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La Cultura Reginense en números (2017/2018/2019)

¿Es poca o es mucha la actividad artística/cultural que se desarrolla en Regina?. ”En Regina, nunca pasa nada!!!”, ¿es cierta esta afirmación? ¿Cuál es el aporte del sector privado? ¿Qué actividades aportan las instituciones culturales? ¿Cuál es el rol de la juventud en el tejido cultural reginense? ¿Se podría crear el Consejo Local de Cultura?

Antes de intentar dar algunas respuestas a estas preguntas, respuestas que no pretender ser las únicas ni las definitorias, veamos qué dicen los datos de las actividades culturales reginenses en los últimos tres años: 2017, 2018 y 2019. Datos nunca antes publicados, que surgen de tabular las actividades que publicamos en nuestra Agenda Cultural (https://latapa.com.ar/agenda/) semana a semana. Los eventos tomados en consideración, son aquellos que surgen de los afiches o flyers que circulan en redes sociales, promocionando las actividades de artistas locales o zonales. Y también los que son enviados mediante nuestro formulario que se encuentra al pie de página de la Agenda.

La cultura no es ajena a las crisis sociales, generacionales y menos aún a las económicas. En el 2018 las actividades registradas crecieron un 54,1%, y decrecieron un 29,9% en 2019.

Lamentablemente, de años anteriores, no hay datos registrados ni por privados y tampoco por Cultura del Municipio, quien debería sentir la obligación de recolectarlos. Los datos o la estadística son necesarios para cuantificar la realidad y disponer de los elementos que nos permitan un análisis de la misma y así proyectar de una forma más coherente (con conocimiento de causa). Lógicamente, cada quien hará una interpretación personal o grupal, según criterios y situación propia. Pero sin datos, continuaríamos diciendo generalidades imprecisas como: todos, nadie, pocos, muchos, etc.!!

¿ES POCA O ES MUCHA LA ACTIVIDAD ARTÍSTICO/CULTURAL QUE SE DESARROLLA EN REGINA? ”EN REGINA, NUNCA PASA NADA!!!”, ¿ES CIERTA ESTA AFIRMACIÓN?

Como vemos NO SON POCAS la actividades artístico/culturales de Regina. En tres años suman 1331. Un promedio de 1,21 actividades por cada día del año, si bien la realidad es que se concentran en jueves, viernes, sábado y domingo. Recalculamos y nos da 8,53 actividades por fin de semana. Si reagrupando las actividades con un criterio clarificador vemos que:

Otro dato que arroja la Agenda Cultural de La Tapa, y no deja de ser sorprendente, es que durante estos tres últimos años hayan sido má de 50 espacios o lugares quienes dieron cavida a las 1131 actividades.

Como la actividad cultural se desarrolla en casi toda la ciudad, pero al ser los espectáculos o presentaciones generalmente individuales, es dificil tener una visión global y poder medir la cantidad de trabajos y recursos económicos que genera directamente o contrata todo el tejido cultural local. Carecemos de datos económicos puntuales, pero más de 1000 eventos en tres años no son para soslayar. Si bien la actividad cultural se caracteriza por una gran infomalidad económica.

Conociendo los datos, vislumbramos que en Regina no es cierto que nunca pasa nada…. PASAN MUCHAS COSAS!!! También es cierto que debe haber vecinos con gustos muy particulares. Pero la ciudad solo puede producir aquello para lo cual está preparada. A veces somos un pueblo grande, otras una ciudad chica.

¿CUÁL ES EL APORTE DEL SECTOR PRIVADO?

El incremento en 2018 se debió sobre todo a “espacios privados no tradicionales” que mantuvieron una demanda constante de espectáculos para ofrecer a su clientela. Y si bien, sus actividades principales son otras, traccionaron fuertemente ofreciendo lugares y contratando artistas locales. A estos espacios más que exigirles continuidad, cuestión que queda atada a la situación económica general y particular, hay que ayudarlos para que sostengan la oferta cultural.    

