Lo positivo de estos acontecimientos es poder identificarnos

Si de algo sirve un hecho movilizador es saber que a partir de ahí la identificación de los comunes es el resultado más esperanzador de una civilización.

Platicar, debatir y decidir de espalda a los comunes es un acto muy lejano a la democracia. Peor aún, si quienes están ahí fueron definidos en su representación por estas propias masas. Es literalmente un acto de cobardía sin representación alguna.

Vivimos momentos muy inusuales y dilatantes en el aspecto político, a tal punto que se puede previsualizar el despertar agónico del individuo. El juego del poder en base a intereses muy individuales cada vez es más latente y la tolerancia cívica trasgrede la memoria de los más añejos pero con la cierta claridad que esto va a suceder.
La importancia de estos acontecimientos antidemocraticos es que deben lograr tatuar la epidermis social que tan desgastada se encuentra.

La identidad de una sociedad se construye en base a sucesos colectivos habiendo logrado criterios en común para poder avanzar a pesar de las diferencias individuales.

En la idea democrática se proyecta como ente acumulador, regulador y definitorio la posibilidad de convivir con representantes gubernamentales en nombre de los intereses cívicos de una sociedad. Es aquí donde en nuestra constitución surgen los Concejos Deliberantes en pos de la representatividad de las diferentes ideas que se agrupan en un esquema ciudadano.

Nuestro concejo deliberante, que de por cierto, se encuentra sobre poblado de figuras políticas deja mucho que desear, a tal punto que se ha logrado en la interpretación de los comunes que es lisa y llanamente un salvavidas económico; y que para la esperanza de la gran mayoría es un trampolín a un camino político capaz de convivir y ser parte de la mayor corrupción que alguien pueda imaginar.

Denigrar el espectro democrático es una de sus mayores virtudes y que mejor ejemplo del que viene sucediendo en el concejo deliberante de Villa Regina.

Habiendo transcurrido un par de horas, luego de la votación final del transpuso del control del agua potable municipal a manos de una entidad deficitaria de la provincia y sin ningún tipo de contemplación contemporánea sobre los beneficios en otras localidades allegadas; la moción por el traspaso se realizó de espaldas a quienes de algún modo se involucran con la temática que afectará directamente a toda la localidad.
Ni hablar del contexto comunicacional que hace mucho tiempo se evidencia la complicidad con los gobiernos oficialistas de turno dejando la objetividad para otros tiempos.

La política regional a logrado consolidar un circuito de complot que le será muy difícil de controlar, ya que todo el mundo sabe que esto es pan para hoy y hambre para mañana.

Lo más importante es que el conjunto de estas injusticias hacen que cada vez nos volvamos a encontrar defendiendo lo que es nuestro, vernos entre los comunes, saber que estamos y que logramos un sentido común. Ellos lo saben y lo más importante de todo esto es no ser previsibles.

Después de haber deliberado a puertas cerradas, sentir que están solos es el mejor saldo que se puede pasar a cobrar.

El manifiesto por parte del Concejo Deliberante dio como resultado 6 votos en favor del traspaso; 3 votos negativos y una ausencia.

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  • Keiko lidera por un margen mínimo y se espera un conteo lento

     

    Péru se prepara una noche larga. Los boca de urna ubican a Keiko Fujimori en primer lugar pero con un margen mínimo de distancia sobre Roberto Sánchez y dentro del margen de error. 

    Ipsos ubica a la candidata de derecha arriba con 50,7 contra 49,3 del postulante de la izquierda que busca agrupar al antifujimorismo para llegar al gobierno. 

    En el conteo oficial empezó lentamente con Keiko en primer lugar pero la paridad entre los dos candidatos auguran un proceso que tardará unos días en confirmar al ganador. 

    LPO publicó que la consultora Rubikon ubica en la previa a Keiko con 43,2 por ciento de los votos contra 40,1 de Roberto Sánchez, 11,3 de voto blanco y 5,3 de indecisos.

    Sánchez se destacó en el debate presidencial de Perú y toma impulso para el balotaje 

    Rubikon sostiene que «con un volumen importante de indecisos y una diferencia entre candidatos que se mantiene dentro del margen de error, el escenario continúa abierto. Ambos postulantes presentan niveles elevados de rechazo, configurando una elección más vinculada a la lógica del «mal menor» que a adhesiones fuertes o identidades políticas consolidadas.

