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La política exterior, rehén de la ideología y caprichos de Milei

La política exterior sigue siendo uno de los aspectos más flojos de la presidencia de Javier Milei. Desde el inicio de su gestión, el líder libertario ha carecido de una estrategia consistente de relacionamiento con el mundo y ha fijado a su ideología y preferencias personales -expresadas muchas veces de manera impulsiva- como los pilares de la política exterior.


Con Milei, la Argentina ha sostenido un tipo de posicionamiento internacional que es único en el mundo: Alineamiento total con EEUU e Israel, sin importar los principios, valores e intereses nacionales que se comprometan. Y sin importar que este posicionamiento no revista ningún beneficio concreto para la Argentina. Resulta especialmente grave que esta política exterior no surge de un pensamiento estratégico. Es que no hay estrategia ni estrategas internacionales en el entorno de Milei. Por eso, el presidente constantemente incurre en sobreactuaciones patéticas frente a EEUU, haciendo cosas que ni la propia Casa Blanca le demanda.


La vergonzosa traición a Ucrania en la ONU
Tal fue el caso del famoso voto en soledad contra Cuba en la ONU, que derivó en la humillante salida de Diana Mondino al frente de la Cancillería, en noviembre. Ahora, Milei ha llegado al colmo de traicionar a Ucrania, tras haber sido previamente uno de sus principales aliados a nivel mundial.


Recordemos que Argentina fue el único país latinoamericano que visitó Volodymyr Zelensky desde que inició la guerra con Rusia, justamente para asistir a la asunción presidencial de Milei. El líder argentino retribuyó ese gesto con apoyo constante a la posición ucraniana en foros internacionales y hasta llegó a prometer ayuda militar a Zelensky. Ahora, el amor de Milei por Donald Trump y Elon Musk pudo más. Argentina quedó en una posición incoherente y vergonzosa, que hasta compromete nuestro histórico reclamo por Malvinas. Argentina siempre apoyó las resoluciones que condenan el uso de la fuerza y la agresión sobre la soberanía estatal.
La pusilanimidad sin estrategia es el peor de los mundos en relaciones internacionales, sobre todo para un país vulnerable como Argentina. ¿Habrá pensado Milei que con abstenerse en la votación por Ucrania aumentaría sus chances, hasta ahora muy dudosas, de conseguir la tan preciada asistencia financiera que espera desde Washington? Mientras tanto, enfrascado en sus diatribas ideológicas, Milei sigue despreciando las relaciones con socios económicos estratégicos, como Brasil y China.


Volviendo a la controversial votación por Ucrania, paradojalmente, Milei decidió votar igual que el grueso de los países del BRICS, foro al que rechazó ingresar al inicio de su mandato por razones ideológicas. Argentina votó igual que China, India, Brasil y Sudáfrica, entre otros, aunque estos países mantuvieron la misma posición desde el inicio de la guerra. El voto argentino también alejó a Milei de Europa, que exhibió fuerte unidad en favor de Ucrania, y de gran parte de América Latina.


El canciller Gerardo Werthein balbuceó una explicación muy poco convincente ante los medios, tras el voto argentino: “No cambiamos nuestra posición sobre Ucrania, apoyamos la negociación por la paz y esperamos que después se discuta todo lo otro”. Habrá que avisarle al canciller que “todo lo otro” (o mejor dicho todo, a secas) ya fue negociado la semana pasada en Riad, mano a mano entre Rusia y EEUU. Cabe recordar: Sin Ucrania, sin Europa y, por supuesto, sin nosotros.


La ignorancia libertaria y el núcleo de obsecuentes que rodea al presidente han alimentado en Milei percepciones erróneas sobre cómo funciona la diplomacia, hacia dónde va el orden global y, sobre todo, respecto a la propia política exterior de EEUU. Eso es lo primero que Milei pareciera no comprender, embelesado por las marquesinas de los atriles internacionales y por la cercanía con sus “amigos” Trump y Musk. El mundo atraviesa su momento más oscuro e incierto desde 1989, con una inesperada novedad de primer orden: EEUU, la mayor potencia económica y militar, se ha convertido en el principal factor de inestabilidad global.


El desprecio de Milei por la diplomacia profesional.
Para complicar aún más la perspectiva de la política exterior argentina, Milei ha decidido poner a cargo de la Cancillería a gente sin experiencia en la materia, como han sido los casos, primero de Mondino y, ahora, de Werthein. Al mismo tiempo, Milei ha manifestado un profundo desprecio por el cuerpo profesional de la Cancillería, poniendo en duda su valor. Por primera vez desde su creación, este será el primer año sin nuevos ingresantes al Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN). Y hasta se rumorea que podría directamente desaparecer bajo la motosierra.


Por otra parte, Milei ha permitido que su hermana Karina intervenga diversas áreas del organismo con gente cuyo único mérito es ser amigos del poder. Son los casos de Diego Sucalesca, un exactor a cargo del área de promoción de inversiones; Úrsula Basset, una abogada especializada en familia; y Nahuel Sotelo, un influencer veinteañero que fue entronado en una inverosímil área de “Cultura y Civilización”. Términos que hacen referencia a uno de los mayores fetiches ideológicos de Milei: la “batalla cultural”. En este contexto, hasta el troll libertario Juan Carreira ha intervenido en circuitos de toma de decisión dentro de la Cancillería.


Entre los diplomáticos de carrera prima el desánimo y la confusión. Si bien Werthein cuenta con más apoyo y peso político que Mondino, la tarea principal que ha estado desplegando desde que asumió es llevar a cabo una absurda caza de brujas sobre los funcionarios que no piensan igual que el presidente. En definitiva, así está actualmente la política exterior argentina, rehén de la ideología y los caprichos de un presidente que sólo parece dispuesto a seguir redoblando la apuesta.


