Para los que han tenido la posibilidad de viajar a la India, seguramente en algún tour por la ciudad de Nueva Delhi algo les habrá hecho recordar que no estaban tan lejos de nuestra querida ciudad Villa Regina. Si no viajaron (que es lo más probable, ya que estamos del otro lado del mundo), pueden buscar imágenes o videos de la capital India para saber de qué viene la cosa.
Hay una semejanza entre ambas ciudades, ¿qué podemos rescatar de la ciudad con el aire más tóxico del mundo y la perla del valle?, no es precisamente la toxicidad del aire, (aunque el nuestro no es tan impoluto como quisiéramos) si no su decorado/estético urbano explotado de postes y cableríos.
Resulta que en Nueva Delhi es prácticamente imposible mirar el cielo y no notar la maraña de cables que aparecen sobre las calles y edificios, su espacio aéreo está perturbado por el afán comercial de prestadores de servicios que están muy lejos de ser regulados por el Estado, igual que acá.
¿Será tan grande la necesidad de la población en obtener servicios mediocres que no somos capaces de darnos cuenta que si no existe orden tampoco podemos pretender calidad?
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En Villa Regina, como en casi todas las ciudades del país hay tendidos muy viejos de líneas de teléfono o de cablevisión que están obsoletas. Lógico, si quien debe regularlas (el ejecutivo) no se compromete en su responsabilidad, menos aún se van a interesar por motu proprio los prestadores de servicios que son quienes deberían invertir siendo los encargados de llevar adelante un plan de re-estructuración de sus cableados aéreos.
Hoy en día, las nuevas instalaciones también se realizan entre esos tendidos sin tener en cuenta la posibilidad de hacerlos vía subterránea, aún siendo el municipio el encargado de habilitar los nuevos pudiendo controlar a través de normativas que regulen, exijan, rotulen mediante el dictamen de ordenanzas locales, al menos, la quita de los tendidos que están en desuso, soterrando los ya instalados y los próximos que vendrán.
El municipio tiene facultad plena en lo que respecta al uso del espacio aéreo dentro de su ejido, determinando las condiciones a cumplimentarse acordes a las necesidades de los usuarios, siendo imprescindible el control permanente desde el Ejecutivo Municipal pautando la forma de prestación, así como una regulación efectiva que encuadre la temática en forma general. La falta de control normativo no es de ahora, nunca se controló.
Un proyecto que alcance todas las actividades que se concreten mediante el tendido de redes de distribución aérea como: televisión por cable, telefonía, electricidad, Internet o cualquier otro servicio o actividad para lo cual resulte necesario la utilización de una red de distribución aérea, es necesario e inevitable.
La ciudad necesita regularizarlo porque en los últimos años las empresas de electricidad, telefonía e internet fueron sobrecargando hasta cubrir el cielo reginense con una maraña de líneas negras, que además de quitarle belleza, son una promesa constante de peligro y accidentes. Al tenerlo subterráneo brindaría mayor seguridad ante posibles accidentes viales o naturales a los vecinos, porque evita los posibles daños; no como el aéreo que corre un peligro permanente.
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La única normativa vigente en la ciudad sobre el uso del espacio aéreo para el cableado y el tendido eléctrico es la ordenanza 142/08 y lo único que regula son las tasas por derecho de ocupación del espacio público. Por lo tanto en la misma normativa se regulan los valores de tasas y contribuciones por el derecho del espacio público de una mini pyme gastronómica que quiere instalar dos mesas en la vereda como de una empresa nacional que quiere instalar “X” cantidad de metros lineales de cableado. No se regula, ni fiscaliza, ni controla: “cómo” se van a instalar, solo se estipula el impuesto. Nuevo servicio, nuevo tendido, más gasto, más peligro, más contaminación visual.
Facultando al ente contralor también se da la igualdad de condiciones para la competencia empresarial, en off, un directivo de una de las empresas que brindan servicios de internet en Villa Regina nos comentaba que a su empresa se le solicitó la obligatoriedad del cableado de fibra óptica de manera subterránea cuando a las demás empresas se les facilitó el tendido aéreo.
