Esta semana, personal municipal comenzó con el recambio de luminarias a tecnología LED en la ruta nacional 22, desde Pioneros a la Avenida General Paz.
Luego de las gestiones realizadas por el Intendente Marcelo Orazi ante el Jefe de Distrito Río Negro de Vialidad Nacional Gustavo Casas, tanto mediante nota como personalmente, se acordó la realización de los trabajos con el objetivo de mejorar la seguridad de la ruta dentro del ejido urbano. De esta manera, el organismo nacional proveyó un total de 151 equipos LED de 180 Watts mientras que el Municipio se hace cargo de la mano de obra.
La inversión total es de aproximadamente $4,5 millones, de los cuales $3,7 millones corresponde al valor de los equipos y el resto a la mano de obra.
El Intendente Orazi destacó el trabajo conjunto con Vialidad Nacional que permite, indicó, “ir dando respuestas a distintas cuestiones, en este caso a mejorar la iluminación en el tramo de la ruta que cruza Villa Regina. Anteriormente trabajos en el repintado de la misma y en el arreglo de la cinta asfáltica en el semáforo de Pioneros”.
Luis Caputo abrió una nueva fuente potencial de financiamiento para el Tesoro. Esta vez, con el fondo creado para afrontar las indemnizaciones de los trabajadores.
La Resolución 1276/2026 del Ministerio de Economía definió este miércoles dónde podrán colocarse los recursos del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y dejó una particularidad difícil de pasar por alto: puso límites para casi todos los activos, menos para la deuda del Estado nacional.
El FAL es una de las piezas centrales de la reforma laboral aprobada este año. Fue creado por la Ley 27.802 para que las empresas acumulen recursos destinados a afrontar indemnizaciones por despidos y otras formas de extinción del contrato laboral. No reemplazan formalmente la indemnización ni liberan al empleador si el dinero acumulado resulta insuficiente. Funcionan como una reserva financiera para ayudar a pagarla.
El sistema alcanzará a los empleadores privados y comenzará a funcionar el 1 de noviembre. Cada empresa tendrá una cuenta individual dentro de un fondo común de inversión o fideicomiso financiero autorizado por la Comisión Nacional de Valores. Ese patrimonio será separado, inembargable y de afectación específica. La administración quedará en manos de entidades habilitadas por la CNV.
La plata tampoco sale directamente del bolsillo del trabajador. La ley estableció una contribución mensual equivalente al 1% de la masa salarial imponible para las grandes empresas y al 2,5% para las micro, pequeñas y medianas empresas. El Poder Ejecutivo podrá elevar esos porcentajes hasta 1,5% y 3%, respectivamente, con las condiciones previstas por la propia norma. Los pagos serán canalizados mensualmente a través de ARCA.
Son recursos que hasta ahora tenían destino previsional y financiaban el sistema de seguridad social. La reforma reduce contribuciones patronales y redirecciona una parte de ese flujo hacia las cuentas destinadas a afrontar futuras indemnizaciones.
Hasta ahí, la arquitectura laboral. La resolución de Caputo incorpora ahora la pata financiera y transforma ese flujo en una nueva masa de ahorro institucional que saldrá todos los meses al mercado a buscar activos.
Economía autorizó que los fondos compren títulos públicos nacionales a tasa fija, ajustados por CER, vinculados a la TAMAR, dólar linked y bonos duales. También podrán colocar dinero en deuda provincial, obligaciones negociables de empresas privadas y depósitos bancarios. Todos los instrumentos deberán estar integrados y ser pagaderos en pesos.
Pero la diversificación tiene una curiosidad. La deuda provincial no podrá representar más del 15% de la cartera. Las obligaciones negociables privadas tendrán un límite del 20%. Los depósitos en una misma entidad financiera tampoco podrán superar el 15%. Para los títulos dólar linked habrá además un máximo agregado del 10%. Para la deuda del Tesoro Nacional, en cambio, la resolución no establece un porcentaje máximo equivalente.
En otras palabras, Economía puso barandas alrededor de casi todos los casilleros de inversión y dejó abierto el que conduce a sus propios títulos.
