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Obras y Servicios realiza trabajos en las plantas de captación de agua

A partir de la declaración de la AIC de emergencia hídrica de las cuencas de los ríos Neuquén, Limay y Negro, la Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina lleva adelante distintos trabajos para mitigar las consecuencias que esta situación puede generar en la provisión de agua potable en la ciudad, con vistas a la temporada de verano.

Uno de estos trabajos consiste en el dragado en la boca toma de la planta de bombeo de la Avenida Juan XXIII para mejorar el nivel de captación de agua. El secretario de Obras y Servicios Francisco Lucero explicó que la tarea apunta a que “pueda ingresar mayor caudal a la toma donde están las bombas que impulsan el agua a la planta potabilizadora, de esta manera nos estamos adelantando a la situación que no sólo nosotros vamos a tener con la emergencia hídrica que se anunció desde la AIC”.

Por otro lado, se procedió a la instalación de una bomba para captar agua filtrada de un pozo existente en la planta de bombeo de Godoy, lo cual también tiene como objetivo mejorar el caudal.

Lucero aclaró que, más allá de estos trabajos, “será fundamental la colaboración de los vecinos en el uso racional del agua”.

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    Kicillof profundiza la inversión en salud pública mientras Milei ajusta: inauguró una nueva guardia de Salud Mental en el Hospital Alejandro Korn

     

    En medio del ajuste impulsado por el Gobierno nacional sobre distintas áreas del sistema sanitario, la provincia de Buenos Aires inauguró una nueva guardia de Salud Mental en el Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero. Axel Kicillof volvió a reivindicar el rol del Estado en la atención de la salud y sostuvo que la inversión pública constituye una respuesta concreta frente al retiro de la Nación de políticas esenciales.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    Mientras la administración de Javier Milei continúa reduciendo partidas presupuestarias, paralizando programas nacionales y promoviendo un modelo de fuerte retracción del Estado, el gobierno bonaerense encabezado por Axel Kicillof volvió a exhibir una estrategia diametralmente opuesta: ampliar la infraestructura sanitaria y fortalecer un sistema público que absorbe cada vez más demanda producto de la crisis económica. La inauguración de la nueva guardia de Salud Mental del Hospital Interzonal Especializado «Dr. Alejandro Korn», en Melchor Romero, se inscribe precisamente en esa lógica de expansión de derechos en un contexto nacional marcado por el ajuste.

    Una obra que fortalece un área históricamente postergada

    Las nuevas instalaciones cuentan con sectores de recepción e internación, cuatro consultorios de guardia, habitaciones de observación, salas de espera, patios internos y externos, comedor y espacios destinados al personal sanitario. Además, incorporan un área específica para mujeres dentro del sector de atención de crisis, una incorporación que busca adecuar la infraestructura hospitalaria a las necesidades de abordajes con perspectiva de género.

    La obra representa un paso más dentro del proceso de fortalecimiento del sistema provincial de salud mental impulsado por la gestión bonaerense desde 2020, una política que tomó impulso luego de la pandemia y que se apoya en la Ley Nacional de Salud Mental, privilegiando dispositivos interdisciplinarios, atención en crisis y mejores condiciones de internación.

    Dos modelos de Estado enfrentados

    La inauguración adquiere un significado político que trasciende la obra en sí. Mientras la Provincia continúa destinando recursos a hospitales públicos, el Gobierno nacional ha protagonizado durante los últimos meses diversos conflictos vinculados con el financiamiento del sistema sanitario, entre ellos la crisis del Hospital Bonaparte, especializado justamente en salud mental, cuyos trabajadores denunciaron reiteradamente intentos de desmantelamiento y reducción de servicios.

    En ese contexto, Kicillof volvió a plantear una diferencia de concepción respecto del papel que debe asumir el Estado. Para la administración bonaerense, la salud constituye una política pública esencial cuya cobertura no puede quedar librada a la capacidad económica de cada ciudadano. La gestión provincial sostiene que el incremento de la demanda hospitalaria responde, además, al deterioro del poder adquisitivo y a la pérdida de cobertura médica que afecta a miles de familias como consecuencia de la crisis económica.

