Durante la jornada de este jueves, personal de la Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina trabajó en la limpieza de cámaras de la red cloacal en distintos puntos de la ciudad.
Para llevar adelante esta tarea se contó con el camión vactor desobstructor de la empresa ARSA, razón por la cual el Municipio agradece su colaboración.
La posibilidad de contar con esta maquinaria posibilitó desplegar un intenso trabajo en diferentes zonas como barrios 25 de Mayo, Nuevo, Belgrano, Don Bosco, Antártida, calles Alberdi, 20 de Junio y el denominado Kilómetro de Nardini.
Cabe destacar que la limpieza en las cámaras es fundamental para mejorar el tránsito del líquido cloacal y así optimizar el funcionamiento de la red.
Sin embargo, también es importante reiterar el pedido de colaboración a la población para evitar que arrojen elementos al sistema cloacal que pueden obstaculizar e incluso provocar graves inconvenientes en la red.
La Municipalidad de Villa Regina informa que debido a las medidas sanitarias extraordinarias anunciadas por el Ministerio de Salud de Río Negro a las que adhiere la Municipalidad de Villa Regina se suspenden los siguientes eventos: -3° Fecha del Campeonato Patagónico de Motocross -3° Fecha del Rally Regional -16° Trekking al Indio Comahue -‘Mundo Boca…
En un acto que atenta contra la transparencia, el poder ejecutivo eliminó el acceso público a los datos de los proveedores estatales. Este oscuro accionar se da a posteriori de la investigación en la que El Disenso descubrió que PAMI le paga 65 millones de pesos por el alquiler mensual de un piso, en el marco…
Rogelio Frigerio anunció la puesta en marcha de un ambicioso plan de reconstrucción de rutas en Entre Ríos, ratificó que continuará el alivio fiscal al sector productivo y adelantó que enviará una reforma estructural del sistema previsional.
En su mensaje durante la apertura de sesiones en la Legislatura entrerriana, el gobernador adelantó que su gestión proyecta para 2026 «el mayor presupuesto de infraestructura vial de la historia reciente».
En contraste a la parálisis en obras viales y la demora en la prometida Red Federal de Concesiones por parte del Gobierno nacional, Frigerio confirmó que, «tras haber ordenado las cuentas públicas y reducido drásticamente el peso de la deuda sobre los ingresos provinciales» su administración avanzará con obras en rutas clave.
Con financiamiento internacional superior a 300 millones de dólares, Frigerio sostuvo que se avanzará en la repavimentación de rutas estratégicas, la reconstrucción integral de corredores productivos; la Circunvalación de Nogoyá, la intervención progresiva de los 2.000 kilómetros incluidos en el plan vial y obras estructurales en rutas provinciales clave para la producción y la conectividad.
Vamos a terminar el mandato con el 100% de las rutas y caminos abandonados intervenidos.
Por otro lado, adelantó que su gestión continuará bajando impuestos para sostener el trabajo privado y mejorar la competitividad. «El Estado no puede ser un freno para quienes producen, invierten y generan empleo», dijo.
Entre las principales medidas, aparece casi toda la industria entrerriana exenta de Ingresos Brutos o con alícuotas mínimas, más del 90% de los productores primarios con alícuota cero y reducción de Ingresos Brutos para integradores avícolas del 3% al 1,5%.
También, una exención impositiva a nuevas inversiones por al menos 15 años, con posibilidad de extenderlo a 20, un tope del 30% al Impuesto Inmobiliario Urbano, por debajo de la inflación y la eliminación de más de 100 tasas provinciales.
Sin mencionar directamente a las gestiones anteriores, el discurso apuntó contra «décadas de desorden fiscal, obras paralizadas y sistemas deficitarios». «Había que hacer lo que durante años nadie quiso hacer», dijo.
«El Régimen de Incentivo a Nuevas Inversiones ya comprometió 200 millones de dólares y casi 2.000 nuevos empleos», aseguró. Y agregó: «Cuando el Estado deja de poner trabas, la inversión aparece».
Por otro lado, uno de los anuncios más relevantes fue la confirmación del envío a la Legislatura de un proyecto de reforma del sistema previsional provincial.
Frigerio recordó que al asumir la Caja de Jubilaciones proyectaba un déficit superior al 50% y que hoy se redujo significativamente, evitando una crisis inmediata. Sin embargo, advirtió «que el sistema mantiene un problema estructural que debe resolverse».
«Después de décadas de postergaciones, vamos a modernizar el sistema previsional para garantizar el 82% móvil de manera sostenible», dijo para marcar que «sostener el equilibrio fiscal es condición indispensable para proteger jubilaciones, salarios y servicios esenciales».
Además, en materia de salud, el gobernador también destacó la decisión de intervenir y reorganizar la obra social provincial, que atravesaba una situación financiera crítica.