    Roberto Sánchez. 

    «Si bien Keiko muestra una ventaja relativa en algunos indicadores de favorabilidad, ésta no resulta lo suficientemente amplia como para considerar la contienda definida», agrega. 

    Keiko Fujimori va por su cuarta intención de llegar a la presidencia con el desafío de superar la mayoría social antifujimorista que se impuso con Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynsky y Pedro Castillo en 2011, 2016 y 2021. 

    Por su parte, Roberto Sánchez busca representar el sector andino rural en una reivindicación de la figura de Pedro Castillo que está detenido por intentar un golpe de estado. Ese clivaje,  campo-ciudad se expresa con contundencia en en esta segunda vuelta.

    En la campaña de Sánchez reconocen que Keiko tiene más chances de victoria pero en un escenario de extrema paridad. 

    Noticia en desarrollo..

     

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  • Sufrimiento y éxtasis ricotero

     

    Publicado el 16 de septiembre de 2013

    Mauro, 37 años, ricotero, entra en el autódromo de San Martín minutos antes de que el Indio salga a escena y se arrodilla. Besa el barro y apoya la cabeza en la bandera enrollada. El amigo se para y abre las manos mirando al cielo, como si la lluvia que no cae desde hace seis meses en Mendoza, fuera una bendición y no lo único que le falta a su viaje.

    —Llegué. Acá estoy pelado. ¡Acá estoy!- dice, uniformado con pañuelo árabe, sweater, jean topper blancas, una bandera que dice Misiones y la cara del indio, la frase: “tu esqueleto me trajo hasta aquí”.
    Salió hace 43 horas desde Misiones en un micro que se rompió dos veces en el camino. La última fue definitiva, a 20 kilómetros de llegar. Se bajó con el bolso y empezó a hacer dedo con sus tres amigos. Se dividieron en dos para poder llegar y todavía no pudieron reencontrarse. Tampoco saben cómo ni cuándo van a volver.

    ***

    Un día antes, al anochecer, la Ruta 7 empieza a cargarse. Los camiones entorpecen la hilera de autos y micros que marchan desde Buenos Aires hacia Mendoza: uno de cada cinco, uno de cada cuatro, uno de cada tres, dos seguidos; todos, llevan la insignia. En esta religión hay, como en casi todas, un solo Dios; pero las maneras de adorarlo y simbolizarlo, incluso de nombrarlo, son de libre albedrío: Indio o Patricio Rey, la reproducción del arte de Rocambole en cualquier disco, todas las frases que se hayan escrito en los treinta años de esta banda que hace una década se redujo a su líder.

    “Vamos a misa”, dice el ploteado en el parabrisas y en el capot de un Peugeot 307; “El que abandona no tiene premio”; “El lujo es vulgaridad”; “Vivir sólo cuesta vida”; “Tu esqueleto me trajo hasta aquí”; “Este infierno es encantador”; “Nadie es capaz de matarte en mi alma”; “Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”.

    No llevar bandera es traicionar el rito, como el católico que no se hace la señal de la cruz al pasar por una Iglesia. Que todos sepan que se es parte, es casi una condición.

    Belén y Kevin, de 26 y 38 años, entran en la estación de servicio de Rufino a los gritos y cantando. Se olvidaron la bandera en La Plata y no se bancan los 700 kilómetros que quedan con el auto despojado de identidad.

    —¿Tenés cinta aisladora? —le piden a la vendedora.

    —Sí.

    —¿De qué color?

    —Negro.

    —¡Esaaa! —grita Belén. A las 11 de la noche y con dos grados se ponen a “plotear” el Clio en el estacionamiento. Andrés, el más joven de los ocho que viajan juntos en dos autos, corta la cinta y Kevin la pega con una cuidada desprolijidad: se toma el tiempo para que las curvas sean curvas y que la distancia entre las letras sea más o menos pareja. El resto le festeja cada cinta que pega. Cuando termina, todos toman distancia para mirar cómo se ve desde lejos: INDIO.

    Ahora sí. Se sacan la foto y arrancan.

