«LA CASA REFUGIO ¨SOMOS RESILIENTES¨ YA ES UNA REALIDAD»

Se inauguró en Villa Regina el Refugio SOMOS RESILIENTES para mujeres que sufren violencia de género. El grupo de trabajo comunitario y social que lleva adelante la iniciativa está conformado íntegramente por vecinxs reginenses que brindan su tiempo y sus herramientas ad honorem en pos de ofrecer un espacio y una salida a las mujeres que sufren violencia de género. El grupo cuenta en su conformación con profesionales de distintas disciplinas para articular interdisciplinarmente los procesos necesarios para ayudar a mujeres en estado de vulnerabilidad.

El Refugio cuenta con tres líneas telefónicas atendidas por profesionales y ya tienen a disposición la “Casa Refugio” para dar asilo a mujeres e hijxs que estén sufriendo situaciones de violencia de género. A su vez se está tramitando la personería jurídica y en reuniones próximas se determinarán los cargos a ocupar en la futura asociación.

Puntos de contacto telefónico

 Cabe destacar también, que al lado de dicha casa que dará asilo a quien lo necesite hay otra vivienda que será ocupada por una pareja constituida por una enfermera  y un policía que sin abonar alquiler prestarán colaboración con cuestiones de seguridad en contrapartida.

«ESTAMOS ABIERTOS A ESTABLECER LAZOS CON TODOS LOS ENTES QUE SEAN NECESARIOS»

Para conocer más sobre el proyecto comunitario SOMOS RESILIENTES dialogamos con una de sus integrantes, Carla Riffo es profesora de Educación Física, es parte del equipo de trabajo y nos cuenta que el proyecto surgió por la necesidad de contar con un lugar para albergar a mujeres que sufren violencia de género. Explica Riffo que “teniendo en cuenta que hubo una gran parte de la comunidad reginense desde hace años que vienen pidiendo a las autoridades municipales que exista un lugar destinado a refugiar a estas mujeres que son violentadas, y no encontrando nunca una respuesta afirmativa se decide juntarnos en un grupo de vecinos y crear este refugio”. En menos de un trimestre este grupo comunitario ya concretó el proyecto.

Audio 1 Prof Carla Riffo

La agrupación ya cuenta con tres líneas telefónicas a cargo de psicólogas y psicólogas sociales del grupo para atender las llamadas, “ellas determinan si hay que darle intervención a la asistente social del grupo o solicitar apoyo legal a las abogadas del equipo de trabajo. Cuando surja la necesidad de alojarlas en el refugio, también se les brindarán talleres dictados por personas del equipo” explica Riffo. Además entre lxs profesionales hay: psicólogas, psicólogas sociales, abogadas, docentes, cheff; y hasta el momento el grupo de trabajo cuenta con, por lo menos, 30 personas.

Audio 2 Prof Carla Riffo

La cuestión legal no es un tema menor en este tipo de proyectos, respecto a esto Carla explica: “La personería está en trámite, sabemos que todo es un proceso y que hay pasos a seguir y tiempos que cumplir por lo tanto nosotros NO vamos a esperar a tener la personería jurídica para aceptar mujeres que están viviendo situaciones de violencia de género. La casa ya está habilitada”.

Audio 3 Prof Carla Riffo

“Nos ponemos a disposición del municipio o de cualquier institución que necesite el refugio para alojar a mujeres que estén pasando por esta situación. Estamos abiertos a establecer lazos con todos los entes que sean necesarios. El Refugio SOMOS RESILIENTES ya es una realidad, se mantuvo conversaciones con la asociación MU.GE.RES haciéndole saber que el refugio está a disposición ya que muchas mujeres se acercan a esa agrupación. Sabemos que hay otrxs grupxs y asociaciones que ayudan a estas mujeres que sufren violencia de género haciendo un trabajo realmente increíble y estamos dispuestos a establecer lazos porque nuestro único fin es ayudar a mujeres que están pasando por una situación de violencia”, y agrega Riffo “agradecemos a cada persona que colaboró con nosotros para que el refugio hoy sea una realidad”.

Audio 4 Prof Carla Riffo

CAMPAÑA SOCIOS PROTECTORES

La profesora Carla Riffo nos confirma que ya se inició la campaña de Socios Protectores que deberán abonar $100 por mes o más si lo desean, “en pocos días tenemos más de 100 socios, esto ayuda a solventar el pago del alquiler y los gastos diarios”.

Pueden comunicarse para colaborar con la Casa Refugio comunicándose al facebook «SOMOS RESILIENTES»

LA ORDENANZA «CASA DE ABORDAJE INTEGRAL PARA MUJERES, INFANCIAS Y ADOLESCENCIAS» ESTÁ VIGENTE

Villa Regina cuenta con una ordenanza que data de abril del 2013, una normativa que expresa que nuestra ciudad debe disponer de hogares o refugios transitorios para mujeres que sufren violencia de género.

