Fin de semana en La Hormiga

Este fin de semana La cooperativa La Hormiga Circular te ofrece una agenda variada.

DURANTE EL MES DE AGOSTO VELVET PRESENTÓ EL CICLO SONORO VISUAL, SEED; EN EL HALL DE LA  COOPERATIVA ARTÍSTICA.
VIERNES 20 SE PRESENTA «IVAN LOZANO» DJ / PRODUCTOR PATAGÓNICO. QUIEN ACTUALMENTE DESEMPEÑA SU TRABAJO EN BUENOS AIRES CAPITAL, EN LOS EVENTOS MÁS DESTACADOS.
ESTE PROYECTO, PONE EN CONTRAPOSICIÓN, LAS FORMAS DE EJECUTAR LA MÚSICA Y NOS MUESTRA, A TRAVÉS DE UN MOVIMIENTO INTERNO, COMO EL AMBIENTE, EL ALREDEDOR ES PARTE DE TODO.SEED, ES UN CICLO PARA DEJAR HUELLA.
LA PRODUCCIÓN VISUAL, EN CONJUNTO CON LA ESTÉTICA, ESTARÁN A CARGO DE MATIAS LEMUSIC, PAKO SOLO E INES SOTO.

*****

SABADO 20 MASTER CLASS STAND UP. DICTADO POR JULIAN SABISKY Y MATIAS ACUÑA.INICIA 10 AM Y FINALIZA 14 HS.COSTO $2000

No hace falta experiencia previa; solo ganas de divertirse mientras adquirís herramientas para divertir y hacer reír al resto.
Tampoco hay que ser gracioso para hacer Stand up sino solo tener algo que contar y todos tenemos algo que contar
Ideal para:
– Gente que quiera explotar su parte graciosa
– Personas que quieran mejorar su oratoria
– Romper con la timidez
– Gente que quiera divertirse con personas que también la quieren pasar bien.

Que se va a ver en la masterclass?
Se arranca desde 0, desde la hoja en blanco y se brinda herramientas para:
– Potenciar nuestra creatividad
– Ver de manera original aquello que nos rodea en la vida cotidiana
– Técnicas para hablar en público
– Las mejores formas de generar chistes y técnicas para
conseguir la comicidad con lo que hablamos
– Mejorar nuestra capacidad de improvisar

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SABADO 20I LOVE STAND UPDESDE 21 HS, UN SHOW DE VARIOS ESTILOS, PARA TODO EL MUNDO.PARA MAYOR INFORMACIÓN CONTACTARNOS POR REDES SOCIALES.

Cada comediante uno con su estilo particular que nos lleva a un recorrido de estilos humorísticos; desde el humor más inteligente hasta el absurdo total.

Temáticas variadas sin bajadas de linea ni temáticas que puedan molestar a nadie… la idea es que te relajes durante un show y disfrutes de reírte sin parar.

El Stand up es una excelente alternativa teatral para despejar la mente de una manera divertida y distendida. Con una excelente crítica de todos aquellos que vinieron a vernos.

Los comediantes tienen distintos estilos además de ser los profesores de Stand Up en Paseo la Plaza (la cuna del stand up) y cada uno con su propio monólogo tocan temas de la vida cotidiana con un tono humorístico, reflexionando y haciendo reír al público.

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    ¿La justicia social es un robo? La utopía extrema detrás del dogma de Milei

     

    La afirmación de Milei de que “la justicia social es un robo” no es novedosa ni revolucionaria: es la versión más radical de una corriente libertaria minoritaria que la historia económica, la experiencia democrática y los grandes líderes del siglo XX pusieron en discusión. Desde Friedrich Hayek hasta Robert Nozick sostuvieron críticas conceptuales a la redistribución, pero incluso las democracias más capitalistas del mundo terminaron incorporando impuestos progresivos y políticas sociales como condición de estabilidad.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La frase de Milei se inscribe en una tradición ideológica específica: el libertarismo radical, una corriente que considera que cualquier redistribución forzada por el Estado vulnera el derecho de propiedad. Sin embargo, cuando esa tesis se contrasta con la experiencia histórica concreta de las naciones desarrolladas, el resultado es contundente: no existe un solo país moderno que funcione sin algún grado de justicia social institucionalizada.


