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LA ONG AMIGOS DEL RÍO RECUPERÓ 48 HECTÁREAS PARA TODOS LOS RIONEGRINOS

La ONG Amigos del Río con el apoyo de la municipalidad de Fernandez Oro lograron recuperar 48 hectáreas con acceso a 6 kilómetros de costa al río Negro que se encontraban usurpadas por empresas privadas que hace más de dos décadas se habían apropiado de tierras de dominio público.

Un grupo de vecinos nucleados en una ONG llamada Amigos del Río impulsó la iniciativa para recuperar el acceso libre a las costas del río Negro en su ciudad Fernandez Oro, de este modo y en conjunto con la municipalidad recuperaron más de 48 hectáreas de naturaleza pura que comprenden por ejemplo 13 kilómetros de sendero, ubicado a 4 km de la ruta provincial 65 y a 2 de la 22, se accede por la calle La Criollita (la de la YPF) que se encontraba cerrada debido a que una empresa que posee tierras en sus inmediaciones había decidido cortar el acceso. «Presentamos el proyecto en septiembre del año pasado (el 688/22) y se aprobó lo de ‘paseo costero ecológico y viveros municipales’ para recuperar el lugar», cuenta Pablo Fica referente de la ONG.

Esa misma empresa había rellenado con toneladas de basura un brazo del río Negro, un arroyo de 1,5 km de extensión y unos 30 metros de ancho que se encontraba sin agua a causa de obstáculos de tierra que habían depositado en lugares estratégicos, lo cual le permitió extender sus propiedades sobre tierras de dominio público e impedir que 25.000 personas tengan acceso a las costas.

El Paseo Costero Ecológico, así se llamó el proyecto presentado en el Concejo Deliberante local, brinda a la comunidad un espacio de recreación y esparcimiento, como así también el cuidado de la vegetación existente en el área, cumpliendo con objetivos sociales, ecológicos y turísticos de la ciudad. El crecimiento de Fernandez Oro es notable, no sólo en cuanto al número de habitantes, sino también en sus dimensiones por lo cual el Paseo es socialmente necesario.

“Creemos que la lucha organizada y consciente emprendida por un grupo de orenses para restablecer la soberanía sobre nuestro río Negro constituye la manifestación más plenamente cultural que existe. Le exigimos a la empresa Zoppi Constructora que devuelva nuestras costas sobre el Río que nos pertenece a todos”, presagia un posteo en su IG allá por inicios de año y así fue. Hoy las costas volvieron a ser de la gente de Fernandez Oro. Porque la queja pública en redes es válida pero después hay que ser consecuente y honrar el reclamo yendo a más. Como lo hizo Pablo Fica, un ex policía que luego de un accidente grave se reinventó y empezó a trabajar en acciones concretas y beneficiosas para todos sus conciudadanos.

Luego del accidente, en rehabilitación y con mucho tiempo libre Fica buscaba actividades para no deprimirse y en un momento se enteró que empresas locales arrojaban basura en el río Negro y eso lo movilizó ya que él suele hacer actividades en el  río: “Soy fanático del medio ambiente, me capacité mucho y como a la vez estudié diseño visual, decidí crear una página Amigos de Río con la idea de generar contenidos sobre los problemas ambientales en la región. Empezamos a crecer, mi intervención en la Radio De Oro nos facilitó todo. Iniciamos con mi núcleo familiar y amigos en enero de 2022, todo a pulmón», comenta el referente de la ong.

El municipio realizó los trabajos de apertura de la Calle La Criollita para arribar hasta las costas del río Negro. Donde antes había una playa privada hoy puede acceder toda la ciudad. «El logro más grande fue la apertura del camino, en conjunto con vecinos. Somos más de 30 personas trabajando voluntariamente y con pasión «, expresa lleno de orgullo.

