lacio y atado, del Club Independiente.
—¿Terminó? ¿Y cómo empezó?
—La droga, hija. Se los lleva a todos.
La hipótesis de que los padres de G. tenían consumos problemáticos circula con fuerza entre vecinos. El joven vive con su madre, maestra de nivel inicial que había estado de licencia por motivos psiquiátricos, mientras que su padre, transportista, se mudó hace unos años a Entre Ríos. Es una familia conocida: el abuelo materno de G. tiene una forrajería histórica en la ciudad.
En el pueblo preocupa el crecimiento del consumo de drogas, y en particular, entre los chicos y las chicas. “Venimos pidiendo ayuda a la Provincia hace mucho. Cada vez se consume más joven, sustancias mucho más baratas y más basura, que te comen la cabeza rápidamente”, dijo a la prensa el intendente local, el peronista Marcelo Andreychuk, a partir del caso.
La Defensa reconoció «problemas de salud mental» en G. y “conflictos en la casa”. Hasta describen autolesiones y un intento previo de suicidio. Según informó la abogada Mariana Oroño, el joven les manifestó que comprendía lo que hizo y que no fue un ataque dirigido a nadie en particular: “él siempre supo que era un bicho raro, que no encajaba en la sociedad y que quería morir, pero no sabía cómo hacerlo”.
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La identidad de San Cristóbal – 180 kilómetros de la capital santafesina, 15 mil habitantes – está marcada por el desarrollo ferroviario, que abarcó desde principios del siglo XX hasta los noventa. Hoy, las vías abandonadas, salvo por trenes de carga, dividen San Cristóbal en dos. “Del otro lado del pueblo” significa “del otro lado de las vías”. Lejos. Aunque la distancia sea diez cuadras. De un lado, la Escuela Mariano Moreno, sobre la calle Bullo al 1400, a 100 metros del hospital local y cerca de la Ruta Provincial 2. El primer homenaje a Ian comenzó allí el lunes a la noche. Los estudiantes y sus familias se acercaron a prender velas en las escalinatas y en la vereda. “Justicia por Ian” se leía en tiras de papel cortadas por estos adolescentes y atadas a las rejas de entrada. También en un cartel A4, con marcador rojo.
¿Qué podría hacerle justicia a Ian?
Lateral izquierdo, antes arquero, buen cabeceador en los córners a pesar de ser bajito, fanático de River. Entrenaba todos los días en el Club Independiente de San Cristóbal desde sus cinco años. Su papá, Hugo Leandro Cabrera, de 40, tiene tatuado el nombre de su hijo y la fecha de nacimiento en el brazo. Es empleado municipal. El lunes, mientras le disparaban a su hijo, estaba trabajando con licencias de conducir. El presidente del club dijo que se enteró de la muerte del niño antes que Hugo. “Cuando lo abracé, no supe qué decirle. Me quedé sin diccionario”, dice.
La madre de Ian, Mirian Gabriela Núñez, de 44 años, se enteró en medio del caos en la puerta de la escuela. Fue sin saber bien qué había pasado.
Nadie manda a la escuela a su hijo pensando que será la última vez.
“Ian era lo que se dice una persona querible: tranquilo y buen compañero”, relata Pablo, entrenador de arqueros de San Cristóbal. Sus papás lo acompañaban en todos los partidos con el mate en la mano. Si jugaban de visitante, podían seguir al micro en auto hasta 100 kilómetros. Como el sábado, el último enfrentamiento de la categoría 2013 contra el Club Atlético Unión de Sunchales.
Este iba a ser el primer año del niño en las inferiores después de muchos en la escuelita.
“A partir del miércoles volvemos a abrir las puertas del club y ya pedimos atención de profesionales para trabajar con los pibes de la 2013. El año pasado tuvimos un drama porque la mamá de uno de los chicos se suicidó. Necesitamos entrenar lo físico, pero también lo mental”, afirmó Giménez.
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El velatorio a cajón abierto comenzó en Sepelios San Cristóbal durante la madrugada del martes. A las seis y media, todavía era de noche. No había ni una estrella ni una nube. En la entrada, de un lado de la vereda, sobre la calle Sarmiento, unas 15 personas se abrazaban en un profundo silencio. “Una vida por delante”, dijo un hombre y suspiró. Las mujeres, más jóvenes, estaban en su mayoría sentadas sobre dos bancos. Cada tanto miraban enfrente, se tapaban los labios con la mano y hablaban entre ellas en voz baja. En la otra vereda, se encontraban las cámaras de televisión.
Cerca de las diez, bajo un sol tremendo y con 35 grados de calor, decenas de familias, estudiantes y docentes de distintas escuelas se acercaron a acompañar a los Cabrera. Un grupo de maestras con guardapolvo de la Escuela N° 408 “Bernardino Rivadavia” miraba desde lejos, en el cruce entre Alvear y Sarmiento.
—Ahí los tenés a los responsables —dijo una docente mientras apuntaba con la cabeza hacia un grupo de autoridades municipales y provinciales—. Venimos diciendo que en el pueblo está aumentando la violencia y no hacen nada. Basta de echarle la culpa a la escuela.
Media hora después, inició el cortejo fúnebre que lo trasladaría al cementerio. La familia cargó el cajón hacia un coche que tenía pegado en la ventana una hoja con el nombre y apellido del niño en letras mayúsculas. “Ese nombre sólo debería estar en una lista de asistencia de la escuela o del club, no en un lugar así”, lamentó una vecina de unos 50 años.
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¿Cuándo empieza una despedida? ¿Cuando uno se entera de la muerte? ¿Y cuándo termina? ¿Es posible decir ‘ya está, descansá’? Para los padres de Ian, el momento en el que se cerró la puerta del baúl fue un instante de derrumbe. Para la tía también, que no podía permanecer parada. Ya en el cementerio municipal, fue asistida por personal médico. Al igual que el abuelo paterno de Ian, que en medio de su tristeza se encargaba, también, de consolar a los suyos.
En la esquina de la Iglesia, donde se celebró una breve misa en su memoria, un grupo de 20 niños y niñas de primaria con guardapolvo blanco salía de la escuela y miraba en silencio la caravana de motos, autos, bicicletas y transeúntes rumbo al cementerio. Todo el ritual de este pueblo que cruje, de estos vecinos que se preguntan cómo se sigue después de esto que les pasó a todos, fue en silencio. A excepción del momento en que pararon en la esquina del Club Independiente, en medio de banderas rojas y blancas. Giménez comenzó el canto y de a poco se fueron sumando los aplausos de los adolescentes para homenajearlo:
—Dale campeón, dale campeón.
La caminata estaba llena de pibes y pibas de primer año y de chicos con la camiseta que Ian amó. Cuando llegó la hora de sepultarlo en el cementerio, muchos se llevaron las manos a la cara, se encogieron y buscaron los brazos de sus madres.
Ningún pibe de 13 años está listo para enterrar a un amigo.
Nadie puede estarlo.
*Salvo el de Ian, el nombre de los adolescentes que figuran en este artículo fue alterado para proteger sus identidades.
La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa que el próximo domingo 9 a partir de las 15 horas se realizará una nueva edición de la Feria ReEmprender en la Plaza Primeros Pobladores. Allí, artesanos y pequeños emprendedores podrán exponer sus productos y generar espacios de intercambio y promoción. Desde el área…
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