Para la deuda del Tesoro Nacional, la resolución no establece un porcentaje máximo equivalente. En otras palabras, Economía puso barandas alrededor de casi todos los casilleros de inversión y dejó abierto el que conduce a sus propios títulos
La reglamentación que todavía debe dictar la CNV podrá agregar restricciones adicionales, pero en la resolución publicada por Caputo no aparece un techo específico para la exposición del FAL a deuda soberana nacional.
El detalle cobra mayor importancia por otra disposición. Los fondos deberán mantener como mínimo un 10% de su patrimonio en activos de alta liquidez para responder a los pagos de indemnizaciones.
Entre los instrumentos que Economía considera aptos para cumplir esa exigencia incluyó expresamente Letras del Tesoro en pesos, a tasa fija o ajustables por CER, con hasta 90 días de plazo remanente.
Es decir, hasta el colchón de liquidez que debe estar disponible para pagar un despido podrá utilizarse para financiar al Tesoro.
Federico Sturzenegger, el ideólogo del plan para las indemnizaciones
El contraste con el tratamiento de otros emisores es todavía mayor. Para comprar deuda provincial u obligaciones negociables privadas, los instrumentos deberán contar con calificación AAA en escala nacional otorgada por al menos dos calificadoras registradas ante la CNV. Los títulos emitidos por el Estado Nacional no enfrentan ese filtro.
El tamaño potencial del nuevo jugador tampoco es menor. Según los últimos datos disponibles del SIPA, en abril había 6,13 millones de asalariados privados registrados. El RIPTE de mayo, que sirve sólo como referencia y no coincide exactamente con la base imponible del FAL, alcanzó los 1.849.728 de pesos mensuales.
El contraste con el tratamiento de otros emisores es todavía mayor. Para comprar deuda provincial u obligaciones negociables privadas, los instrumentos deberán contar con calificación AAA en escala nacional otorgada por al menos dos calificadoras registradas ante la CNV. Los títulos emitidos por el Estado Nacional no enfrentan ese filtro
Un cálculo mecánico permite dimensionar el volumen, aunque no proyectar todavía con precisión cuánto dinero efectivamente ingresará al sistema. Si todos esos trabajadores tributaran sobre una remuneración equivalente al RIPTE, una contribución del 1% representaría alrededor de 113.000 millones de pesos mensuales, unos 1,36 billones por año. Con una alícuota del 2,5%, el flujo treparía a unos 283.000 millones de pesos mensuales, cerca de 3,4 billones anuales.
El monto real estará en algún punto que no puede determinarse todavía con esos datos, porque depende de la masa salarial efectivamente alcanzada, de la distribución de trabajadores entre grandes empresas y MiPyMEs y de la remuneración imponible de cada uno.
Pero la cuenta sirve para mostrar la escala: el Gobierno acaba de crear un inversor institucional capaz de administrar varios billones de pesos y habilitó al Tesoro para disputar una porción importante de ese ahorro.
La CNV tendrá ahora que completar el tablero. El decreto reglamentario le encomendó dictar las normas necesarias para poner en funcionamiento los vehículos de inversión y establecer sus requisitos.
Hasta entonces, el diseño que dejó Caputo tiene una particularidad política y financiera difícil de disimular. La reforma laboral creó un fondo para garantizar que haya plata cuando llegue el momento de pagar una indemnización. Economía acaba de decidir que, mientras ese momento no llegue, una parte potencialmente muy importante de esa plata podrá descansar en títulos emitidos por el propio Estado. El fondo de los despidos entra así al mercado de pesos. Y el Tesoro queda primero en la fila.
La operación tiene entonces dos movimientos. Primero, una porción de los recursos que ingresaban al sistema previsional deja de hacerlo y pasa a alimentar los Fondos de Asistencia Laboral. Después, mientras esos pesos no sean necesarios para pagar indemnizaciones, las administradoras podrán invertirlos en los activos habilitados por Economía.