La mayoría de las normativas que hemos podido encontrar en ciudades del país se encuentran con los mismos problemas. No son respetadas ya que no son controladas, no solo en retrospectiva si no también hacia adelante. A su vez, van sufriendo constantes modificaciones que tienen que ver con el alcance de las grandes empresas hacia los sujetos políticos, presionando e influyendo en función de sus intereses empresariales. Coinciden casi todas en la regulación del soterramiento de las nuevas instalaciones, en la demanda del mismo proceso para los tendidos ya instalados, y la quita de los cableados en desuso.
En un primer paso hay que ir resolviendo lo que llamamos “basura aérea”, que es aquella contaminación que podemos ver todos los reginenses en nuestro cielo, ni bien salimos de nuestras casas. En rigor, la intención de un proyecto de ordenanza debería ser sacar la enorme cantidad de cables existentes en la actualidad en el espacio aéreo. Ese sería un inicio, y como mencionábamos el soterramiento de los futuros cableados y la modificación de los ya instalados a la vía subterránea lo subsiguiente.
Otro de los ejemplos de la falta de regulación tiene que ver con el uso de postes municipales para negocios privados o particulares siendo que estos se mantienen con los impuestos municipales abonados por los contribuyentes pero a su vez son usufructuados por empresas privadas.
Resulta imperante una normativa local que regule el uso del espacio aéreo, que disponga el retiro de las instalaciones de cableado aéreo en desuso o que generen peligro a terceros. También debería buscarse regular el retiro o reubicación de postes de alumbrado eléctrico u otros servicios, como medida de seguridad y protección tanto a los vecinos como al medio ambiente en el distrito.
Está bien, no pretendemos despistar tu atención mucho más, continúen con el tour, bienvenides a la Nueva Delhi Reginense.
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La ciudad de Gral. Roca cuenta con una ordenanza algo más fundamentada y detallada sobre el uso del espacio aéreo (aunque carece también de control, porque ahí nos hermanamos en todo el país)… La normativa por ejemplo expresa en algunos de sus artículos lo siguiente:
…” Artículo 9º: TENDIDO SUBTERRANEO: a) En todo lo que es tendidos de redes de distribución de diferentes servicios en barrios nuevos, los mismos deberán ser tendido subterráneo de ductos o conductores de servicios de televisión, teléfono, electricidad, etc.; y el mismo será solicitado por la Municipalidad, quien podrá autorizar otro tipo alternativo a los mismos. Las empresas prestatarias de los servicios, podrán asociarse para compartir el gasto de la obra realizada.- b) Todos los tendidos nuevos o a remplazarse de las líneas de media tensión de transporte de energía eléctrica, dentro del radio urbano y suburbano de la ciudad, deberán ser subterráneas”…
…” Artículo 13º: UBICACIÓN DE POSTES: El área municipal de Infraestructura será la encargado de determinar las zonas y sectores de la ciudad, como así también las calles, avenidas o accesos en los cuales se permitirá la implantación de cada tipo de postes/ columnas; pudiendo exigir también el tendido subterráneo de los conductores o redes en aquellos lugares que estime conveniente atendiendo razones de seguridad, ordenamiento, estética o planificación urbana.-”…
…” Artículo 14º: REMODELACION DE LA VIA PUBLICA: En el caso que el municipio disponga ejecutar proyectos de remodelación de la vía pública en cualquier lugar de la ciudad, y para ello resulte necesario eliminar los tendidos de redes aéreas, las empresas propietarias de las mismas, estarán obligadas a ejecutar el tendido subterráneo de sus instalaciones en el mismo plazo que el municipio prevea la ejecución de sus proyectos.-”…
…” Artículo 16º: UTILIZACION DE COLUMNAS Y POSTES: Las columnas y/o postes de propiedad municipal, sólo podrán ser autorizados por la Municipalidad. En caso de que alguna empresa sin la autorización pertinente hiciera utilización del mismo, se labraran las infracciones correspondientes y se procederá a cobrar las multas establecidas hasta su regularización o retiro de las instalaciones.-”…
…” Artículo 34º: MODIFICACIONES Y/O ADECUACIONES: Todas las instalaciones que a la promulgación de la presente Ordenanza, no cumplan con su articulado, se deberán adaptar a las presentes especificaciones, en un plazo que de común acuerdo se establecerá con la Municipalidad.- El área municipal de Infraestructura dará conocimiento de la presente Ordenanza a todas aquellas empresas propietarias de redes aéreas de distribución para que en el plazo máximo de tres meses, procedan a realizar las presentaciones espontáneas y declaración de las instalaciones existentes, así mismo la presentación de un plan de trabajo para la realización de las adecuaciones que corresponda”…
…” Artículo 36º: INSTALACIONES EN DESUSO Las empresas, deberán retirar de manera inmediata todas las instalaciones que a la sanción de la presente no estén en uso”…
El Intendente Marcelo Orazi junto al Director de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Municipalidad de Villa Regina Hugo Curzel participaron esta mañana de charlas sobre el cuidado del ambiente en el Instituto María Auxiliadora y en la Escuela 235. En ambos casos, el Intendente hizo referencia a las acciones comunitarias que contribuyen a cuidar…
En Villa Regina la basura domiciliaria se junta con camiones recolectores y se lleva al basural ubicado en la barda norte o al centro de transferencia en parque industrial. Los «recuperadores informales» realizan una clasificación rápida (pero incompleta) y el residuo restante es acumulado e incinerado, acción causante de las nubes tóxicas que se perciben…
Brasil devaluó y la Argentina tembló. El dólar volvió a cruzar los 1.400 pesos, en la suba más fuerte desde el 9 de febrero. En medio del tembladeral de los mercados globales por la guerra en Medio Oriente, el Citi advirtió que Argentina está en la lista corta de los cuatro países más expuestos a una devaluación.
