licitacion-privada-para-la-adquisicion-de-lena

Licitación privada para la adquisición de leña

La Municipalidad de Villa Regina puso en marcha la licitación privada Nº 04/2021 para la adquisición de 4.000 kilos de leña (frutal seca trozada).

El presupuesto oficial es de $ 2.800.000 y la apertura de las ofertas se realizará el 16 de abril a las 11 horas.

Las mismas se recibirán hasta la fecha y hora de la apertura. Para atención y consultas, comunicarse con el Departamento de Compras en el horario de 7,30 a 13 al mail [email protected] o al teléfono 2984 464550, interno 108.

(Foto ilustrativa)

Difunde esta nota

Te puede interesar

  • |

    Recomiendan extremar los cuidados contra la hipertensión arterial por el coronavirus

    En el Día Mundial de la prevención de la Hipertensión Arterial (HTA), especialistas aconsejaron fortalecer la prevención, los controles y la continuidad de los tratamientos, al advertir que además de ser el principal factor de riesgo cardiovascular, aumenta la posibilidad de contraer formas severas de coronavirus. «La hipertensión arterial es una enfermedad silenciosa, sin síntomas. Más allá de…

    Difunde esta nota
  • Unas 350 personas fueron atendidas en ‘Comunidad en Municipios’

    Alrededor de 350 personas fueron atendidas de manera personalizada en el marco del programa ‘Comunidad en Municipios’ que se desarrolló durante miércoles y jueves en Villa Regina. El polideportivo Cumelen fue el escenario que concentró distintas áreas del Ministerio de Gobierno y Comunidad de Río Negro. De esta manera, más de 190 personas pudieron renovar…

    Difunde esta nota
  • La deuda como pregunta política

     

    En entrevistas recientes, el presidente Javier Milei volvió a descartar cualquier medida para aliviar a los deudores, mientras la morosidad de las familias argentinas alcanza niveles récord. En diálogo con LN+, planteó la cuestión como un simple problema contractual entre partes privadas: si alguien no puede cumplir un compromiso asumido libremente con un banco o una financiera, dijo, no le corresponde al Estado «pasarle la cuenta a todos los demás». Preguntó, retóricamente, si a esos deudores «alguien les puso una pistola en la cabeza» para tomar el crédito, y atribuyó buena parte del deterioro a los «ataques del kirchnerismo». Días antes, el propio ministro de Economía, Luis Caputo, había usado casi la misma fórmula -«un acuerdo entre privados»- para explicar por qué el Gobierno no contempla ningún rescate a las familias endeudadas.

    La secuencia de datos que motivó esas declaraciones es contundente. Según el Banco Central, la mora del sector privado no financiero alcanzó en mayo de 2026 su nivel más alto en veinticuatro años, tras diecinueve meses consecutivos de aumento; recién en junio se registró una leve baja, del 7,7% al 7,6%, con la mora de las familias cediendo apenas de 12,8% a 12,7%. Frente a esos números, la respuesta oficial no fue de política pública sino de filosofía moral: la deuda, para el Gobierno, es un asunto que se dirime entre dos privados y en el que el Estado no tiene por qué intervenir.

    Sin embargo, esta respuesta -y el fastidio que generó- no es un exabrupto aislado. Es la expresión más nítida de una inflexión profunda de las democracias contemporáneas: cada vez más las deudas de los hogares enlazan la política y la sociedad, y, por lo tanto, se han convertido con el tiempo en una de las arenas centrales donde se juzga el apoyo de los gobiernos. 

    La filosofía moral de Milei (“acuerdo entre privados”) choca con esta realidad sociológica de la deuda.

    La deuda de las familias no se limita a organizar el consumo o el presupuesto doméstico: también organiza la percepción y el juicio políticos. La capacidad -o la incapacidad- de honrar los pagos se vuelve una prueba cotidiana de la credibilidad del Estado, de la competencia del gobierno y del valor de las promesas colectivas. En ese sentido, las familias endeudadas no reproducen simplemente lógicas financieras: interpretan y evalúan el desempeño político de los gobiernos democráticos a través de sus obligaciones financieras.

    En Una Historia de Como Nos Endeudamos (Siglo XXI editores) muestro que la deuda de las familias ha sido una arena fundamental a través de la cual los ciudadanos le atribuyeron crédito o culpa a los gobiernos democráticos de la Argentina desde 1983, mediando la relación entre ciudadanos y Estado y moldeando tanto las condiciones materiales como las expectativas morales y políticas con que los argentinos evaluaron a sus sucesivos gobiernos.

    Cada ciclo político desde el retorno de la democracia puede leerse en esa clave -incluido el que llevó al gobierno al actual presidente.

    Democracia indexada (1983-1989). La crisis de la deuda externa y la alta inflación marcaron el comienzo de los años ochenta en América Latina. En Argentina, la redemocratización ocurrió en ese contexto, tras la dictadura de 1976-1983. El gobierno de Raúl Alfonsín fue puesto a prueba por una ola creciente de endeudamiento hipotecario: las familias no lograban sostener los pagos a causa de la inflación, y las clases medias entraban en una espiral sin precedentes de descenso social.

