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Se instaló el obrador de la empresa que ejecutará la obra de calle Libertad

Tras la firma del contrato de obra, comenzó el movimiento en la calle Libertad con la instalación del obrador de la empresa Quidel que tendrá a su cargo la construcción del pavimento, el boulevard y la bicisenda entre Belgrano y Avenida General Paz.

El plazo de ejecución es de 5 meses y el presupuesto es de $24,5 millones.

“La empresa está definiendo cómo será la forma de trabajo durante esos meses para no perjudicar a los comercios que están a la vera de la Libertad, así que las tareas se van a realizar por tramos”, manifestó el Intendente Marcelo Orazi en declaraciones a LU 16.

El jefe comunal señaló que “además de la calle Libertad, tenemos otras obras proyectadas con el gobierno de Río Negro por obra delegada, es decir que la Provincia aporta el dinero y el Municipio aporta la ejecución”.

Estamos detrás de varios proyectos que son inminentes, como la construcción de veredas en las plazas de los barrios Belgrano y Gardín”, dijo Orazi.

Con respecto a la firma de los convenios entre la Gobernadora Arabela Carreras y Ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat de Nación, Jorge Ferraresi para la construcción de 1.326 viviendas a través del plan “Casa Propia – Construir Futuro” en el territorio provincial, el Intendente manifestó que “el ministro de Obras y Servicios Públicos de Río Negro Carlos Valeri me reconoció que Regina tiene un atraso muy importante en este tema, por lo que me transmitió que la ciudad tendrá prioridad en este plan”.

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    Se apaga una fábrica histórica: Tía Maruca deja de producir y expone la crisis del modelo Milei

     

    La emblemática marca nacional de galletitas dejó de fabricar en su planta principal y pasó a tercerizar su producción en medio de la caída del consumo, el aumento de costos y la falta de financiamiento. Otro golpe a la industria argentina que desnuda el impacto real del ajuste.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    La postal se repite con una insistencia alarmante: fábricas que se achican, líneas de producción que se apagan y marcas históricas que dejan de fabricar. Esta vez, el golpe lo da Tía Maruca, una de las firmas más reconocidas del rubro alimenticio, que decidió dejar de producir en su planta principal de San Juan y migrar a un esquema de tercerización para intentar sobrevivir.

    Detrás de la decisión, lejos de cualquier relato épico empresarial, aparece un combo conocido: caída del consumo interno, aumento sostenido de costos y dificultades para acceder al crédito. Una radiografía que coincide, punto por punto, con el deterioro económico que atraviesa el país bajo el modelo de Milei.

    La planta de Albardón, que llegó a emplear a cerca de 300 trabajadores, ya no producirá las clásicas galletitas que supieron ganar mercado frente a gigantes del sector. En su lugar, funcionará elaborando productos para terceros, mientras la marca intentará sostenerse mediante producción externalizada.

    No es un cierre total en términos formales, pero sí un retroceso industrial evidente: la pérdida de producción propia implica menor valor agregado, menor integración productiva y mayor dependencia de terceros.

    La industria en retirada

    El caso de Tía Maruca no es aislado ni repentino. La empresa arrastraba problemas desde hace años, incluyendo un concurso preventivo en 2019 y el cierre de otra planta en Chascomús en 2025 con despidos incluidos.

    Sin embargo, el contexto actual aceleró el desenlace. La caída del consumo masivo —producto del ajuste, la pérdida del poder adquisitivo y la recesión— impactó de lleno en alimentos básicos, incluso en segmentos populares como las galletitas.

    A eso se suma el incremento de insumos clave como harina y azúcar, que comprimió márgenes hasta volverlos inviables, y un sistema financiero que no ofrece crédito accesible para sostener o modernizar la producción.

    El resultado es previsible: empresas que, ante la imposibilidad de sostener la producción, optan por achicarse, tercerizar o directamente cerrar.

    El “costo invisible” del ajuste

    El discurso oficial insiste en mostrar orden fiscal y equilibrio macroeconómico. Pero detrás de esos números, la economía real muestra otra cara: desindustrialización progresiva y pérdida de capacidad productiva nacional.

    Cuando una empresa deja de producir, aunque siga existiendo como marca, el daño es profundo. Se pierden encadenamientos productivos, se debilitan economías regionales y se precariza el empleo, incluso cuando no hay despidos inmediatos.

    En San Juan, la planta seguirá operativa, pero ya no como motor de una marca nacional, sino como proveedor para terceros. Es decir: menos industria propia y más lógica de subsistencia.

    El caso de Tía Maruca se suma así a una lista cada vez más extensa de empresas que retroceden en su escala productiva. Y plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas “reconversiones” más hacen falta para reconocer que el problema no es empresarial, sino estructural?

    La respuesta, por ahora, se cocina en silencio, mientras otra línea de producción se apaga.

