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La obsesión de Milei por entregar la tierra

Esta investigación fue realizada en colaboración con Mariano Novas

Con su avanzada nacionalista sobre Malvinas, Milei acaba de regalarles a Trump y a quienes en Londres reclaman más presupuesto militar un argumento nuevo para empujar una carrera armamentista que nos pone en peligro a todos. Mientras puertas afuera ayuda a construir las razones para el rearme global, puertas adentro facilita la exploración, extracción y exportación de los minerales que ese rearme necesita. Alimenta así las dos cabezas del mismo monstruo.

Por algo los llamados «minerales críticos» están recibiendo tanta atención. No son fundamentales solo para los equipos que necesitan la transición energética y la revolución digital. También son indispensables para la industria de defensa. Esto quedó en evidencia cuando China empezó a restringir el acceso a algunos de ellos.

Sin cobre no hay proyectiles de artillería ni cableado para los sistemas de radar. Sin litio no hay baterías para buena parte del equipamiento militar (que hoy se electrifica igual que el transporte civil). Sin samario no hay imanes capaces de soportar las altas temperaturas que requieren los misiles de largo alcance. El neodimio es fundamental para los sistemas de guiado y control. Los imanes de tierras raras son indispensables para misiles Tomahawk, bombas guiadas, radares y drones Predator. Un solo caza F-35 requiere cientos de kilos de tierras raras.

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Milei desempolvó una causa que suele despertar pasiones más allá de las divisiones políticas: Malvinas. Lo hizo en medio de una fuerte caída de su popularidad, cuando la cuestión había vuelto a ocupar un lugar central en la conversación pública, aprovechando el impacto que generó la bandera por la soberanía de las islas en manos de la selección argentina durante la semifinal del Mundial. Primero fue la cadena nacional, después el despliegue de una batería de proyectos presentados como una nueva ofensiva por la soberanía. Finalmente, Milei llevó el reclamo hasta la Asamblea General de Naciones Unidas, donde insistió en la soberanía y cargó contra la propia ONU.

La inutilidad y las contradicciones de esta nueva épica malvinera ya se han discutido bastante. Hasta ahora, no nos acercó un centímetro a recuperar la soberanía sobre las islas, pero sí le dio nuevo aliento a lo peor del nacionalismo argentino. Todo esto ocurre, además, en medio del deterioro financiero de las Fuerzas Armadas, mientras el Gobierno elimina las restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros, ahora con el aval de la Corte Suprema de Justicia, que acaba de habilitar la venta de tierras a extranjeros sin los límites que fijaba la ley. Al presentar como novedosas herramientas que en verdad ya existían, nuestro presidente parece buscar más una foto para la hinchada que una política de Estado.

Pero hay algo en esta nueva jugada de Milei que está pasando más desapercibido y es verdaderamente preocupante: cómo se conecta con dinámicas globales que exceden a Malvinas y a la Argentina, pero que nos afectan de lleno. Con esta nueva narrativa nacionalista, Milei contribuye a reforzar un clima global cada vez más atravesado por el conflicto, las amenazas y la guerra, con todo lo que eso implica. Y así alimenta la primera cabeza del monstruo. Pero vayamos a los hechos.

Apenas unos días después de la cadena nacional de nuestro presidente, Tan Dhesi, el diputado laborista que preside el comité de Defensa en Westminster, invocó las declaraciones de Milei para presionar al primer ministro Andy Burnham: si Argentina «amenaza con quedarse con las Malvinas», dijo, el Reino Unido no puede seguir postergando la meta del 3% del PBI en gasto militar. Unos días después, Boris Johnson escribió una columna en el Daily Mail pidiendo el envío inmediato de barcos, aviones y tropas a las islas. El Ministerio de Defensa británico, por su parte, informó que los cuatro cazas Typhoon que patrullan Malvinas serán reemplazados en 2027 por versiones más modernas. Londres además reafirmó públicamente su posición sobre las islas y su respaldo a los isleños y a las empresas que operan allí, incluidas las vinculadas a la explotación de recursos naturales.

No es la primera vez que sucede algo así: ya en 2015, cuando Cristina Kirchner buscaba apoyo internacional para la causa, un ministro de Defensa británico invocó la «amenaza» argentina para justificar más gasto militar en las islas. Diez años después, con un presidente que se define como el opuesto ideológico de aquel gobierno, se repite la historia. Pero esta vez aparece un actor nuevo: Washington.

