¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

Esta mañana, el Intendente Marcelo Orazi hizo entrega de presentes a Mabel Sanhueza y Virginia Barresi, quienes se jubilaron hace unos días después de muchos años prestando servicios en la Municipalidad de Villa Regina.

Mabel se desempeñaba en el Departamento de Compras y Virginia lo hacía en el área de Tesorería.

El Intendente Orazi les agradeció, en nombre de todo el personal municipal y del equipo de funcionarios, por la importante tarea desarrollada durante este tiempo y les deseó éxitos en esta nueva etapa que acaban de comenzar.

Por su parte, tanto Mabel como Virginia, emocionadas, manifestaron su agradecimiento por el reconocimiento al tiempo que recordaron anécdotas junto a compañeras de trabajo.

Durante la entrega de presentes estuvieron la Secretaria de Economía y Finanzas Mirta Sánchez, la Directora de Economía y Finanzas Marta Muñoz, la Directora de Recursos Humanos Celia Riffo y la Contadora Municipal Claudia Nelli.

Te puede interesar

  • Quirno dijo que Argentina es «bioceánica» y reactivó la tensión con Chile

     

    En Chile hay enojo con Pablo Quino luego que dijera en una entrevista que Argentina es un país «bicontinental y bioceánico».  La declaración se produjo luego de la reunión bilateral que tuvo Javier Milei con José Antonio Kast en Santiago en la que firmaron una declaración conjunta en favor de la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes determinado por el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984. 

    El concepto utilizado por Quino es muy sensible para la diplomacia chilena porque es tomado como una provocaciones sobre su territorio porque sugiere que posee costas soberanas en los océanos Atlántico y Pacífico.

    El jefe de la diplomacia argentina también planteó que «hay fortalecer su presencia en el Atlántico Sur porque es el camino a la Antártida», como argumento para construir la base integrada en Ushuaia. 

    Milei y Kast se reúnen en Chile en una cumbre de la ultraderecha, pese al escándalo de Cerimedo 

    De esta manera, en Chile recuerdan que el Protocolo de 1893, complementario al Tratado de Límites de 1881, establece que la soberanía argentina se proyecta hacia las costas del Atlántico y la chilena hacia las del Pacífico. El instrumento determina que Chile no puede pretender territorios hacia el Atlántico ni Argentina hacia el Pacífico.

    Si bien no hubo expresión de parte del gobierno de José Antonio Kast, el debate público está encendido y diputados del oficialismo y la oposición presionan para que el presidente chileno tome acciones mas fuertes contra Argentina. 

    Alejandro Riquelme, diputado del partido de Kast, señaló que «rechazo categóricamente las declaraciones del canciller argentino. Argentina puede hablar de integración o corredores bioceánicos, pero eso es muy distinto a hablar de soberanía». 

    Lo preocupante es que ya se está haciendo costumbre que autoridades argentinas intenten reinterpretar, relativizar o directamente cuestionar tratados y acuerdos internacionales que resolvieron estas materias hace décadas. Los tratados no pueden respetarse solamente cuando resultan convenientes

    «Lo preocupante es que ya se está haciendo costumbre que autoridades argentinas intenten reinterpretar, relativizar o directamente cuestionar tratados y acuerdos internacionales que resolvieron estas materias hace décadas. Los tratados no pueden respetarse solamente cuando resultan convenientes», agregó. 

    Por su parte, el diputado oficialista Stephan Schubert y presidente de la comisión de Relaciones Exteriores sostuvo que «lo importante es tener claridad respecto de la intención y de los dichos de la autoridad argentina quienes han precisado que no tiene referencia con el océano Pacífico, por lo tanto es una declaración muy similar a la que nosotros hemos hecho con anterioridad y no tiene afectación respecto del mar chileno». 

    En tanto, el senador de derecha e integrante de la comisión de Relaciones Exterior , Iván Moreira aseguró que «desde hace un tiempo a esta parte hemos visto una verdadera ofensiva del gobierno argentino y nosotros seguimos poniendo la otra mejilla. Ya llegó la hora de tomar decisiones más enérgicas y no seguir avanzando con esta relación que se está convirtiendo en una relación no muy sana». 

