Ruda, GPS y palas: te seguiré buscando
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Ruda, GPS y palas: te seguiré buscando

Agradecimiento: esta crónica fue escrita bajo la mentoría de Ana María Saavedra.

Te busco en la Amazonía

Cementerio de Mocoa, Putumayo

Claudia me recibe en el cementerio de Mocoa. Recién nos conocemos en persona. Sin presentarnos oficialmente, se acerca y me entrega una rama de ruda: 

— Guárdela en el bolsillo y prepárese: el olor es terrible. 

Con las cejas marcadas y unos ojos profundos me mira de arriba abajo, concentrándose en mis tenis blancos. Enseguida me indica que debemos ir en su moto a comprar botas de caucho antes de unirnos al equipo de antropólogos forenses y documentadores de campo que inicia la jornada cuesta arriba. Ellos son sus compañeros de Reencuentros, la organización que desde hace casi diez años, a partir del Acuerdo de Paz, busca a los desaparecidos del conflicto armado. 

Reencuentros es una ONG especial no sólo por recuperar historias, aliviar el dolor de miles de familias que se siguen preguntando dónde están sus desaparecidos, trabajar por la verdad y la memoria de Colombia. Ese reencuentro contempla la reparación de vínculos entre ex combatientes de las FARC-EP y ex militares del Ejército a quienes ayer los enfrentó la guerra.  Sobrevivieron. Hoy los une esa pregunta en común: ¿dónde están? Ambos buscan a sus compañeros desaparecidos. Reencuentros tiene apoyo de cooperación internacional y articula sus acciones con las de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), el órgano estatal que registra más de 137 mil casos en el contexto del conflicto armado. 

Claudia fue guerrillera. Hoy vuelve a los territorios donde combatió como documentadora y excavadora. La moto que maneja casi la iguala en tamaño. En el camino por las empinadas vías de la ciudad me explica que la ruda sirve para protegerse del “hielo del finado”, la enfermedad que contagian los muertos. 

— A una le agarra fiebre, dolor en los huesos y mucho malestar.

Ya con mis botas de caucho, llegamos al cementerio rodeado de montañas y musicalizado por el río. Nos recibe ese olor. Dos trabajadores cargan una bolsa de plástico negra. Me cuentan que guardan los restos de dos cuerpos hallados el día anterior. Es el olor no solo de la muerte, sino de la muerte violenta. El olor de haber sido asesinado en medio del conflicto armado y luego abandonado en un cementerio público, sin sepulcro, identificación ni atención sanitaria. Claudia rocía el aire con esencias florales. 

El trabajo del día divide el cementerio en dos. La mitad del equipo de Reencuentros se dedicará a abrir diez trincheras en la parte sur, donde se sospecha pueden estar enterrados los restos de quince personas. La otra mitad cavará en la sección norte, donde se espera encontrar un cuerpo. 

Cuesta abajo, el sonido de las palas y la lluvia acompaña las conversaciones de los excavadores:

— Así parezca fácil, esto requiere maña. 

— Uno tiene que saber cómo dar el palazo para no cansar los brazos desde el inicio. 

En Mocoa, la puerta de entrada a la Amazonía colombiana, son comunes los largos períodos de lluvia como los de esta semana. A pesar del barro y del frío la intervención no se detiene. Como tampoco se detuvo en la pandemia, el terremoto o los anuncios del nuevo presidente sobre los recortes al financiamiento de la unidad y de la jurisdicción especial para la paz. 

Claudia se ajusta el impermeable, toma una pala y se une al equipo que abre trincheras. “¿Recordando viejos tiempos, diablita?”, le pregunta a Norma, cuyo apodo en la guerrilla era La Diabla. Esos viejos tiempos se refieren a las trincheras de guerra, las abrían como estrategia militar. 

Con la torpeza de quien nunca ha tenido que cavar nada, ofrezco colaborar. Claudia y Norma se ríen: 

—Flaca, usted no tiene la fuerza. 

Y es cierto. Una vez entierro la pala en la tierra húmeda, no puedo volverla a sacar. Mientras me ayudan, comentan lo difícil que había sido aprender a abrirlas, especialmente porque en la guerrilla esa tarea también era un castigo. Quien incumplía una regla cogía la pala.

