El Intendente Marcelo Orazi se reunió en Buenos Aires con el Presidente del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) Alexandre Roig.
Durante el encuentro, el Intendente puso en conocimiento de Roig la situación por la que atraviesa la Cooperativa La Reginense.
Luego acordaron distintas acciones de manera que el INAES, junto con la Dirección de Cooperativas y Mutuales de Río Negro, evalúe la forma de buscar una alternativa que permita, por un lado, el pago de salarios y, por el otro, la puesta en funcionamiento de la empresa.
Hay una historia que pinta de cuerpo y alma al flamante jefe de Gabinete. Corría el año 2009. Diego Santilli acababa de conseguir su primer cargo ejecutivo en el Gobierno porteño: ministro de Espacio Público. El jefe de Gabinete era Horacio Rodríguez Larreta y veía al Colo como un posible competidor para la sucesión de Mauricio Macri. Larreta había centralizado toda la comunicación y la pauta publicitaria en su figura. Era habitual verlo en las pantallas de las estaciones de subte, incluso más que a Macri. Santilli quería hacerse más conocido, pero la orden era dejarlo afuera. Hasta que descubrió que en el contrato de la basura había un fondo destinado a fomentar la ecología y el reciclado. Y se mandó, esquivando el cerco de Larreta. Ahí fue cuando en los cines se vio a Santilli, promoviendo el cuidado del ambiente. Y usó el Ministerio para empezar a promover su propia imagen.
Otros tiempos.
Santilli llega hoy a la jefatura de Gabinete reconvertido al credo de la extrema derecha y con la idea de relanzar el Gobierno de La Libertad Avanza, aceitar los contactos políticos y cimentar su camino a la gobernación bonaerense o a la jefatura de Gobierno porteña, dos destinos que —en su momento— Macri le negó.
Entrador, campechano, Santilli es el prototipo de operador político: un político profesional que destina horas a almuerzos, cafés, y rosca sin mezquinar tiempo. Es todo lo que Milei decía despreciar y, para hacer un salto temporal, Macri como presidente también: los rosqueros eran “los orcos”, que se metían en el barro, y los “elfos” eran la nueva política. Milei trocó esa división en “casta” y “argentinos de bien”. Lo que queda claro: Santilli es alguien que sabe meterse en el barro de la política. Y ambos presidentes lo necesitaron.
Durante bastante tiempo, en las usinas de LLA, gastaron a Santilli por acompañar desde el discurso sin nada a cambio. Era, para bosses trolls como El Gordo Dan, un cero a la izquierda, un arribista. Pero todo cambió el año pasado cuando logró ir tercero en la boleta bonaerense —después de Karen Reichardt— como parte de un acuerdo entre LLA y el PRO que negoció Cristian Ritondo (otro personaje importante en la vida política de Santilli). Luego vinieron las revelaciones del pago de Fred Machado a José Luis Espert y “El Profe”, al que Milei —sin escuchar las advertencias— le había dado la cabeza de la boleta, se cayó.
Entonces Karina Milei eligió a Santilli para que encabezara la campaña. No se privó de nada: hizo spots diciendo “para votar al Colorado, marcá al Pelado”, fue al programa del Gordo Dan y se comprometió a pelarse si ganaba la elección. Finalmente, con la victoria bajo el brazo, se cortó un poco el pelo en los estudios de Carajo. Ese rapado fue como su bautismo: ya era un mileísta más.
Cuando lo nombraron ministro de Interior, comenzó a acumular poder internamente, pese a que Adorni le hacía la marca personal (al principio, quería estar en todos los encuentros que el nuevo ministro tenía con los gobernadores). De hecho, cuando lo nombraron, le recortaron funciones a su ministerio para que tuviera poco manejo de áreas con caja.
Pero todo esto fue lo que se vio públicamente. Detrás hubo horas y más horas de trabajo de artesano para construir relaciones personales de confianza con los principales actores de LLA. De rosca, vamos. Fue construyendo un lugar que pocos tienen: puede hablar con Karina Milei y con Santiago Caputo, además de con el presidente. Ese fue su principal valor: al elegirlo, ningún sector de la interna oficialista resigna nada.