Buena parte del decrecimiento en el 2019 se debió a que los «espacios privados no tradicionales» dejaron de ofrecer espectáculos, en correlato con la crisis de consumo general. (Probablemente en los momentos de crisis es cuando más se nota la ausencia de un Ente o un Concejo Local de Cultura, que tenga la capacidad de analizar la marcha y proponer soluciones o paliativos a todo el tejido cultural).

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Tambiés es interesante contabilizar la cantidad de auspiciantes en los afiches de publicidad o promoción de los eventos. En el 2017, fuero 187 comercios, profesionales, empresas que 400 veces apoyaron los eventos. A un promedio de $500 por publicidad, la sociedad civil había aportado la suma de $200.000.-

¿QUÉ ACTIVIDADES APORTAN LAS INSTITUCIONES CULTURALES?

Cuando pensamos rápidamente en instituciones que desarrollan actividades culturales en Regina, es muy común pensar en la Cooperativa de Trabajo Artístico “La Hormiga Circular”, en el Cine Teatro Círculo Italiano y en Cultura del Municipio (Anfiteatro, Galpón de las Artes, Escuela de Arte, etc,.)

Las tres «instituciones» comparten la característica que tienen más de 30 años de vida. Las dos primeras podríamos calificar como semi – públicas. Si bien una Cooperativa y una Asociación Civil son de carácter privado, pero donde los dueños son asociados, ambas se vieron o se ven beneficiadas por importantes aportes del Estado para producir y generar sus propios recursos. La tercera es netamente de caracter Público.

Pero a estas tres instituciones o espacios culturales las diferencia ampliamente la forma en que desenvuelven la actividad específica. Ya los números, en tres años, nos permiten entrever como funcionan. La Hormiga Circular sumó 452 actividades, Cultura del Municipio 191, y el Cine Teatro Círculo Italiano 71. Como vemos en los gráficos, cuenta mucho más la aptitud, la capacidad o la idoneidad en el tema cultural, que la superficie disponible (Teatro Círculo Italiano: Superficie Cubierta 3.165,50 m2; Hormiga Circular: Superficie Cubierta: 374 m2) o la capacidad económica (Presupuesto de Cultura Municipal año 2016, $ 7.853.787,95).

Hacer un análisis individual de estos tres espacios, luego de más tres décadas, sería casi como abrir una investigación, que excede las pretensiones de este artículo, pero creemos que para comprender el futuro del “tejido cultural reginense” se debería realizar.

¿CUÁL ES EL ROL DE LA JUVENTUD EN EL TEJIDO CULTURAL REGINENSE? EL FUTURO CONSTANTEMENTE POSTERGADO.

Hay algo más, que también une a los tres emblemas culturales (La Hormiga, el Teatro Círculo Italiano y Cultura del Municipio) la falta de renovación, la ausencia del impulso de la juventud artística local.

La producción cultural reginense en un 95% es realizada por artistas “under” 35 años, y generalmente los llaman solo para ofrecerles espacios, pero nunca los tienen en cuenta para planificar y decidir el futuro.

Probablemente no haya otra actividad como la cultural donde lo más importante sea lo que está porvenir. El arte es vanguardia o no es arte. El arte es un cambio constante. Y no hay nadie mejor que exprese estas características que los jóvenes artistas.  Juventud cosmopolita digital, juventud “liquida”, juventud que aprendió de nosotros a descreer de las instituciones, incluidas las culturales. Cualquiera de estos jóvenes artistas locales, que hayan transcurrido solo dos años dentro del ámbito cultural reginense, ya sabe que: Hay poco apoyo, no son tantos los espacios donde sientan que aquello que hacen es valorado, y que constantemente tienen que enfrentar y chocar con los “decididores oficiales de la cultura del pueblo”.

Un fenómeno, que llamó la atención estos últimos 3 años, fue el resurgimiento de las bandas de rock. No solo por la cantidad, sino también, y más valorable aún, casi todas teniendo temas propios y grabando disco o EP. El gráfico siguiente muestra cuales de ellas fueron más activas.

