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Mercado Libre sufrió un duro golpe en Wall Street luego de presentar los resultados del primer trimestre de 2026. Las acciones de la compañía se desplomaron 12 por ciento pese a que la empresa mostró un crecimiento récord en ingresos y una fuerte expansión tanto en comercio electrónico como en servicios financieros.
La compañía reportó ingresos netos por 8.845 millones de dólares, un incremento interanual de 49 por ciento, el mayor ritmo de crecimiento desde 2022. Además, el volumen total de pagos de Mercado Pago alcanzó los 87.200 millones de dólares, mientras que el volumen bruto de mercadería trepó a 19.000 millones.
Sin embargo, detrás de esos números apareció el dato que encendió las alarmas del mercado: la rentabilidad volvió a quedar por debajo de las expectativas. La ganancia neta fue de 417 millones de dólares y el ingreso operativo cayó respecto al mismo período del año anterior.
La propia empresa explicó que decidió priorizar inversiones de largo plazo por encima de los beneficios inmediatos. Entre esas apuestas aparecen la expansión del crédito de Mercado Pago, mayores inversiones logísticas, reducción de umbrales de envíos gratis en Brasil y un avance más agresivo sobre el comercio transfronterizo.
Ese mensaje no conformó a Wall Street. La reacción negativa reflejó que parte del mercado empieza a cansarse de una compañía que mantiene tasas de crecimiento extraordinarias, pero que sigue resignando rentabilidad para expandirse.
La contradicción es evidente. Mercado Libre crece a velocidades poco comunes para una empresa de su tamaño y sigue ganando participación en América Latina, pero justamente esa expansión es la que deteriora sus números de corto plazo.
Parte del mercado empieza a cansarse de una compañía que mantiene tasas de crecimiento extraordinarias, pero que sigue resignando rentabilidad para expandirse.
Brasil aparece como el principal foco de esa tensión. Allí la compañía está acelerando inversiones para competir contra bancos tradicionales y otras plataformas de comercio electrónico. El problema es que esa estrategia presiona cada vez más sobre los márgenes.
En el mercado, además, aparece otra discusión de fondo: hasta qué punto es sostenible intentar replicar el modelo de Amazon en una región mucho más inestable. Mientras Jeff Bezos construyó su expansión en Estados Unidos, Mercado Libre opera en economías atravesadas por inflación, volatilidad cambiaria y crisis recurrentes.
Las dudas no fueron casuales. El portafolio de crédito de Mercado Libre creció 87 por ciento interanual y alcanzó los 14.600 millones de dólares. Además, la compañía reconoció que extendió deliberadamente la duración promedio de sus préstamos personales de 5 a 8 meses para captar nuevos segmentos de clientes.
«Estamos alcanzando segmentos donde tenemos que trabajar con spreads más pequeños o donde el riesgo es mayor», admitió Martín de los Santos, CFO de la compañía, durante la presentación de resultados.
El problema es que el contexto regional ya empezó a mostrar señales de tensión. En Argentina, el crecimiento del crédito fintech vino acompañado de mayores niveles de mora y deterioro en la capacidad de pago de los hogares, especialmente en sectores subbancarizados. Según Daniela Bossio, del Grupo Moneda Desarrollo y Equidad, la mora que registran las familias con el ecosistema Fintech alcanzó el 28,4%
La contradicción es evidente. Mientras la empresa mantiene tasas de crecimiento extraordinarias y suma millones de usuarios, parte del mercado comienza a preguntarse si ese crecimiento no se está comprando demasiado caro.
La empresa está resignando rentabilidad para acelerar expansión, pero sigue aumentando usuarios, volumen de pagos y generación de caja a una velocidad impresionante.
Sin embargo, en el mercado también aparecieron voces que interpretaron el desplome como una oportunidad de entrada. Un operador financiero que sigue de cerca el papel explicó a LPO que buena parte de Wall Street está castigando la caída de márgenes sin mirar que Mercado Libre continúa mostrando métricas de crecimiento muy difíciles de encontrar en compañías de semejante tamaño.
