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Se instaló el obrador de la empresa que ejecutará la obra de calle Libertad

Tras la firma del contrato de obra, comenzó el movimiento en la calle Libertad con la instalación del obrador de la empresa Quidel que tendrá a su cargo la construcción del pavimento, el boulevard y la bicisenda entre Belgrano y Avenida General Paz.

El plazo de ejecución es de 5 meses y el presupuesto es de $24,5 millones.

“La empresa está definiendo cómo será la forma de trabajo durante esos meses para no perjudicar a los comercios que están a la vera de la Libertad, así que las tareas se van a realizar por tramos”, manifestó el Intendente Marcelo Orazi en declaraciones a LU 16.

El jefe comunal señaló que “además de la calle Libertad, tenemos otras obras proyectadas con el gobierno de Río Negro por obra delegada, es decir que la Provincia aporta el dinero y el Municipio aporta la ejecución”.

Estamos detrás de varios proyectos que son inminentes, como la construcción de veredas en las plazas de los barrios Belgrano y Gardín”, dijo Orazi.

Con respecto a la firma de los convenios entre la Gobernadora Arabela Carreras y Ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat de Nación, Jorge Ferraresi para la construcción de 1.326 viviendas a través del plan “Casa Propia – Construir Futuro” en el territorio provincial, el Intendente manifestó que “el ministro de Obras y Servicios Públicos de Río Negro Carlos Valeri me reconoció que Regina tiene un atraso muy importante en este tema, por lo que me transmitió que la ciudad tendrá prioridad en este plan”.

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  • El modelo bate récords de exportación pero no logra reactivar la inversión y el crédito

     

     Mientras el Gobierno celebra el récord exportador que encuentra impulso en pocos sectores, la economía real sigue mostrando una postal muy distinta. De un lado avanzan el petróleo y la minería, el agro y los negocios financieros. Del otro quedan el consumo, la inversión y el empleo. 

    Las exportaciones volvieron a romper récords  históricos. Alcanzaron los USD 9.055 millones, un 24,5% más que en junio de 2025, mientras que las importaciones totalizaron USD 6.861 millones, con un incremento interanual del 7,3%. El superávit de balanza comercial fue de USD 2.194 millones en junio y lleva casi USD 14.000 millones en el primer semestre.

    Entre los productos más exportados en junio se destacaron el petróleo crudo, con ventas por USD 918 millones; la harina y pellets de soja USD 874 millones; el aceite de soja en bruto USD 769 millones; el maíz USD 639 millones y los vehículos automotores USD 463 millones.

    En conjunto, los diez principales productos representaron el 56,8% de las exportaciones del mes y sobresalió el crecimiento de las ventas de combustibles y energía, minería y el complejo agroindustrial.

    Preocupado porque la economía no levanta, el gobierno quiere que los bancos reactiven los créditos hipotecarios

    Pero lo interesante es que la contradicción también aparece dentro de los propios sectores ganadores. La caída del empleo en el sector de «petróleo y minería» a nivel nacional alcanzó los 8.735 puestos de trabajo formales. Esta pérdida representa una baja de casi el 9,2% en la dotación de personal de estas industrias respecto a noviembre de 2023, según datos del SIPA que elabora el Ministerio de Capital Humano. 

    El sistema financiero, mientras tanto, continúa cerrando sucursales físicas como parte de un proceso de digitalización y reducción de costos. Eso implicó la pérdida de más de 5.000 puestos, según datos de La Bancaria, quedan 94.325 trabajadores activos bajo el convenio bancario

    La inversión tampoco acompaña el discurso oficial. Pese a la aprobación del RIGI y a las expectativas generadas por algunos grandes proyectos energéticos y mineros, la inversión extranjera directa viaja en sentido opuesto. El último dato publicado por el BCRA, al cierre del 2025, confirma que la Inversión Extranjera Directa (IED) total anual se desplomó un 73,1% interanual, alcanzando apenas USD 3.134 millones. Según los datos mensuales de la balanza cambiaria de la IED, tocaron un histórico negativo de USD 797,73 millones durante el primer semestre del año 

    Respecto al potencial del RIGI para apuntalar inversiones, fue determinante Marina Dal Poggetto en diálogo con Clarin » El RIGI quivale al 1,5% de la inversión hoy. El total anunciado van USD 124.000 millones pero aprobados en el Boletín Oficial hay USD 21.300 millones y sólo USD 8.000 millones están comprometidos en los dos primeros años. Pero lo efectivamente invertido al día de hoy son apenas USD 1.800 millones, que es el 1,5% de la inversión. Con lo cual aún no vemos el impacto esperado y de hecho no alcanza para traccionar la inversión que este año cae», señaló una de las economistas más escuchadas por el establishment.

    El mayor cuello de botella aparece justamente allí. El impulso financiero no logra transformarse en consumo ni en inversión productiva. Marina Dal Poggetto definió esa situación con una frase que sintetiza el problema: «La cadena de transmisión de la economía está rota». La economista sostiene que el crédito no consigue traccionar ni el consumo ni la inversión porque el proceso de monetización encuentra múltiples obstáculos.

