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PONIENDO ESTABA EL GANSO

Esta semana se aprobó por unanimidad la ordenanza que exige la implementación dentro del ámbito municipal de Villa Regina, de la presentación del “certificado de libre de deuda alimentaria” para la realización de distintos trámites y actos administrativos municipales.

Será obligatoria la consulta previa al Registro de Deudores Alimentarios (REDAM) dependiente del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Río Negro, Secretaría de Gobierno en coordinación con el Consejo Provincial de la Mujer. La ordenanza tiene una autoría compartida entre Iara Zapata y Maria Cecilia Guajardo, y fue la concejala Gabriela Figueroa del bloque del FdT quien gestionó el ingreso para el posible tratamiento en la comisión respectiva y en la sesión.

Para entender de qué hablamos debemos saber que al Registro de Deudores Alimentarios se incorporan, todos aquellos que adeuden total o parcialmente tres cuotas alimentarias consecutivas o cinco alternadas, ya sean alimentos provisorios o definitivos, fijados u homologados por sentencia firme. Dicho registro constituye una herramienta de protección para aquellos que pese a tener reconocido judicialmente su derecho alimentario, se ven imposibilitados de recibirlo.

El interés superior está puesto en los niños, niñas y adolescentes con la finalidad de prevenir y sancionar la falta de cumplimiento de la obligación alimentaria y obligar al deudor a regularizar su situación morosa. La violación al derecho de alimentos cercena la calidad de vida de los beneficiarios marginándolos al desamparo. La obligación alimentaria como aspecto de la responsabilidad parental consagrada en el Código Civil y Comercial, no solamente pesa sobre el progenitor conviviente con el hijo sino también sobre el progenitor no conviviente.

El formulario REDAM, se realiza de manera online en la página oficial del Registro Civil del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Rio Negro, y se retira en la oficina que se indique y abonando el sellado correspondiente, y es solicitado a su presentación con el objeto de acreditar que los interesados se hallan o no excluidos de los registros. Aquel considerado en estado moroso podrá darse baja del Registro por resolución judicial posterior al pago de la deuda existente.

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EL OBJETIVO DE LA NORMA ES PREVENTORIO Y REPARATORIO

En diálogo con Cecilia Guajardo, una de las autoras del proyecto nos explicaba que «en el país son varias las ciudades que ya aprobaron o que tienen en miras el tratamiento de un proyecto de estas características, como por ejemplo Concordia, Colón, Saladillo, Mar del Plata, Pinamar, e incluso acá mismo en Río Negro, Viedma y Allen. En éste último caso además se creó el Registro Municipal de Deudores, que esperamos en un futuro avanzar hacia esa concreción».

Respecto al objetivo de la Ord. Guajardo aclara que «la ordenanza claramente tiene un objetivo tuitivo, es decir, de prevención y reparación. No se pretende que se constituya en un impedimento burocrático, sino que el Estado Municipal tome medidas de acción positiva en consonancia con las que ya ha adoptado la provincia; que compulsen al deudor alimentario a cumplir, más allá de la existencia de una sentencia judicial al respecto».

Teniendo en cuenta su participación como ciudadanxs activos en el desarrollo y creación de la ordenanza nos cuenta que fueron interiorizándose en cada una de las ordenanzas o proyectos de diversas ciudades, para conocer en profundidad la fundamentación y a su vez, para analizar cómo se va dando la implementación y el funcionamiento en la realidad, «lo principal a tener en cuenta al crear un proyecto de ordenanza es que, ante una eventual sanción y promulgación, pueda realmente llevarse a cabo, ser fácilmente adaptable a la cotidianeidad y que no se convierte en algo engorroso».

Para finalizar expresó que dicha norma «pretende la asunción por parte del Municipio de responsabilidades que son internacionalmente reconocidas y que le exigen la adopción de disposiciones de este tipo tendientes a la protección del interés superior de las niñeces y adolescencias, con perspectiva de género, ya que la violación del derecho de alimentos es una de las manifestaciones más comunes de violencia económica y patrimonial sobre la mujer y la familia«.

Para remarcar es que el proyecto además de ser de autoría compartida (Iara Zapata y Cecilia Guajardo), fue realizado por conciudadanas y esto es un gran ejemplo de ciudadanía activa y de reconocimieto de herramientas que están a nuestro alcance para ser protagonistas en la construcción de una sociedad más justa y, porque no, empática.

