INFORME EXCLUSIVO – Ciencia y salud: menos presupuesto, más aranceles — el nuevo modelo que redefine al Estado
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INFORME EXCLUSIVO – Ciencia y salud: menos presupuesto, más aranceles — el nuevo modelo que redefine al Estado

 

En apenas tres días, dos resoluciones del INCUCAI dejaron al descubierto un cambio profundo: mientras el financiamiento público de la ciencia y la salud cae de manera sostenida, el propio Estado empieza a cobrarle más caro —y sin excepciones— a sus propias instituciones. El giro no es aislado: se inscribe en una lógica más amplia que atraviesa organismos regulatorios, sistema científico y hospitales públicos.

Por Amparo Lestienne para NLI

El caso INCUCAI: de la excepción al cobro universal

El punto de partida es la Resolución INCUCAI 84/2026, publicada el 27 de marzo. La norma actualiza los aranceles para la evaluación de protocolos de investigación clínica vinculados a trasplantes y uso de órganos, tejidos y células, con el objetivo explícito de “asegurar los recursos operativos y técnicos” del organismo.

Pero el dato clave estaba en su artículo 2°: mantenía la lógica histórica del sistema argentino al eximir del pago a hospitales públicos, universidades nacionales y Fuerzas Armadas.

Esa excepción no era un detalle menor, sino la continuidad de un principio consolidado en normativas previas. Por ejemplo, ya en la Resolución 128/2019 del propio INCUCAI se establecía exactamente la misma exención para el sector público, en línea con la idea de que la investigación sanitaria estatal no debía ser tratada como una actividad comercial.

Sin embargo, apenas tres días después, el 30 de marzo, llegó la Resolución INCUCAI 95/2026, que directamente eliminó esa excepción. El resultado es contundente: el Estado empezó a cobrarle a sus propios hospitales y universidades por investigar.


Un cambio de lógica: del financiamiento a la autofinanciación

El argumento oficial es técnico: los protocolos requieren financiamiento y, por lo tanto, deben cubrir los costos regulatorios. Pero detrás de esa justificación aparece una transformación más profunda.

Históricamente, el sistema funcionaba bajo una premisa clara: la investigación pública en salud es parte del sistema sanitario y, por lo tanto, es financiada por el Estado. Eso implicaba que los organismos regulatorios podían cobrar aranceles, pero hacían excepciones cuando el actor era público.

Hoy esa lógica se invierte: todos los actores —incluso los públicos— deben pagar por el servicio estatal. Este cambio no surge en el vacío. Está directamente vinculado con el deterioro del financiamiento general del sistema científico.


El telón de fondo: caída del presupuesto científico

Según distintos informes y análisis del sistema nacional de ciencia y tecnología, el financiamiento público del sector atraviesa una contracción sostenida. Entre 2023 y 2026, la inversión estatal acumula una caída real estimada entre el 30% y el 40%, como resultado de la combinación entre recortes presupuestarios y el efecto de la inflación. En paralelo, la participación de la ciencia en el producto bruto interno se redujo a niveles por debajo del 0,3%, cuando en años anteriores se ubicaba en torno al 0,5%.

En términos concretos, el deterioro no es homogéneo sino que golpea con mayor intensidad en áreas clave del sistema. Las transferencias a universidades nacionales y organismos públicos muestran recortes que, en términos reales, se ubican entre el 25% y el 35%, afectando el funcionamiento cotidiano de institutos, laboratorios y proyectos en curso. A esto se suma el deterioro sostenido de los ingresos del personal científico y técnico, cuyos salarios perdieron aproximadamente entre un 20% y un 30% de su poder adquisitivo, mientras que la inversión en equipamiento —fundamental para sostener la capacidad experimental— registra caídas aún más pronunciadas, que en algunos casos superan el 50% en términos reales.

En este escenario, organismos como el CONICET ven afectada su capacidad de sostener proyectos, becas y estructuras de investigación, lo que introduce tensiones crecientes en todo el sistema científico.


ANMAT y el modelo de tasas: el antecedente silencioso

Este viraje tampoco es nuevo en la administración pública. La ANMAT funciona desde hace años con un sistema de aranceles para trámites regulatorios, donde cada procedimiento tiene un costo asociado.

