Mediante una charla abierta realizada en el Galpón de las Artes de Villa Regina, músicos y músicas de la localidad pudieron interiorizarse sobre el Banco de la Música Provincial. La jornada estuvo a cargo del presidente del Instituto Nacional de la Música, Diego Boris, y el secretario de Estado de Cultura de Río Negro, Ariel Avalos. De la actividad participó también la Directora de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina Silvia Alvarado.
Río Negro se convirtió en la primera provincia en sancionar un Banco de la Música provincial, es por esto que el presidente del INAMU, se reunió con trabajadores y trabajadoras del campo cultural musical para compartir la experiencia del Banco de la Música Nacional e Independiente.
La Municipalidad de Villa Regina, a través del Área Mujer y Diversidad, llevó adelante un encuentro con Diana Arbelaiz, Coordinadora del Programa Acercar Derechos (PAD) Río Negro. El objetivo es informar y poner en marcha el programa para fortalecer el acceso a derechos y al sistema de justicia de mujeres y LGBTI en situación de…
Una vez más, como cada día de la semana el Barrio Santa Rita de la localidad de Villa Regina se encuentra sometido a la indiferencia de un vecino aserradero del barrio. Muy cerca se encuentra una institución deportiva a la que concurren jóvenes de todas las edades de diferentes puntos de la región. Aquí las…
La presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, promulgó finalmente este domingo la ley sancionada que establece que las elecciones generales se realizarán el 6 de septiembre próximo, después de que el parlamento con mayoría opositora advirtiera que lo haría si la mandataria se negaba. Áñez sostuvo que “nunca” tuvo interés en prorrogar su gestión. “De…
Karina Milei y los primos Martín y Lule Menem le tendieron una trampa a Patricia Bullrich con el tratamiento de la ley de inviolabilidad de la Propiedad Privada, el ambicioso proyecto de Federico Sturzenegger que terminó desflecado por el rechazo de los senadores aliados a los capítulos más importantes. La hermana presidencial ordenó al ala política del gobierno que todos se quedaran quietos cuando supo que no estaban los votos y sacrificó la ley para que pierda la ex ministra.
Fuentes cercanas a uno de los gobernadores cercanos a la Casa Rosada aseguraron a LPO que no hubo un solo llamado de los funcionarios para pedir que acompañen al bloque oficialista en la Cámara Alta. A diferencia de lo que sucede cuando se acercan sesiones complicadas para los libertarios, esta vez ningún ministro del gabinete de Javier Milei levantó el teléfono para comunicarse con los jefes territoriales.
LPO había anticipado que Patricia no tenía los votos pero que aseguraba que contaría con el respaldo suficiente para aprobar la iniciativa. Fue Diego Santilli el que se enteró por boca de la salteña Flavia Royón que no estaba dispuesta a inclinarse por la positiva ante el proyecto de Sturzenegger, recién el miércoles a la mañana.
Para ese momento, empezaron a caer como una avalancha los anuncios de los gobernadores Osvaldo Jaldo, Rolando Figueroa y Hugo Passalacqua sobre su rechazo al capítulo de extranjerización de la tierra, lo que redundaba en el voto negativo de la tucumana Beatriz Ávila, la neuquina Julieta Corroza y los misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce.
Contra la inacción del gobierno, el peronismo se movió en bloque y fue implacable. Sergio Massa contactó a los gobernadores para persuadirlos de voltear la ley, Máximo Kirchner estuvo en conversaciones con los santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano, Juliana di Tullio y José Mayans se ocuparon de hablar con sus colegas del Senado y los diputados Germán Martínez y Cecilia Moreau también intervinieron.
Frente a la inacción del gobierno, el peronismo se movió en bloque y fue implacable. Sergio Massa contactó a los gobernadores para persuadirlos de voltear la ley, Máximo Kirchner estuvo en conversaciones con los santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano, Juliana di Tullio y José Mayans se ocuparon de hablar con sus colegas del Senado y los diputados Germán Martínez y Cecilia Moreau también intervinieron.
