El Intendente Marcelo Orazi reiteró su pedido ante Vialidad Nacional por el estado de la ruta nacional 22 en el tramo comprendido en el ejido de Villa Regina.
En una nota elevada al Jefe del Distrito Río Negro del organismo nacional Gustavo Casas, el Intendente le realizó dos solicitudes. Por un lado, el recambio de alrededor de 150 luminarias que no funcionan en el trayecto mencionado, lo cual, expresó Orazi, reviste un riesgo a la seguridad de quienes transitan por la Autovía.
Por otro lado, el mantenimiento y/o reparación de la cinta asfáltica que presenta desniveles y ondulaciones, fundamentalmente en la intersección de la ruta y calle Pioneros, donde está ubicado el semáforo. “Le menciono que dado el importante deterioro que presenta ha causado accidentes en ese punto estratégico de la ciudad”, indicó el jefe comunal en la nota.
Recordemos que estos temas fueron planteados por Orazi en diciembre pasado en la audiencia que mantuvo con Casas en Viedma.
En la última parte de la entrevista 5×3 de #LaTapa le realizamos a los candidatos dos preguntas en una encuadradas en un marco más personal que refiere a un pensamiento propio. ¿Qué opinión les genera la posibilidad de ejercer cargos públicos de manera indefinida? Y de ser electo como intendente ¿Cómo les gustaría que sea…
Este fin de semana se desarrolló la 42° Fiesta Provincial de la Vendimia en nuestra ciudad y con ella los festejos junto a productores y bodegueros regionales. Te compartimos imágenes de las diferentes actividades y espacios que tuvieron lugar en el marco de los festejos oficiales. Seminario intensivo «Vendimia en tu copa» en la Oficina…
Durante una exposición en Nueva York, Milei reafirmó su alineamiento internacional con Estados Unidos e Israel, declaró a Irán como “enemigo” y aseguró que se siente “orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo”. La frase abre un debate sobre política exterior argentina y sobre el significado del sionismo.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
La declaración se produjo durante una conferencia del mandatario en la Universidad Yeshiva de Nueva York, una institución académica vinculada a la comunidad judía ortodoxa. Allí, ante estudiantes y asistentes, Milei afirmó sin rodeos: “Estoy orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo”.
La frase no fue aislada. En el mismo discurso, el presidente argentino ratificó su alineamiento político con Estados Unidos e Israel en el actual conflicto de Medio Oriente y lanzó una frase que generó polémica y a su vez es peligrosa: “Vamos a ganar la guerra”, en referencia al enfrentamiento que involucra a Israel y a Irán.
“Irán es enemigo”
Durante su intervención, Milei fue todavía más lejos y definió a Irán como enemigo de la Argentina, justificando su postura en los atentados terroristas que sufrió el país en los años noventa.
Según expresó el mandatario, “nos han metido dos bombas, una en la AMIA y otra en la Embajada de Israel. Por lo tanto son nuestros enemigos”, aludiendo a los ataques que dejaron decenas de muertos en Buenos Aires. En esa misma línea, el presidente aseguró que Argentina mantiene “una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel”, reafirmando así el giro diplomático que su gobierno viene impulsando desde el inicio de su gestión.
La exposición duró más de una hora y fue recibida con aplausos por parte del auditorio, integrado en su mayoría por estudiantes.
Qué es el sionismo
La palabra utilizada por Milei tiene un significado histórico concreto. El sionismo es un movimiento político y nacional surgido en Europa a fines del siglo XIX cuyo objetivo fue establecer un Estado judío en la región histórica de Palestina, considerada la tierra ancestral del pueblo judío.
Ese proceso culminó en 1948 con la creación del Estado de Israel, tras décadas de migraciones, conflictos y disputas territoriales en la región. Para sus defensores, el sionismo representa el derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a tener un Estado propio.
Pero el término también genera controversias, especialmente en el contexto del conflicto entre Israel y Palestina, ya que numerosos sectores sostienen que el proceso histórico que llevó a la creación de Israel implicó desplazamientos y conflictos con la población palestina.
Un posicionamiento geopolítico explícito
La frase de Milei no es solo una definición ideológica personal. También constituye una señal diplomática clara en el escenario internacional.
Argentina históricamente sostuvo posiciones relativamente equilibradas respecto al conflicto en Medio Oriente, apoyando en general la solución de dos Estados. Sin embargo, la política exterior del actual gobierno se caracteriza por un alineamiento mucho más directo con Washington y con el gobierno israelí.
En ese contexto, la autodefinición del mandatario como “el presidente más sionista del mundo” refuerza ese giro y abre un nuevo debate sobre el rumbo internacional que está tomando la Argentina y su alineamiento señalando a Irán como enemigo nos pone en situación de riesgo.
Hoy miércoles 24 se da inicio a las muestras de los talleres que se dictan en la Escuela Municipal de Arte. Las mismas comenzarán con el Taller de Batería a cargo de Rubén Fuentes. Será a las 20 horas en el Galpón de las Artes. La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina…
La afirmación de Milei de que “la justicia social es un robo” no es novedosa ni revolucionaria: es la versión más radical de una corriente libertaria minoritaria que la historia económica, la experiencia democrática y los grandes líderes del siglo XX pusieron en discusión. Desde Friedrich Hayek hasta Robert Nozick sostuvieron críticas conceptuales a la redistribución, pero incluso las democracias más capitalistas del mundo terminaron incorporando impuestos progresivos y políticas sociales como condición de estabilidad.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
La frase de Milei se inscribe en una tradición ideológica específica: el libertarismo radical, una corriente que considera que cualquier redistribución forzada por el Estado vulnera el derecho de propiedad. Sin embargo, cuando esa tesis se contrasta con la experiencia histórica concreta de las naciones desarrolladas, el resultado es contundente: no existe un solo país moderno que funcione sin algún grado de justicia social institucionalizada.