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El Art. 5 define cuales son los trámites y actos administrativos que no va a poder llevar adelante el deudor

a) Obtención y/o renovación de licencia de conducir.
b) Obtención de permisos de todo tipo.
c) Obtención de concesiones para la explotación comercial o la prestación de servicios.
d) Obtención de habilitaciones comerciales y/o industriales.
e) Cambio de titularidad en la habilitación de una explotación comercial y/o industrial.
f) Inscripción como proveedores municipales.
g) Inscripción para acceder al otorgamiento o adjudicación de terrenos o viviendas sociales.
h) Designación de agentes y funcionarios municipales.

A su vez la Ord. invita a los partidos políticos con representación en Villa Regina, a que requieran la certificación de libre de deuda alimentaria respecto de todos y todas las y los postulantes a cargos electivos de la ciudad como requisito para la habilitación de las candidaturas.

En algunos incisos hay consideraciones como por ejemplo para el supuesto del inciso A se exceptúan a quienes la soliciten con fines laborales y en este caso se le otorgará por única vez la licencia provisoria que caducará a los cuarenta y cinco (45) días de su otorgamiento, pasados los cuales y sin haber regularizado la situación, el solicitante no podrá acceder a la licencia definitiva.

En los casos previstos por los incisos b, c y d del artículo 5 la Autoridad requerida podrá conceder un permiso precario o licencia provisoria no renovable y por única vez que caducará a los 60 días desde su otorgamiento, plazo dentro del cual la persona deberá acreditar la regularización o libre deuda con el correspondiente certificado. Caso contrario, cumplido el plazo la habilitación, licencia, permiso y/o concesión provisoria caduca, procediéndose a la baja y suspensión de la actividad.

Quienes pretendan constituirse en proveedores municipales, deberán como condición para su inscripción, adjuntar a los demás requisitos una certificación de libre de deuda alimentaria. Para el supuesto de encontrarse inscriptos en el Registro de Deudores Alimentarios, se lo inscribirá como proveedor de manera provisoria por un plazo de 60 días a fin de que el interesado regularice su situación, no obstante, lo cual no percibirá pago alguno hasta la obtención del certificado correspondiente.

Cuando la explotación comercial y/o industrial con habilitación cambie de titularidad, el certificado de libre de deuda alimentaria será requerido tanto al enajenante como al adquirente, sean éstos personas humanas o jurídicas. De existir deuda, la transferencia no quedará finiquitada, hasta tanto se regularice la situación, teniendo para ello un plazo no mayor a 60 días.

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  • Operación rescate del sable de San Martín

     

    Nos alertó el tío Ronnie. Escribió en el grupo de Whatsap de la familia: “Si quieren llevarse el sable de San Martín, nosotros quizás podamos evitarlo. Al fin y al cabo somos los herederos de Manuelita Rosas”. 

    Con el mensaje, el link a una nota que contaba la intención de Javier Milei de trasladar el sable corvo de José de San Martín al Regimiento de Granaderos. Como esa, en los últimos días varias más avivaron la polémica. “El sable corvo de San Martín irá en helicóptero para un acto de Milei” decía el título de la nota de Susana Reinoso publicada en Clarín. Explicaba que el sable saldría del Museo Histórico Nacional sin custodia de integrantes de la institución y sin comunicación oficial. Querían recrear la Batalla de San Lorenzo con el sable original. Otra nota agregaba que el arma sería presentada en este acto oficial para luego ser trasladada al Regimiento de Granaderos. Una nota de opinión, escrita por el Jefe de Gabinete del Ministerio de Defensa, calificó el traslado del sable como “un acto de reparación histórica”. Algunos decían que se lo estaba utilizando como botín de viejas disputas políticas, como un pedazo de utilería en la devaluada batalla cultural. Varios artículos mencionaban la intención del presidente de empuñar él mismo la espada del Libertador, en un momento del acto oficial y la reconstrucción del próximo fin de semana. Falta, para ello, el decreto oficial que buscarían que avale el traslado.  

