| |

MIENTRAS MÁS VIEJO EL VINO… ¿MEJOR?

Probablemente esta frase sea parte del “TOP 3” de los mitos vineros más repetidos del mundo, debe ser de lo primero que aprendemos sobre vinos. Pero este mito ¿es verdad o es mentira?, ¿es cierto que el vino que se encuentra embotellado va a ir mejorando con el paso del tiempo? No les voy a “spoilear” la respuesta tan rápidamente. Pasen y lean!

Algunos dicen que el vino es un elemento vivo, esta afirmación no es correcta, obviamente que no tiene vida propia, pero si durante el tiempo que este embotellado va a transformase. Me gusta decir que el  vino es una solución química y biológicamente inestable. ¿Qué significa eso? Que se encuentra en constante cambio y evolución y la velocidad a la que se producen esas transformaciones, que afectan a las características organolépticas, van a depender de ciertos factores externos  y de la composición química del vino.

Con lo que respecta a lo último tenemos que hablar de la acidez, la cantidad de azúcar, el grado alcohólico y la concentración de polifenoles como particularidades más importantes pero sobre todas ellas está la calidad de la uva. Es imposible hacer un gran vino con uvas de baja calidad.

Es imposible hacer un gran vino con uvas de baja calidad.

El vino es una bebida ácida que generalmente ronda entre pH 3 y pH 4; el pH se utiliza para medir acidez, va de 0 a 14 siendo neutro pH 7, a menor pH mayor acidez. La acidez aporta estabilidad durante el tiempo, un vino que presenta una acidez mayor debería durar más que otro con menor, en igualdad de condiciones.

Con el alcohol ocurre algo similar, a mayor grado alcohólico mayor posibilidad de soportar el tiempo, ya que este protege al vino de factores biológico externos que puedan afectarlo.

El azúcar se utiliza como un conservante natural de los alimentos y el vino no escapa a eso, por eso mientras más dulce sea un vino más tiempo soportará embotellado, comparándolo con otro de mismas características pero seco.

Por último, los polifenoles son compuestos químicos naturales, moléculas orgánicas, que se encuentran en el vino, hay muchos de ellos, los más conocidos son las antocianinas que generan el color del vino tinto y los taninos que aportan estructura. En forma general los polifenoles actúan como antioxidantes protegiendo al vino.

El trabajo en conjunto de todas las características antes mencionadas, obtenidas durante la elaboración, dictará la capacidad que tiene ese vino en particular de soportar el paso del tiempo.

El trabajo en conjunto de todas las características antes mencionadas, obtenidas durante la elaboración, dictará la capacidad que tiene ese vino en particular de soportar el paso del tiempo, siempre y cuando se lo proteja de factores externos durante su estadía en la botella. Para eso las condiciones de almacenamiento deben ser ideales.

Para guardar un vino que queremos beber más adelante es importante velar por las condiciones de almacenamiento

Para guardar un vino que queremos beber más adelante es importante velar por las condiciones de almacenamiento. Lo ideal sería tener esa botella acostada, no es necesario que el pico este hacia abajo, simplemente dejarlo en forma horizontal en un lugar oscuro, con temperatura lo más constante posible, que no sean inferior a 12°C ni superior a 24°C, ideal 14°-15°C, una humedad entre el 60% y 80% y olvidarnos de que el vino está ahí, no hay que moverlo, mucho menos girar la botella.

El vino en la botella va a ir cambiando durante el tiempo, eso es un sí rotundo, pero ese cambio ¿es positivo o negativo? La respuesta a eso es un «depende del vino».

Algunos vinos, la minoría,  son diseñados para durar en el tiempo e incluso ir mejorando con su paso, pero hasta un cierto punto claro, como dice Fabiana Cantilo, “nada es para siempre”.  Si bien hay casos de vinos que logran una gran expresión a los 20, 30, 50 años, o como algunos de Madeira que llegan a más de 100 años, lo cierto es que la gran mayoría  de ellos deben tomarse en un periodo de entre 1 a 5 años desde que fueron embotellados.

En definitiva el vino se hizo para ser bebido y en botella durará hasta que las condiciones del mismo o la paciencia del bebedor lo permitan.
Salud!!

