La causa por la estafa con la criptomoneda Libra quedó en terapia intensiva. El juez Marcelo Martínez De Giorgi apartó a todos los querellantes que representaban a damnificados y la investigación ahora tendrá únicamente el impulso del fiscal Eduardo Taiano, que hasta ahora no ha mostrado demasiado interés en avanzar.
Martínez De Giorgi hizo lugar a un planteo del lobista Mauricio Novelli, amigo de Javier Milei, y apartó a cinco querellas de la causa, que ya no tendrán acceso al expediente ni podrán pedir medidas de prueba. La medida puede ser apelada ante la Cámara federal.
La causa Libra viene a paso de tortuga y los pocos avances se dieron gracias al impulso de los querellantes. Ahora, el único impulsor será Taiano, a quien en Comodoro Py llaman despectivamente «tardano». Se trata de un triunfo enorme del gobierno de Milei en su intento de enterrar la causa por la estafa.
La decisión de Martínez De Giorgi generó muchas suspicacias porque se da justo en momentos en que el magistrado espera que Milei le firme la designación como jueza federal a su esposa
Martínez De Giorgi sostuvo que los querellantes no pudieron acreditar un «perjuicio real y directo» que los habilite a continuar en la causa y que tampoco pudieron probar debidamente ser titulares de las billeteras afectadas.
Eduardo Taiano
El juez además pareció darle argumentos a los acusados para que pidan la nulidad de la causa, que se descuenta será el próximo paso. En ese sentido, Martínez De Giorgi dijo que quienes invirtieron en Libra asumieron «riesgos inherentes» por tratarse de una «memecoin», algo que claramente no se sabía al momento del lanzamiento y mucho menos ante la promoción que hizo Milei.
La decisión de Martínez De Giorgi generó muchas suspicacias porque se da justo en momentos en que el magistrado espera que Milei le firme la designación como jueza federal a su esposa.
El Senado aprobó el mes pasado el pliego de Ana Juan como jueza del Juzgado Federal de Primera Instancia de Hurlingham, pero al igual que la cuñada de Hugo Alconada Mon el Presidente no firmó su designación. El argumento del gobierno es que el juzgado no está habilitado, aunque habrá que ver si ahora hay súbitos avances con el nombramiento.
En el último año se triplicó la cantidad de hogares argentinos que no llegan a pagar sus créditos. La morosidad bate récords. El dato importa y genera una preocupación obvia y compartida. Pero mirar solo las deudas impagas es confundir el síntoma con el problema.
Esta es la segunda nota publicada en Anfibia que retoma y profundiza la investigación del libro Una historia de cómo nos endeudamos (Siglo XXI editores) para analizar lo que sucede un poco más allá del ruido de la coyuntura.
El primer texto explicaba por qué no todas las deudas son iguales y por qué es fundamental prestarle atención a cómo se experimentan, toman sentido y son vividas. Para una parte importante de la sociedad, las deudas que cargan no son el precio de algo —no son el escalón hacia ningún lugar. Son simplemente el precio de permanecer en el lugar. Para no caer. Eso es la deuda de sacrificio: una deuda sin aspiración. Una deuda que es el precio de sobrevivir.
Ahora vamos a dar un paso más allá, y cambiar el foco: abandonamos las experiencias y analizamos las estructuras.
Las deudas de sacrificio pasaron de ser amortiguadores transitorios de las crisis a un rasgo estructural de la desigualdad de la sociedad argentina.
La mora es el árbol. Esa transformación social es el bosque.
En nuestro país no hay una serie de largo plazo sobre prácticas financieras de los hogares. Y las encuestas que preguntan si alguien está «endeudado» no alcanzan: para medir la desocupación no se consulta «¿usted está desocupado?». El problema es el mismo: no sabemos qué entiende cada quien por esa palabra y cuántas realidades se ocultan o distorsionan en las respuestas.
La pregunta que importa no es si hay deuda. Es para qué fue tomada: ¿para crecer o para no caer? Le sigue otra pregunta, derivada de la anterior: ¿qué nos dice el cambio de las dinámicas de endeudamiento de las familias sobre la desigualdad social de un país?