Llega una voz desde arriba: “Lo encontramos”. Luego agrega: “Creo que esta es la cabeza”. Claudia me toma del brazo. Los trabajadores rodean el área de la excavación. El cementerio recupera el silencio. El antropólogo forense de la Unidad salta al hueco. Sin prisa, retira la tierra que cubre los huesos que serán enviados al Instituto de Medicina Legal. 

“Este debe ser un excombatiente”, me dice Claudia mientras observa la bolsa roja encontrada junto al cuerpo, que seguramente contiene su ropa y pertenencias. Así solían enterrar a los guerrilleros, para que luego sea más fácil identificarlos.  

Esta intervención conjunta entre Reencuentros y la Unidad durará ocho días, y espera encontrar los restos de veinte desaparecidos. Pasar este tiempo con Claudia se convierte en un ritual. Nos encontramos cada mañana en la entrada del cementerio, me entrega la ruda, subo a su moto. Entre pausas para tomar café y almorzar, voy conociendo su vida antes y después del desarme. Claudia entró a la guerrilla a los once años en busca de comida y refugio. Ahí aprendió a leer y a escribir. Recibió cursos de formación política. Después se convirtió en radista, se encargaba de la comunicación entre las diferentes estructuras de la guerrilla. Estudió códigos alfanuméricos para proteger la estrategia militar de las interceptaciones del ejército. Luego fue enfermera, cuidar le interesó tanto que le habría gustado seguir haciéndolo en la vida civil. Al cumplir los veintiséis, entregó su arma y montó un taller de costura. Hace cuatro años, una excompañera la invitó a unirse a Reencuentros. 

En todos estos años, Reencuentros registra 1064 casos de personas dadas por desaparecidas, las buscan en 121 lugares posibles, 72 son terrenos a campo abierto y 49, cementerios como este. Restituyeron 698 restos.

Claudia se dedica a contactar a personas que, como ella, viven en la zona de reincorporación. Reconstruyen historias sobre compañeros desaparecidos durante la guerra; también escucha a  familias de civiles secuestrados por las FARC-EP. Reencuentros investiga pero también hace una tarea pedagógica y de incidencia política. Al mismo tiempo que se inician las búsquedas, habilitan canales de discusión e intercambio para fortalecer los programas públicos y privados afines. Durante las búsquedas, Claudia también colabora cavando: “soy buena en eso”.

Ruda, GPS y palas: te seguiré buscando

Te busco en la región andina

Centro petrolero colombiano

Los ríos de Colombia guardan historias de la desaparición. El Magdalena, que recorre el país desde las montañas del sur hasta el mar Caribe, acuna los cuerpos que la guerra desecha. Sus corrientes por el departamento de Santander serán el centro de discusión durante los días en que acompaño a León, director de Reencuentros, a un taller de documentación de casos. Qué hacer con toda la información que recibían fue el primer paso, hace diez años, para crear la organización, me explica mientras responde mensajes en su celular. 

León lleva el pelo largo y crespo recogido en una cola, igual que en sus tiempos de líder estudiantil. Desde que fue amenazado por participar en los diálogos de La Habana, cuando se creó la Comisión Nacional de Búsqueda de las FARC-EP, se moviliza con escoltas. 

Vamos en su Toyota blindada al encuentro programado por el equipo de las regiones Norte y Santanderes con la Unidad en Barrancabermeja, una ciudad portuaria ubicada en el centro petrolero de Colombia. Fuera de la ventana, el río Magdalena.  

—Recuerdo que, ahí por el 2015, los comandantes de la guerrilla nos designaron como equipo para recopilar información. 

En ese entonces, las organizaciones de víctimas demandaban acciones concretas para la búsqueda de los desaparecidos; se acercaba la firma del acuerdo final. Mientras León piensa esa época “esperanzadora”, llegamos a destino: el salón de una empresa prestadora de salud. El olor a gel antibacterial y limpiador de pisos impregnan el ambiente. 

— Huele a hospital —se escucha entre los asistentes. 

— Supongo que ese olor está bien para el trabajo de hoy —bromea León mientras saluda a sus compañeros con un abrazo.

En el salón de baldosas blancas, dos pendones cuelgan en la pared: uno es de la Unidad, el otro es de Reencuentros. En el centro, la foto de una mujer. Bajo el título de “Ficha técnica” se registra su color de ojos, la ropa con la que fue vista por última vez, se menciona que no tenía tatuajes pero sí dos marcas identificadoras: un lunar y una cicatriz. Las fichas técnicas serán el instrumento de trabajo de estos días. 