Uno de los legisladores que participó de los cabildeos le dijo a LPO que las charlas se produjeron en simultáneo durante dos momentos diferentes, con dos objetivos bien claros. Entre las 7 y las 14 del miércoles, las discusiones del peronismo con los aliados del gobierno giraban en torno de los artículos vinculados a la venta de tierras a extranjeros, mientras que el jueves, desde la mañana y hasta las 23, se enfocaron en la pelea para derribar las modificaciones a la ley de manejo del fuego.
La imagen de seis peronistas pesados interviniendo en una discusión de una ley contrasta con la foto de Patricia, en la conferencia de prensa del martes, acompañada solamente por Nadia Márquez, un alfil de Martín Menem, el fueguino Agustín Coto y el puntano Bartolomé Abdala. Ningún jefe de bloque aliado quiso posar en la foto en el Salón de las Provincias con Bullrich en la tarde del martes, cuando sacaban cuentas entre ellos y veían que los libertarios no podían ganar.
Acaso por eso Bullrich cargó contra los Milei cuando salió del Congreso en la madrugada de este viernes, después del fracaso legislativo con el proyecto deshidratado de Sturzenegger. Su primera respuesta para analizar la derrota fue culpar a los que sostuvieron a Manuel Adorni y la especulación de que, en aquel momento, podrían haber aprobado la ley con los capítulos que esta semana le podó la oposición.
Incluso, el video que la legisladora publicó en sus redes este viernes, donde se la ve moviéndose por el recinto entre los senadores, está musicalizado con el tanto La Rosca. La frase que eligió para el posteo dice: «el tango no se baila solo». El mensaje está dirigido a los Milei.
Contra la inacción del gobierno, el peronismo se movió en bloque y fue implacable. Sergio Massa contactó a los gobernadores, Máximo Kirchner a los santacruceños, Juliana di Tullio y José Mayans se ocuparon de sus colegas Germán Martínez y Cecilia Moreau también intervinieron.
Fuentes de la Rosada contaron a LPO que Karina buscaba que el proyecto se hundiera para que Bullrich perdiera también, sin contemplar que la caída afecta a todo el gobierno. Pero también la ex ministra ensayó un deslizamiento que la perjudicó al final, fruto de su temeridad para ir por todo en la política: cuando desde el entorno de Santiago Caputo le recomendaron que retirase el capítulo de tierras para salvar la ley, la senadora desoyó la recomendación y se embanderó en defensa de la ley de Sturzenegger, justo en la peor semana del ministro de Desregulación.
Para colmo, el vacío que le hicieron desde Balcarce 50 a su jefa de bloque en la relación con los gobernadores lo llenaron sin empacho los peronistas. «Tuvimos muy buena receptividad, incluso entre los que nos decían que no podían votar como planteábamos», comentó uno de los dirigentes que participó de la jugada.
Tanto activismo generó irritación en La Plata bajo la especulación de que la maniobra era para reposicionar a Massa, algo que disfrutan entre cristinistas y massistas. En el entorno de Axel Kicillof están convencidos que cada movimiento de sus rivales en la interna es en contra suya, aunque esta vez el objetivo cumplido de derribar capítulos enteros de la ley desmonta cualquier argumento.
Ningún jefe de bloque aliado quiso posar en la foto en el Salón de las Provincias con Bullrich en la tarde del martes, cuando sacaban cuentas entre ellos y veían que los libertarios no podían ganar.
Incluso, hay quienes adjudican a Massa la detección de los negocios de Joaquín Benegas Lynch que sirvieron como argumento para la impugnación que elaboró Di Tullio contra el entrerriano para que no vote por conflicto de intereses. De hecho, el libertario terminó reconociendo la incompatibilidad denunciada y, en medio del nerviosismo, calificó de tibios e ignorantes a los aliados, detonando la relación de una mayoría parlamentaria resquebrajada.
Fue en ese momento que el santacruceño Carambia le manoteó el teléfono a Gadano para mandar el mensaje de audio diciéndole a Benegas Lynch en el grupo de WhatsApp de «los 44 de Bullrich» que se fuera «a la concha de su hermana».