«Países con bajas reservas de divisas, como la Argentina, Sri Lanka, Pakistán y Turquía, enfrentan mayores riesgos de salidas repentinas de capital y depreciación de sus monedas», advirtió el Citi, en un informe elaborado en su casa central.
El dólar sintió el golpe de la devaluación del 2% que instrumentó Brasil. El oficial cerró en $1.435, el Tarjeta en $1.865,50, el blue en $1.425, el MEP en $1.438 y el contado con liqui en $1.481. El Central compró apenas USD 17 millones, cuando venía con un promedio diario superior a los USD 70 millones desde que arrancó el año. Y el dato más delicado fue otro: las reservas brutas cayeron USD 378 millones en una sola rueda.
El impacto externo encontró al equipo económico sin reacción. El real brasileño se devaluó 2%, el peso chileno 3,5%. Fue un día de ajuste general en monedas emergentes, pero la diferencia aparece en la respuesta local. El equipo de Caputo intervino en los mercados para frenar el dólar, en lugar de aprovechar para corregir en parte el atraso cambiario, pero el mercado no parece creer que el esquema sea sostenible.
El equipo de Caputo y Bausili intervino en los mercados para frenar el dólar, en lugar de aprovechar para corregir en parte el atraso cambiario.
En el Rofex se operaron cerca de USD 750 millones en la posición marzo. Además, el bono dólar linked D30A6 movió alrededor de USD 300 millones. Son instrumentos para cubrirse ante una devaluación futura. Cuando el Banco Central vende contratos de dólar futuro, busca contener expectativas y ponerle un techo al precio implícito. Es una intervención directa sobre el mercado. El economista Sergio Chouza de la consultora Sarandí lo sintetizó con ironía: «Vendieron rofex y la D30A6 como si no hubiera mañana».
Caputo afirmó que la Argentina está blindada. Que el mejor escudo frente a un shock externo es una macro ordenada. Que el alineamiento geopolítico con Estados Unidos e Israel fortalece la posición del país. Y habló de un «blindaje» que crea una «macro sólida».
«El mejor escudo frente a un shock externo es tener la macroeconomía lo más ordenada posible, esa es la mejor manera de defenderse y eso es lo que estamos haciendo. También, estar del lado correcto a nivel mundial, afortunadamente el presidente ha determinado desde el día uno que es un aliado estratégico de Estados Unidos e Israel», argumentó.
Sin embargo, los hechos muestran otra dinámica. Si el blindaje fuera tan sólido, no haría falta una intervención de semejante magnitud para contener expectativas. El gobierno opera en el mercado en dirección opuesta a su discurso
El mejor escudo frente a un shock externo es tener la macroeconomía lo más ordenada posible, esa es la mejor manera de defenderse y eso es lo que estamos haciendo. También, estar del lado correcto a nivel mundial, afortunadamente el presidente ha determinado desde el día uno que es un aliado estratégico de Estados Unidos e Israel.
La economía argentina, con reservas negativas, fuerte exposición a deuda en pesos indexada y necesidad constante de refinanciar vencimientos en dólares, es hipersensible a los shock externos, como quedó en evidencia este martes, ante una oscilación en la moneda de Brasil.
