PODAR O MUTILAR, ESA ES LA CUESTIÓN

PODAR O MUTILAR, ESA ES LA CUESTIÓN

Una poda de mantenimiento requiere seleccionar las ramas a podar antes de proceder con la poda, con el objetivo de disminuir la altura y el tamaño de la copa, manteniendo el equilibrio de la estructura de la planta. No se debe cortar las ramas más gruesas porque rompería el equilibrio de la planta y estaríamos afectando el rebrote próximo de la Primavera, como tampoco podemos cortar un solo hemisferio del árbol dejándolo desequilibrado, esta práctica además de dañina para la planta y el ecosistema, es peligrosa para la comunidad.

Los árboles ornamentan la ciudad, son la presencia por excelencia de la naturaleza a través de las distintas formas que ofrece cada especie, dando lugar a la armonía y belleza de múltiples paisajes. Además, mejoran la calidad del ambiente urbano por sus efectos positivos al regular las temperaturas extremas, proveer sombra y reparo, atenuar y filtrar los vientos, reducir la resonancia de los ruidos, purificar la atmósfera por captación de partículas de polvo y contaminantes, entre otros.

Sin embargo, a pesar de estos beneficios, probablemente por desconocimiento o falta de valoración de la función del arbolado, avanzado el otoño podemos observar cómo el municipio, los vecinos y Edersa mutilan la arboleda urbana. Un combo que deja sin defensa a una de las aristas naturales que más embellecen nuestra ciudad y que de a poco, gestión tras gestión, año tras año, se potencia su descuido cada vez más.

Por desconocimiento y por una cuestión cultural en Regina se da el traslado imitativo de las podas de los árboles frutales a los de vereda que no necesitan ese tratamiento, y no faltan los que mantienen prácticas de corte que ya no se recomiendan y que no consideran al árbol en su integridad.
La cuestión no es insignificante.

CONTROL Y DESCONTROL

La Ord 10/09 dispone multas que van desde los 5 hasta los 30 SAM por extracción, destrucción total o parcial de la arboleda urbana o por podar sin permiso, para el vecino poder podar los árboles de su frente debe solicitar un pedido en el municipio y debe contar con un motivo para hacerlo. Una vez conseguido el permiso pueden actuar, pero deben hacerlo bajo determinadas normas de poda, por lo que el municipio también debe controlar como se lleve a cabo el trabajo. En todos los casos, el vecino no puede podar sin permiso del municipio. La norma también resguarda el arbolado histórico de la ciudad y dispone la obligación de plantar árboles de las especies y variedades recomendadas por el Dpto. de Obras Públicas ante la extracción de algún ejemplar.

El plan de poda del municipio todavía no se ha realizado este año, sin embargo, les habrá pasado, que cada dos cuadras en Regina, nos encontramos con árboles mutilados (podados en algunos pocos casos). Las podas mal realizadas causan graves lesiones a las plantas, aumentan el riesgo de ocurrencia de daños posteriores y afectan la integridad de los mismos. Un árbol pasa a estar enfermo cuando en vez de una poda correctiva se hace una mutilación.

«Todos estos problemas se pueden prever pero no se pueden solucionar una vez realizadas la mutilación. Cuanto mayor sea el árbol (más viejo, más alto, más denso), más difícil actuar sin graves consecuencias. Cuanto más joven, más fácil. Hay especies que toleran más los abusos y otras que no aguantan nada», explica Rosana Cisint, arquitecta que milita el cuidado del arbolado urbano en Regina hace muchos años.

El árbol maneja la energía con la que viene el viento y la reparte en todas sus ramas y follaje. Esa energía, a medida que va bajando por el tronco, va a ser menor. Cuando llega finalmente al suelo, a las raíces, pasó el riesgo.

Por un lado tenemos una comunidad que culturalmente tiende a podar con desconocimiento y sistemáticamente, y un municipio contralor que debe controlar los pedidos solicitados pero también la realización de la misma poda, que hecha por el vecino suele ser defectuosa, siendo cauto en la adjetivisación.

