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Se realizan trabajos previos a la repavimentación del kilómetro de Nardini

La Dirección de Servicios Públicos de la Municipalidad de Villa Regina lleva adelante en estos días un intenso trabajo en las calles rurales.

En principio se ejecutan tareas previas a la repavimentación del kilómetro de Nardini. Para ello se coloca calcáreo y ripio.

Recordemos que el próximo 13 de enero se abrirán los sobres con las ofertas de la licitación pública que puso en marcha la Municipalidad de Villa Regina para ejecutar esa obra.

En los próximos días se llevarán adelante trabajos similares en la calle Juan XXIII.

Además se intensificarán las tareas en las calles rurales de cara al inicio de la temporada de cosecha. Para ello se utilizará la maquinaria adquirida junto a la Cámara de Productores local con los fondos provenientes de las cámaras de transferencia. Recordemos que el acuerdo realizado en su momento estableció que el camión regador y la motoniveladora tenían como destino el mantenimiento de los caminos ubicados en zona rural.

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    Con la imposición de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia, Karina Milei le cerró en la cara a Guillermo Montenegro el acceso al gabinete, algo que -como contó LPO- ya daba por descontado con beneplácito una porción gravitante del poder judicial.

    La frustrada incorporación no solo generó desconcierto y malestar en los pasillos de Comodoro Py, también disparó reacciones en el plano político que empiezan a jugar en el particular microclima interno del gobierno municipal de Mar del Plata.

    De ser uno de los principales promotores de la alianza con los libertarios dentro del PRO -algo que lo llevó a liderar la boleta de La Libertad Avanza en la Quinta sección-, Montenegro ahora vuelve a mostrarse fuertemente alineado a Mauricio Macri y esta semana dio algunas señales en esa línea.

    Un dato que parece menor pero que en la escena política marplatense no pasó de largo fue la orden de Montenegro de cambiarle el nombre a su bloque de concejales, que pasó de «Vamos Juntos» a PRO.

    La decisión se notificó en el Concejo Deliberante al día siguiente de la cumbre del PRO bonaerense en la sede de Balcarce en la que participó Mauricio Macri y se planteó una «reconstrucción» del partido amarillo y delinear una estrategia al 27.

    «Los jueces querían a Montenegro de ministro y ahora no están amigos del gobierno»

    La disputa del año que viene ya empieza a generar fricciones. Hay sectores de la interna del PRO marplatense que quieren que el candidato sea el actual intendente interino, Agustín Neme.

    Como base para eso, resulta imprescindible que Neme llegue al año electoral al frente del municipio, algo que no tiene garantizado ya que Montenegro no renunció a su cargo de intendente, solo está en uso de licencia a partir de haber asumido en el Senado. Además, todos los concejales del ahora bloque PRO, le responden.

    Consumada su frustrada designación en Justicia, circularon versiones que hablaban de un regreso de Montenegro al municipio.

     Un dato que parece menor pero que en la escena política marplatense no pasó de largo fue la orden de Montenegro de cambiarle el nombre a su bloque de concejales, que pasó de «Vamos Juntos» a PRO. 

    Por entonces, ante la consulta de LPO, en el entorno del hoy senador provincial negaron esa posibilidad y se limitaron a señalar que trabajarán por la candidatura bonaerense de Diego Santilli que vaya atada de «una propuesta para Mar del Plata».

    Lo que omiten señalar es qué persona encarnará esa propuesta. En un primer momento, había quienes veían a Neme como el candidato natural a bendecir por Montenegro. Pero las cosas cambiaron.

    Fuentes que recorren los pasillos del municipio marplatense sostienen que Montenegro ahora «está buscando abrazar al PRO cuando nunca le interesó», al ver que del lado libertario «no es el elegido».

    Y si de predilecciones se trata, en La Libertad Avanza se muestra un fuerte respaldo a la gestión de Neme, que sumó a los libertarios al gabinete, algunos en organismos municipales clave, como Obras Sanitarias.

    Hay quienes observan que está creciendo un vínculo político entre Neme y los libertarios por fuera de Montenegro.

    «Hablamos con los libertarios desde hace dos años pero no nos pusimos el buzo violeta», dijo una fuente cercana al municipio que trazó con esa mención una diferencia con Montenegro que, en campaña hacia las legislativas de septiembre pasado, posó con el buzo violeta con el resto de los candidatos seccionales.

    Montenegro pone a un hombre de Scioli en turismo, en medio del derrumbe de reservas

    Cerca del interino se apuran a ratificar su pertenencia PRO y, en redes, Neme sostiene un perfil alineado con Montenegro. En la interna leen ese posicionamiento como un movimiento lógico de alguien que puede llegar a salir eyectado del sillón municipal de un día para el otro si Montenegro define volver.

