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¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

Esta mañana, el Intendente Marcelo Orazi hizo entrega de presentes a Mabel Sanhueza y Virginia Barresi, quienes se jubilaron hace unos días después de muchos años prestando servicios en la Municipalidad de Villa Regina.

Mabel se desempeñaba en el Departamento de Compras y Virginia lo hacía en el área de Tesorería.

El Intendente Orazi les agradeció, en nombre de todo el personal municipal y del equipo de funcionarios, por la importante tarea desarrollada durante este tiempo y les deseó éxitos en esta nueva etapa que acaban de comenzar.

Por su parte, tanto Mabel como Virginia, emocionadas, manifestaron su agradecimiento por el reconocimiento al tiempo que recordaron anécdotas junto a compañeras de trabajo.

Durante la entrega de presentes estuvieron la Secretaria de Economía y Finanzas Mirta Sánchez, la Directora de Economía y Finanzas Marta Muñoz, la Directora de Recursos Humanos Celia Riffo y la Contadora Municipal Claudia Nelli.

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    La Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo suspendió el congreso de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) que estaba previsto para este miércoles y en donde Abel Furlán buscaba su reelección al frente del gremio.

    El fallo hizo lugar a la cautelar pedida por la lista opositora a Furlán en la filial Campana, que denunció «un plan premeditado para concretar el fraude» en los comicios seccionales desarrollados a principios de marzo, a partir de la «adulteración de padrones» y «hostigamiento» por parte de «barras bravas».

    La elección de Campana es determinante ya que el triunfo en esa seccional es el que le permite a Furlán postularse a la reelección como secretario General del gremio a nivel nacional. El oficialismo se había proclamado ganador con el 85% de los votos.

    Pero, de inmediato, presentó su objeción en la Justicia la lista naranja que encabezó Ángel Derosso, que fue secretario de organización de la seccional hasta diciembre de 2025, cuando renunció por diferencias con Furlán.

     La oposición denunció irregularidades como falta de acceso y adulteración de padrones,  cambio de lugares de votación, intimidaciones a sus fiscales para forzarlos a rubricar actas contra su voluntad y hostigamiento de barras bravas

    «Tras el cierre de los comicios el 4 de marzo, se celebró inmediatamente el Congreso de Delegados para proclamar las supuestas autoridades electas sin las notificaciones correspondientes, en franca contravención al Reglamento Electoral, lo que evidencia la urgencia del Sr. Furlan para detentar un cargo que no resultó concebido legítimamente», señala la denuncia de la lista naranja, a la que tuvo acceso LPO.

    La oposición denunció irregularidades como falta de acceso y adulteración de padrones, intimidaciones a los fiscales de la lista naranja para forzarlos a rubricar actas contra su voluntad y cambio de lugares de votación.

    Furlán enfrenta un inédito desafío en su seccional de la UOM

    En ese marco, acusaron el «hostigamiento por parte de miembros de la junta electoral seccional Campana y de barras bravas que portaban camisetas azules que formaron un vallado en las inmediaciones de la sede sindical para que no puedan votar libremente los afiliados».

    En el expediente al que tuvo acceso LPO, aparecen declaraciones de operarios que denuncian no haber podido emitir su voto en la planta de Tenaris por no figurar en el padrón mientras que, en la sede del gremio, acusaron que un grupo de personas les impidieron el acceso. Muchos de esos testimonios son de trabajadores con más de 20 años de antigüedad.

    «En el gremio no se podía pasar por la cantidad de gente que a simple vista no eran afiliados», dijo un operario en su testimonio, donde definió como «muy turbia» la jornada electoral en la seccional Campana.

    Imagen que forma parte del expediente judicial y que muestra el acceso vallado a la sede de la UOM Campana.

    «No pude ingresar a la sede gremial a votar porque estaba vallado y barras bravas impedían el acceso», declaró otro operario. «Fue fraudulenta la votación», acusaron en otro testimonio.

    Frente a eso, este martes los camaristas Víctor Pesino y Dora González resolvieron suspender el congreso de elección de autoridades nacionales del gremio «hasta tanto se dicte pronunciamiento definitivo en estas actuaciones».

    También ordenaron a la UOM nacional y a la Junta Electoral Seccional Campana a «abstenerse de proclamar resultado y, en su caso, de poner en posesión de sus cargos a cualquier autoridad que hubiese sido elegida como consecuencia de esos comicios».

     «En el gremio no se podía pasar por la cantidad de gente que a simple vista no eran afiliados», dijo un operario en su testimonio y definió como «muy turbia» la jornada electoral en la seccional Campana. 

    Por eso, requirieron que se preserve todo el material electoral utilizado en el proceso de la seccional Campana, especialmente el padrón y registro de firmas de los votantes, para ser presentados ante el Tribunal.

    Como contó LPO, en la lista opositora dicen que surgieron por el disconformidad con la gestión de Furlán por cuestiones vinculadas con el manejo del gremio y la obra social, pero especialmente por el malestar que genera la falta de paritarias. En el oficialismo, por su parte, dicen que es una lista armada por Techint.