     

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  • Molesto por una nota de La Nación, Milei atacó a Fernán Saguier con un durísimo mensaje

     

     Javier Milei escaló otro peldaño su pelea con el diario La Nación. Este domingo aprovechó un tuit de Toto Caputo contra una nota del columnista político Jorge Liotti, para insultar al editor y propietario del diario, Fernán Saguier.

    «AQUÍ BASURA INMUNDA DE NUEVO MINTIENDO. Obviamente estas mentiras están avaladas por editores delincuentes y dueños de moral cuestionable», opinó sobre la nota de Liotti, un periodista muy respetado y equilibrado en sus columnas.

    Pero la furia de Milei, más allá del estado de frustración que traviesa porque la inflación se le escapó, viene de antes.

    Entre caníbales

    Meses atrás el periodista Luis Majul logró concertar una reunión entre Milei y Saguier. Recién se habían sentado a la mesa para compartir un almuerzo en la Quinta de Olivos, cuando el Presidente descolocó el editor de La Nación al sacar una lista y enumerar todos los periodistas que tenía que echar.

    AQUÍ BASURA INMUNDA DE NUEVO MINTIENDO.Obviamente estas mentiras están avaladas por editores delincuentes y dueños de moral cuestionable.CIAO! https://t.co/WbUa7C3dUe

    — Javier Milei (@JMilei) April 19, 2026

    «Presidente nosotros tenemos más de cien años de historia, no podemos aceptar esto», le contestó Saguier. «Entonces no hay nada más que hablar, esta reunión terminó», le contestó Milei.

    Saguier intentó reconducir el almuerzo pero no hubo manera, la tensión escaló y el periodista se terminó yendo de la Quinta de Olivos de mala manera. 

     

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  • Según dos estudios Macri y Alberto crearon muchos más puestos de trabajo que Milei

     

     La inflación pulveriza los salarios. Ya son seis meses consecutivos de caída real en el sector formal. El dato se repite en distintas mediciones. La mejora nominal no alcanza. El poder de compra retrocede .

    Los números son concretos. En febrero, los salarios registrados del sector privado subieron 1,6% nominal, pero con una inflación de 2,9% implicaron una caída real de 1,3%. Con eso, quedaron 3,5% por debajo del nivel de noviembre de 2023, tal como publicaron desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). 

    El informe del CEPA agrega otro dato relevante. En el caso del empleo público nacional, la caída es más pronunciada: en febrero los salarios retrocedieron 2,2% mensual en términos reales y acumulan una baja de 37,2% frente a noviembre de 2023. Si se corrige la inflación con una canasta actualizada la pérdida de poder adquisitivo llega al 18,3%.

    Nada marcha de acuerdo al plan

    Desde otra orilla ideológica, el economista Gabriel Caamaño coincide con los datos y el diagnóstico. Camaño señaló que el índice de salarios del sector privado formal subió 1,6% en febrero, pero implicó una caída real de 1,3%. Fue la sexta baja consecutiva. En ese período, el retroceso acumulado es de 3,5% y el nivel actual quedó por debajo del de noviembre de 2023.

    El índice de salarios del sector privado formal subió 1,6% en febrero, pero implicó una caída real frente a la inflación del 1,3%. Fue la sexta baja consecutiva. 

    Pero el problema no es sólo el salario. También aparece el frente del empleo. Ahí se abre una discusión interesante. El filo oficialista Fernando Marull destacó que, según datos del INDEC, los empleos totales crecieron en 113 mil entre el cuarto trimestre de 2023 y el cuarto trimestre de 2025. Pero ese número es engañoso si se lo pone en contexto.

    Daniel Schteingart, de Fundar, salió a cuestionar esa lectura. Señaló que ese aumento representa apenas un 0,6%, mientras que la población en edad de trabajar creció cerca de 2%. Además, remarcó que en 2025 no se crearon puestos netos pese a la recuperación de la actividad. «Primera vez en el siglo XXI que la economía crece sin crear empleo», sintetizó Schteingart  

    El cruce suma otro dato clave. En dos años, esos 113 mil empleos equivalen a poco más de 56 mil por año, muy por debajo de los ritmos de creación de empleo de gestiones anteriores. Con Mauricio Macri se crearon 280 mil por año y con Alberto Fernández 440 mil.  

    La composición también cambió: se destruyen puestos formales en sectores como industria y construcción, con una caída de 228 mil puestos, mientras crecen ocupaciones más precarias en sobre todo en plataformas, que explican un aumento de 341 mil. 

    En el Gobierno relativizan el impacto. Sostienen que la nominalidad todavía está acomodándose y que la baja de la inflación debería recomponer ingresos más adelante. «Primero se ordenan los precios y después los salarios», dicen cerca del equipo económico.

    Pero los datos actuales muestran otra cosa. El ajuste se está procesando sobre los ingresos laborales. Y sin una recomposición sostenida del salario real, el rebote de la actividad queda limitado. 

     

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