SLAPP: HOSTIGAMIENTO Y ACOSO JUDICIAL INFUNDADO

SLAPP es un acrónimo que significa, por sus siglas en inglés, demanda estratégica contra la participación pública. ¿Qué significa esto? Muchas veces empresas o políticos quieren ocultar sus acciones, ya sea porque son ilegales o porque perjudican a la gente. No quieren que ningún periodista o activista revele información o accionares que los comprometan, o bien como este caso en el que se han apoderado de tierras públicas con acceso al margen del río Negro. Así que, para mantener el silencio, inventan algo infundado para generar acciones legales a quien los haya denunciado públicamente, con el objetivo de que dejen de investigar o de informar.

El Centro Europeo para la Libertad de Prensa y Medios de Comunicación define más formalmente un SLAPP como «un pleito presentado por sujetos poderosos (por ejemplo, una corporación, un cargo público, un empresario de alto perfil) contra individuos u organizaciones no gubernamentales que hayan expresado una posición crítica sobre una cuestión sustantiva de cierto interés político o importancia social». El término y el concepto aplican perfectamente a lo que han sufrido funcionarios municipales y Pablo Fica referente de la ONG.

 “Una nueva forma de censura y de creación de miedo en autoridades y vecinos que trabajaron en la recuperación de casi 50 hectáreas en la localidad rionegrina de General Fernández Oro con demandas infundadas o exageradas y otras formas legales de intimidación iniciadas por una corporación comercial que se vio afectada por la recuperación de las costas sobre el río Negro en la ciudad Patagónica de Fernández Oro contra funcionarios y vecinos defensores de los derechos ambientales. Sin duda que recuperar el río para el pueblo transmite un mensaje incómodo a los poderosos”, explican los Amigos del río en uno de sus posteos.

No solo se recuperaron 48 hectáreas, también se recuperaron 270.000 árboles, un gran bosque, 6km de costas sobre el Río Negro y un espacio de gran diversidad y esto claramente es un mensaje incómodo a los poderosos que en lugares como ese solo ven negocios inmobiliarios.

Recordemos, que dos empresas privadas hace décadas habían avanzado sobre zonas de ribera de dominio público, colocando cercos sobre estas tierras que le pertenecen a los vecinos y vecinas orenses apropiándose de más de 25 hectáreas.

OKUPAS CON PODER: FIGURITA REPETIDA EN RIO NEGRO

La justicia local ordenó a la empresa Zoppi constructora a retirar los rellenos con basura que había depositado en un arroyo del río. La Dra. Fernández, titular del Juzgado de Falta de General Fernández Oro, llevó adelante una investigación de los cuestionados rellenos dentro de un cauce natural de agua dulce en la zona costera próxima al Paseo Costero Ecológico de Fernandez Oro donde ordenó el cese de tareas de relleno en un arroyo del río Negro y procedió a aplicar una multa a finales del 2022 por contaminación y otra por incumplimiento de la empresa ante la obligación de mitigar los daños ocasionados al ecosistema de casi el 60% de costas que posee la localidad.

Se analiza involucrar a la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro para que anule la concesión minera por la violación al Código Minero de Río Negro, ya que quedó probado ante la justicia la responsabilidad del titular de esta cantera que causó un daño al ambiente y la comunidad de General Fernández Oro.

También se abrió una nueva investigación, en este caso desde el área de Comercio porque dicha empresa posee una concesión minera sobre tierra fiscales para desarrollar una cantera de categoría 3 y la misma no cuenta con habilitación comercial.

El Municipio de General Fernández Oro y la ONG Amigos del Río ya comenzaron a trabajar en la restauración de la circulación de agua del arroyo. Es la primera vez en el Alto Valle que se lleva adelante un deslinde administrativo por personal del Departamento Provincial de Agua, poniendo fin a la usurpación por parte de privados de las tierras de dominio público.

El Código de Agua de la Provincia de Río Negro permitió en diciembre del 2022 el ingreso a este lugar y en Julio del 2023 el DPA fijó la “Línea de Ribera” sobre este arroyo según lo estipulado por la Ley 2952. Por este motivo, en los últimos días se retiraron uno de los tres terraplenes artificiales que privados ejecutaron sobre este brazo del río Negro.