    Como sea, la controversia se da en medio de la causa que investiga a Furlán por posible defraudación y asociación ilícita a partir del contrato celebrado con la firma USEM S.A., que dirige la ex concejal camporista de Zárate Soledad Calle, cercana al líder metalúrgico y con un rol muy activo en la UOM.

    Allanaron la sede de la UOM en una causa que involucra a Furlán por presunta asociación ilícita

    Por ese contrato -que trascendió que es por más de $100 millones por mes- la semana pasada se allanó la sede central de la UOM.

    Cerca de Furlán sostienen que se trata de «una operación» electoral y una maniobra de sectores a los que desplazaron del manejo de los fondos. En tanto, este martes, 47 de las 53 seccionales de la UOM salieron con un comunicado de apoyo al secretario General.

    «Las profundas transformaciones internas que Abel Furlán promovió en su primera gestión parecen haber afectado tanto intereses económicos externos como puesto en contradicción un viejo modelo sindical con las ideas de renovación, profesionalización y transparencia en nuestro sindicato», señalaron las seccionales que apoyan la reelección de Furlán. 

     

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    Cuando un acontecimiento conmueve a una sociedad, se buscan respuestas para  estabilizarla y así contener el temor que provoca la angustia. Dependiendo de qué acontecimiento se trate, la respuesta puede demorar más o menos. Cuánto más rápido llegue, menos posibilidades de abrir el espacio para la interrogación y el despliegue de las aristas de aquello que causa escozor.

    En cuestiones de seguridad ciudadana los discursos que clausuran aparecen de inmediato: “la justicia es una puerta giratoria”, las “penas son blandas”, hay que “meter bala”. En casos de corrupción, se instala el “son todos chorros”, los “políticos son todos iguales” o “más de lo mismo”. Y así podríamos seguir casi hasta el infinito. 

    En el caso del tiroteo en una escuela de la localidad santafesina de San Cristóbal, esto sucede de forma muy fallida. Los argumentos que están más a la mano parecen no bastar. Algo de la materialidad de los hechos ofrece algunas pistas: hay un adolescente muerto y otros heridos. Hay familias para las cuales este evento marca un antes y un después en sus trayectorias vitales. Hay una escuela a la que se le exigen respuestas de manera incondicionada. Hay una comunidad que aún no sabe del todo qué habrá de duelar. Hay una brecha generacional que la aceleración tecnológica —pero no sólo— vuelve muy difícil saldar. Hay un aire familiar entre el chico que dispara en una escuela y un espejo en el que hoy muchos no quisieran verse reflejados, pero que es el norte de quien gobierna este país: Estados Unidos. 

    Entre las estrategias más comunes para explicar situaciones que provocan malestar está la imputación de “culpas” y la identificación de “culpables”. El repertorio puede ser heterogéneo pero el efecto es similar: quedarse “a salvo” de las implicancias que trae el hecho. 

    La culpa es del chico. “Un adolescente típico”. A pesar de las declaraciones de distintos docentes y personas cercanas al estudiante, algunos medios insistieron en encontrar signos que permitan psicopatologizarlo. La patologización del sujeto es un recurso útil para acallar todas aquellas conductas que ponen en escena un malestar producido por la propia sociedad. Se patologiza aquel comportamiento que pone en riesgo la actitud “esperada” por una sociedad como la nuestra, que tiende a normalizar sus propios efectos “iatrogénicos”. Entre los signos que permiten esa patologización se encuentran los cortes autoinflingidos en los brazos, una práctica recurrente en adolescentes, que bien podría conducir el debate público -como sí realizaron algunos expertos- hacia la cuestión de la salud mental como derecho humano. Más aún la cuestión de la salud mental como hecho social y político, como modo de tramitar o gestionar el sufrimiento psíquico que produce la sociedad en la que vivimos.

    La culpa es de la familia. Cuando las explicaciones psicopatologizantes se quedan cortas, se apela a la familia. El problema no es el adolescente -se sentencia- sino sus padres, uno de los cuales, además, padecería “alucinaciones” y por eso estaría medicado. Por si fuera poco, se agrega que estaría atravesando un divorcio. Este es el segundo recurso privatizador del conflicto que el drama trae a escena. La familia tradicional-patriarcal es para este sistema, en efecto, uno de sus pilares. Un desvío en el cual lo que se espera de ella -el divorcio- puede ser pensado, luego, como el causante del malestar del adolescente que lo pudo haber empujado a cometer ese acto de violencia. Una vez más, en lugar de deconstruir esa concepción hegemónica y muchas veces opresiva del vínculo, se la vuelve a afirmar al ubicar su supuesto derrumbe como el desencadenante del hecho funesto. Se tejen así las tramas que sostienen, todavía hoy, formas de sufrimiento social.