¿Cómo lo hizo?
Cuando Milei asumió como presidente, Santilli era diputado. A diferencia de otros dirigentes del PRO, giró su discurso público hacia la prédica anticasta y comenzó a tuitear como el más libertario. Al punto de que los compañeros de bancada PRO lo gastaban: “El Colo se sobregiró”, decían. El Colo, más bien, leyó los tiempos.
Junto con Cristian Ritondo se convirtió en uno de los dirigentes que más trabajó para tender puentes entre amarillos y violetas. Con extensa experiencia parlamentaria, los dos trabajaron más que los mileístas para que se aprobara la Ley Bases. Hicieron la mayoría de los acuerdos luego de la gaffe de Oscar Zago —entonces jefe de bloque— que terminó con la caída de la primera Ley Ómnibus.
Hubo una suerte de división de frentes con Ritondo: mientras el jefe de la bancada PRO estableció una relación cercana con Santiago Caputo, Santilli fue por el karinismo. El Colo cimentó sus vínculos con los Menem: primero fueron cenas con Lule y con Darío Wasserman, titular del Banco Nación y marido de Pilar Ramírez, la lugarteniente porteña de la secretaria general de la Presidencia. De esas cenas empezó a participar la hermanísima. Y luego Santilli comenzó a compartir comidas mano a mano con ella. Ninguno de esos encuentros se filtró a la prensa, algo que ayudó a construir una relación de confianza mucho antes incluso de asumir un cargo en el gabinete. Fueron dos años de construir vínculos. Sobre esa construcción llegó Santilli al lugar donde está hoy. Convergieron la astucia del Colo con la tendencia del gobierno a incendiarse: siempre Santilli aparece para apagarles el fuego. Un operador sonriente, dispuesto y útil. Así fue, también, como se ganó un lugar en la mesa política del Gobierno.
La primera negociación electoral de la que tuvo que participar fue con Sebastián Pareja, hombre duro de la hermanísima, que lo relegó al tercer lugar en la lista con la idea de esconderlo. Es el contrincante de Santilli por la gobernación bonaerense. Salvo que el Colo dé un giro y vuelva a su primer amor: la jefatura de Gobierno porteña (algo que por ahora niega).
Peronista y millonario
De chico la pasaba mal por ser pelirrojo. Un compañero grandote “como King Kong” lo jodía todos los días: “Fideos con tuco, fideos con tuco”. Hasta que El Colo le dio una buena patada en la entrepierna. No fue la única vez que su color del pelo fue el protagonista: una vez, con otros amigos traviesos del colegio, tiraron huevos e intentaron huir. Pero el cura del colegio lo cazó al vuelo después de correrlos tres cuadras. Le gritó: “Dejá de correr, Santilli, que vos sos colorado y ya te reconocí”. Estuvo un año entero sin recreo.
Hijo de una familia acomodada de Palermo, Santilli se fue y volvió de la casa paterna hasta los 32 años. Se recibió de contador público en la UBA y después hizo posgrados afuera: Marketing en Berkeley; Mercados de Futuros y Opciones en el Instituto de Industrias Futuras en Washington, y Administración y Gestión Pública en la Escuela de Administración Pública de París. Terminó su ciclo en el exterior trabajando como broker en el World Trade Center: lo recordó en una entrevista que le hice hace tiempo: “Había comenzado a funcionar el mercado de opciones y futuros (Commodity Futures Trading Commission) y era uno de los mercados más volátiles con los que las empresas se financiaban. Me fui a operar en las Torres Gemelas, en el pit, el recinto de transacciones. Es igual que en las películas. Me iba bien porque estaba acostumbrado a la volatilidad argentina”.
Su jefe de ese entonces murió en el atentado del 11 de septiembre. “Para entonces era director del Banco Ciudad. Llegué a mi despacho y tenía un televisor chiquito, de 14 pulgadas, detrás de una puerta de madera. Entonces, vengo entrando y veo una torre incendiada y un avión que se estrella contra la segunda. Y digo: ‘No me acuerdo de esta película. No la vi esta’. Y después me di cuenta que estaban transmitiendo en vivo. No lo podía creer. Era donde había laburado”, cuenta Santilli.
