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ROCA YA CUENTA CON UNA SUBCOMISIÓN CENTRADA EN LA PRODUCCIÓN DE CANNABIS Y CÁÑAMO

La Cámara de Agricultura, Industria y Comercio  de general roca anunció la conformación del espacio productores cannábicos del valle, una subcomisión centrada en la producción de cannabis medicinal y de cáñamo industrial

El contexto nacional con la media sanción en senadores al proyecto de ley que establece un marco regulatorio de la cadena de producción, industrialización y comercialización del cannabis para uso medicinal y de investigación científica y la producción industrial del cáñamo, hace parar la oreja a más de un productor regional.

Nuestra provincia cuenta con innumerables riquezas, sin embargo, los problemas sociales persisten. La decadencia de la fruticultura y la expansión del fracking se ven reflejadas en la merma de áreas productivas y en la creciente contaminación. Es acá que la producción de cannabis (tanto medicinal como cáñamo industrial) emerge como una potencial herramienta para el futuro de la provincia.

Las características geográficas del Alto Valle son perfectas para la producción en exterior. Sumado esto a la infraestructura para la producción agrícola, las condiciones parecen inmejorables. Es una Alternativa ecológica a la expansión del fracking y desmontes causados por desarrollos inmobiliarios. A la vez son Productos con un alto valor internacional y es una cadena generadora de Fuentes de trabajo e inversiones legítimas.

Una buena oportunidad se abre en el valle debido a que  La Cámara de Agricultura, Industria y Comercio  de general roca anunció la conformación del espacio productores cannábicos del valle, una subcomisión centrada en la producción de cannabis medicinal y de cáñamo industrial.

La articulación institucional con el sector público y privado, en todos los niveles, la vinculación entre diversos actores de la militancia y sectores de la industria, las actividades de difusión y capacitación, más la posibilidad de una reactivación de la economía regional con otro tipo de producción, teniendo en cuenta el contexto productivo actual donde los pequeños productores han sido devorados por las grandes empresas, son algunos de los ejes centrales de la nueva subcomisión.

En esta ocasión la abogada Julieta peralta, miembro de la subcomisión, nos explica cuales son los avances, objetivos y otras yerbas..

Uno de los principales objetivos de la subcomisión es la articulación institucional con el sector público y privado, en todos los niveles (nacional, provincial y local, e incluso internacional) “para todo lo que sea información, para estar al tanto de las disposiciones que salen, las regulaciones que se establezcan en el sector y para poder empezar a generar convenios colaborativos con estos entes siempre en pos del desarrollo del cannabis medicinal y del cáñamo”.

Esta subcomisión tiene también el propósito de realizar actividades de difusión, encuentros para concientizar, educar y capacitar a todos los sectores involucrados. Julieta Peralta sostiene en relación al cannabis medicinal que “la cadena cultivador-usuario-médico se amplía con lo industrial porque tendríamos en el medio la comercialización, la distribución y ni hablar con el cáñamo que se va a ampliar lo productivo”.

Otro objetivo es impulsar el desarrollo productivo del cannabis medicinal y principalmente del cáñamo industrial en el Valle de Río Negro. “Queremos darle prioridad a nuestra zona, el potencial de la provincia es muchísimo y sobre todo en el Valle, porque la tierra es muy fértil”, afirmó la abogada.

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    La represa Futaleufú, otra licitación bajo sospecha: el Gobierno prepara un proceso para favorecer a grupos cercanos al poder

     

    La nueva licitación de la represa Futaleufú quedó bajo sospecha. Chubut reclama participación y advierte que el Gobierno podría diseñar un proceso favorable a grupos empresarios cercanos al poder.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    La renovación de una concesión estratégica vuelve a poner en discusión el modelo energético de Milei

    Mientras el Gobierno nacional avanza con una nueva ola de privatizaciones y concesiones de activos estratégicos, la Central Hidroeléctrica Futaleufú, una de las principales generadoras de energía del país, quedó en el centro de una nueva controversia. La decisión de extender nuevamente la concesión vigente mientras se prepara una licitación nacional e internacional despertó fuertes cuestionamientos desde Chubut, donde denuncian que el proceso podría terminar favoreciendo a empresarios con llegada a la Casa Rosada y volver a relegar los intereses de la provincia que alberga el complejo.