No cuento con el dato preciso, pero no hace más de una década, que en las escuelas secundarias iniciaron a proponer talleres artísticos que hoy se han transformados en materias. Me sorprendió gratamente en el 2019 el Certamen Brisas Literarias de la ESRN Nº 11, ya devenido en una muestra de arte joven más allá de las letras. Es una pena que estas oportunidades queden encapsuladas dentro de las comunidades educativas. Sería ideal que se proyectaran a nivel local/zonal desde el Municipio, certámenes, muestras, bienales, etc., abiertas a la participación de todos los jóvenes. Hay mucha creatividad escondida, que es necesaria mostrar, difundir, apoyar!      

¿ES NECESARIO CREAR UN FORO/ENTE/CONSEJO LOCAL DE CULTURA?

Si bien no es una idea nueva, el único dato concreto en 30 años, sobre la posibilidad de formar un Consejo Local de Cultura, lo provee el periódico El Ciudadano del 26 de Julio de 1991, cuando el candidato Prof. Carlos Vazzana expresa que: “Nuestra propuesta concreta para integrar los distintos sectores consiste en convocarlos para definir los ejes del crecimiento de nuestra ciudad, formación del Consejo de Cultura,…etc”.

El Prof. Carlos Schulmaister, ex Director de Cultura (1987-1990) en su libro (al final de este artículo lo dejamos para su descarga en PDF)  “GESTIÓN CULTURAL MUNICIPAL. DE LA TRASTIENDA A LA VIDRIERA.” Dice: (…) Resumiendo, en la Carta Orgánica municipal no se menciona ni una vez la palabra cultura. (…) Creo que la clave del desinterés no es la falta de información sino la falta de comunicación al interior de la sociedad. Se evidencia en que la gente desconoce en grado superlativo que la cultura es un derecho humano, que la cultura la hacen y la consumen todos los miembros de la sociedad.”

No hay antecedentes del accionar de un Foro/Ente/Consejo Local de Cultura, pero si encontramos experiencias previas que son absolutamente valederas.  El siguiente video: “Laboratorio 1. Apertura Institucional y espacios de participación”, dura 02:11:56 hs, tiempo suficiente como para obtener un panorama de por qué algunos Consejos funcionaron y otros no. Interesante el planteo de “institución vs extitución”.     

Video generado dentro del programa “Los Laboratorios, encuentros y talleres para una cultura abierta” una nueva forma de participación en las instituciones y en las políticas culturales públicas, impulsada desde el Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. Un espacio de diálogo para agentes culturales, responsables municipales y ciudadanía, donde trabajar en el diseño y el impulso de futuras actuaciones y programas, propuesto y organizado por el Área de Cultura y Deportes, del Ayuntamiento de Madrid en el año 2016.

Del video tomamos algunas ideas, que compartimos para reflexionar en el contexto local.

“Es un inicio pequeño, humilde y modesto, es un primer paso.  Es un reto de la sociedad en la que vivimos la apertura institucional: transparencia, acceso a la información, procesos de deliberación colectiva, y lo más importante el proceso de toma de decisiones compartidas en el ámbito de las políticas públicas.”

“Esta apertura es vital en ámbito de la cultura, debido a que la relación entre política y cultura siempre ha sido problemática y dificultosa, y gracias a la autonomía y a la independencia de la cultura se ha podido mantener la oferta cultural.

“El acercamiento a las políticas cultura generalmente es frustrante. Por década la situación de la Cultura Municipal ha sido opaca, no se sabe cuál es su presupuesto ni cuál es el Plan de Cultura que se ha desarrollado. La política cultura es de todos, pero carecemos de mecanismos de control, participación y deliberación de la política cultural local.

“Traer a un marco público de discusión y debate cuestiones y temas que se abordan generalmente a diario informalmente, individualmente y unilateral, entre distintos y diversos actores del sector. Por ello hay que crear un foro para poner en valor estas ideas o aportes, fundamentalmente para trabajar en perspectiva los próximos años. Con disensos y consensos, es bueno que existan, pero el fin es encontrar un terreno común donde abordar políticas culturales generosas en su generación y aplicación.”      

“Espacios de participación deliberativos, intento de poner en juego la inteligencia colectiva. Intento de reconocimiento de la pluralidad del tejido cultural, ya que las políticas públicas generalmente presupone una homogenización. Queremos que las decisiones sobre la oferta y la política cultural que se desarrolla en nuestro municipio las tomen las personas y entidades que protagonizan nuestros movimientos culturales.

