La Liga Naval Argentina elevó una nota formal a la Embajada de Estados Unidos en la que expresa su preocupación por las iniciativas de desregulación del transporte marítimo y fluvial en el país impulsada por Federico Sturzenegger.
El organismo dice que estas políticas podrían favorecer el avance de intereses extranjeros -particularmente chinos- sobre sectores estratégicos de la navegación nacional.
En el documento sostiene que una apertura amplia del cabotaje podría provocar un fuerte deterioro de la marina mercante argentina y alterar el equilibrio geopolítico en el Atlántico Sur.
Según el planteo, la medida permitiría que empresas vinculadas al Estado chino operen en rutas marítimas y fluviales argentinas sin exigencias equivalentes a las que enfrentan los actores locales.
La nota advierte que una eventual participación de navieras chinas en el comercio de cargas a través del mar territorial argentino y de la Hidrovía Paraná-Paraguay podría derivar en una posición dominante de ese país en la región, afectando tanto la actividad económica nacional como los intereses estratégicos vinculados al control de los espacios marítimos.
En ese sentido, señalan que mientras las Fuerzas Armadas impulsan acciones destinadas a fortalecer la vigilancia y el control del mar argentino frente a la actividad de flotas extranjeras, especialmente pesqueras, una apertura del cabotaje facilitaría el ingreso de actores vinculados al gobierno chino a sectores considerados sensibles.
La nota advierte que una eventual participación de navieras chinas en el comercio de cargas a través del mar territorial argentino y de la Hidrovía Paraná-Paraguay podría derivar en una posición dominante de ese país en la región, afectando tanto la actividad económica nacional como los intereses estratégicos vinculados al control de los espacios marítimos
El documento también cuestiona la efectividad de las medidas anunciadas para exigir la contratación de tripulaciones del Mercosur en embarcaciones extranjeras. Según la entidad, esa condición resultaría insuficiente para garantizar una participación real de intereses nacionales, ya que los armadores mantendrían el control operativo y comercial de los buques.
Peter Lamelas, embajador de Estados Unidos.
Bajo ese diagnóstico, la Liga Naval Argentina solicitó formalmente una reunión con representantes de la Embajada de Estados Unidos para ampliar los argumentos expuestos y analizar las implicancias que, a su juicio, tendría la reforma para la seguridad hemisférica, el comercio regional y la presencia estratégica en el Atlántico Sur.
La gestión se produce en medio del debate abierto en torno a la desregulación del sector marítimo argentino y refleja la preocupación de sectores vinculados a la marina mercante y la defensa nacional por el impacto que podrían tener los cambios regulatorios sobre la soberanía económica y el posicionamiento geopolítico del país.
En la embajada hay preocupación porque Sturzenegger les prometió que para evitar la presencia de marinos chinos a través de una obligación que cualquier buque extranjero que venga tenga que ser tripulado por marinos del Mercosur y eso no se está cumpliendo
Un militar al tanto de la situación afirmó a LPO que el informe ya está en manos de Peter Lamelas y reveló que «en la embajada hay preocupación porque Sturzenegger les prometió que para evitar la presencia de marinos chinos a través de una obligación que cualquier buque extranjero que venga tenga que ser tripulado por marinos del Mercosur y eso no se está cumpliendo».
En este contexto, especialistas de la Liga Naval han confeccionado un minucioso informe sobre los perjuicios que tendría para la soberanía nacional y la defensa, la presencia, la desaparición de una marina mercante de bandera y su reemplazo por una flota extranjera.
«Esti es un problema, sea cual sea la bandera. Porque acá es lo mismo que sean chinos, turcos o rusos. La diferencia es que los chinos no tienen problema en perder plata. Los alemanes no van a venir a perder plata acá porque no les interesa. A los chinos sí», concluyó.
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El debut bursátil de SpaceX dejó a Wall Street mirando hacia adelante. La empresa de Elon Musk cerró este viernes por encima de los USD 161 por acción y alcanzó una valuación superior a los 2 trillones de dólares. El volumen de capital movilizado pulverizó el récord de la petrolera Saudi Aramco en 2019 y de la tecnológica Alibaba en 2014.