Por Facundo Gagliano – Sommelier
@cu4trodecopa

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • Milei dice por primera vez que podría echar a Adorni: «Si es culpable, lo vuelo de una patada»

     

    Javier Milei admitió por primera vez públicamente que podría echar a Manuel Adorni por el escándalo de corrupción que golpea al gobierno desde hace tres meses y medio. «Si lo consideran culpable, lo vuelo de una patada», declaró el presidente, justo cuando LPO reveló que en la Casa Rosada ahora no descartan la salida del jefe de Gabinete en los próximos días.

    En una entrevista desde España, donde viajó para recibir otro premio desconocido, Milei dijo que cree que Adorni «es inocente» y consideró «plausible» su explicación sobre los inversiones en Bitcoin que no había declarado, pero aclaró que todo depende de lo que determine la justicia.

    «Lo que te puedo decir es que el tema ya está en la justicia. Tenía que presentar los números, fue, los presentó, listo. Digo, que lo determine la justicia», dijo Milei en una entrevista con El Observador España. «Manuel es inocente, yo soy super optimista de que no va a tener ningún tipo de problema», agregó.

    En el gobierno ahora no descartan que Adorni se vaya en los próximos días 

    Milei se subió al argumento del propio Adorni de que no declaró los 500 mil dólares que supuestamente ganó con inversiones en Bitcoin porque Argentina no era confiable, algo que no explica por qué tardó dos años y medio de gobierno libertario en empezar a confiar. Tampoco explica por qué los empezó a gastar apenas llegó a la función pública, después de años de un nivel de vida modesto.

    «A mí me parece absolutamente plausible. Pero lo va a determinar la Justicia, yo ni siquiera soy un tipo que entiende de temas de derecho. Me parece razonable», afirmó Milei, que justificó diciendo que hay 400 mil millones de dólares en el colchón de los argentinos.

    Pero al final abrió la puerta a deshacerse de Adorni, algo que hasta ahora nunca había hecho. Por el contrario, decía que «ni en pedo» lo sacaría del gabinete. «Si lo consideraran culpable, lo vuelo, lo eyecto yo de una patada. Pero digo de vuelta, es algo que tiene que hacer la justicia. Yo creo en su honestidad», señaló.

    Si lo consideraran culpable, lo vuelo, lo eyecto yo de una patada

    LPO reveló la semana pasada que en el gobierno decían que la ratificación de Adorni era temporal y que el límite podría ser un revés fuerte en la justicia, como un procesamiento o llamado a indagatoria. Pero el dato central es que el juez Ariel Lijo ya dejó trascender que no piensa hacerle el favor a Milei de procesarlo para que lo pueda echar sin pagar el costo político. 

    El Renacido

    Algo similar creen en el Congreso algunos opositores que no están muy entusiasmados con empujar la remoción y

    sacarle el problema de encima a Milei, como quedó en evidencia en la sesión fallida de este jueves en el Senado.

    La frase de Milei se da en momentos en que se reavivaron los rumores sobre la posible salida de Adorni, paradójicamente al final de una semana donde el gobierno buscó mostrarlo activo. Aunque no se trata de un cargo muy atractivo porque Karina Milei lo vació de poder, en la Rosada ya se mencionan como posibles reemplazantes de Adorni al canciller Pablo Quirno y al ministro del Interior, Diego Santilli. Cerca de Santiago Caputo negaron que el asesor pueda ir a ese cargo.

     

    Difunde esta nota
  • DE EGIPTO A GODOY EN DOS MINUTOS Y LAS PERAS DEL OLMO

    Dominados y dominantes he ahí la cuestión. La práctica estatal comenzó en Egipto, o sea, la lógica de dominación dada por el monopolio de la coerción y lo legitimado en aquella etapa de Nagada II en el Alto Egipto. Ahora bien, hay diferentes maneras de construir nuestra realidad psíquica y social. El surgimiento del Estado…

    Difunde esta nota
  • Adorni le entregó un montón de información de billeteras virtuales a Lijo y podría complicar a Milei con Libra

     

    Manuel Adorni le entregó al fiscal Gerardo Pollicita una lista de billeteras virtuales para justificar su crecimiento patrimonial y ahora podría complicar a Javier Milei con el caso Libra.