A su vez se trabaja en la prohibición y multas de los depósitos de material y basura sobre los cursos de agua que impliquen taponados, terraplenados o cualquier otra obra o acción que signifique el entorpecimiento del curso de agua, respetando siempre el ancho y la cota natural de los mismos.

Un gran ejemplo de participación ciudadana activa que con el apoyo de vecinos, vecinas y la pata política, más un buen uso de las redes sociales para comunicar, generar sentido de pertenencia y apropiación del proyecto; lograron recuperar un espacio, que más allá de sus dimensiones, era plenamente de la comunidad local y no de unos pocos privados.

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    DELPINI – De La Bombonera Al Abasto: El Ingeniero que revolucionó la construcción en Argentina y el mundo

     

    José Luis Delpini, el ingeniero detrás de La Bombonera y el Mercado de Abasto, revolucionó el hormigón armado y dejó una huella única en la construcción argentina y mundial.

    Por Redacción de NLI

    1939

    Hay edificios que se construyen y hay edificios que cambian para siempre la manera de construir. La diferencia no está solamente en la espectacularidad de una obra terminada, sino en aquello que sucede detrás de sus paredes, en las soluciones que permiten que una idea aparentemente imposible termine convirtiéndose en una estructura que desafía las limitaciones de su época. En la Argentina de las décadas de 1920 y 1930, cuando el hormigón armado todavía representaba una frontera tecnológica en expansión, José Luis Delpini fue uno de los ingenieros que empujó esa frontera hasta lugares que sorprendieron incluso a especialistas internacionales. Su nombre quedó asociado para siempre con dos edificios que forman parte de la identidad porteña: el Mercado de Abasto y la Bombonera. Pero reducir su trayectoria a esas dos obras sería, justamente, cometer la misma injusticia histórica que durante décadas mantuvo su figura en un segundo plano.

    Delpini se recibió de ingeniero civil en la Universidad de Buenos Aires en 1921, en una época en la que la ingeniería argentina comenzaba a adquirir un papel decisivo en la transformación material del país. La propia Facultad de Ingeniería de la UBA lo reconoce como uno de los pioneros del uso del hormigón armado en la Argentina. Su formación coincidió con una etapa de enorme transformación urbana: Buenos Aires crecía, la industria se expandía, aparecían nuevos medios de transporte y las técnicas constructivas europeas comenzaban a combinarse con una necesidad local cada vez más evidente: hacer posible una ciudad moderna utilizando soluciones adaptadas a sus propios problemas y recursos.

    El Abasto: Cuando El Mercado Se Convirtió En Arquitectura

    A fines de la década de 1920, el desafío consistía en reemplazar y ampliar el viejo Mercado de Abasto de la avenida Corrientes, un espacio que ya no podía responder a la dimensión que había adquirido la actividad comercial. El nuevo proyecto fue desarrollado por el estudio formado por Delpini, el arquitecto esloveno Viktor Sulčič y el geómetra Raúl Bes. La obra comenzó a ejecutarse a comienzos de los años treinta y las partes principales fueron inauguradas en 1934.

    Lo extraordinario no estaba solamente en las dimensiones del edificio, sino en la manera de resolverlas. Delpini llevó el hormigón armado a una escala que todavía resultaba novedosa en la Argentina. Las grandes cubiertas permitían cubrir luces considerables y, al mismo tiempo, incorporar iluminación natural mediante sectores de vidrio armado. El resultado fue una estructura en la que la ingeniería no quedaba escondida detrás de la arquitectura: la propia estructura se convertía en arquitectura. Documentación patrimonial de la Ciudad de Buenos Aires considera aquella solución un proyecto revolucionario para su época y uno de los hitos de la arquitectura argentina.

