La derecha brasileña empieza la campaña dividida y pone riesgo un triunfo de Favio Bolsonaro

La derecha brasileña empieza la campaña dividida y pone riesgo un triunfo de Favio Bolsonaro

 

Brasil ya palpita el año electoral. En octubre se realizarán las elecciones presidenciales y Lula se juega todo a la reelección que le permita seguir en el poder hasta 2030. 

Los desafíos son enormes porque el líder brasileño comenzaría su cuarto período en el Palacio Planalto con 81 años y ante las dudas sobre su edad, se muestra en playa con un físico entrenado y muestra sus rutinas en el gimnasio. 

En el terreno de la política tiene que mantener unida la coalición que le permitió ganar en 2022 con los sectores de centro que le garantizan la confianza en los mercados y en buena parte de los sectores empresariales del país. 

A su vez, Lula apuesta a formar una base en el Congreso mucho más leal que el actual con quien mantiene una tensa relación por el proyecto para bajar las penas a los condenados por el intento de golpe a Lula y podría beneficiar a Jair Bolsonaro. El presidente de Brasil vetó el proyecto y la derecha busca conseguir los votos para derrumbarlo. 

 Lula intenta contener la avanzada electoral de Trump en América Latina

La derecha también arrastra enormes problemas porque su candidato más competitivo esta preso e inhabilitado, lo que abre una interna que no se está dirimiendo con armonía. La división es clara: por una lado la familia Bolsonaro, por el otro la derecha tradicional que quiere construir un liderazgo propio pero necesita de esos votos. 

Los tres hijos de Bolsonaro siempre tuvieron roles claros. Flavio el de armador, Carlos el estratega comunicacional bajo el manual de Steve Bannon y Eduardo el de las relaciones internacionales.

El ex presidente dejó clara su voluntad y quiere a un Bolsonaro liderando para asegurarse, en caso de ganar, el indulto que lo devuelva al terreno político. El elegido es Flavio Bolsonaro, senador por el Río de Janeiro que siempre ocupó un rol más de articulador o armador de su padre. Tejió relaciones con los partidos de derecha más tradicionales y las milicias cariocas que están acusada de manejar el narcotráfico y de delitos como el asesinato de Marielle Franco. 

Los tres hijos de Bolsonaro siempre tuvieron roles claros. Flavio el de armador, Carlos el estratega comunicacional bajo el manual de Steve Bannon y Eduardo el de las relaciones internacionales. Fuera del poder hay que sumar otros dos: la esposa Michelle y el más joven de sus hijos, Renan, que es concejal en Río.

Eduardo Bolsonaro.

La pelea por la candidatura familiar la protagonizaron Eduardo, Flavio y Michelle. El primero fue el lobbista principal de las sanciones de Estados Unidos contra la economía brasileña por el juicio contra Bolsonaro pero se desactivó rápidamente con el vinculo que se construyó entre Donald Trump y Lula que puso en pausa toda esa ofensiva. Ahora, Eduardo quedó desdibujado y sin chances de regresar al país porque puede ser juzgado por obstrucción a la justicia. 

Michelle, por su parte, es la que mejor mide en las encuestas. Carga con un carisma muy potente y conecta con sectores populares que abraza la relación evangélica. Sin embargo, los Bolsonaro no consideran a una mujer liderando su proyecto político. Es por eso que todo quedó en Flavio, que siempre tuvo un perfil bajo y ahora debe enfrentar entrevistas y, llegado el caso, debates contra profesionales de la política como Lula. 

Con la derecha dividida en tres o cuatro, no hay que descartar la victoria de Lula en primera vuelta.

La foto actual de la derecha es de división porque los gobernadores no quieren ir a la cola del bolsonarismo. Los lideres territoriales dispuestos a jugar con el paulista, Tarcisio Gomes da Freitas y el de Minas Gerais, Romeu Zema, dos figuras más competitivas que Flavio Bolsonaro que no termina de despegar en las encuestas. 