Luego del anuncio de Milei, Trump usó Malvinas para reforzar lo que viene haciendo desde hace tiempo: alimentar la tensión y presionar a sus aliados para que gasten más en defensa. Desde Dublín, advirtió que un conflicto entre Argentina y el Reino Unido sería un «potencial desastre», se ofreció a «resolverlo» él mismo y puso en cuestión la voluntad británica de defender las islas, preguntándose si Londres estaría dispuesto a «viajar tan lejos» para hacerlo. No es un episodio aislado. Trump viene presionando particularmente al Reino Unido —con quien ya chocó por Irán, Diego García y las islas Chagos— y reclamando, como al resto de la OTAN, que aumente drásticamente su gasto militar. «Trump usa Malvinas para que el Reino Unido aumente el gasto en defensa», resumió Mariana Altieri, directora de la Fundación Meridiano de Estudios Internacionales y Política Exterior y autora de Malvinas y Gibraltar: conflictos atrincherados.

En la Cumbre de La Haya de 2025, Trump ya había logrado que toda la OTAN se comprometiera a llevar el gasto en defensa al 5% del PBI para 2035, más del doble de la meta histórica del 2%, un acuerdo que él mismo bautizó «el compromiso de defensa de La Haya» y calculó que sumaría un billón de dólares al año. Sin embargo, un año después, en Ankara, todavía no conforme, sacó la calculadora en público: comparó los 999.000 millones de dólares de Estados Unidos con los apenas 44.300 millones de Polonia y apuntó también a Alemania por gastar «mucho menos». Está claro que conseguir un aumento generalizado del gasto militar de sus aliados ocupa un lugar central en su agenda, en un mundo que Trump presenta cada vez más como un escenario de amenazas y competencia, sobre todo con China, pero que en el fondo no es más que un intento cada vez más desesperado de Estados Unidos por conservar su supremacía.

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A la segunda cabeza, en cambio, Milei la alimenta puertas adentro: ofrece nuestros territorios para extraer los recursos que ese mismo rearme necesita.  El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que este Gobierno impulsó con tanto entusiasmo como pieza central de su programa de «desarrollo», está siendo clave para ofrecer condiciones extraordinarias que aceleren la exploración, extracción y exportación de minerales críticos, desarmando, en el camino, años de políticas e institucionalidad construidas para capturar valor y proteger el ambiente.

Tomemos como ejemplo dos proyectos aprobados por el Ministerio de Economía. Vicuña, de BHP y Lundin, es el proyecto minero más grande de la Argentina. Integra los depósitos de Josemaría y Filo del Sol, en plena cordillera sanjuanina, y prevé extraer cobre a cielo abierto en una zona ambientalmente frágil, con presencia de glaciares y ambiente periglacial. Todo el cobre producido estará destinado a la exportación. En Catamarca, el proyecto de litio Tres Quebradas, operado por la china Zijin, también avanza en medio de controversias ambientales y sociales. En 2026, el gobierno provincial responsabilizó a la empresa por derrames de salmuera, a lo que se suman denuncias por malas condiciones laborales y reclamos de trabajadores y proveedores de Fiambalá por la escasa contratación local.

Conocemos los territorios de donde salen esos minerales y algunos de los conflictos que deja su extracción. Mucho menos sabemos sobre lo que ocurre después. No sabemos si ese cobre o ese litio terminarán en baterías, autos eléctricos, centros de datos o armas. Una vez que cruzan la frontera, se pierde el rastro. No hay información pública que permita reconstruir quién los compra, en qué se transforman o para qué terminan siendo utilizados.

Pero es cada vez más evidente  que la industria armamentista está detrás de una parte importante de la carrera por estos minerales. Global Justice Now, una organización británica que analizó los 33 minerales que el Reino Unido considera críticos, encontró que seis no cumplen ningún papel en las trayectorias previstas para la transición energética. Cinco de esos seis, en cambio, son prioritarios para las industrias aeroespacial y de defensa. La etiqueta de “minerales críticos”, entonces, empieza a esconder una pregunta bastante más incómoda. Críticos, ¿para qué?

Los datos sobre las reservas estratégicas de Estados Unidos son también reveladores. El Pentágono está acumulando para futuras necesidades militares grandes cantidades de los mismos minerales que solemos llamar “de la transición energética”, como el cobalto y el grafito.

La escala ayuda a entender lo que está en juego. Según el Climate and Community Institute, las casi 7.500 toneladas de cobalto que el Pentágono prevé acumular alcanzarían para producir 80,2 GWh de almacenamiento en baterías, es decir más del doble de toda la capacidad que tenía instalada Estados Unidos en 2024. Si se suman las reservas previstas de grafito, esos minerales alcanzarían para fabricar más de 100.000 colectivos eléctricos, unas quince veces la flota que circulaba entonces en el país.

