¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

Esta mañana, el Intendente Marcelo Orazi hizo entrega de presentes a Mabel Sanhueza y Virginia Barresi, quienes se jubilaron hace unos días después de muchos años prestando servicios en la Municipalidad de Villa Regina.

Mabel se desempeñaba en el Departamento de Compras y Virginia lo hacía en el área de Tesorería.

El Intendente Orazi les agradeció, en nombre de todo el personal municipal y del equipo de funcionarios, por la importante tarea desarrollada durante este tiempo y les deseó éxitos en esta nueva etapa que acaban de comenzar.

Por su parte, tanto Mabel como Virginia, emocionadas, manifestaron su agradecimiento por el reconocimiento al tiempo que recordaron anécdotas junto a compañeras de trabajo.

Durante la entrega de presentes estuvieron la Secretaria de Economía y Finanzas Mirta Sánchez, la Directora de Economía y Finanzas Marta Muñoz, la Directora de Recursos Humanos Celia Riffo y la Contadora Municipal Claudia Nelli.

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  • Concejal libertario cruzó a los ex combatientes que criticaron a Milei y agitó: «Si hay que ir a la guerra, se irá»

     

    Embanderado en la repentina centralidad que el Gobierno le da a la causa Malvinas, el concejal del PRO La Plata Nicolás Morzone protagonizó un escandaloso episodio en el recinto legislativo, donde cargó contra ex combatientes por criticar a Milei y desplegó una abierta arenga belicista: «Si hay que ir a la guerra, se irá», lanzó.

    En una estrategia que La Libertad Avanza bonaerense despliga en todos los concejos de la provincia, este jueves el bloque libertario presentó un proyecto de adhesión al último mensaje presidencial relativo a Malvinas.

    Durante el tratamiento de ese punto, Morzone dividió su intervención en justificar una eventual escalada bélica de las tensiones con el Reino Unido y en acusar de «agrupación kirchnerista» al Centro de Ex Combatientes (Cecim) La Plata que definió la cadena nacional de Milei como «un acto de hipocresía extrema».

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    «Es hora que las Malvinas sean reconocidas como argentinas. Y quiero decirle a los platonistas, a los idealistas, que los derechos no nacen por espasmo, los derechos se conquistan y si hay que ir a la guerra, se irá a la guerra», espetó Morzone sentado en su banca ante su mate de algarrobo con terminaciones en alpaca y bombilla al tono.

    Al hablar de un hecho «histórico» que «es producto a una alineación de rediscusión del orden político internacional vigente», el concejal del PRO se entusiasmó al punto de encontrarse cuestionando al actual titular de su partido, Mauricio Macri, por la escasez de carnalidad en la política exterior con Estados Unidos durante su mandato.

     «Desde el 83 a la fecha, ningún presidente siguió un lineamiento ortodoxo de verticalidad en términos de respaldar las políticas de EE.UU y occidente en el mundo. Los demás presidentes, incluido, me hago cargo, el de nuestro gobierno, llevaron adelante una neutralidad que no nos llevó a buen puerto», dijo. 

     Quiero decirle a los platonistas, a los idealistas, que los derechos no nacen por espasmo, los derechos se conquistan y si hay que ir a la guerra, se irá a la guerra 

    Morzone, que viene de presentar un proyecto pidiendo que la plaza Juan Domingo Perón pase a llamarse Lionel Messi, aludió al ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger para exponer su visión geopolítica en torno a Malvinas.

    «La diplomacia siempre es permanente. Ahora, cuando hay que discutir realmente el dominio, es con el cuchillo entre los dientes, preparándose para todo, para la máxima instancia», dijo el edil, al parafrasear al promotor de las dictaduras latinoamericanas en los 70.

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    Y agregó: «Celebro que el presidente de la Nación quiera llevar adelante un acuerdo con Estados Unidos para generar una gran militarización y un fortalecimiento de nuestra defensa nacional».

    Enseguida, Morzone apuntó a los ex combatientes que denunciaron que el cambio discursivo de Milei en el tema responde al «declive que tiene el gobierno tanto en gestión como imagen, recurriendo esta vez a Malvinas como el salvavidas que esconda sus miserias de corrupción y acción política de la entrega».