    Las banderas van enganchadas en el baúl y cubren toda la parte trasera de los autos. La fiesta ya empezó. Esta vez hace demasiado frío; si se pudieran abrir las ventanillas, se escucharían las voces entonando y desafinando un tema atrás del otro a todo volumen. Como ahora en la estación de servicio del kilómetro 350: un Fiat Palio musicaliza con Gulp y afuera los viajeros comparten una cerveza. Cada auto que llega se suma al ritual: el saludo, casi como un código, es cantar un poco de la canción que suena y mover la cabeza como afirmando lo que los une. Así, siempre el mismo gesto, tan emocionante como estúpidamente igual, se repite en cada parada; sean 450 kilómetros como en último recital, en diciembre de 2011 en Tandil, sean los mil que hay que hacer esta vez para llegar a Mendoza. En cada parada, una y otra vez.

    ***

    Elba no lo puede creer.

    —Imagínese que acá no tenemos ningún turismo. Es la que gente que anda de paso nomás o los viajantes. Pero ayer… Ayer eran micros, micros y micros —dice mientras sirve el desayuno en el Parque Hotel Laboulaye, un alojamiento rutero en el kilómetros 490 de la 7.

    Se calcula que entre el jueves y el viernes pasaron por ahí unas 50 mil personas. Novecientos o mil micros y cinco mil autos.

    —Esto yo no lo vi nunca, jamás, ni con el fútbol ni con nada —confirma el mito la señora— Cuando me dijeron que estemos preparados, yo no lo creía. ¿Quién es este indio que la gente hace tanto viaje para verlo? Ni que fuera la Virgen de San Nicolás. Después me dijeron que son los Redonditos de ricota. A esos sí los escuche, pero ¿tan famosos son? —pregunta con el sentido común del que mira desde afuera. Los que están adentro parecen haberlo perdido.

    —Gente grande, familias con chicos… Algo deben tener. La gente no es tonta.

    Cada ricotero tiene su ritual de entrada: besar el piso, alzar las manos y agradecerle a alguien -o algo- más allá de lo terrenal; correr como si hubiera por delante una línea de llegada; gritar, saltar, rodar. Llegar es también cumplir una promesa. 

    Como si se tratara de alcanzar la cima del Aconcagua, cruzar a nado el Río de la Plata o caminar hasta Luján. El momento se saborea como un logro personal, casi un sacrificio.

    Como si haber pagado una entrada de 300 pesos no alcanzara para tener derecho a ver el show. Algo de la operación básica del capitalismo se pierde en el transe. O se borra, porque sólo así puede haber mística. Y eso es lo que ellos necesitan. Nada más puede justificar el esfuerzo.

    Despojado de eso, el fenómeno se vuelve absurdo. Sus 120 mil protagonistas, simples víctimas de la industria del entretenimiento. 

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    La furia empieza con el anuncio. Un día, casi sin rumores previos, ocurre la aparición: Carlos Solari sale de la caja de cristal que se construyó para sobrellevar una popularidad que dice que no le gusta, que dice no quiere ni buscó; que dice ni siquiera entiende.

    —14 de septiembre. Mendoza.

    Con ese mensaje anónimo y sin sujeto alcanza. Como un virus que inocula hasta el último ricotero del país, la noticia entra en el cuerpo, la maquinaria se pone en marcha. Todos los recursos -propios, prestados o robados-, se ponen a disposición de una logística que empieza en ese instante y continúa los dos o tres meses que faltan para la peregrinación.

    Para muchos será corta: un avión y un lindo hotel que se paga con tarjeta de crédito. Para otros, empieza por ver cómo juntar los 300 pesos que esta vez cuesta la entrada.

    Él, Carlos Alberto Indio Solari, llegó en un chárter privado desde San Fernando. Sus músicos, en aviones de línea. Hace tiempo que el líder de la multitud dejó de tocar por el mango: se calcula que con este show embolsó unos 15 millones de pesos. Lo suficiente para recluirse otros dos años; lo suficiente para no trabajar nunca más, si quiere.

    ¿Cómo será la cabeza y el ego de un tipo que sabe que genera esto? No hay fanatismo que pueda obnubilar tanto como para no preguntarse esto cuando en el kilómetro 850, a 140 del destino y a 16 horas de haber salido, el tránsito se frena de manera imprevista: son diez kilómetros de cola, una hora después serán 20, dos más tarde ya llega a 30. Cuatro horas para avanzar 10 mil metros. Los más impacientes van por la banquina; al rato, de la banquina ya pasan a la tierra lindante a los alambrados o, directamente, al otro lado de la autovía para acelerar en contramano.