En Brasil esta discusión ya empezó a traducirse en políticas concretas. Una investigación reciente de Agencia Pública mostró cómo las tierras raras brasileñas empiezan a quedar vinculadas a la industria de defensa estadounidense. Pero, al mismo tiempo, el gobierno de Lula acaba de sancionar una Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos que busca aumentar el procesamiento dentro del país, agregar valor y controlar acuerdos internacionales que puedan afectar su seguridad económica o geopolítica. Mientras Brasil empieza a preguntarse qué hacer con esos recursos y cuánto de ellos transformar dentro de sus fronteras, Argentina va en la dirección contraria. Ofrece condiciones extraordinarias para acelerar la extracción y la exportación sin haber empezado siquiera a discutir qué pasa una vez que el mineral cruza la frontera.

Recapitulemos lo grave y absurdo de esta nueva jugada de Milei. Por un lado, nuestro presidente, alentado por Trump —para congraciarse, pertenecer a su club de matones globales y sumar puntos en las encuestas—, se abraza a una causa histórica con un discurso nacionalista y un enfoque de conflicto, alimentando la tendencia más preocupante que atraviesa hoy al mundo: el paso de las soluciones globales y solidarias al sálvese quien pueda, al matémonos entre todos. El gasto militar mundial ya llegó a un récord de US2,7 billones y podría llegar a US6,6 billones para 2035.

Con estas cifras, los países ricos ya gastan treinta veces más en armarse que en financiar la adaptación climática de los países en desarrollo, relegando una de las pocas causas globales que necesariamente nos involucra a todos. Y al mismo tiempo destinan al rearme recursos que podrían ayudar a resolver uno de los problemas más acuciantes de la humanidad: eliminar la pobreza extrema del planeta cuesta apenas US$300.000 millones, una fracción de lo que el mundo ya gasta en armas. Como dijo el enviado climático de Panamá en la COP29 de Bakú: 2,5 billones de dólares al año para matarnos entre nosotros no alcanzan, pero un billón para salvar vidas, parece ser, es irracional.

Pero por otro lado, desde una posición de debilidad militar (y económica) absoluta, Milei traiciona la estrategia de reclamo pacífico que Argentina viene sosteniendo hace décadas para defender su soberanía y les da argumentos a quienes, dentro del Reino Unido, vienen peleando por más presupuesto militar, al mismo tiempo que puede estar alimentando su industria bélica con nuestros minerales. Una muestra más de las contradicciones de una política que dice defender nuestra soberanía mientras entrega argumentos y recursos estratégicos que terminan «fortaleciendo» a quienes supuestamente la amenazan.

¿Cómo piensa Milei compensar esa enorme desigualdad de poder? Parece tener una respuesta bastante particular: confiar en sus amigos. Mientras debilita capacidades científicas, tecnológicas e institucionales propias, apuesta a que su cercanía ideológica con Trump y otros aliados compense la diferencia. Pero las amistades ideológicas tienen límites bastante evidentes cuando chocan con intereses estratégicos. Si la disputa por Malvinas escalara, ¿qué hace pensar que Estados Unidos elegiría enfrentarse al Reino Unido, uno de sus principales aliados militares históricos, para defender la posición argentina?

Unas semanas después, Milei, Trump y el primer ministro británico Andy Burnham estuvieron en Nueva York durante la Asamblea General de Naciones Unidas. Trump no mantuvo una reunión bilateral con Milei, pero sí con Burnham. Allí, el británico le planteó la posición de su gobierno sobre Malvinas y defendió el derecho de los isleños a permanecer bajo soberanía británica. Según Burnham, Trump “entendió perfectamente” su posición. El encuentro terminó con elogios mutuos y reafirmaciones de la buena relación entre Washington y Londres.

Milei, en cambio, se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio para concentrarse en los temas que sí le importan a Estados Unidos de la Argentina: nuestros recursos. Rubio destacó públicamente la cooperación en energía, minerales críticos y agricultura.

Milei parece convencido de que puede alimentar al monstruo y, llegado el momento, contar con que sus amigos lo protejan de él. Pero los monstruos no tienen amigos. Y las grandes potencias tampoco: tienen intereses.

Malo para el mundo y malo para la Argentina. Difícil pensar una estrategia peor.

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  • Dieron el informe final del caso $Libra: qué dice de Javier Milei

     

    (Por Sebastián Hadida, para NA).- La comisión investigadora especial de la criptomoneda Libra dio a conocer su informe final sobre el escándalo suscitado en febrero pasado y determinó que la promoción pública que el presidente Javier Milei hizo de un «negocio privado» desde una cuenta oficial fue condición necesaria para que la “estafa” a miles de inversores pudiera consumarse, y por lo tanto instó al Congreso a evaluar el presunto “mal desempeño” del mandatario en el “ejercicio de sus funciones”.