«La empresa está resignando rentabilidad para acelerar expansión, pero sigue aumentando usuarios, volumen de pagos y generación de caja a una velocidad impresionante», señaló.
Según esa visión, el foco debería estar menos puesto en el último balance y más en la capacidad de Mercado Libre para consolidar posiciones dominantes en América Latina.. «En la región todavía queda muchísimo mercado por capturar. Ecommerce, billeteras digitales y crédito online siguen teniendo niveles de penetración bajísimos comparados con Estados Unidos o Europa», afirmó.
«Mercado Libre es una acción pensada para comprar y mantener durante muchos años, porque la propia compañía está construyendo una lógica de largo plazo. Por eso, una caída fuerte como esta debería tomarse como una oportunidad de entrar a precios más atractivos» cerró el operador.
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La Dirección de Tránsito y Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina ha llevado adelante en distintas instituciones educativas de nivel medio la campaña ‘Primavera sin estrellas amarillas’ con la finalidad de concientizar y reflexionar sobre ciertas conductas que como conductores de vehículos y peatones se tienen arraigadas en la cultura vial, convencidos de…
La IA establece: “un aluvión es un flujo rápido y violento de lodo, agua, tierra y escombros que desciende por laderas, quebradas o cauces, arrastrando materiales sueltos […] estos deslizamientos pueden causar graves daños materiales y personales debido a su gran capacidad destructiva y velocidad”. Aluvional es un buen adjetivo para definir a los tiempos que corren y a Play, la obra de Matías Umpierrez que durante más de 110 minutos nos arrastra a una narración rota a través de retazos —textuales, visuales, sonoros—, de tecnologías anacrónicas, de lenguas marginales recortadas sobre el fondo de una hegemónica, de marionetas antropomórficas de gatos, de cabezas desmembradas, de escenas de crimen. El efecto es hipnótico y la fascinación que produce es dilemática. Dejarse arrastrar por ella es ceder a la vocación destructiva de la que la misma obra advierte: fascinación y fascismo comparten una misma raíz. La fascinación provocada por la exposición constante al exceso y flujo de estímulos indiferenciados, grises, causa la indolencia humana. Se trata de una desjerarquización no liberadora sino opresiva, en la medida en que erosiona el valor de la autoridad y el efecto de frontera de la verdad.
La fascinación liberada por la tecnología —de la que los tecnofascismos son expertos— al deshacer los límites entre realidad-ficción, literalidad-metáfora, verdad-mentira instituye el mayor de los escepticismos —como nos recuerda Play a través de Arendt— que es el terreno donde arraiga el fanatismo. Sobreponerse a esa saturación es el desafío al que invita Play. Hacer pausa. Suspender el flujo para interrogar las clasificaciones, identificar a cuáles de ellas quedan pegados ciertos afectos que incitan formas de la violencia y sobre cuáles esos mismos afectos resbalan. Una pausa para habitar la desorientación y la angustia, para decir no a la solución psicotrópica fallida que busca silenciar el trauma provocado por las guerras. Interrumpir esa aceleración aluvional que Play trae a escena como praxis política o última chance que sensibilice y haga lugar para el advenimiento de un régimen de poder y dominación diferente al de la hipnocracia.
Las lenguas
Las lenguas se mezclan, son emitidas por diferentes dispositivos cuando no son pronunciadas por el actor (y autor) de Play. Sin embargo, no todas tienen igual peso. El inglés domina, en tanto el español, el alemán, el francés, el ruso, el chino, el japonés le siguen en saga. Otras, como el mapuzungun, el suajili, el norcoreano están ahí para producir interferencias. Se triunfa en inglés pero se fracasa en español (latino). Se señala el artificio de la lengua pero sin renunciar a su prescindencia. Se juega con las variaciones de sentido que puede producir un desplazamiento en el significante. De la apropiación revolucionaria de los Tupinambá por Oswald de Andrade a la torsión del “Tupí or not Tupi this is de question” del poema shakesperiano.
