La música es lo de menos

La música es lo de menos

 

En 2009, el actor de cine estadounidense Joaquin Phoenix dijo que dejaba de actuar para convertirse en rapero. A los pocos días del anuncio, hizo un show en Las Vegas y terminó tirándose del escenario para golpear a un asistente que criticó su performance. Después de eso, se lo empezó a ver públicamente desaliñado, errático y aún más introvertido. La prensa hollywoodense sacó su ejército de paparazzis a seguirlo. En ese contexto, Phoenix llegó al Late Show de David Letterman. La entrevista, al día de hoy, es muy incómoda de ver. El pelo despeinado, anteojos de sol, monosilábico y desconectado. Letterman se ríe de su conducta y lo interroga sobre su nueva faceta de cantante. Ahí Phoenix se ofrece a volver en otra ocasión y rapear alguno de sus nuevos temas. Letterman se niega, Phoenix se ofende.

Toda esta nueva faceta se condensa en un documental dirigido por Casey Affleck llamado I’m Still Here (2010), que sigue a Phoenix en la creación de su nuevo proyecto, grabando en estudios, tomando cocaína, contratando prostitutas y maltratando a su equipo. No fue hasta después de la presentación en el Festival Internacional de Cine de Venecia que se descubrió que era un falso documental y el actor llevaba dos años fingiendo 24×7 esta vida. El proyecto había sido diseñado por él y el director para desdibujar la línea entre la realidad y la ficción, un experimento social y una crítica a la cultura de la fascinación mediática por la caída de los famosos.

Diecisiete años más tarde de lo que podría ser uno de los primeros clickbaits de la cultura atravesada por Internet, en la otra punta del hemisferio, en el canal de streaming Olga, en octubre de 2025, los músicos Ca7riel & Paco Amoroso se sientan frente al conductor Migue Granados y le dicen que la fama mundial de los últimos meses los pasó por arriba. Paco confiesa que el éxito del Tiny Desk (hoy está entre los ocho más escuchados de la historia del ciclo) y la consiguiente gira infinita del 2025 lo llevaron a dejar de tomar alcohol y a usar todo tipo de vitaminas y suplementos. En la entrevista luce un “look clean” con el pelo rubio platinado peinado hacia atrás, un conjunto gris de jogging y buzo y unas pantuflas blancas. Ca7riel dice que lidiar con la fama y la presión lo llevaron a tener ataques de ira y que ha roto todo tipo de objetos: “celulares, televisores y motorizados”. Granados se ríe pero Ca7riel se mantiene serio.

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Ayer, el dúo singénero de música argentina, lanzó Free Spirits, su tercer disco de estudio. La antesala de este trabajo comienza en diciembre de 2025 cuando, dos meses después de la entrevista con Granados, los músicos anunciaron la salida de un nuevo trabajo discográfico. Venían de ganar cinco Latin Grammys, premios que recibieron vestidos de pies a cabeza con ropa de Versace con las etiquetas puestas. El anuncio vino acompañado de una canción adelanto llamada “GIMME MORE” (hoy rebautizada a “No me sirve más”) con su propio video: grabado en Las Vegas, deambulan por la ciudad vestidos igual que en la premiación. Luego, en el desierto de Nevada, prenden fuego las estatuillas y los inmensos muñecos inflables con sus caras que fueron los protagonistas del show en vivo de su última gira.

Pero el álbum, en ese momento, no se llamaba “Free Spirits”. Es más, aún abundan en Internet notas tituladas que dicen: “CA7RIEL & Paco Amoroso anuncian nuevo disco: ¿cuándo sale Top of the Hills?”, y en el cuerpo de los artículos hay un tracklist de 12 canciones, algunas se llaman “VERSACE TAGS”, “RENTABILITY” y “LOS MENTES MÁXIMAS”. También hay una fecha de lanzamiento: sábado 20 de diciembre del 2025. Sin embargo, aquel sábado, no hubo Top of the Hills. Lo que sí hubo fue un comunicado del grupo. Decía más o menos así: “Nos dejamos llevar por un nivel de exposición, presión y éxito que no supimos manejar, y tomamos decisiones erróneas y apresuradas. Nos llevó tiempo reconocerlo, pero necesitamos descansar y sanar. Top of the Hills nació en un momento de demasiada velocidad. Hoy decidimos frenar, posponer el disco y la gira hasta nuevo aviso. Gracias por estar incluso cuando nos perdemos”. 