    El documento, de 204 páginas de extensión y al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, contiene consideraciones sobre la responsabilidad política del presidente y de otros altos funcionarios, una descripción del entramado en el que participaron lobbystas intermediarios como Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy, y dio cuenta de que Milei y estos mismos dos personajes ya habían sido sido parte de otras tres operatorias financieras previas muy similares con criptomonedas.

    En ese sentido, el informe de la comisión presidida por Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica) señaló que “la promoción del proyecto $LIBRA no constituyó un hecho aislado, dado que en diciembre de 2024 se registró una maniobra financiera similar vinculada a la moneda digital de KIP Protocol, en la que también participó con su promoción el Presidente de la Nación”, al igual que había sucedido previamente con otras criptomonedas como Coin X y Vulcano.

    Para los diputados opositores que fueron parte de la redacción del documento final, con una marcada participación del secretario Juan Marino (Unión por la Patria), “las afirmaciones del Presidente de que no conocía los pormenores del proyecto y que simplemente difundió información pública carecen de sustento fáctico”.

    En ese marco, no dudaron en caracterizar lo actuado por el mandatario como una violación a la Ley de Ética en la Función Pública.

    “Sin la promoción realizada por Milei en su cuenta oficial, el proyecto $LIBRA no habría alcanzado el volumen de compras registrado”, señalaron, y resaltaron que hasta la fecha el jefe de Estado no pudo determinar cómo obtuvo el link con el número de contrato del token Libra que publicó, “pese a que dicha información no era de circulación pública”.

    Según denunciaron, el Presidente no consultó a los organismos de control antes de promocionar el criptoactivo en sus redes sociales, de tal forma que “comprometió la investidura presidencial en un acto que no puede ser caracterizado como de naturaleza privada, evidenciando una conducta sostenida que desdibuja los límites entre lo público y lo privado”.

    También involucraron en el escándalo por presunta estafa a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, por haber autorizado el ingreso a la Casa Rosada y a la Quinta de Olivos de los empresarios y lobbystas que participaron de “un hecho que se investiga como una presunta estafa de alcance internacional”.

    En tanto, cuestionaron a los hermanos Milei y a otros altos funcionarios como Mariano Cúneo Libarona, Alejandro Melik, Florencia Zicavo, Paulo Starc y Roberto Silva por haberse ausentado a las respectivas citaciones para que brindaran declaración testimonial, y los acusaron de «incumplimiento de deberes» ya que «su accionar ha entorpecido las facultades constitucionales e investigativas de esta comisión».

    “Esta Comisión Investigadora entiende que este hecho plantea la necesidad de que el Congreso de la Nación, a partir de la responsabilidad política presidencial manifiesta evidenciada en este informe, evalúe si el Presidente de la Nación incurrió en mal desempeño en el ejercicio de sus funciones”, señalaron en las consideraciones finales.

    “En efecto, del análisis integral de la prueba reunida, esta Comisión observa un patrón sostenido de acciones y omisiones por parte del Presidente de la Nación que resulta incompatible con el ejercicio adecuado de sus deberes constitucionales. La promoción pública de un token cripto no auditado, la inacción frente a advertencias formales, la omisión deliberada de activar mecanismos de control interno y el uso de instalaciones oficiales para facilitar encuentros con promotores del token constituyen conductas que exceden el marco de decisiones discrecionales y se proyectan sobre la responsabilidad institucional del Jefe de Estado”, concluyeron los diputados opositores en el informe.

    La reunión de este martes fue la décima y última que celebró la comisión especial investigadora, que se creó como respuesta institucional del Congreso ante el escándalo internacional que estalló el 14 de febrero pasado.

    Ese día, el presidente promocionó en sus redes sociales el criptoactivo Libra, que difundió bajo el nombre «Viva la Libertad Project» y lo presentó como si fuera una noble causa para financiar pymes de todo el país.

    Sin embargo, pronto quedó en evidencia que Milei había utilizado su investidura presidencial y popularidad para inducir a miles de usuarios a invertir en un negocio en el que ganaron unos pocos con información privilegiada y como contrapartida provocó pérdidas millonarias para miles de usuarios.

    Desde su puesta en marcha, el trabajo de la comisión atravesó distintas instancias: después de un primer momento de parálisis que se extendió por meses, producto de la imposibilidad de elegir autoridades por el bloqueo sistemático del oficialismo, se pudo destrabar el nudo a raíz de un proyecto del propio Ferraro que consiguió normalizar el funcionamiento.

