Luego del fallo de la Cámara de Apelaciones de Gral. Roca que revocó la medida cautelar que le permitía a la familia de Joaquín cultivar y elaborar el aceite de cannabis, la abuela de Joa transmitió a través de las redes un video donde contaba que la decisión de la familia era seguir cultivando más allá del fallo.
En 2018 la mamá de Joaquin, promovió una acción de amparo para lograr la autorización para el cultivo y fabricación del aceite.
En la presentación solicitaron al Estado el suministro de aceites necesario para el tratamiento del niño y reclamaron que hasta tanto el demandado diese cumplimiento a lo reclamado, se dispusiera cautelarmente la autorización para cultivar cannabis en su domicilio, petición que tuvo respuesta favorable por parte de la Jueza Federal de Viedma.
El fallo firmado por los jueces Ricardo Guido Barreiro,
Mariano Lozano y Richard Gallego argumenta que debe ser el Estado Nacional
quien se encargue de proveer el aceite de cannabis y no es potestad de la
familia realizar la medicina de forma casera.
Ahora, el mismo Joaquín, quien padece el síndrome de tourette, quiso presentarse y dar su opinión sobre su “HERMOSURA” (como el nombra a la planta de cannabis) pero prohibida medicina natural que le permite a él y a muchos muchos más, tener una mejor calidad de vida.
Un caso de la región que pone en agenda nacional al cannabis medicinal, quizás no como debería, pero al menos lo visibiliza. La problemática no se trata de un caso en particular, se trata de un tema de salud pública, una nueva deuda de la democracia.
La ley 27350 votada hace dos años a las claras no tuvo como objetivo atender las necesidades de familias que requieren el aceite para aliviar determinadas patologías sino más bien intentar atraer dólares extranjeros. ¿Traerlos para después fugarlos?. Las madres que impulsaron la norma siguen siendo perseguidas y penadas como si fuesen homicidas.
La misma justicia que le niega el amparo a Joaquín es la que permitió cultivar en Jujuy en tierras del Estado al hijo del gobernador asociado a empresas extranjeras cuando la ley solo autoriza el cultivo al INTA y al CONICET con fines de investigación médica o científica. Como también en estos días la ministra de seguridad Patricia Bullrich se reunió con Cecilio Salazar, intendente de San Pedro, y miembros de una empresa farmacéutica norteamericana a los efectos de llevar adelante un proyecto medicinal con destino de exportación.
Hoy Joaquín y su familia, inconscientemente, desde el valor y el coraje que les da el luchar por el bienestar de toda la familia, se convierten en la voz de muchos más que a causa de la persecución a la que son sometidos se sumergen a la clandestinidad o al narcomenudeo del mercado negro, un mercado sustentado por las esferas más altas de la sociedad.
La extrema lejanía entre los magistrados y la gente, es pura y exclusiva decisión de ellos. Una estrategia política. La apatía judicial es una elección. A lo largo del tiempo fueron alejándose del pueblo y empatizando con las antípodas del mismo. Acercándose a los entramados políticos y empresariales, perdiendo objetividad, menospreciando y devaluando su jerarquía y posición.
Mientras la ciencia siga siendo un negocio para pocos, mientras la ciencia médica siga siendo principalmente un negocio, tener la medicina en el patio de la casa seguirá siendo un escollo para las grandes corporaciones. Una solución que no van a liberar.
Hay que plantarse, una vez más, ante los empresarios, los dirigentes, los jueces. Hay que desnudar el reality porno expreso de relaciones carnales entre el ejecutivo, el judicial y las grandes empresas multinacionales. Tenemos que dejar de mirar cómo se relamen los lomos entre ellos frente a nosotros los terrestres que pocas veces somos beneficiarios de sus decisiones. Y esas pocas que se dan, logran sobreponerse porque son erupcionadas desde el clamor social, desde la presión popular, porque suben como una burbuja en el agua de un suspiro de un marginal sumergido en lo profundo de un abandono estatal que agobia y ahoga.
¿Calidad de vida o Negociados? ¿Ciencia en favor de todos o de unos pocos? ¿Autocultivo legal o en manos del Estado?
