La Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) indicó que la nueva excepción para que los niños, niñas y adolescentes que viven con uno de sus padres puedan alternar de casa una vez por semana no es un régimen obligatorio.
La titular de la SENAF, Roxana Méndez, aseguró que esto se puede dar siempre y cuando entre los progenitores exista un acuerdo previo a la pandemia.
“Nos llegaron reiteradas consultas sobre este tema y se debe aclarar que esta nueva excepción no es un régimen de visita obligatorio que reemplaza acuerdos existentes previamente a la puesta en vigencia del aislamiento social, preventivo y obligatorio”, explicó la Secretaria de Estado.
“Estamos pasando de una cuarentena en donde los niños, niñas o adolescente no se podían mover de un domicilio a que, una vez por semana, puedan hacer este movimiento para favorecer la comunicación con otro de sus padres o referente afectivo, que es un derecho. Pero esto no reemplaza u ordenar un nuevo régimen de comunicación”, indicó Méndez.
Entre ambos progenitores se determina (por acuerdos de hecho o escritos, o mediante resolución de un juez o jueza) la modalidad de cuidado o de régimen de comunicación, para regular los contactos entre hijos/as y progenitores no convivientes.
La nueva excepción ofrece una oportunidad para, teniendo en cuenta los intereses de los niños, niñas y adolescentes, que claramente deben ser escuchados, los padres puedan acordar una forma en que el niño o la niña mantengan una adecuada relación con ambos.
Lógicamente, si algún progenitor/a tiene alguna restricción legal para ver al niño o niña claramente no tiene ‘derecho’ a una semana de convivencia.
“El permiso, es una declaración jurada que tiene validez entre localidades y provincias y se trata de una oportunidad para que hijos e hijas puedan tener contacto con ambos progenitores, en caso que lo deseen”, concluyó Méndez.
El presidente Javier Milei inauguró formalmente el período 144° de sesiones ordinarias en medio de un jolgorio desconectado de la creciente crisis industrial y la conflictividad por despidos. Lejos de la serenidad que podrían haberle prodigado los triunfos parlamentarios del verano, se despachó con una catarata de agresiones contra los peronistas.
En su mensaje a la asamblea legislativa, se jactó de sus recientes victorias. «Hemos aprobado el primer presupuesto sin déficit fiscal libre de default en 100 años, terminamos con la emisión monetaria que se usaba para financiar el desacalabro fiscal», dijo en el arranque.
Pero enseguida sepultó el orgullo por las victorias bajo las ganas de atacar a sus rivales, el clima se caldeó y Milei escaló el intercambio. Los trató desde el estrado de ser una «manga de delincuentes». «Por eso tienen a la suya presa y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el Memorándum con Irán porque es una chorra», vociferó desaforadamente aludiendo a Cristina Kirchner.
Cada vez que un legislador opositor lo criticaba, sus seguidores o el propio presidente respondían. «Ustedes no pueden aplaudir porque tienen las manos tapadas de bolsillos ajenos», llegó a decirles a sus adversarios para descalificarlos por «corruptos».
Milei aprovechó el discurso para reivindicar la reforma laboral. «¡Qué alergia le tienen a los datos, el desempleo bajó!», exclamó sin precisar la fuente en un contexto signado por la desconfianza en el Indec por el portazo de Marco Lavagna.
La encendida verborragia de Milei contagiaba al oficialismo en pleno. En un tramo, la emprendió contra el peronista Germán Martínez, que lo contradecía desde su banca: «Dejá de mirarte en el espejo, Martínez, los chorros son ustedes», espetó. Y automáticamente, legisladores y activistas se unieron al grito de «tobillera, tobillera», otra vez en referencia a Cristina.
Los militantes libertarios habían recibido a su líder entonando las estrofas de la canción «Panic Show», de la banda La Renga. Desde el bloque peronista, atinaron a vocear el nombre de José Luis Espert, el renunciado diputado por sus vínculos con el presunto narco Fred Machado, y todo el oficialismo rompió al unísono al compás del primer cantito. «¡Pre – si – den – te!», gritaban con fervor.
Sebastián Pareja.
Tanto los jueces de la Corte Suprema como los gobernadores presentes seguían la alocución de Milei con gesto adusto, acaso incómodos. El Presidente retomó este domingo la rabia adolescente que había empezado a moderar tras la derrota electoral en territorio bonaerense, en septiembre pasado.
Milei enumeró los logros que su gobierno inventarió, entre los que mencionó la baja de la inflacón y el protocolo antipiquetes. Ninguno de esos dos tópicos se corroboran con los datos de la realidad.
«Robar está mal pero robarle el pan de la boca a los más vulnerables para acumular poder excede cualquier adjetivo que se pueda encontrar en el diccionario», expresó en otro pasaje de su intervención, y enseguida apuntó el incremento en la AUH y otras asignaciones. Y volvió a cargar contra el peronismo al considerar que convertían a los beneficiarios de planes sociales en «esclavos».