    Democracia neoliberal: deuda y promesa de estabilidad (1991-2001). El plan de convertibilidad del gobierno peronista de Carlos Menem unió deuda familiar y deuda soberana: mientras la primera crecía, la segunda garantizaba la estabilización y las reformas neoliberales que ampliaron el consumo —inmuebles, electrodomésticos, autos, viajes—, financiado externamente por el Estado. La crisis de 2001 cerró el ciclo: ambos tipos de deuda se volvieron impagables y las calles se llenaron de protestas.

    Democracia posneoliberal: deuda y promesa de inclusión (2003-2015). Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia y los Kirchner en Argentina prometieron corregir los efectos del neoliberalismo, apoyados en el boom de las materias primas. La tarjeta de crédito se convirtió en pasaporte de consumo para sectores históricamente excluidos: mientras el Estado argentino pagaba su deuda soberana, nuevas deudas familiares sostenían la promesa de inclusión —un ciclo dependiente de condiciones volátiles.

    La deuda en la democracia promercado (2015-2019). Mauricio Macri sucedió ese ciclo con créditos hipotecarios e inclusión financiera como banderas promercado. Tras una fuerte devaluación del peso —que no evitó un nuevo préstamo del FMI—, los ingresos se evaporaron y las deudas aumentaron; pedir prestado a familiares y usar la tarjeta para comida, remedios y alquiler se volvió cada vez más habitual. El estrangulamiento de la deuda soberana y familiar catalizó el cambio de gobierno.

    Democracia bajo la pandemia y la alta inflación (2019-2023). La deuda de la pandemia y el retorno de la inflación por encima del 100% anual explican el descontento social y el apoyo creciente a la extrema derecha. A diferencia de otros países, que ampliaron la deuda pública para financiar la emergencia sanitaria, el gobierno argentino tuvo que negociar la deuda soberana heredada, lo que limitó su política asistencial —y empujó el crecimiento de la deuda familiar, orientada apenas a preservar la vida cotidiana. En ese escenario de fatiga económica y cansancio moral emergió Javier Milei, canalizando el resentimiento contra la clase política y prometiendo la liberación de la inflación y de la deuda.

    Tu deuda no es tu culpa

    En diciembre de 2023, Javier Milei llegó al poder montado sobre un estado de ánimo colectivo marcado por el agotamiento moral. No era simplemente la pobreza, ni la inflación aislada, ni la devaluación -era la sensación de haber hecho todo bien (trabajar, ahorrar, sacrificarse) y aun así no alcanzar; la percepción de correr en el lugar, de esforzarse sin que el esfuerzo diera frutos.

    Mis investigaciones de 2023 mostraban ese estado de ánimo difundido transversalmente: quien había pedido prestado para comer y la clase media que no llegaba a fin de mes compartían la sensación de que el esfuerzo propio no encontraba retorno institucional -de que las deudas no eran el precio de algo, ni el escalón hacia ningún lugar, sino simplemente el precio de permanecer en el lugar. Para no caer.

    Argentina no está sola en este cuadro. Basta mirar a Brasil, donde en abril de 2026, por primera vez desde que el indicador se mide, más de cuatro de cada cinco familias declararon tener algún tipo de deuda. El 80,9% marcó el máximo histórico de la serie de la Encuesta de Endeudamiento e Incumplimiento del Consumidor (Peic), realizada por la Confederación Nacional de Comercio, y no fue un pico aislado: fue el quinto mes consecutivo de récords, con el índice avanzando aún más en mayo, al 81,6%. Según el Banco Central brasileño, la porción del ingreso familiar comprometida con el pago de deudas saltó de cerca del 22% en 2019 al 29,7% a fines de 2025 —casi un tercio del presupuesto doméstico ya reservado antes de llegar a la heladera, al alquiler o a la factura de luz. Frente a ese cuadro, el gobierno federal relanzó en mayo el Novo Desenrola Brasil, un programa de renegociación de deudas para familias, estudiantes y pequeños negocios asfixiados por el crédito caro —una respuesta, se podría decir, en las antípodas de la que ensaya el gobierno argentino.

    La deuda de las familias volvió a infiltrarse en la disputa electoral brasileña, como seis años antes ya había atravesado la elección que llevó a Lula a su tercer mandato -y reaparece ahora que busca la reelección. Las finanzas domésticas ocupan un lugar cada vez más central en la política contemporánea, los ejemplos se acumulan más allá de Argentina y Brasil: difícilmente se entienda el ascenso de Gabriel Boric en Chile sin el malestar del endeudamiento exorbitante de las familias chilenas, herencia de un modelo que privatizó la educación, la salud y la previsión social y empujó al crédito a llenar el vacío dejado por el Estado. Del mismo modo, la crisis política española que proyectó a Podemos al gobierno no se explica sin las movilizaciones de hipotecados, cuya indignación contra los desalojos le dio a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca una centralidad que ningún partido tradicional supo anticipar.