Se lanza IUPA Canta, un certamen para intérpretes de la región norpatagónica La región tendrá, por primera vez, un concurso abierto donde la voz será la protagonista. El IUPA (Instituto Universitario Patagonico de las Artes) organiza IUPA Canta, un concurso destinado a solistas, que tiene como objetivo ponderar la voz como instrumento en la composición…
El municipio reginense, con Carolina Cailly como representante legal, presentó una medida cautelar ante el juzgado civil N°21 donde se solicitó el cese de la demolición de la chimenea Fioravantti, el recurso fue aceptado por la jueza Paola Santarelli, pero el trabajo realizado sobre las bases de la construcción ya no puede retrotraerse. Si bien…
Lo preguntaba Julieta en su balcón, como si el nombre de su enamorado no fuera más que una cáscara vacía que podía desprenderse del cuerpo sin tocar su esencia. Qué hay en un nombre, decía, y en esa pregunta vibraba la promesa romántica de que el amor podría existir más allá de los nombres, de las clases, de los linajes.
Pero ¿y si la pregunta estuviera mal formulada? Esa pregunta por el nombre que sembraba el romance universal bautizado por dos nombres eternos, Romeo y Julieta, a los que no nos atreveríamos a cambiarles siquiera el orden en el que los nombramos (¿Julieta y Romeo?). ¿Y si el nombre no fuera, cómo sugería el poema, sólo un nombre? ¿Si fuera un depósito de vida, tiempo y destino? ¿Y si, lejos de ser sustituible, el nombre concentrara todo lo irremplazable: la memoria de un cuerpo, el rastro de una muerte, la huella de una época?
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Hamnet empieza en la naturaleza. En el tronco de un árbol milenario, donde crece el musgo y se entrelazan otros árboles. La cámara desciende por la corteza como si leyera sus marcas: anillos invisibles, años superpuestos, raíces que se enroscan sobre sí mismas. Todo parece anterior a los nombres, anterior a la historia. Empieza como fuera del tiempo. Entre hojas secas y ramas caídas, entre los pliegues del árbol, entre la sombra y la materia vegetal, aparece Agnes: en un rojo inconfundible que se desprende del verdor terrible, acurrucada como si el bosque la hubiera absorbido o estuviera a punto de devolverla. Agnes despierta por el sonido de un pájaro y le conocemos el rostro de la vigilia.
La Agnes de Jessie Buckley tiene un gesto vigoroso. No importa si encarna la ternura, el dolor, el afecto o la ira, lo que se mantiene constante en su cara es una especie de impulso vital. Agnes tiene una fascinación por las cosas del mundo. Un arrojo por lo que no se deja domesticar del todo. La vemos en el bosque atender el llamado de un halcón que, al verla, vuela hacia ella y se posa en su brazo para que lo alimente. La cámara de Chloé Zhao nos propone desde esta escena un pacto. Durante la película irá desde unos planos muy abiertos, a veces cenitales y oblicuos hacia otros en los que estará muy próxima a los seres y las cosas. Y más que próxima, estará mezclada con lo que pasa, inmersa, titubeante. Aquí, ante Agnes y el halcón, la cámara se posa primero en el ave, en el gesto con que desgarra un trozo de carne y luego se desplaza hacia el rostro de ella. Está tan cerca de todo que el plano —que podría haber sido una imagen preciosa— nunca termina de aquietarse, sólo hay movimiento y una cámara que lo registra a una distancia mínima.
En el interior de la casa y detrás de una ventana lo vemos a él. Un tutor da clases a tres niños. Mira hacia afuera con los ojos perdidos hasta que su mirada se fija en algo: Agnes atraviesa el campo con paso firme y el halcón posado en su brazo.
Agnes es hipnótica. Es una especie de ninfa del bosque. En los cuatro minutos que llevamos mirando nos cautiva su gesto, el modo en el que duerme entre los árboles, su forma de manipular un ave rapaz. Ahora el cautivo es él.
