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Se realizó un panel sensorial de sidra

El viernes último se realizó el panel sensorial de sidra en las instalaciones de la Oficina de Turismo local.

Acompañando la reactivación productiva de la histórica Cooperativa La Reginense, la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina junto al Director de Vitivinicultura de Río Negro Marcelo Miras organizó un panel con profesionales y expertos en el análisis sensorial de bebidas fermentadas, que estuvo integrado por representantes de la Universidad de Río Negro, la Universidad del Comahue, INTI, INTA, enólogos y técnicos en alimentos. La actividad contó con la presencia del Intendente Marcelo Orazi y el Ministro de Producción y Agroindustria de la provincia Carlos Banacloy.

El objetivo fue realizar un análisis organoléptico de diferentes muestras de sidra con distintos grados de azúcar y agregados de aromatizantes para que La Reginense ofrezca al mercado productos de calidad. Durante la actividad, cada panelista debió completar una ficha de degustación con los descriptores encontrados para que la empresa tenga un sustento teórico y técnico a la hora de tomar la decisión sobre qué producto salir al mercado local y regional.

El panel se llevó a cabo con un número de personas determinado y bajo un estricto protocolo como son el ingreso con tarjeta, el control de temperatura y materiales individuales de trabajo.

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  • Bullrich le da más lugares a los aliados y arrincona al peronismo en la Bicameral de Inteligencia

     

    Patricia Bullrich intenta despojar a José Mayans de los lugares que le corresponden al peronismo en la Bicameral de Inteligencia, repartiendo esas sillas entre los aliados del gobierno. La maniobra de la jefa de bloque libertario demora la conformación de la comisión, que debe integrarse con siete senadores y siete diputados.

    La parálisis cobra importancia porque Victoria Villarruel firmó este miércoles el decreto con la formalización de casi todas las comisiones bicamerales, menos la que controla los organismos de inteligencia. La táctica de Bullrich, en consecuencia, sirve para dilatar los tiempos. «La resolución de Villarruel se esperaba para el viernes pasado pero terminó saliendo hoy, está todo trabado», comentaron a LPO.

    Acaso la más interesada para que los plazos se sigan estirando sea, precisamente, Karina Milei, que pretende al frente de esa comisión a Sebastián Pareja, uno de sus laderos. LPO informó que la hermana presidencial iba por todo en la interna contra Santiago Caputo y el control de la SIDE no era ajeno a sus objetivos estratégicos pero, en medio del empate nuclear entre el asesor y la secretaria general de la Presidencia, la neutralización de la Bicameral podría ser un atajo conveniente.

    Fuentes parlamentarias dijeron a LPO que Bullrich terminó ofreciéndole espacios allí al misionero Martín Göerling Lara en representación del PRO, Maximiliano Abad por la UCR, la chubutense Edith Terenzi y los libertarios Agustín Coto y Ezequiel Atauche. O sea, sólo quedarían dos vacantes y el peronismo tuvo hasta el año pasado tres legisladores: Oscar Parrilli, Wado De Pedro y Florencia López.

    Bullrich en crisis por el golpe de poder de Karina, teme que le saquen la jefatura de bloque

    En rigor, el interbloque de Mayans, el puntano Fernando Salino y el santiagueño Gerardo Zamora tiene 25 miembros, mientras que LLA acredita 21. Pero una senadora comentó que Patricia necesita incorporar a un karinista puro, razón por la cual todas las miradas se posan en Nadia Márquez, y al mismo tiempo pretende contener a la peronista Carolina Moisés, que terminó de irse del armado del formoseño en febrero y coronó como vicepresidenta del Senado.

    Desde el entorno de la senadora jujeña contestaron que su lugar es parte de una negociación todavía inconclusa. En cualquier caso, el ingreso suyo o el de Márquez dejaría al kirchnerismo con un solo integrante, algo que vulnera la proporcionalidad de la composición de la comisión en base a la representatividad de cada bloque.

    Nadia Márquez y Enzo Fullone.

    Como sea, el peronismo del Senado esperaba meter allí a De Pedro y López. Pero tienen que doblegar a Bullrich, un objetivo que ni siquiera intentaron en la conformación de las comisiones que se pusieron en funcionamiento para el tratamiento de la reforma laboral. Bajo el furor por la distopía, el PJ optó por evaluar la judicialización del reparto parlamentario que hizo Bullrich.