Se estima que la colocación inicial dejó a la empresa de Elon Musk alrededor de USD 75.000 millones en efectivo fresco, con el porcentaje que se destinó a flotar en la bolsa con un valor inicial de USD 135 que rápidamente escaló a USD 161 la acción. Fue la IPO más grande de la historia.
El mayor estreno bursátil de la historia no solo convirtió a Musk en el primer trillonario del planeta, sino que abrió un debate global sobre la extrema desigualdad en el mundo actual, donde un hombre acumula meas riqueza que varios países. «El dato es que la riqueza de algunos y la desigualdad está creciendo a niveles que nunca vimos», le dijo Steven Durlauf, académico de la University of Chicago al NYT.
De hecho, el único antecedente de semejante riqueza en el mundo contemporáneo es John D. Rockefeller que en 1937 llegó. acumular una fortuna personal equivalente a 1.5 por ciento del PBI de Estados Unidos. Luego de la IPO de Space X, Musk alcanzó una fortuna equivalente al 3 por ciento del PBI de Estados Unidos. El empresario no vendió ni una de las acciones de la empresa espacial en su poder, que de manera inmediata pasaron a valer casi 900 mil millones de dólares, más de doble de la deuda externa de Argentina. «Si esto no es un ejemplo de oligarca, no se que es», afirmó el senador demócrata Bernie Sanders.
Como sea, el sismo que causó la irrupción bursatil de Space X, que de inmediato su hizo un lugar entre las siete magníficas abrió una pregunta más profunda: ¿estamos frente al nacimiento de una nueva camada de gigantes tecnológicos capaces de redefinir Silicon Valley?.
Nunca antes tres compañías con valuaciones cercanas o superiores al trillón de dólares habían apuntado a salir a bolsa en un mismo ciclo. Después de SpaceX, todas las miradas se concentran en OpenAI y Anthropic, las dos empresas que lideran la carrera global por la inteligencia artificial.
La respuesta que circula entre bancos de inversión y analistas es afirmativa. Nunca antes tres compañías con valuaciones cercanas o superiores al trillón de dólares habían apuntado a salir a bolsa en un mismo ciclo. Después de SpaceX, todas las miradas se concentran en OpenAI y Anthropic, las dos empresas que lideran la carrera global por la inteligencia artificial.
Según reconstruyó el diario The New York Times, ambas compañías aceleraron durante las últimas semanas sus preparativos para cotizar en los mercados de capitales. Anthropic presentó de manera confidencial su documentación ante la SEC el 1 de junio. OpenAI hizo lo mismo una semana después. El procedimiento permite que los reguladores revisen la información financiera sin exponer todavía los detalles al mercado.
El CEO de Open IA, Sam Altman.
Anthropic, pese a la batalla que mantiene con la administración Trump -o quizás gracias a ella- parece llevar ventaja. Los mercados financieros le asignan mayores probabilidades de convertirse en la próxima gran IPO. Las estimaciones ubican su estreno hacia octubre. OpenAI mantiene un calendario más flexible. Su directora financiera, Sarah Friar, insiste públicamente en que la prioridad es construir una empresa sostenible antes que acelerar los tiempos de cotización. Sin embargo, la presión del mercado se siente.
La pelea central pasa por las valuaciones. Anthropic fue impulsada por una sucesión de rondas privadas que la llevaron a valores cercanos a los USD 965.000 millones. Mientras que OpenAI, la compañía que creó ChatGPT, ya exhibe ingresos anualizados cercanos a los USD 25.000 millones. Los bancos que trabajan en la operación buscan sostener una valuación de referencia del trillón de dólares.
La magnitud del fenómeno obliga a mirar más allá de cada empresa. Analistas de mercado calculan que SpaceX, OpenAI y Anthropic podrían captar cerca de USD 200.000 millones en conjunto si colocan alrededor del 5% de su capital. La cifra supera todo lo recaudado por las grandes IPO estadounidenses entre 2022 y comienzos de 2026. Es un elefante entrando a una pileta que ya parece llena. El agua necesariamente se moverá.