    —Imaginate al Indio en la suite del 5 estrellas viendo esto por la tele. No hay manera de no sentirte poderoso —dice uno de los fanáticos en el auto.

    La gente se baja, prepara un fernet al costado de la ruta o en el baúl, camina por el medio de los autos o charlando con el que maneja; avanzan a un promedio de 2,5 kilómetros por hora, envueltos en banderas; hablan de lo que se viene a la noche, de que hay que abrigarse, comprar Fernet, ubicarse bien para Jijiji.

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    Una botella de gaseosa cortada y doblada hacia afuera para no lastimarse. Una parte de Fernet y dos de Coca Cola. Laura y Marcela preparan el trago para el grupo en una barra improvisada en el baúl de un cero kilómetro, varias horas antes del recital. En la división de roles de esta noche, a ellas les toca armar el porro.

    Fernet, Coca Cola, marihuana y cerveza; la mezcla acompaña las horas de espera. Una semana antes del recital, en los alrededores del autódromo ya había cinco carpas; tres días antes, cincuenta; el viernes más de cien.

    El día del show, a partir del mediodía, llega la multitud. Y los alrededores del autódromo colapsan. Hay autos, traffics y micros seis kilómetros a la redonda. Desde esa distancia parte la peregrinación caminada.

    —Voy a verlo por primera vez. No lo puedo creer —dice Ignacio, un uruguayo de 25 años que llegó desde Montevideo con cinco amigos en uno de los treinta micros que partieron el viernes.

    —Vengo de San Antonio de Padua. A todos lados desde hace 20 años —dice Carlos. Una hora antes de que empiece el recital vendió las últimas dos petacas de vodka a 20 pesos. Las otras 98 a 25. En tres horas y media recaudó dos mil pesos limpios.

    —Me pagué el viaje. Negocio redondo.

    Como él, son muchos los que se financian el viaje con puestos improvisados de alcohol o comida, venta de pósters y remeras.

    El autódromo de la ciudad San Martín es un continuo de cabezas y capuchas, de banderas y brazos alzados; desde el centro de la multitud no se ve el horizonte: sigue y sigue. La sensación de eternidad se vuelve miedo cuando en el segundo tema todo ese centro empieza a bambolearse como si lo estuvieran revolviendo. Empujan para un lado y para el otro, no se puede salir, hay que ir en puntas de pie porque si uno se cae, todos caerán encima, empiezan los gritos y aparece el pánico. El Indio sigue cantando. Desde dónde él está, desde arriba, lo que se ve es otra cosa: 120 mil personas coreando su nombre, cantando que se vaya a tocar a la luna y que la luna van a copar.

    —Esto es una ciudad. ¿Se dan cuenta? Somos una ciudad —dice. Decir que tiene una ciudad a sus pies sería demasiado.

    Y sigue:

    —Me dicen que este es el show con entrada paga más multitudinario que se haya hecho. Yo se los agradezco. No me voy a cansar de agredecérselos.

    Al mensaje demagógico, la respuesta es crítica.

    —¿Cómo no lo vas a agradecer? Si te hacemos millonario. Dale, cantá loco, cantá —dice alguien.

    Suena el primer acorde del próximo tema y ya nada se cuestiona: cada letra es coreada como el padre nuestro. Se la cantan a él, a alguien que no está, a la cara unos a otros, amigos o desconocidos.

    Es como en el carnaval: la riqueza y la pobreza, el origen de cada uno, se olvidan en la fiesta. La multitud es homogénea cuando se hace masa, como un rebaño de ovejas obedientes. Al menos no en lo que dura este rito no hay robos ni descontrol; ni una sola pelea.

    —Acá todos queremos vivir la fiesta. No hay intereses ni egoísmo. Yo le convido porro a uno que tiene una 4×4 y él me da birra. Estamos todos para lo mismo —dice Paco. Llegó en un Renault 9 desde Wilde con cuatro amigos más. Un poco de ropa, unas frazadas para dormir en el auto, cuatro botellas de Fernet, tres vinos, 5 cervezas y una heladerita con hielo. Pero calcularon mal: a las seis de la tarde ya no tenían más alcohol.

    Sufriendo el mismo frío, vibran las mismas letras, acusadas de ser las más crípticas del rock nacional y que, sin embargo, crean eslóganes e identificación como pocas otras.