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El encuentro entre ellos tiene el tiempo de un minué. Se acercan y se separan. Se miran tenaces y en un segundo se esquivan. Él le pide tocar al ave, ella lo permite y a la vez lo previene. Se acarician las manos. Agnes acaricia el espacio carnoso que hay entre el pulgar y el índice. Cierra los ojos. Suspira. Hay algo nuevo: ¿cómo es posible, se pregunta, mirando al tutor a la cara, que una cosa encaje tan bien, con tanta precisión, con esta sensación de acierto?,escribe Maggie O’Farrell en el libro que inventó este instante. ¿Todos los amantes sienten que están inventando algo? resuena desde otra película de un amor que estallaba en la mirada. Las palabras, como un destello, se superponen a la imagen. El cine expande la literatura. El cine expande el cine.
En su segundo encuentro, ante la torpeza de él para hablar, Agnes le pide que le cuente una historia que lo conmueva. Él le cuenta la historia de Orfeo, el músico capaz de amansar a las fieras, que desciende al inframundo para recuperar a Eurídice, su esposa, muerta por la mordedura de una serpiente. Le cuenta que Orfeo logra rescatarla, pero la pierde para siempre en el último segundo por no resistir el deseo de girarse para mirarla. Es el mismo mito que Marianne, Héloïse y Sophie discuten en Retrato de una mujer en llamas, preguntándose por qué él se dio la vuelta si sabía que la perdería. Agnes escucha este relato como quien escucha un idioma nuevo. Acá también la mirada tiene el poder de lo irreversible.
El amor entre Agnes y el tutor comienza como un rayo. Y aunque no es exactamente el centro de Hamnet, ese amor será el barro necesario para que todo lo demás ocurra. El amor entre ellos es un misterio. Lo que más necesitamos, misterio. Algo que nace de la otredad radical, de la fascinación por lo distinto. Un hombre de palabras, sintaxis e idiomas, una mujer del instinto, la naturaleza y los ritos. Dos lenguajes que no deberían tocarse, se encuentran en ese espacio de lo que no se deja explicar, de lo que no se entiende del todo.
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Un disclaimer antes de continuar. El libro que da origen a esta película es antes que todo una fantasía. Una hipótesis literaria. Una historia inventada en base a algunos datos reales: que en 1596 un hijo de William Shakespeare llamado Hamnet murió a los once años; que cuatro años más tarde, el dramaturgo escribió una obra de teatro titulada Hamlet, que según consta en los anales de Stratford de finales del siglo XVI y principios del XVII, Hamnet y Hamlet son dos formas perfectamente intercambiables de un mismo nombre.
Quienes escruten Hamnet desde la lógica saldrán perdiendo: nada está tan calculado, ni se ciñe a la “historia real” de la familia Shakespeare y tampoco a la Historia de la peste bubónica. Tampoco es fiel a la idea de familia del siglo XVII, a la alta tasa de mortalidad infantil de los años de peste negra, ni a la concepción de infancia en Inglaterra Isabelina. No busca la verdad de William Shakespeare, ni la historia real detrás de la obra Hamlet. No es una interpretación de la tragedia del príncipe danés, ni una relectura de la obra, ni siquiera es fiel al libro de Maggie O’Farrell.
Si la idea de adaptación para pensar en una película que proviene de un libro ya nos quedaba chica, en este caso ni siquiera sirve. Hamnet no es una adaptación del libro homónimo, es una relectura del libro de Maggie O’Farrell escrita además por ella misma. El montaje del libro es fragmentario y pendular, un vaivén temporal que nos obliga a armar un rompecabezas; la película, en cambio, opta por una linealidad que acumula tensión en el presente. En la novela, el padre es una figura mucho más fría y distante, y su nombre jamás es mencionado (se lo llama «el tutor», “el preceptor”, «el marido» o “él”), reforzando esa ausencia mística que lo envuelve. La película le devuelve el nombre de William y le otorga una vulnerabilidad que el libro le retacea. También elimina el rastro global de la peste, ese viaje de la pulga que en el libro conecta continentes, para sintetizar esa escena en una pequeña representación de sombras y asfixiar el relato en la intimidad de la casa, transformando lo que era una crónica histórica en una experiencia puramente sensorial y doméstica.