    La discusión trasciende el aspecto administrativo. Lo que está en juego es el futuro de una represa que produce alrededor de 560 MW de potencia instalada, cuya energía históricamente alimentó a la planta de aluminio de Aluar en Puerto Madryn y que representa uno de los activos hidroeléctricos más importantes del país. La definición sobre quién administrará esa infraestructura durante las próximas décadas también implica decidir quién captará la renta de un recurso estratégico y cuál será el papel del Estado y de las provincias en ese esquema.

    Un nuevo aplazamiento mientras se prepara la licitación

    La concesión original otorgada durante el proceso de privatizaciones de los años noventa venció en 2025. Sin embargo, el Gobierno nacional decidió sucesivamente prorrogar su vigencia hasta llegar a una nueva extensión que lleva la operación hasta diciembre de 2026, o hasta que concluya un nuevo proceso licitatorio. La explicación oficial sostiene que la complejidad técnica de los pliegos hace necesario mantener la continuidad operativa mientras se organiza la futura adjudicación.

    No obstante, la acumulación de prórrogas comenzó a generar sospechas. Diversos sectores políticos y especialistas en energía sostienen que el Ejecutivo estaría utilizando ese tiempo para diseñar un esquema licitatorio cuyas condiciones podrían beneficiar a determinados grupos económicos, reproduciendo un mecanismo que ya fue cuestionado en otros procesos de privatización impulsados durante la gestión de Javier Milei.

    Chubut reclama un lugar en una decisión que considera propia

    Uno de los principales focos del conflicto es la participación de la provincia de Chubut. Tras la reforma constitucional de 1994, los recursos naturales pasaron a ser de dominio provincial, argumento con el que el gobierno chubutense reclama intervenir de manera efectiva en la definición del futuro de Futaleufú.

    La provincia incluso acudió a la Corte Suprema para exigir que se reconozca ese derecho y sostiene que no puede volver a repetirse un esquema donde las decisiones se toman exclusivamente desde Buenos Aires mientras el territorio donde se encuentra la represa recibe escasos beneficios económicos y sociales.

    El reclamo también apunta a una histórica desigualdad. Desde distintos sectores de Chubut recuerdan que cuando se construyó la central se prometieron tarifas preferenciales, desarrollo regional y un fuerte impulso para las localidades cercanas. Sin embargo, sostienen que muchas comunidades continúan pagando algunas de las tarifas eléctricas más elevadas del país e incluso existen poblaciones ubicadas a pocos kilómetros del complejo que todavía no forman parte del sistema interconectado nacional y dependen de generación mediante combustibles fósiles.

    El antecedente de las privatizaciones y el peso de Aluar

    La historia de Futaleufú explica buena parte del debate actual. El complejo comenzó a proyectarse a principios de la década de 1970 y fue inaugurado en 1978, durante la última dictadura militar, con un objetivo central: abastecer de energía barata a la producción de aluminio. Desde entonces quedó estrechamente vinculada a Aluar, la única productora de aluminio primario del país.

    Con las privatizaciones impulsadas por el menemismo en 1995 nació Hidroeléctrica Futaleufú S.A., sociedad que pasó a operar la central durante treinta años y en la que Aluar quedó como accionista mayoritario. Ese modelo permitió garantizar el suministro eléctrico para la empresa, pero también consolidó un esquema que desde hace años es cuestionado por sectores políticos y sociales de Chubut, que consideran que la provincia nunca recibió una participación equivalente al valor estratégico de sus recursos naturales.

    Una política energética cada vez más concentrada

    La controversia por Futaleufú no aparece aislada. Forma parte de una política más amplia del Gobierno nacional orientada a volver a concesionar centrales hidroeléctricas, profundizar la participación privada en infraestructura energética y reducir el rol operativo del Estado.

