El Intendente Marcelo Orazi recibió este martes al vicegobernador de la provincia Alejandro Palmieri. Durante el encuentro analizaron el desarrollo de estos primeros meses del año, la situación actual en el marco de la pandemia por COVID-19 y distintos aspectos vinculados a la relación entre el Municipio local y el trabajo legislativo.
En este marco, el Intendente Orazi le brindó al vicegobernador detalles de las gestiones que se vienen realizando ante el Gobierno provincial y también ante Nación, además de expresarle su agradecimiento por el acompañamiento permanente a las acciones desarrolladas por el Ejecutivo municipal.
Luego, Orazi y Palmieri recorrieron la obra de remodelación de la calle Libertad que se encuentra en la etapa final con la preparación del terreno para proceder a la pavimentación del tramo faltante. En este sentido, el vicegobernador destacó que “esta obra es una muestra de la coordinación de esfuerzos entre el Estado provincial y el Municipio de Villa Regina, ya que se trata de una obra delegada”.
Tras el encuentro con el Intendente, Palmieri se trasladó al Concejo Deliberante, oportunidad en la que se firmó el convenio para mejorar la digitalización del Digesto Municipal.
Mientras el Gobierno vende la derogación de normas “ridículas” como parte de una limpieza burocrática, en el paquete aprobado en Diputados aparecen leyes vinculadas a soberanía tecnológica, producción pública de medicamentos y control estatal sobre contratos con multinacionales. Detrás de la motosierra administrativa emerge otro objetivo: desmontar herramientas históricas de regulación sobre sectores estratégicos.
Por Celina Fraticiangi para NLI
Federico Sturzenegger eligió una puesta en escena eficaz. Habló de leyes sobre palomas mensajeras, registros absurdos, microfilmaciones olvidadas y regulaciones de otra época para justificar la llamada “Ley Hojarasca”. El relato oficial funciona porque mezcla normas efectivamente obsoletas con otras que, lejos de ser decorativas, todavía expresan una determinada idea de soberanía económica y tecnológica.
Entre esas normas aparece una de las menos discutidas públicamente pero más sensibles del paquete: la Ley 22.426 de Transferencia de Tecnología, sancionada en 1981 y orientada a regular contratos entre empresas locales y compañías extranjeras vinculados a patentes, marcas, licencias industriales, asistencia técnica y know how. La norma obligaba a registrar esos acuerdos y permitía al Estado intervenir frente a cláusulas consideradas abusivas o perjudiciales para el interés nacional. En otras palabras, el Estado conservaba capacidad de supervisión sobre relaciones comerciales donde históricamente existieron enormes asimetrías entre corporaciones multinacionales y empresas argentinas.
La derogación podría pasar inadvertida si no fuera porque uno de los sectores más atravesados por contratos de transferencia tecnológica es justamente el farmacéutico. Patentes, fórmulas, licencias, propiedad intelectual y derechos de fabricación forman parte del corazón económico de los grandes laboratorios internacionales. Y ahí es donde el proyecto libertario empieza a mostrar una coherencia política mucho más profunda que la simple eliminación de “normas viejas”.
El Gobierno no sólo impulsa la caída de la Ley 22.426. También busca derogar la Ley 26.688, que declara de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos y respalda jurídicamente a laboratorios estatales nacionales y provinciales. La combinación resulta difícil de leer como una casualidad: menos capacidad estatal para controlar contratos tecnológicos, menor respaldo político a la producción pública y una apertura cada vez más amplia a corporaciones extranjeras en sectores estratégicos.
La cuestión farmacéutica ocupa desde hace décadas un lugar central en la política exterior de Estados Unidos. Washington históricamente impulsó esquemas de protección de propiedad intelectual favorables a grandes laboratorios multinacionales, especialmente en debates sobre patentes, genéricos y regulación sanitaria. En Argentina, esas tensiones reaparecieron una y otra vez alrededor del acceso a medicamentos, la fabricación estatal y la capacidad del país para desarrollar tecnología propia sin depender completamente de compañías extranjeras.
En ese contexto, las derogaciones promovidas por Milei adquieren otra dimensión. Ya no se trata solamente de “desregular”. Lo que emerge es un cambio de paradigma: pasar de un modelo donde el Estado retenía herramientas de control sobre sectores estratégicos a otro donde esas relaciones quedan prácticamente libradas al mercado y a la capacidad de negociación de grandes actores privados.
La narrativa de la “hojarasca” cumple entonces una función política precisa. Mientras la discusión pública gira alrededor de leyes extravagantes y normas olvidadas, avanzan modificaciones sobre estructuras sensibles vinculadas a medios de comunicación, soberanía tecnológica, patrimonio cultural y producción sanitaria. El paquete aparece diseñado para licuar el debate político detrás de una estética antipolítica basada en la idea de “limpiar privilegios” y eliminar regulaciones absurdas.