De esa intraducibilidad de las lenguas que condensa la incomunicabilidad de las experiencias colectivas pero singulares es deudora Play. Vocablo para el cual, señala el autor: “No existe traducción […] se imprimió globalmente como un posible código de orden social: jugar, reproducir, tocar, movimiento, maniobra, pieza teatral […]. Tocar la sensibilidad del pueblo. Ejecutar una maniobra que construya ‘cambio’. PLAY es una invitación al origen de la palabra, al descubrimiento, a una forma de interpretar el mundo. PLAY […] pone en tensión la realidad y la ficción, el orden y el caos […] PLAY no sólo inicia; reproduce y transforma”.
El mito
El mito fue y sigue siendo uno de los recursos culturales más antiguos (y eficaces) para, en el seno del caos, ordenar, clasificar y justificar las jerarquías sociales. Ellos trabajan sobre relatos orales y escombros de historia, sus motivos suelen ser tan recurrentes como sus desplazamientos. Para interpretarlos se reclama más de un sentido.
En Play el mito se encuentra desde el inicio —no podía ser de otro modo— para señalar un momento anterior a la caída donde reinaba la convivialidad amorosa (entre seres humanos pero también con la naturaleza), el entendimiento pleno y la abundancia. En ese reino sin escasez ni propiedad privada, la ley no era necesaria. A esa edad de oro sólo le siguió una lenta pero inexorable degradación. ¿Qué provocó la caída? Play no lo explica, pero lo sugiere: un odio mal direccionado. El resentimiento de un unicornio que no supo diferenciar al verdugo del señuelo; que confundió a la doncella utilizada para generar su acercamiento y confianza, con los cazadores que sólo la usaron como instrumento para masacrarlo. De esos equívocos está hecha no sólo Play sino la historia.
En efecto, Umpierrez se inspira en el reconocido historiador Robert Darnton y en su libro La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa (1984)para nombrar las partes de su obra. Como Darnton, un clásico de la historia cultural, el autor de Play “piensa utilizando cosas y todo lo que la cultura le ofrece” para aproximarse al tiempo oscuro que busca explicar. A pesar de la diferencia de estatuto del archivo del que ambos echan mano es posible reconocer en Umpierrez ese gesto de Darnton de alumbrar una época de opacidad y de transición en la cual la revolución era inanticipable.
La ciudad como texto (I) recoge el mito de Coney Island (EE.UU., 1916) como una narrativa de poder capaz de realizar arquitectónicamente el sueño de un orden eficiente, de consumo y prosperidad. Como si aquella ciudad que Darnton leía bajo el prisma de una procesión de corporaciones múltiples de finales de 1700 se hubiera reducido 200 años después a la supremacía de una corporación económica que fagocita cualquier otro “orden” imaginable que se le contraponga, convirtiendo a todo lo que su avidez devora a imagen y semejanza de sí mismo. La antropofagia como movimiento creativo y de resistencia anticolonial es refuncionalizado por la violencia del capital.
La ciudad —como orden de justificación de las injusticias y violencias del capital, como dirían Boltanski y Chiappello— no sólo está hecha de obnubilantes rascacielos sino del brillo de Hollywood que busca llevar a escena otra masacre: la de 32 adolescentes de una escuela de Virginia. Ese brillo impide ver no sólo la precarización de quienes allí trabajan sino el destino de quienes procuran luchar contra las violencias de los desalojos y la persecución. En esa ciudad vigilada el descubrimiento de las lógicas de explotación que lo sostienen, antes que conducir a una reconciliación promisoria, llevan a la catástrofe. Los escombros que ella deja, como único consuelo, serán recogidos en silencio por los que callaron ante las atrocidades.