    La salud mental aparece, además, como uno de los sectores más sensibles de ese escenario. El aumento de consultas por ansiedad, depresión, consumos problemáticos y padecimientos derivados de la incertidumbre económica convirtió a esta especialidad en una de las áreas con mayor presión asistencial dentro del sistema público.

    La Provincia apuesta a sostener la inversión sanitaria

    La inauguración en el Hospital Alejandro Korn no constituye un hecho aislado. Durante los últimos años, la administración bonaerense desarrolló un programa sostenido de ampliación de hospitales, incorporación de equipamiento de alta complejidad, digitalización del sistema sanitario y fortalecimiento específico de la red de salud mental, considerada una de las prioridades del Ministerio de Salud que conduce Nicolás Kreplak.

    Para el gobierno provincial, estas inversiones buscan compensar parcialmente el retroceso de la inversión nacional en distintas áreas sensibles y garantizar el acceso universal a prestaciones que, en un contexto de creciente deterioro social, adquieren una importancia cada vez mayor.

    La nueva guardia del Hospital Alejandro Korn sintetiza, en definitiva, una discusión política más amplia que atraviesa a la Argentina actual: mientras el Gobierno nacional insiste en reducir el tamaño del Estado incluso en áreas estratégicas, la Provincia de Buenos Aires apuesta a reforzar la presencia pública en uno de los derechos más sensibles para la población, como es el acceso a una atención integral de la salud, incluida la salud mental.

     

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    El Pulqui II: el avión argentino que soñó con una industria de alta tecnología

     

    Argentina llegó a construir uno de los aviones a reacción más avanzados de su época, pero una combinación de cambios políticos, decisiones económicas y falta de continuidad estratégica impidió que aquel proyecto se transformara en una industria aeronáutica permanente.

    Por Redacción de NLI

    En una Argentina que todavía buscaba definir su lugar en el mundo de la posguerra, un grupo de ingenieros, técnicos y trabajadores industriales imaginó algo que parecía imposible: que el país pudiera competir en uno de los campos tecnológicos más sofisticados del siglo XX. No se trataba solamente de fabricar un avión, sino de demostrar que una nación periférica podía desarrollar conocimiento propio, formar especialistas y construir una capacidad industrial vinculada a la defensa y a la producción de alta complejidad. Ese sueño tuvo un nombre: Pulqui II, un proyecto aeronáutico que durante algunos años colocó a la Argentina entre los pocos países capaces de diseñar un caza a reacción moderno.

    Cuando Argentina quiso entrar al mapa de la tecnología aeronáutica

    A comienzos de la década de 1950, el mundo estaba atravesado por una revolución tecnológica. La Segunda Guerra Mundial había acelerado el desarrollo de los motores a reacción y las principales potencias comenzaban a abandonar los aviones tradicionales de hélice para avanzar hacia una nueva generación de aeronaves capaces de alcanzar mayores velocidades y alturas. En ese escenario, la Argentina impulsó un programa propio desde el entonces Instituto Aerotécnico de Córdoba, una institución que concentraba conocimiento científico, formación profesional y capacidad industrial.

    El proyecto contó con la participación de ingenieros argentinos y del diseñador aeronáutico alemán Kurt Tank, uno de los especialistas más reconocidos de su época, quien había trabajado en la industria alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Su llegada a la Argentina permitió incorporar conocimientos avanzados, pero el desarrollo no fue simplemente una copia extranjera: el equipo local debió adaptar diseños, materiales y procesos a las capacidades disponibles en el país.

    El resultado fue el Pulqui II, un caza de ala en flecha con motor a reacción que realizó su primer vuelo en 1951. Para comprender la magnitud del proyecto hay que recordar que en aquel momento eran pocos los países que tenían la capacidad técnica para construir aeronaves de esas características. Argentina no solamente compraba tecnología: intentaba crearla.

    El avión tenía prestaciones comparables con modelos que utilizaban algunas fuerzas aéreas de las grandes potencias. Su desarrollo implicaba mucho más que la fabricación de una máquina militar: requería metalurgia avanzada, ingeniería de precisión, formación de técnicos especializados y una red industrial capaz de sostener un proceso tecnológico complejo.