    Dal Poggetto explica que buena parte de los pesos disponibles continúan siendo absorbidos por el Tesoro. El Estado necesita ofrecer tasas elevadas para renovar su deuda en moneda local y esterilizar liquidez. Ese mecanismo termina compitiendo con el financiamiento al sector privado. Los bancos encuentran más rentable colocar recursos en títulos públicos que expandir el crédito a empresas y familias. El dinero gira sobre sí mismo como una rueda que nunca abandona el mismo surco.

     «El consumo está trabado y puede crecer poco teniendo en cuenta la lógica de este modelo: crecimiento basado en exportaciones e inversiones impulsadas por el esquema RIGI. Lo primero está ocurriendo y a tasas altas en un contexto donde por el parate de la economía, las importaciones no traccionan. Pero esto no alcanza para generar una expansión genuina de la economía cuando los salarios están básicamente estancados en términos reales y el empleo formal sigue cayendo compensado en parte con el empleo informal. Hubo un aumento de dos puntos en la tasa de desempleo desde que llegó Milei y un punto más cuando se suma el subempleo. Entonces hay insuficiencia de ingresos de los hogares y falta de rentabilidad de las empresas en los sectores que no están favorecidos por el cambio de precios relativos y el RIGI», apuntó Dal Poggetto.

    Dal Poggetto trazó el límete del modelo económico. «Estas dos velocidades no arrastran los niveles de actividad y empleo en su conjunto y a mi juicio es lo más complicado en términos de sostenibilidad del modelo porque así como está no hay rentabilidad en esta economía. La economía nueva tributa mucho menos que la vieja. Sé que para la lógica del Gobierno esto no es un problema pero son mis inquietudes si usted me pregunta», expuso Dal Poggetto. 

    Las consecuencias ya aparecen en las encuestas. El último informe de Giacobbe & Asociados muestra que el 54,7% de los consultados considera que la situación económica continúa empeorando. En paralelo, Javier Milei alcanza un 56,9% de imagen negativa. El estudio también encuentra un límite para la expansión electoral del oficialismo: el voto seguro del Presidente se ubica alrededor del 39%, mientras un 53% afirma que nunca lo votaría.

    Los datos de Opina Argentina, dirigida por Facundo Nejamkis y con trabajo de campo de Solmoirago, muestran un cambio todavía más significativo. El desempleo y los bajos salarios pasaron a encabezar las preocupaciones sociales con el 35%, desplazando a la inflación, que quedó en 17%. Además, el 61,9% de quienes desaprueban la gestión explican su posición por razones económicas vinculadas con la recesión, la caída del consumo y la pérdida de empleo. En intención de voto, La Libertad Avanza y el peronismo aparecen prácticamente empatados, con pisos cercanos al 35% y 34%, respectivamente.

    Otros relevamientos, como los de CB Consultora Opinión Pública, incluso muestran al peronismo encabezando algunos escenarios nacionales de cara a 2027. Según la medición, la coalición opositora oscila entre el 32% y el 33,7%, mientras La Libertad Avanza se mueve entre el 26% y el 34%, según el escenario evaluado. Cuando se pregunta por las razones del voto, el 47,2% identifica la recesión, la caída de las ventas y el desplome del consumo como el principal problema que condiciona su respaldo al Gobierno.

    En la Casa Rosada sostienen que el crecimiento terminará derramando sobre el resto de la economía una vez consolidada la estabilidad macroeconómica. 

    «Hay un error de base en toda esta discusión. Se habla de estabilidad macroeconómica como si fuera un estado permanente, cuando en realidad la macro es un terreno en disputa. Pensar que el sector externo, por sí solo, va a derramar sobre el mercado interno es una teoría que ya fracasó demasiadas veces en la Argentina», comentó un referente económico del kirchnerismo. 

    «La idea de un modelo exportador tampoco es nueva. Es un esquema que puede funcionar para economías con otra escala demográfica o productiva, como Australia, o con estructuras muy distintas, como Filipinas. Pero para un país de casi 50 millones de habitantes difícilmente alcance para generar empleo de calidad, consumo masivo y movilidad social. Es un modelo que, en el mejor de los casos, integra plenamente a una parte de la sociedad y deja al resto dependiendo de que ese crecimiento llegue algún día», observó este economista nostálgico. 

    «El problema de la oposición es que, aun cuando muchos de estos límites empiezan a hacerse visibles, todavía no logra ofrecer una alternativa económica sólida y creíble para las mayorías. Hay diagnóstico, pero falta liderazgo. Y sin liderazgo tampoco aparece un programa capaz de disputar el sentido común económico que hoy domina el debate», se lamentó. 

     

     

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    El Pulqui II: el avión argentino que soñó con una industria de alta tecnología

     

    Argentina llegó a construir uno de los aviones a reacción más avanzados de su época, pero una combinación de cambios políticos, decisiones económicas y falta de continuidad estratégica impidió que aquel proyecto se transformara en una industria aeronáutica permanente.

