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¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

Esta mañana, el Intendente Marcelo Orazi hizo entrega de presentes a Mabel Sanhueza y Virginia Barresi, quienes se jubilaron hace unos días después de muchos años prestando servicios en la Municipalidad de Villa Regina.

Mabel se desempeñaba en el Departamento de Compras y Virginia lo hacía en el área de Tesorería.

El Intendente Orazi les agradeció, en nombre de todo el personal municipal y del equipo de funcionarios, por la importante tarea desarrollada durante este tiempo y les deseó éxitos en esta nueva etapa que acaban de comenzar.

Por su parte, tanto Mabel como Virginia, emocionadas, manifestaron su agradecimiento por el reconocimiento al tiempo que recordaron anécdotas junto a compañeras de trabajo.

Durante la entrega de presentes estuvieron la Secretaria de Economía y Finanzas Mirta Sánchez, la Directora de Economía y Finanzas Marta Muñoz, la Directora de Recursos Humanos Celia Riffo y la Contadora Municipal Claudia Nelli.

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  • Karina le interviene a Patricia la conducción del bloque de senadores

     

    El principal saldo de la reunión de los senadores libertarios con Manuel Adorni fue la decisión del gobierno de intervenirle el bloque a Patricia Bullrich a cuatro manos. La definición fue que se arme un grupo de WhatsApp con los legisladores oficialistas, controlado por Karina Milei y Diego Santilli pero con la incorporación también de la ex ministra, para hacerle sentir el rigor de la conducción de la Casa Rosada.

    Dos fuentes del Congreso confirmaron a LPO que el tema formó parte de las conversaciones que animó el jefe de gabinete, en las tres tandas de senadores que lo visitaron este martes. «Le intervinieron el bloque a Patricia», confesaron.

    LPO había revelado que Lule Menem y Santilli habían empezado a meterse en las negociaciones con los aliados en el Senado ya durante las sesiones extraordinarias y la discusión de la reforma laboral. La incursión de esos funcionarios se produjo a pesar que la jefa de la bancada oficialista se había plantado ni bien asumió: «Al Senado no entran», les dijo.

    Sin embargo, nada los detuvo. Acaso porque no podían fiarse de la destreza política del riojano Juan Carlos Pagotto para expresar y concretar los deseos de Karina en la Cámara Alta.

    Bullrich en el Senado con Bartolomé Abdala.

    La iniciativa de lubricar la articulación entre el bloque libertario y Balcarce 50 entusiasmó al subsecretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, que habría comentado en los pasillos de la Casa de Gobierno que habría que hacer lo mismo con los aliados. 

    «Devitt quiere hacer lo mismo que Karina con el bloque libertario pero con los aliados, para coordinar por WhatsApp», dijo un funcionario a LPO en referencia al micromanagement que le aplicaron a Patricia desde la Rosada.

    En rigor, los senadores libertarios ya cuentan con un grupo de chat. La suposición de uno de los que acudió a la cita con Adorni es que «tendrían que pedirle a Patricia que los sume al que ya tenemos porque». «Si arman otro por afuera, ya es demasiado», expresó.

    Lo mejor que hice en estos 25 años fue evadir impuestos.

    Con todo, la ex ministra no se quedó de brazos cruzados. Ante la avanzada de la Rosada, Patricia buscó blindarse este miércoles con una demostración de respaldos de Federico Sturzenegger y Luis Petri, que la bancaron públicamente.

    En las reuniones que mantuvieron los libertarios y los aliados este miércoles para tratar de evitar que la oposición alcance los dos tercios para interpelar a Adorni, otro de los asuntos comentados fue la autoinculpatoria confesión del jefe de gabinete sobre la elusión de impuestos, ante la escucha atenta de los legisladores de LLA que asistieron a la Casa Rosada. «Lo mejor que hice en estos 25 años fue evadir impuestos», dijo como si se reivindicara.

    Uno de los senadores más leales fue enfático: «Manuel, no me interesa escuchar esto, yo te voy a bancar, no interpelo a los ministros de mi gobierno». Otro de los presentes fue menos condescendiente: «es el jefe de los ministros y me hizo sentir como si estuviera comiendo en una fonda para que no se me ocurra pedirle factura», dijo a su colega después de la reunión.

      

     

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    El cuento del pendrive: Adorni, Pinocho y la mentira que terminó escribiéndose sola

     

    Copete

    La historia de Manuel Adorni ya no se parece solamente a una investigación patrimonial. Se parece, sobre todo, a un cuento. Un muñeco de madera que aseguraba decir siempre la verdad, un Gepetto dispuesto a defenderlo contra cualquier evidencia, un misterioso pendrive convertido en cofre del tesoro y una enorme ballena esperando al final del camino. La diferencia es que Carlo Collodi escribía ficción. La política argentina, a veces, parece empeñada en superarla.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    Hay una razón por la que Pinocho sigue siendo uno de los personajes más universales de la literatura. Su historia no habla simplemente de un niño de madera que miente, sino de la imposibilidad de sostener una mentira indefinidamente. Cada engaño deja una marca visible. Cada intento de explicar una contradicción genera una nueva contradicción. La nariz crece porque la realidad termina imponiéndose sobre el relato.