La ex novia de Fernando Cerimedo, Nadia Shirley Beller Delgado, dijo que fue su esposa quien filtró los audios de Diego Spagnuolo que destaparon el escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) y que complicó seriamente a Karina Milas.
Nadia Beller dijo que el ex estratega digital de Milei mantenía su vínculo con Natalia Basil, nombrada por Spagnuolo en la Andis y que fue ella quien filtró los audios para destapar la corrupción del gobierno libertario. «Cuando yo cuestioné la moral de ella (por Basil) como corrupta, Cerimedo me dijo que fue ella quien denunció y filtró los audios y que la corrupta era Karina Milei», dijo
Beller Delgado responsabilizó a Cerimedo por el ataque que sufrió el lunes por la noche en el que recibió cuatro impactos de bala.
«Sobre Milei, lo escuché muchas veces cuestionar hechos de corrupción con su socio. Decían que se caía y que no había forma de salvarlo. Pero no sé de casos concretos», agregó a radio El Destape.
Más tarde, en otra entrevista con radio Rivadavia, Nadie Beller volvió sobre la misma idea. «Ellos filtraron los audios para que caiga la corrupción de Milei, eso lo tengo grabado y él sabe que lo tengo grabado», subrayó.
Cuando yo cuestioné la moral de ella (por Basil) como corrupta, Cerimedo me dijo que fue ella quien denunció y filtró los audios y que la corrupta era Karina Milei.
Además, afirmó que Basil es «agente de la CIA» según le había dicho Cerimedo y que trabaja en combustibles con un exasesor de Trump, que de acuerdo a la agredida, también es de la CIA.
Recordó que «hubo un incidente en el que me di cuenta de que él me mentía en su relación con su expareja. Me dijo que ella lo engañó y que cuando estaba embarazada tuvo que hacerse un ADN».
Además, detalló que «en abril descubrí que tenía conversaciones románticas con ella. Lo encaré y esa fue la primera vez que, según él para neutralizarme, me ahorcó. No me contestó si era verdad o era mentira, dijo que ella empezó a sospechar sobre mí y él intentó engañarla para que no viniera a Bolivia».
También dijo que le envió a Cerimedo «fotos de cajones llenos de billetes de hechos de corrupción» en los que estaría involucrados miembros del gobierno boliviano. «El resto del dinero lo maneja su testaferro, que se llama Iván, que vive en el mismo edificio en La Paz, y del que no sé el apellido», añadió. La mujer, que afirma esperar un hijo de Cerimedo, manifestó que «tengo miedo de permanecer internada, acá es muy fácil que entren para eliminarme».
Durante siglos, los mapas no colocaron necesariamente el norte arriba. La orientación que hoy parece natural es el resultado de una larga historia de religión, navegación, ciencia y poder.
Por Redacción de NLI
Hay objetos que utilizamos todos los días sin preguntarnos quién decidió que fueran exactamente como son. Un mapa es uno de ellos. Abrimos uno en el teléfono, buscamos una dirección, miramos un planisferio en la escuela o contemplamos un globo terráqueo y aceptamos inmediatamente una convención que parece formar parte de la naturaleza misma del mundo: el norte está arriba, el sur abajo, el este a la derecha y el oeste a la izquierda. Sin embargo, la Tierra no tiene un “arriba” ni un “abajo” en el sentido en que los representamos sobre una hoja de papel, y durante buena parte de la historia de la cartografía los seres humanos dibujaron el mundo de maneras muy diferentes. Hubo mapas con el sur arriba, otros orientados hacia el este, representaciones que colocaban a Jerusalén en el centro del mundo conocido y cartografías en las que la orientación respondía más a razones religiosas o culturales que a una supuesta neutralidad geográfica.
La pregunta, entonces, deja de ser simplemente por qué los cartógrafos eligieron el norte como referencia y se transforma en otra mucho más interesante: ¿cómo consiguió una determinada manera de representar el planeta convertirse en algo que hoy percibimos como obvio? La respuesta no pertenece exclusivamente a la geografía. También intervienen la historia de la navegación, la astronomía, las tradiciones religiosas, la transmisión del conocimiento antiguo, la expansión europea y, finalmente, la enorme capacidad que tuvieron determinados centros culturales para imponer sus propias formas de representar el mundo. Un mapa no es solamente una herramienta para encontrar un lugar: también es una forma de decidir cómo mirar ese lugar.
