El humus que sale del iris puede forjar un terraplén de almohadas para oídos sordos. Había crecido entre inclinaciones delicadas para desfilar durante siglos como un péndulo sin rumbo. La hora podría haber marcado las doce del mediodía. Sin embargo, el tiempo se derritió en las fauces de lo imprevisto. Anacronismos y rabietas al por mayor se vendían en el Mercado Central de la Desidia. Tenía que conducir a sus riñones hasta la luna menguante de un recuerdo. Pero no pudo soportar el eclipse de mentiras que rodeaba los intereses de un grupo de cerdos con collares de perlas. Venía de repente un sube y baja de cáscaras de libertad que se habían evaporado con el agua seca de las pretensiones desmedidas. Y ahora, ¿y ahora qué? Preguntó el olvido mientras se perdía en una extensión de precipicios y monumentos históricos.

Portada: Leonora Carrington, laberinto.

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