    Con gran expectativa y a sala llena, la comisión ejecutó este martes su «last dance» y leyó el informe final, que incluyó un conjunto de consideraciones y recomendaciones.

    Al abrirse el debate, Marino, quien se quedó hasta las 4 de la mañana puliendo la redacción del informe, señaló que la presentación que hiciera Milei de Libra como un «proyecto serio de inversión para desarrollar pymes en realidad, desde un punto de vista técnico, era más cercano a un meme coin que habían manipulado de antemano para realizar el tirón de alfombra (rug pull)».

    El diputado de Unión por la Patria recordó que el entonces Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, durante su interpelación en la Cámara de Diputados, había admitido que el presidente había evitado realizar consultas a organismos públicos de control para conocer si la promoción de Libra podía generar algún tipo de conflicto de interés que comprometiera la ley de Ética Publica.

    En tal sentido, el dirigente opositor y líder del Partido Piquetero aseguró que el «endorsement» a Libra de parte de Milei no fue un «error» involuntario sino «una decisión deliberada para eludir los controles estatales» y apuntalar un negocio privado.

    «El daño a la credibilidad institucional de la Argentina continúa hasta el día de hoy», consideró, y puntualizó que no se trata de «un hecho aislado» ya que Milei, junto a Novelli y Terrones Godoy ya habían sido parte de maniobras defraudatorias similares en el pasado reciente.

    «En nuestro rol de órgano de control político sobre el Poder Ejecutivo planteamos con total claridad que corresponde que el pleno del Congreso evalúe si el presidente de la Nación inclurrió en mal desempeño de sus funciones», enfatizó.

    Por su parte, el diputado nacional de Encuentro Federal Oscar Agost Carreño señaló que existe un «patrón de conducta» o antecedentes que involucran directamente a Milei y a Novelli, y coincidió en que lo sucedido configura un «daño muy grave a la credibilidad del país».

    Informe comisión $Libra: “El Congreso debe evaluar si Milei incurrió en mal desempeño”

    Christian Castillo (Frente de Izquierda) refutó la defensa esgrimida por Milei respecto a que el mencionado posteo fue hecho en carácter de «ciudadano común».

    «Lo hizo desde una cuenta que tiene tilde gris y que refiere a altos funcionarios de Estado. Es decir, que no lo hizo como un ciudadano común», desmintió el diputado nacional del PTS.

    El dirigente trostkista también retrucó lo afirmado por Milei respecto a que el contrato de Libra era «público».

    «Él intentó dar la idea de que se encontró de casualidad con algo que era interesante para la Argentina y que por eso lo difundió. Sin embargo, hasta el día de hoy no hay ninguna explicación de dónde estaba la circulación pública de ese link sin el cual toda la maniobra alrededor de Libra no se hubiera podido hacer», subrayó.

    Para Castillo, «ese contrato no lo podía encontrar cualquier persona» sino solamente quienes «tuvieran información privilegiada» como el propio Milei, y lo relacionó con las múltiples reuniones previas que el presidente mantuvo con empresarios cripto como Hayden Davis y los intermediarios Novelli y Terrones Godoy.qMQYIA

    «Sin ese contrato no había posibilidad de estafa. No había posibilidad de hacer la maaniobra de rug pull», remató el legislador de izquierda.tal cual. Rodolfo, te agradecemos muchísimo estos minutos y conversar con nosotros sobre estos temas. Nosotros los agradecimos siempre. luego. Hasta luego. Abrazo. Gracias. Abrazo grande.  Adiós. Bueno, charlamos con Rodolfo Hoyar, secretario general de Ate Nacional.

     

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  • La memoria en una carpeta celeste

     

    Ahí, a centímetros de donde algunas hojas de 1904 vencen al tiempo, bajo el mismo aire que protege a miles de viejas solicitudes de asociación que certifican que nada es tan potente como ser parte de algo, en el segundo piso de un edificio del centro de Avellaneda que es sede social y sede de sueños desde 1934, distante apenas dos puertas de una colección gigante de copas muy plateadas y muy doradas, justo en el cuartito que late como corazón del Archivo Histórico de Racing, justo en donde se comprende que sin identidad se esfuma el porvenir, está la firma del genocida: Etchecolatz.

