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Se pide no arrojar residuos en lugares que no corresponde

En la mañana de hoy, en la vereda del Paseo del Arroyo, se encontraron bolsas de basura rotas y se pueden observar varias jeringas usadas entre otra tanta suciedad.

Se pide suma responsabilidad a los vecinos y que este tipo de elementos como jeringas, agujas, vidrios rotos, etc, sean descartados con las medidas de precaución adecuadas ya que no sólo representan un gran riesgo para los agentes municipales que deben recogerlos sino también para todos los ciudadanos.

Por otro lado, en la Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable se depositaron una gran cantidad de botellas de vidrio vacías, en la entrada de la misma.

Les pedimos a todos los reginenses que dejen sus residuos en los lugares que corresponde y no en sitios que no están habilitados.

¡Entre todos podemos colaborar y tener una ciudad limpia!

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     La previa a la llegada de Milei a la localidad de San Lorenzo por el aniversario de la primera batalla que ganó San Martín contra el ejército Realista se recalentó en las últimas horas.

    Un posteo cuestionando la decisión de Pullaro que se negó en su momento a liquidar los 800 millones de dólares que consiguió en los mercados internacionales disparó una catarata de críticas de parte de los libertarios al gobierno provincial.  

     Un posteo cuestionando la decisión de Pullaro que se negó en su momento a liquidar los 800 millones de dólares que consiguió en los mercados internacionales disparó una catarata de críticas de parte de los libertarios al gobierno provincial. 

    Todo empezó cuando funcionarios del equipo económico cuestionaran públicamente la decisión del gobernador de no liquidar en enero los fondos tomados para financiar obras en Santa Fe y ahora con la baja del dólar oficial, la provincia habría perdido más de $120 millones de dólares, según calculó el mismo Toto Caputo. 

    El cruce fue amplificado por Javier Milei y convirtió una discusión técnica en un nuevo frente político entre Nación y Provincia a hora de su llegada.

    El presidente amplificó la polémica

    Los libertarios sostienen que la decisión de Pullaro generó pérdidas millonarias para la provincia por la baja del tipo de cambio y por no haber colocado los fondos a tasa en pesos. Caputo llegó a hablar de un costo superior a los 120 mil millones de pesos y calificó la estrategia como una especulación sin sentido, con gastos en pesos financiados con dólares que permanecen sin liquidar.

    En respuesta, el gobierno santafesino buscó correr la discusión del terreno financiero al político y de gestión. Cerca de Pullaro remarcaron a LPO que la provincia tomó deuda para inversiones duras en infraestructura y desarrollo productivo, y no para realizar colocaciones financieras. «Si el objetivo hubiese sido hacer inversión financiera, directamente no se habría tomado la deuda», señalaron.

    En ese marco, defendieron la decisión de liquidar los dólares a medida que avanza la ejecución de las obras y rechazaron de plano la lógica del Gobierno nacional. «No gestionamos el Tesoro Provincial con criterios de un trader. Hablar de ganar o perder en colocaciones financieras implica aceptar riesgos que no pueden aplicarse al manejo de fondos públicos», afirmaron, en una réplica directa a los cuestionamientos del Ministerio de Economía.

    TE SALIÓ MALPullaro tomó deuda en dólares y decidió no liquidarlos a pesos, cuando se había comprometido a hacerlo, especulando con una devaluación y con que el país entrara en default. El decía que Santa Fe no podía perder un peso y en apenas DOS MESES, nos costó a los…

    — Romina Diez (@romidiezok) February 6, 2026

     

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    Patricia Bullrich y el método del poder impune: seis casos, un mismo patrón

     

    Un tuit del abogado Gregorio Dalbón volvió a poner en foco un recorrido político atravesado por muertes, violencias, encubrimientos y relatos oficiales construidos antes de cualquier verdad judicial. Desde Nisman hasta el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, el nombre de Patricia Bullrich aparece siempre en el mismo lugar: el del poder que explica, señala y se desentiende.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    El planteo de Gregorio Dalbón no es una consigna suelta ni una reacción emocional. Es una enumeración precisa de seis hechos gravísimos de la historia reciente argentina en los que Patricia Bullrich tuvo un rol político directo o determinante, siempre desde lugares de poder estatal y siempre antes de que la Justicia pudiera hablar con pruebas y no con conferencias.