La documentadora de la Unidad abre la sesión: 

—¿Alguien recuerda esta cara? ¿El nombre?

León mira a su equipo y luego me mira a mí. Una señal silenciosa: atenta, aquí viene la acción.

Las mujeres y los hombres de Reencuentros comienzan a hablar entre sí. Aunque nadie sabe el nombre de la mujer del lunar y la cicatriz, sí recuerdan otras cosas: el último lugar donde fue vista, los frentes ubicados en esa zona en el año en que se registró su desaparición y los integrantes de las tropas que operaban allí. Algunos están vivos, incluso presentes, otros están muertos. Mientras siguen buscando pistas sobre ella, revisitan sus vidas en la guerrilla: el calor húmedo de los campamentos, los combates con los paramilitares y el paisaje cambiante del río Magdalena que tanto recorrieron en lanchas de madera.

La dinámica se repite con la exhibición de cincuenta fichas técnicas durante dos días consecutivos. Aunque los casos varían y la información fluctúa, un aspecto es constante: el conocimiento de los excombatientes no se limita al desaparecido. Cada ficha se transforma en una explicación sobre Colombia y su geografía, sobre los territorios aislados de los Santanderes, dos departamentos ubicados en la frontera con Venezuela donde operó el bloque Magdalena Medio de las FARC-EP. Señalan quebradas que cambiaron de curso, lo que complica la búsqueda de ciertas personas. Corrigen a las funcionarias de la Unidad sobre la ubicación de las veredas donde desaparecieron las personas de las fichas, ya que muchas de esas veredas están mal ubicadas o simplemente ausentes en los mapas oficiales. Advierten sobre los peligros actuales de ingresar a ciertos municipios. En esta región, el Clan del Golfo, el ELN y las disidencias de las FARC-EP disputan el control de las economías ilegales, del río y de sus rutas hacia el interior de la costa Caribe. Todas esas explicaciones surgen de su experiencia guerrillera. 

«Por eso la Unidad nos necesita», me dice León. Comentamos un caso que generó debate durante el taller. Se trataba de una fosa común en un municipio cercano a Barrancabermeja. Una documentadora explicó que la fosa había quedado bajo el agua. Además, esa misma área está controlada por grupos armados. Aunque miembros de la Unidad afirmaron haber comprado un GPS especial, León y el equipo insistieron en que el agua no era el único problema. 

—¿Ese GPS es antibalas? —preguntó alguien, y todos rieron.

En la tarde del último día de la reunión, de nuevo en la camioneta blindada, León me cuenta sobre el momento en que la Comisión decidió convertirse en Reencuentros. En 2021, comprendieron que ya no eran solo proveedores de información. Sus conocimientos geográficos, sus redes y su experiencia eran indispensables para las búsquedas. Las trincheras que alguna vez abrieron para combatir eran ahora las mismas que cavaban para la paz. Al convertirse en organización también pudieron impulsar una agenda propia: exigir que el Estado buscara a los excombatientes desaparecidos. 

Para 2025, esos esfuerzos dieron frutos concretos: los guerrilleros buscados por sus seres queridos ya figuran en las listas oficiales de búsqueda de la Unidad. León subraya ese logro, pero no tarda en expresar su preocupación sobre posibles cambios políticos de la gestión de Abelardo de la Espriella, el nuevo presidente de Colombia. Como quien piensa en voz alta, luego aclara:

—Nosotros trabajamos en la época de Duque, que tampoco nos quería nada. No va a ser fácil con la vuelta de la derecha, pero vamos a seguir, como sea que toque. 

Te busco en Occidente

Ex guerrilleros y ex militares estamos unidos

El trabajo de Reencuentros no acaba con la identificación de los cuerpos hallados. Lo entiendo en Palmira, una ciudad del Valle del Cauca, testigo del sufrimiento causado por la guerra. Voy con Mireya, la líder de Reencuentros en el occidente del país, a visitar la transformación de un lote abandonado en un cementerio al que pronto llamarán Patio de la Memoria.