La Tierra nunca estuvo realmente “orientada”
La primera cuestión que hay que desmontar es la idea de que el norte ocupa naturalmente la parte superior de nuestro planeta. En el espacio no existe un arriba universal. La Tierra gira alrededor del Sol y sobre su propio eje, y cualquier orientación que utilicemos sobre una superficie plana es una decisión humana destinada a facilitar la representación y la lectura.
Cuando dibujamos un planisferio y colocamos el Polo Norte arriba, estamos utilizando una convención que se volvió dominante, pero no estamos reproduciendo una propiedad física del planeta. Podríamos girar el mapa 180 grados y seguiríamos representando exactamente los mismos continentes, océanos y coordenadas; lo único que cambiaría sería nuestra familiaridad con la imagen.
De hecho, cuando vemos un mapa antiguo con el sur en la parte superior, la reacción inmediata suele ser pensar que está “al revés”. Pero esa reacción dice mucho más sobre nuestra educación cartográfica contemporánea que sobre el mapa histórico. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos conserva, por ejemplo, una reproducción del célebre mapa elaborado por Al-Idrisi en 1154 en el que el sur aparece arriba y el norte abajo. Para un observador actual acostumbrado a la convención moderna, la imagen parece invertida, aunque para las personas que utilizaban aquella representación no existía ninguna obligación de considerar incorrecta esa orientación.
Y allí aparece la primera gran sorpresa: el norte no siempre estuvo arriba.
Durante mucho tiempo, otros puntos ocuparon el lugar privilegiado
Las diferentes culturas desarrollaron sus propias maneras de organizar el espacio. En la cartografía islámica medieval, por ejemplo, hubo representaciones en las que el sur aparecía en la parte superior, y en el célebre mapa mundial de Al-Idrisi la disposición estaba relacionada también con una determinada concepción geográfica y cultural del mundo, en la que La Meca adquiría una posición destacada. La Biblioteca del Congreso señala que la orientación con el sur arriba era una práctica habitual dentro de determinadas tradiciones de la cartografía islámica medieval.
En Europa medieval, por otra parte, tampoco existió desde el comienzo una regla universal según la cual el norte debiera dominar la parte superior de todos los mapas. Muchas representaciones tenían una fuerte carga religiosa y simbólica, y en determinados mapas el este podía ocupar una posición privilegiada. La propia palabra “orientar” contiene una pista histórica: orientarse significa, literalmente, buscar el Oriente, es decir, localizar el lugar por donde sale el Sol.
Esto resulta fascinante porque revela que la manera de representar el espacio estuvo durante mucho tiempo vinculada con la manera en que una sociedad concebía el mundo. El mapa podía ser simultáneamente instrumento de navegación, representación religiosa, descripción política y construcción simbólica del universo.
No había una única forma correcta de dibujar la Tierra porque todavía no existía una única manera dominante de concebirla.
Ptolomeo cambió la historia, pero no inventó el norte moderno
Uno de los nombres fundamentales en esta historia es Claudio Ptolomeo, el astrónomo, matemático y geógrafo que vivió en Alejandría durante el siglo II. Su obra Geographia reunió una enorme cantidad de conocimientos geográficos del mundo grecorromano y desarrolló métodos para ubicar miles de lugares mediante coordenadas de latitud y longitud. La Biblioteca del Congreso destaca que su trabajo llegó a registrar alrededor de ocho mil lugares y que sus métodos tuvieron una influencia extraordinaria sobre la cartografía posterior.
La importancia de Ptolomeo no consiste únicamente en la cantidad de lugares que describió, sino en haber contribuido a transformar la representación del mundo en un problema que podía abordarse mediante coordenadas, geometría y procedimientos sistemáticos. Su obra fue perdida para buena parte de Europa durante la Edad Media, pero posteriormente volvió a circular a través del mundo bizantino y llegó a Italia, donde fue traducida al latín a comienzos del siglo XV. La primera edición impresa apareció en Roma en 1477, y las versiones posteriores tuvieron una influencia enorme durante el Renacimiento.
