El Intendente Marcelo Orazi firmó un convenio con el Instituto Crecer que contempla el otorgamiento de becas para capacitaciones destinadas a personas en situación de vulnerabilidad y la posibilidad de acceder a los cursos que brinda la institución tanto a beneficiarios de programas sociales como a no beneficiarios.
En el caso de las becas se otorgarán a personas que la Secretaría de Desarrollo Social estime se les adjudique y quienes resulten beneficiarios podrán elegir entre los siguientes cursos: Secretariado Jurídico Notarial, Auxiliar de Farmacia, Secretariado Ejecutivo y Operador de PC, Administrativo Bancario y Notarial, Auxiliar de Farmacia, Administrativo Bancario y Financiero, Formación de Preceptor – Auxiliar Administrativo – Secretariado Escolar, Secretariado Médico y Hospitalario.
Los beneficiarios de planes sociales tendrán una reducción de la cuota mensual de las capacitaciones y no deberán pagar gastos de inscripción.
En tanto, los no beneficiarios de ningún programa, esto incluye empleados municipales, tendrán de parte del Instituto Crecer una reducción del 50% del monto de inscripción y el monto de la cuota mensual será de $1.500.
El convenio establece que la Secretaría de Desarrollo Social elaborará el listado de quienes resulten beneficiarios.
El inicio de los cursos y capacitaciones será el 5 de abril.
La firma del convenio contó con la participación de la Secretaria de Desarrollo Social Luisa Ibarra y la representante del Instituto Crecer Miriam Troncoso.
El lunes se dio inicio a la Colonia de Vacaciones de Niños que organiza la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina. Esta semana es el turno de los Barrios Don Bosco, Borgatti, Del Trabajo, Cívora, Matadero, Este, Provincial, Namuncurá, Belgrano y 201 viviendas. En este primer día, hubo una sorpresa ya que…
La expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, continúa su ofensiva diplomática para convertirse en la próxima secretaria general de las Naciones Unidas.
Este viernes mantuvo una reunión en París con Emmanuel Macron, uno de los líderes más influyentes en el proceso de selección debido al papel de Francia como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
El encuentro se produjo en el marco de la campaña internacional que Bachelet desarrolla para sumar respaldos de cara a la elección que definirá al sucesor del actual secretario general, António Guterres, cuyo mandato concluye a fines de 2026.
Antes de llegar a Francia, la exmandataria participó en Londres de los diálogos organizados por Naciones Unidas con los candidatos al cargo. La importancia de la reunión radica en que Francia integra, junto con Estados Unidos, China, Rusia y Reino Unido, el grupo de cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con poder de veto.
En la práctica, cualquier candidatura a la Secretaría General necesita evitar el rechazo de estas potencias para avanzar hacia la votación final en la Asamblea General.
Tras el encuentro, Bachelet señaló en sus redes sociales que dialogó con Macron sobre los desafíos globales actuales y presentó su visión para una ONU «fortalecida», capaz de promover la paz, defender los derechos humanos, impulsar el desarrollo sostenible y recuperar la confianza en el multilateralismo.
Bachelet señaló en sus redes sociales que dialogó con Macron sobre los desafíos globales actuales y presentó su visión para una ONU «fortalecida», capaz de promover la paz, defender los derechos humanos, impulsar el desarrollo sostenible y recuperar la confianza en el multilateralismo
Según medios chilenos, la reunión fue cordial y permitió a la exmandataria exponer sus propuestas, aunque el presidente francés evitó realizar una manifestación pública de apoyo, algo considerado habitual en esta etapa del proceso.
La candidatura de Bachelet atraviesa una situación singular. Aunque originalmente fue impulsada por Chile, Brasil y México, el gobierno del presidente José Antonio Kast retiró en marzo el respaldo oficial chileno, argumentando que la postulación era inviable.
Sin embargo, Brasil y México mantuvieron su apoyo, permitiendo que la campaña continuara. Actualmente compiten por el cargo, además de Bachelet, el diplomático argentino Rafael Grossi, la costarricense Rebeca Grynspan y el expresidente senegalés Macky Sall.
La próxima escala de la exmandataria chilena podría ser Rusia, donde buscaría reunirse con el presidente Vladimir Putin para continuar sumando respaldos entre los actores con capacidad de veto en la elección.
En medio de los desafíos globales en la lucha contra el cáncer, CIMAVAX-EGF, la vacuna terapéutica desarrollada en Cuba, sigue destacando como una alternativa innovadora para pacientes con cáncer de pulmón avanzado. Recientes colaboraciones internacionales y ensayos clínicos están ampliando su alcance, aunque su disponibilidad aún es limitada fuera de la isla. ¿Qué es CIMAVAX-EGF y cómo…
Se viene la navidad y el fin de año y en esta fecha es más común aún el uso y abuso de la pirotecnia. Sin embargo, se puede celebrar con felicidad, música y sin ruidos molestos que perjudiquen a los demás. Ya a esta altura es sabido que las mascotas sufren, se asustan, se pierden…
Mientras el Gobierno vende la derogación de normas “ridículas” como parte de una limpieza burocrática, en el paquete aprobado en Diputados aparecen leyes vinculadas a soberanía tecnológica, producción pública de medicamentos y control estatal sobre contratos con multinacionales. Detrás de la motosierra administrativa emerge otro objetivo: desmontar herramientas históricas de regulación sobre sectores estratégicos.
