Pensar que es el fin del mundo

 

La cultura puyosa se queda en silencio

Pablo Manuel Navarrete, escritor. Desde Cali

A las 7 y 34 de la mañana empezó un temblor que parecía ser suavecito yo estaba despertándome el movimiento fue muy fuerte se me empezaron a caer los libros los cuadros los retratos lo primero que hice fue salir a la calle en calzoncillos con mi celular y las llaves, no alcancé a ponerme las sandalias las manos se me empezaron a dormir del miedo verraco que tenía y casi no logro abrir la reja la calle estaba llena de gente detrás de mí venían otros vecinos también en ropa interior o pijamas lo primero que escuché fue cómo bramaba la tierra —un sonido que hacía uuuuuuuuuu— y dije puta esto va a ser grave porque los testimonios que hay sobre el Terremoto de Armenia de 1999 decían exactamente eso que la tierra bramaba y pues Armenia quedó devastada a Miraflores el barrio en el que vivo hace apenas una semana no le pasó nada porque está construido sobre piedra sólida pero me impresionó que el edificio en el que vivía hace siete días en el barrio El Refugio quedó devastado cuando la cosa quedó quieta y vimos que los cables de luz se pararon de mover volví a mi casa me asomé por la ventana que da hacia atrás y tiene una vista muy bella de todo Cali y todo era una sola nube de polvo la cultura caleña es una cultura ruidosa puyosa que se funda sobre el baile la fiesta por eso  lo más impresionante fue que la gente se callara porque el pedido de los socorristas era por favor, cállense y sigan excavando necesitaban silencio para escuchar si alguien bajo los escombros pedía ayuda.

Toda la ciudad en la vereda, en pijama, en pánico

Ana María Mesa Villegas, directora de Barequeo.com, desde Manizales

Estaba en el gimnasio montanda a la eliptica y mi instructora fue la que dijo está temblando el gimnasio queda en un primer piso y la distancia entre la elíptica y salida será de diez pasos el piso estaba como una gelatina como una licuadora nunca había vivido nada similar en mis 52 años me agarré de un carro que estaba afuera y grité, grité y grité mi mamá y mi hermana mi mamá y mi hermana mi mamá y mi hermana lo único que me venía a la cabeza eran las imágenes de Venezuela pensaba qué tal que se caiga su edificio ellas estaban en un séptimo piso y todo se movía tenía como enviones en momentos tomaba más fuerza cuando eso paró agarré mi celular mi hermana me contestó muerta del susto cogí el carro y salí a donde estaban ellas en el camino vi a toda la ciudad de Manizales afuera en pijama y con la misma cara de pánico llegué a lo de mi madre nos quedamos todos afuera sin poder entrar llegaron familiares y familiares de familiares desayunamos juntos al mediodía hablábamos al mismo tiempo tratando de asimilar lo que nos había pasado manizales tiene unas buenas normas de sismo-resistencia porque hay alta incidencia la ciudad está bien construida hoy contamos con tristeza la pérdida de cinco vidas, pero hubieran podido ser muchas.”

Las formas heredadas del estallido de 2021 

Angie Serna, periodista independiente, desde Cali

“Tengo 29 años en mi vida he experimentado tres temblores pero este fue el más fuerte estaba durmiendo y empezó a sonar la alarma antisísmica de Android también fue el temblor más largo nos dio tiempo a salir pero quedamos colapsados si bien el epicentro fue en San José del Palmar los medios no lo han mostrado mucho es una zona de conflicto armado con población afrodescendiente y pobreza extrema las vías de acceso suelen estar cerradas porque ha sido un territorio históricamente abandonado lo que dificulta que vayamos no solo a los periodistas sino también rescatistas o personal de salud después del temblor la solidaridad de la gente apareció enseguida aunque el gobierno dictó toque de queda y ley seca por amenazas de personas que estarían entrando a viviendas a usurpar pertenencias de personas desalojadas esto impidió la fluidez de los rescates que estaban siendo dados por la ciudadanía una de las zonas más afectadas fue el barrio Tequendama donde está concentrado el sector de la salud en edificios muy viejos salieron mujeres en labor de parto incluso allí se está concentrando la ayuda en 2021 Cali fue epicentro del estallido social y aprendió algunas formas de organización comunitaria que ahora volvieron a activarse, como cuando se vino la noche y no había energía, entonces el sector de la industria audiovisual prestó sus luces de alto voltaje y micrófonos especiales para seguir buscando en medio de los escombros.” 