    En ese contexto, los críticos advierten que las futuras licitaciones podrían terminar concentrando aún más el control de recursos estratégicos en grandes grupos empresarios, especialmente si los pliegos establecen requisitos técnicos o financieros que sólo puedan cumplir un número reducido de compañías. Esa posibilidad alimenta las denuncias sobre procesos «a medida», una expresión que comenzó a repetirse en distintos conflictos vinculados con licitaciones nacionales durante la actual administración.

    Un recurso estratégico cuyo destino vuelve a debatirse

    La definición sobre Futaleufú excede la continuidad de una concesión. Lo que deberá resolverse en los próximos meses es si la Argentina consolida un modelo donde las grandes centrales hidroeléctricas continúan administradas bajo esquemas de fuerte predominio privado o si las provincias logran ganar protagonismo en la gestión de recursos que la Constitución reconoce como propios.

    Mientras el Gobierno prepara los pliegos de la futura licitación, crecen las presiones para que el proceso garantice competencia real, transparencia y participación provincial. En caso contrario, la sospecha de que la concesión termine diseñada para beneficiar a actores cercanos al poder podría convertirse en uno de los conflictos políticos y económicos más relevantes del sector energético durante el segundo semestre del año.

     

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    El día que la Argentina descubrió el poder del movimiento obrero: la huelga de la Semana Trágica y la disputa por los derechos laborales

     

    Entre el 7 y el 14 de enero de 1919, Buenos Aires vivió uno de los episodios más violentos de la historia social argentina. Lo que comenzó como un conflicto laboral en los Talleres Vasena terminó convirtiéndose en una represión masiva contra trabajadores, con cientos de muertos y heridos. La Semana Trágica marcó un antes y un después en la relación entre el Estado, el empresariado y el movimiento obrero, y anticipó una discusión que atraviesa a la Argentina hasta hoy: qué lugar ocupan los trabajadores en el modelo de desarrollo de un país.

    Por Redacción de NLI

    La historia de los derechos laborales en la Argentina no nació de una concesión espontánea del poder económico ni de una decisión administrativa tomada desde los despachos oficiales. Fue el resultado de décadas de organización, huelgas, movilizaciones y conflictos protagonizados por trabajadores que reclamaban condiciones de vida más dignas en una sociedad marcada por profundas desigualdades.

    Uno de los momentos más dramáticos de ese proceso ocurrió en enero de 1919, cuando la ciudad de Buenos Aires quedó paralizada por un conflicto que comenzó en una fábrica metalúrgica y terminó transformándose en una crisis política y social de enormes dimensiones. Aquellos días, conocidos como la Semana Trágica, dejaron una marca profunda en la memoria del movimiento obrero argentino y revelaron hasta qué punto la cuestión laboral ya no podía ser considerada un problema menor.

    El conflicto tuvo su origen en los Talleres Metalúrgicos Vasena, una empresa ubicada en el barrio porteño de San Cristóbal. Los trabajadores reclamaban mejoras salariales, reducción de la jornada laboral y mejores condiciones de seguridad. La respuesta empresarial fue la negativa a aceptar los reclamos y la incorporación de personal para reemplazar a los huelguistas, una práctica conocida como contratación de rompehuelgas.

    El enfrentamiento fue escalando hasta que el 7 de enero se produjo un choque entre trabajadores y fuerzas de seguridad. La represión dejó varios muertos y provocó una reacción inmediata del movimiento obrero, que convocó a una huelga general.

    Lo que siguió fue una semana de violencia en las calles de Buenos Aires, con enfrentamientos entre trabajadores, fuerzas policiales, el Ejército y grupos civiles armados vinculados a sectores conservadores.

    Una Argentina moderna, pero profundamente desigual

    La Semana Trágica ocurrió en una Argentina que atravesaba grandes transformaciones. El país había experimentado un fuerte crecimiento económico basado en el modelo agroexportador y Buenos Aires se había convertido en una de las ciudades más importantes de América Latina.