Por otro, tenemos a Edersa que en función del cuidado de su tendido eléctrico para resguardar a sus usuarios hace una mutilación del arbolado urbano sin perjuicio de nada ni nadie. Las peores mutilaciones las ha hecho Edersa, respecto a esto el Secretario de Obras Gabriel Benati nos comentó que la semana pasada tuvieron una reunión con gente de Edersa y frenaron la mutilación (no podemos llamarle poda) hasta que no finalicen la capacitación que les va a brindar el mismo municipio sobre poda responsable.

«Todo proyecto de conservación de arbolado debe llevar un estudio, previo al inicio de las obras, que plantee un plan de conservación serio y bien realizado. Sin esta previsión, la conservación está directamente en el terreno del milagro» cuenta Rosana. La arboleda urbana de Villa Regina, principalmente en la zona céntrica y alrededores cuenta con una gama de variedades muy rica y con mucha historia, son árboles viejos y hermosos, que hacen de nuestra ciudad un lugar especial, tal es el caso de las Moras de la calle 25 de Mayo.

Plaza de Jubilados y de la Madre

«Podemos ver los eucaliptos del Verde Central, mutilados y no estaban muertos, muestra de esto son, los esfuerzos que hacen para rebrotar de semejante barbarie. La pérdida de una Catalpa histórica en la Plaza de juegos de la estación (cuando la remodelaron, secaron un árbol de más de 80 años para reemplazarlo por un pedestal pintado de azul para un muñeco del hombre araña). Los árboles podados el año pasado en la Plaza de los Jubilados y de la Madre, totalmente devastados, cambiándole la estructura propia de la especie (hoy luchan por mantenerse vivos) y así podemos recorrer todas las calles de la ciudad, con copas podadas que parecen más nidos de pájaros que copas frondosas, es lamentable. Podas que dejan los árboles sin equilibrio, se desgajan, amputan, sin que nadie sea responsable y se penalice por lo que hacen», dispara la arquitecta Cisint.

Y aclara «No es cuestión de esta sola gestión, nunca existió en nuestra ciudad un estudio y planificación sobre el tema, siendo responsabilidad de la municipalidad. Por desconocimiento o desidia nunca hubo decisión política de cuidar el arbolado público, y no se necesitan inspectores, para eso es imperioso gente capacitada e interés real».

MUTILAR NO ES PODAR

La eliminación total de la copa o la reducción a sus ramas principales, es el principal y grave problema. Constituye para el árbol una mutilación de la cual no siempre se recupera. La mutilación desfigura y deforma al árbol, haciéndole perder su forma y gracia natural, como se puede observar en las fotografías. Basta observar esos verdaderos “percheros” que no sólo nos agreden visualmente sino que, por sobre todo, afectan la vitalidad del árbol y comprometen los beneficios que tanto deseamos.

Las razones que se esgrimen son varias. Una excusa muy frecuente es la “limpieza” de veredas y patios, desde la concepción de “basura” para hojas y frutos cuya caída ocurre durante pocos días del ciclo anual. Por lo tanto, demás está decir la necesidad de ser tolerantes poniendo en la balanza los innumerables beneficios que los árboles nos proveen durante la mayor parte del año.

Los cortes de ramas mayores a 7 cm de diámetro exponen la herida por mucho tiempo retardándose o imposibilitando la cicatrización. Esto será puerta de entrada a hongos que atacan la madera quedando las ramas y los troncos ahuecados.

Por otro lado, los cortes mal realizados provocan respuestas no deseables, lo que antes del corte era una rama bifurcada, en el rebrote produjo 17 ramas. Por extensión, el efecto sobre la copa es un incremento en el número de ramas que modifican la forma de la misma, defecto que será laborioso corregir.

¿QUÉ ES PODAR?

Podar es contribuir al mejor desarrollo del árbol para no afectar su sanidad y para que brinde los beneficios esperados. Para ello, ninguna práctica de poda debe modificar la forma propia de la especie. La “poda” es el corte selectivo de las partes de un árbol con un propósito definido, con el objetivo de adecuar el crecimiento del árbol al espacio urbano. Esta operación requiere el conocimiento de la biología del árbol y de las técnicas adecuadas de corte.