    «Quiero dirigirme al Cecim: ¿en qué se han transformado?, ¿quién les pide tanto? ¿La Cámpora? ¿Van a renunciar a los propios valores de la Nación que fueron a discutir? Decirle sinvergüenza, hipócrita al presidente por hacer un anuncio por lo que ellos mismos fueron a dejar su vida», dijo Morzone.

     «Han desnaturalizado una agrupación que primigeniamente se construyó para generar memoria colectiva de Malvinas en una agrupación kirchnerista y eso genera profunda vergüenza», acusó Morzone a los ex combatientes del Cecim La Plata. 

    Tras esos dichos, desde el bloque peronista salieron al cruce de Morzone, a quien acusaron de «cobarde», «sinvergüenza» y «maleducado» por arremeter contra los veteranos de Malvinas.

    Ante la escalada de vociferaciones, tuvo que intervenir el presidente del Concejo, Marcelo Galland. Sin embargo, los ánimos no se calmaron.

    «Han desnaturalizado una agrupación que primigeniamente se construyó para generar memoria colectiva de Malvinas en una agrupación kirchnerista y eso genera profunda vergüenza», acusó Morzone a los ex combatientes del Cecim La Plata.

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    Y al advertir que seguían los gritos desde la bancada peronista, fue por más contra los veteranos: «Esto no es un rancherío de Arturo Seguí, es el Concejo Deliberante». «Ponga orden o sáquela del recinto», dijo el concejal PRO en referencia a la concejal peronista Gisela Di Dio.

    Por su parte, el concejal peronista Juan Manuel Granillo Fernández hizo un desagravio al Cecim y apuntó contra Morzone: «Sería un poco más valiente decírselo en la cara en vez de vociferar aprovechando un micrófono».

    Por la fuerte tensión, se tuvo que ir a un cuarto intermedio y los cruces siguieron en los pasillos del Palacio Municipal donde funciona el Concejo.

     

  • ¿Por qué sobreviven los sobrevivientes?

     

    Fotos: Archivo Javier Sinay

    Noviembre de 2016 está terminando, el desastre aéreo se multiplica en las noticias, y me cruzo con un posteo en Facebook sobre la vida, la muerte y el viaje final del Chapecoense. Lo escribe Luã Marinatto, un periodista acostumbrado a narrar la violencia de cada día en Río de Janeiro, y yo lo leo una y otra vez:

    El lateral izquierdo, aunque no muy popular, fue citado para vestir la camiseta de la selección brasilera. El técnico, ya con mucha más experiencia, debutaría en finales internacionales, al igual que el propio club. El arquero, en una etapa excelente —ver ese balón defendido con los pies, que podría haberlo cambiado todo, es una prueba de lo frágil que es nuestra existencia—, estuvo a punto de fichar con el primer gran club de su carrera. El periodista dejó sola a su esposa, embarazada de un hijo al que no conocerá. El locutor superó un cáncer en el intestino, otro en el pulmón (con metástasis en ambos casos), una infección generalizada y un mes en coma, e incluso así volvió a trabajar. El chico de mi edad, que buscaba un lugar en la misma profesión que yo, era visto por todos como talentoso y prometedor. Otro, aún más joven, fue apodado por sus colegas «labrador humano», como Guga, por su carisma y alegría. El camarógrafo que se inició en la empresa como portero y hoy era una de las figuras más respetadas del país en la materia.

    Historias, historias, historias… Más de setenta historias interrumpidas abruptamente. ¿Jugaría el lateral un Mundial? ¿El padre creería que el hijo sería más parecido a él o a la madre? ¿Se convertiría el reportero en un referente, ganaría premios, dejaría el periodismo para abrir un bistró? Preguntas sin respuesta porque, como dice el refrán, para morir basta con estar vivo. Para sufrir y llorar también. Que tengamos fuerza. Y comprendo —de nuevo— que la línea que divide la tragedia del triunfo es borrosa, y que «tragedia» y «triunfo» son dos cuestiones quizás no completamente opuestas, quizás incluso semejantes como ramas de un mismo árbol.