En la industria musical transmedia, la obra parece ya no ser lo central de los lanzamientos, sino el universo y la narrativa que se construye para su difusión.

Después de eso, vino un verano de silencio en el que Internet se hizo la temporada con especulaciones y las redes se llenaron de reels y tiktoks con analistas celebrando la madurez de los jóvenes por priorizar su salud mental. El resto de los usuarios se debatía entre preocuparse genuinamente por los artistas o desconfiar: ¿y si era una estrategia de marketing?

Reaparecieron públicamente recién en febrero de este año, en los Grammys. El look clean que portaba Paco en octubre, ahora también lo tenía Ca7riel. Cargando una tote bag de 50 dólares de un negocio wellness muy top de Estados Unidos, subieron a buscar su estatuilla al Mejor Álbum Latino de Rock o Alternativo por el disco PAPOTA (2025). Una nueva narrativa había nacido.

Un día, así de la nada, apareció en su cuenta de Instagram un reel de siete minutos de Sting —sí, el mismísimo— hablando de un wellness center con un innovador abordaje que había salvado a Ca7riel y Paco de la perdición. También el aviso de un tema adelanto con el cantante de The Police, un nuevo nombre para un álbum y una nueva fecha de lanzamiento. ¿Qué pasó con Top of the Hills? Ellos dicen que existe y algún día saldrá. Por ahora, el video de anuncio y los posteos desaparecieron de sus redes.

Como buen producto 360°, el lanzamiento de Free Spirits, se vuelve aún más complejo a medida que se acerca la fecha de salida. El segundo corte de difusión, “Goo Goo Ga Ga”, tiene como artista invitado al actor y músico Jack Black. Ca7riel es fan de Black e incluso ambos chicos citan su humor como una referencia para su propio trabajo. La canción (compuesta en 15 minutos) tiene el toque Black: porque es tan extraña como cómica. Por ejemplo, tocar un saxo de juguete y volverlo algo hilarante de mirar. El tema, en Internet, no pegó del todo bien. Muchos usuarios dijeron que a Ca7riel y Paco se los comió su propio concepto y que era una canción “retardada”. Para el dúo, el hate tiene más efecto que el silencio y tal vez ésta haya sido otra de sus jugadas maestras.

La elección de los artistas para las colaboraciones de este disco también fue estratégica. Si bien a Paco y a Ca7riel podrá gustarles Sting y Jack Black, no son verdaderos personajes de su generación, sino de una anterior a quienes también han captado: “La gente que analiza las métricas en nuestro equipo nos contaron que gran parte de los oyentes nuevos del proyecto son mayores de 35 años. También cambió el perfil y se amplió a gente más adulta, lo cual es divertido también porque nuestro público siempre ha rondado los 20-25 años y ahora es más mayor que nosotros”, le dice Paco a VOGUE España. Esto pasó luego del Tiny Desk, cuando muchos millennials y Generación X, encontraron en el dúo un renovado amor en la música actual, algo que no podía suceder. En muchos comentarios del video de YouTube de esa presentación, los usuarios dicen algo así: “Tengo 50 años y es muy difícil que me guste música nueva, pero estos jóvenes me encantan”.

El músico se ha convertido en un gestor de productos donde la música es apenas uno de los componentes.