Al cierre de esta nota, Di Tullio y Gadano compartían un raíd de actividades políticas en Tierra del Fuego junto a la senadora peronista Cándida Cristina López, la anfitriona, y sus colegas Alicia Kirchner, Carlos Linares y Fernando Salino.
Linares, Di Tullio, Gadano, Alicia Kirchner y Salino.
Mauricio Macri habló por teléfono con Karina Milei para acercarse al gobierno tras meses de distanciamiento y acordó con la hermana del presidente la creación de una mesa política que debutará este jueves en la Rosada.
La mesa la integrarán Diego Santilli y Lule Menem, por el lado del gobierno, y Cristian Ritondo y Fernando de Andreis, de parte de Macri. Curiosamente, tres cuartas partes de la mesa proviene del PRO, como el 80% de los ministros de Milei, pero Macri no es quien toma las decisiones.
Las milanesas compartidas por Macri y Milei quedaron en el recuerdo. El líder del PRO tuvo que ir al pie de Karina, a quien menospreciaba en los comienzos del gobierno libertario, y el presidente se recluyó en Olivos delegando en su hermana toda la gestión.
El propio Milei le admitió este miércoles a Infobae que quien toma las decisiones es la mesa política, que no comanda él sino su hermana. Como explicó LPO, la mesa vino a suplir las reuniones de gabinete por decisión de Karina.
Fuentes al tanto de la conversación entre Macri y Karina dijeron a LPO que no se debatirá sobre la suspensión de las PASO sino que sólo se hablará de acuerdos políticos.
El principal interés de Macri es que los libertarios no le saquen el control de la Ciudad. Jorge Macri está permeable a un acuerdo con La Libertad Avanza, que incluiría dejarles la vicejefatura de gobierno a cambio de que lo ayuden a reelegir en la Ciudad.
El primer damnificado con la creación de esta mesa es Hernán Lacunza, que sólo días atrás lanzó su candidatura presidencial por el PRO, pese a que ni siquiera está afiliado al partido amarilo.
La otra perjudicada es Patricia Bullrich, que viene del PRO como Ritondo, de Andres y Santilli, pero no fue invitada a la nueva mesa, pese a que forma parte de la mesa política del gobierno y es quien mejor mide en la Ciudad.
Un monumental recinto circular descubierto cerca de Chleby, en la República Checa, tiene unos 6.500 años de antigüedad y fue construido más de un milenio antes que Stonehenge. Sus doce accesos no estarían distribuidos al azar: los investigadores creen que fueron concebidos para observar momentos clave de los ciclos del Sol y la Luna, una evidencia que obliga a reconsiderar cuánto sabían las primeras comunidades agrícolas europeas sobre el cielo, el tiempo y las estaciones.
Por Alcides Blanco para NLI
Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de las grandes construcciones prehistóricas relacionadas con la observación del cielo, Stonehenge aparecía casi inevitablemente como el gran punto de referencia. El monumento británico se convirtió en el símbolo universal de una humanidad prehistórica capaz de levantar estructuras monumentales y relacionarlas con los movimientos del Sol. Pero una investigación arqueológica que acaba de cobrar relevancia en Europa Central introduce una perspectiva mucho más antigua: cerca de la actual localidad de Chleby, en la región de Bohemia Central, los investigadores estudian un enorme recinto construido hace aproximadamente 6.500 años, cuya arquitectura parece haber sido concebida teniendo en cuenta los ciclos solares y lunares. El sitio no es solamente anterior a Stonehenge: lo precede por más de mil años, y su existencia obliga a retroceder considerablemente el momento en que creemos que las sociedades agrícolas comenzaron a convertir sus conocimientos del cielo en arquitectura monumental.
El descubrimiento resulta particularmente llamativo por las dimensiones del complejo. El recinto tenía aproximadamente 230 metros de diámetro y estaba delimitado por un foso de más de 2,5 metros de profundidad, formando una estructura casi circular de una escala extraordinaria para una comunidad que vivió durante la prehistoria europea. Pero lo que terminó de despertar el interés de los arqueólogos fueron sus doce entradas, distribuidas de manera aparentemente irregular alrededor del perímetro. Cuando el equipo dirigido por Petr Krištuf, de la Universidad de Bohemia Occidental, comenzó a analizar con mayor precisión la geometría de esos accesos, encontró que su disposición podía formar líneas de observación relacionadas con acontecimientos astronómicos significativos. Según los investigadores, la arquitectura habría permitido seguir momentos importantes de los ciclos del Sol y de la Luna.