    La misión familiar que vendría en los días que siguieron al mensaje del tío Ronnie empezó con una conversación en el grupo de Whatsapp —el mismo que usamos para anunciar fechas de cumpleaños, definir quién hará la ensalada rusa en las fiestas o quién lleva el postre— donde empezamos a compartir todos los artículos y la información disponible sobre el sable. Los leí entre mates en la redacción donde trabajo. Seguíamos sin tenerlo claro. ¿Por qué el traslado del sable? ¿Y  con qué fin?

    Un breve racconto histórico: el sable lo adquirió San Martín en Inglaterra, en 1811. Es un arma sin ostentaciones: no posee piezas de oro ni brillantes, es austera y sencilla. Tiene una curvatura irregular, que en su momento le daba gran capacidad de daño al adversario. No se sabe a cuánta gente mató o hirió San Martín con ese sable. Sí que lo usó San Lorenzo y en las campañas de Chile y  Perú, en las batallas clave por la independencia. En 1844, desde el exilio en Francia San Martín le envió su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, aún en el poder. Escribió que se lo legaba “como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla”. En 1852, después de perder la Batalla de Caseros, Rosas huyó de Buenos Aires. El sable fue con él, al exilio en Southampton. Y cuando murió, en 1877, lo heredó su yerno Máximo Nepomuceno Terrero, esposo de Manuelita, e hijo de José Nepomuceno Terrero, que había sido en vida el hombre de máxima confianza y administrador de los negocios de Rosas. Los Terrero —y la propia Manuelita— son, además, mis antepasados.

    En 1896, Manuela y su marido decidieron donar el sable. Lo enviaron a Buenos Aires con una carta dirigida al fundador y primer director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza. Ahí quedó el sable entonces por decisión de la familia, junto con todo el patrimonio sanmartiniano que fue donado por las nietas de San Martín.

    Durante sesenta años el sable permaneció en una vitrina del museo en Parque Lezama, hasta que empezaron los tironeos. Dos veces lo robaron militantes de la Juventud Peronista —en 1963 y en 1965— en reclamo de que se levantara la proscripción contra el partido. La primera vez, lo recuperó un oficial del Ejército después de unos meses. La segunda vez demoraron un año en recuperarlo: ya había tomado el poder Onganía, y se llevaron el sable al Regimiento de Granaderos, alegando que no estaba seguro en el museo. Cuentan que la negociación entre militares y peronistas fue en un restaurante chino en Balvanera, comiendo chow fan con el sable sobre la mesa. 

    El museo reclamó durante años la devolución del sable. Recién en 2015 se restituyó a la sala por decreto presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, esta vez custodiado por tres Granaderos en un gesto al Regimiento. 

    Ahora, trasladar otra vez el sable de San Martín pone en jaque el acceso público a la reliquia e implica una apropiación política del símbolo patrio. Y se plantean también dos escenarios: el sable podría estar custodiado en un ámbito militar o mantenerse en un ámbito civil y de carácter cultural, como el museo. 

    Solo una de las notas que había compartido mi tío Ronnie en Whatsapp decía que el sable había sido donado por la familia Rosas-Terrero al museo. 

    “¿Esto es así? ¿El sable lo donó la familia Terrero, nuestra familia?”, le escribí a Ronnie. “Sí, es así”, me contestó él.

    Aunque somos descendientes de una familia de estirpe, no tenemos campos, ni joyas, ni caballos, ni pieles. Nada. Sí hay charlas de cómo se llega a fin de mes, trabajos múltiples, vacaciones gasoleras, gente que se levanta temprano para salir a trabajar. Y no tenemos una mirada ideológica homogénea: en la mesa familiar hay conservadores, peronistas, socialistas, liberales. A veces discutimos bastante, otras nos abrazamos y todo sigue bien. 

    Y ahora de pronto, sin saberlo, nos encontramos en medio de una disputa por una reliquia histórica. Nos tocaba hacer nuestra parte. 

    ***

    En el Museo Histórico Nacional se conservan 30 mil piezas y obras distribuidas en salas, pasillos y recovecos. Todos los días  jubilados, niños y turistas se frenan ante cada objeto de la magnitud del catre que usó San Martín en el cruce de los Andes,  los anteojos de Balbín, o la capa de abrigo de Cecilia Grierson. Al fondo de un pasillo silencioso de paredes claras, reposa el sable corvo de San Martín. El que empuñó en la batalla de San Lorenzo y el cruce de los Andes, el que Rosas se llevó a Southampton y el que donó Manuelita. El que mi tío Ronnie, mi tía Mechi, mi prima Malena y yo intentamos preservar desde un improvisado equipo de rescate ahora que se lo quieren llevar.