    El desenlace de noviembre en Buenos Aires suele traer un aire caliente, húmedo. Esa es la atmósfera en la que encuentro el posteo en Facebook de Luã Marinatto y en la que ocurre algo más, algo importante, algo inesperado: una noche me entretengo pasando noticias en mi teléfono mientras viajo en un taxi con la ventanilla abierta y dejo que el viento me pegue en el rostro. Noticias hay. Noticias nunca faltan. Sin embargo, no recordaré ninguna de las que leí. Excepto esta:

    «¿Y si hubiese hecho el gol?», dice el jugador argentino que casi impidió la llegada del Chapecoense a la final de la Sudamericana.

    Ese es el título de una entrevista de Folha de São Paulo a Marcos Angeleri, el defensor de San Lorenzo que tuvo esa última chance en el minuto 48, y que casi logra convertir. El arquero Danilo desvió su remate con el pie. Un milagro, pensaron los fans del equipo brasilero entonces. Ahora se preguntan si no fue una maldición.

    Esa entrevista me impresiona, me conmueve, me sacude, me estremece —y un diccionario de sinónimos no será suficiente para describir el impacto. Angeleri carga en sus hombros con una pregunta sin respuesta y en esa entrevista admite lo que muchos sentimos ante las tragedias una vez que han ocurrido: la ilusión de que se podrían haber evitado. Es un dolor sin consuelo y se vuelve todavía peor porque ya no queda nada por hacer. La culpa es un garrote vil. Angeleri ha quedado estaqueado en una paradoja, en el remordimiento de algo que jamás estuvo bajo su control.

    Pensar que una jugada de fútbol puede encender o apagar tantas vidas ajenas seguramente es una trampa mental. Sin embargo, ¿no hay algo de eso? ¿Quién se animaría a negar que el fútbol tuerce la existencia de miles de seres humanos, en tantas circunstancias distintas? Después de leer aquella entrevista, no podré olvidar lo que él puso en palabras ni el abismo que abrió.

    «Lo atormenta la posibilidad de haber podido cambiar el destino», sigo leyendo en Folha de São Paulo. No sólo el de San Lorenzo, sino el de una tragedia aérea.

    Angeleri asume que es injusto consigo mismo al pensar en eso. Pero no lo puede evitar. «Cuando supe lo del accidente, fue lo primero que pensé. La oportunidad perdida. En el vestuario estaba molesto porque había tenido la oportunidad de poner a nuestro equipo en una final y darles una alegría a los hinchas. Pero lo que sucedió después va mucho más allá del fútbol. Es inevitable pensar: ¿y si hubiera hecho el gol?». Y si hubiera hecho el gol…

    La sola chance desafía las certezas del pensamiento asertivo, fáctico, lógico. Inesperadamente, un jugador de fútbol habla de metafísica y coloca a uno de los diarios más importantes de Brasil fuera del foco de lo usual, en una zona nebulosa. Por un momento, algo en el orden de lo real se deforma. Y si hubiera hecho el gol…

    Una pregunta conduce a otra: ¿existe un destino que hizo que el disparo de Angeleri fallara y que 71 personas murieran? Y si existe, ¿esa misma fuerza hizo que hubiera seis sobrevivientes? Finalmente, ¿por qué sobreviven los que sobreviven y cuál es su secreto?

    El diario Infobae reproduce las palabras de Angeleri en una nota del 30 de noviembre, y parece creer que sí, que hay un destino. Título: «Marcos Angeleri, el hombre que pudo cambiar el destino del Chapecoense».

    En Folha de São Paulo, el 4 de diciembre, el columnista Juca Kfouri escribe sobre algunos escenarios alternativos: «Si no hubiera existido la defensa de Danilo, si no hubiera existido el delito de falta de combustible, si no hubiera…».

    ¿Es el destino? ¿Es el azar? ¿Es la mala suerte? ¿Es una coincidencia? ¿Es el libre albedrío? ¿Es una simple narración? ¿Es la torpeza del ser humano o es su habilidad?

    Al día siguiente también hace calor en Buenos Aires, también hay un aura espesa. Todas esas preguntas se vuelven un solo acertijo que sigue ahí, acechando entre mis pensamientos. Acecha cuando abro los ojos. Acecha cuando vuelco un poco de café. Acecha cuando me preparo para salir. Acecha. Y continuará acechando.

    El filósofo Michael Gelven escribe en The Asking Mystery [El misterio de la pregunta] que los grandes interrogantes valen más que las grandes respuestas, y que no preguntamos para aprender, sino que aprendemos para preguntar.