Uno de los mayores hallazgos del libro es su narrador: un omnisciente capaz de una permeabilidad total. O’Farrell logra que esa voz salte de un cuerpo a otro, adoptando la mirada de cada personaje con una fluidez que borra las fronteras del “yo”. En la novela, el punto de vista es un organismo vivo que se mueve a través de los personajes sin tocar nunca a la primera persona. La película entabla un diálogo visual con esta técnica; ante la falta de esa voz narrativa, utiliza el lenguaje de la cámara para habitar la subjetividad de los protagonistas. Si el libro nos hace oír los pensamientos, la película nos acerca a las cosas: mediante primeros planos extremos y una profundidad de campo que aísla los sentidos, la cámara se vuelve tan intrusiva como la prosa de O’Farrell. Quienes vemos somos un habitante más de esa casa de Stratford. La película ofrece otras claves de lectura que no anulan la experiencia literaria, conversan con ella y la potencian incluso en su diferencia.
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El nacimiento de la primera hija ocurre en el bosque. Agnes camina hacia su árbol. La cámara avanza más rápido que la puérpera dejándola por momentos fuera de campo. Como el trabajo de parto, la cámara se impone y avanza, Agnes entra y sale. Las contracciones se encuadran desde lejos, Agnes se retuerce en el piso, se toma de las raíces, grita. Toda la animalidad que la película le supone a la protagonista estalla en esta escena que culmina en un grito que el montaje corta abruptamente. Contrario a lo que podría leerse en la superficie, naturaleza y cultura se funden una y otra vez en Hamnet. Lo mismo pasa con otros binomios clásicos, civilización y barbarie, razón e instinto, ciencia y rito, vida y literatura. En la casa de Stratford, estos mundos se trenzan. El latín de los libros convive con el vapor de los ungüentos y la crianza de los hijos se convierte en el territorio donde el teatro y los ritos se encuentran en un lenguaje común. Habitan su propio mito: si Agnes es la que toca y sana la carne, Will es el que la narra. Él la mira como el músico mira a la ninfa: con la fascinación de quien sabe que ella pertenece a otro reino, uno que apenas puede acariciar a través de las palabras.
Ese juego de lenguajes se potencia con el nacimiento de los gemelos Judith y Hamnet, que ocurre en la intimidad de la casa y la cámara hace lo contrario a lo que hizo antes en el bosque: circula. Zhao utiliza aquí una simetría que es, a la vez, una advertencia: encuadra el parto de los niños con la misma disposición de elementos con la que más adelante encuadrará la muerte. Los cuerpos que llegan y los cuerpos que se van ocupan el mismo espacio, recordándonos que la vida no es una línea recta, sino un ciclo de apariciones y desapariciones, de miradas que retienen y miradas que sacrifican.
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La cámara filma el cuarto de los niños. Hamnet y Judith aparecen por el costado como dos actores que se suben a un escenario. La película conversa con el libro pero también con el teatro como puesta en escena. Los niños se disfrazan uno del otro y ensayan pronunciar sus nombres intercambiados para engañar a los padres. El romance teatral sigue porque a continuación son los tres niños dirigidos por el padre los que representan una pieza dramática para Agnes. Y un poco más de teatro: el rito para despedir al halcón muerto. Zhao deja que la luz natural y el sonido del viento hagan lo suyo mientras la cámara se mueve torpemente, parece tropezar entre los niños. Se ha discutido si en esta escena el encuadre es un descuido o una decisión. La incomodidad que provoca la imagen parece buscar evitar que las cosas aparezcan completas, perfectamente delimitadas. El encuadre rehúsa la simetría y elige el recorte y una proximidad al ritual que no termina de estabilizarse para hacernos lugar. Agnes lleva al halcón al hueco de un árbol. En un acto de boticaria pagana, sin rezos ni solemnidad, prepara el cuerpo colocando plumas y ramas atadas. La composición visual anuncia el final de algo más.
De nuevo en el cuarto, estamos frente a las escena que abre el libro: Hamnet busca a su hermana. La cámara, que está fija en la composición que crean las camas, empieza a moverse hacia el costado en el instante en que el niño entra en cuadro y se inclina hacia la tormenta que estalla afuera. Algo avanza más allá del control. Judith tiene la peste. Canela, tomillo, pino y ruda se ponen en circulación para ahuyentar el dolor, el calor y la muerte. La cámara sigue circulando alrededor de la desesperación familiar sin detenerse del todo en nada. Algo en ese movimiento espeja la naturaleza misma de la infección: una circulación invisible pero implacable que lo envuelve todo. La cámara se desplaza con una inquietud febril, contagiando al espectador de esa misma falta de aire que asfixia a los personajes. No hay un punto de fuga, no hay refugio; el movimiento constante de la cámara sugiere que el destino ya se ha puesto en marcha y que la muerte ya es el centro de gravedad de la habitación.