Lo que cambia ahora no es la existencia de aranceles, sino su alcance: antes aplicaban principalmente a actores privados; ahora tienden a universalizarse. Es decir, el modelo basado en tasas por servicio empieza a expandirse a otros organismos, pero sin las protecciones históricas para el sector público.


La tensión central: menos presupuesto, más costos

La combinación de estas dos dinámicas —menor financiamiento y mayor carga arancelaria— configura una tensión estructural difícil de sostener en el tiempo. Por un lado, el Estado reduce su inversión directa en ciencia y salud; por otro, incrementa los costos que deben afrontar sus propias instituciones para desarrollar investigaciones.

Esto implica que universidades públicas, hospitales y centros de investigación no sólo cuentan con menos recursos, sino que además deben destinar parte de esos fondos a cubrir aranceles regulatorios que antes no existían para ellos. La consecuencia es una presión creciente sobre estructuras ya debilitadas.

El resultado es una paradoja evidente: el Estado se retrae como financiador, pero se consolida como cobrador.


Especialistas y debate: el riesgo de mercantilización

En el ámbito científico y sanitario, este tipo de transformaciones suele encender señales de alerta. Diversos análisis en políticas públicas advierten que, cuando se reducen los recursos estatales y se trasladan costos a los propios actores del sistema, tienden a producirse efectos previsibles: disminución en la cantidad de proyectos, mayor dependencia de financiamiento externo y desplazamiento de investigaciones hacia áreas con retorno económico más inmediato.

La investigación clínica en hospitales públicos suele estar orientada a necesidades sanitarias concretas de la población y no a intereses de mercado

En el caso de la salud, el impacto puede ser aún más sensible, porque la investigación clínica en hospitales públicos suele estar orientada a necesidades sanitarias concretas de la población y no a intereses de mercado. Buena parte de la producción científica argentina en salud se genera en estos ámbitos, donde la práctica asistencial se articula con la investigación sobre pacientes reales y problemáticas locales.

Ese rasgo tiene antecedentes históricos claros. La Misión de Estudios de Patología Regional Argentina, impulsada por Salvador Mazza, desarrolló en el siglo XX investigaciones clave sobre enfermedades como el Chagas, a partir del trabajo territorial en regiones postergadas del país. Difícilmente ese tipo de investigación hubiera sido financiado por el sector privado, dado que su lógica no era la rentabilidad sino la respuesta a una problemática sanitaria concreta.

Ese mismo patrón se replica, con otras formas, en la actualidad. Hospitales públicos de referencia como el Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas combinan atención médica, formación profesional e investigación clínica orientada a enfermedades prevalentes en su población, muchas veces vinculadas a sectores sociales vulnerables y sin atractivo comercial para la industria.

El problema es que este tipo de investigación —centrada en necesidades reales y no en retornos económicos— depende estructuralmente del financiamiento público. Cuando ese financiamiento se reduce y, al mismo tiempo, se introducen costos adicionales para investigar, el riesgo no es sólo cuantitativo sino cualitativo: no sólo se investiga menos, sino que se empieza a investigar otra cosa.


Conclusión: un cambio silencioso pero estructural

Lo ocurrido entre el 27 y el 30 de marzo con el INCUCAI no es un episodio aislado ni meramente administrativo. Es la expresión concreta de un cambio más amplio en la forma en que el Estado se vincula con la ciencia y la salud: menos financiamiento directo, eliminación de excepciones históricas y expansión de esquemas de arancelamiento.

En ese nuevo escenario, el sistema deja de apoyarse en la lógica de política pública para acercarse a un modelo de servicios, donde investigar ya no sólo depende del conocimiento y la capacidad técnica, sino también de la disponibilidad de recursos para pagar por ello.

La incógnita que queda abierta es tan estructural como urgente: hasta qué punto puede sostenerse un sistema científico y sanitario público cuando se le exige autofinanciarse en un contexto de retracción presupuestaria.

 

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    El gobierno libertario, de forma muy acertada, dejó de emir deuda del Banco Central, por lo que los bancos pasaron de tener acvos del Banco Central a tener bonos del gobierno. Mágicamente apareció el mercado de pesos. Las colocaciones de deuda en pesos, otrora imposibles de rollear (refinanciar), pasaron a encontrar un abundante fondeo. Se terminó desde entonces el modelo de «emisión permanente» en el que Argentina estaba sumida desde el 2002.