    La fe no desconoce el sacrificio.

    —Indio, ¡la concha de tu madre! ¿Te resbalás? ¿Te duele la garganta? Vení acá hijo de puta —grita uno cuando a cinco temas de empezar el show, la llovizna se hace lluvia y cae a dos grados bajo cero sobre cuerpos transpirados, aplastados, mal dormidos, colmados de alcohol.

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    —Hoy más que nunca prepárense para hacer el pogo más grande del mundo —dice Solari justo a la medianoche, después de dos horas de show en las que hubo tantos clásicos de los Redondos como de su etapa solista.

    Las luces se apagan y empieza a sonar Jijiji. Como la asunción del Indio Solari a la categoría de líder, que esta canción y no otra sea el himno de cierre, no admite explicaciones. Desde los primeros shows de los Redondos fue así. Y nadie quiere que cambie. El ritual repetido, una y otra vez, es lo que moviliza. Es lo que se va a buscar, lo que se disfruta.

    Al borde de la hipotermia, todos saltan en una euforia irrepetible. Los gritos, ya afónicos, son los más fuertes de la noche. Se arman rondas por todo el autódromo y los cuerpos se cruzan, chocan, giran, van y vienen; las banderas se agitan. La sensación de que se termina es más excitante todavía. “Estos chicos son como bombas pequeñitas”, dice la canción, y la metáfora se vuelve literal en este instante, pequeñas explosiones individuales que hacen estallar el estadio. La fiesta ser repite de una punta a la otra, replicada en 120 mil. Hasta que la luz se apaga y sólo queda el silencio. Por unos segundos todos siguen mirando el escenario.

    Lo que quedaba de energía se acaba de ir. Real o no, el legendario temblor que los ricoteros afirman se siente. No sólo es mito, también es realidad. 

    La entrada Sufrimiento y éxtasis ricotero se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Myriam Bregman resiste una candidatura en la Ciudad y niega un acuerdo con el peronismo

     

    Myriam Bregman resiste una candidatura en la Ciudad y en el Frente de Izquierda rechazan cualquier tipo de acuerdo con el peronismo o el radicalismo.

    En los últimos meses Bregman escaló en las encuestas en términos de imagen frente a la caída de los dirigentes más tradicionales de la política.

    Son varios los que se tentaron con una candidatura en la Ciudad, el distrito en donde la izquierda tiene sus mejores números y Bregman una mayor aceptación.

    Cerca de la diputada aseguran que no se moverá del FIT y que buscará una candidatura presidencial. Para eso deberá imponerse en la primaria del Frente de Izquierda. De todas formas, aseguran que «no es momento de hablar de candidaturas», porque «el pueblo trabajador no da más, que hay que derrotar en las calles a Milei y su plan de hambre y entrega».

    ¿El crecimiento en las encuestas de Bregman complica a Milei o Kicillof?

    La apuesta es que la boleta presidencial de Bregman traccione votos que le permita al espacio sumar bancas además de los actuales tres diputados por la Provincia (dos son del PO) y la banca por la Ciudad. Jujuy, Mendoza y Neuquén son los distritos donde la izquierda tiene más posibilidades.

    En la última semana, el PTS lanzó comités en varias provincias con el fin de organizar a la militancia para 2027.

    Los peronista leen la visita de Bregman a Cristina Kirchner como una cuestión que puede servirle para disputar los votos del PJ que se referencian en Grabois, pero ven imposible un acuerdo por la naturaleza del trotkismo.

    El crecimiento de la diputada en las encuestas abrió el debate en el peronismo y en la UCR, donde buscan un postulante para las elecciones porteñas de 2027.

    En el peronismo aseguran que las candidaturas están abiertas e incluyen desde Santoro, Lammens y Recalde al actor Leonardo Sbaraglia.

    Los peronista leen la visita de Bregman a Cristina Kirchner como una cuestión que puede servirle para disputar los votos del PJ que se referencian en Grabois, pero ven imposible un acuerdo por la naturaleza del trotkismo que veta los pactos con partidos burgueses.

    «Es un experimento que puede funcionar en un laboratorio, pero va a ser muy difícil que suceda en una ciudad», analizó un dirigente del PJ porteño.

    La imposibilidad de un acuerdo formal también se extiende a la segunda vuelta, pero allí hay una salvedad: en el PJ dicen que son los propios votantes de la izquierda los que apoyarán al candidato no libertario.