    Según anticiparon a LPO en exclusiva fuentes con acceso a la causa, el jefe de Gabinete presentó una lista de billeteras que tenía antes y otras que abrió después de la criptoestafa de febrero del año pasado.

    El juzgado de Ariel Lijo entró en ebullición con la presentación de Adorni, que podría ramificarse en el caso más urticante para los Milei. El caso Libra lo tiene en su poder el juez Marcelo Martínez di Giorgi, que es muy cercano a Lijo y con esta nueva información se vería obligado a incomodar al primer mandatario.  

    Las razones de Adorni para no renunciar: «Afuera es peor»

    La información que acercó Adorni ya es de por sí una controversia legal. El funcionario demora la presentación de su declaración jurada patrimonial ante la Oficina Anticorrupción y su contacto informal con el juzgado de Lijo sugiere que lo estan queriendo ayudar, aunque no está fácil cuadrar sus gastos y sus ingresos.

    El contacto informal de Adorni con el juzgado de Lijo sugiere que lo estan queriendo ayudar, aunque no está fácil cuadrar sus gastos y sus ingresos.

    «Soy un hombre de Estados no voy a afectar la gobernabilidad», dicen en la Casa Rosada que les dijo el juez Lijo cuando lo sondearon sobre como avanzará la causa contra Adorni.

    Pero en el mundillo judicial se comenta que el jefe de Gabinete no se está dejando ayudar y que ahora le abrió un foco de incendio al propio presidente Milei. La otra interpretación es que Adorni mandó un mensaje envenenado a los hermanos Milei con la entrega de datos sobre billeteras virtuales.

    El juez federal Ariel Lijo.

    En el propio gobierno se comenta desde el inicio del escándalo patrimonial de Adorni que los Milei no lo entregan porque conoce al detalle los costados más escabroso del caso Libra porque fue parte.  El entonces vocero fue uno de los invitados al Tech Forum 2024 donde se gestó el lanzamiento de Libra y además iba a ser figura estelar de la frustrada edición 2025.

     «Pegarme a mí es lastimarlo a él», dijo Adorni sobre Milei el mes pasado, en un mensaje envenenado que ahora cobra aún más sentido.  

    LPO reveló que el jefe de Gabinete no quiere renunciar por un especulación absolutamente personal, que no incluye una lectura política sobre el daño que le causa al gobierno y al presidente. «Afuera es peor», argumenta el jefe de Gabinete.

     

    Difunde esta nota
  • Los ríos subterráneos

     

    Este es el país donde todos nuestros padres recibieron la bicicleta de manos de Evita y todos nosotros estuvimos en alguna Misa del Indio.

    Porque así se construyen las leyendas. Si no pasó, querés que haya pasado. Tanto lo deseás que al final pasó y tu cuerpo guarda ese recuerdo. La memoria del instante en que te volviste visible para alguien y que se corrió el velo del desamparo para sentirte parte de algo colectivo.

    Y digo desamparo porque fue la palabra que más escuché estos días de lluvia y funeral, en los pogos, en las filas, entre el llanto o las canciones. Los Redonditos llegaron a mi vida cuando yo estaba desamparado.

    ¿Desamparados de qué? ¿De quién?

    Estamos hablando de los años noventa, cuando Argentina tenía un gobierno peronista. El peronismo había sido, desde 1945, el gran contenedor de las clases populares, el movimiento que había inventado la idea misma de que los de abajo tenían derecho a ser nombrados, representados, incluidos. Y sin embargo, esa gente que lloraba en la fila del Gatica hablaba de desamparo. Porque en los noventa, hay que decirlo, fue el peronismo el que nos desamparó. Y junto al peronismo muchos músicos de rock y referentes de la protesta y la cultura que nos habían acompañado en los ochenta.

    En la primavera del uno a uno, cuando los trabajadores perdían el trabajo y sus hijos el futuro, Charly García almorzaba en Olivos, Andrés Calamaro se declaraba menemista acérrimo, Diego Maradona jugaba al fútbol con el presidente y Madonna se sacaba fotos en el balcón de la Rosada. Y en ese enorme vacío, una noche en Parque Sarmiento, los Redonditos de Ricota descubrieron que le estaban hablando a los invisibles, a los excluidos, y tomaron la decisión de irse del sistema junto con ellos. Y se convirtieron en su religión.