    Desde hace un tiempo a esta parte hemos visto una verdadera ofensiva del gobierno argentino y nosotros seguimos poniendo la otra mejilla. Ya llegó la hora de tomar decisiones más enérgicas y no seguir avanzando con esta relación que se está convirtiendo en una relación no muy sana

    «Además, los compromisos y acuerdos que se han tenido con el propio Presidente Milei no se han cumplido. Por ejemplo, el famoso decreto para la derogación de este decreto, en donde, con esta política expansionista de ellos, ahora se quieren aprovechar y es que tendrían con Chile soberanía compartida», añadió. 

    Desde la oposición, el diputado  Raúl Soto indicó que «la política exterior de nuestro país está pecando de ingenuidad y amateurismo, especialmente en la relación bilateral con Argentina. La estrategia geopolítica de Argentina seguirá su curso y seguirá avanzando bajo la mirada permisiva, débil y errática del canciller y del presidente José Antonio Kast». 

    Kast deja en ridículo a Milei y negocia con los ingleses una ruta marítima a las Malvinas

    «La firma de una declaración que favorece los intereses de Argentina en gran medida, creo que fue un error y los hechos posteriores, como esta declaración del canciller declarando Argentina un país bioceánico, dan una muestra fehaciente de aquello», continuó. 

    Lo paradójico es que Quirno abrió este nuevo escenario de tensión cuando había cerrado la crisis que generó las declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Javier Valverde, cuando dijo que el Estrecho de Magallanes es argentino. En este marco, por estas horas se especula con la posibilidad que el país trasandino presente una nota de protesta y convoque al embajador argentino, Jorge Faurie.

     

  • |

    LUZ, CÁMARA… (EMPTY)

    Para muchos medios, hoy, no hay otra posibilidad en el horizonte de producción que analizar el «discursito» del presidente. Hablarán de la inexistencia de la autocrítica, la reducción de los ministerios, la falta de precisiones, a quien fue dirigido el mensaje, la inentendible «retención» a las exportaciones con un número fijo (3/4) frente a cada…

  • Bullrich suma Ficha Limpia a la eliminación de las PASO, para conseguir los votos aliados

     

    El libertario Agustín Coto convocó a la comisión de Asuntos Constituciones para este martes, con el objetivo de poner en tratamiento el proyecto de reforma política del gobierno, que tiene como objetivo eliminar o suspender las PASO. Para conseguir el apoyo de los aliados, el fueguino amplió el temario e incorporó las iniciativas de Martín Göerling Lara y Andrea Cristina del PRO, y la chubutense Edith Terenzi, sobre Ficha Limpia.

    Bullrich apuró la discusión del proyecto sin contar con los votos para la eliminación de las PASO, objetivo de Milei, pese que al interior del gobierno hay posturas encontradas sobre su conveniencia. Bullrich le ordenó a Coto que convoque a la comisión cuando se enteró que Terenzi, que responde al gobernador Ignacio Torres, pidió la preferencia para el tratamiento de su proyecto de Ficha Limpia, una jugada de los senadores dialoguistas que quieren llevarse un triunfo legislativo para la campaña en sus respectivas provincias.

    LPO reveló la semana pasada que el gobierno está decidido a suprimir las PASO pero los gobernadores le exigen a Diego Santilli, el encargado de llevar las negociaciones con las provincias, «un aval firmado» con la Casa Rosada como compromiso de que no les plantarán listas violetas en sus distritos.

    Los gobernadores le piden a Santilli un «aval firmado» para votar la eliminación de las PASO

    Por otro lado, la tensión entre los aliados y el oficialismo radica en el apuro del gobierno por cerrar el tema y sancionar la eliminación contra la especulación de los gobernadores, que preferirían aguardar hasta fin de año o febrero del 2027 para tomar la decisión mirando las encuestas de imagen de Javier Milei.

    La tensión entre los aliados y el oficialismo radica en el apuro del gobierno por cerrar el tema y sancionar la eliminación contra la especulación de los gobernadores, que preferirían aguardar hasta fin de año o febrero del 2027 para tomar la decisión mirando las encuestas de imagen de Javier Milei.