Esta Ord 23/13 fue sancionada y como muchas otras, no contó con la voluntad política de efectivizarla en su momento y años posteriores hasta que a fines del año pasado fue retomada y trabajada conjuntamente entre concejalas y organizaciones feministas para derogarla y modificar determinados artículos aggiornándola a los tiempos actuales. En su momento fue denominada como “Casa Refugio de la Mujer”, ahora “Casa de Abordaje Integral para mujeres, infancias y adolescencias”.

Respecto a esto Claudia Maidana concejal de JSRN expresa: “En Regina nunca se tuvo la voluntad política de efectivizar una ordenanza anterior que está desde el año 2015, y que ahora fue modificada en el año 2020. No se pudo llevar a cabo en su momento y que ahora se esté trabajando fuertemente en esto es un gran paso”.

Dicha derogación de esta ordenanza (ahora 13/21) fue aprobada por unanimidad en enero de este año y la norma ya está en vigencia. El órgano ejecutor es el Área de Desarrollo Social y por el momento analiza variables en cuanto al inmueble donde se alojarían quienes sufren violencia de género. Una posibilidad que se baraja es la casa donde hoy se encuentra el “Hogar La Esperanza” para mayores adultos.

Consultada Claudia Maidana sobre la situación de la Ord dijo: “Se está trabajando para ver como efectivizarla, el órgano de la Ord es el área de Desarrollo Social, hay algunas alternativas que se están evaluando y se está trabajando sobre eso para que pueda efectivizarse el espacio físico donde funcione la casa. Una de las posibilidades, cuando consulté a Desarrollo Social para ver cómo estaba marchando las gestiones e instrumentaciones ya que trato de seguirlo de cerca, me planteaban que una de las posibilidades era la casa donde funciona el Hogar la Esperanza siempre y cuando no tuvieran adultos mayores en ese espacio, por eso estaba en evaluación”

Respecto a la Casa Refugio Somos Resilientes Maidana expresa: “me alegra muchísimo que pueda haber un espacio en Regina que fue generado a través de grupos de la comunidad porque eso permite visibilizar esta preocupación sobre esta temática, por lo tanto que esté este lugar me pone muy contenta (…) que se esté efectivizando en estos tiempos tan complejos me parece que como comunidad hay que resaltarlo, felicito y agradezco por sobre todas las cosas este trabajo que ha realizado este grupo como también rescató y resalto los esfuerzos que está haciendo Desarrollo Social para que haya una casas de abordaje integral que surja desde el orden del Estado municipal”.

Audio Claudia Maidana
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    Una montaña de ofrendas crece bajo el féretro. Miles de camisetas de todos los clubes de fútbol. Banderas rojas, banderas negras. Remeras viejas, trapos gastados. Ramos de flores, atados de puchos por la mitad. Botellas. Bolsitas. Un médano construido por los cientos de miles que pasan por la capilla ardiente de Villa Domínico, Avellaneda, histórico polo industrial y hogar de trabajadores. Un lugar emblemático para la despedida. Y él siempre apuntó al pueblo con su antena. Lo que se ve en el montículo informe son retazos de vidas que se irán con Carlos Solari. 

    Hay cartas. Hay pañuelos de las Madres y Abuelas que dejaron los HIJOS. Y carteles. Uno dice Nadie es capaz de matarte en mi alma, evoca la canción “Pabellón Séptimo”, escrita para honrar a las víctimas de una masacre durante la dictadura en la cárcel de Devoto por el hombre que yace muerto allí. Verónica Sosa se conmueve al leer ese cartel entre el resto. Es su frase predilecta de la lírica de Indio. Su padre, Dante Sosa, fue masacrado en ese episodio, el más trágico de la historia carcelaria argentina. “Yo no era fanática suya. Y conocí el tema y me cambió todo”, dice. Su viejo era militante del ERP y fue uno de los más de 60 detenidos asesinados: “En los noventa me enteré que mi viejo no había muerto en un accidente, como mi familia me había hecho creer, sino que había sido en la cárcel; y no en un motín, sino en un crimen de lesa humanidad. Después, gracias a la abogada Claudia Cesaroni, fuimos al juicio. Y en ese período el Indio siempre nos acompañó, siempre nos mandaba mensajes. Por eso estoy acá, para darle las gracias”.