    Pero detrás de esa imagen de progreso existía una realidad social mucho más compleja. Miles de inmigrantes europeos habían llegado buscando oportunidades y terminaron incorporándose a un mercado laboral con bajos salarios, extensas jornadas y escasas protecciones. La riqueza generada por el crecimiento económico no se distribuía de manera equitativa y la cuestión social comenzaba a ocupar un lugar central.

    Las organizaciones obreras, influenciadas por distintas corrientes políticas como el socialismo, el anarquismo y posteriormente el sindicalismo revolucionario, comenzaron a reclamar derechos que hoy parecen básicos: descanso semanal, límites a la jornada laboral, seguridad en los lugares de trabajo y mejores salarios.

    Para las elites dirigentes de la época, muchas de esas demandas eran vistas como una amenaza al orden establecido. El conflicto laboral era interpretado no como una discusión sobre derechos, sino como un problema de seguridad.

    La violencia del Estado y la disputa por la memoria

    Uno de los aspectos más controvertidos de la Semana Trágica fue el papel del Estado. Durante esos días, las fuerzas de seguridad y sectores civiles reaccionarios participaron de una represión que dejó un número de víctimas que todavía es discutido por los historiadores, aunque existe consenso en que fueron cientos.

    El episodio también estuvo acompañado por persecuciones contra comunidades inmigrantes, especialmente integrantes de organizaciones obreras y militantes de izquierda. La violencia no se limitó al conflicto fabril, sino que alcanzó dimensiones políticas y sociales más amplias.

    La Semana Trágica mostró una tensión que se repetiría muchas veces en la historia argentina: cómo responde el Estado cuando los trabajadores organizados reclaman una participación mayor en la distribución de la riqueza.

    Del conflicto social a la construcción de derechos

    Aunque la Semana Trágica terminó con una derrota para los trabajadores de Vasena, sus consecuencias fueron profundas. El conflicto obligó a la dirigencia política a reconocer que la cuestión laboral ya no podía ser ignorada y aceleró un proceso de discusión sobre la necesidad de establecer regulaciones para proteger a los trabajadores.

    Décadas más tarde, especialmente a partir del surgimiento del peronismo, muchos de esos reclamos históricos se transformarían en derechos incorporados al sistema laboral argentino: vacaciones pagas, aguinaldo, convenios colectivos, indemnizaciones y una mayor institucionalización del vínculo entre trabajadores, sindicatos y Estado.

    La relación entre esos derechos y las luchas obreras previas forma parte de un debate histórico. Pero existe un punto innegable: las conquistas laborales argentinas fueron producto de un largo proceso de organización social.

    Un siglo después, la discusión vuelve

    Más de cien años después, muchas de las discusiones de aquella época reaparecen en el debate público. Las reformas laborales impulsadas por el gobierno de Javier Milei, con propuestas orientadas a flexibilizar normas laborales y reducir regulaciones, volvieron a colocar en el centro una pregunta histórica: si los derechos laborales son obstáculos para la economía o herramientas para construir una sociedad más equilibrada.

    Quienes defienden las reformas sostienen que una menor regulación puede favorecer la creación de empleo y reducir costos para las empresas. Sus críticos advierten que muchas de esas medidas implican trasladar el costo de las crisis económicas sobre los trabajadores y debilitar herramientas de protección construidas durante décadas.

    La Semana Trágica recuerda que la discusión sobre el trabajo nunca fue solamente económica. Siempre implicó una disputa sobre qué tipo de sociedad se quiere construir y quiénes participan de los beneficios del crecimiento.

    A más de un siglo de aquellos días de enero de 1919, la Semana Trágica continúa siendo una de las páginas más dolorosas de la historia argentina. No solamente por la violencia que dejó, sino porque reveló un conflicto que atraviesa toda la modernidad argentina: cómo equilibrar producción, riqueza y derechos. La historia del movimiento obrero muestra que muchos de los derechos que hoy parecen naturales alguna vez fueron considerados demandas imposibles. Y recuerda que detrás de cada conquista laboral hubo trabajadores que decidieron organizarse para reclamarla.

     

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