Justicia por Joaquín, por Baltazar, por Alejo, por Thiago, por Ramiro… y por todos los que necesitan el aceite de cannabis para mejorar su calidad de vida y la de sus familias. Sin cultivo no hay derechos. Sin derechos no hay salud. Si el Estado no asume la responsabilidad, exijimos la modificación del artículo 8 para la regulación del autocultivo y la despenalización del mismo.
La línea Marcus de la Bodega Humberto Canale se enfoca en lograr vinos jóvenes, frescos y frutados que prioricen la tipicidad varietal, y como siempre con la enología a cargo del Lic. Horacio Bibiloni. Esta clásica etiqueta patagónica Blanc proviene de viñedos propios de la Bodega Canale que fueron cosechados en la primera semana de Marzo….
El Intendente Marcelo Orazi acompañó al Secretario de Estado de Cultura de Río Negro Ariel Ávalos durante su visita a distintas instituciones de la ciudad, oportunidad en la que dialogaron con sus referentes y se interiorizaron sobre las actividades y proyectos en marcha. También fue el marco para ultimar detalles para la realización del programa…
A 176 años de su muerte, la historia de José de San Martín también puede leerse como la de un hombre que eligió el exilio antes que convertirse en protagonista de las guerras políticas argentinas.
Por Alcides Blanco para NLI
Cada 17 de agosto, la Argentina recuerda a José de San Martín como el Libertador, el Padre de la Patria, el hombre que cruzó los Andes y condujo campañas decisivas para la independencia de Argentina, Chile y Perú. Las escuelas repiten su nombre, los granaderos custodian su mausoleo y las plazas se llenan de actos conmemorativos. Sin embargo, existe una parte de su historia que suele quedar comprimida detrás de la estatua ecuestre y de la épica militar: San Martín pasó los últimos casi treinta años de su vida fuera de América y murió en Francia, lejos de la Argentina que había contribuido decisivamente a liberar. No fue una casualidad geográfica ni simplemente el resultado de una enfermedad o de una vejez tranquila. Su alejamiento estuvo profundamente relacionado con la convulsión política que encontró al regresar de su campaña libertadora y con su decisión de no convertirse en un jefe militar de ninguna de las facciones que se disputaban el poder.
Mañana, 17 de agosto de 2026, se cumplen 176 años de su muerte, ocurrida en 1850 en Boulogne-sur-Mer. San Martín tenía 72 años. Había nacido en Yapeyú en 1778, había desarrollado buena parte de su carrera militar en España, regresado al Río de la Plata en 1812 y construido en apenas una década una de las trayectorias militares más extraordinarias de la historia americana. Pero cuando terminó su etapa pública en América, no buscó quedarse con el poder que había contribuido a construir. Esa decisión, que hoy puede parecer natural porque forma parte de la imagen idealizada del prócer, fue en realidad una elección política extraordinariamente significativa para una época en la que los vencedores de las guerras de independencia solían convertirse en árbitros del nuevo poder.
El problema que encontró al regresar
San Martín no volvió a una patria unificada y tranquila. Volvió a una región atravesada por enfrentamientos políticos, disputas entre Buenos Aires y las provincias, conflictos entre unitarios y federales y una creciente militarización de la vida pública. Después de la campaña de los Andes, la independencia de Chile y la expedición al Perú, el general había alcanzado una autoridad enorme, pero también comprendía que la guerra contra España y las guerras civiles americanas eran problemas diferentes. Su objetivo había sido la independencia; no estaba dispuesto a utilizar el ejército libertador como instrumento de una facción argentina contra otra.
Ese punto es fundamental para comprender su salida de América. La documentación sanmartiniana conserva una definición particularmente clara de su conducta política. En una carta de 1848, al reconstruir su trayectoria, San Martín explicó que durante su carrera pública había procurado no mezclarse con los partidos que alternativamente dominaron Buenos Aires y que había mantenido como principio considerar a los Estados americanos en los que había intervenido como naciones hermanas comprometidas con una misma causa.
No era una posición ingenua. San Martín sabía perfectamente qué significaba el poder militar. Había visto de cerca las guerras napoleónicas, había combatido en Europa y después había utilizado el ejército como herramienta para modificar el equilibrio político de América. Precisamente por eso conocía el peligro de convertir la fuerza armada en el mecanismo mediante el cual una facción interna podía imponerse sobre otra.