La Ley 22.426 nació en un período marcado por discusiones sobre dependencia tecnológica y fuga de divisas. En aquellos años, buena parte de América Latina debatía cómo impedir contratos abusivos donde empresas extranjeras imponían regalías excesivas, restricciones productivas o mecanismos de subordinación económica a compañías locales. Con el tiempo, varias de esas herramientas fueron perdiendo peso práctico por reformas posteriores, pero su existencia seguía representando una concepción política concreta: entender la tecnología y el conocimiento como áreas estratégicas y no simplemente como mercancías sujetas al poder del mercado.
Ahí aparece el verdadero núcleo ideológico del proyecto libertario. Muchas de las normas incluidas en la “Ley Hojarasca” no son derogadas porque hayan quedado inútiles, sino porque expresan principios incompatibles con la lógica política de Milei: intervención estatal, regulación económica, protección de sectores estratégicos y defensa de herramientas de soberanía nacional.
Por eso, detrás de la supuesta limpieza administrativa, empieza a asomar algo bastante más profundo que una depuración burocrática. Empieza a discutirse qué margen de autonomía conserva un país cuando renuncia voluntariamente a regular áreas donde se juegan salud, tecnología, comunicación y poder económico.
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Recrudece la polémica por el manejo de la recolección de residuos en la provincia. Tras el reciente conflicto en Villa Gesell que amenazó con trasladarse a otros distritos, ahora en la Federación de Municipales, Fesimubo, salieron a pedir la municipalización del servicio, algo que generó una fuerte reacción de Pablo Moyano.
En la mayoría de los municipios el servicio se terceriza a una empresa que tiene a sus trabajadores bajo el convenio de Camioneros, un esquema de larga data que consolidó la influencia del gremio de los Moyano en los territorios.
No obstante, en medio de la crisis que se profundiza con el derrumbe de la recaudación y de la coparticipación, en algunos municipios se tientan con dar de baja esos contratos y hacerse cargo del servicio para achicar costos.
En esa línea fue el titular de Fesimubo, Hernán Doval: «Hay que remunicipalizar la recolección de residuos sólidos, porque el servicio de las empresas privadas se lleva gran parte de los presupuestos», dijo durante una reciente reunión de la Federación de Municipales en Balcarce.
«Los Municipios pueden brindar el servicio pagando un tercio de lo que pagan hoy con la plata de los vecinos», agregó.
El planteo de Doval representa un desafío directo a un tradicional bastión de poder de Camioneros que, en defensa de ese esquema, viene de plantarle una protesta en la puerta del municipio a un intendente del riñón de Axel Kicillof (el geselino Gustavo Barrera) e, incluso, llevó el reclamo al despacho del gobernador.
«Doval actúa como jefe de prensa de sus patrones, de los intendentes, pidiendo la municipalización total de la recolección de residuos y barrido manual de calle», acusó Pablo Moyano, al advertir que el titular de los Municipales «pide la precarización de los trabajadores de recolección de residuos».
Moyano focalizó en la diferencia entre lo que percibe actualmente un trabajador de recolección bajo convenio de Camioneros y lo que podría percibir, de pasar al régimen municipal: «Este personaje quiere achicarles el salario a casi el 50%, como cobran los municipales, no lo vamos a permitir», dijo el camionero.
«¿Qué diferencia hay entre Caputo, Sturzenegger, Adorni, Jorge Macri y este señor Doval?», agregó Moyano, que acusó a Doval se querer aplcar la reforma laboral «contra los trabajadores de la recolección».
Fuentes cercanas a Pablo Moyano señalaron a LPO que el planteo de Doval «puso como loco» al dirigente camionero y acusaron al municipal de lanzar esos dichos «para estar en escena» en un contexto donde -admitieron- «hay problemas en muchos municipios, situaciones económicas graves».
«Muchos esperaban que Barrera gane la batalla», agregó un dirigente de Camioneros consultado, que sostuvo que, de haberse municipalizado el servicio en Gesell, se habría disparado un efecto dominó en otras comunas. «Venimos de un conflicto muy grande en Villa Gesell que lo defendimos con huevos», dijo Moyano.
Cerca de Pablo Moyano señalaron a LPO que el planteo de Doval «puso como loco» al dirigente camionero y acusaron al municipal de lanzar esos dichos «para estar en escena» en un contexto donde -admitieron- «hay problemas en muchos municipios»
En Camioneros señalaron que el conflicto de Villa Gesell «se solucionó» con la reincorporación de los 45 trabajadores afectados. También se disiparon las tensiones en La Plata, donde se abrió una mesa de diálogo.
Este cortocircuito entre Camioneros y Municipales se contrapone a la estrecha relación que, años atrás, existía entre Hugo Moyano y el otrora mandamás de Fesimuno, Rubén «Cholo» García, que el año pasado le cedió la posta a Doval. «Nunca hubo reuniones con Pablo, no hay feeling», sintetizó una voz de Camioneros sobre la relación con el actual titular de los Municipales.
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