Violencias
Si no hay justicia que haya venganza, aunque no sea redentora sino mítica. En medio de un mundo distópico que hace del valor de la libertad la coartada para la miseria, la opresión, el imperialismo y la guerra, los puntos de fuga se angostan. Otra vez se produce un desplazamiento: se sacrifica al animal con derechos en lugar de al amo con privilegios. Se masacra al débil molesto, se sobreactúa la parodia del juicio popular, para seguir reproduciendo el sistema de explotación normal. De La gran matanza de gatos (II) hacia la reproducción del abuso sexual, la expurgación de homosexuales o la exhibición orgullosa de la esclavitud.
Nada parece trastocar, sin embargo, el modelo aspiracional de la masa expoliada: todxs queremos comprar la casa propia, conseguir un buen trabajo, tener una oportunidad de éxito. Y todo, mientras ocurre Gaza a cielo abierto, índice histórico de una especie humana que devino genocida y que evidencia —como dice Segato en Play— que “la Ley es el poder de muerte”. Y todo mientras los líderes de la ultraderecha dicen preocuparse por la baja en la tasa de la natalidad, replicando viejas teorías conspiranoicas que revitalizan ideas paranoicas del “gran reemplazo”. Y todo mientras los drones realizan el trabajo “limpio” del aniquilamiento y a los soldados les resta el trabajo sucio de comunicar los decesos. Pero La anatomía de la ciudad de las letras (III) produce el silenciamiento. No sólo lo hace a través de las dictaduras, los fascismos históricos y la represión. También se sirve de la cultura de masas, de canciones que enseñan que “hay que cerrar la boca para vivir mejor”. Así, del silenciamiento producido por las bombas de Malvinas o de cualquier otra guerra al quitarse la vida para “no ver, ni oír, ni hablar” hay menos pasos de los que uno imagina.
Revolución
¿Puede nacer la poesía de la sumisión, del dominio y de la opresión? No hay respuesta fácil. Hay una inquietud y algo inquietante. Una doncella, adolescente, es usada como carnada y se vuelve injustamente depositaria del odio. Un adolescente denuncia que le han devorado el alma y dirige su odio hacia otros 32 adolescentes, sus (mal) presuntos verdugos. Unos niños y adolescentes hijos de obreros son conducidos al esplendor de la ciudad, siendo luego engañados y asesinados cuando la batalla entre sus padres y los dueños estalla. Otro niño es incitado al suicidio cuando al desobedecer una orden de la madre descubre el secreto de los lobos, expertos del engaño. Un adolescente se enamora de un chatbot al punto de romper todo otro lazo y perderse para siempre quitándose la vida. Una muy joven mujer negra es esclavizada y vejada por una familia aristocrática. Dos adolescentes jóvenes amigos son enviados a la guerra sin ninguna formación y al detonar un cañón quedan sordos de por vida.
La adolescencia es ese lugar de transición, de umbral e indeterminación que emerge como metáfora de la fragilidad, pero también de potencia de algo que pudo y aún podría ser. En ese aún no ser, puede gestarse un ser-de otro-modo-al que estamos en apariencia destinados a ser. Ese momento de indeterminación, en algún sentido de incertidumbre, puede sacar sus fuerzas de la infancia de la que busca distanciarse (Dice Pedro Lemebel: “La infancia siempre es una pérdida en algún sentido. Debe ser por la alegría o por el optimismo con que uno la vive, aunque sea pobre, aunque sea proletario. Después se vive con la idealización de la infancia, que quizá no fue tan maravillosa, pero uno la recuerda bajo esa idealización”).
Quizás habitando esa incertidumbre con la alegría de quien juega podamos escapar de “una sociedad rota, atrapada en la repetición, como si cada vida quedara suspendida en un karma que obliga a aferrarse a un único modo de vivir para ser feliz” (Play). Cuando el curso normal parece conducir a cruzar “una línea y convertirse en asesinos” o a “darse su fin con un simple tiro en la cabeza” una conspiración revolucionaria puede hacer toda la diferencia.