Su negativa a intervenir en las guerras civiles argentinas terminó siendo una de las decisiones más importantes de su vida política.
Y también una de las que más condicionaron su futuro.
Cuando decidió abandonar definitivamente el escenario americano, no se estaba retirando de una revolución que había fracasado. Se estaba apartando de una política que consideraba incompatible con la causa por la que había luchado.
De héroe continental a exiliado europeo
Después de su encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil, en 1822, San Martín dejó el escenario peruano. Poco después regresó a Europa acompañado por su hija Mercedes. El contraste entre la dimensión de su obra y las condiciones de su vida posterior es notable: quien había comandado ejércitos enteros terminó llevando durante décadas una existencia relativamente discreta, atravesada por problemas económicos, enfermedades, viajes y preocupaciones familiares.
En 1829 intentó regresar nuevamente al Río de la Plata. Desembarcó en Montevideo, pero finalmente decidió no instalarse en Buenos Aires. La situación política lo desalentó y volvió a Europa. El Instituto Nacional Sanmartiniano registra aquel episodio como uno de los momentos decisivos de su alejamiento definitivo de la vida pública americana.
Ese exilio voluntario suele presentarse como una especie de retiro romántico de un héroe cansado. La realidad fue bastante más compleja. San Martín continuó siguiendo con atención los acontecimientos americanos, mantuvo correspondencia con dirigentes políticos y militares y expresó opiniones sobre cuestiones vinculadas con la soberanía y la situación internacional. No dejó de interesarse por la Argentina porque hubiera dejado de ser argentino; dejó de participar directamente porque había decidido no convertirse en un actor de las disputas internas.
Su relación epistolar con Juan Manuel de Rosas resulta especialmente reveladora. San Martín le escribió en 1846 para felicitarlo por la defensa frente a la intervención anglo-francesa durante la Vuelta de Obligado y volvió a comunicarse con él en los años siguientes. El Instituto Nacional Sanmartiniano conserva esa correspondencia y registra su preocupación por la defensa de la soberanía frente a las potencias extranjeras.
El dato permite escapar de una simplificación frecuente: el San Martín del exilio no era un hombre desconectado de la política argentina. Estaba lejos del poder, pero seguía leyendo, escribiendo, opinando y observando lo que ocurría en el continente.
La diferencia era que ya no quería ocupar el centro de la escena.
Una vida en Francia mientras la Argentina se construía
San Martín pasó sus últimos años en Francia. Vivió primero en Grand-Bourg, cerca de París, donde adquirió una casa en 1834, y posteriormente se trasladó a Boulogne-sur-Mer. Allí su salud se deterioró progresivamente. Padecía problemas de visión y distintas enfermedades propias de su edad, aunque quienes lo conocieron durante esos años destacaron que conservó una notable lucidez intelectual.
La Francia en la que vivió sus últimos años tampoco era un escenario tranquilo. La Revolución de 1848 había derribado la monarquía de Luis Felipe y dado lugar a la Segunda República. La agitación política llevó a San Martín a abandonar París y trasladarse a Boulogne-sur-Mer en 1848. Allí alquiló una vivienda perteneciente a Adolphe Gérard, abogado y bibliotecario de la ciudad, con quien mantuvo una relación cercana durante sus últimos años.
Hay algo profundamente simbólico en esa última etapa. Mientras en América comenzaban a consolidarse los Estados surgidos de las guerras de independencia, el hombre que había contribuido decisivamente a poner en marcha ese proceso observaba desde Europa cómo aquellas nuevas repúblicas atravesaban sus propias disputas, guerras y transformaciones.
San Martín había conseguido algo que parecía imposible: había ayudado a derrotar al poder colonial español en una parte enorme de Sudamérica. Pero no pudo controlar lo que vino después. Y probablemente tampoco quiso hacerlo.
Su proyecto no consistía en convertirse en el dueño político de las naciones que había ayudado a liberar.
