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GANARON LOS MILLONARIOS

Ayer y hoy perdió la academia resultado del buen juego desarrollado por «los millonarios». Los comentaristas de manera notoria expresan voluntades claramente posicionadas, de un lado Diego Latorre y del otro Alejandro Fantino, o el nombre que quieras. Todos en un mismo lugar, representando a los millonarios, por supuesto.

Es claro y clásico que aquí, el que menos importa es el que transpira la camiseta, el que juega todos los días y deja todo en la cancha. El «muñeco» hizo muy bien su trabajo. Pudieron meter 4 (u$s) pero hicieron negocio con 3(u$s) goles de diferencia. Al día siguiente pesa más, y ese 3 puede ser un 4. O bien un 5. Y la academia pierde una vez más. Y perderá más mañana que hoy.

Los comentaristas y analistas de lo evidente, no harán otra cosa que hablar bien del «muñeco«, y no solo por lo que hace en la cancha. Gestiona bien sus opciones. Tal es así, que a esta altura se merece vacaciones, por lo menos volver unos días a la montaña a descansar.

Poco se hablará de la academia, cómo es de costumbre. Es un grande por historia, pero gana poco y nada. Lo importante es que muchos de ellos mantengan la esperanza y la alegría. Es así, vivimos en un país agridulce.

Con este resultado, «la academia» está afuera, otra vez en la calle, viviendo lo agridulce, aunque mas agrio que dulce. Y otra vez un muñeco millonario es el oponente de todos. Menos de los millonarios.

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    El cuento del pendrive: Adorni, Pinocho y la mentira que terminó escribiéndose sola

     

    Copete

    La historia de Manuel Adorni ya no se parece solamente a una investigación patrimonial. Se parece, sobre todo, a un cuento. Un muñeco de madera que aseguraba decir siempre la verdad, un Gepetto dispuesto a defenderlo contra cualquier evidencia, un misterioso pendrive convertido en cofre del tesoro y una enorme ballena esperando al final del camino. La diferencia es que Carlo Collodi escribía ficción. La política argentina, a veces, parece empeñada en superarla.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    Hay una razón por la que Pinocho sigue siendo uno de los personajes más universales de la literatura. Su historia no habla simplemente de un niño de madera que miente, sino de la imposibilidad de sostener una mentira indefinidamente. Cada engaño deja una marca visible. Cada intento de explicar una contradicción genera una nueva contradicción. La nariz crece porque la realidad termina imponiéndose sobre el relato.

    Manuel Adorni parece haber encontrado una versión del siglo XXI para esa vieja metáfora. En lugar de una nariz de madera, apareció un pendrive. No cualquier pendrive: según explicó en televisión, allí permanecieron guardados durante años más de medio millón de dólares en Bitcoin, un patrimonio que definió como un «trofeo» y que no había sido incorporado a sus declaraciones patrimoniales hasta que la investigación judicial y periodística comenzó a exponer inconsistencias difíciles de explicar.

    La imagen es poderosa por sí sola. Mientras el personaje insiste en que siempre dijo la verdad, la memoria USB termina ocupando el lugar que en el cuento ocupaba la nariz. Allí se almacenan archivos, movimientos, operaciones, declaraciones rectificativas y explicaciones sucesivas que modifican las anteriores. Ya no se trata solamente de una discusión contable sino de un problema narrativo: la historia original dejó de ser suficiente para explicar la realidad.

    Durante meses, el jefe de Gabinete sostuvo que su patrimonio estaba debidamente declarado y que las denuncias respondían a operaciones políticas. Sin embargo, con el avance de la investigación comenzaron a conocerse compras inmobiliarias, refacciones de alto valor, viajes, operaciones con criptomonedas y finalmente la existencia de activos que no habían sido declarados oportunamente y que luego fueron incorporados mediante declaraciones rectificativas aprovechando el nuevo régimen de regularización fiscal impulsado por el propio Gobierno.

    La paradoja política resulta inevitable. La administración de Milei llegó al poder prometiendo una superioridad moral sobre la denominada «casta», presentándose como el gobierno que venía a terminar con los privilegios, las maniobras oscuras y la opacidad patrimonial de los funcionarios públicos. Sin embargo, uno de sus hombres más importantes terminó admitiendo la existencia de cientos de miles de dólares no declarados mientras argumentaba que se trataba de una situación habitual entre los argentinos.

    Allí aparece otro personaje del cuento.

    Gepetto.

    En la historia de Carlo Collodi, el viejo carpintero construye a Pinocho con paciencia y amor, convencido de que algún día se convertirá en un niño de verdad. En esta versión política, Milei parece decidido a defender a su criatura incluso cuando el propio relato comienza a resquebrajarse. Las críticas son calificadas como operaciones, las investigaciones como persecuciones y las contradicciones como simples malentendidos administrativos. Pero ni siquiera Gepetto podía impedir que la nariz creciera cuando el muñeco elegía el camino de la mentira.