    «El acto de preguntar es en sí mismo una especie de razonamiento y un recurso para encontrar la verdad», señala. Aunque hay muchas respuestas flotando entre nosotros, hay pocas preguntas sustanciales, fundamentales, correctamente planteadas. Y cuando una de estas preguntas aparece, hay un camino por delante. Escribe Gelven: «Nada —ni la fundación de los imperios, ni la división de los átomos, ni la procreación de las especies— es tan espectacular como esto».

    ***

    Destino, del latín destinare: hacer puntería, apuntar, dar en el blanco. Según la Real Academia Española, es «el encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal». En inglés hay dos palabras para «destino»: destiny y fate. El primero suele implicar un propósito, una corona esperando al final del camino. Lo que se llama fate, en cambio, es una fuerza que arrolla las voluntades. Muchas veces impone una tragedia. Azar, del árabe az-zahr: el juego de dados. Apuntar y tirar los dados: un mismo gesto de arrojo hacia un resultado que todavía no se conoce. En el minuto 48, el disparo de Angeleri fue las dos cosas a la vez —apuntó, decidió, pateó hacia un lado— y fue, también, un dado en el aire: ni él ni el arquero Danilo sabían, en el instante del impacto, hacia dónde iba a salir la pelota.

    Meses más tarde le voy a preguntar por el destino y el azar, y también por la jugada de Angeleri y el rechazo de Danilo, a un matemático, en una oficina vidriada de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Va a escuchar con atención y después de pensar un rato me dirá que las preguntas están mal hechas. 

    —Hablamos de Marcos Angeleri porque Marcos Angeleri erró el gol. Si no, no estaríamos hablando de él —dirá Pablo Groisman—. ¿Cuál era la probabilidad de que Angeeri no hiciera un gol en el minuto final y de que justo después se cayera el avión? Esas son las preguntas correctas.

    ***

    Quizás hay un extraño malentendido. Quizás somos nosotros quienes nos contamos historias que en realidad sólo existen en nuestra mente, y aun así las llamamos «destino». Quizás somos nosotros quienes queremos detener el caos en el que se mueve el mundo y alimentamos una máquina de crear cuentos a la que llamamos «predeterminación».

    Sospecho esas cosas y algunas otras, y acaso sea mejor que las sospechas nunca se confirmen, que la vida siga adelante con sus misterios. Esta no es mi tragedia, me digo. Pero hay algo que me está empujando hacia ella una y otra vez. Y las preguntas difíciles que provoca me dejan una marca. A esas preguntas sí las puedo considerar propias. En el núcleo de esta narración empiezo a compartir algo con el arquero Danilo, con el defensor Marcos Angeleri y con las personas que vivieron los hechos. Como ellos, yo también necesito saber si lo del minuto 48 y todo lo que vino después fue una gran coincidencia o qué.

    Porque ¿quién podría aceptar que un equipo modesto como el Chapecoense reciba un espaldarazo del destino —supongamos— sólo para, después, ser engullido de un mordiscón por la muerte? ¿Y qué pasaría si existiera una explicación a todo esto? ¿Y si esa explicación no fuera sólo una fantasía? No sé qué pasaría.

    Cuando uno desarma el envoltorio de una historia, a veces aparece lo imprevisto. Resulta que ibas tras la pista de un equipo de fútbol y de una compañía aérea, y de repente estás descendiendo —ya sin marcha atrás— hacia las consecuencias de un enigma tan antiguo como la humanidad: azar o destino.

    Esto es lo que se llama «serendipia».

    Buscando algo, uno encuentra otra cosa. En 1961, Gay Talese, que más tarde se convertiría en un héroe del Nuevo Periodismo Americano, escribió su primer libro, la crónica sorprendente de un paseo por su ciudad. Lo tituló Nueva York: Una jornada de hallazgos casuales (en inglés, New York: A Serendipiter’s Journey). Y ahora pienso que, de pronto, la pregunta desvelada que surge luego del desastre aéreo parece conducir a una particular jornada de hallazgos casuales: «¿Y si hubiera hecho el gol?».

    La entrada ¿Por qué sobreviven los sobrevivientes? se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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