    Este conjunto de mecanismos fue ordenado en  documento de trabajo del economista del Centro Cultural de la Cooperación (CCC), Estanislao Malic.  Malic cuestiona la idea instalada de que «no hubo emisión». Según este economista, la emisión no debe medirse por la impresión de billetes sino por el crecimiento de los agregados monetarios, que efectivamente aumentaron en este período. 

    «La emisión monetaria no equivale a imprimir billetes. La emisión es el aumento de saldos en las cuentas bancarias originado por el Banco Central. O sea, la población tiene más cantidad de depósitos en los bancos (cajas de ahorro y cuentas corrientes) porque lo decide el Banco Central. Los billetes físicos solo se imprimen cuando los depositantes deciden retirar ese dinero por caja o cajero automático. En términos económicos, lo relevante es el aumento de los saldos contables», explica Malic.

    «El período reciente muestra una expansión monetaria significativa, observable en las estadísticas públicas del Banco Central, especialmente al analizar la evolución de los agregados monetarios (M0, M1, M2 y M3)», agrega este economista.

    Malic, explica uno de los cambios centrales del actual modelo: «El gobierno libertario, de forma muy acertada, dejó de emitir deuda del Banco Central, por lo que los bancos pasaron de tener activos del Banco Central a tener bonos del gobierno. Mágicamente apareció el mercado de pesos. Las colocaciones de deuda en pesos, otrora imposibles de rollear (refinanciar), pasaron a encontrar un abundante fondeo. Se terminó desde entonces el modelo de «emisión permanente» en el que Argentina estaba sumida desde el 2002″.

    Pero de manera contra intuitiva, Malic no atribuye el actual repunte de la inflación a este crecimiento de la base monetaria, sino que pone en duda el vínculo mecánico entre emisión e inflación. Malic retoma la tradición de Marcelo Diamand para plantear que la inflación en Argentina responde principalmente a la restricción externa. Es decir, a la falta estructural de dólares en relación con el nivel de actividad económica. 

    Y sostiene que la dinámica actual confirma ese análisis. Los relevamientos de las consultoras que siguen la inflación ubican la inflación de marzo en en la zona del 3%, confirmando que la suba de precios se instaló en un escalón meas alto. Los alimentos explican buena parte de la aceleración: carnes y lácteos aportaron cerca del 75% de la inflación semanal en marzo. Es un dato clave porque refleja presión en la inflación núcleo, no en los regulados. 

    Malic retoma la tradición de Marcelo Diamand para plantear que la inflación en Argentina responde principalmente a la restricción externa. Es decir, a la falta estructural de dólares en relación con el nivel de actividad económica. 

    El segundo componente es la corrección de precios regulados. Pero no es un ajuste neutro. El esquema que implementó el Gobierno combina dos factores: por un lado, el costo de la energía se lleva a valores internacionales; por el otro, en transporte y distribución se fijaron mecanismos de actualización automática que corren por encima de la inflación. Eso introduce un componente inercial adicional: tarifas que indexan hacia adelante. 

    El tercer factor, y el más relevante en el margen, son los combustibles. La suba del petróleo a nivel internacional, que volvió a ubicarse en niveles de los 100 dólares el barril, recalienta toda la estructura de costos. Pero el punto clave es que el traslado a surtidor todavía es parcial. Las estimaciones del mercado muestran que el pase a precios no está completo. 

    Según distintos escenarios de consultoras, cada 10% de aumento en combustibles agrega entre 0,3 y 0,5 puntos de inflación mensual, y el traslado total pendiente podría implicar subas mucho mayores, incluso por encima del 20%. Eso implica algo central: parte de la inflación futura ya está determinada por aumentos que todavía no se terminaron de trasladar. 

    Además, el impacto de los combustibles no es solo directo. Tiene efecto de segunda ronda. Aumenta costos logísticos, transporte, distribución y producción. Es un insumo transversal que se filtra en toda la economía.  

    Según distintos escenarios de consultoras, cada 10% de aumento en combustibles agrega entre 0,3 y 0,5 puntos de inflación mensual, y el traslado total pendiente podría implicar subas mucho mayores, incluso por encima del 20%. Eso implica algo central: parte de la inflación futura ya está determinada por aumentos que todavía no se terminaron de trasladar. 