Según la última en encuesta de Atlas Intel, Lula ganaría en todos los escenarios y le saca 27 puntos a Flavio. Lula apuesta a esa división e incluso opera para una candidatura de un sector de la derecha no bolsonarista como la de Eduardo Leite, gobernador de Río Grande do Soul. «Con la derecha dividida en tres o cuatro, no hay que descartar la victoria en primera vuelta», dice con entusiasmo uno de los armadores principales de Lula. 

Tarcisio Gomes da Freitas, gobernador de San Pablo.

Lula trabaja en otra estrategia para debilitar a sus competidores, en el caso de San Pablo, evalúa lanzar candidatos fuertes como el vicepresidente Geraldo Alckmin o la ministra Simone Tebet para complicar a Tarcisio y obligarlo a dudar de su candidatura presidencial.

 Lula tiene la obsesión de ganar San Pablo, la cuna de su formación política en tiempos de líder sindical. Por eso, quiere jugar con todo. Un dirigente paulista que trabaja en la estrategia electoral del líder del PT explicó a LPO que «ña idea de hacerlo dudar de la presidencial está motivado por dos razones: que no juega en el estado y ganar San Pablo o correrlo para evitar que se lleva a sectores del establishment que no quieren a Bolsonaro y dudan entre Taricsio y Lula». 

«Un ejemplo de esto son los poderosos industriales paulistas que pueden dividirse si juega Tarcisio pero si no participa todo ese sector iría con Lula porque no quieren al bolsonarismo y no les termina de cerrar Zema», agrega.  

En efecto, si a este panorama de dispersión, el gobierno de Lula estable en lo económico, con protagonismo internacional y una gestión fuerte en material social se le agrega la decisión de Donald Trump de no intervenir, lo del bolsonarismo sería la crónica de una derrota anunciada. Pero el año ese largo y todo puede pasar en este mundo marcado por las sorpresas y la incertidumbre. 

Lula aporta la estabilidad que Trump quiere para Venezuela y por eso es más importante que Milei en términos estratégicos.

Por eso, como reveló en exclusivo LPO, Lula busca contener el avance electoral de Trump para que Brasil no reproduzca un escenario parecido al de Chile, Argentina u Honduras donde la intervención de Trump en el proceso electoral fue directa y favoreció a los candidatos de derecha. 

Por eso, Lula tomó distancia de Maduro y no enfrentó al líder republicano. En lugar de eso, volvió a ofrecerse como nexo con el régimen chavista que ahora conduce Delcy Rodríguez. En la cancillería brasileña tiene una certeza que habrá que ver si se confirma: «Lula aporta la estabilidad que Trump quiere para Venezuela y por eso es más importante que Milei en términos estratégicos». 

«Ni Lula ni Sheinbaum tienen pensado confrontar con Trump en este momento. Todo lo contrario. El objetivo es volverse necesario», afirmó un dirigente que dialoga con ambos. 

Ni Lula ni Sheinbaum tienen pensado confrontar con Trump en este momento. Todo lo contrario. El objetivo es volverse necesario.

Argentina, para la visión de la diplomacia brasileña y buena parte del gobierno de Lula, tiene un alineamiento con Estados Unidos que no le aporta nada a la estrategia norteamericana mas que mostrarlo como un trofeo del MAGA en Sudamérica. 

Atlas Intel: Lula le saca 18 puntos al hijo de Bolsonaro 

«Estados Unidos evalúa abrir la embajada en Caracas y Milei sigue pidiendo que otros custodien al suya», lanzó un funcionario que formó parte de la decisión de abandonar la custodia que Brasil de la embajada argentina en Caracas desde fines de julio de 2024. 

Volviendo el terreno electoral. La candidatura de Flavio no termina de arrancar y la derecha busca un foco desde donde pegar. Sin posibilidad de cuestionar la suba de precios o hablar de crisis económica, el terreno elegido es la seguridad, donde el PT no termina de construir una narrativa efectiva. Pero esto, al menos a 9 meses de los comicios, tiene sabor a poco. 

 

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