    El uno a uno y el rock sin focos

    Aquellos que habían votado peronismo esperando justicia social se hicieron adolescentes en una sociedad con desempleo estructural, viendo a sus padres perder el salario en silencio y a sus maestros ayunar en una carpa blanca frente al Congreso, alimentados a té y desesperación. Vieron morir a María Soledad en Catamarca, al conscripto Carrasco en un cuartel desértico, a Miguel Brú en una comisaría platense y a Sebastián Bordón al costado de una ruta mendocina. Y a Walter Bulacio en una razzia previa a un recital de los Redondos en Obras. Mataban a los pibes. Los mataba la policía y los mataban rubias en cuatro por cuatro: el pibe Acuña y María Victoria Mon. Los otros —los hijos del éxito del uno a uno— se acostumbraron a pasar los días en el country y las noches en las fiestas techno, aspirando cocaína pura sobre las barras VIP. Y se seguían muriendo: Carlos Junior al mando de un helicóptero de lujo y el hijo de Daniel Passarella estrellado contra un tren de carga. Porque de trenes y helicópteros iban los noventa.

    “Unos y otros, yuppies o villeros, son individualistas, no creen en la política, casi todo les da igual y solo esperan que les pase la vida. No tienen un Estado que los proteja ni una ideología que les invente el futuro. Se encuentran a veces, en esos estadios convertidos en una única iglesia para las dos religiones: el fútbol y el rock”, escribí en octubre de 1997, para la revista Tres Puntos. Hoy, veintinueve años después, no cambiaría una coma.

    En la primavera del uno a uno, cuando los trabajadores perdían el trabajo y sus hijos el futuro, Charly almorzaba en Olivos, Calamaro se declaraba menemista acérrimo, Diego jugaba al fútbol con el presidente.

    En el altar de la estabilidad, Menem firmó el decreto que reglamentó el derecho de huelga un 17 de octubre, firmó los indultos un Día del Inocente, y saludó con su pulgar en alto, impecable, al salir del entierro de su propio hijo. La militancia había sido declarada obsoleta. Julio Bárbaro, el peronista que había sido Secretario de Cultura de Menem, lo dijo en voz alta en una columna de esos años: Adiós a la militancia. El capitalismo necesitaba gerentes, y la política ya no era un lugar para construir identidad ni proveer sueños.

    Tampoco lo era la cultura ni el rock. El rock nacional que había sido nuestro hilo rojo durante la dictadura entró al star system con una naturalidad envidiable. Charly García —el mismo que había escrito “No bombardeen Buenos Aires” y “Los dinosaurios”— era, también, habitué de la Quinta de Olivos. Fito Páez que nos había hecho gritar “En esta puta ciudad” un poco antes, abrió en 1992 otros caminos con El amor después del amor, un disco de belleza real, luminoso, la voz legítima de una Argentina que después de tanto miedo necesitaba respirar, pero fue despedido del paraíso de lo contracultural por haber hecho un disco “comercial”. A veces siento que soy la única que lo recuerda aquellos días. Soda Stereo hizo su Unplugged para MTV en Miami y la música de protesta latinoamericana que nos había unido en los ochenta salió de las radios y pasó a ser, sencillamente, una grasada. Cuando se cayó el Muro de Berlín, los cascotes sepultaron demasiado.

    En ese preciso momento, en una casa de Parque Leloir sin teléfono de prensa, sin representante, sin cuenta en ninguna red que todavía no existía, Carlos Solari escribía letras a mano sobre hojas sueltas y Skay Beilinson tocaba la misma frase de guitarra durante horas hasta que sonara exactamente como el asfalto roto de la Ruta 3. Si querías saber cuándo tocaban Los Redondos, tenías que conocer a alguien que conociera a alguien. El cassette llegaba envuelto en papel madera con la fecha escrita a birome. La dirección, a veces, ni eso: solo el nombre de la ciudad, y el boca a boca hacía el resto. Una parte de la Argentina, Y en ese enorme vacío, una noche en Parque Sarmiento, los Redonditos de Ricota descubrieron que le estaban hablando a los invisibles, a los excluidos, y tomaron la decisión de irse del sistema junto con ellos. Y se convirtieron en su religión.muy minoritaria pero que llenaba aeropuertos y restaurantes, entraba con Carlos Menem al Primer Mundo mientras los ricoteros crecían como plaga, sin focos, con claves, con consignas, con desesperación.