Entre las principales medidas, aparece casi toda la industria entrerriana exenta de Ingresos Brutos o con alícuotas mínimas, más del 90% de los productores primarios con alícuota cero y reducción de Ingresos Brutos para integradores avícolas del 3% al 1,5%.
La medida, sostuvo, ya generó un ahorro superior a 1.250 millones de pesos en cargos de conducción y permitió ordenar un sistema que acumulaba pasivos crecientes y graves falencias de gestión.
«No podíamos seguir administrando parches en un sistema que estaba al borde del colapso. La prioridad es garantizar la cobertura de más de 300.000 entrerrianos con responsabilidad y sustentabilidad», sostuvo Frigerio.
En esa línea el gobernador repasó además los principales logros de gestión, como la eliminación de gastos reservados y reducción de cargos políticos, el recorte del 98% de adscripciones irregulares y la digitalización total de decretos y modernización administrativa.
Además, 500 escuelas intervenidas y mejoras sostenidas en alfabetización, la reducción del peso de la deuda y mejora en la calificación crediticia y el crecimiento de exportaciones provinciales cercano al 90%.
Sin mencionar directamente a las gestiones anteriores, el discurso apuntó contra «décadas de desorden fiscal, obras paralizadas y sistemas deficitarios». «Había que hacer lo que durante años nadie quiso hacer», dijo.
Alejandra Monteoliva demora el ingreso de Diego Valenzuela a Migraciones en medio del creciente ruido con Patricia Bullrich, su predecesora en el ministerio de Seguridad.
Valenzuela dejó la intendencia de Tres de Febrero luego de 10 años para asumir de manera temporal como senador bonaerense, con la idea de hacerse cargo de una rimbombante Agencia de Seguridad Migratoria, que en un sector del gobierno buscan emparentar con el ICE de Donald Trump.
El municipio quedó en manos de Rodrigo Aybar y Valenzuela esperaba asumir en el Ejecutivo cuanto antes. El traspaso de Migraciones desde Interior a Seguridad, el área de Bullrich, parecía anticipar una transición rápida.
Más aún porque Valenzuela es amigo de Javier Milei desde que estudiaron juntos en la Universidad de Belgrano y su ingreso al gobierno está hablado con el presidente.
Sin embargo, el favor político de su entrada al gabinete es pagado a Bullrich, que fue quien llevó a Valenzuela del PRO a La Libertad Avanza, como una de sus primeras ofrendas fuertes para las elecciones del año pasado.
El director de Migraciones, Sebastián Seoane.
Pero Monteoliva no parece muy ansiosa por desprenderse de Sebastián Seoane, el director de Migraciones que se convirtió en un soldado de la nueva ministra.
En el gobierno explican que la designación de Valenzuela se demora por una cuestión técnica del decreto y aseguran que se están ultimando detalles, una tarea que curiosamente ya lleva tres meses.
En el gobierno explican que la designación de Valenzuela se demora por una cuestión técnica del decreto y aseguran que se están ultimando detalles, una tarea que curiosamente ya lleva tres meses.
Sugestivamente, la demora se da cuando Monteoliva comenzó a hacer gestos de autonomía muy marcados respecto de su predecesora en el ministerio y, como anticipó LPO, se acercó a la línea de Santiago Caputo.
Bullrich, que no suele perdonar ese tipo de maniobras, salió el jueves a declarar que la represión de la Policía Federal a un camarógrafo de A24 fue «reprochable».
En 1929, durante la segunda presidencia de , el Congreso sancionó la Ley 11.544, que estableció por primera vez en todo el país la jornada máxima de 8 horas diarias o 48 semanales. El texto legal recogía una demanda histórica del movimiento obrero argentino y colocaba a la Argentina, al menos formalmente, dentro del mapa de las legislaciones laborales modernas.
Sin embargo, entre 1929 y 1945, la distancia entre la ley y la realidad fue abismal. La jornada de 8 horas existía en los códigos, pero no organizaba la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.
La sanción de la ley no implicó automáticamente su cumplimiento. El Estado argentino carecía —y en muchos casos no tenía voluntad— de los mecanismos necesarios para garantizarla. Las inspecciones laborales eran escasas, las sanciones simbólicas y la justicia tendía a fallar en favor de los empleadores. En los hechos, el límite horario seguía siendo una decisión patronal.
En algunos sectores urbanos e industrializados la situación fue diferente. Grandes empresas, talleres visibles y actividades con fuerte organización sindical —gráficos, ferroviarios, portuarios— lograron imponer, no sin conflictos, la jornada legal. Aun allí, el cumplimiento era parcial: horas extras obligatorias no pagadas, jornadas partidas que extendían el tiempo total de trabajo y mecanismos de evasión salarial eran prácticas habituales.
