El viernes último se realizó el panel sensorial de sidra en las instalaciones de la Oficina de Turismo local.
Acompañando la reactivación productiva de la histórica Cooperativa La Reginense, la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina junto al Director de Vitivinicultura de Río Negro Marcelo Miras organizó un panel con profesionales y expertos en el análisis sensorial de bebidas fermentadas, que estuvo integrado por representantes de la Universidad de Río Negro, la Universidad del Comahue, INTI, INTA, enólogos y técnicos en alimentos. La actividad contó con la presencia del Intendente Marcelo Orazi y el Ministro de Producción y Agroindustria de la provincia Carlos Banacloy.
El objetivo fue realizar un análisis organoléptico de diferentes muestras de sidra con distintos grados de azúcar y agregados de aromatizantes para que La Reginense ofrezca al mercado productos de calidad. Durante la actividad, cada panelista debió completar una ficha de degustación con los descriptores encontrados para que la empresa tenga un sustento teórico y técnico a la hora de tomar la decisión sobre qué producto salir al mercado local y regional.
El panel se llevó a cabo con un número de personas determinado y bajo un estricto protocolo como son el ingreso con tarjeta, el control de temperatura y materiales individuales de trabajo.
Se conoció la decisión del fiscal municipal Juan Carlos Giménez de solicitar el beneficio previsional, por lo que a su vez solicitó licencia con goce sueldo hasta que el trámite se apruebe en ANSES. La nota fue elevada al Intendente Municipal el día 3 de marzo y aceptada el 15 del mismo mes. Más de…
Durante este jueves se procedió a la colocación de dos decrementadores (segunderos) en los pescantes de los semáforos de calle Cipolletti y Yapeyú para el tránsito que circula en sentido oeste-este y viceversa. El Intendente Marcelo Orazi y el Director de Tránsito Mario Figueroa estuvieron presentes durante la colocación de estos dispositivos. Los decrementadores contienen…
El arranque de las vacaciones de invierno expone niveles bajos de ocupación hotelera en los principales centros turísticos de la provincia y refuerza las alarmas del sector frente a la merma del caudal turístico, el recorte de las estadías y de los niveles de consumo que se registraron en el último verano y fines de semana largos.
En Tandil, que suele ser uno de los destinos predilectos en la provincia para el receso invernal y que el año pasado tuvo un movimiento turístico del orden del 80%, registra en esta primera semana un promedio del 55% de ocupación.
En otro punto fuerte, la Comarca Serrana de Tornquist, las vacaciones arrancaron con un nivel discreto cercano al 50% de las plazas hoteleras ocupadas.
En Sierra de la Ventana, el año pasado la ocupación fue del 85%. Por eso, en el municipio hablan de un comienzo más moderado que años anteriores pero tienen expectativas para la segunda semana.
En Mar del Plata, el comienzo del receso fue con un 25% de reservas, según detallaron desde la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica. En el sector esa foto preocupa y piden llegar a la próxima temporada con una planificación clara sobre cómo invertir los recursos del Fondo de Promoción Turística.
Pero la situación es mucho más crítica en otros puntos de la costa atlántica bonaerense, donde el movimiento turístico no llega al 20%.
Muchos hoteles no abrieron por razones de personal y mantenimiento. Es toda una empresa que se tiene que poner en marcha para las vacaciones de invierno. Estar cerrado es ganancia», dijo a LPO un empresario hotelero
Eso sucede en Villa Gesell, donde empresarios del sector relevaron que existen hoteles con más un centenar de habitaciones que hoy tienen solo dos ocupadas.
«Muchos hoteles no abrieron por razones de personal y mantenimiento. Es toda una empresa que se tiene que poner en marcha para las vacaciones de invierno. Estar cerrado es ganancia», dijo a LPO un empresario geselino.
En Pinamar, hoteleros consultados ilustraron un panorama «complicado». «Estamos muy preocupados porque el nivel de reservas es muy bajo», señaló un representante del sector.
Así, agregaron que, si bien el receso de invierno no es el fuerte de la ciudad, «siempre hubo un poco de movimiento que en este invierno aún no se ve, a pesar de tarifas casi ridículas que algunos están ofreciendo casi por debajo del costo y pauperizando el servicio».
La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa que está disponible una nueva edición del Fondo de Auxilio para prestadores turísticos del gobierno nacional orientada a agencias de viajes y servicios de transporte turístico. En este caso, y en línea con las nuevas políticas focalizadas para diferentes actores de la cadena…
La situación sobre nuestra Tierra es paradójica. Las interdependencias se han multiplicado. La conciencia de ser solidarios con su vida y con su muerte liga desde ahora a los humanos. La comunicación triunfa; el planeta está atravesado por redes, faxes, teléfonos celulares, módems, Internet. Y sin embargo, la incomprensión sigue siendo general Edgar Morin Los…
Durante décadas fue uno de los pueblos más prósperos del interior bonaerense. Tenía hoteles, comercios, una intensa actividad turística y miles de visitantes cada temporada. Pero una inundación extraordinaria cambió para siempre su historia y convirtió a Villa Epecuén en una ciudad fantasma que hoy atrae visitantes de todo el mundo.