“Son retos. El tiempo pasa volando, pero tarda mucho en que pase. Hay que apresurarse despacio. Hay que hacerlo rápido pero con prudencia para poder acertar en el diagnóstico y tener las herramientas necesarias para poder encontrar las soluciones más adecuadas.” 

“Balance crítico y autocrítico, pero constructivo del tejido cultural.”

“Cultura Política no Política Cultural, cultura situada desde las instituciones, independiente de los poderes políticos periódicos.”

“¿Estamos preparados socialmente para hacer las cosas de otra forma? ¿O necesitaremos llegar a un 15M (España), o las protestas de como en Ecuador y ahora en Chile. Que tipos de instituciones hay que crear para acoger la participación ciudadana que pongan el diálogo en el centro de todo. El reto de la participación es el último reto a la democracia.”

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  • Vuelta por el universo

     

    Todavía hay muchas partes del espacio a las que las señales de radio no llegan. Una es el lado oscuro de la Luna, ese lugar al que la humanidad se ha teletransportado tantas veces a través del álbum de Pink Floyd, pero que sigue guardando numerosos misterios. Hace unos días, Artemis 2 se convirtió en la misión que más cerca estuvo de esa cara recóndita del satélite terrestre.

    Ocurrió en la sexta jornada de la travesía. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, los astronautas de la misión de la NASA que volvió a llevar al ser humano a la Luna después de más de medio siglo, se prepararon día y noche durante 18 meses para ese momento: quedaron completamente incomunicados con la Tierra durante 40 minutos.

    Fue como apagar el celular para admirar el paisaje. Disfrutaron de una “puesta de la Tierra” vista desde la perspectiva de la Luna y de un eclipse de sol que duró 57 minutos.

    Antes de perder la señal, Glover quiso compartir una reflexión con sus interlocutores del Centro Espacial Johnson de la NASA. No habló de lo que estaban por hacer. Eligió recordarles —recordarnos— que uno de los misterios más grandes del universo no está en el cosmos, sino en la Tierra, y es el amor. 

    —Los queremos, desde la Luna —se despidió Victor.

    —Houston copia. Nos vemos del otro lado.

    El programa de la NASA que busca volver a pisar la Luna antes del 2030 —pero, sobre todo, antes que los chinos— nació con Artemis 1, una misión no tripulada lanzada el 16 de noviembre de 2022 que buscó probar el funcionamiento del cohete SLS y la nave Orión. En total, el programa tendrá cinco misiones y el primer alunizaje será con Artemis 4, previsto para el 2028. Hasta el mes pasado, el regreso a la superficie lunar iba a suceder con Artemis 3, pero luego de detectar fallas técnicas durante las pruebas de lanzamiento de esta segunda misión —que incluyeron fugas de hidrógeno y anomalías en el sistema de helio— decidieron usar el próximo viaje para hacer más ensayos antes para no correr mayores riesgos. El objetivo será, principalmente, probar el mecanismo de acoplamiento de la nave Orión con el módulo de aterrizaje, fabricado por la empresa aeroespacial SpaceX del magnate Elon Musk.

    El objetivo del programa es lograr una presencia permanente en la Luna, a unos 384.400 kilómetros de la Tierra. 

    Pero la meta final es mucho más ambiciosa: establecer una base lunar que sirva como trampolín para llegar a Marte, que está a una distancia promedio de 225 millones de kilómetros de nuestro planeta .

    Mientras tanto, los tripulantes de Artemis 2 ya rompieron algunos récords. Son los humanos que más cerca estuvieron del satélite —a unos 6.550 kilómetros—, y los que más lejos de la Tierra viajaron —a 406.772 kilómetros—, superando la marca del Apolo 13, en abril de 1970.

    La NASA no se embarcó sola en esta expedición. A través de los Acuerdos de Artemis, instó a numerosos países a firmar una serie de principios para “la exploración pacífica del espacio profundo” y ya lleva 61 adhesiones. También los invitó a participar de una competencia de nanosatélites y eligió a los cuatro mejores para llevar en Artemis 2 y ponerlos en órbita antes del acercamiento lunar. 