    Solari, guía hermético, autoridad moral, padre del misterio, profesor, ha muerto el viernes. Fue el sherpa de una comunidad. Mucho más que un hacedor de canciones. La noticia de su partida detuvo al país. Hubo un primer instante de silencio. Y luego el movimiento místico que supo construir activó sus resortes de duelo. Empezaron a sonar temas de Los Redondos y Los Fundamentalistas en las radios, en la tevé, su voz tomó las ciudades desde las ventanas de las casas, de los autos, en las veredas y en las pizzerías y kioscos de los barrios. La consolidación de algo que será para siempre.

    Hubo autoconvocatoria de la feligresía el viernes y también una especie de autogobierno el domingo, después de que el Gobierno nacional rechazara despedir a Indio en el Congreso porque no estaban dadas las condiciones de seguridad. Desde el Puente Pueyrredón hasta el Parque Domínico, en Avellaneda, la multitud mantuvo las cosas en orden, siempre entre la pena y la celebración de algo inexplicable. A la Policía casi no se la vio y nadie la necesitó. La gente usó un carril de avenida Mitre sin necesidad de vallas ni personal, al menos hasta los 600 metros finales los agentes custodiaban el corte de la avenida, antes del José María Gatica. 

    A la infinita lista de objetos ofrendados por los peregrinos, bajo el cajón asomaba incluso una carpa iglú enrollada en su estuche cilíndrico. Alguien seguramente clausuró así años de peregrinaciones ricoteras, de entrega total al culto, alguien dejó aquí el refugio donde soportó lluvias, viento, resacas y rocío. En Mendoza, en Tandil, en Olavarría. Habrá cerrado algún círculo para abrir otra cosa.

    Porque una nueva dimensión asoma en esta despedida ahora que Solari ya es una presencia total, parte de un misterio mayor que sobrevivirá a los tiempos. El mito crecerá. Un Gardel del nuevo siglo. Un Diego Armando Maradona de algo más que música que pocos pueden explicar. Una potencia popular como tal vez no exista en el mundo. ¿Quién puede mover multitudes así? 

    Lo sabe el treintañero que llora frente al féretro después de caminar horas. Se saca el gorro piluso ajado, se lo lleva a la cara, se aprieta contra él. Algo se rompe o nace en ese instante en el que se seca las lágrimas con el gorro, lo besa y lo lanza. Vuelan el sombrerito negro con la leyenda Patricio Rey en colorado hacia el cajón.

    También Joel Lerzundi, que llegó desde un barrio de Bernal a honrar a Solari, que lo salvó cuando en ausencia de su padre y de su madre la vida de la calle lo llevaba hacia el lado oscuro. “Me crié prácticamente así, mi viejo laburaba todo el día y mi vieja tenía problemas y el Indio me rescató apenas escuché por primera vez ‘Tarea fina’. Cuando oí eso de ‘le das la copa, al fin, al vencedor’, tenía 12 años y sentí que me hablaba”, dice. 

    Joel otorga al ídolo ese poder redentor que el arte logra si cala en un instante, como un rayo. Joel, aquí, en el velorio de Solari, empuja el carrito con su bebita de menos de un año y Martina, su pareja. Es un vencedor entre los desahuciados, entre los rotos, esos que se sintieron hablados por Solari. Antes de despedirse avisa: “Ahora soy maestro pastelero”.

    Y Diego Pignataro, de Gerli, 46 años, aterrizó anoche desde San Pablo, Brasil, donde vive hace década y media. El viernes sacó pasajes, quería estar e ir allí donde lo fueran a velar. El sábado, al llegar al aeropuerto de Guarulhos, se enteró de que sería en el Gatica, que la familia Solari, Máximo Kirchner y Axel Kicillof acordaron que se hiciera en Avellaneda (pudo ser Racing pero cancelada la chance el intendente Ferraresi finalmente propuso el Gatica). Diego volvió a Gerli y caminó la fila de ocho kilómetros desde su casa hasta el polideportivo. “No podía atravesar esta tristeza en soledad”, comentó ahí, en su lugar, con los pibes de siempre. “El Indio nos ponía la vara alta, nos elevaba esa necesidad de respetar. No lo veo como un padre, nunca lo vi así, pero sí lo veo como un profesor. En términos futboleros es como Bielsa. Cuando lo encarás, si no estás preparado, te comés un cachetazo cultural”, analiza. “El Indio nos enseñó a ir y volver de los conceptos, a usar la metáfora, el oxímoron —dice Diego—. Y eso llegó a Gerli, a mi barrio, el que se inunda, donde vivían los barras del Rojo, donde todos estábamos al borde de caer, pero esa orientación cultural de Los Redondos fue de profesor. Nos ponía a prueba, no era solamente chupar y drogarse en la esquina. Cuando nos decía ‘falopas duras en tipos blandos ahuecan corazones’, nos estaba diciendo que nos cuidemos”.