    Por otra parte, tampoco avanzó más rápido Martín Menem en la Cámara Baja. «Tenemos muchos diputados de viaje», se excusó una fuente libertaria por la excursión de más de 20 legisladores a Estados Unidos con la RAP y los gerentes de empresas mineras y laboratorios.

    Recién este miércoles el oficialismo avisó que estaría dispuesto a cederle una silla a Cristian Ritondo por el PRO y repartirse las seis restantes en partes iguales con el kirchnerismo.

    Patricia necesita incorporar a un karinista puro, razón por la cual todas las miradas se posan en Nadia Márquez, y al mismo tiempo pretende contener a la peronista Carolina Moisés, que terminó de irse del armado de Mayans en febrero y coronó como vicepresidenta del Senado.

    El peronista Germán Martínez, dicen en la bancada de UP, le reclama al riojano precisiones sobre la integración desde el verano pero no habría obtenido ninguna respuesta. Se rumorea que los candidatos justicialistas a ocupar dos de los siete lugares serían Rodolfo Tailhade y Agustín Rossi.

    Gabriel Bornoroni, que está entre los favoritos para sumarse a la comisión, lidera un bloque de 95 y los de UP llegan a 93. Los peronistas del interior, además, ya le habrían hecho saber a Martínez que quieren uno de los suyos en la bicameral.

     

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    El escándalo que involucra a Manuel Adorni resquebrajó el pilar nodal del relato libertario y, a la vez, empezó a instalar el aspecto patrimonial en el centro de las disputas internas territoriales.

    Eso emergió en las últimas horas en Olavarría, donde concejales libertarios se enrostraron camionetas último modelo, sospechas patrimoniales y cargos incompatibles.

    Como contó LPO, Adela Casamayor se alejó del bloque de LLA tras denunciar «aprietes» de uno de los armadores para aparecer en una foto de unidad de los concejales de Milei en el distrito. Por eso, lanzó su bloque del Partido Libertario.

    En la primera sesión con ese sello, Casamayor hizo un pedido de informes centrado en el doble cargo de Guillermo Lascano, concejal de LLA y titular del Pami local. «La dieta de concejal dice que la dona, no sé a dónde porque nunca hizo mención de eso», apuntó la concejal.

    «Me compré una Terrritory, sí. ¿Le duele que tenga una camioneta? El tiene una mejor que la mía y nadie le dice nada», apuntó Casamayor para salir al cruce de las acusaciones del concejal Lascano, a quien apuntó por incompatibilidad de cargos.

    Ante eso, Lascano salió al cruce de Casamayor con acusaciones personales. Dijo que la bronca de la edil libertaria con él surgió porque la oficia local de Pami que comanda le negó a la pareja de Casamayor un traslado por un audífono.

    «Son traslados para personas vulnerables. Su pareja estaba ocultando información. Si tenía los recursos para comprarse una Territory (Camioneta SUV de Ford), naturalmente tenía los recursos para llevar adelante el traslado», acusó.

    El Partido Libertario va por los concejales excluidos por Pareja 

    Enseguida, Casamayor lo cruzó: «Me compré una Terrritory, sí. Miren mi declaración jurada y la de mi marido. Me la compro porque trabajo y nadie me regala nada y puedo mostrar los papeles del crédito que tengo. ¿Le duele que tenga una camioneta? El tiene una mejor que la mía y nadie le dice nada».

    Con la sesión totalmente descontrolada, emergieron de inmediato los pases de factura y acusaciones que desembocaron en la ruptura libertaria en el distrito.

    En esa diáspora libertaria, el concejal Marcelo Petehs apuntó: «Hicimos una campaña donde veníamos a eliminar la casta y hoy no se está siendo consecuente con lo que pregonábamos».

     

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  • Dibujo a mi tío para encontrarlo

     

    A mi tío lo baleó una patota parapolicial en una emboscada, mientras intentaba escapar por la ventana del primer piso de una casa en Mar del Plata. No es, la historia de mi tío, una historia de desaparecidos. Pero yo todavía lo sigo buscando. Mi tío, Pacho Elizagaray, tenía 24 años cuando lo mataron. Mi tío está. Mis abuelos pudieron llevarle flores. Mi papá, tres años menor que él, pudo llorarlo. Sabemos dónde está su cuerpo. Hubo un juicio en 2016 y algunos de los responsables de su muerte fueron condenados. No todos. Pero mi tío está. Y yo todavía lo sigo buscando. 

    La de mi tío Pacho no es, entonces, una historia de desaparecidos. Es una historia de silencios. Y el silencio es una forma de la ausencia. 