    Es un papel. O la copia de un papel. Un papel entre un montón de papeles que germinan desde una carpeta celeste, preparada y entregada el último 17 de julio por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) a las autoridades del club, compuesta por 120 páginas que revelan cómo, en distintas etapas de la segunda mitad del siglo XX, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) se dedicó a espiar la actividad interna de la institución. Tal cual suena. Tal cual suena pero acaso, por la dimensión de la porquería y del asombro, convenga reiterarlo: un aparato de espionaje volcado sobre un club deportivo (y no sólo de uno, porque se trató de una lógica replicada en otros clubes). Con todo el repertorio que puede imaginar un ciudadano cualquiera que trata de respirar aires más o menos libres, pero intuye la existencia de submundos así de espantosos: detalles de la pertenencia partidaria de los dirigentes, husmeo de conflictos laborales, pormenores sobre las asambleas internas, identificación de militantes. La introducción —encabezada por los nombres del Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y de la socióloga Dora Barrancos, quienes presiden la entidad— señala: “El espionaje, el seguimiento, el registro y el análisis de la información para la persecución política fueron las principales funciones de la DIPPBA desde su creación hasta su disolución en el año 1998. Es uno de los pocos fondos documentales que permite reconstruir las lógicas de un servicio de inteligencia y la construcción histórica del ‘enemigo interno’ como ‘delincuente subversivo y/o terrorista’”.

    Argumenta Agustín Bellido, integrante de la CPM: “Es fundamental que los clubes de la provincia conserven una copia de esta documentación: por un lado, permite que sus socios y socias conozcan ese registro; por otro, funciona como puerta de entrada a nuevas investigaciones que sin duda colaborarán a entender la historia de nuestras instituciones sociales y deportivas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX”.

    Miguel Osvaldo Etchecolatz, quien murió en 2022 a los 93 años, condenado a reclusión perpetua como ejecutor de múltiples crímenes de lesa humanidad, aparece una vez en el curso de las 120 páginas. Su nombre se lee al pie de un informe, dirigido a la DIPPBA, del 30 de agosto de 1968 en el que son consignados los miembros de la nueva comisión directiva de Racing, liderada por el empresario Santiago Saccol, con sus datos personales y sus cargos. Por entonces, Etchecolatz cumplía funciones (esas funciones) en la comisaría primera de Avellaneda y encaminaba un recorrido que lo encumbraría en la DIPPBA a partir de marzo de 1976, cuando comenzó la más salvaje de las salvajes dictaduras argentinas. Desde ese rol, fue ladero ideológico de Ramón Camps, el jefe de la Policía Bonaerense en el bienio inicial de esa dictadura, un estandarte del terrorismo de Estado. Para la época en la que suscribió aquel informe, Etchecolatz ya poseía un antecedente represivo ligado con el deporte: en 1966 había torturado al boxeador Hugo Córdoba, un militante peronista de Berazategui, según narró el periodista Alberto Moya. Se ve que hay ciertos ecos no tan fáciles de silenciar: la Marcha Peronista sonó estridente en las tribunas celestes y blancas de Avellaneda, el territorio que monitoreaba Etchecolatz, en la tarde inaugural de noviembre de 1967, cuando Racing se impuso en su cancha al Celtic escocés por la segunda final de la Copa Intercontinental, en lo que obró como respuesta de parte del público a la presencia de Juan Carlos Onganía, el dictador que se instaló en la Casa de Gobierno un año antes a través de un golpe de Estado.

    “Sí, claro, la hinchada le cantó la Marcha”, evoca Carlos Krug, que acudió a esa cita junto con Alberto, su hermano, a quien secuestraron el 2 de diciembre de 1976 y es uno de los 30 mil desaparecidos que dejó el genocidio. El 7 de diciembre de 2021, Racing reincorporó a sus padrones a 46 socios y socias víctimas de la dictadura —muchos en los campos de concentración en los que reinaba Etchecolatz— con la categoría de Socios Eternos. Uno es Alberto, cuya ficha de inscripción en el club resiste intacta en uno de los biblioratos del Archivo Histórico de Racing que rodean a la carpeta celeste que aportó la Comisión Provincial por la Memoria.

    Carlos Krug, vitalicio de la Academia, fue uno de los cinco socios que formuló el pedido para que los desaparecidos de Racing recuperaran su condición. Lo acompañaron el periodista Carlos Ulanovsky, el actor Osvaldo Santoro, el detenido político (en El Vesubio, Aldo Bonzi, Provincia de Buenos Aires) Jorge Watts y el químico Miguel Ángel Laborde, también detenido en esos años. Otra conexión: Laborde es el papá de los tres hijos de la física Adriana Calvo, la primera testigo que declaró en el Juicio a Juntas Militares —la reconstrucción de su impresionante alegato desborda la pantalla en la película Argentina, 1985— y también testigo en los procesos contra Etchecolatz. Vueltas de la barbarie pero, más todavía, de la vida: en marzo de 2026, Teresa Laborde Calvo, la hija a la que Adriana parió en un Falcon mientras la trasladaban al campo de concentración Pozo de Banfield (otro feudo de Etchecolatz), visitó al equipo profesional femenino del fútbol de Racing, que se consagraría campeón cuatro meses después, para compartir sus orígenes, para pronunciar verdades y para reclamar justicias. Le regalaron una camiseta con el 9 en la espalda.