Ptolomeo no fue simplemente un geógrafo antiguo cuyas ideas quedaron encerradas en los libros. Su obra terminó convirtiéndose en una de las bases intelectuales sobre las cuales los europeos comenzaron a reconstruir y perfeccionar la imagen del mundo durante la expansión de la navegación y la cartografía moderna.
Y allí comenzó a producirse una transformación decisiva: una determinada tradición cartográfica empezó a adquirir una influencia internacional cada vez mayor.
Cuando Europa empezó a dibujar el mundo entero
Entre los siglos XV y XVI, la cartografía europea experimentó una transformación extraordinaria. La navegación oceánica, la expansión comercial, los viajes de exploración y la incorporación de territorios desconocidos para los europeos obligaron a modificar mapas que durante siglos habían representado un mundo mucho más pequeño.
Los cartógrafos recibían información nueva de navegantes, comerciantes, exploradores y viajeros, mientras las imprentas permitían reproducir y distribuir mapas a una escala que hubiera resultado imposible en épocas anteriores. La obra de Ptolomeo fue reinterpretada y corregida, y comenzaron a aparecer nuevas representaciones del planeta que incorporaban las costas de África, América y otras regiones cuya geografía era todavía desconocida o estaba representada de manera muy imprecisa.
En ese contexto, los mapas dejaron de ser solamente instrumentos para conocer el mundo y comenzaron a desempeñar otra función decisiva: ayudaron a administrar, conquistar, comerciar y reclamar territorios.
Representar un territorio significaba también incorporarlo al conocimiento de quien lo dibujaba.
Nombrarlo significaba darle una identidad dentro de un sistema geográfico.
Marcar sus fronteras significaba convertir una superficie en un espacio político.
La cartografía moderna creció junto con la expansión de los Estados europeos, y esa coincidencia histórica no es un detalle menor.
Un mapa también puede ser una declaración de poder
Durante siglos hemos aprendido a mirar los mapas como si fueran fotografías objetivas del planeta, pero ningún mapa puede ser completamente neutral. Toda representación implica seleccionar qué se muestra, qué se omite, qué escala se utiliza, qué lugares aparecen destacados y qué sistema de orientación se considera normal.
Eso no significa que todos los mapas sean propaganda ni que sus datos geográficos sean falsos. Significa algo más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo: representar el mundo supone tomar decisiones.
La cartografía europea terminó imponiendo muchas de esas decisiones a escala global porque Europa pasó a tener una influencia económica, militar, científica y política extraordinaria sobre otras regiones. Los mapas producidos por las potencias europeas comenzaron a circular internacionalmente y sus convenciones se incorporaron progresivamente a la enseñanza, la navegación, la administración territorial y la producción científica.
La orientación norte arriba terminó formando parte de ese conjunto de convenciones que hoy nos parecen naturales.
Pero su carácter convencional queda demostrado por la propia historia.
El famoso mapa que parece estar “al revés”
Uno de los mejores ejemplos para entenderlo es nuevamente el mapa de Al-Idrisi de 1154. La obra fue realizada por encargo del rey Roger II de Sicilia y requirió años de trabajo, utilizando fuentes árabes, información de viajeros y conocimientos geográficos anteriores. El resultado fue uno de los grandes trabajos cartográficos del período medieval, organizado en numerosas secciones que, reunidas, formaban una representación enorme para los estándares de la época.
Cuando una persona acostumbrada a los mapas actuales lo contempla, probablemente tenga una reacción inmediata: “está dado vuelta”.
Pero esa afirmación contiene una trampa.
El mapa no está dado vuelta.
Está orientado de otra manera.
Somos nosotros quienes hemos aprendido que una determinada orientación es la correcta.
