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JARDÍN DE REJAS

¿Marketing político?
¿Respuesta al clamor popular?

Nuevamente el Ejecutivo se encuentra en el centro de la polémica al presentar el proyecto de reforma del “Régimen penal Juvenil”.

Pero antes de preguntarse si dicho proyecto enmarcado en el programa Justicia 2020 es “correcto” o no, deberíamos hacer foco en otras cuestiones.

Como siempre, el pilar fundamental de toda “sociedad civilizada” es la educación, que a su vez debe ser garantizada por el Estado; si como solución al alto índice delictivo de menores se propone criminalizar sectores de la sociedad, se estaría apelando en simples palabras a un “exterminio provisorio” de la problemática.

No debemos olvidar que el poder punitivo del Estado criminaliza con mucha más fuerza los sectores económicos más vulnerables, que a su vez, son los que carecen de posibilidades. La solución siempre es la educación y la existencia de reales oportunidades de crecimiento social, laboral, económico, etc.

¿Es más fácil criminalizar, detener, realizar un proceso, lograr una condena y “ver que sucede en el medio”, para responder ante el clamor popular frente a la inseguridad? ¿No es más eficiente y respetuoso de los derechos, lograr una educación de alta calidad, ofreciendo oportunidades a todos los estratos sociales?  

Con un fuerte discurso político y social que se desprende del odio hacia los demás, se proponen estas “soluciones rápidas” que lamentablemente tienen un fuerte consenso social y que se retroalimentan por el mismo sentimiento de desprecio instaurado entre nosotros.

Pero al fin y al cabo, es lo que el gobierno de turno realmente quiere…

De la mano de toda esta ausencia, se encuentra el espacio para «políticas criminales» que no son de las más acertadas. La criminalización de los menores no es la solución a un problema que tiene como raíz la falta de factores socio-educativos que merecen y necesitan proyectos profundos, a largo plazo, alcanzando el rango de «políticas de Estado».

Ley 22.278: http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/110000-114999/114167/texact.htm
Proyecto de reforma: https://www.hcdn.gob.ar/proyectos/textoCompleto.jsp?exp=7523-D-2018&tipo=LEY

Colaboración: Emiliano Piccinini
Portada: Germán Busin
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  • Juez exhibe la ruptura con De Loredo y se complica la unidad opositora

     

    Atrás quedaron los locros populares en el Comedor Universitario, servido en bandejitas de plástico y regados con vino suelto. El acuerdo del Frente Cívico con los libertarios cordobeses trajo una nueva estética: un salón recoleto, mesas redondas, manteles, vajilla blanca y vino en botella; un locro premium que expuso la disolución de aquella sociedad «indestructible» entre Luis Juez y Rodrigo de Loredo. 

    «Tenemos un acuerdo y un compromiso con La Libertad Avanza que vamos a honrar. Lo que más cuesta en la vida es construir lealtad y confianza y eso es lo que estamos construyendo con dirigentes de La Libertad Avanza, de la UCR y del PRO, porque sabemos que, si queremos terminar con tantos años de peronismo, hay que estar unidos». Así, Juez puso sobre la mesa su nueva sociedad con Gabriel Bornoroni ante decenas de dirigentes de toda la provincia, la misma tropa que lo siguió en innumerables estrategias y alianzas. 

    En la mesa principal estaban los nuevos socios: Gabriel Bornoroni y Gonzalo Roca, de LLA; Laura Rodríguez Machado, del PRO pero tropa de Patricia Bulllrich; y Soledad Carrizo, la radical que se referencia en Alfredo Cornejo. 

    Para que no le queden dudas a los juecistas -quienes en su mayoría llegaron al Frente Cívico desde el peronismo, digirieron el acuerdo con los radicales y el marxismo y ahora se preparan para tragarse la alianza con los libertarios-, Juez dijo: «El acuerdo con los dirigentes de LLA va más allá de una cuestión electoral. Tenemos una misma mirada y hemos actuado con reciprocidad. Hemos brindado respeto, y nos han tratado con respeto».

    Ultimatum de Bornoroni a De Loredo: «Tiene tiempo hasta el Mundial para definir si se suma»

    Como siempre, Juez dejó abierta una hendija: «Lo único que puede cambiar mi decisión es que no haya voluntad de ganar la provincia», dijo. Pareció una advertencia ante un hipotético acuerdo entre Javier Milei y Martín Llaryora quien podría reclamarle al Presidente una fórmula libertaria pura como método de división de la oposición. 

    El acuerdo con los dirigentes de LLA va más allá de una cuestión electoral. Tenemos una misma mirada y hemos actuado con reciprocidad. Hemos brindado respeto, y nos han tratado con respeto.

    Luego, Juez volvió a reprocharle a De Loredo por el fracaso de 2023: «Lo dijimos hace 3 años atrás: No se gana la ciudad de Córdoba si se pierde la Provincia». 