Dos días antes del lanzamiento de Free Spirits, los contenidos empiezan a surgir como a goteo de un decantador. Primero el tracklist que enuncia más colaboraciones, una con el multifacético rapero Anderson Paak y otra con el DJ Fred Again. Luego aparece una página del wellness center “Free Spirits” en la que uno puede contestar encuestas sobre cómo maneja la ansiedad y la calma y la web devuelve una terapia como yoga o meditación que viene acompañada de un fragmento de algún nuevo tema. Más tarde sigue un live en YouTube contestando preguntas de los fans. Nada de lo que dicen ahí puede descifrarse como real o ficticio, lo que también abre una pregunta: ¿Cómo son Paco y Ca7riel realmente? ¿Qué hay detrás de la performance?. Después llega el corto, una marca ya registrada por el dúo que repitió la fórmula de PAPOTA con una mini película que amplía el concepto de este nuevo producto discográfico. Ahí cuentan cómo los chicos llegan pos ceremonia de los Grammy Latino 2025, aún vestidos de Versace, y se internan para recibir todo tipo de terapias que van desde dermaplaning hasta baños en hielo. Mientras el dúo pasa por cada una y avanza en su tratamiento, de fondo se escucha un fragmento de una canción nueva.

Es medianoche del día anterior a la salida del disco y Twitter explota: Ca7riel y Paco entran a la casa de Gran Hermano. “Los hermanitos” esperan sentados en el piso en canastita con antifaces puestos. Ca7riel se pone delante de una bandeja de DJ y pincha los nuevos temas. Cuando Gran Hermano los presenta, algunos participantes se quitan la venda con euforia mientras otros se preguntan entre ellos quiénes son estos dos.

En muchas entrevistas y posteos previos, Ca7riel y Paco dicen que éste es su mejor álbum y que están en un momento donde quieren “hacer música de verdad” con unos “acordecitos maj7”, esos mayores con séptima, comunes en el jazz y el soul, grandes generadores de armonías más sofisticadas. Y así suena Free Spirits, un álbum que demuestra su sonido “degenerado”, como le gusta decir a Paco, una verdadera evidencia de que pueden hacer una bachata con Anderson Paak (“Ay Ay Ay”), con letras vulgares e irreverentes; que Paco te puede romper el corazón al cantar una samba sobre un amor perdido al priorizar la fama (“Vida Loca”); o arrancar el disco con un pseudo pop hindú para que encares el asunto bien descolocado, como les gusta dejar a su público; y más adelante, un candombe electrónico que tiene a Fred Again como productor en los créditos (“Muero”). Siempre manteniendo un discurso entorno sobre la actualidad de sus vidas de rockeros con crudeza y humor, pero sin olvidar, en ningún momento, los guiños y el lenguaje del Internet que los crió o los ritmos mezclados fundados por ellos mismos, como son esos traps profundos y oscuros con house y algo de techno (“Lo Quiero Ya! feat Fred Again). Probablemente ésta sea la forma de mejor conocerlos, porque se los escucha frescos, divertidos y creativos, por momentos hasta con las voces fusionadas como sus propias vidas.

En tiempos donde la economía de la atención es cada vez más escasa y abundan los contenidos y las plataformas que no alcanzamos a consumir, lograr que alguien se detenga a prestarle atención a ese producto musical es el objetivo que dispara la rentabilidad.

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En la industria musical transmedia, la obra parece ya no ser lo central de los lanzamientos, sino el universo y la narrativa que se construye para su difusión. Y en esta realidad, el músico se ha convertido en un gestor de productos donde la música es apenas uno de los componentes.

En tiempos donde la economía de la atención es cada vez más escasa y abundan los contenidos y las plataformas que no alcanzamos a consumir, lograr que alguien se detenga a prestarle atención a ese producto musical es el objetivo que dispara la rentabilidad. En Anfibia ya hemos analizado casos de lanzamientos 360° como el de Bad Bunny con Debí Tirar Más Fotos o el de Rosalía con LUX. Claros ejemplos de cómo se pueden crear conversaciones antes, durante y después de la salida del álbum en los entornos digitales. Por lo menos hasta la gesta del siguiente proyecto y el storytelling, con su próxima estrategia, vuelva a cambiar. Estas conversaciones no solo abordan múltiples formatos, sino que deben ser alimentadas por los artistas y también por sus comunidades. Es decir: no alcanza con crear historias y conceptos que amplíen la música: hay que darle de comer a las cuentas de los fanáticos creadores de contenido para que siempre se esté hablando de ese artista. Y en la batalla por la atención hoy lo vale todo.