    Esa no constituyó la primera experiencia del fútbol femenino de Racing en relación con tanta memoria imprescindible. En las últimas temporadas, el plantel se desplazó hasta el centro clandestino de detención El Infierno, a sólo diez cuadras de las canchas de Racing y de Independiente, o sea, otro dominio de Etchecolatz. En una de las ocasiones, participó Tota Guede, Madre de Plaza de Mayo, cuyo hijo Héctor —hincha de Independiente— y su esposo Dante —trabajador del Conicet, hincha de Racing— fueron detenidos y desaparecidos en las calles de Avellaneda el 7 de octubre de 1976. De nuevo, bajo la órbita de Etchecolatz. Tota había pisado el mítico Cilindro de Avellaneda, junto con toda la familia, la tarde en la que Racing celebró ser campeón del mundo en 1967. Recién volvió en 2017 junto a Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo y madre de Alejandro, devoto de Racing hasta el 17 de junio de 1975, cuando lo desaparecieron.

    Entre las causas notorias por las que fue juzgado y hallado culpable Etchecolatz, suelen ser resaltadas la doble desaparición de Jorge Julio López —una en dictadura, de la que emergió; la otra en democracia, sin que hasta hoy se sepa nada de su paradero— y la de La Noche de los Lápices, o sea la detención y la desaparición de un grupo de estudiantes secundarios, en La Plata, el 16 de septiembre de 1977. En esa jornada, también en La Plata, capturaron a Juan Domingo “Bocha” Plaza, fana de Racing, en un operativo perpetrado por alguno de los brazos opresores que respondían a Etchecolatz. El dolor carece de suturas, pero la potencia de la reparación acaricia: el 27 de marzo de 2026, en un acto realizado en el salón de la sede que, con una pintura inmensa de Benito Quinquela Martín como horizonte, queda un piso arriba del Archivo Histórico, el Bocha Plaza se convirtió en el Socio Eterno número 47 de Racing. Conjunción de estremecimientos: en medio de los asistentes de esa noche, estuvo Carlos Caldeiro, el futbolista que, en 1981, a los 19 años, se negó a sentarse con Leopoldo Galtieri, el dictador que un mediodía descendió de un helicóptero para almorzar con el equipo del que era hincha.

    El trazo de Etchecolatz en un documento de espionaje sobre las rutinas de un club pesa por sí solo. Y, a la vez, retrata un tejido que invariablemente conduce al horror. Tres presidentes de Racing fueron secuestrados en la era durante la que Etchecolatz picaneaba a su antojo. A Horacio Rodríguez Larreta y a Héctor Rinaldi los atraparon otras patrullas ilegales en suelo porteño. A Juan Destéfano, quien había sido secretario general de la gobernación bonaerense durante la gestión del peronista Victorio Calabró, lo chuparon las bandas del propio Etchecolatz, quien, como testimonió Destéfano ante los jueces, se encargó de timonear a la patota que le impuso tormentos de todo tipo.

    El fondo documental reordenado por la Comisión Provincial por la Memoria bien puede descorrerse como un viaje a través de las décadas sobre los criterios de espionaje de la policía bonaerense. Un extracto del primer legajo, fechado el 14 de abril de 1954, desmenuza: “Por datos confidenciales que merecen fe se tiene conocimiento que el motivo de la Asamblea descripta, sería expulsar a personas con figuración dentro de las filas del Partido Peronista”. Otro informe, del 11 de septiembre de 1954, ubica la pertenencia partidaria de los componentes de la conducción: “conservador”, “radical”, “conservador, no obstante se le conoce que actúa en las filas del P. Peronista». Un apunte de abril de 1955 afirma: “La ideología predominante entre los miembros de la Comisión directiva es si patizante del partido Peronista”. Falta la letra «m» en la palabra “simpatizante”, casi antecediendo a la máquina de escribir judicial y deficitaria de la película El secreto de sus ojos. Un memorando relativo a la huelga de empleados de noviembre de 1965 asevera que el delegado gremial interno “es conocido como comunista”. “Comunista”, a contramano del resto de los términos, sobresale tipeado todo en mayúsculas.

    Sostiene Bellido: “Ese minucioso archivo que construyó la inteligencia de la bonaerense y que tuvo como objetivo perseguir y espiar para mantener controlado el accionar político y social de nuestra sociedad debe ser abierto a los clubes para que se conozca el seguimiento que se les hizo por parte del Estado, y que el mismo no se dio únicamente en épocas de dictadura”.