Por Patricio Giusto.

Director del Observatorio Sino-Argentino. Profesor visitante en Zhejiang University (China) y regular en la Universidad Católica Argentina.

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    Esas infracciones a la norma generaron cambios en las políticas de la FIFA. A partir del gesto rebelde de Rattin en 1966, para ordenar las sanciones, el árbitro inglés Ken Aston creó el sistema de tarjetas rojas y amarillas inspiradas en los colores de las luces del semáforo. Luego del gol con el puño izquierdo de Maradona, un dato no menor en este contexto, si le quitamos el aura religiosa al asunto —un gol de trampa, el ilícito (según Fernando Signorini), que el VAR hubiera anulado (y entonces quizá no ganábamos el Mundial 86, y quien dice cómo hubiese sido la historia); el robo de la billetera a los ingleses en palabras de Diego (de nuevo, economía geopolítica); un acto de revancha por los pibes de Malvinas— la FIFA comenzó a sancionar acciones dentro de la cancha como quitarse la camiseta (para evitar mensajes políticos o religiosos en las remeras interiores) y endureció los castigos por gestos provocadores a la tribuna rival, buscando aislar el juego de las tensiones del mundo real. Hoy, en Estados Unidos 2026, apuntar al cobro de un peaje financiero parece preferible a interrumpir el espectáculo y el juego. Para usar otro lugar común: el show debe continuar.

    Tanto las declaraciones de Milei diciendo que “no hay que mezclar la hacienda”, calificando de “gestos de patrioterismo baratos, berretas” a los que reivindican la soberanía nacional del país que gobierna, o el posicionamiento opuesto de la vicepresidenta Victoria Villlarruel, hija de un militar combatiente de Malvinas, así como el pedido del primer ministro inglés Keir Starmer de que la FIFA abra una investigación a los jugadores o los titulares, o la “acusación” de los medios británicos como The Guardian, que catalogó el hecho como la exhibición de una «bandera política» («political Falklands flag«), dejan en claro que sí, que la cosa está mezclada.

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    La entrada Justicia poética se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    El cierre intempestivo de la tradicaional autopartista Crucianelli de la ciudad de Córdoba volvió a poner en evidencia la profundidad de la crisis que atraviesa la industria metalmecánica cordobesa y abrió un nuevo frente interno en el cordobesismo.

    Mientras los trabajadores encontraron los portones de la planta soldados y sin ninguna comunicación oficial de la empresa, Juan Schiaretti aprovechó el episodio para cuestionar el rumbo económico de Javier Milei, en contraste con la estrategia de acercamiento que Martín Llaryora viene ensayando con la Casa Rosada, potenciada desde la llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete.

    La autopartista, ubicada sobre avenida Armada Argentina de la ciudad de Córdoba, dejó a unos 20 operarios altamente capacitados sin trabajo. El caso tuvo un fuerte impacto simbólico por la forma en que se produjo el cierre: los obreros llegaron a cumplir su jornada habitual y encontraron la fábrica completamente clausurada, con los portones soldados. Como se sabe, no se trata de una situación aislada.

    En el Gobierno provincial admiten que el problema excede ampliamente a una empresa. La metalmecánica cordobesa acumula meses de caída de actividad, reducción de personal y establecimientos en procedimientos preventivos de crisis; golpeada por la retracción del mercado interno y la apertura de importaciones con un dólar poco competitivo.

    El episodio, además, quedó rápidamente atravesado por la disputa política.

    Schiaretti publicó un mensaje en redes sociales advirtiendo sobre el deterioro del aparato productivo. El exgobernador dijo que la automotriz es una «economía regional clave» que precisa «previsibilidad para su desarrollo».

    La industria automotriz sigue cayendo y las terminales produjeron 18,3% menos que en el primer semestre de 2025

    En ese marco, pidió a La Libertad Avanza que prorrogue las leyes de «Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo» y la de «Promoción de Inversiones Automotrices». «Argentina se ubica en el cuarto lugar en la producción de pickups en el mundo, un logro que se alcanzó gracias al esfuerzo de todos», dijo Schiaretti.

    El pedido de Schiaretti fue tras reunirse con el clúster automotriz de Córdoba, que tiene como principal objetivo mejorar la competitividad de la cadena industrial automotriz de Córdoba». El posteo de Schiaretti fue 48 horas después de la foto de Llaryora con Santilli.

    Repasemos los posteos anteriores de Schiaretti, El 24 de junio avisó que no votaría el Súper RIGI porque este esquema, en su visión, «sólo beneficia a grandes corporaciones en detrimento de otras actividades productivas». Antes, el 12 de junio, Schiaretti había pedido la cabeza de Manuel Adorni: «El Gobierno nacional no puede seguir sosteniendo una mentira más», había dicho Schiaretti en X.

    En paralelo, Llartora viene profundizando un vínculo pragmático con Milei. La relación mejoró sensiblemente durante los últimos meses a partir de acuerdos fiscales, negociaciones por obras públicas y un diálogo permanente con la Casa Rosada que le permitió recuperar fondos nacionales y mostrar una imagen de cooperación institucional. Con la llegada de Santilli el Gobierno de Córdoba espera profundizar el entendimiento de cara a las elecciones provinciales del año que viene.

    Por eso, en el oficialismo provincial procuran evitar cualquier confrontación directa con el Presidente, incluso cuando los indicadores económicos empiezan a encender alarmas entre empresarios y sindicatos. En ese contexto, el cierre de la autopartista Crucianelli vuelve a poner a prueba ese delicado equilibrio. 

     

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