    Junto con desarrollos de Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita, hubo un único representante latinoamericano: ATENEA, un satélite tan argentino como el mate y el dulce de leche, que nos llevó más lejos de lo que llegamos jamás.

    ATENEA es un CubeSat de 15 kilos que mide 30 por 20 centímetros y es apenas más grande que una caja de zapatos. Su desarrollo fue coordinado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) —la agencia espacial argentina—, y ejecutado por tres universidades públicas, dos institutos de investigación y una empresa.

    Su función fue validar tecnologías de largo alcance que sirvan para el diseño de satélites más complejos en futuras misiones espaciales. En la industria satelital, para vender un servicio o partes de un satélite, lo primero que quieren saber las empresas es la “herencia de vuelo”. Es decir, si la tecnología fue probada con éxito en el espacio, ya que una falla puede costar millones.

    El rompecabezas se armó sobre un satélite que venía desarrollando la Universidad Nacional de La Plata (UNLP): el USAT 1 (que será lanzado en junio). Dos equipos de la Facultad de Ingeniería fueron los responsables de hacer la plataforma —el cuerpo del satélite—, la computadora de abordo —el cerebro— y un receptor de GPS, que fue una de las dos cargas útiles —o sea, el instrumento central, el corazón de la misión satelital—.

    Desde el conurbano bonaerense, la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) aportó la segunda carga útil: sensores fotomultiplicadores de silicio, una tecnología para comunicación de largo alcance. La Universidad de Buenos Aires (UBA), por su parte, desarrolló el sistema de carga de baterías.

    Los paneles solares que “dieron vida” al satélite fueron hechos por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el único lugar del país donde se fabrican paneles de uso espacial. El Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) realizó los ensayos de las antenas y la empresa aeroespacial VENG se encargó del sistema de cableado de vuelo.

    “Siento mucho orgullo por todo este trabajo conjunto, más que nada por todos los años previos de esfuerzo que hubo detrás de ATENEA”, dice Santiago Husain Cerruti, integrante del equipo de CONAE que trabajó en el sistema de orientación del satélite.

    ¿Y cómo fue que llegamos a la Luna? La CONAE, creada en 1991 para llevar adelante el Plan Espacial Nacional, cumple en mayo 35 años de trayectoria. Entre sus logros, puso en órbita satélites de observación de la Tierra, como los SAC-A, B, C y D —en conjunto con la NASA—, y los SAOCOM 1A y 1B —éste último lanzado en pandemia—. Esas décadas de experiencia acumulada hicieron posible que ATENEA pudiera estar lista en solo 18 meses. Incluso en medio —y a pesar de— la fuerte crisis presupuestaria que atraviesan en la actualidad el sistema científico y las universidades públicas del país.

    ¿Por qué Argentina debería apostar al desarrollo de tecnologías satelitales y de un plan espacial sostenido en el tiempo?

    Diego Hurtado, historiador de la ciencia y docente de la UNSAM, ensaya algunas ideas. “Para un país como la Argentina, el plan espacial es un vector de industrialización, un generador de capacidades tecnológicas. Así se diseñó, originalmente, el Plan Espacial Argentino: ir hacia arriba para mirar hacia abajo, tener nuestros propios satélites para poder entender desde el cielo lo que no se puede entender desde la Tierra. Para eso, necesitamos autonomía tecnológica: disponer de nuestros propios satélites para ocupar nuestras posiciones orbitales. Satélites como los SAOCOM, que miden datos de humedad del suelo y salinidad de los océanos en un contexto de cambio climático, y como los ARSAT, que buscan democratizar el acceso a internet, llegando a escuelas rurales y otras zonas donde el sector privado no va porque no es rentable. Las tecnologías espaciales generan efectos sistémicos, es decir, se conectan con la electrónica, con las tecnologías digitales, con el sector energético. Algo que genera densidad en la trama productiva, demanda profesionales de las universidades y mejora la economía del país porque permite exportar, además de soja, valor agregado. Eso se llama desarrollo”.