Con el correr de su carrera, Ca7riel & Paco Amoroso se volvieron el ejemplo nacional más claro de lo que debe ser un producto discográfico eficiente: lanzamientos musicales en dosis fragmentadas pero constantes, producción musical acorde a la lógica comercial, colaboraciones con artistas de distintos géneros, conceptos para cada nuevo lanzamiento que se traduce a estéticas, creatividades y shows, silencios estratégicos, fake news y hasta contenidos lanzados a la hora exacta donde hay mayor cantidad de usuarios conectados.

Sobre esto, Gaba Najmanovich, consultora estratégica de tendencias, me dice: “Es como se comercializa hoy el mundo. Es la lógica de la viralidad y la tenés que aprovechar ya porque además es muy efímera. En un segundo se olvidan de vos y dejás de existir. Tenés que estar en todos lados de alguna forma. Vivimos en una cultura muy fragmentada, entonces el artista tiene que copar todos los espacios para asegurarse que se hable de él la mayor cantidad de tiempo posible”. Najmanovich se refiere a los microuniversos creados por los algoritmos para cada uno de nosotros. El contenido que a vos te aparece en redes no me va a aparecer a otro, entonces hay que ver “cómo tapar la mayor cantidad de agujeros posibles”, dice. Pero también reconoce un peligro en estas estrategias: “Sirven para llegar al momento de viralización y eso genera una oposición entre lo que es el arte y la comercialización. Al final todos están haciendo lo mismo y se vuelve una competencia voraz para estar en todos lados con tal de vender. Y en cinco segundos va a venir otro con la misma dinámica”.

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto de marketing 360° de Ca7riel & Paco Amoroso es la sinceridad y la frontalidad con la que comparten al público sus estrategias. En otra entrevista, una en el Zach Sang Show, un podcast estadounidense con 965 mil seguidores en YouTube, les preguntan por su “show” del Lollapalooza Argentina del 2024. El dúo aún no había lanzado oficialmente su primer disco, Baño María, pero un día les sonó el teléfono y les ofrecieron reemplazar a un artista que se había bajado del festival. Como todavía no tenían el nuevo show armado, alguien del equipo sugirió que, en vez de tocar en vivo, hicieran una pre escucha del álbum. La idea no les gustó en absoluto pero ese alguien dijo que funcionaría y ellos se arriesgaron. En sunga y con anteojos de sol, se subieron al escenario y se metieron en un jacuzzi lleno de espuma. En su momento no lo dijeron, no lo aclararon, solo se quedaron allí dentro mientras el álbum sonaba completo. Les llovieron críticas, lo que significó que la movida había sido un éxito: “Ofender es importante. Hacía mucho que no tocábamos y teníamos que generar atención, que se hable de nosotros”, responde Paco, y Ca7riel agrega: “Un hate vale más que doce comentarios positivos”. 

Con el correr de su carrera, Ca7riel & Paco Amoroso se volvieron el ejemplo nacional más claro de lo que debe ser un producto discográfico eficiente.

Para el catalán Frankie Pizá, divulgador cultural y profesional de las industrias creativas, el clickbait del “burnout” que el dúo planteó en diciembre como una pre-narrativa a la actual, fue arriesgado: “El problema no es hablar del burnout, ni siquiera convertirlo en tema artístico. El problema es que con productos así, se vuelve difícil distinguir entre sinceridad y aprovechamiento narrativo”, me dice y agrega: “Yo no dudo de que haya habido agotamiento y presión real y una vorágine difícil de sostener. Bastaba verles en algunas de las últimas entrevistas que concedieron mientras todavía estaban de gira. Lo que me genera fricción es que utilicen ese malestar para convertirlo en un nuevo capítulo de productos expansivos para el mundo creado alrededor de cada release”. Para Frankie, una cosa es visibilizar el padecer humano que hay en esta aceleración contemporánea y otra es empaquetar un problema de la sociedad para que funcione como una herramienta de comercialización.