    El Abasto también permite entender algo fundamental sobre Delpini: para él, la ingeniería no consistía simplemente en calcular cuánto peso podía soportar una viga. Existía una búsqueda estética inseparable de la solución estructural. En esa concepción, la forma no era un adorno agregado después del cálculo: nacía de la necesidad de resolver el problema constructivo. Por eso las grandes bóvedas, los nervios del hormigón y los espacios interiores del mercado terminaron produciendo una imagen arquitectónica que todavía hoy resulta reconocible.

    La magnitud de aquella innovación no pasó inadvertida. El Consejo Profesional de Ingeniería Civil recuerda a Delpini como un realizador estructural excepcional y destaca su relación con el italiano Pier Luigi Nervi, uno de los grandes nombres mundiales de la ingeniería estructural del siglo XX. Nervi llegó a considerar a Delpini un realizador extraordinario, una valoración particularmente significativa si se tiene en cuenta que ambos pertenecían a una generación que estaba redefiniendo las posibilidades del hormigón armado.

    La Bombonera: Construir Donde Parecía No Haber Lugar

    Después del Abasto llegó el desafío que terminaría convirtiendo a Delpini en parte de la cultura popular argentina. Boca Juniors necesitaba un nuevo estadio y el terreno disponible imponía una condición brutal: había que construir una cancha de enorme capacidad dentro de un espacio urbano extremadamente limitado. El proyecto de Delpini-Sulčič-Bes ganó el concurso y la construcción comenzó en 1938. El estadio fue inaugurado el 25 de mayo de 1940.

    La solución fue tan particular que terminó generando una de las formas más reconocibles del fútbol mundial. En lugar de intentar reproducir el modelo tradicional de un estadio simétrico, el proyecto aprovechó cada centímetro disponible. Las tribunas fueron organizadas en bandejas superpuestas, con una inclinación muy pronunciada, mientras una de las cabeceras quedaba abierta a una configuración diferente. La estructura permitía ganar altura y capacidad allí donde el terreno no permitía ganar superficie.

    La Bombonera, entonces, no fue simplemente una cancha diseñada con una forma extravagante. Fue la consecuencia visible de una solución de ingeniería frente a una restricción urbana. Esa es probablemente la clave para entender su singularidad. Allí donde otro proyecto habría concluido que el terreno era insuficiente, Delpini convirtió la falta de espacio en una oportunidad para experimentar con la estructura.

    El propio nombre popular del estadio quedó ligado a aquella etapa del proyecto. La historia cuenta que Sulčič llevó al estudio una caja de bombones cuya forma recordaba a la maqueta del estadio y que, desde entonces, comenzó a utilizarse informalmente el nombre que terminaría convirtiéndose en una de las marcas culturales más poderosas del deporte argentino: La Bombonera.

    Pero detrás de la anécdota había una verdadera proeza. Las tribunas empinadas, las bandejas superpuestas y el aprovechamiento de un terreno reducido obligaban a resolver simultáneamente cuestiones de estabilidad, circulación, visibilidad y resistencia. La estructura debía soportar enormes cargas y, al mismo tiempo, integrarse con una arquitectura que permitiera contener a decenas de miles de espectadores. La Universidad Torcuato Di Tella ha señalado precisamente cómo la tensión entre el terreno disponible, el campo de juego, las visuales y las fuerzas estructurales dio origen a una forma que terminó trascendiendo la ingeniería para convertirse en un símbolo urbano.

    Mucho Más Que La Bombonera Y El Abasto

    La historia de Delpini no termina en Corrientes y Brandsen. Su producción profesional incluyó obras industriales, mercados, edificios, instalaciones y proyectos en los que continuó explorando las posibilidades del hormigón y de las estructuras modernas. Entre las obras que registra la Asociación de Ingenieros Estructurales aparecen el Mercado Vélez Sarsfield, la Hilandería Juarros, la Iglesia del Asilo del Hospital Italiano, instalaciones industriales de Astra, Italar, Bagley, Gomycuer y Colgate-Palmolive, además de otras construcciones relevantes.