Es una mañana soleada. Hombres y mujeres con cascos amarillos, rodeados de arena y cruces de cemento, cavan al ritmo del corrido “El soltero feliz”. Construyen trescientos osarios para enterrar restos no reclamados. A pesar de la tragedia de fosas comunes con cuerpos humanos, desechos hospitalarios e incluso animales que yacen bajo esa tierra, el ambiente es cálido. Además del corrido, que algunos bailan entre palada y palada mientras otros tararean su coro (“que levante la mano el soltero feliz…”), la camaradería acompaña la construcción. Los que cavan no sólo son ex guerrilleros: comparten la construcción ex integrantes del Ejército colombiano.

Bajo la amenaza del calor del mediodía, un hombre de ojos azules, piel clara, estatura mediana y vestido con un chaleco negro, anuncia el refriego. 

—Empanaditas pa’ los de buen apetito, ¿verdad, Mireya?

—Claro, Mayor.

El mayor Bareño sirvió en el Ejército colombiano durante veintiséis años. A pesar de su retiro, conserva el título que lo acompañó por más de media vida. Así lo llama Mireya, una mujer de 50 y tantos, pelo crespo y voz dulce que pasó más de la mitad de la suya peleando la guerra como combatiente de las FARC-EP. Además del gusto por el picante en las empanadas, comparten la sensación de que trabajar juntos ha sido, además de fácil, reparador. Se conocieron en 2024, cuando comenzaba la construcción de los osarios. En la búsqueda de mano de obra, León y Mireya contactaron a la Corporación Reconciliación, una organización de militares retirados.

Mientras comemos empanadas frente a la construcción, Mireya me cuenta cómo nació este proyecto. Unos meses atrás, como en Mocoa, Reencuentros y La Unidad habían intervenido un lote del cementerio central de Palmira tras una investigación que indicaba la posible ubicación de excombatientes fallecidos en la zona. La excavación permitió localizar más de ochenta cuerpos que fueron exhumados y remitidos para su identificación en medicina legal. Un conjunto de restos, identificados como los de un guerrillero, fue devuelto a su familia, que no pudo costear una tumba ni un lugar de entierro. Gestionaron donaciones del gobierno local que les permitieron enterrar a su ser querido. Otro de los cuerpos identificados no fue reclamado por su familia. 

—Cuando nos dimos cuenta de que esto volvería a ocurrir, nos preguntamos qué hacer con los compañeros cuyos allegados no pudieran o no quisieran enterrarlos. Decidimos reclamarlos como familia, no la biológica, sino la social. 

Mireya conoce en carne propia el dolor de la desaparición. Todavía busca a su hermana menor, que había ingresado a la guerrilla. Lo último que supo de ella fue que resultó herida en un combate con el ejército en el sector de El Bordo, en el departamento del Cauca. El ejército nunca dijo a dónde se la llevó. 

Al finalizar el refrigerio, acompaño al Mayor Bareño al depósito donde coordinará con León la compra de materiales. Parecen viejos amigos. Fueron enemigos en la guerra. Cuando lo convocaron, Bareño logró convencer a veintidós ex-militares para que también se unieran al reencuentro. 

—Todos tenían miedo de trabajar juntos. Pero a mí no me sorprendió lo fácil que fue —dice Mireya.

En La Habana, durante los diálogos de paz, desde la comisión de búsqueda tuvo que reunirse con militares para discutir mecanismos de atención a las víctimas, y entonces la interacción ya fue fluida. 

—Con ellos pasaba algo especial: nos entendíamos. Hablábamos el mismo idioma. Peleamos la guerra desde lados distintos, pero por la misma razón: queríamos un mejor país.

Un año después, el lote se transformó en el Patio de la memoria. La entrada, adornada por el mural de una mujer rodeada de mariposas amarillas. Los osarios terminados, un acto de resistencia al olvido, el abandono y la normalización de las desapariciones. El mayor Bareño, Mireya y León están allí, junto con organizaciones de víctimas. Una réplica del Cristo de Bojayá, símbolo de la tragedia humana de la guerra, va a ser colocada en el patio. Esta vez, hay olor a incienso. Mireya y León reparten pañoletas azules con palabras bordadas: ”Nos juntamos para encontrarles. Solo desaparece quien se olvida”. Los guía un desafío: “Buscar es un acto de amor”. 

Te busco en los Llanos

Cada funeral es un reencuentro

A muchos en las FARC-EP les faltó un funeral. De ese pendiente también se encarga Reencuentros. Cuando un excombatiente es hallado y reclamado, se organiza una entrega digna. Y, en muchos casos, ese momento se convierte en su funeral. 