Por Redacción de NLI
Las ruinas de una ciudad suelen asociarse con civilizaciones antiguas o con guerras devastadoras ocurridas a miles de kilómetros de la Argentina. Sin embargo, existe un lugar donde el tiempo parece haberse detenido hace apenas unas décadas. Calles que ya no conducen a ningún sitio, árboles convertidos en esqueletos blancos por la sal, edificios sin techos y automóviles deformados por el agua conforman un paisaje que muchos comparan con un escenario posapocalíptico. Se trata de Villa Epecuén, en el partido bonaerense de Adolfo Alsina, una localidad cuya historia resume tanto la capacidad de progreso del interior argentino como la fragilidad de las obras humanas frente a la naturaleza.
Un pequeño pueblo que soñó con convertirse en un gran centro turístico
La historia de Villa Epecuén comenzó a principios del siglo XX alrededor de un recurso natural excepcional: las aguas hipersalinas de la laguna Epecuén, cuya concentración de sal supera ampliamente la del mar. Desde muy temprano se difundió la idea de que esos baños poseían propiedades terapéuticas para aliviar enfermedades reumáticas, afecciones dermatológicas y distintos trastornos musculares. Más allá de las discusiones científicas sobre la magnitud de esos beneficios, el fenómeno alcanzó una enorme popularidad y transformó a la localidad en uno de los principales destinos turísticos del país.
Durante las décadas de 1940, 1950 y 1960, miles de familias llegaban cada verano para disfrutar de los baños salados. La ciudad creció al ritmo de esa actividad. Se construyeron hoteles, hosterías, restaurantes, comercios y centros recreativos que generaban empleo para buena parte de la región. En su mejor momento, Villa Epecuén llegó a contar con más de un centenar de establecimientos hoteleros y una infraestructura capaz de recibir decenas de miles de visitantes por temporada. Era uno de esos ejemplos de desarrollo regional que demostraban cómo un recurso natural podía convertirse en el motor económico de toda una comunidad.
Sin embargo, ese crecimiento convivía con un riesgo conocido desde hacía décadas. La laguna formaba parte de un complejo sistema hídrico del sudoeste bonaerense donde las variaciones climáticas podían modificar considerablemente el nivel del agua. Ingenieros y especialistas advertían periódicamente sobre la necesidad de mantener y reforzar las defensas que protegían al pueblo, aunque durante años la amenaza pareció lejana.
La inundación que borró una ciudad del mapa
A comienzos de la década de 1980, una sucesión de lluvias extraordinarias alteró el equilibrio de toda la cuenca. Los niveles de agua aumentaron de manera constante y comenzaron a ejercer una presión cada vez mayor sobre el terraplén que protegía Villa Epecuén. Finalmente, el 10 de noviembre de 1985, una parte de esa defensa cedió y el agua avanzó sobre la localidad.
Lo que inicialmente parecía una inundación más terminó convirtiéndose en una catástrofe sin precedentes. En cuestión de semanas, el nivel del agua siguió creciendo hasta cubrir completamente calles, viviendas y edificios públicos. La evacuación de la población evitó una tragedia humana de mayores dimensiones, pero significó el abandono definitivo de una ciudad que había tardado más de medio siglo en construirse.
Con el correr de los años, la laguna llegó a cubrir Villa Epecuén con varios metros de agua. Allí quedaron automóviles, muebles, hoteles enteros y recuerdos de miles de familias que nunca pudieron regresar. Durante casi dos décadas, el pueblo permaneció oculto bajo la superficie, convertido en una especie de Atlántida bonaerense cuya existencia sobrevivía únicamente en fotografías y relatos de antiguos habitantes.
El regreso de las ruinas y la memoria de un pueblo
A partir de los primeros años del siglo XXI, un prolongado descenso del nivel del agua comenzó a revelar lentamente las estructuras que habían permanecido sumergidas durante años. El paisaje que emergió sorprendió incluso a quienes habían vivido allí. La acción combinada del agua y de la sal había transformado completamente la ciudad. Los árboles aparecieron blanqueados como esculturas minerales, las paredes conservaron apenas sus esqueletos de hormigón y muchos objetos quedaron cubiertos por gruesas capas de cristales salinos.
Lejos de desaparecer del imaginario colectivo, Villa Epecuén encontró una nueva forma de existencia. Fotógrafos, documentalistas, historiadores y turistas comenzaron a visitar las ruinas atraídos por un escenario único en América Latina. Incluso deportistas de reconocimiento internacional eligieron ese paisaje para filmaciones y producciones audiovisuales, contribuyendo a que las imágenes del antiguo pueblo recorrieran el mundo.
Pero detrás del atractivo turístico permanece una historia profundamente humana. Las ruinas no representan solamente una curiosidad paisajística; son el recuerdo de una comunidad que perdió su lugar de pertenencia, de comerciantes que vieron desaparecer su trabajo y de familias que debieron reconstruir su vida lejos del sitio donde habían nacido. Al mismo tiempo, la experiencia de Villa Epecuén continúa alimentando debates sobre la planificación territorial, las obras hidráulicas, el impacto de los eventos climáticos extremos y la necesidad de pensar el desarrollo con una mirada de largo plazo.
Hoy, caminar por las calles de Villa Epecuén significa recorrer una ciudad donde el tiempo parece haberse detenido en 1985. Cada pared derruida y cada árbol petrificado por la sal recuerdan que el progreso nunca está completamente garantizado y que la relación entre las sociedades y la naturaleza exige planificación, inversión y conocimiento. Tal vez por eso su historia siga despertando fascinación: porque demuestra que incluso en la inmensidad de la llanura bonaerense existen lugares capaces de condensar, en unas pocas cuadras, la grandeza y la fragilidad de toda una comunidad.
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