Pero fuera de esos núcleos organizados, la ley simplemente no existía en la práctica. En el campo, donde la relación laboral estaba atravesada por el aislamiento, la dependencia personal y la ausencia casi total de inspección estatal, las jornadas de sol a sol siguieron siendo la regla. En las economías regionales, la situación era aún más evidente. En los ingenios azucareros de Tucumán, la jornada se organizaba en torno al ritmo de la zafra: turnos extensos, calor extremo y trabajo continuo mientras durara la molienda, sin límites horarios reales. En los yerbatales de Misiones, los mensúes cobraban por cantidad de kilos transportados, lo que los obligaba a prolongar indefinidamente la jornada para alcanzar un ingreso mínimo. El tiempo de trabajo no se medía en horas, sino en desgaste físico.
En los viñedos cuyanos y los algodonales del norte, la lógica era similar: trabajo estacional, pago por rendimiento y jornadas que se extendían mientras hubiera luz natural. La ley de 8 horas era irrelevante frente a un sistema productivo que organizaba el trabajo por campaña y no por jornada.
En los pequeños talleres urbanos de ciudades como Buenos Aires o Rosario, especialmente en rubros como la confección, el calzado o la metalurgia liviana, eran habituales las jornadas de 10 a 12 horas, justificadas como “aprendizaje” o compensadas con salarios miserables. El trabajo a destajo permitía al empleador exigir una producción diaria fija que solo podía alcanzarse extendiendo el horario real de trabajo.
El comercio minorista reproducía una lógica similar. Empleados de almacenes, tiendas y casas de ramos generales abrían temprano y cerraban de noche, muchas veces con descanso parcial o inexistente, bajo la excusa de la atención al público. En el servicio doméstico, directamente excluido de toda protección efectiva, la jornada carecía de límites: vivir en la casa del empleador implicaba disponibilidad permanente, sin distinción clara entre tiempo de trabajo y tiempo de descanso.
La ley estaba vigente, pero no tenía ejecutores. El Estado carecía de un cuerpo de inspectores con presencia territorial, las sanciones eran irrisorias y la justicia laboral —cuando intervenía— tendía a legitimar las prácticas patronales. En ese contexto, la jornada de 8 horas no era un derecho exigible sino una declaración abstracta, desconocida para amplios sectores del mundo del trabajo. Para millones de trabajadores, la jornada legal era una promesa distante, ajena a su vida cotidiana y subordinada a una realidad donde el poder de fijar el tiempo de trabajo seguía en manos del patrón.
La clave no estaba en el texto legal sino en la correlación de fuerzas. Donde había sindicatos fuertes, comisiones internas y capacidad de huelga, la jornada de 8 horas se defendía. Donde no, el trabajador quedaba librado a su patrón. Durante esos años, el cumplimiento de un derecho laboral dependía más de la organización colectiva que del Estado.
En los últimos años, sectores libertarios repiten como argumento que el peronismo “miente” porque la jornada de 8 horas no fue creada por Perón, sino sancionada en 1929. El señalamiento es formalmente correcto, pero históricamente falaz. Confunde deliberadamente legislar con garantizar. La Ley 11.544 existía desde hacía más de una década, pero fue incumplida de manera sistemática por amplios sectores del empresariado, con un Estado ausente o complaciente. Reducir la historia social a una fecha en el Boletín Oficial implica borrar la diferencia central entre un derecho escrito y un derecho vivido.
Ese divorcio entre la ley y la realidad empieza a romperse recién a partir de 1943–1945, cuando el Estado deja de mirar para otro lado y decide intervenir de manera directa en la relación entre capital y trabajo. No se trató de crear nuevos derechos, sino de hacerlos cumplir. Bajo la acción del Estado y el impulso político de , la jornada de 8 horas dejó de ser una recomendación abstracta y pasó a convertirse en una norma exigible. El límite al tiempo de trabajo ya no lo fijó el patrón, sino el Estado. Ese fue el verdadero punto de inflexión.
La experiencia deja una enseñanza incómoda pero fundamental: los derechos laborales no existen solo porque estén escritos. Existen cuando hay un Estado dispuesto a garantizarlos y una sociedad organizada para defenderlos. Entre 1929 y 1945, la jornada de 8 horas fue una conquista legal sin poder. Su historia demuestra que la legislación social, sin voluntad política, puede convertirse en una promesa vacía.
La jornada de 8 horas no nació plena. Fue primero una letra, después una pelea y recién más tarde una realidad. Y esa diferencia —entre ley y vida— explica buena parte de la historia social argentina.
Si digo que voy a escribir sobre el mejor deportista argentino de todos los tiempos muchos de los que estén leyendo pensarán en Maradona o Messi. Claro que Argentina es un país futbolero, y ellos son los máximos ídolos para muchos pero a la vez también el centro de críticas. Sin embargo no me refiero…
Difunde esta nota
Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.