    Soy una nerd de los noventa y el menemismo, pero no sé nada de procesos musicales así que dejo para los que saben el análisis del ídolo y del fenómeno. Solo recuerdo el asombro en la redacción de Página/12 tratando de entender por qué Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota elegían exactamente lo contrario de todo lo que el mercado ofrecía. No filmaron ningún video. No pisaron un set de televisión. No publicaron las fechas ni los lugares de sus shows. Editaron todos sus discos de manera independiente. Rechazaron las ofertas millonarias de las discográficas, los sponsors de marcas de cerveza, los festivales corporativos con palcos VIP. Construyeron su masividad desde la más estricta clandestinidad.

    En ese enorme vacío, los Redonditos de Ricota descubrieron que le estaban hablando a los invisibles, a los excluidos, y tomaron la decisión de irse del sistema junto con ellos. Y se convirtieron en su religión.

    Quedó claro en el Gatica que no fue una pose estética. Vio lo que otros no veían. Cuando no estábamos obsesionados por la Inteligencia Artificial pero ya creíamos que Internet era el fin del trabajo y los supermercados el enemigo de la aldea, Solari anunció que los psicópatas gobernarían el siglo XXI. El Indio veía lo que los demás no veían porque estaba parado donde nadie más quería estar.

    La misa y la sangre

    Los pibes que llenaban el pogo ricotero —los que el Indio llamaba «los de los barrios desangelados»— no eran militantes sin partido. Eran una generación que el sistema de representación había abandonado en todos sus niveles al mismo tiempo: el Estado, la política, la economía, la cultura. La misa ricotera era el único espacio donde existían como colectivo. El único lugar donde los cuerpos que la policía golpeaba en las esquinas por portación de rostro, y que el modelo económico declaraba excedentes, se volvían invencibles al chocar entre sí en el pogo. Era una marea humana compacta, sudorosa, donde nadie caía porque la masa te sostenía antes de tocar el piso. Había también profesionales, artistas y empresarios. Porque lo que une esa identidad no es estar adentro o afuera del sistema. Es saber que hay un adentro y un afuera. Y que no importa de qué lado de la mecha te encontrás, si lo que te duele es el que está afuera.

    Hay algo que las elites políticas y culturales nunca terminaron de entender sobre las clases populares: que no quieren lenguaje simple. Que les encanta la metáfora, el símbolo críptico, el código que hay que descifrar para entrar. Como les gustaban los vestidos bordados de Evita, les gustaban las metáforas del Indio. Los Redondos les dieron lo que ningún partido político se animaba a darles: una religión propia, con sus ritos, su lenguaje y sus símbolos, todos de una sofisticación que desmentía el prejuicio de que los desplazados solo podían consumir lo que alguien les masticaba. Descifrar una letra del Indio era un rito de iniciación. Pertenecer a la tribu que sabía el código era una forma de dignidad.

    La banda eligió el exilio geográfico y fundó el éxodo ricotero. Había que subirse a trenes cuando ramal que para ramal que cierra y los trenes eran cada vez menos y en las estaciones convivían los ricoteros con las ollas populares de la gran huelga ferroviaria.

    Aquellos que habían votado peronismo esperando justicia social se hicieron adolescentes en una sociedad con desempleo estructural, viendo a sus padres perder el salario en silencio y a sus maestros ayunar en una carpa blanca frente al Congreso, alimentados a té y desesperación.

    Era una peregrinación. Argentina hace política caminando desde que tiene historia: el 17 de octubre de 1945 inauguró esa gramática del cuerpo en movimiento que el país repite cada vez que algo importante tiene que decirse y no encuentra otro idioma. Las columnas a Luján, a San Cayetano: multitudes que caminan de noche, que llegan con los pies lastimados a arrodillarse ante algo más grande que ellas. El éxodo ricotero era eso. Los trapos al viento como estandartes, el pogo como comunión, y el estallido de “JiJiJi” como el momento exacto en que la tribu se volvía una sola carne, un solo grito, y el río subterráneo salía a la superficie y caminaba.