Pensar esto es el fin del mundo

Jenny Parra, Manizales, doctoranda en comunicación, desde Caldas

“Fue muy muy muy muy muy fuerte gracias al cielo para mí y mi familia y mis seres cercanos no tuvimos afectaciones graves pero sí fue aterrador eso que aquí suele temblar, porque tenemos cerca el Nevado del Ruiz que hasta hace un par de años estuvo en actividad entonces constantemente había movimientos muy suaves por eso uno se acostumbra a los temblorcitos pero ayer arrancó suavecito y rapidamente mutó más zarandeado el tiempo es dificil de medir una siente una eternidad toda una vida yo vi pasar toda mi vida por enfrente vivo en un sexto piso con grandes ventanales uno de mis gatos estaba tomando el sol empezaron esas ventanas a trackear como si estuvieran por estallar sonaba todo el gato salió corriendo yo quedé petrificada tratando de evaluar si salía o me quedaba el movimiento era intenso intenso como cuando una está en ese juego mecánico de la barca de Marco Polo que se remece de lado a lado era como en medio de una tormenta con olas chocando por todos lados se sentía así y se escuchaba cómo todo estallaba yo me quedé en el marco entre el pasillo y mi habitación pensé mi gato se va a tirar por la ventana pero me podía mover porque el piso se sentía como si estuviera en un saltarín y estaba el movimiento de lado a lado pensé el edificio se desploma este es el fin este es el fin fue todo muy rápido muy aterrador pero no grité ni nada cuando paró empecé a ver la cantidad de cosas que habían caído la licuadora que es repesada estaba estallada las cucharitas por el piso en el baño se cayó todo los champú y mis cremitas.”

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    La historia de una de las mejores universidades del mundo: la UBA y un siglo de ciencia, cultura y movilidad social

     

    La Universidad de Buenos Aires nació hace más de dos siglos como una institución destinada a formar profesionales, pero con el paso del tiempo se convirtió en uno de los grandes símbolos del conocimiento público argentino. De sus aulas surgieron cinco premios Nobel, científicos reconocidos internacionalmente, referentes culturales y miles de profesionales que transformaron la vida del país. Su historia también es la historia de una discusión permanente: el valor de una educación pública que busca que el acceso al conocimiento no dependa del origen social.

    Por Redacción de NLI

    Hay instituciones que forman parte de la identidad de un país más allá de sus edificios y sus autoridades. La Universidad de Buenos Aires (UBA) es una de ellas. Desde su creación en 1821, atravesó guerras, crisis económicas, golpes de Estado, reformas políticas y transformaciones sociales, pero mantuvo una característica que marcó profundamente la historia argentina: la idea de que el conocimiento superior podía ser una herramienta de ascenso social y desarrollo nacional.

    Durante más de dos siglos, la UBA se convirtió en una de las universidades más importantes de América Latina y en una de las pocas instituciones públicas de la región con reconocimiento global. Su prestigio no surgió únicamente de sus rankings internacionales, sino de una producción científica, cultural y profesional que tuvo impacto concreto dentro y fuera del país.

    Por sus aulas pasaron presidentes, escritores, científicos, médicos, abogados, economistas, artistas y trabajadores que encontraron en la educación pública una posibilidad que, de otro modo, hubiera sido inaccesible.

    La historia de la UBA es también una historia sobre el papel del Estado en la construcción de igualdad de oportunidades.

    Una universidad nacida para construir un país

    La Universidad de Buenos Aires fue fundada en 1821, durante el gobierno de Martín Rodríguez y bajo el impulso de Bernardino Rivadavia, en un momento en que las Provincias Unidas del Río de la Plata buscaban organizar sus instituciones después de la independencia.

    Desde sus primeros años, la universidad estuvo vinculada a la formación de profesionales necesarios para el desarrollo del país. Medicina, Derecho, Ciencias Exactas y Filosofía fueron algunas de las áreas que marcaron su crecimiento inicial.

