El Intendente Marcelo Orazi firmó con la Secretaria de Seguridad y Justicia de Río Negro Betiana Minor un acuerdo de cooperación para implementar el dictado de talleres de sensibilización por parte del Programa de Mediación Comunitaria y Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos mediante la Subsecretaría de Prevención del Delito y Participación Comunitaria.
De esta manera, el Municipio y la Provincia acuerdan en colaborar institucionalmente en la construcción de una cultura de la no violencia y desarrollar estrategias educativas para lograr estándares de convivencia pacífica.
A partir de la firma del convenio se deberá coordinar el calendario para la realización de talleres, organizar el desarrollo de las jornadas de trabajo y convocar a responsables de instituciones para tratar temas inherentes al desarrollo del mismo.
El Frente de Liberación Homosexual (FLH) marchó por primera vez con una bandera propia el día de la asunción de Héctor Cámpora. Se asomó a la Plaza de Mayo con algo de temor, pero al mismo tiempo, con una ilusión: la democracia pondría fin a décadas de persecución, según reconstruyó Santiago Insausti en un artículo sobre los cuatrocientos desaparecidos gays. Los jóvenes revolucionarios iban a abrazar a estos militantes de la diversidad como no había ocurrido antes con el peronismo.
En 1973 seguía vigente un edicto del primer gobierno de Perón, del año 1949, que le permitía a la Policía Federal encarcelar por treinta días a “las personas de uno u otro sexo que públicamente incitaran o se ofrecieran al acto carnal”. A pesar de la vigencia de esa normativa, para fines de la década del sesenta se había consolidado un movimiento cultural y político potente en defensa del colectivo LGTB y de los derechos de la mujer, que en 1971 dio paso a la creación del FLH.
Aquel 25 de mayo su columna se sumó a la plaza que colmaron los montoneros. El temor que sentían aquel día ante una posible “reacción anti-marica” quedó registrado en la revista 2001 Periodismo de Anticipación, que publicaba artículos de temas tan variados y contrapuestos como la carrera al espacio, ovnis, vida extraterrestre, ecología, parapsicología y también, sexualidad. Una extensa crónica contó que el FLH entró por Retiro y se ubicó frente al Banco Hipotecario. Alguien les gritó: “Aquí necesitamos hombres. No luchamos dieciocho años para que ustedes vengan a esta plaza”, y un integrante del frente le respondió: “Nosotros también somos hombres, y tan dueños de la plaza como vos”. Las mujeres de las minorías sexuales todavía no formaban parte de la conversación.
Durante el gobierno de Cámpora —por unas pocas semanas—, el FLH se convirtió en un interlocutor respetable en distintos ámbitos públicos. Sus miembros se reunieron con legisladores, enviaron cartas a todos los comisarios para que dejaran de aplicar los edictos represivos y repartieron volantes en bares gays. Nació el periódico Somos y se imprimió el manifiesto Sexo y revolución, con el poeta y escritor Néstor Perlongher como activista destacado.
Formado en la izquierda trotskista, el futuro autor de “Cadáveres” había sufrido en el Partido Obrero la discriminación por ser gay; ahora Perlongher venía a plantear a la juventud peronista que los procesos de liberación debían incluir al cuerpo y el combate del modelo heteropatriarcal de familia funcional a la opresión capitalista.
Los integrantes del FLH marcharon por segunda vez el 20 de junio para recibir a Perón en su regreso del exilio. Llegaron en micros que salieron de Constitución a la avenida Ricchieri, se sumaron a la Columna Oeste de la Juventud Peronista y para aflojar los primeros momentos de tensión reformularon estrofas de la marcha peronista que se podían interpretar como un canto a la diversidad sexual: “Por ese gran argentino,/ que trabaja sin cesar/ para que reine en el pueblo/ el amor y la igualdad”.
El empoderamiento de la derecha peronista a partir de los episodios ocurridos en Ezeiza significó el fin de la primavera camporista para la comunidad homosexual. En respuesta a los carteles de la JP que lo señalaban como el responsable de una “masacre”, el coronel Jorge Osinde empapeló la ciudad con carteles en los que “acusaba” a los montoneros de ser “homosexuales y drogadictos”. La respuesta de la izquierda peronista mantuvo el mismo tono homofóbico: “No somos putos/ no somos faloperos:/ somos soldados de Perón/ y Montoneros”.
En el mes de octubre se estrenó la película El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, que escandalizó por una escena en la que Marlon Brando, actor que ya tenía más de cincuenta años, para tener sexo con una muy joven María Schneider le untaba el ano con manteca. Aunque fue parcialmente censurada, a la JP le inspiró una rima machista del mismo tenor: “Brujo vení,/ Brujo vení, Brujo vení/te va a quedar el culo/ como el Tango de París”.