    El proyecto que quedó atrapado entre la política y el cambio de modelo

    Sin embargo, el Pulqui II nació en un momento histórico marcado por profundas disputas políticas. El proyecto formaba parte de una visión de desarrollo industrial que buscaba ampliar las capacidades del país, fortalecer sectores estratégicos y reducir la dependencia tecnológica externa. Esa concepción entró en crisis con el golpe de Estado de 1955 y el cambio de orientación política y económica que comenzó después.

    Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, muchos proyectos asociados al período anterior fueron revisados, frenados o directamente abandonados. El Pulqui II no escapó a esa lógica. Aunque continuaron algunos trabajos técnicos, la falta de financiamiento sostenido y de una decisión política clara hizo que el programa perdiera impulso.

    El problema no fue únicamente la interrupción de un avión específico. Lo que se debilitó fue una línea de desarrollo tecnológico que podía haber permitido consolidar una industria aeronáutica nacional con capacidad exportadora y de innovación permanente. El proyecto había generado conocimientos, especialistas y experiencia acumulada, pero esa construcción necesitaba continuidad para transformarse en una política de Estado.

    La historia del Pulqui II muestra una de las tensiones más profundas de la Argentina moderna: la dificultad para sostener en el tiempo proyectos estratégicos que requieren décadas de inversión, planificación y estabilidad institucional. La ciencia y la industria no producen resultados inmediatos; necesitan continuidad más allá de los cambios de gobierno.

    La memoria de un sueño industrial que todavía interpela

    Con el paso del tiempo, el Pulqui II quedó convertido en un símbolo contradictorio. Por un lado, representa una de las experiencias más ambiciosas de la ingeniería argentina y demuestra que existía capacidad para desarrollar tecnología de frontera. Por otro, también refleja una oportunidad perdida: la imposibilidad de transformar un proyecto exitoso en una industria consolidada.

    La Argentina tuvo momentos en los que logró construir capacidades tecnológicas de primer nivel. La experiencia aeronáutica de Córdoba, el desarrollo nuclear, la producción satelital y otros campos muestran que el país contó con científicos, técnicos e instituciones capaces de competir internacionalmente cuando existió una estrategia sostenida.

    El Pulqui II no debe ser recordado solamente como un avión que nunca llegó a producirse en serie. Su verdadera importancia está en la pregunta que deja abierta: qué podría haber ocurrido si un país latinoamericano hubiera mantenido durante décadas una política industrial y científica orientada a generar tecnología propia.

    Más de setenta años después de aquel primer vuelo, el Pulqui II continúa siendo una historia de ambición tecnológica, talento nacional y decisiones políticas. Un recordatorio de que la soberanía no se construye únicamente con recursos naturales, sino también con conocimiento, investigación y la capacidad de imaginar un futuro propio.

     

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    Mariel Fernández, participó de la reunión de este lunes en la sede del PJ nacional, antes del acto encabezado por Cristina Fernández de Kirchner en homenaje a las víctimas de los fusilamientos de José León Suárez, en el marco del Día de la Resistencia Peronista.

    El encuentro de dirigentes peronistas se dio en medio de la expectativa por un posible fallo adverso de la Corte Suprema en la causa Vialidad, y al respecto la intendenta de Moreno remarcó que el objetivo de los dirigentes que se convocaron es construir una respuesta unificada.

    «Estamos muy preocupados por esta situación tan injusta, y por eso decidimos reunirnos en el PJ, nos llegan propuestas de acciones de todo el país y queremos que sean organizadas. Los lineamientos ya están, y estamos en estado de alerta desde hace unos días», dijo.

    Fernández vinculó la ofensiva judicial contra Cristina Kirchner con una avanzada política más amplia: «En principio pensamos en la protección a Cristina, pero entendemos que esto es no sólo un ataque a la persona de la ex presidenta sino una persecución al peronismo».

    Y agregó: «Vamos a defender a Cristina, al pueblo argentino, a nuestra soberanía. Así que si nos provocan, acá estamos». 

     

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