La diferencia parece pequeña, pero tiene una enorme importancia porque demuestra hasta qué punto las convenciones cartográficas pueden convertirse en parte de nuestra percepción del mundo. Después de haber visto miles de mapas con el norte arriba, nuestro cerebro deja de percibir esa orientación como una elección y empieza a interpretarla como una característica objetiva del planeta.
¿Y por qué terminó ganando el norte?
No existe una única respuesta simple que permita señalar un día exacto en que alguien decidió poner el norte arriba y todos los demás aceptaron la decisión. La historia fue mucho más gradual y estuvo vinculada con la evolución de la cartografía europea, la recuperación de la tradición ptolemaica, las necesidades de navegación y la estandarización progresiva de las representaciones geográficas.
El norte tenía, además, una ventaja práctica evidente para determinadas tradiciones de navegación: la estrella Polar permitía identificar aproximadamente la dirección del Polo Norte celeste, por lo que la orientación hacia el norte podía ser especialmente útil para navegantes del hemisferio norte. A medida que la cartografía matemática y la navegación astronómica se desarrollaron, las coordenadas y los sistemas de referencia adquirieron una importancia cada vez mayor.
Pero la utilidad técnica no explica por sí sola la hegemonía cultural de esa representación. También fue decisiva la expansión de los mapas europeos como instrumentos de navegación, administración y educación, y la posterior estandarización científica de determinadas convenciones.
Una vez que una sociedad enseña durante generaciones que el norte está arriba, esa representación comienza a reproducirse a sí misma.
Los mapas enseñan a mirar mapas.
El mundo cambia cuando giramos el papel
Hay una experiencia sencilla que permite comprender la dimensión cultural del asunto: tomar un planisferio moderno y girarlo 180 grados.
De repente, Europa queda abajo, América del Sur aparece arriba respecto de nuestra costumbre y África cambia completamente de posición visual. Los continentes siguen siendo exactamente los mismos y las coordenadas no se modifican, pero nuestra percepción del mundo cambia de manera inmediata.
Eso ocurre porque la orientación de un mapa influye sobre la importancia visual que atribuimos a determinadas regiones.
Durante mucho tiempo, además, los mapas europeos colocaron a Europa en posiciones privilegiadas dentro de representaciones del mundo conocido, mientras que otras regiones aparecían en los extremos, con escalas y niveles de detalle diferentes. En determinados casos, esa representación acompañó directamente la expansión colonial y la construcción de una determinada idea de centro y periferia.
No es casualidad que la historia de la cartografía moderna esté profundamente relacionada con la historia de los imperios.
Quien dibuja el mundo también puede decidir, aunque sea indirectamente, desde dónde se mira ese mundo.
Argentina también aparece distinta cuando cambiamos la perspectiva
Para nosotros, acostumbrados a los mapas convencionales, Argentina ocupa una posición particular: aparece en el extremo sur de América y, en muchos planisferios, queda visualmente alejada de los principales centros económicos y políticos del hemisferio norte.
Pero basta con cambiar la proyección o invertir la orientación para que esa percepción se transforme. Argentina sigue estando exactamente en el mismo lugar geográfico, pero deja de aparecer como “abajo” del mundo.
Esto tiene una consecuencia interesante para una cultura acostumbrada a pensar geográficamente desde mapas heredados de otras tradiciones: la posición visual de un país no es necesariamente su posición conceptual en el planeta.
El sur no está abajo.
El norte no está arriba.
Son simplemente dos direcciones.
Y esa obviedad, que parece tan sencilla una vez formulada, tardó siglos en instalarse en nuestra conciencia.
El mapa no es el territorio
La historia de la orientación cartográfica permite recuperar una idea que el filósofo y escritor Jorge Luis Borges habría comprendido perfectamente: la representación nunca es idéntica a aquello que representa.
Un mapa puede ser extraordinariamente preciso y, al mismo tiempo, seguir siendo una interpretación. La Tierra es tridimensional; el mapa suele ser plano. La Tierra tiene una superficie curva; el mapa necesita una proyección. La Tierra no tiene arriba ni abajo; el mapa necesita decidir cómo colocarla. La Tierra contiene una cantidad prácticamente infinita de información; el cartógrafo debe seleccionar qué mostrar.