    Ronnie, que nos lidera, es veterano de la guerra de Malvinas. Estuvo en las islas, vivió la muerte y la crudeza de un conflicto bélico en el que murieron miles de jóvenes como él. También hacía los asados con mi papá, está siempre que lo necesitan y tiene un tono tranquilo, que combina bien con la personalidad extrovertida de mi tía. Por eso su vehemencia al compartir la noticia del sable nos llamó la atención. 

    En medio de los mensajes de Whatsapp, mi tío me llamó por teléfono:

    -Tengo el acta de donación de Manuelita- dijo. 

    -¿El acta? ¿La verdadera?

    -Sí, es una foto, mirala. Estos son tus antepasados, Cande.

    Había emoción en su voz. En las fotos se veía el acta viejísima, firmada el 26 de noviembre de 1896. Varias páginas de un papel casi transparente por los años. La cursiva de Manuela. Las líneas dicen así: “Al fin mi esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos, se ha decidido en donar a la Nación argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del libertador debiera ver en el seno del país que libertó. Mandaremos también dos objetos históricos que pensamos serán de valor para el Museo Histórico Nacional”. 

    Supimos luego que esa acta, en realidad, nos otorgaba derechos. 

    ***

    Al día siguiente del primer mensaje de alerta logramos recopilar el acta, chequear decretos anteriores, revisar el recorrido del sable por nuestra historia. 

    —Tengo listo el árbol genealógico de tu familia. Por ahora somos vos y yo, no se sumó otro Terrero más —me dijo el tío Ronnie del otro lado del teléfono—. El martes podemos ir al museo.

    El primero en atendernos el teléfono fue un legislador del PRO, que resolvió cada duda que teníamos. ¿Se podría hacer algo para frenar el traspaso? Sí. ¿Valía la pena hacerlo? También. ¿Sobre qué fundamento legal nos podríamos amparar? 

    —Lo de tu familia fue una donación- me explicó el legislador —Hay que ver si fue con cargo, dirigida claramente al Museo Histórico. Si se retira de ese lugar se estaría incumpliendo el cargo de la donación y la voluntad de los herederos del sable. 

    El segundo fue un diputado del PJ, que atendió en medio de sus vacaciones, a las once de la mañana de un sábado. 

    —Sí, nosotros presentamos un pedido de explicación en el Congreso de la Nación, pero ustedes también pueden hacer algo- dijo. 

    Hacer algo, ¿qué?

    —Estamos haciendo lo correcto, Cande— dijo Ronnie —Es lo que corresponde. Cuando hay que hacer quilombo, no hay que hacerlo poquito. 

    Son complejos los vínculos familiares. Las dinámicas se construyen, muchas veces, sobre la diferencia. No hubo consenso alguno con mi tío abogado, Martín. Dudó si estábamos en el camino correcto, si no estábamos moviendo demasiado el avispero, molestando al poder de turno. Pero no teníamos mucho margen para pensarlo más, la urgencia nos corría.

    El tercero en atender, también un sábado, fue Rafael Bielsa, abogado constitucionalista y excanciller. Nos confirmó que la donación había sido una “donación con cargo”, es decir, una donación que no es totalmente gratuita, porque quien recibe el bien asume una obligación a cambio. En este caso, el cargo era mantener el sable en el Museo para que todas las personas que quisieran visitarlo pudieran tener acceso. 

    Pero, ¿por qué debería importar todo esto? ¿Qué cambia dónde esté el sable de San Martín?

    Un colega del diario me recomendó llamar a Gabriel Di Meglio, ex director del museo hasta el año pasado. Historiador, investigador de CONICET y profesor de la UBA. Durante su último año de mandato vivió bajo la amenaza del traslado del sable. “Sacarle al museo el sable es matarlo, es hacerle un agujero”, había dicho en una entrevista. 