Un calendario construido sobre la tierra
La cuestión fundamental no es simplemente que los habitantes de Chleby miraran el cielo. Eso, en realidad, no sería sorprendente: para una comunidad agrícola, observar el cielo era una necesidad práctica. El problema consiste en determinar hasta qué punto ese conocimiento estaba organizado, transmitido y convertido en una estructura colectiva. Y es allí donde el sitio adquiere una dimensión histórica extraordinaria, porque la disposición de sus entradas parece responder a determinados puntos extremos de los movimientos celestes, lo que podría haber permitido identificar acontecimientos que se repetían según ciclos relativamente precisos.
Una de las alineaciones estudiadas por los arqueólogos estaría relacionada con las posiciones extremas de la Luna sobre el horizonte durante su ciclo de aproximadamente 18,6 años, conocido como major lunar standstill. Otra relación geométrica vincularía el amanecer del solsticio de verano con el atardecer del solsticio de invierno. Los investigadores señalan que esta segunda disposición guarda un paralelismo conceptual con el eje principal de Stonehenge, aunque eso no significa que ambos monumentos hayan tenido exactamente la misma función ni que exista una relación directa entre las comunidades que los construyeron. Lo que sí demuestra Chleby, si las interpretaciones continúan siendo confirmadas, es que la utilización monumental de los ciclos celestes aparece en Europa mucho antes de lo que la comparación tradicional con Stonehenge podía hacer imaginar.
La diferencia temporal es enorme. Los materiales orgánicos analizados permiten situar la construcción de Chleby alrededor del 4500 a. C., mientras que las primeras grandes estructuras de Stonehenge pertenecen a un período posterior, iniciado aproximadamente hacia el 3000 a. C. Esto significa que cuando todavía faltaban más de mil años para que comenzaran las primeras grandes obras monumentales de Stonehenge, en la Europa Central ya existía una comunidad capaz de transformar un espacio de cientos de metros en un complejo cuya geometría aparentemente incorporaba referencias al movimiento de los astros.
Pero sería un error imaginarlo simplemente como un gigantesco observatorio astronómico en el sentido moderno. Los arqueólogos hablan de un santuario o centro ritual, y la propia disposición del lugar parece indicar que la observación del cielo formaba parte de un sistema social y religioso más amplio. Para aquellas comunidades, el solsticio no era solamente una coordenada astronómica: podía representar un momento de transformación, el cambio de una estación, la renovación de los ciclos naturales y la organización de las actividades agrícolas. El cielo podía funcionar simultáneamente como calendario, referencia religiosa y mecanismo para ordenar la vida colectiva.
Los animales que custodiaban las entradas
Hay otro conjunto de hallazgos que refuerza la interpretación ritual del lugar. En el interior del foso fueron encontrados cráneos y cuernos de bovinos, especialmente cerca de algunas de las entradas. Los investigadores consideran posible que estos restos hayan formado parte de la decoración de los accesos monumentales, lo que introduciría un componente simbólico en la arquitectura del santuario. El toro y el ganado tenían una importancia fundamental para muchas comunidades agrícolas prehistóricas, no solamente como fuente de alimento y fuerza de trabajo, sino también como elementos cargados de significado ritual.
La presencia de estos restos permite comprender por qué reducir Chleby a un “calendario gigante” sería probablemente simplificar demasiado su significado. La astronomía estaba integrada en una cultura ritual, y esa cultura tenía una relación directa con el territorio, los animales, las estaciones y la supervivencia de la comunidad. El mismo espacio que podía servir para identificar el momento del solsticio podía convertirse en escenario de ceremonias, reuniones, celebraciones o prácticas simbólicas cuyo significado exacto todavía se encuentra fuera de nuestro alcance.