    No se trata de igualar causas ni de forzar comparaciones. Se trata de observar un patrón político reiterado: muertes o hechos violentos incómodos para el poder, una ministra que aparece rápido, un relato cerrado que exonera al Estado y una ausencia total de autocrítica cuando el tiempo demuestra que las explicaciones iniciales eran, como mínimo, falsas o incompletas.

    Seis casos, un mismo libreto

    En el caso Nisman, Bullrich fue una de las primeras dirigentes en instalar públicamente la hipótesis del asesinato, sin pruebas, empujando una operación política que convirtió una muerte aún no esclarecida en un arma contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Once años después, la causa sigue sin una sola evidencia firme que desmienta la hipótesis del suicidio, pero el daño político ya estaba hecho.

    En el caso Santiago Maldonado, como ministra de Seguridad, defendió a la Gendarmería desde el primer minuto, negó la desaparición forzada y acusó a la propia familia y a organismos de derechos humanos de “politizar” el hecho. La Justicia terminó estableciendo que Maldonado murió ahogado, pero Bullrich nunca explicó por qué encubrió el accionar represivo previo ni asumió responsabilidad política alguna.

    Con Facundo Molares, la escena se repitió: muerte en contexto de represión policial, relato inmediato de “descompensación”, respaldo automático a las fuerzas y ningún cuestionamiento interno. La violencia estatal se explicó sola y el poder se lavó las manos.

    El nombre de Fabrizia Pegoraro se suma a una lista menos mediática pero igual de inquietante: violencias institucionales minimizadas, responsabilidades diluidas y silencio político posterior. Cuando el caso deja de servir al discurso, desaparece del micrófono.

    En el caso de Pablo Grillo, nuevamente el esquema: intervención estatal, daños graves, justificaciones preventivas y una narrativa que corre el foco del rol del Estado hacia supuestos enemigos funcionales al orden que Bullrich dice garantizar.

    Y finalmente, el hecho más grave de todos: el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner. Allí Bullrich volvió a actuar como operadora política antes que como dirigente responsable: instaló la teoría del “loco suelto”, negó cualquier entramado político y mediático previo, y buscó clausurar de inmediato la pregunta central: cómo se construyó el clima de odio que habilitó el intento de magnicidio.

    Siempre antes, nunca después

    El hilo conductor es claro y demoledor: Bullrich siempre aparece antes del fallo, nunca después. Siempre con certezas anticipadas, nunca con dudas. Siempre señalando culpables ajenos, nunca haciéndose cargo del área que condujo.

    Cuando la verdad aprieta, el poder responde con fórmulas conocidas: alguien “se suicida”, alguien “se ahoga”, alguien “actuó solo”, alguien “se descompensó”. El Estado jamás falla, las fuerzas nunca se equivocan y la responsabilidad política queda sepultada bajo slogans de orden y seguridad.

    Esto no es una casualidad ni una suma de errores. Es un método político: construir autoridad desde el miedo, legitimar la violencia con discursos duros y garantizar impunidad desde el poder institucional.

    La responsabilidad que no prescribe

    La historia argentina demuestra algo que ningún marketing puede tapar: los funcionarios pasan, las víctimas quedan. Las conferencias se olvidan, los relatos se caen y las verdades, tarde o temprano, aparecen.

    Cuando ese momento llega, la pregunta no es quién dio la orden. La pregunta es quién estaba a cargo. Y en demasiados momentos oscuros de la Argentina reciente, la respuesta conduce al mismo nombre.

     

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