    La muerte de Solari abre un agujero negro de orfandad. Altera la dinámica elástica del tiempo. Es inevitable caer en la trampa de la nostalgia. Volver a la esquina, a los bordes de la botella mal cortada, a las mañanas tristes, a los viajes en bondi con los auriculares en Oktubre o Un baión. Tres o cuatro generaciones sienten el impacto y por eso se reúnen en Avellaneda. Para acompañarse, para estar. “Esta es la última misa”, reza Javiera Vela.

    Solari, Patria y Familia. Como Gardel, Evita, Perón, Kirchner y Maradona. Javiera llegó desde Azul, en el sur bonaerense, pero no tiene ningún interés en ver el cajón donde descansa Indio. “Quería estar acá, entre nosotros”, sintetiza bajo la pantalla que, sobre Mitre, emite imágenes de la multitud al pasar por delante del cajón. “En el 97 fui a ver a Los Redondos por primera vez y sentí una cosa distinta. Me dieron felicidad. Me dieron motivación. Me dieron una hermandad. Las letras nos pegaban. El Indio, como el Diego, como Néstor o como Cristina, me cambiaron la forma de ver la vida. Ir a verlo era estar feliz. No importa tu clase social, por eso agarré el auto y me vine, por lealtad y para que Milei sepa que somos muchos y no estamos solos, que tenga cuidado”.

    Carmela Martínez daba clases en la escuela de educación especial donde trabaja en Canelones, cerca de Montevideo, Uruguay, cuando leyó un mensaje de una amiga que le avisaba de la muerte del Indio. Apenas salió de su trabajo compró un pasaje en barco, cruzó el Río al otro día y llegó a Villa Domínico. “Allá tenía esa sensación de orfandad, no me podía quedar, tuve que venir. Se me fue el tipo que me cantaba a mí, el que al principio no entendía”, solloza.

    El ánimo de los peregrinos salta enloquecido, es inestable, va de llantos a risas, de abrazos al pogo. Cada 10 metros un parlante estalla en un himno redondo y de ricota. “Todo un palo”, “Un ángel para tu soledad”, “Toxi taxi”, “Preso en mi ciudad”. Están los que brindan y los que bailan. Avenida Mitre es una pasarela de carnaval, un cambalache, algunos improvisan un asado sobre el asfalto y otros pintan frases o rostros de Solari con tizas de colores. Los árboles tienen hombres trepados. Los puestos de colectivos también. Un flaco agita una inmensa bandera con el 10 de Maradona. Es una fiesta pagana, una celebración de la eternidad a la que entró Solari. Como la de otros dioses de la mitología argentina, su muerte tiene una luz de mentira. Algo también nace. 

    “El Indio nos explicaba el discurso” dice Nicolás Riquelme, rosarino de Central, “nos hizo pensar en el que tenés al lado, que es tu hermano, que no le tenés que pisar la cabeza, tu hermano es tu patria. El Indio es eso, y hoy el pueblo quiere llorar su patria porque el Indio le puso letra a cada lucha. Y la mecha está corta, en cualquier momento esto se prende fuego y el pueblo ricotero es un fuego, sostiene un ritual, que es el de encontrarse, como acá, esto es real, no los pajaritos libertarios”. Camina junto a su papá, Eduardo, cartero de 59 años, inoculador del virus ricotero en la sangre de su hijo. “Vi a los Redondos en los 80. A este le regalé la camiseta de Central y de los Redondos al mismo tiempo. Después creció y se me escapaba para ir a verlos, ¿qué le iba a decir?”. Ríen ambos. Riquelme padre continúa: “Es que el Indio nos dio elementos para saber oponernos al poder que nos oprime, como en ‘Nuestro amo juega al esclavo’, ‘Violencia es mentir’. Y ahora lo vivimos todos los días con esta gente y su ataque a los discapacitados, a los jubilados, a los informales. Hay que estar atento y escuchar lo que Solari tiene para decir”. Riquelme advierte así, en tiempo presente.

    Avanza la fila y alguien incita a la multitud. “Indio no se murió, que se muera el peluca, la puta madre que lo parió”: grita y todos se suman y se contagian. El canto se extiende como una sombra sobre la fila. Una médica rosarina pregunta si es cierto que Kicillof y Máximo se volvieron a hablar para organizar el velatorio. Alguien al lado afirma, dice que leyó eso. Otro se ilusiona. Medio en voz baja, comenta: “¿Será que el Indio va a terminar ordenando este quilombo?”. 

    Este texto es una coproducción entre Revista Anfibia y elDiarioAR.

    La entrada La dicha no es una cosa alegre se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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