    Más allá de quien sea el candidato, en Mar del Plata sostienen que Montenegro no le entregará el municipio a los libertarios y recuerdan los cortocircuitos que, antaño, tuvo con el actual referente de LLA en el distrito, el diputado Alejandro Carrancio, quien, en su etapa de concejal, supo romper con el bloque de Montenegro.

    Abad presiona para que los hoteles de Chapadmalal que quiere concesionar Milei pasen a la universidad

    Ahora, en el Concejo también existen tensiones dentro del amplio espectro oficialista. Como contó LPO, los radicales alineados a Maximiliano Abad presentaron un proyecto para presionar al Gobierno a que pase los hoteles de Chapadmalal a la órbita de la Universidad de Mar del Plata.

    Ese proyecto fue tildado de «demagogia» por los concejales de Milei y lo definieron como un «ataque al gobierno nacional». «No le encuentro a esta comunicación ningún tipo de oscuridad o conspiración», dijo el radical Ariel Bordaisco. Como fuere, la iniciativa abrió un foco de tensión a la interna oficialista que entró en un proceso de fuerte discusión hacia 2027. 

     

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  • El campo liquidó apenas el 10% de la cosecha y presionan a Caputo para que baje las retenciones

     

    El campo esta parado sobre la super cosecha de soja y no tiene ganas de liquidar más allá de lo indispensable para operar el negocio. Les molesta el dólar atrasado o las retenciones altas, que son las dos caras de la misma discusión.

     Toto Caputo necesita de manera cada vez más desesperada que liquiden para pagar los vencimientos de deuda. Por eso, el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, intentó convencerlos con una exposición en Washington: con menos brecha cambiaria, menos retenciones, buen precio internacional y un tipo de cambio más ordenado, al productor le conviene vender la soja ahora. 

    Werning desplegó esos argumentos en un cuadro prolijo, de esos que cierran perfecto en una presentación. Pero en el campo miran otra cosa. Miran lo que queda después de pagar alquileres, insumos, deudas y la campaña siguiente. Y ahí los números no cierran tan fácil.

    La discusión no es menor porque toca el corazón del modelo. El Gobierno necesita que la cosecha liquide dólares, sostenga el precio de la divisa y alimente las reservas. El campo responde que una cosa es el precio teórico y otra muy distinta el resultado económico. En esa diferencia se trabó la soja. Y por eso, detrás de la discusión técnica, asoma una pelea mucho más concreta: si el sector más competitivo del país no ve negocio, los dólares que espera la Casa Rosada pueden tardar bastante más de lo que dicen los PowerPoint oficiales.

    Nada marcha de acuerdo al plan

    El gráfico del Banco Central tiene una parte cierta. Werning mostró que, descontadas las retenciones y valuado al tipo de cambio paralelo, el precio doméstico que recibe hoy el productor está entre los más altos del gobierno de Milei. La explicación oficial se apoya en cuatro puntos: retenciones más bajas, del 26 por ciento contra el 33 por ciento previo; menor brecha cambiaria; un tipo de cambio más unificado; y una soja en torno de los 420/427 dólares la tonelada. La conclusión: el productor recibe más dólares efectivos que antes.

    En el campo responden que esa cuenta está bien hecha y mal contada. Germán Iturriza, consultor y hombre escuchado en el sector, lo resumió con crudeza. Dijo que un productor puede mirar esos gráficos y reírse, no porque sean falsos sino porque muestran apenas una parte de la película. «Hoy el precio que recibe un productor, tanto en pesos como en dólares, está afectado por situaciones locales. Está todo bien con la parte internacional, con que la macro esté sin brecha o con una brecha muy chica, pero lo que te está pasando es que el resultado de la operación no te está rindiendo en términos económicos», explicó.

    Hoy el precio que recibe un productor, tanto en pesos como en dólares, está afectado por situaciones locales. Está todo bien con la parte internacional, con que la macro esté sin brecha o con una brecha muy chica, pero lo que te está pasando es que el resultado de la operación no te está rindiendo en términos económicos.

    Iturriza puso el dedo donde más duele. Sostuvo que desde noviembre la inflación en pesos siguió subiendo, con una columna cercana al 15 por ciento desde las elecciones, mientras el tipo de cambio nominal quedó retrasado. Entonces el productor ve que Chicago marca 427 dólares y la soja local ronda los 430, pero cuando hace la cuenta de bolsillo descubre que el negocio no cierra. «Hoy el productor está vendiendo una soja a 420.000 cuando podía haber vendido a 500.000 en noviembre. Eso tiene un impacto muy grande para pagar alquileres, para pagar insumos», dijo. No discute el precio de pizarra. Discute la renta que queda después del recorrido.