    Mi abuelo presentía que a Pancho lo iban a matar. Mi abuelo se llamaba Carlos Elizagaray. En marzo de 1975, un año antes del golpe, era senador del Frejuli. Lo tenían entre ceja y ceja y ya lo habían amenazado varias veces. Gente que se identificaba como miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) le había dicho que si Pacho no dejaba de joder lo iban a tener que ir a reconocer a un baldío. Mi tío Pacho estudiaba derecho y era uno de los principales referentes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata. Entre otras cosas, había participado de las negociaciones que lograron instaurar la gratuidad universitaria en el 73. La CNU, mientras tanto, quería desmantelar a la militancia de izquierda en la universidad y en la ciudad. 

    Mi abuelo Carlos habló con mi tío cuando un ex compañero del Ejército le dijo que Pacho estaba en una lista y que lo iban a ir a buscar. Pacho siguió militando. Hasta que los de la CNU atacaron. La madrugada del 21 de marzo de 1975 lo fueron a buscar en la casa donde estaba con su tío y sus primos y los mataron a los cuatro. 

    Mi abuelo hablaba poco de ese día. Mi papá me contó más de una vez su recuerdo de escuchar desde la planta alta los pasos y la voz de mi abuelo cuando entró a la casa familiar y le dijo a mi abuela: “Maucita, nos destruyeron la vida”. Había subido al techo de la casa donde reconoció el cuerpo del tío Pacho. Era el único que quedaba. A los otros tres se los habían llevado a un descampado donde los fusilaron y los dejaron tirados. La CNU tenía la estrategia de dejar los cuerpos a la vista para infundir terror. 

    Veinte años antes, en septiembre del 55, mi abuelo Carlos había estado parapetado en la terraza de Casa Rosada ametrallando a los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Era bien peronista mi abuelo. Y era natural que sus hijos – mi tío, mi papá, mi tía – salieran también militantes. Mi papá militaba en una unidad básica de su barrio y siempre se lamentaba no haber escuchado nunca a mi tío en una asamblea en la universidad, ni dando un discurso. Decían que era buen orador. Y yo, que no lo conocí a mi tío Pacho, porque nací 17 años después de su muerte, lo sigo buscando. 

    El pasado, mientras tanto, parece alejarse más. Parece diluirse hacia atrás, o hacia algún fondo, como si se vaciara en una rendija oscura. Los rostros en los carteles de las plazas de todo el país, para muchos, dejan de ser personas y se vuelven eso: rostros sin nombre en carteles grises. Desconocidos para la mayoría. Cada vez más. Pero eran hermanos, amigos, padres, tíos. El duelo muta, toma nuevas formas, se esconde y brota en formas que no imaginamos hasta que se nos aparece. Y cada uno hace lo que puede hacer con eso. 

    De mi tío siempre supe poco. Cada vez que lo nombraba, se repetía una historia corta que era siempre la misma. Y después el silencio. Siempre me mostraron una misma foto de él. Un retrato sonriente, ya veinteañero. También había un cuadro pintado por él decorando una de las habitaciones de la casa. Nombrarlo no estaba prohibido, preguntar tampoco. Pero siempre era angustioso recordarlo y eso impedía hablar más. 

    Siempre sentí que me hubiera llevado muy bien con mi tío. Me gustaba pensar qué conversaciones hubiéramos tenido. Imaginar a qué se dedicaría si hubiera vivido más. Me parecía que el arte – él con la pintura, yo con la ilustración- era algo que nos podría haber unido. Quizás, de hecho, sí nos une. 

    Sentía que algo de Pacho habitaba en mí. Aún sabiendo tan poco, y acostumbrada a esa forma de las cosas. Me di cuenta el 24 de marzo de 2024 en plena Plaza de Mayo. Íbamos llevando un cartel con un retrato de mi tío. No lo habíamos hecho antes. Y en un momento se acercó un pibe de mi edad a mirar: 

    — ¿Sos algo de Pacho? — me preguntó — Yo lo conozco, era el mejor amigo de mi abuela. 

    El pibe, resulta, sabía más que yo de la historia de mi tío. 

    No teníamos la tradición de ir a la plaza los 24. A mi abuelo no le gustaban las multitudes. Comenzamos a ir más grandes, nosotros. Ese año era la primera vez que llevábamos las fotos de Pacho a la plaza. También de sus primos y su tío, las otras víctimas de la masacre de marzo del 75. Se lo había propuesto a mi viejo, hábil carpintero, que armó unos soportes de madera; yo imprimí las fotos y también la copia de una ilustración que había hecho de él cuando no pudimos marchar en la pandemia. 