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Catriel Guerreiro y Ulises Guerriero se conocieron en primer grado, cuando la maestra tomaba lista y descubrieron que tenían casi el mismo apellido. Desde entonces, no se despegaron nunca más. Ese día, también, notaron que manejaban el mismo humor: “La maestra nos preguntó si éramos hermanos y ambos contestamos que sí”, rememoran juntos. Ya de chicos empezaron a interesarse por la música: Ca7riel por la guitarra, Paco por el violín y después por la batería. Siempre supieron, en esas tardes jugando al Counter Strike y escuchando cassettes, que querían ser estrellas de rock. Entonces hicieron lo que cualquier joven argentino de principios de los 2000 hubiera hecho para lograr su sueño: juntaron un par de amigos y armaron una banda —Astor y Las Flores— inspirada en Luis Alberto Spinetta con sonidos de rock progresivo, funk y reggae. Pero había una incomodidad en el ensayo perpetuo y el acarreo de instrumentos en colectivo que terminó por frustrarlos. Ese cansancio coincidió con un quiebre en la historia de la música actual argentina como es el nacimiento del trap, alrededor del 2015 y 2016. Ca7riel ya conocía el freestyle e incluso se había probado en algunas batallas del Quinto Escalón, de donde huyó avergonzado al ser vencido por dos niños más chicos que él.

En ese contexto Ca7riel entendió que podía hacer música sin alquilar salas de ensayo, ni pagar estudios de grabación. Solo, desde la computadora donde su mamá mandaba mails, hizo dos EPs: POVRE y LIVRE (2018). Compartió su descubrimiento con Paco, que debido a una mano quebrada ya no tocaba la batería y se sumó al nuevo proyecto de Ca7riel como cantante: “Nos cansamos de lo que implicaba el rock y dijimos ‘a la mierda’”, cuenta Paco en una entrevista de GQ España. El ascenso vertiginoso del trap en la escena nacional les permitía, además de una producción más ágil, un camino con más visibilidad y probabilidades de ingresos: “Después llegó Paquito al mic y las necesidades cambiaron. ¿Ganar dinero? ¿Por qué no? Por qué no meternos en este ambiente, y ganar dinero?”, le dijeron a Anfibia en 2019. Como buenos estudiantes de conservatorio, Paco y Ca7riel ya sabían hacer música. El objetivo, entonces, era volverlo rentable.

Entre 2018 y 2019 sacaron una catarata de singles: “Piola”, “A mí no”, “OUKE” y “Ola Mina XD”. Un sonido que si bien nacía en el trap denotaba muchísimas otras influencias como funk, pop, hip hop, house y techno, algo que sus colegas no podían hacer ni imaginar. Lo que hacían era diferente y ellos, unos freaks: “Es música distinta y la inspiración viene del rock antiguo. Pero es otra cosa, por eso es que suena tan familiar”, explica Ca7riel en la entrevista de Zach Sang Show. En esa época, y con solo 25 años, Ca7riel y Paco también empezaron a mostrar signos de comprender los entornos digitales como nadie de su generación. El video de su canción “Jala Jala” está filmado enteramente en vertical recreando el uso de un celular y las redes sociales, algo novedoso para el momento. Con esa canción, además, empiezan a abrirse del trap. Allí exploran uno más experimental, sucio y oscuro. Algo que podría sonar en una rave de la Berlín más techno. Así, sin un disco y después de agotar todos los clubes nocturnos de Buenos Aires, La Plata y Mar del Plata, cerraron 2019 con un Estadio Obras Sanitarias agotado.

Después vino la pandemia. Esos dos años les sirvieron a cada uno para conocer su propia música por separado. Ca7riel sacó EL DISKO (2021), un trabajo que cruza jazz fusión, electrónica, trap y rock y que comienza con un sample de “Lucy In The Sky with Diamonds” de los Beatles mezclado con “Luna De Miel En La Mano” de Virus. Paco, por su parte, se fue al pop electrónico, soul y R&B con Saeta (2021), en donde se codea con grandes rockeros como Adrián Dárgelos de Babasónicos en la canción “Switch”.

Poco tiempo después un sello les propuso grabar, al fin, un disco juntos: “Nos dijeron ‘¿por qué no hacen un disco así?’ y nosotros lo hicimos”, le dice Paco a Paulina Cocina en un video en conjunto. “Un disco así” es exactamente lo que terminó siendo Baño María, un álbum como le gusta a la industria, que mezcla reguetón, kpop y house con un concepto muy específico que gira en torno a las ideas del goce, con sonidos divertidos y canciones pegajosas. El primer producto que, oficialmente, además traspasaba la musicalidad y priorizaba el storytelling completo: “Aprendimos los trucos para que la música sea comercial”, agrega Ca7riel mientras hacen un flan a baño maría.