Por la noche Hamnet engaña a la muerte. “Te doy mi vida”, le dice a su hermana y se transforma esta escena en el gesto más shakesperiano de la película. El intercambio es la puesta en escena definitiva. El gesto tiene la lógica de una simetría trágica: una vida debe ser devuelta a cambio de otra. Hamnet engaña a la muerte usando el recurso más viejo del teatro de su padre: el doble. Si en el Acto V de Hamlet, el príncipe pide a su amigo que “reserve su aliento para contar su historia”, en esta habitación asistimos a ese pedido en silencio. Es el gesto más shakesperiano porque convierte el disfraz en destino: Hamnet se ofrece como sustituto, se coloca la máscara de la muerte para que su hermana pueda volver a la vida. “Seré valiente, padre”, repite el niño mientras conjura el engaño.
La madre descubre el pacto. Los ganglios de Hamnet se inflaman y la fiebre sube. La niña sana. En contraposición a la escena de la enfermedad que avanza, el niño aparece en un escenario, interactuando con un bosque pintado en madera. Una puesta en escena, un sacrificio dramático donde realidad y representación ya no se pueden distinguir. Mientras en la cama de Stratford la carne se rinde ante la peste, en la mente de Hamnet se levanta un teatro. La película intercala la agonía física con esa visión del niño como si al aceptar morir, hubiera ingresado al mundo de la ficción. Hamnet entiende el lenguaje de su padre antes que nadie. Para salvar a Judith, él tiene que convertirse en un personaje. Si la peste busca a una niña que se llama Judith, él se pondrá esa máscara y actuará su muerte.
La escena que sigue excede al teatro, el lenguaje de los dobles y la simetría calculada se rompen. La agonía de Hamnet se transforma en algo difícil de ver. La puesta abandona cualquier lógica de representación y se acerca al cuerpo enfermo sin distancia. El dolor ocupa el cuadro de un modo absoluto. Es una escena de exceso. El sufrimiento del niño y la desesperación de la madre aparecen como algo irreductible, imposible de compartir. La escena es expulsiva y cruel. La película renuncia aquí a cualquier mediación tranquilizadora y enfrenta al espectador con una dimensión intransferible: un dolor que solo existe por su dimensión insoportable. Ante la muerte del hijo, un grito telúrico de Agnes rasga el aire. El resto es silencio.
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La película trata a la muerte como materia. Después de lo inenarrable, nos acerca a la pérdida de un modo táctil, doméstico, próximo. La muerte es más que una idea, está ahí, podemos tocarla, sentir su olor, experimentar la distancia que hay entre el cuerpo que es y la vida que fue. La muerte empieza a vaciar la casa, a volverla oscura, a mostrar los huecos que deja la ausencia de Hamnet. Agnes se reprocha no haber visto que el que estaba en peligro era el niño. Pero ante el consuelo que ofrece el padre, su respuesta es: “no estabas acá”. Agnes no puede compartir su dolor con nadie, ni siquiera con el padre del niño: “no sabés, no estabas”, insiste. El instante de la muerte es tan atroz en Hamnet que como espectadores es difícil hacer parte de ese dolor. Es todo suyo, intransferible. Las palabras que intentan tranquilizarla tienen el efecto contrario: ¿por qué calmarse? ¿por qué seguir adelante? ¿por qué dejar de buscar a un hijo muerto?
Él parte hacia Londres. Ella se queda. La distancia ontológica que antes los unió irremediablemente, ahora se transforma en un abismo. Transitan la pérdida como transitan el resto de las cosas; ella permanece en la materia, él se oculta en el lenguaje. La película no resuelve esa tensión: expone la experiencia de la pérdida en su opacidad.
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Agnes descubre que la obra en la que trabaja su marido no es una comedia. Cuando ve el papel que la anuncia, lee la palabra “tragedia” y justo en el medio, en letras grandes, ve el nombre de su hijo, el nombre que le puso cuando nació y que ahora figura en su lápida. Agnes no entiende. Siempre hubo un agujero, un espacio de incomprensión sobre su marido, un abismo encantador, eso que tocó la primera vez en sus manos y le develó vastos paisajes y tierras desconocidas. Pero ahora es más grande el desconcierto, no puede entender que haya usado el nombre de su hijo, que haya profanado ese nombre que ella ya no puede pronunciar. Y parte a Londres, a buscarlo, pero también a buscar ese nombre arrancado de la tierra de Stratford y llevado a un escenario: ¿cómo pudo robar el nombre y despojarlo de toda la vida que contuvo? ¿cómo pude escribirlo en una hoja para nombrar otra cosa que no fuera el niño al que le pidió ser valiente?