    Pero la UBA no permaneció aislada de los grandes debates nacionales. A lo largo de su historia fue escenario de discusiones políticas, científicas y sociales que reflejaron las tensiones de cada época.

    Su comunidad universitaria participó activamente en procesos históricos fundamentales, desde las luchas por la reforma universitaria hasta los debates sobre democracia, derechos humanos y desarrollo científico.

    La Reforma Universitaria y la democratización del conocimiento

    Uno de los momentos más importantes de la historia universitaria argentina ocurrió en 1918 con la Reforma Universitaria de Córdoba, un movimiento que transformó para siempre la educación superior en América Latina.

    La reforma impulsó principios como el cogobierno universitario, la autonomía, la participación estudiantil y una concepción de la universidad vinculada con la sociedad.

    Esos cambios modificaron la relación entre las instituciones educativas y el conjunto de la comunidad. La universidad dejó de ser pensada solamente como un espacio reservado para las élites y comenzó a consolidarse como un ámbito de producción de conocimiento abierto a nuevas generaciones.

    Décadas más tarde, la gratuidad universitaria implementada en 1949 durante el gobierno de Juan Domingo Perón profundizó ese proceso al eliminar las barreras económicas que impedían a muchos sectores populares acceder a estudios superiores.

    Esa medida cambió la composición social de las universidades argentinas y permitió que miles de jóvenes fueran los primeros profesionales de sus familias.

    Ciencia argentina nacida en las aulas públicas

    La UBA también fue protagonista de algunos de los mayores logros científicos del país. De sus laboratorios y centros de investigación surgieron trabajos que alcanzaron reconocimiento internacional.

    Entre sus graduados se encuentran cinco premios Nobel argentinos: Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir en Medicina, César Milstein en Fisiología o Medicina, además de Carlos Saavedra Lamas y Adolfo Pérez Esquivel vinculados al Nobel de la Paz.

    Estos reconocimientos no fueron hechos aislados. Fueron consecuencia de una tradición científica construida durante décadas mediante universidades, institutos de investigación y organismos públicos.

    La producción científica argentina demuestra que una universidad pública no solamente entrega títulos profesionales: también genera conocimiento capaz de competir a nivel mundial.

    Una institución atravesada por la historia política argentina

    Como pocas instituciones, la UBA refleja los cambios políticos del país. Durante las dictaduras militares sufrió intervenciones, persecuciones y expulsión de docentes e investigadores.

    Uno de los períodos más oscuros fue la llamada “Noche de los Bastones Largos” en 1966, cuando la policía ingresó violentamente a la Facultad de Ciencias Exactas y expulsó a docentes y estudiantes que protestaban contra la intervención universitaria.

    Aquel episodio provocó una pérdida enorme para la ciencia argentina, ya que muchos investigadores debieron emigrar al exterior.

    La recuperación democrática en 1983 permitió reconstruir la autonomía universitaria y recuperar parte del proyecto científico y educativo que había sido interrumpido.

    El debate actual: universidad pública y futuro nacional

    En los últimos años, las universidades públicas volvieron a estar en el centro de una discusión política sobre financiamiento, investigación y el papel del Estado.

    Quienes defienden el sistema universitario sostienen que la educación superior pública es una de las principales herramientas de movilidad social y desarrollo tecnológico del país. Señalan que detrás de cada médico, científico, ingeniero o docente formado existe una inversión colectiva que beneficia a toda la sociedad.

    La discusión excede el presupuesto universitario: plantea qué tipo de país se busca construir. Uno donde el acceso al conocimiento sea un derecho amplio o uno donde la formación superior quede cada vez más condicionada por la capacidad económica individual.

    La historia de la UBA muestra que la educación pública argentina no fue solamente un sistema de enseñanza: fue una herramienta para transformar vidas, producir ciencia y construir una sociedad con mayores posibilidades de integración.

    A dos siglos de su creación, la pregunta sigue vigente: qué lugar ocupará el conocimiento en el futuro argentino y si el país elegirá preservar una de sus mayores riquezas, una universidad pública capaz de formar generaciones enteras.

     

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