Por Celina Fraticiangi para NLI
Federico Sturzenegger eligió una puesta en escena eficaz. Habló de leyes sobre palomas mensajeras, registros absurdos, microfilmaciones olvidadas y regulaciones de otra época para justificar la llamada “Ley Hojarasca”. El relato oficial funciona porque mezcla normas efectivamente obsoletas con otras que, lejos de ser decorativas, todavía expresan una determinada idea de soberanía económica y tecnológica.
Entre esas normas aparece una de las menos discutidas públicamente pero más sensibles del paquete: la Ley 22.426 de Transferencia de Tecnología, sancionada en 1981 y orientada a regular contratos entre empresas locales y compañías extranjeras vinculados a patentes, marcas, licencias industriales, asistencia técnica y know how. La norma obligaba a registrar esos acuerdos y permitía al Estado intervenir frente a cláusulas consideradas abusivas o perjudiciales para el interés nacional. En otras palabras, el Estado conservaba capacidad de supervisión sobre relaciones comerciales donde históricamente existieron enormes asimetrías entre corporaciones multinacionales y empresas argentinas.
La derogación podría pasar inadvertida si no fuera porque uno de los sectores más atravesados por contratos de transferencia tecnológica es justamente el farmacéutico. Patentes, fórmulas, licencias, propiedad intelectual y derechos de fabricación forman parte del corazón económico de los grandes laboratorios internacionales. Y ahí es donde el proyecto libertario empieza a mostrar una coherencia política mucho más profunda que la simple eliminación de “normas viejas”.
El Gobierno no sólo impulsa la caída de la Ley 22.426. También busca derogar la Ley 26.688, que declara de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos y respalda jurídicamente a laboratorios estatales nacionales y provinciales. La combinación resulta difícil de leer como una casualidad: menos capacidad estatal para controlar contratos tecnológicos, menor respaldo político a la producción pública y una apertura cada vez más amplia a corporaciones extranjeras en sectores estratégicos.
La cuestión farmacéutica ocupa desde hace décadas un lugar central en la política exterior de Estados Unidos. Washington históricamente impulsó esquemas de protección de propiedad intelectual favorables a grandes laboratorios multinacionales, especialmente en debates sobre patentes, genéricos y regulación sanitaria. En Argentina, esas tensiones reaparecieron una y otra vez alrededor del acceso a medicamentos, la fabricación estatal y la capacidad del país para desarrollar tecnología propia sin depender completamente de compañías extranjeras.
En ese contexto, las derogaciones promovidas por Milei adquieren otra dimensión. Ya no se trata solamente de “desregular”. Lo que emerge es un cambio de paradigma: pasar de un modelo donde el Estado retenía herramientas de control sobre sectores estratégicos a otro donde esas relaciones quedan prácticamente libradas al mercado y a la capacidad de negociación de grandes actores privados.
La narrativa de la “hojarasca” cumple entonces una función política precisa. Mientras la discusión pública gira alrededor de leyes extravagantes y normas olvidadas, avanzan modificaciones sobre estructuras sensibles vinculadas a medios de comunicación, soberanía tecnológica, patrimonio cultural y producción sanitaria. El paquete aparece diseñado para licuar el debate político detrás de una estética antipolítica basada en la idea de “limpiar privilegios” y eliminar regulaciones absurdas.
La Ley 22.426 nació en un período marcado por discusiones sobre dependencia tecnológica y fuga de divisas. En aquellos años, buena parte de América Latina debatía cómo impedir contratos abusivos donde empresas extranjeras imponían regalías excesivas, restricciones productivas o mecanismos de subordinación económica a compañías locales. Con el tiempo, varias de esas herramientas fueron perdiendo peso práctico por reformas posteriores, pero su existencia seguía representando una concepción política concreta: entender la tecnología y el conocimiento como áreas estratégicas y no simplemente como mercancías sujetas al poder del mercado.
Ahí aparece el verdadero núcleo ideológico del proyecto libertario. Muchas de las normas incluidas en la “Ley Hojarasca” no son derogadas porque hayan quedado inútiles, sino porque expresan principios incompatibles con la lógica política de Milei: intervención estatal, regulación económica, protección de sectores estratégicos y defensa de herramientas de soberanía nacional.
Por eso, detrás de la supuesta limpieza administrativa, empieza a asomar algo bastante más profundo que una depuración burocrática. Empieza a discutirse qué margen de autonomía conserva un país cuando renuncia voluntariamente a regular áreas donde se juegan salud, tecnología, comunicación y poder económico.
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