    Después de ese día todo sucedió muy rápido. Subí la foto con el cartel de mi tío a Instagram y me escribió otra compañera de Pacho que a su vez me conecto con otros, y ellos a su vez con otros. Armé un archivo en la compu con sus nombres y números de teléfono. Los fui contactando uno a uno, y empecé a visitarlos. 

    Recién ahí, cuando sentí que era el momento, me animé a abrir más la charla con mi papá. Y descubrí, cuando pudimos conversar, un alivio muy profundo. La palabra liberada era un refugio. Conocer más de la vida de mi tío Pacho, contarla, era una forma de hacer algo por mí y por su memoria. Ayudaba a superar el dolor. Con el tiempo, pronunciar el nombre de mi tío Pacho dejó de generar un nudo en la garganta. Algo ahí se aflojó, y fue gracias a esa búsqueda.

    Como aquellos que buscan los restos de sus desaparecidos, yo busco los restos de la historia de mi tío en cada una de las personas que lo acompañaron en su vida, y en especial en sus años de militancia. Siento la urgencia de recopilar cada memoria de él. Siento que todavía estoy a tiempo. Muchos hombres y mujeres de su generación siguen presentes, pero cada vez quedan menos. Recién en agosto de 2025 fui a conocer a La Polaca, la abuela de ese chico que se me acercó en la plaza y me despertó el impulso de buscar y saber más. Viajé con mi mamá a Mar del Plata para verla. Me puse nerviosa antes de entrar, me pasa antes de cada encuentro.  

    La Polaca murió dos meses después de nuestra visita. Me quedaron más preguntas por hacerle. Pero ahí tomé conciencia de que la conversación entre generaciones es imprescindible y no es algo que pueda quedar para otro momento.

    En cada encuentro, con cada uno de ellos, pienso lo que me cuentan en imágenes. La Polaca era la esposa de un referente político al que Pacho admiraba, y la casa de ellos era el lugar donde se juntaban todos. Pacho se reunía a veces a solas con La Polaca y sentía esa casa como un refugio. Ella le hacía siempre una sopa con remolacha y un sandwich de rabanito. Yo no sabía que a mi tío le gustaba eso. Y a mí me encantó siempre el rabanito. Ahí encontré, quizás, una razón. Cuando la escuchaba, veía la imagen de mi tío en su casa. 

    Cada persona que llamo para hablar de mi tío me recibe con entusiasmo. Todos quieren contarme de él. Son siempre conversaciones para recordar con alegría. Hablamos de recuerdos íntimos. Humanos. Como los que encuentro cuando veo las fotos de los álbumes familiares, a los que vuelvo todo el tiempo porque lo que aprendo quiero dibujarlo. En las fotos noté que siempre, en la parte de arriba, en mi familia tenían la costumbre de escribir chiquitito el año: 73, 74. En esas fotos casi siempre la gente está feliz. Yo me obsesiono un poco con la fecha. Los veo en las imágenes y pienso cuánto faltaba para la masacre. Pienso que ellos están ahí en la foto, sonriendo, sin saber lo que va a pasar. Y yo sí sé. 

    Mientras miro las fotos y escucho a cada persona con la que puedo encontrarme en la búsqueda, pienso en cómo entendemos lo que nos queda del pasado a medida que nos alejamos en el tiempo. Como, con el paso de los años, nos cuenta entender esa época. La violencia de los setenta, que no empezó con el golpe de marzo del 76. Que empezó en democracia y empezó por el odio y el desencuentro entre los que pensaban distinto. Pienso en cómo heredamos la herida. Cómo llega a nuestras generaciones. Qué formas tiene. Y sobre todo, cómo le explicamos a los más jóvenes la complejidad de una época que se sigue estirando sobre nuestras propias vidas. 

    Sigo conversando con los que puedo. Sigo buscando. Avanzo, escucho, registro como puedo. Quiero filmar, pero no sé filmar. Pido un grabador para guardar las charlas con mejor calidad y hago lo que puedo. Trato de sacar alguna foto en cada encuentro. Al salir anoto las sensaciones que me dejó la conversación, detalles que no quiero olvidar. Trato de bajarlo todo a dibujos rápidos. Me aparecen escenas, imágenes de esas anécdotas. Eso puedo y eso me sale. Dibujar. Dibujarlo a mi tío Pacho es mi manera de encontrarlo. 

    La entrada Dibujo a mi tío para encontrarlo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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