    —El sable tiene que estar en el museo porque fue donado ahí, los museos hacen sus colecciones en base a donaciones —explicó en una llamada telefónica en medio de la ruta—. Lo importante es la voluntad de los donantes. Cuando en 2015 el sable vuelve al museo, llega con custodia de Granaderos, entonces la seguridad no puede ser un problema porque si son los mismos Granaderos los que lo cuidan, no debería existir diferencia donde esté, eso no es un argumento. El museo es el único que tiene la capacidad de conservar una pieza. Sacarselo es un hurto.

    Tanto Di Meglio como fuentes del museo remarcaron la importancia de que el legado de San Martín se mantenga ahí. 

    —Que esté en un regimiento militar implica que no es abarcador de toda la memoria nacional. Tiene que estar depositado en un lugar que sirva a la construcción de la memoria nacional. El fin pedagógico que tiene el sable en un lugar como el Museo Histórico no es comparable con ningún otro lugar— dijo un trabajador del museo, pidiendo no ser nombrado. Los últimos movimientos ya despiertan temores. 

    ***

    “Cande, tu tía Mechi se suma. Anotala. Vamos sumando porotitos” decía otro  mensaje de Ronnie que recibí por la tarde. Los encantos de mi tío surtían efecto. 

    Pero el llamado importante llegó entre góndolas en el supermercado. Llamaba un abogado, el único que respondió con la intención real de representarnos. Nicolás Rechanik estaba interesado en seguir la causa, interesado en el carácter histórico del sable y en las consecuencias negativas que podrían existir en caso de que el legado de San Martín se convirtiera en una pieza más de disputa política y del acto que intenta montar Milei. Explicó que la mejor estrategia era la que había adelantado Rafael Bielsa.

    —Esto se presenta ante la Cámara Contenciosa Administrativa Federal que va a sortear un juzgado —me explicó muy rápidamente—. Vamos a presentar una medida cautelar, no innovar, para que se preserve al sable corvo en el museo histórico nacional con el objetivo de evitar que el gobierno se lo lleve a otro lado, a partir de las declaraciones públicas y de la posibilidad de que salga un decreto.

    A los pocos minutos pidió documentación que nos obligaba a pisar el acelerador entre mi familia, intentando sumar cada vez más voluntades. 

    —Sumá a tu mamá a la cautelar, la convencí —dijo Ronnie, triunfante. 

    No fue un rejunte fácil, no todos estaban seguros de avanzar. “No voy a participar, no estoy de acuerdo”, dijo mi tío Martín en el grupo. Otra tía tampoco quiso. Mi prima del sur, Malena, fue la tercera en poner la firma. No me sorprendió: si de firmeza se trata, ella da el ejemplo. Le siguió su padre, Sebastián, trabajador social, uno de esos tíos que te cocinan rico y te hacen sentir bien. Y finalmente mi madre, de tradición conservadora. De a poco, con el correr de las horas, éramos cinco familiares con cinco cosmovisiones muy distintas del mundo, pero todos de acuerdo en esta. 

    Repasé nuestro árbol genealógico que hicimos en una página de internet que me había mandado mi tío y miré algunas fotos familiares: mi mamá con su vestido floreado y el pelo corto, la mirada dulce de mi abuela, el gesto pícaro de mi bisabuela en la foto donde estamos las cuatro; los nombres de tatarabuelas que sólo conocía por anécdotas lejanas, más nombres, más ramas, hasta llegar a José, el mejor amigo de Rosas.

    Es extraño rearmar el rompecabezas de quienes nos precedieron. Es aún más extraño saber que algunas de esas personas tuvieron un rol significativo en una historia colectiva. Es también extraño pensar que nosotros, un conjunto de tíos y sobrinas, podemos lograr algo, aunque sea pequeño, algo, que tenga un impacto positivo. 

    Esta mañana, el primer lunes de febrero de 2026, presentamos una medida cautelar buscando que el sable se quede en el destino que eligieron mis ancestros. No sabemos aún cuándo llegará el decreto ni cuál será la respuesta de la Justicia. Tal vez no pase nada, tal vez algo se mueva.

    Pienso en mi hijo que está por nacer. Pienso en la posibilidad de que algún día pueda visitar el museo conmigo y su papá, detenerse frente al sable, que podamos contarle las historias de su país, y que nosotros ganamos nuestra batalla.  

    La entrada Operación rescate del sable de San Martín se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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