    También hay un guiño a la negociación que viene; y la posibilidad de un Juez en la boleta libertaria está sobre la mesa de análisis. Como se recordará, el hijo mayor del senador, Martín, es concejal de la ciudad de Córdoba. En este marco, Juez afirmó que habrá competencia con Bornoroni por liderar la boleta, pero no aclaró si esa disputa será electoral, en el marco de una interna, o política, atada a la negociación con Karina. 

    Lo que sí prometió a LLA es «lealtad». «Probablemente estamos compitiendo por lo mismo pero tenemos las reglas claras. Si le toca ser a Gabriel lo vamos a acompañar como corresponde. No tengan ninguna duda. Lo vamos a acompañar con lealtad, con trabajo, esfuerzo, sacrificio y la experiencia que el tiempo nos ha dado; y estoy seguro que si fuera al revés recibiríamos lo mismo», dijo Juez.

    El blanco será Martín Llaryora, pero con una apuesta diferente a la de Bornoroni: mientras el libertario se enfoca en los impuestos y la extensión del Estado provincial, Juez va por sus banderas históricas: «Todo va a ser muy difícil, pero no imposible. No tanto por lo que nosotros expresamos sino por lo que el peronismo tiene pánico de perder. Viven del Estado haciendo negocios millonarios y la pelea va a ser directamente proporcional a lo que tienen para perder».

    .Juez sabe que más temprano que tarde deberá despegarse de las sospechas de corrupción que sacuden a La Libertad Avanza, empezando por Manuel Adorni, pero sin olvidar Libra y las coimas de Spagnuolo, un combo difícil de explicar. Sin embargo, la apuesta juecista es provincializar la elección y hablar de Llaryora: «No vamos a entregar la provincia de nuestros hijos y nietos para que la sigan administrando los mismos corruptos de los últimos 28 años», fue la arenga.

     

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  • Nos siguen matando

     

    Hace 11 años —cuando X era Twitter y no una red social tan hostil, expulsiva y aleccionadora como ahora— escribí desde las tripas: «No vamos a levantar la voz?. NOS ESTÁN MATANDO». Estaba envuelta en enojo, pena y furia. La violencia extrema hacia las mujeres, y en ese momento puntual contra las adolescentes, tuvo uno de sus picos máximos cuando Chiara Páez fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, en Rufino, Santa Fe. Chiara tenía 14 años y estaba embarazada de tres meses. Mansilla la mató a golpes y la enterró en la casa de sus abuelos. 

    Este tuit está escrito. Sucedió. Pero fue azaroso que me haya interpelado a mi de esa forma. Cualquiera podría haber sido la autora de ese posteo: vos, aquella, la otra, la de más allá, la del otro lado. Fue una circunstancia. En menos de un mes, entre ese tuit del 11 de mayo y el miércoles 3 de junio de 2015, organizamos la primera marcha de Ni Una Menos. Ahora, once años después, nos enteramos del femicidio de otra adolescente de 14 años. Entre aquel Ni Una Menos inaugural y hoy contamos 3424 mujeres asesinadas, según La Casa del Encuentro. De esos asesinatos, 3073 fueron femicidios y femicidios vinculados (cuando un hombre mata a una o varias personas con el propósito de causarle sufrimiento, castigar o destruir psíquicamente a una mujer). En estos once años, una mujer fue asesinada cada 30 horas. 

    Agostina Vega, cordobesa, estuvo desaparecida una semana. Su mamá hizo la denuncia policial horas después de la desaparición. Como suele suceder en estos casos, la fiscalía primero se centró en el círculo más cercano y en la hipótesis de que Agostina podría estar con un noviecito. Recién tres días después se activó la Alerta Sofía.  Al cuerpo de Agostina lo encontró la Policía este domingo en un descampado cerca del barrio Ampliación Ferreyra. 

    Claudio Barrelier, el hasta ahora único acusado por el femicidio, está detenido. El hombre de 33 años había sido denunciado el año pasado por privación ilegítima de la libertad por una mujer que salió corriendo de su casa desnuda y pidiendo ayuda. En mayo de 2025 estuvo detenido solamente 20 días. El fiscal Iván Rodriguez lo dejó libre, fianza de por medio. 

    Cuando el impacto mediático trasciende los límites de la provincia, la voracidad por el “vivo y directo”, el vértigo, le gana a la información veraz. La audiencia muestra interés por el “caso”, se abren puñados de teorías, análisis, especialistas y opinólogos que desfilan sin parar.

    Lo sabemos: casi todas esas teorías se centran en la víctima. Que para su corta edad esto o  aquello, que sí hacía videos para TikTok, que las fotos que se tomaba. Hasta se escuchó con tono fuerte y certero a un cronista mencionar detalles de la intimidad de Agostina. 

    También vale mencionar aquí a esos cronistas de exteriores que, valiéndose de lo que ven, escuchan, preguntan e investigan, valoran la información en off de record y comprenden, como pocos, la prudencia de lo que se informa y cómo. 