    Por Redacción de NLI

    En una Argentina que todavía buscaba definir su lugar en el mundo de la posguerra, un grupo de ingenieros, técnicos y trabajadores industriales imaginó algo que parecía imposible: que el país pudiera competir en uno de los campos tecnológicos más sofisticados del siglo XX. No se trataba solamente de fabricar un avión, sino de demostrar que una nación periférica podía desarrollar conocimiento propio, formar especialistas y construir una capacidad industrial vinculada a la defensa y a la producción de alta complejidad. Ese sueño tuvo un nombre: Pulqui II, un proyecto aeronáutico que durante algunos años colocó a la Argentina entre los pocos países capaces de diseñar un caza a reacción moderno.

    Cuando Argentina quiso entrar al mapa de la tecnología aeronáutica

    A comienzos de la década de 1950, el mundo estaba atravesado por una revolución tecnológica. La Segunda Guerra Mundial había acelerado el desarrollo de los motores a reacción y las principales potencias comenzaban a abandonar los aviones tradicionales de hélice para avanzar hacia una nueva generación de aeronaves capaces de alcanzar mayores velocidades y alturas. En ese escenario, la Argentina impulsó un programa propio desde el entonces Instituto Aerotécnico de Córdoba, una institución que concentraba conocimiento científico, formación profesional y capacidad industrial.

    El proyecto contó con la participación de ingenieros argentinos y del diseñador aeronáutico alemán Kurt Tank, uno de los especialistas más reconocidos de su época, quien había trabajado en la industria alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Su llegada a la Argentina permitió incorporar conocimientos avanzados, pero el desarrollo no fue simplemente una copia extranjera: el equipo local debió adaptar diseños, materiales y procesos a las capacidades disponibles en el país.

    El resultado fue el Pulqui II, un caza de ala en flecha con motor a reacción que realizó su primer vuelo en 1951. Para comprender la magnitud del proyecto hay que recordar que en aquel momento eran pocos los países que tenían la capacidad técnica para construir aeronaves de esas características. Argentina no solamente compraba tecnología: intentaba crearla.

    El avión tenía prestaciones comparables con modelos que utilizaban algunas fuerzas aéreas de las grandes potencias. Su desarrollo implicaba mucho más que la fabricación de una máquina militar: requería metalurgia avanzada, ingeniería de precisión, formación de técnicos especializados y una red industrial capaz de sostener un proceso tecnológico complejo.

    El proyecto que quedó atrapado entre la política y el cambio de modelo

    Sin embargo, el Pulqui II nació en un momento histórico marcado por profundas disputas políticas. El proyecto formaba parte de una visión de desarrollo industrial que buscaba ampliar las capacidades del país, fortalecer sectores estratégicos y reducir la dependencia tecnológica externa. Esa concepción entró en crisis con el golpe de Estado de 1955 y el cambio de orientación política y económica que comenzó después.

    Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, muchos proyectos asociados al período anterior fueron revisados, frenados o directamente abandonados. El Pulqui II no escapó a esa lógica. Aunque continuaron algunos trabajos técnicos, la falta de financiamiento sostenido y de una decisión política clara hizo que el programa perdiera impulso.

    El problema no fue únicamente la interrupción de un avión específico. Lo que se debilitó fue una línea de desarrollo tecnológico que podía haber permitido consolidar una industria aeronáutica nacional con capacidad exportadora y de innovación permanente. El proyecto había generado conocimientos, especialistas y experiencia acumulada, pero esa construcción necesitaba continuidad para transformarse en una política de Estado.

    La historia del Pulqui II muestra una de las tensiones más profundas de la Argentina moderna: la dificultad para sostener en el tiempo proyectos estratégicos que requieren décadas de inversión, planificación y estabilidad institucional. La ciencia y la industria no producen resultados inmediatos; necesitan continuidad más allá de los cambios de gobierno.

    La memoria de un sueño industrial que todavía interpela

    Con el paso del tiempo, el Pulqui II quedó convertido en un símbolo contradictorio. Por un lado, representa una de las experiencias más ambiciosas de la ingeniería argentina y demuestra que existía capacidad para desarrollar tecnología de frontera. Por otro, también refleja una oportunidad perdida: la imposibilidad de transformar un proyecto exitoso en una industria consolidada.

    La Argentina tuvo momentos en los que logró construir capacidades tecnológicas de primer nivel. La experiencia aeronáutica de Córdoba, el desarrollo nuclear, la producción satelital y otros campos muestran que el país contó con científicos, técnicos e instituciones capaces de competir internacionalmente cuando existió una estrategia sostenida.

    El Pulqui II no debe ser recordado solamente como un avión que nunca llegó a producirse en serie. Su verdadera importancia está en la pregunta que deja abierta: qué podría haber ocurrido si un país latinoamericano hubiera mantenido durante décadas una política industrial y científica orientada a generar tecnología propia.

    Más de setenta años después de aquel primer vuelo, el Pulqui II continúa siendo una historia de ambición tecnológica, talento nacional y decisiones políticas. Un recordatorio de que la soberanía no se construye únicamente con recursos naturales, sino también con conocimiento, investigación y la capacidad de imaginar un futuro propio.

     

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