    En este contexto, no hubo un cambio reciente en la emisión que explique esta aceleración. La expansión monetaria es previa y sostenida. Lo que explica la inflación actual es otra cosa:alimentos con presión propia, tarifas con indexación por encima de la inflación, energía a precios internacionales, y una inercia que se refuerza con estos mecanismos. 

    Ese cuadro encaja con lo que plantea Malic, en línea con Diamand: la inflación en Argentina responde a la restricción externa y a la dinámica de costos. Y en ese marco aparece el punto más interesante del trabajo: cuando los precios suben por estos factores, el sistema necesita más dinero para funcionar. Es decir, la emisión acompaña a la inflación. No la explica. 

    La relación entre inflación y emisión es la inversa. En economías con inflación, el aumento de precios genera la necesidad de más dinero para sostener el nivel de actividad. El Estado gasta más en términos nominales, los bancos expanden crédito y los intereses crecen. Es decir, en muchos casos la inflación impulsa la emisión y no al revés. El debate, entonces, no es solo si hubo emisión, que la hubo, sino qué rol cumple en la dinámica inflacionaria. Y ahí es donde el diagnóstico oficial choca contra sus límites.

     

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    Kicillof cruzó el modelo económico de Milei, lo vinculó con la dictadura y llamó a defender la democracia

     

    El gobernador bonaerense advirtió sobre las similitudes entre el rumbo económico actual y el aplicado durante la última dictadura cívico-militar, y convocó a la sociedad a sostener la memoria y los valores democráticos frente al ajuste.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    En el marco de las actividades por un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, lanzó un fuerte mensaje político al repudiar el modelo económico impulsado por el gobierno nacional, al que vinculó directamente con las políticas implementadas durante la última dictadura.

    Durante su intervención, Kicillof sostuvo que el rumbo económico actual no es novedoso, sino que responde a un esquema histórico que ya mostró sus consecuencias en el país. En ese sentido, remarcó que se trata de un modelo que prioriza la especulación financiera, el endeudamiento externo y la concentración de la riqueza, en detrimento de la producción y el trabajo.

    Un paralelismo con la dictadura

    El mandatario bonaerense fue contundente al establecer un paralelismo entre el presente y el pasado: recordó que la política económica de la dictadura estuvo marcada por el endeudamiento récord, la valorización financiera y el beneficio a sectores concentrados, con un fuerte costo social para las mayorías .

    En esa línea, advirtió que las medidas actuales repiten esa lógica, con ajuste sobre los sectores populares, desfinanciamiento del Estado y debilitamiento del entramado productivo.

    Kicillof planteó que no se trata solamente de una discusión económica, sino de un modelo de país en disputa, donde se enfrentan dos proyectos: uno que prioriza al mercado y otro que pone en el centro a la sociedad.

    Defensa de la democracia y la memoria

    En un discurso atravesado por la fecha simbólica del 24 de marzo, el gobernador llamó a defender activamente la democracia, señalando que los derechos conquistados no son permanentes y pueden retroceder si no se sostienen con participación y compromiso social.

    En ese marco, insistió en la importancia de la memoria histórica para comprender el presente y evitar que se repitan experiencias traumáticas. Según expresó, el vínculo entre modelo económico y deterioro institucional no es casual, sino parte de una misma lógica de exclusión.

    Además, convocó a distintos sectores políticos y sociales a construir una alternativa que enfrente el ajuste y recupere una perspectiva de desarrollo con inclusión.

    un mensaje con proyección política

    El posicionamiento de Kicillof no solo se inscribe en la conmemoración del golpe, sino también en el escenario político actual, donde el peronismo busca reorganizarse frente al avance del oficialismo nacional.

    En ese sentido, el gobernador viene consolidando un discurso crítico del rumbo económico de Milei, al que ya había caracterizado como un modelo que “solo cierra con deuda” y que implica una transferencia de recursos hacia sectores concentrados en detrimento de las mayorías .

    La intervención de Kicillof, entonces, no solo recupera la memoria histórica, sino que la proyecta hacia el presente como herramienta política: una advertencia sobre los riesgos de repetir recetas del pasado y un llamado a defender la democracia en un contexto de fuerte conflictividad social.

     

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