Volvió a la Argentina en 1994 y se reinsertó en el peronismo. De nuevo, Santilli: “Me acuerdo que me llamó la atención cuando iba a Ciencias Económicas en la UBA que no veía representado al peronismo. Era todo Franja Morada. Ahí me puse a militar en la Juventud Peronista. Me metí a hacer lo que hace todo el mundo cuando empieza: militar en la Unidad Básica, repartir volantes, alguna pintada en algún paredón que en ese momento eran grandes. Ahora, cada vez quedan menos. No era bueno como letrista. Tal vez con algún blanqueado anduve bien, pero como letrista no era bueno”.
En política tuvo ayuda de su padre, Hugo Santilli, dirigente peronista y de River Plate. Fue uno de los doce que apoyaron a Carlos Saúl Menem para derrotar a Antonio Cafiero en la interna. Menem recompensó a Hugo Santilli con la presidencia del Banco Nación. Pero Santilli se terminó yendo, principalmente por sus diferencias con Domingo Cavallo. En la Capital, el padre de El Colo peleó contra Carlos Grosso, pero perdieron con el peso que sumó Franco Macri. Era un peronista histórico: trabajó para el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, en el ministerio de Bienestar Social. Se peleó con José Lopez Rega y tuvieron que huir a Córdoba con toda la familia.
También el paso de Santilli padre por la presidencia de River dejó historias que marcan al Colo. En una oportunidad, en la cancha de Ferro, el entonces presidente del club le pidió al comisario que bajara a unos hinchas que estaban colgados moviendo el alambrado y los oficiales le respondieron: “Señor, ese es su hijo”.
“Una vez, mi viejo se iba en una gira – recuerda el Colo – me dio la llave del despacho para buscarle algo y veo quince remeras. Pensé que eran para regalar. Nos llevamos una remera cada uno y nos fuimos a jugar a la plaza Chile con mi hermano. Cuando fue a la gira no estaban las remeras y casi se arma un lío con Adidas, hasta que mamá nos vio. Eran las de los jugadores”.
Del menemismo al PRO
En los noventa, cuando volvió a la Argentina, mezcla de yuppie y dirigente peronista —muy en la vibra del menemismo—, Santilli se metió de cabeza en el PJ comandado por Miguel Ángel Toma, que fue su padre político y el de Ritondo. Se sumaron a la campaña de “Palito” Ortega presidente (allí Santilli coincidió tanto con Sergio Massa, como con Jorge Capitanich y Horacio Rodríguez Larreta).
A mediados de los noventa Santilli recaló en la dirección de Migraciones, a cargo de Hugo Franco. Luego fue al Instituto de Previsión Social de Buenos Aires, nombrado por el entonces gobernador Carlos Ruckauf junto a Larreta. Desembarcó allí de la mano de Gustavo Béliz. Fue entonces cuando conoció a su primera esposa, la periodista Nancy Pazos, quien apuntaló su carrera política; con ella tuvo tres hijos. Desde 2014 está en pareja con la ex modelo y empresaria Analía Maiorana.
En 2003, la dupla Ritondo-Santilli acompañó a Daniel Scioli como candidato a jefe de gobierno porteño, pero Néstor Kirchner se llevó a Scioli como compañero de fórmula. Allí se encontró con un límite dentro del PJ porteño: Alberto Fernández.Recordó: “Fueron épocas durísimas. Entró a Diputados a reemplazar a Daniel Scioli, que se va y deja una vacante. Era muy duro: rodeaban el Congreso, las sesiones era difícil que sucedieran, estaban las asambleas. Ahí conozco bastante a Eduardo Duhalde, tengo una relación mucho más importante. Él era presidente y yo secretario de la comisión de Presupuesto. Un montón de temas me tocó trabajarlos con él”.