La Encuesta Permanente de Hogares brinda información que ayuda a resolver, aunque no del todo, estas preguntas. En Una historia de cómo nos endeudamos (Siglo XXI editores) nos apoyamos en algunos indicadores de la encuesta periódica del INDEC para trazar los rasgos de una transformación social que tiene a las deudas de los hogares como driver principal. Podemos ver la evolución de los que tomaron crédito y, al mismo tiempo, «sacrificaron» ahorros y/o bienes, entre 2003 y 2025. Un proxy de acceso al crédito bajo estrés financiero, no de deuda en general.
La serie completa muestra dos Argentinas, y no se diferencian por el volumen de la deuda sino por la función que cumple y para quién.
Primera etapa (2003-2014). Con la crisis de 2007-2009, estos hogares subieron de 12,9% a 17,2% y, cuando la crisis pasó, casi volvieron a su nivel previo. La deuda amortiguó. Y en esta etapa no hubo un patrón de clase estable: el 20% más rico estuvo tan expuesto como el 20% más pobre.
Segunda crisis (2016-2019). El indicador volvió a subir. Pero esta vez no volvió a bajar. El piso posterior quedó casi 70% por encima del período previo. Ahí arrancó el segundo tiempo de la historia, y es donde la función empezó a cambiar de manos.
Al analizar el indicador en sus dos partes -gastar ahorros y vender pertenencias- aparece el mecanismo exacto de esa transformación.
Vender pertenencias nunca fue parejo. El 20% más pobre se deshizo de sus cosas siempre más que el 20% más rico, desde 2003. Esto no se volvió desigual: siempre lo fue. Lo que cambió después de 2016 fue la magnitud de esa desigualdad, que se agrandó con fuerza. Gastar ahorros sí era parejo, y con signo opuesto: hasta 2016, quien más los gastaba era el rico, no el pobre —los doce años de esa etapa, sin excepción. Después de 2016, se invirtió: pasó a ser predominantemente el pobre.
Dos historias distintas que terminan en el mismo lugar: una que siempre fue desigual y se agrava; otra que cambia de manos por completo.
Al sumar las dos series se ve que hasta 2016, ricos y pobres corrieron parecido en la deuda de sacrificio agregada. Desde entonces, el 20% más pobre se despegó y quedó sistemáticamente arriba del 20% más rico.
La desigualdad no nació en 2016. Ya estaba ahí, escondida en el componente de venta de bienes —que siempre fue más común entre los sectores de menos ingresos. Lo que cambió en 2016 fue que se recurrió a esa forma de capitalizarse más que a gastar ahorros, y pasó a pesar más en el promedio. Por eso el indicador agregado, que antes no distinguía por clase, terminó arrastrado hacia el grupo más expuesto a tomar créditos y vender sus bienes: los sectores de menos ingresos.
En 2024 las deudas de sacrificio tocaron su máximo histórico: más del doble que al comienzo de la serie. Lo excepcional se volvió estructural, y siguió impactando sobre todo en los que menos tienen.
Al mismo tiempo cambió la composición del endeudamiento. El crédito bancario formal fue la fuente que más creció en 22 años en general, y en los sectores de menos ingresos en particular. Y desde la salida de la pandemia, no paró de aumentar. Los préstamos entre familiares cayeron hasta 2023, pero repuntaron en los últimos dos años. Las dos fuentes aún conviven no se reemplazaron.
Lo que sí revela un desfasaje de clase es el ritmo de bancarización. A nivel país, el peso del préstamo bancario alcanzó y superó al préstamo familiar alrededor de 2011: ambas fuentes se cruzaron en torno al 15,6% cada una. En el 20% más pobre eso nunca llega a pasar: el préstamo familiar siguió siendo, en 2025, la fuente más importante de las dos (32,9% contra 20,9% del crédito bancario). Lo que sí ocurrió es una convergencia: la brecha entre ambas fuentes, que era de 43 puntos en 2003, se achicó a 12 puntos en 2025 —y esa convergencia se aceleró justo en la ventana en que la deuda de sacrificiose volvía estructural y desigual. Los hogares de menores ingresos se acercaron al patrón de bancarización que el resto de la sociedad ya tenía hace más de una década, sin terminar de alcanzarlo.