    Esas diferencias repercuten en la agenda parlamentaria, donde Bullrich tiene problemas para reunir quórum. El escándalo de Manuel Adorni, primero, y el fracaso con la extranjerización de la tierra, después, detonaron los puentes entre los bloques que habían formado una mayoría de 44 legisladores desde que asumió Bullrich.

    El jefe de la bancada peronista, José Mayans.

    Un senador peronista le dijo a LPO que «por ahora no tiene los votos el gobierno». Y explicó que votos buscarán los libertarios: «Kronerberger de La Pampa no acompaña, Göerling se manifestó en contra, Terenzi le responde a Nacho Torres y tiene una estrategia con el PRO, Maximiliano Abad y Flavio Fama de Catamarca están hablando pero no han fijado posición al respecto», precisó. 

    Toto Caputo y la UCR le voltearon a Bullrich la sesión por la ley de Biocombustibles

    Incluso, apuntó a los gobernadores. «Si Sáenz, Jalil, Jaldo y Passalacqua no avalan la iniciativa del gobierno, se les complican los votos», dijo.

    Si Sáenz, Jalil, Jaldo y Passalacqua no avalan la iniciativa del gobierno, se les complican los votos.

    Como sea, esta semana Bullrich también va por la revancha con el proyecto de Biocombustibles, frenada por la rebelión del bloque radical, dos libertarios puntanos y el secretario de Coordinación de Energía, Daniel González, un funcionario que depende de Luis «Toto» Caputo. El oficialismo aspira a modificar el dictamen impulsado por Flavia Royón, Carolina Moisés y Beatriz Ávila en medio de la sesión, si logran abrir el recinto. 

    Pero, además, los senadores libertarios quieren incorporar a la discusión la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, dictaminada el miércoles pasado en medio de la polémica de Santiago Bausili con los senadores peronistas, a los que les mintió sobre el destino del oro de las reservas. El otro expediente que intentan incluir es el de Inocencia Fiscal II. 

    Pero todavía no hay certezas sobre la convocatoria a sesionar, en un Seando que sigue muy trabado para el Gobierno. El único asunto parlamentario que funcionó de forma aceitada fue el de los pliegos de los jueces, donde hasta el peronismo terminó contribuyendo a la aprobación de las designaciones. Juan Bautista Mahiques tuvo una muñeca de la que carecen Federico Sturzenegger y Karina Milei, comentan en las bancadas dialoguistas.

     

  • Malvinas, más lejos que nunca

     

    Desde que se exhibió ese trapo maravilloso después del partido contra Inglaterra en el Mundial, distintas fuerzas políticas se hicieron eco y recuperaron el reclamo soberano por Malvinas, esa pasión que nunca nos deja. Lo que era impensable es que el Javier Milei, declarado admirador de Margaret Thatcher y quien consideraba irrelevantes a las islas, se embanderara anoche en cuanto tópico irredentista hemos sabido conseguir. Por eso, por debajo de ese humo neblinoso, debemos prestar atención a lo que viene escondido en este presente griego que parece ser la súbita conversión patriótica del presidente y de quienes ya se apresuran a no sacar los pies del plato para acompañarlo.

    Hay palabras que en Argentina nunca llegan solas. Arrastran muertos, derrotas, ilusiones y experiencias colectivas. Una de ellas es “Malvinas”; otra es “seguridad nacional”. Durante años, muchos sostuvimos la necesidad de construir una política democrática y autocrítica sobre Malvinas. No para abandonar la reivindicación soberana, sino para fortalecerla. Porque la causa no podía seguir siendo rehén de las simplificaciones patrióticas, de los reflejos nacionalistas ni de las manipulaciones partidarias. Había que rescatarla de quienes la utilizaban como consigna vacía y devolverla al terreno de la política para construir un proyecto democrático. No imaginábamos este giro. O quizás sí. Quizás estaba contenido en algunas de las contradicciones que durante décadas intentamos señalar.

    Hay palabras que en Argentina nunca llegan solas. Arrastran muertos, derrotas, ilusiones y experiencias colectivas. Una de ellas es “Malvinas”; otra es “seguridad nacional”.