Fueron los años en que empezaron a tomar cuerpo los proyectos políticos de Néstor Kirchner y Mauricio Macri. Entonces Santilli eligió e hizo su movimiento: “Ahí tenés un grupo del peronismo que va a buscarlo a Kirchner para ser candidato a presidente. Ese grupo lo comandaba Alberto Fernández, que tenía una enemistad manifiesta sobre mi persona. No sé por qué. Será porque le gané la interna en la Ciudad. Entonces, dije: ‘Acá no tengo ninguna posibilidad de construir y de crecer’. Y ahí fui a buscarlo a Mauricio. Él tenía valores más parecidos a los míos que los del kirchnerismo.”
Así se sumó a un partido naciente llamado Compromiso para el Cambio, junto con Ritondo y Juan Pablo Schiavi. Conoció a Macri, con el que realmente nunca terminó de llevarse bien. Fueron épocas de Santilli desarrollando su muñeca política como vicepresidente primero de la Legislatura. Eran comunes los “acuerdos de los Diegos”, por Santilli y el entonces jefe del bloque kirchnerista, Diego Kravetz.
Pero Santilli quería llegar a un cargo ejecutivo y lo logró en 2009, cuando Macri lo nombró ministro de Espacio Público, cargo que luego tuvo que dejar para ser senador. Mientras tanto, intentó hacerse más conocido y empapeló la ciudad con portadas del libro para chicos Familia Verde, que publicó en 2014, para reforzar su perfil ecologista. “Me gustaría ser el Al Gore de Macri, por su trabajo con el ambiente”, me decía en esa época. De nuevo, otros tiempos.
La relación con Rodríguez Larreta, que era tirante, mejoró mucho. Al punto que conformaron una fórmula para ganarle a Gabriela Michetti en la interna PRO. Lo acompañó como vicejefe en dos gestiones. La segunda le cerró la posibilidad de ser candidato a jefe de Gobierno, porque la Constitución porteña impide presentarse después de dos mandatos, ya sea como jefe o vicejefe.
Espiado por el uno
Cerrado su sueño de ser jefe de Gobierno, Santilli se volcó a la provincia de Buenos Aires. En 2023 compitió por la gobernación, pero Macri y Patricia Bullrich apoyaron a Néstor Grindetti, que le ganó la interna. Era la segunda vez que Macri lo dejaba fuera de competencia.
El punto de no retorno con Macri fue cuando se conoció que el grupo de espías llamado “Super Mario Bross” había tenido como uno de sus objetivos a Santilli. Uno de los agentes involucrados en el espionaje ilegal era Alan Ruiz, que fue grabado sin su conocimiento hablando sobre el Colorado: “El uno le bajó el dedo a Santilli. Santilli gastó 1.600.000 de dólares el año pasado. Y no usa tarjeta de crédito. Es un narco. No hay forma que tenga… No, no. Me refiero a la operatoria. No hay forma que justifique el nivel de vida que tiene. Se fue con su pareja a Dubái. Se fue con las hijas de la pareja nueva, con la suegra, con la mujer. Se fue con dos amigos. Pagó 260 mil dólares, así de una, el hotel, el avión. O sea, tiene un nivel de vida que no da con lo que gana nadie”.
Ruiz también mencionaba una mudanza de la suegra de Santilli desde Pompeya a un departamento en la calle República Árabe Siria, en una de las zonas más elegantes del territorio porteño. “Le metimos un flaco de una empresa de limpieza”, se jactó.
Santilli se presentó como querellante contra los espías de Macri en 2020. El macrismo intentó vender que habían sido “cuentapropistas”, que espiaban y extorsionaban sin seguir órdenes de sus superiores. Ya separada de Santilli, Nancy Pazos nunca lo creyó: “Cuando Macri mandó a espiar a mis hijos fue mi límite, y queda clarísimo que no eran cuentapropistas”. Santilli y su familia fueron espiados desde julio de 2018, con seguimientos a los integrantes. Anotaban a donde iba, en qué auto se movía y con quienes se juntaba. En código, le decían a Santilli “el objetivo pibe”. Ruiz les decía que era por una causa por enriquecimiento ilícito, pero Santilli no tenía ninguna.