    El dato que más inquieta al mercado es otro y también lo subrayó Iturriza. Al 15 de abril, con datos oficiales de la Secretaría, se había vendido menos de 5 millones de toneladas de soja sobre una cosecha esperada de 49 a 50 millones. Es decir, alrededor del 10 por ciento. Ese número vale más que cualquier discurso porque el productor vota con la venta. Si el negocio fuera tan atractivo como dice el Banco Central, la soja ya estaría saliendo. 

    Lejos de una negativa general a vender, el campo está mostrando una conducta bastante más selectiva. Sale fuerte con maíz, con girasol y con lo que queda de trigo, pero retiene la soja hasta el último minuto. Ahí aparece otro dato que rompe el relato oficial sobre una supuesta especulación abstracta. En maíz ya se vendieron 23 millones de toneladas contra 13 millones del año pasado. Son 10 millones más. En girasol, las declaraciones juradas llegaron a 1 millón de toneladas contra apenas 60.000 toneladas a la misma semana del año pasado. El trigo también muestra buenas ventas, aunque algo por debajo en términos porcentuales. La señal es clarísima: el campo no se sienta arriba de todo. Se sienta arriba de la soja.

    Los productores retienen la soja enojados por la baja del dólar y cae la industria de molienda

    La explicación que circula en las rutas, en las cooperativas y en las mesas de comercialización es muy argentina. Muchos productores esperan una mejora de condiciones. Una baja adicional de retenciones. Un dólar soja con otro nombre. Un incentivo.

    Iturriza recordó que el propio Gobierno fue cambiando las reglas durante el año pasado, urgido por los dólares: primero bajó a 26, luego volvió a 33, después regresó a 26 con la promesa de permanencia y más tarde ensayó retención cero para la chicharrita en septiembre, una ventana que se cerró rápido por presión de Estados Unidos. Con ese antecedente, el productor supone que si espera puede conseguir algo mejor.

    Lejos de una negativa general a vender, el campo está mostrando una conducta bastante más selectiva. Sale fuerte con maíz, con girasol y con lo que queda de trigo, pero retiene la soja hasta el último minuto. 

    Ese comportamiento además complica otro eslabón delicado: la molienda. Las plantas están trayendo soja paraguaya con régimen de importación temporal, algo que no es nuevo, pero sienten la falta de mercadería local. En el último trimestre de 2025 la molienda había tenido un impulso excepcional por los derechos de exportación en cero, con un volumen de ventas inédito para esa parte del año. Ahora el esquema volvió a su lógica tradicional: el productor guarda la soja hasta el borde y aprovecha la fortaleza de otros cultivos. En el sector explican que la pata local no está empujando y que eso le pone arena al engranaje industrial.

    El problema más serio, sin embargo, no está en esta cosecha sino en la próxima. Iturriza advirtió que la nueva campaña «viene muy complicada» porque la urea subió entre 50% y 60%, el gasoil también pegó un salto fuerte y eso impacta de lleno en las labores. El productor arrastra costos hundidos, ve precios en pesos a la baja y, cuando proyecta la siembra de trigo o maíz, encuentra márgenes negativos o muy ajustados. La escena se repite en las zonas productivas: incluso los más eficientes están viendo que con este tipo de cambio y el futuro que descuenta el mercado, los números no dan.

    Ahí aparece la falla estructural del razonamiento oficial. El Gobierno mejoró un precio relativo pero empeoró el negocio total. En el Excel del Banco Central puede verse un ingreso mejor medido en dólares efectivos. En el bolsillo del productor aparece otra cosa: inflación en pesos, costos dolarizados, fertilizantes más caros por la guerra, gasoil en alza y una rentabilidad que se achica. 

    En el entorno rural agregan otro dato de color que no es menor. El productor medio no funciona como un financista sofisticado que liquida y se refugia en fondos comunes de inversión. Cobra en pesos, paga en pesos y, si le sobra algo, compra dólares. 

    Por eso la pelea con Werning excede un cuadro del Banco Central. Lo que el Gobierno presenta como una demostración de normalidad, el campo lo ve como una verdad parcial que tapa el problema de fondo. El gráfico puede mostrar cuánto recibe hoy el productor en dólares. No dice cuánto gana y si le conviene vender.

     

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