    En agosto de 1997 el Estado mostró sin disimulo lo que pensaba de todo eso. El intendente de Olavarría firmó un decreto prohibiendo los shows con fundamento en un informe de la inteligencia policial bonaerense que describía a la banda con la terminología reservada para los grupos subversivos: “Desde siempre, sus integrantes tuvieron una actitud combativa en cuanto a todo lo que podía llegar a identificarlos con el sistema”. Los analistas de inteligencia habían estado estudiando las letras del Indio como si fueran un manifiesto clandestino. “Si bien no tienen una estructura tradicional”, escribieron con la seriedad de quien desactiva una bomba, “el mensaje está, pero se necesita conocer el código para descifrarlo”. El Estado tenía miedo de esas canciones.

    Cuatrocientos ricoteros tomaron el tren igual. Llegaron a Olavarría, encontraron las puertas cerradas y cortaron las calles bajo la lluvia. Era el primer piquete ricotero de la historia. La única vez que el Indio habló en televisión en toda su vida fue esa tarde, en vivo por Crónica TV, para decir que esos pibes que cortaban calles bajo la lluvia no eran una amenaza al orden público. Eran exactamente el orden que merecía ese país.

    Hay también tragedia en la historia ricotera. A Bulacio lo mató la policía en 1991. En 2017, en el barro de Olavarría, dos personas murieron aplastadas en el recital masivo del Indio Solari como solista. Hubo críticas feroces, pero el vínculo con su público no se rompió. Hay una encuesta realizada en el Gran Buenos Aires a mediados de los noventa: le preguntaban a chicos de quince años que vivían en villas cómo se imaginaban en una década. La enorme mayoría respondió dos cosas: presos o muertos. No es que ese público no sintiera el dolor de Bulacio o el de Olavarría. Es que ese dolor era la textura cotidiana del paisaje en el que vivían.

    Si querías saber cuándo tocaban Los Redondos, tenías que conocer a alguien que conociera a alguien. El cassette llegaba envuelto en papel madera con la fecha escrita a birome.

    Y el Indio nunca los protegió de eso con eufemismos. No les dio sermones: les dio un mito que transformaba el desecho en belleza. Los nombró. Cantó al pibe de los astilleros que nunca se rendía, a la pequeña novia del carioca, al bombero que se borraba en la niebla. «Violencia es mentir», gritaban miles de gargantas apretadas bajo el cielo de Olavarría, mientras los cuerpos chocaban con la violencia hermosa de los que se salvan juntos en la cornisa. Metió la muerte adentro de sus canciones, la procesó, la volvió épica colectiva. Le dio un estandarte al dolor para que no fuera solo sordidez de crónica policial de la mañana.

    El río y las calles

    El 4 de agosto de 2001, en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba, ante 45.000 personas, Los Redondos dieron su último concierto sin que nadie lo supiera. El 2 de noviembre, en un comunicado escueto de dos párrafos en internet, anunciaron la separación. Veinticinco años de autogestión, disueltos en el frío del ciberespacio. Cuarenta y siete días después, el 19 y 20 de diciembre de 2001, el país estalló en mil pedazos. El show en Santa Fe que tenían prometido para diciembre nunca ocurrió. Algo de lo que Los Redondos habían hecho durante una década era darle a ese río subterráneo un cauce ritual. Ese cauce desapareció, paradójicamente o no, cuando otras organizaciones poblaron las calles: los piquetes, las asambleas barriales, el cacerolazo. El subsuelo, de alguna manera, había aprendido a moverse solo.

    «Gracias a esos hombros que me cargaron en tantos pogos», escribió mi sobrina Malena sobre una foto de su papá mientras caminaban bajo la lluvia en Avellaneda. Me trajo el eco de una imagen de mi hija sobre mis hombros la noche del Bicentenario, cuando sentí ese peso y pensé: alguna vez va a acordarse de esta noche, y qué felices éramos. Los hombros son el talismán que nos sostiene de generación en generación y nos va transmitiendo aquello que, está escrito, no podemos olvidar.