“Ofender es importante. Hacía mucho que no tocábamos y teníamos que generar atención, que se hable de nosotros”, dice Paco, y Ca7riel agrega: “Un hate vale más que doce comentarios positivos”.

“Es una especie de curso”, le dice Paco a Migue Granados en la entrevista de Olga al referirse de todas las estrategias que hay para pegarla en el negocio. Un curso con un montón de gente “que hace futurología con el Excel” y les dice dónde tocar, cómo promocionar un show o con quién hacer una colaboración para que “de acá a medio año, vos puedas tener plata”, agrega Ca7riel. Algunos dirán que vendieron su alma al diablo, otros que la vieron y fueron por ello. Lo cierto es que con el equipo de analistas, la ambición, carisma, creatividad y un poco de suerte, unos meses después de la salida de Baño María, Paco y Ca7riel comenzaron un minucioso lobby que terminó en una cena con una representante de NPR Music en Buenos Aires. Aquella noche, el manager les pateó las canillas debajo de la mesa para que se rieran de sus chistes, charlaran y se la ganaran. El encanto argentino surtió tal efecto que esa noche, la chica, cebada, hasta se fue de fiesta con ellos.

Que el Tiny Desk haya sido el combustible de la explosión mundial de Ca7riel & Paco Amoroso se debe, sin duda, al virtuosismo musical del dúo, además de la comprensión absoluta de ellos y su equipo para exprimir una exposición de 17 minutos. Si bien todas las sesiones del show exigen el sonido en vivo de la banda, muchas de las hechas por artistas urbanos pierden energía cuando no se pueden apoyar en el beat electrónico. En el caso de los argentinos, reconstruyeron el ritmo con sonidos de jazz y funk para mantener el efecto bailable que tienen las canciones de Baño María, arreglando, además, cada instrumento para que tuvieran su espacio y nitidez. Un excelente camino para entrarle al oído estadounidense que distingue y mueve la patita al ritmo de ese groove. Pero ese no fue el único acierto: “Su estilista, Celina Lattanzio (Negra Negra), pensó en los planos de las cámaras y buscó llevar la atención a la cabeza y torso de cada uno”, me cuenta Lucía Levy, periodista de moda y directora del medio digital La Curva de la Moda. Por eso, cada uno de los personajes tiene una pieza distintiva como es el sombrero de Paco y el chaleco de corazones de Ca7riel. El sonido, más una estética que nunca antes había sido vista en el formato, logró llamar la atención. Poco después, en los shows, todos sus fanáticos tenían su uniforme: “Pero ojo, el éxito en la cultura tiene que ver con la permanencia; y la pegás cuando esa permanencia, a su vez, se vuelve una referencia reconocible”, me retruca Levy y agrega: «Hoy es difícil destacar porque hay demasiada mezcla. Hay que ver en diez o quince años si Ca7riel y Paco la pegaron”.

Después del Tiny Desk, la carrera del dúo dio un salto olímpico. Además de que las reproducciones se dispararon y el set sonaba en todas partes del mundo, los shows de la gira mundial se agotaron y los clubes y arenas quedaron demasiado chicos. Una presentación en Coachella, otra en The Tonight Show Starring Jimmy Fallon y una más en el Festival Glastonbury. Además, la atención de toda la prensa con entrevistas en Vogue España y The Guardian. Todos querían saber quiénes eran esos chicos raros de sudamérica.

Los aciertos en marketing del dúo siguieron con el segundo disco, PAPOTA, cinco meses después del show en el escritorio chiquito. ¿Cómo es que tardaron más de nueve años en hacer un álbum juntos pero lograron hacer un disco en medio de la gira más importante de sus vidas? “Los tiempos son muy rápidos, una maravilla de la industria. Hoy te metés en un estudio con gente que se dedica a hacer canciones y hacés una en tres horas”, le dice Ca7riel a GQ España. En el pico de su popularidad, Ca7riel y Paco entendieron que además de estar en boca de todos, había que estar en los oídos de todos: “En estos días hay que hacer música todo el tiempo”, dice Paco en la entrevista con Zach Sang. 