    Entre 1968 y 1972, el programa Apolo de la NASA realizó doce misiones tripuladas. También fueron doce los hombres —con Neil Armstrong a la cabeza— que lograron caminar sobre la superficie lunar, todos estadounidenses, marcando una importante victoria para ese país sobre su principal competidor en la carrera espacial: la Unión Soviética.

    Después de seis alunizajes exitosos, Estados Unidos se dio por satisfecho y dejó de ir a la Luna porque consideró que su objetivo de demostrar su supremacía —política, tecnológica, ideológica— había sido cumplido con creces como para seguir invirtiendo montos astronómicos en misiones similares. De todos modos, aunque aún no se haya vuelto a pisar el satélite, cinco países llegaron exitosamente a la superficie lunar a través del envío de sondas: Rusia, Estados Unidos, China, India y Japón.

    Hoy, el escenario geopolítico mundial parece muy distinto del de la Guerra Fría, sobre todo porque el principal competidor pasó a ser China. Sin embargo, la carrera actual guarda similitudes simbólicas, tecnológicas y estratégicas con aquella época, dice Hurtado. La tecnología espacial sigue funcionando como banco de pruebas del desarrollo de tecnologías que después derraman en áreas estratégicas como la industria y la defensa.

    Sin embargo, una diferencia importante con el programa Apolo, en el que la NASA diseñaba las naves y financiaba las misiones, es que Artemis opera bajo una asociación público-privada. Aquí es donde cobran mayor peso y poder algunos magnates como Elon Musk —con SpaceX— y Jeff Bezos —con Blue Origin—, socios estratégicos de la NASA en el programa y referentes de lo que se conoce como el New Space, la nueva era de la industria espacial caracterizada por la fabricación y el lanzamiento de satélites pequeños que abarataron los costos del acceso al espacio para muchos países que contratan sus servicios, porque en el espacio, cada kilo cotiza miles de dólares.  Hoy existen decenas de empresas aeroespaciales que mandan cohetes al espacio a rolete y sueñan con un nuevo trofeo geopolítico: extraer minerales de la Luna y de Marte.

    “La minería espacial sigue la misma lógica de destrucción ecológica de la Tierra, ahora extendida al espacio exterior. En lugar de tratar de que nuestro planeta siga siendo habitable, los tipos plantean el mismo paradigma de destrucción de ecosistemas porque, total, todavía tenemos todo el resto del universo”, sostiene Hurtado.

    Por su parte, la República Popular China, que recién mandó su primer taikonauta en 2003, tuvo un crecimiento rápido y sostenido en la carrera espacial. En poco más de dos décadas, lanzó unas 15 misiones tripuladas —enfocadas en mantener una presencia permanente en su estación espacial Tiangong— y seis no tripuladas a la Luna —incluyendo el primer alunizaje de un rover en la cara oculta en 2019 (punto para China)—. Pretende enviar astronautas al satélite antes de 2030 y establecer una base en cooperación con Rusia en la próxima década. Tiene a su favor la disciplina constante, una inversión cien por ciento pública, sostenida en el tiempo por un Estado que responde al mismo Partido Comunista desde 1949, y una estrategia más discreta y silenciosa.

    Tan discreta que, en el ámbito espacial, suele hacerse el chiste de que cuando los estadounidenses vuelvan a pisar la Luna, se van a encontrar con una colonia china ya asentada, esperándolos.

    Según un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI), en los dos primeros años de gobierno de Javier Milei, el sistema científico argentino perdió el equivalente a siete investigadores por día. A su vez, la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada en octubre, sigue sin cumplirse.

    En la NASA, las cosas tampoco están en su mejor momento. Según datos de la organización Planetary Society, mientras que en la época de Apolo 11 la plantilla de trabajadores llegaba a 34 mil personas, hoy la agencia lleva adelante el programa Artemis con un staff de 14 mil trabajadores. Y viene en caída: se estima que uno de cada cinco abandonó la NASA el año pasado.