    Porque lo que aparece hoy ante nuestros ojos es una escena paradójica: una causa nacional y federal degradada una vez más; las islas objetivamente más lejos que hace algunos años; la defensa convertida en justificación para nuevas estructuras de seguridad; y dirigentes de distintos signos políticos celebrando la incongruencia de un presidente que durante años despreció tradiciones fundamentales de la cultura política nacional y que ahora se presenta como defensor de los intereses argentinos.

    ¿Defensa? Mejor Seguridad

    La cuestión no es menor. Lo que se anunció en nombre de la defensa nacional obliga a formular preguntas incómodas. No solo sobre Malvinas, sino sobre el país que estamos construyendo. Porque la experiencia argentina enseña que cada vez que la palabra “seguridad” desplazó a la palabra “política”, las consecuencias fueron graves.

    Durante gran parte del siglo XX la defensa nacional estuvo asociada a una idea relativamente sencilla: la protección de la soberanía frente a amenazas externas. La existencia misma de las Fuerzas Armadas se justificaba por la necesidad de defender el territorio, los recursos y la independencia nacional. Pero a partir de los años sesenta comenzó a consolidarse otro paradigma. La llamada Doctrina de Seguridad Nacional, impulsada en el contexto de la Guerra Fría, modificó profundamente esa concepción. El problema ya no era un enemigo exterior. El enemigo estaba adentro. La amenaza dejó de identificarse con otro Estado para asociarse con conflictos sociales, organizaciones políticas, movimientos sindicales, grupos estudiantiles o cualquier actor percibido como potencialmente desestabilizador. La consecuencia fue conocida en toda América Latina. En nombre de la seguridad nacional se justificaron sistemas de vigilancia, persecución política, estados de excepción, terrorismo de Estado y dictaduras militares. La cuestión ya no era proteger a la nación sino controlar a la sociedad.

    A partir de 1983, parecía que habíamos aprendido que la defensa de la soberanía no podía separarse de la defensa de las instituciones democráticas. Hasta anoche.

    La Argentina conoce demasiado bien esa historia. La última dictadura fue la expresión más brutal de esa lógica. Y resulta imposible olvidar que la guerra de Malvinas fue, entre otras cosas, el intento final de aquel régimen por reconstruir una legitimidad que ya estaba agotada.

    Por supuesto, la causa de Malvinas no fue una invención de la dictadura. La reivindicación argentina es anterior, legítima y ampliamente compartida. Pero precisamente por eso resulta importante distinguir entre una causa nacional y los usos políticos que pueden hacerse de ella.

    A partir de 1983, parecía que habíamos aprendido que la defensa de la soberanía no podía separarse de la defensa de las instituciones democráticas. Que el patriotismo no podía quedar monopolizado por los militares y que la causa Malvinas necesitaba más democracia y no menos. Durante más de cuarenta años, con avances y retrocesos, esa convicción pareció consolidarse.

    Hasta anoche.

    El Escudo de las Américas

    Resulta preocupante observar la reaparición de un lenguaje político que vuelve a acercar conceptos que la experiencia democrática había procurado diferenciar. Cuando la reivindicación de Malvinas comienza a convivir con la expansión de estructuras de seguridad, con nuevas doctrinas de vigilancia y con alianzas hemisféricas concebidas en términos de amenazas permanentes, conviene prestar atención. Eso es lo que anunció Milei la noche del 3 de septiembre. 

    Resulta preocupante observar la reaparición de un lenguaje político que vuelve a acercar conceptos que la experiencia democrática había procurado diferenciar.

    En marzo de este año Argentina se incorporó al llamado “Escudo de las Américas”, impulsado por Donald Trump y constituye un buen ejemplo de esta situación. Los anuncios supuestamente malvineros de la cadena nacional son su capítulo más reciente.

    Presentada como una iniciativa destinada a combatir el narcotráfico, el crimen organizado y otras amenazas transnacionales, la propuesta de Trump parece responder a desafíos reales. Sin embargo, también expresa una determinada concepción del continente basada en la seguridad y que organiza la política alrededor de amenazas. Una concepción que tiende a desplazar las preguntas sobre soberanía, desarrollo, desigualdad o integración regional hacia un lenguaje centrado en el control.