    Manuel Adorni parece haber encontrado una versión del siglo XXI para esa vieja metáfora. En lugar de una nariz de madera, apareció un pendrive. No cualquier pendrive: según explicó en televisión, allí permanecieron guardados durante años más de medio millón de dólares en Bitcoin, un patrimonio que definió como un «trofeo» y que no había sido incorporado a sus declaraciones patrimoniales hasta que la investigación judicial y periodística comenzó a exponer inconsistencias difíciles de explicar.

    La imagen es poderosa por sí sola. Mientras el personaje insiste en que siempre dijo la verdad, la memoria USB termina ocupando el lugar que en el cuento ocupaba la nariz. Allí se almacenan archivos, movimientos, operaciones, declaraciones rectificativas y explicaciones sucesivas que modifican las anteriores. Ya no se trata solamente de una discusión contable sino de un problema narrativo: la historia original dejó de ser suficiente para explicar la realidad.

    Durante meses, el jefe de Gabinete sostuvo que su patrimonio estaba debidamente declarado y que las denuncias respondían a operaciones políticas. Sin embargo, con el avance de la investigación comenzaron a conocerse compras inmobiliarias, refacciones de alto valor, viajes, operaciones con criptomonedas y finalmente la existencia de activos que no habían sido declarados oportunamente y que luego fueron incorporados mediante declaraciones rectificativas aprovechando el nuevo régimen de regularización fiscal impulsado por el propio Gobierno.

    La paradoja política resulta inevitable. La administración de Milei llegó al poder prometiendo una superioridad moral sobre la denominada «casta», presentándose como el gobierno que venía a terminar con los privilegios, las maniobras oscuras y la opacidad patrimonial de los funcionarios públicos. Sin embargo, uno de sus hombres más importantes terminó admitiendo la existencia de cientos de miles de dólares no declarados mientras argumentaba que se trataba de una situación habitual entre los argentinos.

    Allí aparece otro personaje del cuento.

    Gepetto.

    En la historia de Carlo Collodi, el viejo carpintero construye a Pinocho con paciencia y amor, convencido de que algún día se convertirá en un niño de verdad. En esta versión política, Milei parece decidido a defender a su criatura incluso cuando el propio relato comienza a resquebrajarse. Las críticas son calificadas como operaciones, las investigaciones como persecuciones y las contradicciones como simples malentendidos administrativos. Pero ni siquiera Gepetto podía impedir que la nariz creciera cuando el muñeco elegía el camino de la mentira.

    La filosofía siempre distinguió entre la verdad y la verosimilitud. Una mentira bien contada puede parecer verdadera durante mucho tiempo, hasta que los hechos empiezan a acumularse. Aristóteles sostenía que la coherencia es una condición indispensable de la verdad: un relato que necesita corregirse permanentemente termina revelando sus propias fisuras. En política ocurre exactamente lo mismo. No es una sola explicación la que genera desconfianza, sino la necesidad constante de reemplazarla por otra.

    Cada nueva versión agrega un nuevo archivo al pendrive. Primero fue la defensa absoluta. Después aparecieron las criptomonedas. Luego llegaron las rectificaciones patrimoniales. Más tarde la explicación del «trofeo». Finalmente la apelación al régimen de Inocencia Fiscal impulsado por el propio oficialismo. El dispositivo ya no guarda solamente bitcoins: almacena una cronología completa de justificaciones que fueron modificándose a medida que avanzaban las preguntas.

    Y entonces aparece la ballena.

    En el cuento original, Pinocho termina dentro del enorme animal marino después de una larga cadena de errores. No es un castigo divino sino la consecuencia de sus propias decisiones. La ballena de Adorni podría ser su propio relato, una construcción que fue creciendo hasta volverse imposible de controlar. Cada nueva declaración intenta explicar la anterior y, al hacerlo, crea una nueva incógnita. No hay persecución capaz de fabricar esas contradicciones; nacen del propio discurso.

    Queda un último personaje por ingresar a escena.

    El hada madrina.

    En la literatura aparece para ofrecer una oportunidad de redención, pero sólo cuando el protagonista decide abandonar el engaño. En la Argentina ese papel quedará reservado para Comodoro Py, el lamentable lugar donde las verdades no importan y que avergüenzan a una Justicia. Quedará por verse si Lijo (viajecito a París mediante) acepta interpretar al hada madrina o si, por el contrario, decide que la madera siga siendo madera. Una cosa distingue a los cuentos de la realidad: en la vida pública las narices no siempre crecen, pero los patrimonios sí.

    Porque existe una sentencia que no depende de ningún tribunal. La confianza pública se construye sobre la coherencia entre lo que un funcionario dice y lo que termina admitiendo cuando las evidencias aparecen. Carlo Collodi escribió que Pinocho sólo pudo convertirse en un niño verdadero cuando dejó de mentir. La política argentina ofrece una versión distinta del cuento: un muñeco cuya nariz ya no es de madera sino un pendrive repleto de archivos, un Gepetto que insiste en defenderlo y una ballena hecha de contradicciones que amenaza con tragarse una historia que pretendía ser perfecta.

    Porque en los cuentos las narices crecen. En la vida pública, a veces, lo que crece son las explicaciones. Y cuando eso ocurre, la metáfora deja de ser literatura para convertirse en noticia.

     

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