Yaritza es una mujer de pelo negro abundante. Camina en botas de caucho con rapidez y transmite tanto autoridad como serenidad al hablar. Como coordinadora de la organización en el oriente del país, es la encargada del funeral de Biojó,  que tiene lugar en un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) en el departamento del Meta. 

Allí recibirán los restos de Domingo Biojó, un comandante guerrillero que murió en 2010 durante un bombardeo aéreo masivo del Ejército colombiano en el que fue asesinada la hija de un líder de las FARC-EP. Desde entonces, Domingo estaba desaparecido. Pero su familia de sangre, social y biológica insistía en volverlo a ver. Así fuera solo un pequeño pedacito de él. 

Yaritza nunca conoció a Biojó, pero habla de él como quien describe a un abuelo que se convirtió en leyenda familiar. Se ocupa del funeral por una coincidencia geográfica. 

—En Reencuentros seguimos organizándonos por regiones, como antes en las FARC-EP. Y la familia de Biojó vive por acá. 

Conversamos sobre Biojó mientras esperamos la llegada de las fotos que decorarán el salón del memorial. 

Biojó era nieto de un trabajador de las bananeras. Su abuelo participó en la movilización que desembocó en la masacre relatada por García Márquez en Cien años de soledad. En su juventud fue un líder campesino, y terminó preso. Al salir, se unió a la guerrilla. Rápidamente escaló en las filas de las FARC-EP, donde recordaba que la lucha contra la discriminación social era también una lucha contra la discriminación racial. A finales de los noventa, reconociendo su capacidad de diálogo y su preparación política, fue enviado como representante de la guerrilla a participar en los diálogos de paz en el Caguán. 

Yaritza cuelga las fotos de Biojó, otro modo de conservar la memoria de la guerrilla, su hogar y familia por más de la mitad de su vida. El memorial también es una oportunidad para reencontrarse con antiguos compañeros. Y para llorar colectivamente una muerte que quince años atrás fue celebrada por el Estado y buena parte de la prensa nacional. 

Te busco en el futuro

Por la paz, la verdad y la reparación

Después de las elecciones presidenciales, vuelvo a encontrarme con Yaritza, Mireya y León en Bogotá. El motivo: una reunión de coordinación de Reencuentros, que fue aplazada varias veces por la inseguridad que enfrentó la organización durante la campaña electoral. La estigmatización de los exguerrilleros fue bandera de la derecha, una situación que amenaza con agudizarse durante los próximos cuatro años. 

Entre los asistentes se percibe miedo y rabia, pero no desesperanza. Antes de revisar los pendientes burocráticos, se abre espacio para un desahogo colectivo. Reencuentros no solo busca desaparecidos. Es un refugio para encontrarlos y encontrarse. Un espacio para dar sentido al presente y transitar el trauma. Para encontrarse frente a una ficha técnica y recordar las tierras que recorrieron alzados en armas. Para reflexionar también sobre el mal causado. Para seguir contribuyendo a la construcción de la paz.

Sirley, coordinadora de la región sur y una de las fundadoras de Reencuentros, interviene de primera:

—Nosotros nos dedicamos a cerrar ciclos de dolor, y no podemos parar.

Fotos: Gabriela Gil.

*Las opiniones expresadas en esta crónica son de la autora y no reflejan el punto de vista de los patrocinadores.

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  • Dieron detalles de créditos internacionales para obras y turismo en Neuquén

     

    El ministro de Economía, Producción e Industria de la provincia, Guillermo Koenig, expuso este martes en la Legislatura los detalles de los dos proyectos de ley enviados por el gobernador Rolando Figueroa que buscan autorizar nuevas operaciones de crédito con organismos internacionales.

    Se trata de acuerdos por hasta 150 millones de dólares cada uno, a firmarse con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), más conocido como Banco Mundial.

    Koenig asistió a la Comisión de Legislación de Asuntos Constitucionales y Justicia, acompañado por la secretaria de Hacienda y Finanzas, Carola Pogliano, y la titular de la Upefe, Tanya Bertoldi, quien también encabeza la Secretaría de Obras Públicas.

    Durante su presentación, el ministro destacó el trabajo técnico de los equipos provinciales en la gestión de financiamiento externo y subrayó que Neuquén es la única provincia del país que logró acceder de manera sostenida a organismos multilaterales de crédito en la actual gestión.