Lo máximo que llegó a tener fue una aparición de offshores en las investigaciones internacionales conocidas como Panamá y Paradise Papers. Ahí se mencionaron 14 cuentas vinculadas a su familia. Santilli explicó que dos eran de su hermano, una era una vieja empresa que tuvo con Nancy Pazos (vendía quesos y dulces) radicada en la Argentina que cerró en 2014 y la única que seguía siendo de él era Sanfor Investment SA.
De hecho, en su declaración jurada de 2020, declaró un patrimonio total de $17.955.421 ante las autoridades porteñas. Señaló que tenía el 50 por ciento de Sanfor Investment SA (el resto es de su padre y su hermano), que se dedica al desarrollo inmobiliario y la construcción.
Después del espionaje, no es raro que la relación con Macri no sea del todo buena. Santilli no le pidió permiso ni para ser ministro del Interior de Milei, ni para ser jefe de Gabinete. Sí lo llamó antes de asumir, porque buscará tender puentes para una alianza del PRO y LLA en 2027. “Pero no es empleado de Macri”, aclaran en su entorno.
Cuatro días después de asumir como Jefe de Gabinete de Milei, Santilli dio una entrevista con La Nación donde dejó en claro su lejanía con el partido amarillo: “Yo soy del proyecto del Presidente, quiero que reelija, quiénes son los candidatos de PRO es un tema de PRO”.
Quien también puso en duda la honestidad de Santilli y su patrimonio fue el propio Presidente. En enero de 2023 además de insultarlo, decía que tenía que “explicar su estilo de vida”. En mayo de 2023, Milei dijo: “Yo no tengo la culpa si Juntos por el Cargo tiene un pésimo candidato, horrible, como el caso de Santilli, que es un engendro que estaba en Capital y lo pasaron a Provincia. La gente se da cuenta cómo se mueve por los negocios cierta parte de la política y es lógico que tenga ese rechazo”. Algunos meses más tarde, tuiteó: “No hay nadie que no diga que (Santilli) es un corrupto”, y reafirmó que es quien “se pagaba la fiesta de cumpleaños con la tuya” y que integraba “un pantano de corrupción, delincuencia, y vínculos con el crimen organizado, manejada por los mismos de siempre hace décadas”.
De ahí, a nombrarlo ministro del Interior en noviembre del año pasado y ahora, jefe de Gabinete. Otro salto más en una carrera que ya acumula varios partidos y varios gobiernos.
El gobierno oficializó a Rodrigo Sbarra como viceministro de Salud tras la renuncia de Guido Giana y ahora se arriesga a otro caso Adorni con un funcionario que se fue del gobierno de Macri envuelto en un escándalo y con un crecimiento patrimonial también difícil de explicar.
Sbarra, que
se desempeñaba como subsecretario de Coordinación Administrativa, ahora fue nombrado secretario de Gestión Administrativa del Ministerio de Salud, virtual número dos de Mario Lugones, y tendrá a su cargo el manejo del monumental presupuesto de la cartera sanitaria.
El nuevo viceministro no es un desconocido de la política. Durante el gobierno de Cambiemos fue subsecretario y secretario de Coordinación del Ministerio de Producción que conducía Francisco «Pancho» Cabrera y luego continuó con Dante Sica. Como ahora, en ese cargo era el encargado de las compras y contrataciones de la cartera.
Sbarra saltó a la fama poco después de su salida de la función pública cuando en lo que era su despacho encontraron un sobre con 10 mil dólares con anotaciones como el nombre de una empresa y fechas. El exfuncionario denunció una operación y dijo que el dinero fue plantado. Una cuestión que en ese momento llamó la atención fue que el despacho de Sbarra tenía llamativas medidas de seguridad y era difícil acceder.
Sbarra fue denunciado y el fiscal Gerardo Pollicita lo investigó durante tres años por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. En diciembre de 2023, tres días después del cambio de gobierno, lo sobreseyó con el argumento de que su situación económica justificaba la tenencia de esos 10 mil dólares y los otros bienes que descubrieron.