Con el tercer peronismo volvieron las razias y las detenciones arbitrarias en los bares y ambientes que frecuentaba la comunidad homosexual. A partir de enero de 1974 Perón repuso en un cargo jerárquico de la Policía Federal a Luis Margaride, un comisario que había estado al frente de las Brigadas de Moralidad durante el régimen del dictador Juan Carlos Onganía. Era católico ferviente, no le gustaban los hombres con barbas ni las mujeres en minifalda y en nombre de las buenas costumbres había encabezado personalmente operativos en hoteles alojamiento para exigir la libreta de matrimonio a sus huéspedes.
Con Isabel Perón, Margaride —el FLH lo apodó la tía Margarita— llegó a jefe de la Policía Federal y recibió la orden de parte de López Rega de “asustar” a la comunidad gay para que no volviera a salir a la calle.
El 13 de octubre de 1974 aparecieron en Villa Soldati los cuerpos de Pedro Barraza y Carlos Laham, una pareja que se reivindicaba como “putos peronistas”: la brutalidad escalaba.
Barraza tenía treinta y seis años y veinticinco orificios de bala; Laham, que no llegó a cumplir veintiuno, recibió cincuenta y cinco balazos. Una cinta adhesiva le cubría los ojos.
Barraza era periodista y había investigado en 1963 la tortura y desaparición del sindicalista Felipe Vallese; responsabilizó a Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos, quien fue condenado en 1971 a tres años que no cumplió. Fiorillo, liberado poco antes del crimen, se sumó a la Triple A.
Barraza había conocido a Laham al regresar de Europa, en noviembre de 1970. La hermana, Virgina, era novia de uno de sus grandes amigos, el periodista Carlos Eichelbaum; los tres lo fueron a buscar a Ezeiza. Desde ese día no se separaron: se mudaron juntos y vivieron como pareja.
En una ocasión notaron que un auto los seguía. La última vez que los vieron fue el 11 de octubre; dos días después faltaron a un almuerzo con la madre de Carlos.
Pasaron casi cuarenta años hasta que una agrupación recuperó la historia del FLH, se apropió del pretendido insulto y le cambió el sentido para formar en La Matanza, en el conurbano, una línea interna del Partido Justicialista llamada “Putos Peronistas”.
Patricia Bullrich dio otro paso en falso este jueves al recibir a la abogada Agostina Páez, detenida en Brasil por hacer gestos discriminatorios hacia los habitantes del vecino país. Por la tarde, se juntó con la chica y su padre, Mariano Páez, quien festejó el regreso de su hija por la noche y fue filmado repitiendo el baile del mono por el que la joven fue demorada.
En plena Semana Santa, la ex ministra de Seguridad se reunió con los Páez, para brindarles su respaldo, pero el hombre, apenas unas horas después, repitió los gestos de su hija en una fiesta. Con los brazos abiertos en jarra y haciendo que se rascaba las axilas, empezó a vociferar como un animal: «Uoh, uoh, uoh».
Bullrich se dejó filmar en una mesa de café, junto a la joven Páez, donde se indignó con la situación que vivió la abogada. «El juez dijo que estaba todo mal», sostuvo la senadora libertaria.
Durante el encuentro, la jefa del bloque de LLA en la Cámara Alta llegó a expresar su desagrado con la detención de Páez. Juntando los dedos de sus mano izquierda en montoncito agregó en tono de queja: «¿Tres meses?».
Por la noche, el padre de Agostina dio una fiesta en el Bar La Oculta, en Santiago del Estero, y fue filmado mientras bailaba haciendo el mismo gesto del mono por el que su hija fue detenida en Brasil, reafirmando el agravio discriminatorio.
«Yo nunca me he ido al Estado. A Zamora le tengo asco», dice el empresario. Sin ninguna inhibición, se jactó ante sus amigos: «Soy empresario, millonario y usurero. Y narco, narco, narco… privado».
Soy empresario, millonario y usurero. Y narco, narco, narco… privado.
Mariano Páez fue dueño de una línea de colectivos en La Banda pero quienes lo conocen le atribuyen la prepotencia de un patrón de estancia a la antigua. En la madrugada de esta noche, y después de ofrecer el espectáculo de su bailecito, habría confesado que los 18 mil dólares para traer a su hija de regreso al país los habría pagado él, como una protesta porque ni el Estado nacional ni el provincial lo asistieron.
En el video de la reunión entre los Páez y Bullrich, la senadora se dirige a la abogada casi con afecto: «Viviste una experiencia que te va a fortalecer en la vida». «Con todo, con fuerza», termina alentándola.
El Intendente, junto a la Secretaria de Desarrollo Social, Luisa Ibarra y el Director de Deportes, Damián Álvarez, visitaron la Colonia de Vacaciones para personas con discapacidad que se realiza los días martes y jueves de 9 a 12 horas, en la pileta del Club Regina. Orazi, Ibarra y Álvarez observaron las actividades acuáticas que…
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