    “Cada proyecto tiene objetivos específicos, pero todos apuntan a fortalecer el plan de infraestructura. Sabemos del déficit que heredamos en esa materia, y por eso elegimos salir a buscar los fondos necesarios para hacer las obras. El financiamiento será siempre para infraestructura, no para gastos corrientes”, afirmó.

    Dos programas estratégicos para el desarrollo provincial

    Según explicó el equipo económico, el crédito con el BID estará destinado al Programa de Desarrollo Urbano y Mejora del Hábitat, que busca garantizar el acceso a servicios básicos y equipamiento urbano en distintas localidades. Incluirá obras de infraestructura urbana, movilidad sostenible, transporte público, y proyectos de regularización dominial en barrios populares. Además, contempla instancias de capacitación y fortalecimiento institucional en planificación urbana.

    Por su parte, el financiamiento con el BIRF se orientará al Proyecto de Infraestructura Resiliente para el Desarrollo Económico Regional y la Creación de Empleo – Fase 1, enfocado en el impulso del turismo y sectores asociados como estrategia de diversificación económica para el Neuquén pos Vaca Muerta.

    “Pensar al turismo como motor del desarrollo exige planificar desde ahora cómo será la provincia a futuro. La conectividad y las obras que se proyectan permitirán abrir nuevas oportunidades económicas en regiones como Lagos del Sur, Pehuén y Alto Neuquén”, explicó Koenig.

    Condiciones y proyección

    Ambos créditos contemplan plazos totales de hasta 32 años, incluyendo un período de gracia de siete años para el pago de capital. La tasa de interés y las comisiones se establecerán al momento de la firma de los instrumentos correspondientes.

    Koenig aclaró que la nueva deuda no comprometerá la estabilidad financiera provincial, dado el proceso de desendeudamiento iniciado desde el comienzo de la gestión Figueroa.

    “Estos programas representan una oportunidad para apostar al desarrollo equilibrado, generar empleo, fortalecer el arraigo territorial y consolidar destinos turísticos y urbanos con infraestructura moderna y sostenible”, concluyó.

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  • Presentación del Ensamble ‘Perla del Valle’ junto a ‘Trepún Percusión’

    Este viernes 17 de septiembre a las 21 horas se presentarán Trepún Percusión junto al Ensamble local, ‘Perla del Valle’, en el Galpón de las Artes de Villa Regina. La música latinoamericana estará presente con obras de Arturo Márquez, Viviana Dal Santo, Gerardo Salazar, Fernando Iazzetta, Casey Cangelosi, Marco Martina, Diago Cortaine, Ancizar Castrillón y…

  • ¿Qué hacía un colaborador de la dictadura en la extraordinaria del PJ Nacional?

     

    Guillermo Moreno acompañado de Chicho Basile, colaborador de la dictadura, en las extraordinarias del PJ. Captura de C5N

    Los principales dirigentes del peronismo se reunieron en una cumbre extraordinaria de urgencia a raíz de la resolución de la Corte Suprema de la Nación, donde se inhabilita de por vida a cargos públicos y se la condena a 6 años de prisión a Cristina Fernández. Allí se vio a Chicho Basile, activo colaborador de la dictadura cívico militar, reconocido por sobrevivientes del regimiento 7 de La Plata, acompañando cómodamente a Guillermo Moreno. El principal dirigente del partido Principios y Valores fue quien reintrodujo a este personaje nefasto en el campo político. Con la vuelta a la democracia y durante las elecciones una de las sobrevivientes reconoce en los afiches a uno de los hombres que formó parte de su secuestro. Era Francisco “Chicho” Basile, candidato del Partido Justicialista. Con motivos de lo sucedido este 12 de junio, republicamos esta nota realizada por la Agencia la Barriada en la previa a las elecciones del 2023, para conocer en profundidad a un hombre que «sólo puede ser candidato a la cárcel».


    Chicho Basile sólo puede ser candidato a la cárcel

    En estas elecciones Francisco “Chicho” Basile es candidato nuevamente, esta vez a Senador por el Partido Principios y Valores.

    La historia política de este personaje siniestro es muy larga en Florencio Varela y se remonta a su participación en sectores de la derecha fascista del peronismo antes del golpe militar de 1976 cuando era obrero de Peugeot.