    En el radicalismo sostienen que Bregman tiene mucho mejor desempeño en las elecciones legislativas que en las ejecutivas. A pesar de eso, entienden que la diputada quiere ser candidata a la presidencia para engrosar la tropa en el Congreso. «Si pierde en la Ciudad, se le va a complicar hacer una buena elección en octubre», pronosticaron.

     

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  • La oposición a Furlán lo acusa de victimizarse y no explicar «años de desmanejos» en la UOM

     

    En paralelo a la movida que se realiza este martes frente a la sede de la UOM en rechazo a la intervención del gremio y en apoyo a Abel Furlán, desde la oposición al líder metalúrgico salieron al cruce y lo acusaron de no explicar «años de desmanejos» en el sindicato.

    «Furlan se victimiza, pero los metalúrgicos conocemos la verdad», señalaron desde la lista Naranja que enfrentó en la seccional Campana a Furlán y que llevó como candidato a Ángel Derosso.

    Como contó LPO, la Justicia dictaminó anular las elecciones nacionales del gremio realizadas en marzo en las que fue ungido Furlán, al advertir que la conducción metalúrgica avanzó con esos comicios a pesar de existir un fallo que las suspendía a partir de la denuncia de la lista opositora en Campana.

    La agrupación que lidera Derosso acusa fraude y aprietes con barras durante la elección seccional en la que se impuso Furlán como delegado, paso imprescindible para que pudiera ser electo secretario General nacional más tarde.

     «¿Va a culpar a Milei o a Techint de haber armado USEM con su «compañera» Soledad Calle y cobrarle a la UOM por manejar nuestra propia plata? Son cientos de millones de pesos de los metalúrgicos que hasta hoy no tienen rendición de cuentas», señalaron en la oposición 

    «Existen denuncias de fraude y se llenó Campana de barras bravas y policías para condicionar el voto. ¿Quién va a dar explicaciones?», señalaron en la lista naranja, que cruzaron a los gremios que apoyan a Furlán: «No es solidaridad. Es bancar a un tipo que usa la UOM para sus negocios personales».

    Este martes, la CTA y sindicatos alejados de la conducción cegetista estuvieron en la sede central del gremio metalúrgico para denunciar «persecución política» del gobierno libertario. Cerca de Furlán también apuntan contra Techint.

    «Los afiliados de base sabemos que no hay persecución. Hay años de desmanejos con la plata de los metalúrgicos que Furlan intenta tapar buscando apoyo en otros sindicatos y en la política», cruzaron en la agrupación opositora.

    La Justicia le intervino el gremio al sindicalista más combativo y puso a un hombre de Angelici

    Así, advirtieron que Furlan «no explica» una serie de temas, entre los que pusieron de relieve la causa que lo investiga por posible defraudación y asociación ilícita a partir del contrato celebrado con la firma USEM S.A., que dirige la ex concejal camporista de Zárate Soledad Calle, cercana al líder metalúrgico y con un rol muy activo en la UOM.

    Por ese contrato -que trascendió que es por más de $100 millones por mes- semanas atrás se allanó la sede central del gremio metalúrgico.

    «¿Va a culpar a Milei o a Techint de haber armado USEM con su «compañera» Soledad Calle y cobrarle a la UOM por manejar nuestra propia plata? Son cientos de millones de pesos de los metalúrgicos que hasta hoy no tienen rendición de cuentas», señalaron en la oposición, que también apuntó contra «el desastre de la obra social».

    «Mientras los ascensores del Sanatorio no funcionan, sobraron más de mil millones de pesos para una sede sindical nueva», apuntaron, a la vez que acusaron a Furlán de negociar «salarios miserables mientras su entorno se enriquecía», cuando «los siderúrgicos llevan dos años sin recomposición salarial». 

     

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  • «GastroArte» y «Desde el Galpón» son las dos propuestas, con las que Regina adhirió al programa provincial ‘Más cultura’

    El Intendente Marcelo Orazi y el Secretario de Estado de Cultura de Río Negro Ariel Ávalos firmaron este viernes el convenio de mutua adhesión al Programa “Más Cultura” para el desarrollo de dos programas municipales ‘GastroArte’ y ‘Desde el Galpón’ durante la temporada invierno 2021 con el fin de difundir y promover el arte y…

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