Sbarra saltó a la fama poco después de su salida de la función pública cuando en lo que era su despacho encontraron un sobre con 10 mil dólares con anotaciones como el nombre de una empresa y fechas
Pero en el camino de la investigación saltaron varias cosas llamativas. Primero, que la justicia determinó que el sobre con los 10 mil dólares era suyo y no plantado, como sostuvo. Pero, principalmente, los bienes sin declarar que le aparecieron, como un lote de 1000 metros cuadrados en Nordelta que había comprado en 2016 por 180 mil dólares y no declaró.
Con los números de la época, Sbarra ingresó al gobierno nacional en 2015 con un patrimonio declarado de poco más de 1 millón de pesos, que correspondía casi por completo a un departamento en CABA, y se fue en 2019 con bienes declarados por más de 30 millones de pesos, entre ellos un Mini Cooper y depósitos en el extranjero.
Luego de algunas rectificaciones de sus declaraciones juradas por «omisiones», Pollicita lo sobreseyó en diciembre de 2023. Meses después, el gobierno de Milei lo rescató y lo designó subsecretario de Gestión Administrativa de la Jefatura de Gabinete, otra oficina encargada de compras y contrataciones.
La última declaración jurada de Sbarra, que presentó en 2024, sostiene que es propietario de una casa y dos lotes en Navarro, dos departamentos y una cochera en Caba, tres lotes en Escobar, dos SUV Volvo, varias cajas de ahorro en Argentina, una cuenta en dólares en el exterior, dinero en efectivo y acciones en dos firmas. Todo eso con una trayectoria laboral casi exclusivamente sostenida en diversos cargos menores en la función pública nacional y porteña.
Mario Lugones
Sbarra es el tercer viceministro de Lugones, después de Giana y Cecilia Loccisano. La Secretaría de Gestión Administrativa es un lugar clave porque allí pasan todas las decisiones sobre el presupuesto de Salud. El cargo se ha convertido en una silla eléctrica.
El Ministerio de Salud ha quedado atravesado por la mayoría de los escándalos de corrupción del gobierno de Milei, como las coimas en Andis, las contrataciones irregulares en Osprera, y los sobreprecios en las compras de medicamentos a laboratorios como el de los Kovalivker.
El nuevo vocero del gobierno, Adrián Ravier, se metió en el terreno espinoso de la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo y sugirió que Javier Milei fue candidato a presidente gracias al asesor.
Ravier dijo que le cuesta «hablar de interna», pero elogió a Caputo en base a diálogos con el propio presidente donde ubican al asesor como el cerebro de todas las iniciativas y a Karina como quien maneja la política.
«Cuando yo le pregunto por Santiago Caputo en alguna oportunidad, él me dijo que en en el momento en que se estaba preguntando si competir por la Ciudad de Buenos Aires o por la Presidencia, fue Santiago Caputo junto a Milei los que decidieron que era más fácil ganar la Nación que ganar la Ciudad», comentó Ravier en una entrevista con Luis Majul.
«Esto es importante para ver, digamos, esa recomendación de Santiago Caputo», eligió destacar Ravier, casi adjudicándole al asesor la presidencia de Milei.
«Segundo dato de Santiago Caputo. Cuando todos los asesores le decían al presidente ‘modérese, abandone esa esencia de patear el tablero que usted tiene’, fue Santiago Caputo el que le dijo ‘no pierdas tu esencia’. Y hoy es el asesor todavía y creo que con mucho éxito, ¿no? La figura de Santiago Caputo como amigo y asesor es clave», destacó Ravier.
Luego, Ravier dijo que «tener a Karina en la parte política le permite a Milei descansar de algo complejo», pero enseguida aclaró que «por supuesto las decisiones las toma el Presidente». El nuevo vocero resaltó el trabajo de la secretaria en el armado territorial de La Libertad Avanza.
Ravier viene de la Fundación Faro que controla Caputo y su designación fue tomada como un triunfo propio de Las Fuerzas del Cielo. El asesor estuvo el martes en la primera conferencia de prensa del vocero y fue quien ideó la nueva escenografía, idéntica a la de la Casa Blanca.
