Desde la Dirección de Obras Públicas de la Municipalidad, en la semana del 7 al 11 de febrero, se llevaron a cabo los siguientes trabajos:
Se repararon 200 luminarias en distintos puntos de la ciudad y se realizaron cambio de las mismas, de sodio a tecnología LED en Calle 25 de Mayo.
Dentro de las tareas de remodelación en Plaza Belgrano, se están construyendo bancos en el Corralón Municipal, que luego serán trasladados.
Se trabajó en el tapado de baches con cemento calcáreo en: Avenida Mitre, calle Almirante Brown, calle rural Dino Gaspari (km de Kaulum) y calle Pampa.
Además, se acondicionó para el bacheo con asfalto caliente, la calle Onas, el puente de Pioneros y Arroyo del Salado y Avenida Cipolletti esquina Juan XXIII.
Se reparó el puente de la calle rural N° 18.
Se construyó el contrapiso para bomba de agua en el edificio de Obras Públicas.
Se colocó el cartel de obra en construcción, del puesto policial en Barrio Mitre.
Se reparó vereda en Barrio Padre Gardín por rotura de caño.
Se realizaron tareas de limpieza en bocas de tormenta de distintos puntos de la localidad, en conjunto con el departamento de Defensa Civil.
Se avanzó con el recambio de parrillas en la Isla 58.
Juan Domingo Perón explicaba que sin ciencia y tecnología propias no hay soberanía, y sin soberanía no hay desarrollo posible. Exactamente a la inversa del proyecto libertario.
Por Walter Onorato para NLI
Hay textos que no envejecen: se actualizan. No porque el tiempo los haya tratado bien, sino porque las contradicciones que describen siguen vigentes —o incluso agravadas—. El capítulo dedicado a la ciencia y la tecnología en Modelo argentino para el proyecto nacional es uno de ellos. Allí, Juan Domingo Perón no sólo reflexiona sobre el desarrollo científico-tecnológico, sino que lo inscribe en una estrategia integral de liberación nacional, enfrentada de manera frontal al dogma liberal y a la dependencia estructural de los países periféricos.
El planteo parte de una definición clave: la tecnología no es neutra. Es poder social cristalizado, acumulable, transferible, comerciable, y por lo tanto, objeto de disputa política. Perón la define como una forma particular de “mercadería” inmaterial que entra en la producción, genera dependencia y condiciona las decisiones soberanas de un país cuando es controlada desde el exterior. Esta caracterización desmonta de raíz la visión tecnocrática que separa ciencia de política: para el peronismo, no hay desarrollo técnico sin proyecto nacional.
Perón escribe con claridad que los países de menor desarrollo relativo no pueden aceptar pasivamente la división internacional del conocimiento. La llamada “internacionalización del saber” —presentada muchas veces como cooperación desinteresada— encubre, en realidad, relaciones asimétricas de dominación. La dependencia tecnológica, advierte, es incluso más difícil de revertir que la financiera o la comercial, porque requiere largos procesos de acumulación, inversión sostenida y planificación estratégica. No se cambia de proveedor como se cambia de banco: se construye capacidad nacional o se profundiza la subordinación.
Este punto es central: sin base científico-tecnológica propia no hay liberación posible. La afirmación no es retórica ni abstracta. Perón la vincula directamente con la capacidad de decidir qué producir, cómo producir y para quién producir. La tecnología importada sin control nacional impone modelos productivos, ritmos de crecimiento y prioridades ajenas al interés popular. Por eso insiste en que toda incorporación tecnológica —sea externa o incluso nacional— debe estar gobernada por criterios políticos claros, orientados al modelo de sociedad que se busca construir.
En este marco, Perón rechaza explícitamente una política científico-tecnológica de tipo liberal. No hay aquí concesiones: la conducción del sistema científico debe estar en manos del Estado, con centralización estratégica y ejecución descentralizada. La ciencia no puede quedar librada al mercado ni a intereses extranjeros, porque su orientación define el perfil productivo del país. No se trata de acumular conocimiento por el conocimiento mismo, sino de identificar aquel saber indispensable para fortalecer el poder nacional de decisión.
El rol del científico y del tecnólogo ocupa un lugar destacado en el texto. Perón exige condiciones materiales y simbólicas para su desarrollo: estabilidad, reconocimiento social, remuneración digna, equipamiento adecuado y, sobre todo, utilidad social del conocimiento producido. Resulta especialmente contundente cuando señala la incoherencia de formar especialistas para luego expulsarlos —por falta de oportunidades— al exilio intelectual. La famosa “fuga de cerebros” no es un fenómeno natural: es una consecuencia directa de modelos dependientes que desprecian el conocimiento propio.
Hay, además, una dimensión ética profundamente peronista en esta concepción. Perón sostiene que el científico debe tener la capacidad de negarse a producir conocimientos que resulten perjudiciales para el país. Esta afirmación rompe con la idea liberal de neutralidad científica y plantea una responsabilidad social del saber, anticipando debates contemporáneos sobre tecnología, ambiente y desarrollo sustentable.
Finalmente, el texto propone incluso la constitucionalización de ciertos principios científico-tecnológicos, entendiendo que el desarrollo nacional no puede quedar sujeto a vaivenes coyunturales ni a gobiernos entreguistas. La ciencia y la tecnología, para Perón, son pilares estructurales del proyecto nacional, al mismo nivel que la industria, el trabajo y la justicia social.
Leído desde el presente, este capítulo funciona como una interpelación directa a las políticas de desfinanciamiento, extranjerización y mercantilización del sistema científico argentino. Frente al ajuste, la precarización y la subordinación tecnológica, Perón ofrece una hoja de ruta clara: planificación, soberanía y poder popular aplicado al conocimiento. No es nostalgia: es vigencia política.