Ustedes no pueden aplaudir porque tienen las manos tapadas de bolsillos ajenos.
En otro pasaje del discurso, citó los indicadores del EMAE para demostrar que «hace dos años que la economía argentina crece», lo que no significa que mejore la situación del país. No obstante, arriesgó: «la malaria se terminó».
Esos presuntos datos a favor, por lo demás, se desdibujaban enseguida, como cuando apodó a Juan Grabois como «oligarca disfrazado de pordiosero» y le dijo «Chilindrina Troska» a Myriam Bregman.
Mientras el Presidente se gritaba casi hasta la disfonía, Victoria Villarruel se mantenía impertérrita.
Juan Marino.
De las bancadas opositoras, se encontraban presentes los diputados de izquierda y una delegación de peronistas, integrada por diputados como Eduardo Valdés, Gustavo Bordet, Agustina Propato, Jorge Taiana y el puntano Jorge «Gato» Fernández. Luego se sumaron Germán Martínez, Victoria Tolosa Paz, Sabrina Selva, Natalia Zaracho, Juan Grabois y Juan Marino, que llevó un cartel negro que enunciaba una ecuación: «Milei = despidos».
Los senadores del interbloque de José Mayans no asistieron, en protesta por haber sido vulnerados en la composición de las comisiones de la Cámara Alta. Los diputados identificados con La Cámpora, tampoco.
Gran parte de la labor política es interpretar a la sociedad en su conjunto, sus deseos y sus aspiraciones para buscar representarla. Esto lleva en algún punto a preguntarnos ¿qué es lo que quiere la sociedad? ¿Quiere artefactos en cuotas o quiere un dólar barato para poder viajar al exterior? ¿Quiere estabilidad cambiaria e inflación…
El gobierno provincial presenta al Plan Castello como una oportunidad histórica para las ciudades para poder contraer crédito sin interferencia de entidades financieras, con el objeto de realizar obras de infraestructura y permitir el acceso a maquinarias para el mantenimiento del ejido municipal. Sin embargo, la situación financiera nacional y la fluctuación del dólar significan…
La Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina informa que continúan abiertas las inscripciones para participar de las clases de la escuela de canotaje que se dictan de lunes a viernes de 16 a 18 horas en la Isla 58. Los interesados deberán dirigirse con fotocopia del DNI al polideportivo Cumelen (Colón 107)…
El propio Milei lo dijo sin rodeos. Mientras millones de argentinos enfrentan salarios deteriorados y un ajuste económico brutal, el mandatario afirmó que si hoy diera una conferencia podría cobrar hasta 500 mil dólares. La frase generó polémica por el contraste entre el discurso de austeridad que impulsa su gobierno y la valoración millonaria que hace de sus charlas.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
Una cifra que desató polémica
Durante una entrevista reciente, Milei habló de su futuro después de la política y explicó cómo imagina su vida una vez que deje el poder. Allí lanzó la frase que rápidamente se viralizó: “Hoy si yo diera una conferencia la podría cobrar 500 mil dólares”, aunque aclaró que fuera del cargo el precio “valdría la mitad”.
El mandatario incluso describió su proyecto personal para cuando deje la política: retirarse a escribir, convivir con sus perros y dedicarse a dar conferencias en distintos países.
La cifra llamó la atención por varias razones. Primero, porque el propio Milei en el pasado hablaba de montos muy inferiores: antes de llegar a la presidencia sus charlas se pagaban entre 10 mil y 20 mil dólares, según había declarado en entrevistas años atrás.
El salto de valor que ahora menciona —hasta medio millón de dólares— refleja el capital político y mediático que cree haber acumulado desde que llegó al poder.
El contraste con la realidad económica
Las declaraciones no pasaron desapercibidas en un contexto donde el gobierno impulsa un fuerte ajuste fiscal, caída del consumo y pérdida del poder adquisitivo.
Incluso el propio Milei reconoció desde el inicio de su gestión que el plan económico implicaría un período duro para la sociedad, con recortes del gasto público y consecuencias negativas para la actividad económica en el corto plazo.
En ese marco, la idea de conferencias valuadas en cientos de miles de dólares aparece para muchos como un símbolo del contraste entre la retórica libertaria y la realidad social.
De economista mediático a marca global
Antes de llegar a la presidencia, Milei ya había construido una carrera mediática como economista, escritor y conferencista. Ese perfil internacional es el que ahora proyecta explotar cuando termine su carrera política.
Sin embargo, la afirmación de que una charla suya podría costar 500 mil dólares abrió un debate inevitable:
¿Es una exageración retórica?
¿Una forma de autopromoción política?
¿O la construcción de una “marca Milei” para el circuito global de conferencias?
Lo cierto es que, en medio de una Argentina golpeada por la recesión y el ajuste, la frase terminó alimentando una discusión incómoda para el gobierno: la distancia cada vez más visible entre la vida cotidiana de los argentinos y la elite política que gobierna.
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