Lo que la mueve es una mezcla de resentimiento y curiosidad. Agnes entra al teatro temerosa, como si entrara a un cementerio. Pero todo es luz. El teatro está lleno. Nadie allí sabe quién es ella. Nadie sabe quién es su hijo. Todos portan el papel que lleva su nombre. Agnes mira todo con desconfianza: ¿de qué hablan los actores? ¿qué tiene que ver esto que ve con su hijo? Al escuchar el nombre de su hijo en boca de extraños, Agnes se desespera, se abalanza sobre el escenario, empuja a los espectadores a quienes considera intrusos, ladrones. Algo se quiebra cuando Hamlet aparece en escena. Algo en su cara se desacomoda. Sus manos se desparraman en el escenario, está rendida. Cuando el espectro del rey aparece en escena encarnado por el mismo Will y le cuenta a Hamlet cómo el veneno que le dieron descompuso su cuerpo hasta matarlo, ella lo sabe. Ese es su hijo. El que hace cuatro años busca en todas partes. Y ese hombre del que alguna vez se enamoró escribió una historia en la que intercambió el lugar con su hijo. Él murió y él como un espectro a visitar a su hijo que aún vive. “Mirame”, susurra ella, volviendo al mito originario de este amor. “Mirame”. Will, como Orfeo, duda pero se voltea y la mira. Inventa una despedida para su hijo que también es un gesto para Agnes: “recuérdame” le dice al oído.
La obra avanza y Agnes parece disuelta en el público, cautiva por ese hijo que recupera en escena, pero también por el vértigo de una historia que le devuelve el espejo de su tragedia. Cuando Laertes le anuncia a Hamlet que está envenenado, que nada en el mundo podrá salvarlo, un silencio absoluto envuelve el teatro. Agnes vuelve a presenciar la agonía, pero el marco del escenario cambia la naturaleza del dolor. Ella extiende su mano hacia el joven actor y rompe la cuarta pared sin la desesperación animal del pasado, en un gesto que transforma la muerte en un acto colectivo. Los espectadores extienden también sus manos, convirtiéndose en testigos de una pérdida de la que ahora sí hacemos parte.
En esta escena el teatro revela su verdadera potencia: más que como espacio terapéutico, como mediación necesaria. La escena de la muerte en el cuarto era expulsiva y privada; la escena en el Globe es colectiva y ritual. Es el instante en el que Agnes logra abrir su dolor hacia los otros. El teatro nos permite mirar a la muerte de cerca, tocar su contorno, sin sentirnos intrusos en un dolor ajeno. Como Orfeo en el inframundo, Shakespeare toma la decisión del poeta. No se gira hacia Agnes por una debilidad del deseo, lo que elige es la memoria. Al mirar atrás, deja de intentar retener la carne de Hamnet y decide transformarla en lenguaje. Es un acto de renuncia y de creación: pierde al hijo como cuerpo para recuperarlo como símbolo. Hamnet no se trata de encontrar una respuesta a cómo sobrevivir a la muerte de un hijo; sobrevivir es lo inevitable. Se trata de la posibilidad que tiene el lenguaje de nombrar y convertir un dolor inefable en memoria colectiva.
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¿Qué hay en un nombre?
Hamnet le responde a Julieta. Hamnet afirma que el nombre pesa, hiere y encarna. Que el nombre no se diluye, no se borra, no se abstrae. En esas letras se reúnen una infancia, una peste, una madre y más tarde, y para siempre, una tragedia que hará circular ese nombre por el mundo. Julieta soñaba con liberar al amor del nombre, Hamnet nos obliga a aceptar que el nombre es la última frontera de lo que amamos y nos obliga a preguntarnos: ¿se puede separar un duelo de un nombre?
Felicitaciones por la inquietud.
El grado de contaminación visual. Es inaudito. Ha llegado la hora de comenzar a hacer algo.