Para retener la atención de una persona durante tres minutos necesitás que en la canción pase algo todo el tiempo, que despierte la atención de nuevo, que la resetee.

PAPOTA es un disco mayormente pop. Tiene cuatro singles originales y el show completo del Tiny Desk. ¿Y por qué Ca7riel & Paco Amoroso son, probablemente, los únicos artistas que han publicado su Tiny Desk por fuera del show en sí? Porque cuando en Estados Unidos escucharon la versión original de Baño María, no gustó. Y seguramente el máster del Excel ya sabía que esto sucedería y por eso compilaron su éxito en un entregable vendible y le sumaron canciones nuevas que justamente ironizaban sobre cómo cambiaron sus vidas después de aquel show y cómo debieron moldearse al negocio para tener éxito. En PAPOTA (una referencia a la proteína en polvo y pastillas para hacerse crecer los músculos), crean una narrativa irónica sobre las exigencias de una industria sanguinaria que fomenta ir al gimnasio, hacerse cirugías estéticas y ser una máquina de hits para consagrarse. Pero de nuevo, los chicos buscaron la manera de que ese storytelling estuviera acompañado de canciones que mantuvieran la retención lograda.

PAPOTA está producido por los argentinos Federico Vindver y Rafa Arcaute, que se especializan en hacer entrar música latina en Estados Unidos. Cada uno lo ha hecho con Calle 13, Ricky Martin o Pitbull. La marca de su trabajo es que probablemente hagan funcionar tu sonido allá”. Esto me lo dice Dani Pérez, productor, músico y compositor.

Estamos en Audio Buró, su estudio de grabación, y vamos pinchando, uno a uno, los temas de este álbum: “En ‘#TETAS’, por ejemplo, no hay una intro musical. No tenés que esperar nada para ingresar al universo del tema”, me dice mientras le da play a los primeros cuatro segundos donde se escucha la voz del actor Martín Bossi que hace de manager despiadado y les da órdenes a los chicos sobre cómo hacer un tema exitoso. Le digo a Dani que me recuerda al gancho visual que deben tener los videos para mantener la retención del usuario: “Exacto. En la música existe el término “skip rate” que te dice cuánto tiempo tarda el usuario en pasar a otra canción. Antes los temas tenían un comienzo sonoro más prolongado, ahora una intro larga no te favorece”. Play de nuevo, unos segundos, pausa otra vez: “¿Escuchás esas campanitas a lo largo del tema?”, me dice Dani. Eso, me explica, se llama “ear candy”, es decir dulces para el oído. El cerebro siempre busca patrones que se repitan, entonces, en una época como la de hoy, para retener la atención de una persona durante tres minutos necesitás que en la canción pase algo todo el tiempo, que despierte la atención de nuevo, que la resetee. “Es la dopamina de la música”, agrega el productor. “Ellos son buenísimos, siempre lo fueron. El problema es que esta música no es memorable. En esta clase de canciones, la pieza como obra no existe. Ya no se busca permanecer, sino pasar rápido a lo siguiente”.

En la entrevista con GQ España, que se llama “24 horas con Ca7riel & Paco Amoroso en Madrid”. En la última parte del clip, los llevan al Museo de Cera y los chicos, de nuevo adolescentes, bromean entre las estatuas de los famosos. Ca7riel imita las poses y Paco se ríe de los chistes de su amigo. Él lleva una campera símil serpiente y Ca7riel un tapado de piel, ambos tienen anteojos de sol mientras deambulan por unos pasadizos oscuros. Al final, apoyados cada uno en el hombro de “La Roca” Johnson, Ca7riel dice a la cámara: “De chiquitos sabíamos que íbamos a trabajar del arte. Tocábamos instrumentos, participábamos de los actos del colegio, tuvimos bandas de rock, fuimos raperos y ahora somos muñecos de cera”.

La entrada La música es lo de menos se publicó primero en Revista Anfibia.

 

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