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La inflación porteña saltó al 2,7 por ciento y confirmó las señales de alerta sobre el repunte de los precios en el último mes del 2025, que consultoras privadas también están detectando en la primera semana de enero especialmente en el rubro alimentos.
El Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires presentó este viernes el informe sobre los precios en diciembre de 2025, con un salto del 2,7 por ciento en el cuarto mes consecutivo de tendencia alcista.
Con ese número, el 2025 cerró en 31,8 por ciento. A priori, se trata de un número positivo comparado con años anteriores, pero en el mercado ven luces rojas en el último cuatrimestre. Desde el 1,6% de agosto, el IPC porteño se mostró al alza y nunca bajó del 2 por ciento.
La suba de diciembre estuvo impulsada por transporte (5,5 por ciento), restaurantes y hoteles (4,3 por ciento), alimentos (2,4 por ciento) y servicios públicos (2,1 por ciento). El rubro alimentos, el más sensible para el bolsillo, estuvo empujado por la suba de la carne (7,4 por ciento).
LPO había anticipado que en las consultoras privadas habían corregido al alza las proyecciones de diciembre y adelantan que el próximo martes el Indec informará un número similar al de la Ciudad de Buenos Aires.
Pero la señal de alerta está en el comportamiento de los precios en la primera semana de enero, donde como contó este medio algunos alimentos anotaron aumentos de hasta 4 por ciento, con panificados, carne, lácteos y verduras al tope de la lista.
Un informe de la consultora Fundación Innovación con Inclusión, que analiza datos en tiempo real, muestra que la primera semana de enero tuvo un salto de 0,7 por ciento en la canasta de supermercados, empujada por los alimentos que subieron 0,9 por ciento.
«Proyectando el promedio de la variación diaria de los últimos 30 días hacia adelante, la canasta supermercado presentaría un aumento de precios en torno al 3,0% mensual», advirtió esta consultora. Además, sostiene que «desde julio de 2025 que los precios de la canasta supermercado no muestran variaciones negativas» y vienen aumentando a un promedio de 0,7% semanal, «marcando un cambio respecto a la estabilidad previa».
En el caso de los alimentos, la consultora indica que de acuerdo a la proyección del promedio de la variación diaria de los últimos 30 días, la suba rondaría el 3,6% mensual.
Tras la caída de Nicolás Maduro, el gobierno de Donald Trump ya no considera como un grupo real al denominado «Cartel de los Soles» que supuestamente lideraba el expresidente y manejaba el narcotráfico en Venezuela. La decisión deja en ridícula a Patricia Bullrich que los declaró «organización terrorista».
El diario The New York Times reveló que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos se retractó de la calificación sobre el llamado Cartel de los Soles, una de las excusas que utilizó Trump para atacar Venezuela y capturar a Maduro. El Departamento de Estado, que conduce Marco Rubio, lo había declarado el año pasado como una organización terrorista.
Tras la detención de Maduro, Justicia publicó una acusación en la que deja de lado sus postulados anteriores sobre el Cartel de los Soles y ya no habla de una organización narcocriminal si no de un «sistema clientelar» y una «cultura de corrupción» alimentada por el dinero del narcotráfico.
El medio destaca que en su anterior acusación Justicia se refiere 32 veces al Cartel de los Soles y describe a Maduro como su líder, pero ahora sólo lo menciona dos veces. Expertos en seguridad consultados por NYT dicen que Cartel de los Soles es un término coloquial inventado por los medios venezolanos.
Una experta en seguridad explicó al medio que el cambio en los términos utilizados por el Departamento de Justicia obedece a que la acusación no podría corroborarse en los tribunales, lo que no implica que puedan existir pruebas que vinculen a Maduro con el narcotráfico. Pero el Cartel de los Soles ni siquiera figuraba en los informes anuales de la DEA ni la ONU.
Semanas atrás, el NYT ya había dado cuenta de la debilidad que tenían las referencias al Cartel de los Soles. «No es una organización en sentido literal», decían expertos en narcotráfico. «La organización no existe como tal», afirmaba un analista, y el medio agregaba que era una forma «peyorativa» y «burlona» de referirse a los militares venezolanos corrompidos por el narco y la corrupción.
El Departamento de Justicia de los Estados Unidos se retractó de la calificación sobre el llamado Cartel de los Soles, una de las excusas que utilizó Trump para atacar Venezuela y capturar a Maduro
El giro de Trump deja en ridículo al gobierno argentino que el año pasado se había apurado en declarar como organización terrorista al Cartel de los Soles, «a partir de un trabajo conjunto de los ministerios de Seguridad, Justicia y la Cancillería». La medida fue recordada el sábado por Patricia Bullrich, que destacó que Argentina se plegó a Estados Unidos.
Lo que revela este episodio es la fragilidad de una política exterior basada en el seguidismo ciego de Trump, que tiene como una de sus principales características la imprevisibilidad. Milei ya había quedado en offside el fin de semana cuando salió a pedir que Venezuela quede en manos de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, pero a los pocos minutos Trump los ninguneó por completo.
Milei ya había sufrido un revés similar cuando viajó a Oslo para participar de la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado y Trump no fue, molesto porque quería el galardón para él. El argentino ni siquiera sabía de eso. Tampoco la venezolana llegó a tiempo para la foto, por lo que el libertario tuvo que volverse de apuro a la Argentina, después de despilfarrar tiempo y dólares en un viaje en vano.
Argentina, al igual que los Estados Unidos, declaró al Cártel de los Soles como organización terrorista, una estructura criminal liderada desde el poder por el propio régimen de Nicolás Maduro.Hoy es un día histórico. Está llegando la libertad y la paz a Latinoamérica. https://t.co/qz4sUZm2wp