    Los Redondos elegían exactamente lo contrario de todo lo que el mercado ofrecía. No pisaron un set de televisión. No publicaron las fechas ni los lugares de sus shows. Editaron todos sus discos de manera independiente. Construyeron su masividad desde la más estricta clandestinidad.

    La alegría de aquella noche del Bicentenario iba a ser llanto colectivo solo algunos meses después. El 27 de octubre murió Néstor Kirchner y la Plaza de Mayo fue en minutos una marea de jóvenes que llegaron sin ser convocados, llevados por la desesperación de encontrar un lugar donde llorar juntos. El Indio Solari los vio por televisión desde su casa en Parque Leloir y llamó a Aníbal Fernández para decirle algo que no era un elogio político sino un reconocimiento casi antropológico: «Vi una magnitud de jóvenes involucrados que me conmovió.» Esos jóvenes habían aprendido a estar juntos en algún lugar antes de aprender a militar. Muchos de ellos, o sus hermanos mayores, o sus padres, habían hecho el viaje a Olavarría o a Mar del Plata o a Córdoba. Habían dormido en una plaza de pueblo con desconocidos. Habían cantado «Violencia es mentir» a las tres de la madrugada en el barro.

    El Gatica

    El azar, que ya se ha dicho que es el seudónimo de dios cuando quiere firmar, llevó a que el Indio fuera velado en el estadio que lleva el nombre del Mono Gatica, el boxeador de los descamisados al que la Revolución Libertadora de 1955 le quitó la licencia de pelear por el único delito de ser peronista, y que terminó vendiendo muñequitos de plástico y viviendo en una villa a pocas cuadras. Qué pena que ya no esté Leonardo Favio para la secuela.

    La fila llegó a ocho kilómetros. Lo que los altoparlantes anunciaron pasadas las siete como un millón de personas bajo un cielo plomizo recorrió el mismo camino que había recorrido treinta años antes para llegar a alguna misa: desde Jujuy en colectivo de noche, desde el fondo del conurbano caminando bajo la llovizna, desde pueblos del interior donde no había más que el recuerdo de haber hecho ese viaje alguna vez. Vinieron los que lo habían visto en Obras en los ochenta, canosos y con la mirada gastada, y pibes de veinte años que lo habían descubierto en el teléfono celular de sus padres. Vinieron familias enteras, jubilados con la remera descolorida de Huracán del 94. Vinieron los que lloraban solos contra una reja y los que se abrazaban con desconocidos durante horas en la lentitud de la fila, compartiendo un trago de vino de cartón para engañar al frío. A la policía casi no se la vio; nadie la necesitó porque la comunidad del aguante se cuida sola. Esta vez no había escenario ni música ni pogo. Pero el rito era el mismo: el cuerpo sabiendo el camino aunque la cabeza no terminara de entender.

    Hay algo que las elites nunca terminaron de entender sobre las clases populares: que no quieren lenguaje simple. Que les encanta la metáfora, el símbolo críptico, el código que hay que descifrar para entrar.

    La política de las derechas se construye sobre el olvido. La dictadura hizo propia la política de olvido del exterminio en el mismo momento en que lo estaba llevando adelante. El menemismo montó una fenomenal operación de olvido no solo de los horrores de la dictadura sino también de la memoria de lucha por los derechos que se transmite de generación en generación. La nueva derecha que gobierna la Argentina desde 2023 opera sobre el mismo principio pero en su versión más radicalizada: ya no borra episodios; borra la historia misma. Actúa a través de las pantallas como si la Argentina no tuviera pasado que procesar, ni memoria que transmitir, ni identidad colectiva que defender. Como si todo empezara de cero, cada mañana, en el presente efímero y cruel del mercado libre.

    Y la procesión de pelo blanco y caras arrugadas dice también algo que las elites prefieren no escuchar: que las operaciones de olvido fracasaron. Las generaciones se entrelazaron, transmitiendo identidad y lucha de cuerpo a cuerpo, de cassette en cassette, de padre a hijo en el teléfono celular.