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    Malvinas: Boris Johnson respondió al giro de Milei pidiendo más tropas, aviones y barcos británicos

     

    El endurecimiento del reclamo argentino sobre las Islas Malvinas tuvo una reacción inmediata en uno de los dirigentes más representativos del nacionalismo británico. Boris Johnson, ex primer ministro del Reino Unido y hombre que hasta hace poco elogiaba públicamente a Javier Milei, reclamó que Londres envíe refuerzos militares al archipiélago, incluyendo cazas, tropas y unidades navales. La respuesta expone una paradoja incómoda para el Gobierno argentino: la afinidad ideológica con figuras de la derecha británica no modifica, cuando se trata de Malvinas, la defensa cerrada que esas mismas figuras hacen de la ocupación colonial.

    Por Luis Bulnes Valdez para NLI

    Durante años Javier Milei hizo de su admiración por Margaret Thatcher uno de los aspectos más provocadores de su construcción política, aun cuando la ex primera ministra británica fue quien condujo al Reino Unido durante la guerra de 1982. También cultivó relaciones con referentes conservadores británicos y fue presentado por el propio Boris Johnson como una suerte de emblema internacional de la batalla contra el Estado y el intervencionismo económico. Pero el conflicto de soberanía demostró una vez más los límites concretos de esas afinidades: cuando Buenos Aires elevó el tono sobre Malvinas, Johnson abandonó cualquier camaradería ideológica y pidió incrementar la capacidad militar británica frente a la Argentina.

    De los elogios a Milei al pedido de militarización

    Johnson publicó una columna en el Daily Mail después de la cadena nacional en la que Milei volvió a colocar la cuestión Malvinas en el centro de la agenda argentina. El dirigente conservador reclamó al gobierno británico de Andy Burnham que actúe con rapidez y envíe refuerzos a las islas, planteando explícitamente la posibilidad de sumar aviones de combate, efectivos militares o unidades navales. Su artículo fue presentado bajo una consigna inequívoca: Londres debía “tomar el control” de la situación y reforzar inmediatamente el archipiélago.

    El pedido no surge en el vacío. Milei anunció el endurecimiento de las sanciones contra compañías que exploten hidrocarburos en el área de Malvinas sin autorización argentina, anticipó modificaciones legales para ampliar la capacidad punitiva del Estado y ratificó la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego. El principal foco económico es Sea Lion, el gigantesco proyecto petrolero operado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, cuya explotación proyectada volvió a transformar el conflicto territorial en una disputa inmediata por recursos estratégicos.

    En su intervención, Johnson también vinculó el cambio de clima diplomático con las recientes declaraciones de Donald Trump, quien admitió que Washington está revisando su posición sobre Malvinas. Estados Unidos mantiene históricamente una posición formalmente neutral respecto de la disputa de soberanía, aunque en 1982 el gobierno de Ronald Reagan terminó dando apoyo decisivo al Reino Unido durante la guerra. Trump no anunció todavía una modificación concreta de esa política, pero la sola posibilidad de una revisión fue interpretada por sectores británicos como una señal que obliga a Londres a extremar precauciones.

    Johnson reconoció precisamente esa incomodidad. Según sostuvo, Milei habría aprovechado el nuevo escenario internacional para intensificar el reclamo argentino. El dato resulta particularmente significativo porque el ex premier británico conoce bien al Presidente argentino y anteriormente había destacado su admiración por Thatcher. Aquella simpatía política, sin embargo, termina exactamente donde comienza la cuestión territorial: para Johnson, Malvinas sigue siendo una posición británica que debe preservarse incluso mediante una ampliación de su despliegue militar.

    Una ocupación sostenida por una estructura militar permanente

    El reclamo de nuevos refuerzos tampoco parte de una presencia militar simbólica. El Reino Unido mantiene desde hace décadas una infraestructura permanente en las islas cuyo eje es el Mount Pleasant Complex, construido después de la guerra de 1982. La propia Royal Air Force informa actualmente que allí se encuentran desplegados cuatro cazas Typhoon FGR4, además de un avión cisterna Voyager y un transporte militar Atlas A400M. Londres define oficialmente a las British Forces South Atlantic Islands como una estructura destinada a realizar una “demostración visible” de su soberanía sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

    El Ministerio de Defensa británico evita informar públicamente la cantidad exacta de efectivos actualmente destinados en el Atlántico Sur alegando razones de seguridad operativa. En marzo de este año, ante una pregunta formal presentada en el Parlamento británico sobre el nivel de fuerzas existente en Mount Pleasant, el gobierno se negó expresamente a proporcionar las cifras. Lo que sí sostiene Londres es que revisa periódicamente el despliegue y que su presencia militar posee, según su interpretación, carácter “defensivo”.