El origen intelectual: una tesis extrema y minoritaria
El economista austríaco Friedrich Hayek tituló directamente uno de sus libros The Mirage of Social Justice. Allí sostuvo que el concepto de justicia social es un “espejismo” porque el mercado no tiene voluntad moral; por lo tanto, no puede ser justo ni injusto. Para Hayek, intentar corregir resultados del mercado implica abrir la puerta a una expansión del poder estatal.
Más explícito fue el filósofo estadounidense Robert Nozick, quien escribió en Anarchy, State, and Utopia que “taxation of earnings from labor is on a par with forced labor”, es decir, que gravar ingresos es equiparable al trabajo forzado. Esa es la raíz conceptual más cercana a la frase de Milei.
Pero incluso dentro del liberalismo clásico estas posiciones fueron discutidas. Milton Friedman, muy mencionado por Milei, por ejemplo, defendía el mercado pero aceptaba el impuesto negativo a la renta como mecanismo para asistir a los más pobres. Es decir, reconocía que algún tipo de red de contención era necesaria para que el sistema no colapsara socialmente.
El problema es que el libertarismo puro funciona como construcción teórica, pero carece de evidencia empírica en Estados complejos y democráticos.
La experiencia histórica: sin redistribución no hay estabilidad
Las grandes democracias capitalistas del siglo XX no avanzaron hacia menos Estado luego de las crisis, sino hacia más regulación y más políticas sociales.
Tras la Gran Depresión producto del derrumbe de la bolsa en 1929, Franklin D. Roosevelt sostuvo con claridad que “necessitous men are not free men”, es decir, los hombres necesitados no son hombres libres. El New Deal no fue una concesión ideológica: fue una respuesta pragmática para salvar al capitalismo de sí mismo.
En Europa, incluso líderes conservadores comprendieron la necesidad de incorporar justicia social como principio organizador. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido construyó su Estado de bienestar con consenso transversal. La experiencia mostró que sin cohesión social, el mercado se vuelve políticamente inviable.
El filósofo John Rawls, en A Theory of Justice, planteó el llamado “principio de diferencia”: las desigualdades solo son aceptables si benefician a los más desfavorecidos. No se trata de igualitarismo absoluto, sino de una arquitectura institucional que garantice legitimidad.
La historia económica moderna es clara: los países más desarrollados combinan mercado con impuestos progresivos, servicios públicos universales y mecanismos de redistribución. Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón y los países nórdicos aplican impuestos a la renta, sistemas previsionales solidarios y políticas de bienestar. Ninguno abrazó el ideal libertario puro.
El caso argentino: justicia social como pacto democrático
En la Argentina, la justicia social no fue una consigna abstracta sino una reorganización concreta del vínculo entre capital y trabajo impulsada por Juan Domingo Perón. Derechos laborales, aguinaldo, vacaciones pagas y movilidad social ascendente no surgieron de la espontaneidad del mercado, sino de decisiones políticas.
Reducir ese proceso histórico a la categoría de “robo” implica desconocer que toda organización estatal moderna se basa en impuestos. Sin impuestos no hay educación pública, no hay infraestructura, no hay sistema judicial, no hay defensa, no hay estabilidad monetaria.
El propio desarrollo del capitalismo industrial necesitó del Estado para expandirse: desde la construcción de ferrocarriles hasta la financiación de universidades y sistemas científicos.
Una consigna más ideológica que aplicable
La idea de que la justicia social es un robo parte de una concepción absoluta del derecho de propiedad. Pero en la práctica, ningún país desarrollado sostiene esa tesis en términos absolutos. Incluso los modelos de baja presión fiscal mantienen impuestos indirectos, gravámenes corporativos y algún tipo de política social.
La pregunta central no es si existe redistribución —porque existe en todos los Estados modernos— sino qué nivel de redistribución garantiza estabilidad sin ahogar la actividad económica.
Los grandes líderes del siglo XX no abolieron la justicia social: la institucionalizaron como parte del contrato democrático. La experiencia histórica demuestra que cuando la desigualdad se vuelve extrema, el resultado no es más libertad sino más conflicto.
La frase de Milei, lejos de ser una novedad disruptiva, revive una discusión teórica que ya fue puesta a prueba. Y la evidencia empírica indica que las sociedades más prósperas no eliminaron la justicia social: la regularon, la administraron y la integraron como herramienta de cohesión.
El libertarismo absoluto puede funcionar como consigna. Pero solo es una utopía sin aplicación real en el mundo fuera de la imaginación descontrolada de Milei.
El Intendente Marcelo Orazi encabezó esta mañana la conferencia de prensa del Comité de Crisis de Villa Regina en la que se dieron a conocer las nuevas medidas sanitarias extraordinarias vigentes a partir de este lunes y hasta el 21 de mayo en la ciudad. Las nuevas disposiciones se rigen por lo establecido en el…
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