    Sin embargo, tanto Milei como el presidente estadounidense Donald Trump no dudaron en apropiarse de los recientes sucesos espaciales. El republicano se apuró en hablar con los tripulantes de Artemis apenas salieron del lado oscuro de la Luna, mientras que en el plano local, desde la Oficina del Presidente emitieron un comunicado indicando que ATENEA es el “resultado de un cambio de paradigma impulsado por el presidente”.

    Horas antes, lxs trabajadorxs de CONAE habían estado de paro: denunciaron una paralización de proyectos, una pérdida del 30 por ciento del poder adquisitivo y una reducción del personal del 20 por ciento en los últimos dos años. 

    Sobre eso, el comunicado no dijo nada.

    El programa Artemis buscó resaltar el papel de las mujeres en la exploración espacial y en disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), áreas que todavía siguen teniendo mayor participación masculina, sobre todo en puestos jerárquicos. Lo hizo simbólicamente desde su nombre —Artemis es la diosa griega de la caza, hermana gemela de Apolo—, pero también al asignar mujeres en roles estratégicos: aparte de Christina Koch, se destacan Charlie Blackwell-Thompson, directora de lanzamiento, y Diana Trujillo, directora de vuelo.

    El proyecto ATENEA —nombrado así por la diosa griega de la sabiduría— siguió la misma línea y también tuvo mujeres en roles importantes, como Laura González y María Luján Ibarra, jefas de proyecto del grupo que hizo los paneles solares; y Sonia Botta, integrante del equipo de la UNLP e ideóloga del USAT 1. 

    “Yo noto que en las nuevas generaciones existe una mayor conciencia en términos de igualdad de género. En mi experiencia dentro del ámbito aeroespacial, nunca sentí que se hicieran diferencias”, cuenta Sofía Baldoni, estudiante de Ingeniería Electrónica e integrante del equipo de la UBA. 

    Micaela Gareis, ingeniera electrónica de la UNSAM, se sumó al proyecto ATENEA siendo estudiante. Hoy recuerda que en las cursadas solían ser apenas dos o tres mujeres pero, al igual que Sofía, no sintió que eso fuera un obstáculo para avanzar. “A las mujeres que estén pensando estudiar ingeniería: no se desalienten. Van a ver que en el camino aparece mucha gente que acompaña, como otras mujeres que ya transitaron por lo mismo. Vale la pena seguir nuestros sueños”.

    —Siempre elegiremos la Tierra.

    Christina Koch, 47 años, primera mujer en orbitar la Luna, usó esa frase para expresar lo especial que fue volver a ver la Tierra y reestablecer comunicación después de salir del lado oculto del satélite. “Se ven hermosos. Desde aquí se ven como una sola cosa”, había dicho antes su compañero Victor Glover, 49 años, piloto de la nave y primera persona negra en una misión de este tipo. Jeremy Hansen, 50 años, canadiense, primer no estadounidense en orbitar el satélite, también hizo referencia a cómo las diferentes culturas conviven bajo una misma Luna.

    En las distintas comunicaciones desde el espacio, los astronautas parecen querer reforzar siempre un mismo mensaje: el de unidad. Una unidad que supera obstáculos y se construye a partir de la diversidad. Una unidad que también se reflejó en esa imagen de los astronautas abrazados, con lágrimas en los ojos, después de pedir si podían bautizar a un cráter de la Luna con el nombre de Carroll, en homenaje a la esposa de Reid Wiseman -50 años, comandante de la misión-, que murió de cáncer en el 2020.

    “Siempre elegiremos la Tierra”, dijo Christina. Pero ¿siempre tendremos la Tierra?

    —¡Estamos recibiendo! 

    Unas cinco horas después del lanzamiento del cohete, Juan Pablo Cuesta, jefe del Proyecto ATENEA en CONAE, dio la noticia que todxs esperaban: el satélite argentino fue eyectado correctamente, desplegó sus paneles, orientó sus antenas y llamó a la Tierra.

    “Fue como pasar de un silencio total a tener al satélite vivo”, rememora Gabriel Sanca, integrante del equipo de la UNSAM, sobre ese shock de adrenalina.