Muchos esperan que OpenAI y Anthropic produzcan un fenómeno similar, pero esta vez sobre los nombres más pesados del sector tecnológico. Microsoft, Alphabet o Meta podrían sufrir ventas técnicas a medida que Wall Street reequilibre posiciones para incorporar a los nuevos jugadores puros de inteligencia artificial.
De hecho, el primer efecto ya apareció. El estreno de SpaceX provocó ventas en compañías vinculadas al sector espacial y satelital. Fondos y ETFs tuvieron que liberar espacio en sus carteras para incorporar al nuevo gigante, la cotización de varias «espaciales» caía, mientras Space X se disparaba. Muchos esperan que OpenAI y Anthropic produzcan un fenómeno similar, pero esta vez sobre los nombres más pesados del sector tecnológico. Microsoft, Alphabet o Meta podrían sufrir ventas técnicas a medida que Wall Street reequilibre posiciones para incorporar a los nuevos jugadores puros de inteligencia artificial.
Los optimistas sostienen que las métricas tradicionales ya no alcanzan para evaluar compañías que aspiran a controlar la infraestructura tecnológica del siglo XXI. Argumentan que SpaceX domina sectores estratégicos como los lanzamientos espaciales y las comunicaciones satelitales, mientras que OpenAI y Anthropic compiten por desarrollar inteligencia artificial general. Para este grupo, la IA será la nueva electricidad: una plataforma transversal sobre la que funcionará buena parte de la economía global. Bajo esa lógica, las valuaciones actuales serían apenas una estación de paso.
Los escépticos observan otra escena. Recuerdan que OpenAI y Anthropic consumen miles de millones de dólares en chips, centros de datos y energía. El problema no es la innovación sino la rentabilidad. Nadie sabe todavía si los ingresos futuros podrán compensar semejante nivel de gasto. La gran incógnita es si estas compañías venden una autopista o simplemente el peaje de una promesa.
El CEO de Space X, Elon Musk.
Las advertencias se multiplican. Ali Ghodsi, CEO de Databricks, advirtió días antes de la salida de SpaceX que 2026 podía convertirse en «un año terrible para salir a bolsa» debido a la feroz competencia por captar liquidez. Ivan Cosovic, director gerente de Breakout Point, describió el clima de época en Wall Street: «Ven el juego que se está jugando, se burlan abiertamente de él y luego planean jugarlo de todos modos».
Incluso dentro de OpenAI existen dudas. En el sector se conocen las tensiones entre Sarah Friar y Sam Altman respecto al momento adecuado para cotizar. La preocupación gira alrededor de los compromisos multimillonarios de inversión en infraestructura y la velocidad real a la que crecerán los ingresos. El debate es simple: cuánto tiempo puede sostenerse una carrera donde el combustible cuesta decenas de miles de millones de dólares.
Desde la política también llegaron cuestionamientos. La senadora demócrata Elizabeth Warren criticó duramente el debut de SpaceX y puso bajo sospecha las proyecciones que justifican semejantes valuaciones. Para sus detractores, el entusiasmo actual recuerda otros momentos de euforia tecnológica donde el mercado terminó descubriendo que el futuro llegaba más lento de lo prometido.
De hecho, las ganancias de Space X vienen en picada, debido a las monumentales inversiones que está haciendo en mega campus de IA. Las inversiones masivas en inteligencia artificial de casi todas las tecnológicas están drenando sus ganancias, bajo la promesa de rentabilidades futuras. Una apuesta que inquieta a varios inversores.
Pero por ahora, SpaceX cotiza a múltiplos que hace pocos años hubieran parecido delirantes. Los inversores los aceptan porque creen estar comprando algo más que ingresos o ganancias: una porción del futuro, que se supone ofrecerá la «economía espacial». OpenAI y Anthropic generan expectativa bajo la misma lógica. Ya no se trata de cuánto ganan hoy, sino de la pelea por quién controlará las herramientas con las que f-se supone- funcionará la economía de mañana. Cuanto hay de burbuja y cuanto de pronóstico fundado es la pregunta que contestará el tiempo.
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