    Y hay un detalle especialmente interesante para quienes viven en el oeste del Gran Buenos Aires: Delpini también dejó una obra significativa en San Justo. La capilla del Hospital Italiano, construida en la década de 1940, constituye una muestra particularmente expresiva de su manera de trabajar. Sus arcos escalonados de hormigón organizan el espacio interior y convierten la propia estructura en el elemento protagonista de la arquitectura. Investigaciones académicas sobre la obra remarcan precisamente que el componente estructural constituye allí el núcleo de la propuesta de Delpini.

    Su pensamiento trascendió además las obras concretas. Delpini fue docente y director del Departamento de Construcciones y Estructuras de la Facultad de Ingeniería de la UBA, y desarrolló una reflexión propia sobre el diseño estructural. La Asociación de Ingenieros Estructurales lo presenta como autor de El Hormigón Preformado, una obra vinculada a su búsqueda de nuevas formas de pensar la relación entre estructura, materiales y diseño.

    Ese aspecto resulta fundamental para comprender por qué su influencia excedió ampliamente los límites de Buenos Aires. Delpini no fue solamente un constructor de edificios extraordinarios: fue un profesional que intentó transformar la propia disciplina, combinando cálculo, experimentación, conocimiento de materiales y una concepción estética en la que la estructura debía expresar su propia lógica.

    Su muerte, en 1964, llegó cuando buena parte de la arquitectura y la ingeniería mundial ya transitaban por caminos que él había contribuido a abrir décadas antes. La Asociación de Ingenieros Estructurales conmemoró en 2014 el cincuentenario de su fallecimiento y lo definió como una figura emblemática de la ingeniería argentina.

    El Ingeniero Que Merecía Un Lugar En La Memoria

    Hay una paradoja en la historia de José Luis Delpini. Millones de personas conocen sus obras sin conocer su nombre. Quien entra a la Bombonera reconoce inmediatamente el estadio; quien atraviesa Corrientes frente al antiguo Abasto identifica uno de los grandes símbolos arquitectónicos de Buenos Aires. Sin embargo, durante mucho tiempo el ingeniero responsable de buena parte de las soluciones estructurales que hicieron posibles esas construcciones quedó opacado por las figuras más visibles de la arquitectura.

    Recuperar a Delpini no significa quitarle méritos a Sulčič, a Bes ni a todos los profesionales y trabajadores que hicieron posibles aquellas obras. Por el contrario, significa comprender que la arquitectura moderna fue también una construcción colectiva, donde arquitectos, ingenieros, técnicos, obreros y empresarios tuvieron que dialogar con una tecnología que todavía estaba en pleno desarrollo. El estudio Delpini-Sulčič-Bes fue precisamente uno de esos espacios de encuentro.

    El Abasto y la Bombonera sobreviven porque resolvieron problemas concretos con una audacia extraordinaria. Uno nació para organizar el abastecimiento de una Buenos Aires que crecía; el otro, para darle a Boca Juniors un estadio donde parecía que no había lugar suficiente. Ambos terminaron convertidos en símbolos. Y en el centro de esa transformación estuvo un ingeniero argentino que entendió algo que todavía conserva plena vigencia: que la innovación no consiste en construir más grande, sino en encontrar una manera nueva de hacer posible aquello que parecía imposible.

    José Luis Delpini hizo eso en el hormigón, en los mercados, en las fábricas, en los edificios y, sobre todo, en dos lugares que terminaron formando parte del imaginario colectivo argentino. Desde las grandes bóvedas del Abasto hasta las tribunas suspendidas de la Bombonera, su legado demuestra que la ingeniería también puede ser cultura, identidad y memoria. Y que detrás de algunas de las postales más conocidas de Buenos Aires existe una historia mucho más profunda: la de un ingeniero que convirtió las limitaciones de su tiempo en obras que terminaron adelantándose a él.

     

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