    La causa nacional

    Aquí aparece una paradoja difícil de ignorar. La causa Malvinas es, en esencia, una causa de descolonización. Remite a una disputa de soberanía con una potencia extranjera, al control de recursos naturales y a la presencia militar británica en el Atlántico Sur. Está en juego la autonomía argentina para decidir sobre su territorio y sus espacios marítimos. Sin embargo, la arquitectura estratégica que hoy se presenta como marco de defensa nacional se construye alrededor de prioridades definidas fuera del país.

    La arquitectura estratégica que hoy se presenta como marco de defensa nacional se construye alrededor de prioridades definidas fuera del país.

    Mientras se reivindica la soberanía argentina, se profundiza la integración en esquemas de seguridad diseñados en Washington. Se denuncia la explotación ilegal de recursos en el Atlántico Sur y se celebra una alineación estratégica cuya principal preocupación no es la descolonización, sino la gestión hemisférica de amenazas (contra Estados Unidos). La contradicción resulta evidente. Y más aún cuando observamos el estado concreto de la cuestión Malvinas.

    Desde la derrota de 1982 las islas están más lejos que nunca de nuestras posibilidades de recuperación. Las negociaciones diplomáticas se encuentran estancadas. La presencia militar británica permanece intacta. La explotación de hidrocarburos fortalece la posición económica de los isleños y del Reino Unido.

    Mientras se reivindica la soberanía argentina, se profundiza la integración en esquemas de seguridad diseñados en Washington.

    El contexto internacional actual no ofrece señales favorables para una modificación sustancial del escenario. Frente a esa realidad, la retórica soberanista corre el riesgo de convertirse en una forma de compensación simbólica. La regla parecería ser que cuanto más lejos se encuentra el objetivo, más intensa se vuelve la apelación a lo emocional. 

    Épica

    Es un mecanismo conocido. La política cede lugar a la épica. Los resultados concretos son reemplazados por gestos. La complejidad desaparece detrás de los aplausos. Y entonces ocurre algo todavía más preocupante. La causa deja de pertenecer a la sociedad para transformarse en patrimonio de los gobiernos.

    Quien cuestiona una política específica parece cuestionar la soberanía misma. Quien formula dudas sobre una estrategia concreta es acusado de debilitar la posición nacional. La deliberación democrática se vuelve sospechosa. 

    Como señalamos, la causa nacional no se fortalece mediante unanimidades artificiales. Se fortalece mediante la discusión pública y el control democrático. Se nutre de políticas de Estado construidas sobre consensos amplios y no sobre adhesiones circunstanciales. La gran paradoja de este momento histórico es que la reivindicación de la soberanía parece reaparecer asociada a una tradición política que históricamente debilitó la capacidad de las sociedades para discutir libremente sus propios intereses.

    Ocurre algo preocupante: la causa deja de pertenecer a la sociedad para transformarse en patrimonio de los gobiernos.

    El resultado que hoy tenemos ante nuestros ojos parece condensar algunas de las peores posibilidades de la historia reciente argentina: una causa nacional y federal degradada y manipulada una vez más; las islas más lejos que nunca; la defensa convertida en argumento para ampliar mecanismos de control interno; y dirigentes de distintos signos políticos celebrando la paradoja de un presidente que durante años despreció la tradición nacional argentina y que ahora anuncia que defenderá los intereses nacionales.

    Por eso la pregunta verdaderamente importante no es qué pensamos sobre Malvinas. La pregunta es qué tipo de democracia queremos construir alrededor de Malvinas. Si queremos que la causa sirva para ampliar la participación ciudadana o para justificar nuevas formas de control. Si la defensa nacional será entendida como una política pública sometida al escrutinio democrático o como un ámbito reservado a expertos, servicios de inteligencia y estructuras de seguridad. Si aprenderemos algo de la historia reciente o si volveremos a recorrer caminos que ya conocemos demasiado bien.

    La entrada Malvinas, más lejos que nunca se publicó primero en Revista Anfibia.

     

Deja una respuesta