    La democracia no se manifiesta solo en las instituciones, los partidos o las elecciones, sino también en la vida monetaria íntima de las familias. Es allí, en la frontera donde los significados morales y políticos del endeudamiento se encuentran con las expectativas dirigidas al Estado, donde la confianza —o la desconfianza— en la promesa democrática se decide día tras día.

    La sociología de la deuda enseña algo que la economía suele olvidar: el momento en que una familia no puede pagar no es solo un evento financiero, sino el momento en que se activa la pregunta sobre la responsabilidad. ¿Quién tiene la culpa, el deudor que no supo administrarse, el gobierno que no controló la inflación, o el sistema que prometió lo que no podía cumplir?

    En la Argentina de hoy, esa pregunta vuelve a estar disponible: los hogares que se endeudaron para sobrevivir, que esperaron que el ajuste de Milei trajera estabilidad y ven acumularse la morosidad sin que el horizonte se abra, están en ese umbral moral en el que el sufrimiento privado busca una explicación pública y un responsable político. Que el propio Presidente responda a esa pregunta diciendo que no es asunto del Estado sino «un acuerdo entre privados» no cierra la discusión: la reabre, porque son millones de hogares los que, todos los días, deciden si esa respuesta les resulta creíble o buscaran devolver a esas palabras un rechazo tan profundo como el que llevo al propio Milei a la presidencia. 

    La entrada La deuda como pregunta política se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • | |

    AMÉN

    Hoy por la mañana, el juez Álvaro Meynet dictó sentencia, informó que el ginecólogo Leandro Javier Rodriguez Lastra fue declarado culpable penalmente del delito de incumplimiento de sus deberes de funcionario público y posteriormente expresó en función del artículo 86 del código penal cuando un aborto se considera no punible. También resaltó que Rodríguez Lastra…

    Difunde esta nota
  • Macri se queda sin candidatos para condicionar a Jorge: Vidal y Dietrich le dijeron que no

     

    A Mauricio Macri se le quemaron los papeles para condicionar su primo, Jorge Macri, en la pelea por la sucesión en la Ciudad de Buenos Aires. El ex presidente se queja en privado de que el jefe de Gobierno no lo consulta ni lo considera como él esperaba cuando, en rigor, su aspiración era manejarle el gobierno desde afuera.

    Con esa frustración a cuestas, el líder del PRO tanteó tanto a María Eugenia Vidal como a Guillermo Dietrich para que pelearan por el sillón de Uspallata pero ambos declinaron su ofrecimiento. Incluso, le ofreció los mismos honores a su ladero y secretario general del partido, Fernando De Andreis, quien en los últimos días aceptó públicamente que «los mejores candidatos» serían Jorge en la Ciudad y Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires.

    Acaso resignado, Macri se lamenta evocando los tiempos en que el actual jefe de Gabinete y Edgardo Cenzón ocuparon el Ministerio de Espacio Público en la Ciudad de Buenos Aires. Cenzón, además, llegó a ser ministro de Infraestructura de Vidal en el gobierno bonaerense. «Cuando estaban Santill y Cenzón, me iba mejor que con Jorge», habría confesado en la intimidad el ex Jefe de Estado.

    El problema de Mauricio es que no puede condicionar a Jorge sin un candidato competitivo que pueda pisar el distrito porteño. En efecto, el razonamiento de aquellos a los que convidó con esa faena fue que el jefe de gobierno es, a su vez, el presidente del PRO en Capital Federal y tiene potestad como autoridad de la Ciudad para ponerle fecha a las elecciones: «son dos herramientas que hacen imposible que Macri pueda correrlo a Jorge», dijo una fuente al tanto de las conversaciones a LPO.

    Macri le pide a Karina que Santilli y Jorge encabecen en Provincia y Ciudad

    Por otra parte, las encuestas que reciben en el entorno del ex intendente de Vicente López es que habría mejorado su imagen por la obra pública y sus campañas agresivas en materia de seguridad. «Es el candidato del PRO que mejor mide», dicen, y esa es otra razón para que ni Vidal ni Dietrich se animen a competir.

    Lo paradójico es que a Karina Milei le sucede algo parecido. Después de asediar a Jorge sin piedad, la caída en desgracia de Manuel Adorni y la pelea contra Patricia Bullrich, que dice que no está para cambiar baldosas, se quedó sin una figura que amenace con hacerle sombra al primo de Mauricio.

    Jorge Macri, en la Rosada.

    Por eso, la hermana presidencial se vio forzada a lanzar recorridas con la legisladora Pilar Ramírez, que esta semana irá a la heladería Luciano’s y la reconocida fábrica de muebles Fontenla con su diputada predilecta. «Karina no tiene un candidato como para presionar a Jorge y se vio forzada a hacer la gira con Pilar», comentaron a LPO.

    La apuesta de la secretaria general de la Presidencia sería fortalecerse para negociar lugares en las listas de legisladores o espacios en el gabinete que se pueda conformar ante un eventual triunfo compartido.

    Como sea, Macri y Karina transitan la misma suerte frente al jefe de gobierno: sin un candidato fuerte, sería difícil que se impongan en la discusión por el distrito.

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta