Peligra el servicio de colectivos en ciudades del interior y ya hay licitaciones que caen por falta de oferentes

Peligra el servicio de colectivos en ciudades del interior y ya hay licitaciones que caen por falta de oferentes

 

La decisión del gobierno de Javier Milei de congelar el subsidio a la tarifa social de colectivos vino a profundizar la crisis del transporte e impacta directo en procesos licitatorios que están en juego por estas semanas en varias ciudades del interior, ya que hay empresas que están dando marcha atrás en sus ofertas.

En Necochea quedó desierta por ausencia de oferentes la licitación para la concesión por 20 años del servicio de colectivos, situación que abre un panorama incierto sobre el futuro del servicio en esa ciudad balnearia.

La Compañía General de Micros Necochea, que desde hace 87 años está a cargo del servicio, avisó que no participaría a raíz de la suba de costos, la inestabilidad del escenario económico y el peso de las inversiones que demandaba el nuevo pliego.

El Gobierno congeló el subsidio a la tarifa social de colectivos y alertan que el peso caerá en usuarios y municipios

Fuentes con llegada al municipio señalaron a LPO que en la gestión local a cargo del axelista Arturo Rojas no están pensando en hacerse cargo del transporte.

Por lo pronto, hay una prórroga por 90 días y en el Concejo esperan que en las próximas semanas la comuna debería enviar un pliego reformulado para que sea más atractivo para las empresas. Como sea, en el sector hay preocupación por la viabilidad y persistencia del servicio, que hoy tiene un boleto de 1.900 pesos.

 En Tandil calculan 200 mil viajes por debajo de los niveles registrados previo a la pandemia. «Estamos atravesando la peor crisis del transporte público», dicen

En Tandil, la crisis financiera denunciada por la cámara del sector llegó estee mes al punto de que el municipio del radical Miguel Lunghi tenga que salir al auxilio para evitar un paro de los transportistas de la UTA.

Concretamente, la asistencia fue por 40 millones a las empresas Transporte Nueve de Julio y La Nueva Movediza, que habían alertado falta de recursos suficientes para pagar sueldos y aguinaldos.

«El Municipio decidió adelantar recursos para garantizar la continuidad del servicio. Pero el futuro del sistema es cada vez más preocupante», dijo el secretario de Gobierno local, Miguel Lunghi (h) a Radio Tandil.

Y agregó: «Estamos atravesando la peor crisis del transporte público que yo recuerde desde que tengo responsabilidades en este tema». En la comuna estiman que el servicio tiene 200 mil pasajes menos que los niveles registrados previo a la pandemia.

«El retiro del Estado nacional del sistema y los incrementos permanentes del boleto también explican que mucha gente haya dejado de viajar en colectivo», dijo el funcionario de Tandil.

En el bloque de concejales de Fuerza Patria presentaron un proyecto para declarar la emergencia. «El sistema está en riesgo de extinción», alertó el concejal peronista Marcelo Valle.

 «Hoy el sistema funciona sin políticas públicas nacionales para el interior y eso nos obliga a sostener un servicio esencial con recursos cada vez más escasos», alertaron empresarios del sector 

Pero esa iniciativa no prosperó, ante el rechazo de lunghistas y libertarios. El boleto se aumentó, pero eso no alcanzó para revertir el déficit que en la cámara del sector calculan de 200 millones mensuales.

«Estamos atravesando una de las peores crisis de nuestra historia. Hoy el sistema funciona sin políticas públicas nacionales para el interior y eso nos obliga a sostener un servicio esencial con recursos cada vez más escasos», dijo el presidente de la Cámara de Transporte, Daniel Albanese.

En Bahía Blanca, se registra por estos días una fuerte pelea entre oficialismo y oposición por el futuro del sistema.

Las empresas de colectivos exigen subas del 100% para retomar los servicios

La comuna a cargo del peronista Federico Susbielles envió un proyecto al Concejo para prorrogar por un año el contrato actual del transporte pero en la oposición lo rechazan al acusar al intendente de haber prometido un pliego nuevo con un rediseño del actual esquema, que definen como deficitario.

«Después del último aumento, habíamos escuchado el compromiso del Ejecutivo Municipal de que a la finalización del contrato iba a estar el nuevo pliego, que es algo muy esperado, porque sabemos que el sistema no está siendo eficiente, no está apuntando al usuario y está direccionado a sostener un sistema que es totalmente ineficiente», dijo el concejal libertario Mauro Reyes a LU2.

En el Concejo, Susbielles aprovechó la fractura opositora para lograr el avance de algunos de los proyectos del Ejecutivo, pero en este caso la oposición coincide en el rechazo al proyecto de prórroga enviado. «Un año de prórroga, nos parece excesivo, demasiado e innecesario», dijo el concejal PRO Emiliano Álvarez Porte.

 

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    Hace varias semanas que el gobernador Martín Llaryora le busca la vuelta a la caída de la imagen y la gestión de Daniel Passeerini en la capital cordobesa. El motivo es uno solo y simple: los flacos números del intendente cordobés ponen en riesgo la reelección provincial. Es decir, la continuidad de un modelo que lleva más de un cuarto de siglo al frente del poder en Córdoba.

    En Córdoba, a un mes del caso Agostina, el peronismo quedó en la mira por el impacto político del femicidio de la adolescente de 14 años y el cargo en el Municipio que tenía Claudio Barrelier, el principal acusado del crimen. Además de la polémica habilitación del bar Wachitas.

    Pero también, los cuestionamientos por la diaria a la gestión de la Ciudad pusieron a los herederos del cordobesismo en el momento más crítico desde que ambos asumieron en sus cargos en Provincia y Municipio en el 2023.

    Llaryora y Passerini mantuvieron una conversación hace algunos días y se mostraron juntos en una recorrida en la puesta en valor de un espacio verde. Sin embargo, en las segundas líneas de ambas gestiones la comunicación no fluye, las diferencias se acrecientan y las internas también. Más aún porque Passerini no tiene reelección y la carrera por su sucesión desató una interna feroz entre funcionarios municipales y aquellos que ocupan despachos provinciales.

    Al punto que hace unos días, en la reunión de una mesa ministerial y política que tiene Llaryora, un ministro llegó a esbozar la idea de intervenir la Ciudad con cuadrillas propias y diferenciarse de «lo que no hace el Municipio». Decisión que Llaryora observó pero que, por el momento, decidió pisar.

    «Hay una falta de liderazgo en la Capital (cordobesa) que preocupa. Passerini decidió encerrarse en lo que le cuentan un par de funcionarios y desoye los consejos o sugerencias de Llaryora. Entonces, es complicado», dijo una persona que conoce pormenores de la relación.

    Y que, además, es crítico con ambos por el liderazgo. Es más, resume ese cuestionamiento con una observación que hacen los integrantes de la Vieja Guardia y fueron funcionarios del exgobernador Juan Schiaretti. «Cuando ‘el Gringo’ asumió su última gestión juntó a todo el gabinete y preguntó quién estaba ahí para ser candidato a futuro. Y les marcó a todos: ‘si alguno quiere ser candidato a algo es el momento de decirlo así no sigue. No estoy en contra de que sea candidato, sino que no priorice esta gestión’. Eso es lo que ahora no se ve», contó la fuente.

    En El Panal algunos no coinciden de manera lineal con este argumento, aunque sí están al tanto de la preocupación de Llaryora por la gestión de la Ciudad y dicen que el gobernador decidió regular las recorridas por los barrios de la capital cordobesa porque se encontró con dos síntomas: el primero, le piden que vuelva a la Ciudad; el segundo, le recuerdan que él dejó a Passerini.

    Por último, hay encuestas en Córdoba donde marcan que, de las tres gestiones -Nación, Provincia y Municipio-, el único que tiene la imagen negativa por encima de la positiva es Passerini. «En los otros dos casos hay valores que tienen una diferencia, pero en un comparativo sobre las tres administraciones lo que queda en evidencia es que Passerini tiene la negativa por encima de la positiva. Y eso, a menos de un año de la elección, preocupa», dijo un consultor.

     

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    El 10 de julio de 1816: cuando empezó el trabajo más difícil de la Independencia

     

    La Independencia no terminó el 9 de julio de 1816. Al día siguiente, las Provincias Unidas seguían rodeadas por guerras, divisiones internas, amenazas externas y un futuro completamente incierto. La historia del verdadero «día después».

    Por Alcides Blanco para Noticias La Insuperable

    Durante generaciones, la historia argentina enseñó a imaginar el 9 de julio de 1816 como una especie de punto de llegada, una jornada en la que un grupo de congresales reunidos en Tucumán declaró la Independencia y, desde ese momento, nació la Argentina tal como hoy la conocemos. Sin embargo, la investigación histórica desarrollada durante las últimas décadas permite reconstruir un escenario muy diferente, mucho más complejo y profundamente humano, porque el verdadero desafío comenzó precisamente al día siguiente, cuando aquella declaración solemne debía convertirse en una realidad política, militar, económica y diplomática en un territorio atravesado por guerras, disputas internas y enormes incertidumbres.

    Lo que ocurrió el 10 de julio de 1816 fue, justamente, el comienzo del trabajo más difícil. La emoción de haber proclamado la ruptura con la monarquía española convivía con una pregunta inevitable que nadie podía responder con certeza: ¿cómo sostener esa independencia frente a un imperio que todavía conservaba ejércitos poderosos, frente a provincias enfrentadas entre sí y frente a un mundo que, lejos de celebrar las revoluciones americanas, buscaba restaurar el viejo orden monárquico?

    Una declaración que todavía debía hacerse realidad

    La sesión del 9 de julio no había resuelto los principales problemas de las Provincias Unidas. El Congreso seguía reunido porque quedaban por discutir cuestiones fundamentales como la forma de gobierno, la organización institucional, la administración de los recursos públicos, la representación política de los distintos territorios y la estrategia diplomática para obtener reconocimiento internacional, un aspecto indispensable para garantizar la supervivencia del nuevo Estado.

    En otras palabras, existía una declaración de independencia, pero todavía no existía una nación plenamente organizada. No había Constitución, tampoco un consenso definitivo sobre el modelo político, y las diferencias entre proyectos centralistas y federales seguían atravesando toda la vida pública.

    La imagen de un país unido detrás de un mismo objetivo pertenece mucho más a la construcción posterior de la memoria nacional que a la realidad de aquellos días, porque el Congreso de Tucumán representaba solamente a una parte de las antiguas jurisdicciones del Virreinato del Río de la Plata, mientras otras regiones permanecían alejadas del proceso político o directamente enfrentadas con el Directorio instalado en Buenos Aires.

    Una independencia rodeada por todos los frentes

    Si el mapa político resultaba complejo, el militar era todavía más preocupante.

    Al norte, las tropas realistas continuaban ocupando buena parte del Alto Perú y mantenían capacidad suficiente para intentar una nueva invasión sobre el actual territorio argentino. La resistencia dependía casi exclusivamente de la extraordinaria guerra de recursos organizada por Martín Miguel de Güemes, cuyos gauchos sostenían una frontera militar mediante tácticas de desgaste que impedían el avance español, aunque a un costo humano enorme para la población del noroeste.

    Mientras tanto, en Mendoza, José de San Martín aceleraba la preparación del Ejército de los Andes, consciente de que la defensa permanente resultaba insuficiente y de que la única posibilidad estratégica consistía en trasladar la guerra hacia Chile y posteriormente hacia el Perú, donde se encontraba el principal centro del poder español en Sudamérica. Aquella expedición todavía era un proyecto que demandaba recursos, hombres, armamento, animales, alimentos y una organización logística sin precedentes para la región.

    En simultáneo, la Banda Oriental se encontraba sometida a la invasión portuguesa iniciada meses antes, mientras las tensiones entre el Directorio y la Liga de los Pueblos Libres encabezada por José Gervasio Artigas impedían construir una estrategia común frente a los enemigos externos. Paradójicamente, el mismo territorio que acababa de proclamarse independiente enfrentaba conflictos militares tanto contra las fuerzas de la Corona española como entre los propios proyectos políticos surgidos de la Revolución de Mayo.

    La independencia, entonces, no eliminó los peligros. Simplemente cambió la naturaleza de la lucha.

    El mundo tampoco jugaba a favor

    A menudo se olvida que la declaración de Tucumán ocurrió en uno de los momentos más adversos para cualquier revolución americana.

    Tras la derrota definitiva de Napoleón en 1815, las principales potencias europeas impulsaban la restauración de las monarquías tradicionales mediante el Congreso de Viena y la posterior Santa Alianza, un sistema internacional diseñado precisamente para impedir la expansión de los movimientos revolucionarios que habían sacudido Europa y América durante las décadas anteriores.

    Desde esa perspectiva, la independencia declarada en Tucumán no contaba con un escenario internacional favorable. España pretendía recuperar sus colonias y buena parte de Europa compartía ese objetivo, mientras las Provincias Unidas carecían todavía del reconocimiento diplomático necesario para consolidarse como un Estado soberano.

    No resulta casual que apenas diez días después, el 19 de julio de 1816, el Congreso decidiera ampliar el texto original agregando la expresión «y de toda otra dominación extranjera», una aclaración destinada a despejar cualquier sospecha de que la ruptura con España pudiera desembocar en la dependencia respecto de otra potencia europea.

    Aquella modificación demuestra que los diputados seguían pensando la independencia como un proceso abierto, susceptible de ajustes conforme evolucionaban las circunstancias políticas y diplomáticas.

    Lejos de la imagen de una obra terminada, el Congreso trabajaba casi diariamente para fortalecer una construcción institucional que todavía era extremadamente frágil.

    La historia suele recordar el 9 de julio como el día en que nació la Independencia argentina, pero el 10 de julio de 1816 recuerda algo igualmente importante y quizá más cercano a la experiencia humana: las grandes transformaciones nunca concluyen con una firma ni con una proclamación solemne, sino que recién empiezan cuando llega el momento de sostenerlas frente a la realidad. Aquellos hombres salieron de la histórica casa de Tucumán sabiendo que no habían llegado a la meta, sino que acababan de asumir una responsabilidad inmensa cuyo resultado todavía era incierto, porque la libertad recién declarada debía defenderse en los campos de batalla, consolidarse en las instituciones, financiarse con una economía devastada y legitimarse ante un mundo que todavía no estaba dispuesto a reconocerla.

     

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