    Ex trabajadores de la fábrica recuerdan a “Chicho” como un violento personaje vinculado al sector del sindicato SMATA que decía combatir a «los zurdos».

    El golpe militar lo encuentra vinculado además a otro personaje siniestro de la ciudad, Felipe Romeo, un fascista que dirigía la Revista “El Caudillo”, el órgano de prensa de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) en el que se reivindicaban secuestros y atentados contra opositores.

    La declaración de Melva Campodónico es testimonio de la actuación de Basile durante la dictadura. Melva, ex trabajadora municipal del Hospital Nicolás Boccuzzi y del Centro de Salud de Villa Aurora, fue secuestrada el 6 de abril de 1976 en su casa de la calle Lonardi en Barrio La Curva durante el gobierno del Intendente Pascual Muñoz.

    El secuestro fue realizado por el Ejército y posteriormente fue alojada en la Comisaría 1° de Florencio Varela, acompañada de su hijo de 12 años, luego de permanecer unas horas, un grupo de varones encabezado por un colorado de labio leporino la lleva al Regimiento N°7 de La Plata .Con la vuelta a la democracia y ante las elecciones reconoce en afiches al joven colorado de labio fisurado*, era Francisco “Chicho” Basile, candidato del Partido Justicialista .Melva declara en septiembre del 2004 ante la Cámara Federal en el Juicio por la Verdad y en medios locales que Basile fue parte de sus secuestradores.

    Tapa del Semanario La Colmena, del 2004, con Melva Campodonico denuncia a basile como su secuestrador.

    El primer gobierno “democrático” después del Golpe lo encuentra como Subsecretario de Gobierno del Intendente Julio Carpinetti. El secuestrador Basile con el autoproclamado perseguido por la dictadura Carpinetti, algo no cerraba en la incipiente democracia.

    A los pocos días el bombero voluntario de nuestra ciudad Oscar Bagliani denuncia que existirían cuerpos de personas enterradas como NN en el cementerio municipal, lo que generó la apertura de una causa federal. Carpinetti crea una Comisión Investigadora integrada por Basile y la Secretaria de Gobierno Graciela Gianettassio. Obviamente, esa investigación nunca se realizó según confirmó el Intendente Interino Andrés Watson ante la solicitud de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de nuestra ciudad de acceder al resultado de la misma.

    El 15 de abril de 1987 se produce el levantamiento militar de semana santa en el cual numerosos civiles se suman, uno de ellos fue “Chicho” Basile. Fue allanada su casa donde se encontró materiales reivindicando el intento de golpe y él se mantuvo prófugo.

    A su largo prontuario de suma que en los ‘90 fue responsable del robo de combustible de YPF que ocasionó la voladura parcial del Puente de Sarandí, quedando preso con condena firme. Desde hace más de una década, es socio político y económico de Julio Pereyra quien le otorgó cifras millonarias en contratos con el municipio. Entre sus empresas figuran Servicios y Gestión S.A , Ture S.A y Cooperativa 31 de mayo, la misma es una fachada con la cual se quedó con el contrato de la basura por cifras millonarias. En las elecciones del 2021 apareció como 1° Diputado Provincial por el Partido Federal y en nuestra ciudad obtuvo nada más que 1004 votos, un fracaso absoluto.

    Estos días nuevamente es candidato, esta vez como 1 ° Senador Provincial por la Tercera Sección Electoral en la lista encabezada por Guillermo Moreno denominada Principios y Valores, una denominación que parece una burla con Basile como candidato.

    En una democracia que funciona personas que no pueden explicar su patrimonio y tienen un extenso prontuario no podrían ser candidatas, pero si lo son al menos podemos evitar votarlas. Francisco Chicho Basile solo puede ser candidato a la cárcel.


    Nota original: https://agencialabarriada.org/chicho-basile-solo-puede-ser-candidato-a-la-carcel

    *La nota original dice «labio leporino», una terminología desterrada del lenguaje médico por ser discriminatoria.

     

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    La Municipalidad de Villa Regina y el Movimiento Evita informan que el viernes 21 y sábado 22 de 10 a 16 horas estarán en la ciudad los camiones de salud comunitaria para atención oftalmológica y odontológica. Los mismos se ubicarán en el predio del polideportivo Cumelen. Se otorgarán aproximadamente 120 turnos diarios en oftalmología y…