    El origen intelectual: una tesis extrema y minoritaria

    El economista austríaco Friedrich Hayek tituló directamente uno de sus libros The Mirage of Social Justice. Allí sostuvo que el concepto de justicia social es un “espejismo” porque el mercado no tiene voluntad moral; por lo tanto, no puede ser justo ni injusto. Para Hayek, intentar corregir resultados del mercado implica abrir la puerta a una expansión del poder estatal.

    Más explícito fue el filósofo estadounidense Robert Nozick, quien escribió en Anarchy, State, and Utopia que “taxation of earnings from labor is on a par with forced labor”, es decir, que gravar ingresos es equiparable al trabajo forzado. Esa es la raíz conceptual más cercana a la frase de Milei.

    Pero incluso dentro del liberalismo clásico estas posiciones fueron discutidas. Milton Friedman, muy mencionado por Milei, por ejemplo, defendía el mercado pero aceptaba el impuesto negativo a la renta como mecanismo para asistir a los más pobres. Es decir, reconocía que algún tipo de red de contención era necesaria para que el sistema no colapsara socialmente.

    El problema es que el libertarismo puro funciona como construcción teórica, pero carece de evidencia empírica en Estados complejos y democráticos.


    La experiencia histórica: sin redistribución no hay estabilidad

    Las grandes democracias capitalistas del siglo XX no avanzaron hacia menos Estado luego de las crisis, sino hacia más regulación y más políticas sociales.

    Tras la Gran Depresión producto del derrumbe de la bolsa en 1929, Franklin D. Roosevelt sostuvo con claridad que “necessitous men are not free men”, es decir, los hombres necesitados no son hombres libres. El New Deal no fue una concesión ideológica: fue una respuesta pragmática para salvar al capitalismo de sí mismo.

    En Europa, incluso líderes conservadores comprendieron la necesidad de incorporar justicia social como principio organizador. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido construyó su Estado de bienestar con consenso transversal. La experiencia mostró que sin cohesión social, el mercado se vuelve políticamente inviable.

    El filósofo John Rawls, en A Theory of Justice, planteó el llamado “principio de diferencia”: las desigualdades solo son aceptables si benefician a los más desfavorecidos. No se trata de igualitarismo absoluto, sino de una arquitectura institucional que garantice legitimidad.

    La historia económica moderna es clara: los países más desarrollados combinan mercado con impuestos progresivos, servicios públicos universales y mecanismos de redistribución. Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón y los países nórdicos aplican impuestos a la renta, sistemas previsionales solidarios y políticas de bienestar. Ninguno abrazó el ideal libertario puro.


    El caso argentino: justicia social como pacto democrático

    En la Argentina, la justicia social no fue una consigna abstracta sino una reorganización concreta del vínculo entre capital y trabajo impulsada por Juan Domingo Perón. Derechos laborales, aguinaldo, vacaciones pagas y movilidad social ascendente no surgieron de la espontaneidad del mercado, sino de decisiones políticas.

    Reducir ese proceso histórico a la categoría de “robo” implica desconocer que toda organización estatal moderna se basa en impuestos. Sin impuestos no hay educación pública, no hay infraestructura, no hay sistema judicial, no hay defensa, no hay estabilidad monetaria.

    El propio desarrollo del capitalismo industrial necesitó del Estado para expandirse: desde la construcción de ferrocarriles hasta la financiación de universidades y sistemas científicos.


    Una consigna más ideológica que aplicable

    La idea de que la justicia social es un robo parte de una concepción absoluta del derecho de propiedad. Pero en la práctica, ningún país desarrollado sostiene esa tesis en términos absolutos. Incluso los modelos de baja presión fiscal mantienen impuestos indirectos, gravámenes corporativos y algún tipo de política social.

    La pregunta central no es si existe redistribución —porque existe en todos los Estados modernos— sino qué nivel de redistribución garantiza estabilidad sin ahogar la actividad económica.

    Los grandes líderes del siglo XX no abolieron la justicia social: la institucionalizaron como parte del contrato democrático. La experiencia histórica demuestra que cuando la desigualdad se vuelve extrema, el resultado no es más libertad sino más conflicto.

    La frase de Milei, lejos de ser una novedad disruptiva, revive una discusión teórica que ya fue puesta a prueba. Y la evidencia empírica indica que las sociedades más prósperas no eliminaron la justicia social: la regularon, la administraron y la integraron como herramienta de cohesión.

    El libertarismo absoluto puede funcionar como consigna. Pero solo es una utopía sin aplicación real en el mundo fuera de la imaginación descontrolada de Milei.

     

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