    Flotan interrogantes que albergan pero superan al deporte: ¿cómo ingresaban los infiltrados que vigilanteaban los intersticios del club?, ¿quién los habilitaba?, ¿lucían en público maquillados como socios corrientes y enmascaraban su labor como agentes de inteligencia?, ¿para qué servía apilar —en diversas capas geológicas del devenir nacional— datos sueltos o articulados sobre un sitio al que más de un informante caracterizaba como “predominantemente deportivo”? No hay respuestas enteras, pero sí brota una aproximación desde la voz de Ignacio Maestrovic, uno de los responsables de que el Archivo Histórico de Racing luzca una vitalidad creciente y lleve ya una década de acumulación de tesoros: “Es muy importante entrelazar archivos y conceder accesos, que estas informaciones circulen. Los documentos reunidos en la carpeta celeste que recibimos tienen, entre otras cosas, un enorme valor simbólico: cómo los lugares más oscuros de la vida política también entraron en los clubes”. 

    Antes que a Racing, en diciembre de 2022, la CPM le trasladó un material semejante a Gimnasia y Esgrima La Plata. Allí, la Subcomisión de Derechos Humanos late muy activa en el tributo a sus desaparecidos. Aun en una edad de prédicas negacionistas, la iniciativa logra ser siembra. Banfield, Almirante Brown, Los Andes y el Club Universitario de La Plata consultaron para tomar contacto con archivos que trasluzcan esa zona sustancial y oculta de sus historias. 

    Muchos pasados interpelan a muchos presentes y a muchos futuros. Incomodan: no son puro pasado. Los subsuelos pútridos que nuclea la carpeta celeste destapan preguntas actuales porque, por ejemplo, en Racing se efectúan asambleas, una reciente incluso, el 11 de agosto. ¿Alguien puede certificar, aunque la DIPPBA fue disuelta en abril de 1998, que eso que aconteció no continúa aconteciendo? ¿Habrá, como antes, espías de las fuerzas represoras en las asambleas de Racing o de otros clubes o de las asociaciones civiles que no son clubes? Si así fuera, ¿qué espían ahora quienes espían?, ¿qué respuestas poseen y no poseen las personas y las organizaciones deportivas y no deportivas frente a esa posibilidad? “La memoria existe para actuar”, advierte Daniel Feierstein, sociólogo argentino y experto en estudiar las prácticas genocidas. 

    El legajo final de la carpeta celeste refiere a lo que cualquier visitante del estadio de Racing puede ver en un cartel que se levanta en la entrada del Cilindro, sobre la calle Colón. Dice ahí: “El 22 de febrero de 1977 la dictadura cívico militar fusiló a 4 hombres y 2 mujeres en las inmediaciones de este estadio, sus cuerpos aún no han sido identificados. Presente ahora y siempre”. Esa atrocidad empezó a corporizarse como narrativa en una referencia del libro Corbatta: El wing, de Alejandro Wall, que motorizó a la periodista Micaela Polak a atar piezas hasta modelar una sólida investigación. El cineasta Rodolfo Petriz prosiguió esa línea y dirigió el film Los fusilados de Racing. El parte policial aportado por la CPM enuncia un enfrentamiento y asume “que respecto de los extremistas abatidos, trátase de cuatro N.N. masculinos, dos N.N. femeninos, siendo tres de los masculinos muy jóvenes”. Luego, agrega: “Procúrase identificación”. La identificación, medio siglo más tarde, persiste pendiente. 

    Vicente Zito Lema fue escritor, periodista, abogado, psicólogo social, militante. Nació en 1939, sufrió el exilio, murió en 2022 e invariablemente se proclamó de Racing. Como si, sin necesidad de leer, hubiera intuido cada eco abismal que emana de los documentos que la CPM cedió al club, anotó en su poema Desaparecidos: “Los secretos del crimen del horror se repiten en voz muy baja». Ese poema voló por el cielo de Avellaneda aquella tarde de diciembre de 2021 en el estadio durante la que los devorados por el genocidio se transformaron en Socios Eternos. Unos meses más adelante, Zito Lema repasó a esa ceremonia, a esa pasión futbolera, al país de esa ceremonia y de esa pasión, un país de un club espiado hasta por un emblema del genocidio, un país que cobijó a ese emblema de lo peor pero que también alumbró luchas que son emblema. Repasó y sintetizó: “Si hay una historia del olvido, habrá una historia de la memoria que redime la vida”.

    En esa historia de la memoria ahora está la carpeta celeste.

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