    La culpa es de los compañeros. Antes de dirigir la mirada a la institución Escuela se posa la vista sobre los “malos compañeros”. Ahora otros adolescentes serían los responsables de inducir la conducta violenta por medio de las formas de “hostigamiento” que, si bien siempre existieron -se afirma- ahora habrían escalado. Lo que en estos casos queda sin interrogar es ¿qué marcas sociales, qué índices sociohistóricos hacen posible aún hoy esas modalidades del desprecio y agresión entre pares? ¿Qué nos dicen acerca de las modalidades contemporáneas del lazo social esos modos de forjar comunidad en la agresión hacia otros? ¿En dónde se gestan esas prácticas? ¿Qué tipo de identidad se afirma en y con ellas? ¿Cuáles son los espacios propicios para desactivarlas? 

    La culpa es de las redes sociales. Se razona con alguna veracidad que son las redes sociales los catalizadores de la comunidad de castigo que, conducidas por el algoritmo, convierten a los adolescentes en autómatas de la violencia. Si bien hay mucho de cierto, eso sólo no alcanza. Las RRSS son el epifenómeno de una constelación de transformaciones sociales que debemos interrogar con más detenimiento. ¿Qué explica e implica que sea allí donde los adolescentes pasan la mayor parte de su tiempo? ¿Qué formas del lazo social se producen allí? ¿Qué voces predominan? ¿Quién establece las reglas? ¿Quién acumula en virtud de ellas?

    La culpa es de la Escuela. Quizás lo más fácil sea responsabilizar a una de las instituciones más esenciales pero también más vapuleadas de la sociedad: la Escuela. Ella sería la principal responsable de no prestar atención al individuo, cuando debe formar al ciudadano. Ella no sabría distinguir hostigamiento de bullying. Ella debería saber sobreponerse a todo lo que atenta contra ella misma para actuar como “debe hacerlo”. Como si la Escuela no formase parte de la sociedad que la acoge (y ataca); como si contara con todos los recursos presupuestarios, pedagógicos y humanos para estar a la altura de los desafíos del presente. Como si ella sola y por sí misma pudiera y debiera ser el reservorio moral de una sociedad dañada.  

    La culpa es del Gobierno. Cuando la culpa no es de la Escuela es de quienes la dejan sin presupuesto y enseña con el ejemplo a deshumanizar, a denigrar, a ningunear, a violentar a sus adversarios. Esto es cierto y no. Lo es en cuanto a  que desde hace años la Escuela está siendo asfixiada presupuestariamente, desprestigiada y deslegitimada para poder justificar esa asfixia. Pero aún así y a pesar de todo, es en las escuelas donde se produce aún ese milagro de aprender a leer, a escribir; a respetar los tiempos de los otros, a tratar a esos otros como un igual; a poner límites a los improperios, a los atropellos, al incumplimiento de las reglas y el derecho que se practica en la cúspide del poder.

    La culpa es de la comunidad. Una población pequeña que debería funcionar con la lógica propia de las comunidades, vincularse a través del sentimiento y no del interés, de la afectividad y no del cálculo, del cuidado de otros y no del desprecio, que debería ocultar las armas que usan para cazar y no dejarlas al alcance de adolescentes. Pero se olvida que esas comunidades de pequeña escala están sometidas a los mismos imperativos de las grandes urbes. Más aún, quizás en ellas y en virtud de esos mismos rasgos, los mandatos se sientan con mayor fuerza, el peso de la mirada del otro sea más incisivo, el desgaste, el agobio, el desamparo que hoy nos gobierna, se experimente de manera más intensa. ¿Qué redes de contención comunitarias podemos reforzar para evitar o amortiguar los golpes? ¿Cuáles salidas aún propicia esa pequeña escala? ¿Cuáles ya están para siempre perdidas?

    Si todavía quisiéramos encontrar más culpables, podemos señalar a ese gran Otro: el capitalismo neoliberal, que reorganiza -como dice Vladimir Saflatle- las formas del deseo, del lenguaje y del trabajo. Y nos impone, sin que muchas veces lo percibamos, desear determinadas cosas, hablar de determinado modo y trabajar bajo ciertos regímenes. Esa trama compleja está cargada de anhelos que, lejos de emanciparnos, nos atan a bienes (espirituales o materiales) que sólo nos colman de maneras efímeras. Nos hace hablar no sólo excluyendo con violencias otros lenguajes que podrían proveernos de formas de valoración heterogéneas, sino violentando todo aquello que desborde la lógica de la identidad y la identificación. Nos somete a modalidades de trabajo opresivas que, una vez normalizada la crisis, se tornan cada vez más competitivas, obligándonos a multiplicar esfuerzos hasta niveles insoportables por temor a quedar fuera del sistema. 

    Estas formas de enajenación, de violencia y expoliación sólo pueden ser gestionadas a costa de altas dosis de sufrimientos psíquico-sociales. Algunas veces esos sufrimientos se condensan en hechos que interrumpen nuestra cotidianidad a la manera en que un lapsus se cuela en la corriente continua de la conciencia, invitándonos a ir más allá de lo que creemos saber. Tener una escucha atenta como sociedad es lo menos que podemos hacer cuando estamos ante él.

    La entrada Y nosotros, a salvo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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