    Ese funeral no pertenece a la historia del rock. Pertenece a una tradición argentina más larga, trágica y profunda. Es el hilo invisible que une el velatorio de Evita en 1952, con las flores populares tapando las veredas bajo la lluvia, el de Perón en 1974, y el desborde indomable de Maradona en la Casa Rosada en 2020. Se inscribe también en la serie devota de Gilda y Rodrigo: santos paganos de las clases populares cuyo dolor multitudinario traccionó la misma fibra de la Argentina que se sabe fuera del radar de la cultura oficial. No era duelo por un artista. Era la Argentina de abajo mirándose al espejo y diciéndose a sí misma que todavía existía.

    El subsuelo encendido

    Hay una Argentina subterránea que hoy vuelve a estar en la intemperie absoluta, no vista por nadie. Que no está representada por ningún partido político con personería jurídica ni por ningún movimiento social de los que hoy tienen oficinas y negocian contratos estatales. Una Argentina que no tiene solo pobreza sino también una profunda tristeza, esa melancolía húmeda que lleva la certeza de que el futuro ha sido cancelado. 

    El funeral en el Gatica explotó con esa urgencia desesperada porque el subsuelo no fue solo a despedir a un músico; fue a refugiarse en el último territorio donde supieron ser un colectivo invencible frente a la intemperie del presente. Esa Argentina subterránea lleva décadas emergiendo en forma de río cada tanto. El río va por debajo, silencioso, y brota cuando algo sagrado lo convoca. Lo escribió Leopoldo Marechal hace casi un siglo, pero sigue siendo hoy que cuando los ríos subterráneos brotan el establishment de la política, la economía y el periodismo lo vive como un tsunami irreconocible. Tanto tiempo sucediendo y aún nadie logra anticiparlo.

    La pregunta que me queda —la única que creo urgente en este momento de plataformas e individualismo— es quién está mirando ese subsuelo ahora. Quién está parado en el margen del sistema de visibilidad contemporáneo, del algoritmo de TikTok, del ciclo infinito de las redes, y desde ahí abajo puede ver lo que el sistema necesita ocultar. Quién está mirando al nuevo subsuelo con la misma honestidad sin anestesia con que el Indio miraba el suyo.

    No lo sé. Y esa ignorancia me parece el problema político más serio del presente argentino.

    Terminó el funeral, sigue la lluvia. El amplificador sigue encendido en la casa de Parque Leloir, acoplando en el silencio de la tarde. 

    Otro de mis sobrinos, Valentín, escribió esto tan bonito que no sé tiene respuesta a mis preguntas, pero tal vez sí a las de miles. Su papá, ricotero, murió hace algunos años. “Durante estos años, tuve la incesante lucha de volver a mi papá. De alguna forma lo buscaba incansablemente en recuerdos, en palabras y en lugares. En anécdotas de otro, en preguntas, en silencios. Me sentí mucho tiempo en falta con él, conmigo, y con lo que me quedó de su figura. Este 8 de junio lo encontré. Encontré el polvo y el olor a carbón. Encontré la remera agujereada y la boina verde. Encontré el dolor de su partida. Encontré el amor de su ausencia. Encontré el asado ricotero. Y por fin encontré lo que mi papá me había dejado: el espíritu de Patricio Rey”.

    Gracias, Indio.

    La entrada Los ríos subterráneos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • VENDIMIA, BODEGAS DE TODA LA PROVINCIA EN EL CORAZÓN DE LA FIESTA.

    Los Caminos del Vino fue la propuesta innovadora del programa de esta edición vendimial, organizada por la Municipalidad de Villa Regina, con una globa que exhibió la producción de más de una docena de bodegas de toda la provincia y ofreció, además, la posibilidad de degustación, compra de vinos y hasta de una delicada copa…

    Difunde esta nota
  • |

    SUMAR SIN RESTAR

    Al mismo tiempo en que comenzaba la conferencia de prensa brindada por agrupaciones que conforman el Frente de Todos (FdT) en las puertas del “Hogar Municipal La Esperanza” en defensa de ese espacio municipal destinado al cuidado de adultos mayores, prensa del municipio reginense confirmaba mediante la palabra de Luisa Ibarra responsable del área de…

    Difunde esta nota

Deja una respuesta