    Pero la carroña mediática está a tiro cuando se trata de una mujer, adolescente, de apenas 14 años como Agostina. Lo mismo sucedió en 2017, por poner sólo un ejemplo,  con la joven bonaerense Melina Romero. Melina, la “ fanática de los boliches que abandonó la secundaria”, titulaba el diario de mayor alcance del país, y ampliaba: “Hija de padres separados, dejó de estudiar hace dos años y desde entonces nunca trabajó. Según sus amigos, suele pasarse la mayoría del tiempo en la calle con chicas de su edad o yendo a bailar, tanto al turno matiné como a la noche, con amigos más grandes. En su casa nadie controló jamás sus horarios y más de una vez se peleó con su mamá y desapareció unos días”.

    Dos años antes del femicidio de Melina, cuando escribí aquel tuit, las réplicas e intercambios fueron inmediatos. Colegas, compañeras, amigas y desconocidas sugerían ideas, adónde ir, qué hacer, a quiénes y cómo convocar para lograr, primero, el impacto mediático. Allí también se nos abrieron espacios amigables de colegas periodistas, compañeros de profesión y amigos del oficio. Después, hubo que profundizar en los contenidos, reclamos, exigencias, deudas y pendientes. Todo lo organizamos en menos de un mes.

    Que vayamos al Puente de la Mujer en Puerto Madero, que estemos vestidas de violeta o de negro, que el horario tenía que ser después de las 17, pero no tan tarde por el frio de junio. Finalmente, lo decidimos: iba a ser en el kilómetro cero del país, frente al Congreso de la Nación. 

    Desde el 11 de mayo a ese 3 de junio vivimos días frenéticos, intensos. Comenzó a tejerse una red potente, primero de periodistas y comunicadoras, que ya habían participado en un encuentro literario en el Museo de la Lengua, también bajo el lema “Ni Una Menos”, parte de un poema de Susana Chávez, activista mexicana asesinada en Ciudad Juárez. 

    Todas, una veintena, de diferentes medios, de diversas militancias, formaciones académicas, algunas presentadoras de noticias, escritoras, ensayistas, licenciadas en letras, abogadas, cronistas de exteriores, comenzamos a intercambiar ideas para bajarlas, literalmente, a la calle. 

    ¿Qué íbamos hacer? ¿Qué teníamos para decir? ¿Cuáles eran nuestros reclamos? ¿Qué respuestas tenía el poder político de turno? ¿Qué era aquello que comenzaba a replicarse como #NiunaMenos, basta de femicidios? La respuesta se manifestó la tarde del 3 de junio de 2015 en cada rincón del país.

    En todas las provincias, en cada ciudad, en pueblos que jamás habían salido a las calles, como Corral de Bustos, recuerdo; la implosión fue desde el Congreso hasta cada punto del país. O al revés. Lo siento por los porteños. 

    No pretendo traer una foto sepia de aquella fecha, pero sí recordar que fue un mojón en la historia de los movimientos de mujeres aquí, en la región y en el planeta. Se miraba a la Argentina, este país del fin del mundo. “Vengo del país del #NiUnaMenos” dije una vez ante colegas de otros países de la región. La Argentina era validada, también, por esta nueva ola feminista. Las Tesis llevaron su performance. “Un violador en tu camino”, desde Chile a cada rincón donde los ataques sexuales fueron tema de discusión. El #MeToo, que en 2017 sacudió al mundo cuando dos periodistas revelaron que Harvey Weinstein era, aparte de un exitoso productor de Hollywood, un depredador sexual. 

    Tuvimos en Argentina aquel Paro Internacional de Mujeres, y después arrasó el #MiraCómoNosPonemos” cuando supimos que Thelma Fardìn, en su adolescencia, había sido abusada sexualmente por el popular actor Juan Darthes.

    Y vinieron más marchas, otros paros, imposible recorrerlos todos en un sólo texto. 

    Pero en los últimos años, la búsqueda de la equidad quiere instalarse como el principal enemigo a vencer. Resulta que para propios y ajenos ese enemigo somos las feministas. Que dónde estamos, por qué reaccionamos, por qué los silencios. 

    Aquello de «no me siento representada por el feminismo del país» se cuela por la ventana, sin siquiera poder debatir cómo son los feminismos, cuál es el camino de los movimientos de mujeres en la Argentina. ¿Desde qué lugares se lanzan estas pretenciosas afirmaciones casi idénticas y de tan poca profundidad? Desde el poder político, claro. El mismo poder que hoy niega los femicidios y la violencia machista. Que se preocupa por las supuestas falsas denuncias y no dice nada cuando una piba como Agostina, como Chiara, como Melina, aparece asesinada. No hablo sólo del Gobierno. Hablo también de la Justicia. Para muestra, basta la conferencia de prensa que dio ayer el fiscal Raúl Garzón. ¿Nos piden explicaciones a las únicas que nos movilizamos y accionamos contra los femicidios, las violaciones y los abusos? ¿Nos tildan de exageradas? ¿Nos piden que nos calmemos? 

    Voy a defender mi derecho a estar viva, pero también a enojarme. Y, para eso, tampoco pido permiso ni perdón. El enojo también es una lucha política. Nos vemos, otra vez, el 3 de junio en las calles.

    La entrada Nos siguen matando se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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