La mora aparece justo ahí. No es coincidencia, aunque tampoco alcanza con mirar cuánto creció el crédito: hay que preguntar a quién llegó, y cuándo.
Dos desigualdades viejas se confirman: inquilinos y hogares con menores de edad ya estaban más expuestos antes de 2016, y ahora lo están más. Pero aparece un tercer y nuevo factor de desigualdad: la precariedad labora. La inestabilidad del trabajo se suma a la lista de lo que empuja a los hogares hacia ladeuda de sacrificio.
Por eso la morosidad récord de 2025-2026 no aparece sobre una sociedad que se quebró de repente. Aparece sobre una sociedad donde la deuda venía cambiando de función, y de manos, desde hacía casi una década.
Si el problema es la mora, discutimos tasas y refinanciaciones. Si el problema es que las deudas de sacrificiodejaron de amortiguar las crisis para organizar la desigualdad, la pregunta es otra: por qué una parte creciente de los hogares solo logra reproducir su vida cotidiana endeudándose y sacrificando ahorros y bienes.
Donde falla un derecho —laboral, social— no nace una necesidad. Nace una deuda de sacrificio.
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Ricardo Lorenzetti apuró a Javier Milei para que nombre «ahora» a los jueces que faltan para completar la Corte Suprema y defendió a los candidatos que le propuso en la reunión que reveló LPO en exclusiva.
Algo incómodo, el juez de Rafaela no pudo desmentir de manera tajante el encuentro con el Presidente y dijo de modo general que siempre «hay rumores» cuando deben designarse a jueces en el máximo tribunal. Pero al mismo tiempo confirmó la información de LPO sobre su idea de que las vacantes se cubran ahora y no en 2027 como sostienen en el gobierno.
Y también defendió a los candidatos que le propuso a Milei para designar en la Corte:
Mariano Borinsky, juez de la Cámara de Casación Penal, y Karina Perilli, jueza de Cámara del Tribunal Oral en lo Penal Económico N° 3. «Son dos candidatos muy buenos», afirmó.
Lorenzetti también sostuvo que entre los postulantes debería haber al menos una mujer y que ambos sean parte del sistema judicial, como Borinsky y Perilli. «La opinión nuestra, en eso coincidimos en la Corte, es que tiene que ser alguien del Poder Judicial», afirmó y agregó que si se designa a alguien de afuera se corre el riesgo de que esté «partidizado» o sea «amigo» de algún sector.
respondió Lorenzetti cuando le consultaron en TN sobre cuándo cree que Milei debería cubrir las vacantes. «No es normal que tengamos tres miembros en la Corte», agregó el juez, que dijo que tiene muchos viajes al exterior donde le cuesta explicar que son apenas tres los integrantes.
Son dos candidatos muy buenos, dijo Lorenzetti sobre Mariano Borinsky y Karina Perilli, los nombres que le propuso a Javier Milei
Lorenzetti no negó que le haya propuesto a Borinsky y Perilli a Milei para que los designe en la Corte, pero aclaró que «es una decisión del presidente». «Como son decisiones importantes, siempre se generan rumores de todo tipo, de sectores interesados, esa es la parte oscura», agregó.
«Todas esas cosas tienden en primer lugar a deslegitimar al Presidente en su decisión, en segundo lugar a los candidatos, y en tercer lugar a nosotros», dijo y recordó que en la gestión de Macri se atribuyó la designación de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz al operador y exprófugo Pepín Rodríguez Simón. «Ahora ocurrió lo mismo. Empezaron los rumores de que había reuniones mías, de que yo estaba sugiriendo a tal o cual candidato», argumentó.
«Pero no es serio, nosotros no le damos ninguna importancia en la Corte, no tiene ninguna relevancia. Lo que importa acá es el presidente. Es una decisión muy seria, no hay manera de influir sobre eso», aseguró Lorenzetti.
Si de algo podemos fiarnos es de la solidaridad con la que orgullosamente podemos contar cuando la necesidad se vuelve «primer plano». Está claro que no todo se resuelve con movilizaciones solidarias, pero cada vez que alguien se propone a colaborar por una causa en común, el pueblo se hace presente. Hace dos años atrás…