Además, Caputo tuvo que utilizar a la Oficina de Respuesta para salir a aclarar el primer traspié de Ravier, que siguiendo la línea Adorni se burló de la gente que no puede pagar las tarifas: «Los que no puedan pagar el gas se van a tener que abrigar».
En la entrevista con Majul, Ravier también hizo agua al intentar defender a su antecesor. «Adorni mintió y se contradijo», lo apuró el periodista. «¿Usted cree, Luis, que mintió?», le respondió con sonrisa sobradora. «Sí, sí, a mi me mintió en la cara. Me dijo que tenía los papeles, que los iba a presentar rápidamente y ni tenía los papeles ni los presentó rápidamente», lo cruzó el conductor. El nuevo vocero se quedó sin palabras y respondió que «la imagen política de Adorni cayó, la opinión pública no le creyó».
A las pocas horas de que la Municipalidad adjudique la obra por más de $12.600 millones para la construcción de un parque acuático en la Costanera Norte de Rosario, la Justicia ordenó la suspensión de la obra a partir de la presentación impulsada por el bloque que lidera Juan Monteverde.
La resolución dispuso una medida precautelar que suspende el Decreto 715/26 y todos los actos administrativos hasta que se defina qué juzgado será competente para tramitar las distintas demandas contra la iniciativa.
La decisión representa un revés para el intendente que venía de superar el principal obstáculo político que enfrentaba el proyecto. La semana pasada, el peronismo y Ciudad Futura habían intentado convocar una sesión especial en el Concejo Municipal para suspender la obra, pero el intento fracasó por falta de quórum. La Libertad Avanza decidió no bajar al recinto y evitó quedar alineada con la estrategia opositora de Monteverde.
Pablo Javkin y María Eugenia Schmuck, presidenta del Concejo Municipal
Tras ese revés político, el municipio avanzó con la adjudicación de la obra a la unión transitoria de empresas integrada por Obring S.A. y Depaoli & Trosce Constructora. En el Palacio de los Leones consideraban que el proyecto había logrado superar la etapa más conflictiva y que sólo restaba el inicio de los trabajos.
Sin embargo, la disputa se trasladó a los tribunales. Ciudad Futura presentó un recurso de amparo cuestionando la legalidad del proceso y reclamando la suspensión de la licitación. En paralelo, los libertarios encabezados por Juan Pedro Aleart también impulsaron una acción judicial propia, aunque por carriles distintos.
El juez destacó en su resolución que actualmente existen al menos cuatro expedientes judiciales distintos que cuestionan el mismo proyecto con un denominador común: anular el decreto y el proceso licitatorio.
Entre los principales cuestionamientos aparece la presunta omisión de un «Plan de Detalle» debería ser aprobada previamente por el Concejo Municipal para habilitar una intervención de estas características sobre un área de reserva de la costa rosarina. También se objeta el impacto sobre el espacio público y la eventual privatización de sectores del borde ribereño.
El magistrado consideró que existe riesgo de que la discusión judicial se vuelva abstracta si las obras continúan avanzando mientras se resuelve la disputa de competencia entre juzgados. Según señaló, ya se habían iniciado tareas en el predio y la adjudicación de la obra se encontraba formalmente concretada, lo que justificaba adoptar una medida urgente para evitar eventuales daños irreversibles.
Render del proyecto original que luego fue modificado por las críticas opositoras
A pesar de ello, el juez se declaró incompetente para definir en el amparo de Monteverde, pero consideró que todas las causas deberían acumularse en un mismo expediente explicando que todo nacen de un único hecho generador: el decreto y adjudicación del Parque.
Como el titular del Juzgado de la 7ma Nominación rechazó hacerse cargo del expediente, el conflicto será ahora resuelto por la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Rosario, que deberá determinar qué juzgado continuará con el trámite.
Hasta que eso ocurra, la medida precautelar seguirá vigente y mantendrá suspendido el decreto de Javkin y lo que la oposición no logró conseguir en el Concejo Municipal lo hizo en tribunales.
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