Por eso, cada mapa cuenta dos historias simultáneamente: una sobre el territorio que representa y otra sobre la sociedad que decidió representarlo de esa manera.
La próxima vez que miremos un planisferio y veamos el norte arriba, quizás convenga recordar que estamos ante una convención que se volvió tan poderosa que terminó ocultando su propio carácter de convención.
Durante siglos, distintas civilizaciones miraron el mundo de otra manera. Algunas colocaron el sur arriba, otras el este, otras organizaron el espacio alrededor de centros religiosos o culturales. La cartografía europea terminó imponiendo una forma particular de ordenar el planeta, y esa forma se convirtió progresivamente en la imagen universal que hoy reproducen las aulas, los atlas, los teléfonos y las pantallas.
El norte no está arriba porque la Tierra lo haya decidido. Está arriba porque nosotros aprendimos a dibujarla así.
Y quizás esa sea una de las mejores lecciones que puede enseñarnos un mapa: a veces creemos estar mirando el mundo cuando, en realidad, estamos mirando la manera en que alguien decidió que el mundo debía ser visto.
El próximo sábado se realizará la presentación del libro ‘Godofredo Viajero’ de la escritora reginense Julieta Langa, quien actualmente reside en Alemania. La cita es en la Oficina de Informes Turísticos de 15,30 a 16,30 horas para la prensa, docentes de nivel inicial, primario, del Instituto de Formación Docente, estudiantes o lectores aficionados. Se realizará…
Sebastián Pareja afirmó que La Libertad Avanza tiene como objetivo eliminar el Senado bonaerense para convertir a la Legislatura de la provincia en unicameral. «Estamos cansados de sostener bancas y contratos políticos mientras el Estado provincial abandona sus funciones esenciales», dijo el diputado que cuenta en la Legislatura con 10 senadores y 20 diputados.
Pareja retoma una versión periodística publicada el fin de semana que afirmó que el peronismo en la provincia trabaja en un proyecto para ampliar la cantidad de senadores y diputados bonaerenses.
«Mientras colapsan la salud, la educación y la seguridad, al kirchnerismo no se le ocurre mejor idea que proponer un aumento de la cantidad de legisladores en ambas cámaras», dijo en un posteo publicado en las redes.
Esos trascendidos fueron negados de manera enfática tanto por los bloques de Fuerza Patria como desde el gobierno de Axel Kicillof.
La propuesta de Pareja tiene el tono y la impronta libertaria. Sin embargo, es un tema que se discute hace varios años en la provincia. Unas 15 provincias más la Ciudad de Buenos Aires cuentan con sistema unicameral. Incluso varias provincias pasaron de un sistema bicameral a un cámara única. Córdoba y Tucumán son dos ejemplos.
El problema para avanzar con la iniciativa es que se requieren consensos, algo en que ni el peronismo ni los libertarios están dispuestos a trabajar. La actividad legislativa tanto en el Senado como Diputados es mínima producto de la falta de acuerdos y de las internas en los bloques mayoritarios: Fuerza Patria y La Libertad Avanza.
Para pasar a una Legislatura unicameral hace falta una reforma de la Constitución bonaerense. Eso se puede lograr de dos maneras: una convención constituyente o un proyecto de ley aprobado por dos tercios refrendado por los bonaerenses en una consulta popular.
Uno de los proyectos ingresados en los últimos meses fue redactado por el diputado de Bahía Blanca, Héctor Gay. En el texto propone la creación de una Convención Reformadora que trabajará durante 120 días reordenar, correlacionar, y enumerar el articulado de la Constitución bonaerense para convertir a la Legislatura en unicameral.
El movimiento como libertad quizás sea una lectura posible en tiempos de una desesperante calma. Hay tantas formas de libertad como maneras de comprenderla. Las opciones se ramifican hasta que le perdemos el rastro en los imprecisos y puntiagudos bordes de la nada. En ese movimiento libertario los cuerpos se encuentran o se separan, y…
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