    Esa caracterización resulta inevitablemente discutible desde la perspectiva argentina. Para Buenos Aires, las islas forman parte del territorio nacional ocupado ilegalmente por una potencia extranjera desde 1833, mientras que la disputa de soberanía permanece reconocida en el sistema de Naciones Unidas y la Argentina sostiene constitucionalmente que su recuperación debe realizarse respetando el derecho internacional y los intereses de los habitantes. Londres, en cambio, fundamenta su posición en el principio de autodeterminación y en el referéndum celebrado entre los habitantes de las islas en 2013. La existencia de esas posiciones contrapuestas es precisamente la razón por la que Naciones Unidas ha reclamado históricamente negociaciones entre ambos Estados.

    El elemento nuevo es que la disputa dejó nuevamente de ser exclusivamente diplomática. La próxima explotación de hidrocarburos convierte al Atlántico Sur en un espacio donde se cruzan soberanía, petróleo, rutas marítimas, proyección antártica y presencia militar. El yacimiento Sea Lion tendría recursos estimados en alrededor de 1.700 millones de barriles, una dimensión suficiente para modificar estructuralmente la economía de las islas y consolidar todavía más la ocupación británica mediante ingresos provenientes de recursos cuya explotación la Argentina considera ilegítima.

    El límite de las afinidades ideológicas

    La reacción de Johnson deja además una enseñanza política que excede la coyuntura. Durante buena parte de su carrera, Milei subordinó numerosas definiciones internacionales a afinidades ideológicas y personales: su cercanía con Trump, su admiración por Thatcher o su identificación con dirigentes conservadores europeos y británicos fueron presentadas como herramientas capaces de mejorar la inserción argentina. Pero los Estados actúan primordialmente según intereses nacionales, y Malvinas vuelve a ofrecer una demostración difícilmente más gráfica.

    Johnson puede elogiar el programa económico de Milei, compartir su discurso contra el Estado y celebrar su admiración por Thatcher. Nada de eso impide que, frente al reclamo argentino, pida más cazas, más soldados y más barcos británicos en territorio cuya soberanía reclama la Argentina. La afinidad partidaria desaparece allí donde Londres considera comprometido un interés estratégico propio.

    El episodio también obliga a administrar cuidadosamente el nuevo giro discursivo del Gobierno argentino. Milei aseguró en su cadena nacional que la Argentina no busca una resolución militar y que su estrategia continuará dentro de los canales diplomáticos. La respuesta británica, sin embargo, demuestra cómo cualquier escalada retórica puede ser utilizada por los sectores más duros de Londres para justificar una mayor militarización del Atlántico Sur. Johnson cerró su planteo recuperando una máxima de tradición militar: la paz, sostuvo, exige estar preparado para la guerra.

    Para la Argentina, el desafío es exactamente el inverso: fortalecer el reclamo soberano sin entregar argumentos para consolidar la ocupación militar que pretende cuestionar. Eso supone recuperar capacidad diplomática, construir apoyos internacionales, impedir jurídicamente la explotación unilateral de recursos y sostener una política de Estado consistente en el tiempo. Porque la respuesta de Boris Johnson acaba de recordarlo con una claridad brutal: detrás de las sonrisas, los elogios y las coincidencias ideológicas, cuando Londres escucha la palabra Malvinas, responde todavía pensando en términos de poder, recursos y control territorial.

     

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    El próximo sábado se vivirá el gran cierre del ‘Mes de la Niñez’ con actividades en los barrios Businelli y Provincial a partir de las 14 horas. Además, desde las 15,30 horas, el festejo tendrá lugar en el Paseo del Arroyo. Niños y niñas podrán disfrutar de las actividades programadas por las diferentes áreas municipales,…

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