La muerte de un hombre que ya pertenecía a la historia
El 17 de agosto de 1850, alrededor de las tres de la tarde, José de San Martín murió en su residencia de Boulogne-sur-Mer. Estaban junto a él su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce, sus nietas y otras personas cercanas. Félix Frías, que viajó desde París al conocer la gravedad de su estado, llegó cuando el Libertador ya había fallecido y posteriormente dejó una crónica de sus últimos momentos.
La frase que se le atribuye durante sus últimos días —“es la tormenta que conduce al puerto”— quedó incorporada a la tradición sanmartiniana. Más allá de la belleza literaria de la expresión, lo que resulta verdaderamente significativo es que San Martín murió sin regresar a la Argentina.
Sus restos tampoco volvieron inmediatamente.
Permanecieron en Francia durante tres décadas, hasta que en 1880 fueron trasladados a Buenos Aires a bordo del vapor ARA Villarino. Desde entonces descansan en el mausoleo construido dentro de la Catedral Metropolitana, donde una guardia de granaderos custodia permanentemente sus restos.
La paradoja histórica es enorme. El hombre que había cruzado los Andes para liberar territorios que se encontraban a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento terminó muriendo en una pequeña ciudad francesa y recién tres décadas después regresó físicamente a la tierra por la que había combatido.
Pero quizás exista una lectura todavía más profunda.
San Martín construyó buena parte de su prestigio precisamente renunciando al poder que podría haber obtenido. Después de sus victorias militares pudo haber intentado convertirse en un caudillo armado, intervenir en las guerras civiles o utilizar su autoridad para imponerse sobre los gobiernos existentes. Eligió otro camino. Esa decisión no eliminó sus diferencias políticas ni lo convirtió en un personaje neutral; simplemente estableció un límite que consideró fundamental: el ejército de la independencia no debía transformarse en una herramienta para decidir las luchas internas.
Esa conducta explica buena parte de la enorme dimensión simbólica que adquirió después de su muerte.
No fue solamente el general que ganó batallas.
Fue también el hombre que supo retirarse cuando continuar en el poder podía significar traicionar aquello por lo que había luchado.
La historia argentina posterior estuvo llena de hombres que hicieron exactamente lo contrario: militares que se transformaron en árbitros políticos, dirigentes que utilizaron ejércitos para imponer proyectos internos y gobiernos que confundieron la fuerza del Estado con la voluntad de una facción. Frente a esa tradición, la trayectoria de San Martín adquiere una dimensión que va mucho más allá del bronce.
Por eso cada 17 de agosto no alcanza con recordar el Cruce de los Andes, Chacabuco o Maipú. También habría que recordar la decisión silenciosa de un hombre que, después de haber ganado una guerra, eligió no quedarse con el poder.
San Martín murió lejos de la Argentina.
Pero quizás justamente por eso terminó perteneciendo a toda ella.
Porque su legado no quedó asociado a un gobierno determinado, a una provincia, a un partido ni a una facción. Quedó ligado a una idea mucho más grande: que la independencia no consiste solamente en expulsar a un poder extranjero, sino también en comprender que la libertad política pierde sentido cuando quienes dicen defenderla terminan utilizando el poder para someter a sus propios compatriotas.
Mañana, cuando vuelvan a sonar las marchas y los granaderos rindan homenaje frente a su mausoleo, habrá una parte de su historia que permanecerá tan importante como la épica de las batallas: San Martín fue uno de los pocos grandes protagonistas de la independencia americana que entendió que también había que saber cuándo apartarse.
Y esa decisión, tomada hace dos siglos, sigue siendo una de las páginas más incómodas y más actuales de su legado.
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Kicillof lanzó MDF Juventudes en San Martín y llamó a los jóvenes a protagonizar la construcción de un proyecto nacional con horizonte en 2027.
Por Redacción de NLI
Axel Kicillof encabezó en San Martín el lanzamiento de MDF Juventudes, la rama juvenil del Movimiento Derecho al Futuro, en un acto que reunió a más de 3.000 jóvenes y que funcionó como mucho más que una actividad partidaria: fue una señal política sobre el tipo de construcción que el gobernador bonaerense pretende desplegar hacia 2027, con una convocatoria que busca trascender las estructuras tradicionales del peronismo y disputar especialmente el vínculo con una generación atravesada por la precarización laboral, el endeudamiento, la incertidumbre y el desencanto con la política.
