Nuevamente el piloto de Motocross reginense Pablo Galletta hizo podio al final de una competencia. En esta ocasión en la 24° Edición del Campeonato Nocturno de Verano SX 2020 en el Motocross Club Neuquén que constó de 3 jornadas: 17 y 7 de enero, y 21 del corriente mes.
El Coliseo neuquino hace más de dos décadas que promueve competencias de alto vuelo profesional, el Nocturno no es la excepción y durante las 3 jornadas las gradas estuvieron repletas.
El ganador de los Premios E-Tapas 2019, Pablo Galletta ocupó el segundo escalón del podio detrás del senillosense Palaco Perez, un piloto que como el deportista reginense suelen ser protagonistas en todas las competencias.
Osvaldo «Palaco» Perez, ganador del Nocturno 2020
En las dos primeras fechas Galletta pudo ubicarse como seguidor de los ganadores de la jornada, y en la última siendo 4to le alcanzó para hacer podio.
«La organización del Motocross Club Neuquén es siempre espectacular, la pista estaba muy bien presentada, y como condimento, la hinchada se hace sentir. La verdad que 10 puntos todo», expresó el reginense a #LaTapa.
También participaron de la competencia y de muy buena manera, Gonzalo Salas y Luciano Richmond, ambos son jóvenes promesas reginenses en pleno crecimiento.
En sus redes sociales dijo, «contento con este resultado y eternamente agradecido con todos los que siempre me acompañan y alientan».
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Hoy parece imposible imaginar un kiosco sin una botella de Coca-Cola. Sin embargo, hubo un período en el que la bebida más famosa del mundo prácticamente dejó de producirse en el país. Detrás de aquella historia hubo una combinación de guerra mundial, restricciones al comercio internacional, industrialización y cambios en el modelo económico argentino.
Por Redacción de NLI
Pocas marcas poseen un nivel de reconocimiento comparable al de Coca-Cola. Desde hace más de un siglo logró instalarse en casi todos los rincones del planeta y convertirse en uno de los mayores símbolos del consumo global. Precisamente por esa omnipresencia resulta difícil imaginar que hubo un momento en el que conseguir una botella en la Argentina se volvió una tarea casi imposible. No fue consecuencia de un boicot ni de una decisión comercial de la empresa. La explicación se encuentra en uno de los períodos más complejos del siglo XX, cuando la Segunda Guerra Mundial alteró las cadenas internacionales de abastecimiento y obligó a muchos países, entre ellos la Argentina, a replantear su relación con las importaciones y con el desarrollo industrial.
La guerra que cambió hasta el contenido de una botella
Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en 1939, el comercio marítimo internacional sufrió una transformación sin precedentes. Los convoyes eran atacados, los barcos mercantes escaseaban y numerosos productos dejaron de circular con normalidad entre continentes. Aunque la Argentina permaneció neutral durante la mayor parte del conflicto, la economía local sintió rápidamente las consecuencias de un mercado mundial completamente alterado.
Uno de los problemas afectó directamente a la producción de bebidas gaseosas. Muchos de los insumos utilizados por la industria alimenticia provenían del exterior y comenzaron a llegar con enormes demoras o directamente dejaron de ingresar. Entre ellos se encontraba el concentrado utilizado para elaborar Coca-Cola, cuya producción dependía de una compleja red logística internacional controlada desde los Estados Unidos.
Las dificultades para importar ese componente redujeron drásticamente la capacidad de producción local. En distintas regiones del país la bebida desapareció durante largos períodos y fue reemplazada por marcas nacionales que comenzaron a ganar espacio aprovechando la escasez. Empresas argentinas incrementaron su presencia en el mercado ofreciendo alternativas elaboradas íntegramente con insumos locales, un fenómeno que coincidía con el proceso de industrialización por sustitución de importaciones que empezaba a consolidarse en el país.
La oportunidad que encontraron las industrias nacionales
La ausencia parcial de productos extranjeros no afectó únicamente a las gaseosas. También abrió oportunidades para cientos de pequeñas y medianas empresas que comenzaron a fabricar bienes que hasta entonces llegaban desde Europa o Estados Unidos. Electrodomésticos, textiles, medicamentos, alimentos procesados y una enorme variedad de artículos empezaron a producirse en territorio argentino para cubrir una demanda que ya no podía satisfacerse mediante importaciones.
En ese contexto, el mercado de las bebidas vivió una transformación notable. Numerosas marcas regionales crecieron gracias a esa coyuntura y algunas lograron consolidarse durante las décadas siguientes. La competencia obligó incluso a las multinacionales a revisar sus estrategias una vez finalizada la guerra, incrementando la producción local para reducir la dependencia de las importaciones.
El episodio demuestra hasta qué punto un conflicto internacional puede modificar aspectos aparentemente menores de la vida cotidiana. La falta de una simple botella en un almacén reflejaba, en realidad, profundas alteraciones del comercio mundial y del funcionamiento de toda la economía.
Mucho más que una gaseosa
Con el fin de la guerra y la normalización progresiva del comercio internacional, Coca-Cola recuperó rápidamente su presencia en la Argentina. La expansión del consumo masivo durante la segunda mitad del siglo XX terminó convirtiéndola en una de las marcas más difundidas del país. Sin embargo, aquel episodio quedó como una muestra de que incluso las compañías más poderosas pueden verse condicionadas por los grandes procesos históricos.
La historia también invita a una reflexión más amplia. Durante décadas, la Argentina debatió qué grado de dependencia debía tener respecto de las importaciones y qué sectores estratégicos convenía desarrollar localmente. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial mostró que las crisis internacionales podían interrumpir el abastecimiento de productos considerados cotidianos y reforzó la idea de construir una industria capaz de responder a esas contingencias.
Hoy, cuando la globalización vuelve a mostrar signos de tensión por conflictos geopolíticos, guerras comerciales y problemas logísticos, aquella historia adquiere una actualidad inesperada. La desaparición temporal de una gaseosa puede parecer una anécdota menor, pero detrás de ella se esconden preguntas mucho más profundas sobre la producción, la soberanía económica y la capacidad de un país para sostener su abastecimiento cuando el mundo deja de funcionar con normalidad.
La ministra de seguridad Alejandra Monteloliva acordó que los hinchas argentinos no puedan ingresar a la cancha con banderas o remeras que hagan referencia a las Islas Malvinas.
La funcionaria explicó que funcionarios argentinos acordaron representantes de FIFA, el FBI y las policías de Estados Unidos e Inglaterra las normas de seguridad para el partido entre Argentina e Inglaterra.
«Tuvimos una reunión y definimos que no se podrá entrar a la cancha con contenido provocativo», dijo Monteoliva en FM Now. Cuando la consultaron si el reclamo de soberanía por las Islas entraba entre las prohibiciones, respondió que sí.
«Banderas con las Malvinas es contenido político. No pueden ingresar banderas con contenido político. Sí bandera argentina o inglesa. Pero nada que contenga algún mensaje que pueda provocar algún tipo de situación», agregó.
«No se puede prohibir un canto o taparle la boca a la gente», dijo sobre la posibilidad de entonar canciones que expresen el reclamo argentino por Malvinas.
Horas antes, el vocero presidencial Adrián había dicho en conferencia de prensa que no sabía si Javier Milei seguía teniendo o no un retrato de Margaret Tatcher en su escritorio.
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