    La filosofía siempre distinguió entre la verdad y la verosimilitud. Una mentira bien contada puede parecer verdadera durante mucho tiempo, hasta que los hechos empiezan a acumularse. Aristóteles sostenía que la coherencia es una condición indispensable de la verdad: un relato que necesita corregirse permanentemente termina revelando sus propias fisuras. En política ocurre exactamente lo mismo. No es una sola explicación la que genera desconfianza, sino la necesidad constante de reemplazarla por otra.

    Cada nueva versión agrega un nuevo archivo al pendrive. Primero fue la defensa absoluta. Después aparecieron las criptomonedas. Luego llegaron las rectificaciones patrimoniales. Más tarde la explicación del «trofeo». Finalmente la apelación al régimen de Inocencia Fiscal impulsado por el propio oficialismo. El dispositivo ya no guarda solamente bitcoins: almacena una cronología completa de justificaciones que fueron modificándose a medida que avanzaban las preguntas.

    Y entonces aparece la ballena.

    En el cuento original, Pinocho termina dentro del enorme animal marino después de una larga cadena de errores. No es un castigo divino sino la consecuencia de sus propias decisiones. La ballena de Adorni podría ser su propio relato, una construcción que fue creciendo hasta volverse imposible de controlar. Cada nueva declaración intenta explicar la anterior y, al hacerlo, crea una nueva incógnita. No hay persecución capaz de fabricar esas contradicciones; nacen del propio discurso.

    Queda un último personaje por ingresar a escena.

    El hada madrina.

    En la literatura aparece para ofrecer una oportunidad de redención, pero sólo cuando el protagonista decide abandonar el engaño. En la Argentina ese papel quedará reservado para Comodoro Py, el lamentable lugar donde las verdades no importan y que avergüenzan a una Justicia. Quedará por verse si Lijo (viajecito a París mediante) acepta interpretar al hada madrina o si, por el contrario, decide que la madera siga siendo madera. Una cosa distingue a los cuentos de la realidad: en la vida pública las narices no siempre crecen, pero los patrimonios sí.

    Porque existe una sentencia que no depende de ningún tribunal. La confianza pública se construye sobre la coherencia entre lo que un funcionario dice y lo que termina admitiendo cuando las evidencias aparecen. Carlo Collodi escribió que Pinocho sólo pudo convertirse en un niño verdadero cuando dejó de mentir. La política argentina ofrece una versión distinta del cuento: un muñeco cuya nariz ya no es de madera sino un pendrive repleto de archivos, un Gepetto que insiste en defenderlo y una ballena hecha de contradicciones que amenaza con tragarse una historia que pretendía ser perfecta.

    Porque en los cuentos las narices crecen. En la vida pública, a veces, lo que crece son las explicaciones. Y cuando eso ocurre, la metáfora deja de ser literatura para convertirse en noticia.

     

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  • Marijuan pidió la indagatoria del hermano de Adorni por mentir en las declaraciones juradas

     

    El fiscal federal Guillermo Marijuan pidió la declaración indagatoria del legislador bonaerense Francisco Adorni, hermano del jefe de Gabinete, en el marco de una causa por enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa en sus declaraciones juradas.

    La declaración jurada pedida por Marijuan apunta al segundo delito. El fiscal considera que tiene información suficiente para avanzar contra Adorni por haber mentido en sus declaraciones juradas. La decisión ahora la tiene el juez Daniel Rafecas, que debe avalar o no el pedido del fiscal.

    El hermano de Adorni volvió a corregir su declaración jurada y ahora dice que tiene menos

    Como contó LPO, Francisco Adorni tuvo que rectificar dos veces su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción porque no le cerraban los números. La investigación abarca el período 2023-2026 cuando antes de ser legislador fue funcionario del Ministerio de Defensa.

    En la última rectificación, Adorni sostuvo que tenía menos patrimonio del que había declarado al anotar una menor valuación del 50% de su casa en City Bell, que primero valuó en 67.500.000 pesos y luego en 52.600.000.

    Marijuan imputó a Adorni tras una denuncia de Marcela Pagano que detectó que el patrimonio pasó de 43.790.000 pesos en 2024 a 80.500.000 pesos en 2025. El dato que complicó al legislador es que declaró una cancelación de un crédito hipotecario por 60 millones, lo que no se condice con su patrimonio.

    Además, la justicia investiga las inconsistencias de los Adorni respecto a la supuesta herencia que recibieron de su padre. En su primera rectificación Francisco incluyó una herencia de 21 millones que no había dado a conocer anteriormente ante la OA, un número que los investigadores creen que es exagerado.

    Guillermo Marijuan

    Marijuan apunta a la omisión maliciosa de Francisco Adorni y remarca que no pudo desconocer los errores porque trabajó durante años como perito contador del Consejo de la Magistratura de la Provincia de Buenos Aires y una de sus funciones estaba vinculada a la revisión de declaraciones juradas.

    «De modo alguno podría haber desconocido o errado en la confección de sus Declaraciones Juradas Patrimoniales al asumir y desempeñar los cargos jerárquicos, como auditor interno incluso, para los que fue designado en el ámbito del Ministerio de Defensa de la Nación», sostuvo Marijuan, que dijo que en base a los elementos recabados el hermano de Adorni es «un experto en la materia.

     

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