El encuentro se realizó este sábado en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester, en el partido de San Martín, y tuvo una característica que Kicillof buscó remarcar desde el escenario: la juventud no debe ocupar un lugar ornamental dentro de una estructura política, sino participar de la definición de sus objetivos, sus prioridades y su horizonte. La jornada comenzó con debates sobre educación, trabajo, vivienda, salud mental, apuestas, inteligencia artificial, plataformas digitales y nuevas tecnologías, para luego desembocar en el discurso del gobernador, quien planteó que las nuevas generaciones deben convertirse en protagonistas de la construcción de una alternativa política.
Una juventud que ya no quiere que le prometan solamente resistencia
El mensaje de Kicillof tuvo un componente político central: la oposición a Javier Milei no alcanza por sí sola para construir una alternativa electoral y socialmente mayoritaria. El gobernador planteó que el desafío consiste en recuperar una idea de futuro, particularmente entre aquellos jóvenes que durante los últimos años encontraron en el discurso libertario una promesa de ruptura con una política que consideraban agotada, pero que ahora pueden comenzar a observar con otros ojos a partir de las dificultades concretas de la vida cotidiana.
“Las juventudes, los pibes y las pibas, no pueden ser un sector más dentro del Movimiento Derecho al Futuro: tienen que ser los protagonistas, los que nos impulsen y los que nos muestren el norte hacia donde ir”, sostuvo Kicillof durante el acto. La frase sintetiza una estrategia que va más allá de la incorporación de militantes jóvenes: el objetivo es que esa generación contribuya a definir el discurso y el programa de una fuerza política que pretende llegar a 2027 con una propuesta renovada.
La apuesta no es menor porque el vínculo entre las juventudes y el peronismo viene siendo uno de los terrenos centrales de la disputa política argentina. La irrupción de Milei tuvo precisamente entre sectores jóvenes uno de sus principales puntos de apoyo, alimentada por una combinación de malestar económico, rechazo hacia las estructuras partidarias tradicionales, frustración con las expectativas de movilidad social y una fuerte penetración de nuevas formas de comunicación política. Frente a eso, Kicillof intenta construir otra respuesta: no discutir únicamente contra Milei, sino ofrecer un proyecto capaz de volver a transformar la palabra futuro en una expectativa colectiva.
Por eso, durante su discurso, el gobernador rechazó la idea de que la alternativa pueda surgir de una mesa cerrada de dirigentes o de una ingeniería electoral diseñada exclusivamente desde arriba. “No va a surgir de un laboratorio, sino que se construirá desde abajo hacia arriba, con la militancia y la participación de todos y todas”, afirmó. El concepto tiene una importancia particular en el escenario interno del peronismo, porque coloca la construcción territorial y la participación social en el centro de una disputa que todavía no tiene resueltas sus candidaturas ni sus liderazgos definitivos.
SAN MARTIN – MDF Juventud 2 Axel Kicillof: Necesitamos una alternativa, construir y consolidar otro camino. pic.twitter.com/VSlg7z1ldt
Del rechazo a Milei a la construcción de una alternativa
Kicillof también aprovechó el encuentro para profundizar una de las líneas argumentales que viene desarrollando en las últimas semanas: la discusión sobre el modelo económico no puede reducirse a indicadores macroeconómicos, porque sus consecuencias aparecen directamente en la vida cotidiana de las familias. En ese sentido, volvió a referirse al endeudamiento de los hogares y a la pérdida de capacidad de compra, cuestiones que el gobernador viene utilizando para cuestionar el relato oficial sobre la recuperación económica.
Según los datos que presentó en una columna publicada durante la semana, más del 60% de los adultos argentinos tendría algún tipo de deuda, mientras que cerca de seis millones de personas se encontrarían en situación de mora. También señaló aumentos importantes de la morosidad en bancos, tarjetas de crédito, billeteras digitales y entidades financieras no bancarias. Para Kicillof, esos números expresan una transformación profunda: el crédito dejó de ser para una parte importante de la población una herramienta destinada a comprar bienes o financiar proyectos y pasó a funcionar como mecanismo para sostener gastos básicos.