    De esta manera, el microsatélite cumplió con éxito su misión y, en sus 20 horas de vida, se convirtió en el satélite argentino que más lejos llegó: unos 73 mil kilómetros de distancia con la Tierra, el doble de lo que llega un satélite de telecomunicaciones como el ARSAT. 

    Pero los éxitos no frenaron ahí. 

    En una conferencia de prensa, Lakiesha Hawkins, funcionaria de la NASA, contó que los cuatro nanosatélites que llevó Artemis fueron desplegados correctamente, pero solo pudieron establecer comunicación positiva con dos, el de Argentina y el de Arabia Saudita. ¿Qué pasó con los otros? Ante una solicitud de apoyo, la Estación Terrena de Tierra del Fuego de la CONAE logró localizar y recibir señales de los CubeSats TACHELES (Alemania) y K-Rad Cube (Corea del Sur), y los puso en contacto con los responsables de cada país.

    ¿Argentinos resolviendo crisis de otros países a miles de kilómetros de la Tierra? Tenemos.

    Marcos Actis creció en Arroyo Dulce, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires. Cuando era chico, en los años sesenta, era uno de los pocos afortunados del barrio en tener televisor en su casa. 

    —Vi todas las misiones del programa Apolo y siempre soñé con ir al espacio.

    Eso lo llevó a estudiar ingeniería aeronáutica y, desde que se recibió, trabajó en todos los satélites que hizo la CONAE. Hoy es decano de la Facultad de Ingeniería de la UNLP y acaba de terminar, junto con otros investigadores y estudiantes, el USAT 1, primer satélite desarrollado íntegramente en una universidad pública argentina.

    Hernán Socolovsky también soñaba con ir al espacio. A los 12 le escribió una carta a la NASA y recibió como respuesta una foto firmada por un astronauta que había integrado el primer vuelo tripulado a la Luna en 1968. Veinte años después de escribir esa carta, ya como ingeniero electrónico, entró a trabajar a la CNEA. Desde entonces, confecciona los paneles solares para los satélites de CONAE, incluyendo a ATENEA. “Miro hacia adelante y pienso: hemos participado desde Argentina en Artemis 2 y alcanzamos los 70 mil kilómetros. ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar?”, se entusiasma. Hoy sueña con enviar sus paneles solares a Marte.

    Con el correr de los años, Marcos y Hernán se dieron cuenta de lo mismo: para ir al espacio y cumplir el sueño del pibe, no hace falta salir de Argentina.

    El regreso desde The Dark Side of the Moon

    Viernes 10 de abril de 2026, día 10 de misión. Los cuatro tripulantes de la nave se preparan para uno de los puntos más críticos: el amerizaje. Orión ingresará a la atmósfera terrestre —alrededor de las 21, hora Argentina— a 40 mil kilómetros por hora, generando una fricción extrema que elevará la temperatura a más de 2.700°C y someterá a su escudo térmico a una prueba de fuego. Literalmente. Cada maniobra cuenta: si ingresa demasiado inclinada, podría recalentarse peligrosamente; si entra demasiado plana, podría rebotar en la atmósfera y estallar.

    Pero la NASA tiene todo milimétricamente calculado para que nada falle. Aquí, otra mujer tendrá un rol clave: la ingeniera colombiana Liliana Villarreal, directora de aterrizaje, será la encargada de recuperar a Artemis 2. Ella ya se encuentra a bordo del buque anfibio USS John Murtha junto al equipo que recibirá a la tripulación en el océano Pacífico, frente a las costas de California, después de que once paracaídas se abran de forma escalonada para reducir el impacto.

    Será en ese buque donde Reid, Victor, Christina y Jeremy se recuperarán poco a poco, acostumbrándose de nuevo al peso de sus cuerpos. Después de diez días de flotar en la ingravidez, dormir cabeza abajo como murciélagos, comer alimentos deshidratados, bañarse con toallitas húmedas y tener el privilegio de ver, más cerca que nadie, esa superficie gris, rugosa, llena de cráteres, a la que todos los seres humanos alguna vez miramos y admiramos. Después de volver, triunfales, del lado oscuro de la Luna.

    La entrada Vuelta por el universo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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