De hecho, una de las grandes preguntas que permanece abierta es precisamente qué ocurría dentro del recinto. Los investigadores están realizando análisis del suelo para determinar qué actividades tuvieron lugar allí y reconstruir cómo fue utilizado el espacio a lo largo del tiempo. El proyecto internacional en el que participan investigadores de la Universidad de Bohemia Occidental, la Universidad Carolina y la Universidad de Hradec Králové busca precisamente comprender la dinámica de utilización de estos paisajes rituales prehistóricos, diferenciando entre actividades ceremoniales, encuentros comunitarios, producción y otras prácticas que pueden dejar rastros microscópicos mucho después de que las estructuras hayan desaparecido.
Y allí aparece una de las grandes particularidades de Chleby: no permaneció congelado en el tiempo. El sitio continuó transformándose después de que el recinto original perdiera su función. Las investigaciones señalan que durante la Edad del Hierro, alrededor del siglo VIII a. C. en adelante, el antiguo santuario comenzó a ser utilizado de otra manera, hasta convertirse en una estructura vinculada al manejo del agua. Con el paso del tiempo, el espacio fue ocupado por viviendas y terminó integrado a un asentamiento ordinario. Es decir, el lugar que alguna vez pudo haber concentrado ceremonias y observaciones astronómicas terminó absorbido por la vida cotidiana.
Una revolución que empezó mirando al cielo
La importancia de Chleby no reside solamente en que sea “más antiguo que Stonehenge”. Esa comparación es útil para dimensionar su antigüedad, pero puede terminar ocultando lo verdaderamente importante. El hallazgo permite observar un momento de transformación profunda de las sociedades humanas, cuando las comunidades agrícolas comenzaron a modificar de manera permanente el paisaje, a concentrar personas en determinados lugares y a utilizar conocimientos sobre los ciclos naturales para organizar la vida colectiva.
Hace 6.500 años, los habitantes de aquella región no disponían de relojes, calendarios impresos, instrumentos ópticos ni sistemas científicos modernos, pero necesitaban responder preguntas fundamentales: cuándo llegaría una determinada estación, cuándo cambiarían las condiciones climáticas, cómo organizar los trabajos agrícolas y cómo interpretar los ciclos de la naturaleza. La respuesta estaba, en buena medida, sobre sus cabezas. El Sol y la Luna eran dos de los grandes relojes de la humanidad, y Chleby podría ser una de las evidencias más antiguas de que esos relojes fueron incorporados deliberadamente a un espacio monumental.
La comparación con Stonehenge, por lo tanto, adquiere otro significado. No estamos ante un monumento que simplemente “le gana” en antigüedad al famoso círculo británico, sino ante una prueba de que la relación entre arquitectura, ritual y astronomía tiene raíces mucho más profundas en la Europa prehistórica. Las sociedades que construyeron Chleby todavía estaban muy lejos de las ciudades, los Estados y las civilizaciones que posteriormente dominarían Europa y el Mediterráneo, pero ya eran capaces de coordinar trabajo colectivo, planificar grandes estructuras y transmitir conocimientos suficientemente precisos como para que la orientación de un conjunto monumental tuviera significado.
La arqueología suele avanzar precisamente de esta manera: no destruyendo las historias conocidas, sino obligándonos a retroceder cada vez más el comienzo de aquello que creíamos que había aparecido después. Durante generaciones, Stonehenge funcionó como una de las imágenes más poderosas de la inteligencia astronómica de la prehistoria europea. Ahora, a más de mil años de distancia cronológica, Chleby aparece como un recordatorio de que sus constructores no fueron necesariamente los primeros en mirar el cielo y convertir esa observación en una obra monumental.
Quizás la verdadera historia de Stonehenge no comenzó en Stonehenge. Tal vez comenzó mucho antes, cuando una comunidad de agricultores comprendió que el movimiento del Sol y de la Luna podía convertirse en conocimiento compartido, y que ese conocimiento podía ser escrito sobre el paisaje mediante tierra, piedra, caminos y puertas. En Chleby, seis milenios y medio después, esas líneas todavía parecen estar allí para contarnos que nuestros antepasados ya habían aprendido a medir el tiempo mirando hacia arriba.
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