La cuestión resulta especialmente significativa cuando el destinatario del discurso es la juventud. Para millones de jóvenes, la posibilidad de independizarse, acceder a una vivienda, conseguir un empleo registrado, estudiar y construir un proyecto familiar se encuentra condicionada por un mercado laboral cada vez más fragmentado y por ingresos que muchas veces no alcanzan para sostener los costos básicos de la vida. En ese escenario, hablar de futuro no significa solamente recuperar una consigna política: implica discutir qué modelo económico permite que una generación pueda imaginar una vida que no esté determinada por la precariedad y el endeudamiento.
Kicillof buscó además disputar una explicación que considera central en el discurso libertario: la idea de que los problemas económicos son fundamentalmente responsabilidad individual. “Si no conseguís trabajo, si no te alcanza la guita y te endeudaste, la culpa es tuya”, cuestionó, al advertir que esa mirada constituye, a su criterio, una de las expresiones más graves de una concepción política que traslada sobre cada individuo las consecuencias de problemas estructurales. En contraposición, reivindicó el papel del Estado en la educación, la salud, la universidad pública, la ciencia y la producción.
2027 aparece como horizonte, pero el desafío es construir algo nuevo
El lanzamiento del MDF Juventudes ocurre, además, después de una semana de intensa actividad política para Kicillof, que incluyó reuniones con dirigentes sindicales, actividades internacionales y nuevos movimientos dentro de su estructura política. El Movimiento Derecho al Futuro, inaugurado formalmente en marzo, funciona como el espacio desde el cual el gobernador intenta consolidar una identidad propia dentro del peronismo bonaerense y proyectar una discusión que exceda las fronteras de la provincia.
Por eso, aunque el acto de San Martín no estuvo formalmente planteado como lanzamiento de una candidatura presidencial, la dimensión nacional de su discurso resulta difícil de ignorar. Kicillof habló de construir un proyecto nacional, de recuperar la soberanía, del trabajo digno, de la producción, de la universidad, de la ciencia y de la tecnología, y sostuvo que la sociedad no necesita únicamente una oposición al Gobierno de Milei, sino una opción preparada para poner en marcha “una Argentina distinta”.
El punto político más interesante está precisamente allí. El gobernador no convocó a los jóvenes solamente a recuperar un pasado, sino a construir una nueva etapa. “No queremos simplemente restaurar el pasado, sino construir entre todos un futuro distinto, un futuro mejor, un futuro para todos”, planteó hacia el cierre de su discurso. Esa definición busca responder a una de las principales dificultades que enfrenta el peronismo: cómo reivindicar sus conquistas históricas sin quedar atrapado en la nostalgia de una etapa que para una parte de las nuevas generaciones pertenece más a los relatos de sus padres que a su propia experiencia política.
El desafío, entonces, es doble. Kicillof necesita disputar el presente con Milei, pero al mismo tiempo debe convencer de que existe un futuro posible más allá de la confrontación permanente con el Gobierno nacional. Y para eso necesita una fuerza política capaz de hablarle a quienes trabajan, estudian, emprenden, alquilan, buscan su primer empleo o directamente quedaron fuera del mercado laboral, pero también a quienes todavía conservan expectativas y están buscando una representación que no les pida simplemente volver al pasado.
El lanzamiento del MDF Juventudes puede leerse, en ese sentido, como una pieza de una construcción política de mayor alcance. La apuesta consiste en transformar el malestar social en organización, el desencanto en participación y la incertidumbre en una discusión concreta sobre el país que se quiere construir. Kicillof lo expresó con una frase que sintetiza el espíritu del encuentro: “Esta historia no está escrita: ese futuro hay que construirlo”.
La disputa que comienza a perfilarse hacia 2027 no será solamente una competencia entre nombres, estructuras partidarias o candidaturas. Será también una pelea por definir qué significa tener futuro en la Argentina, quiénes pueden acceder a él y qué papel debe desempeñar el Estado para que esa posibilidad no quede reservada a quienes ya cuentan con recursos suficientes. En San Martín, Kicillof eligió colocar a las juventudes en el centro de esa discusión y convertirlas en parte de la arquitectura de su proyecto político. La respuesta de esa generación, y su capacidad para transformar el malestar en organización, será uno de los datos decisivos de la Argentina que viene.
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