Entrevista a Damián Carrasco, integrante de la banda Koisur.

Koisur festejando sus tres años. Junto a “Carne de Rey” (Gral. Roca), “The Moñock” (Plottier), “Hormigas” (Nqn) y “Clavo” (Nqn) – Sábado 26 de Abril 17:00 hs. – Plaza de los Próceres

¿Cómo se organizó esta presentación junto a bandas regionales?

La idea primigenia se me ocurrió en el transcurso de estar trabajando en la Pre-Confluencia y en la Fiesta de la Confluencia de Neuquén, a fines de Enero y principio de Febrero. Muchísimo movimiento en Neuquén y eran jornadas de estar asistiendo, operando, a ocho espectáculos por día. En ese momento estábamos laburando con mi colega el Charito Achares, en el backline. En Neuquén hay un equipo muy competitivo, muy profesional, que son los chicos de “La Toma Récords”, que a su vez son los músicos de “La Estafa Dub”, y hoy por hoy están haciendo “La Estafa Punk”, acaban de sacar un disco también. Por lo general ellos son un equipo muy fuerte, muy sólido, son tres personas, que es el “Chakal” Navarro, que hace la operación del PA, que es lo que escucha el público; después está el Primo, que él hace monitoreo, todo el adentro; y después está el Lucho Ferri, que él hace el stage, propiamente dicho. Y nosotros con el Charito, el trabajo que hacíamos era de backline, ofrecerle los instrumentos y el equipamiento para los músicos que venían a tocar.

En paralelo al trabajo propiamente dicho, yo fui tirando un par de líneas a las bandas que me interesaban, vi cosas super novedosas, los neuquinos la verdad que están en un nivel de profesionalismo para hacer las cosas que está buenísimo. Entonces me traje esa idea para acá. Al primero que le comenté más o menos la idea que me había traído fue Erson, y yo le iba comentando la idea y le brillaban los ojitos a, yo le decía, de esta idea de la Confluencia, estaría bueno hacer como una fecha, acá tipo un Confluir.

Nuestro Festejo de los 3 Años, que básicamente es el hilo conductor de la fecha, del sábado 26 de Abril, la idea justamente fue invitar a bandas que no sean de Regina. Para poner en el escenario propuestas musicales que la gente de Regina no conozca. Entonces es una suerte de que la mayoría de los chicos no han venido a tocar acá, entonces se va a dar un encuentro entre el público que no los conoce y gente que no ha venido a tocar, eso vendría a ser como la idea, la premisa, y son todas bandas que tocan temas propios.

¿Por qué decidieron hacerlo al aire libre?  

La idea de hacerlo al aire libre y con entrada libre y gratuita es justamente para que la gente que tenga ganas de ir se acerque y pueda consumir un espectáculo sin más, digamos, para que la cuestión económica no sea por ahí un obstáculo. Entonces empezamos a hacer un par de reuniones, de esto hace como 45 días, con la gente de la Municipalidad, pidiéndole el permiso para ocupar el lugar público que sería la Plaza de los Próceres, de muy buena predisposición ellos nos dieron el ok, y por su parte convocaron a un par de carros gastronómicos y a artesanos para que se pudiera compartir la fecha, para darle incluso un valor un poco más allá de lo meramente artístico. Respecto del sonido y la iluminación lo vamos a hacer con mi colega de Patagonia Backline, el Charito Achares.

¿Cuál es la grilla de presentaciones para mañana?

Lo que tenemos preparado para mañana, va a presentar primero Clavo, que es una banda de punk hardcore un poco extremo, ellos son de Neuquén capital. Después se subirían al escenario Los Hormigas que son de Neuquén capital, entiendo que esta banda cuando los chicos de Cambria tenían la Base Bar, vinieron a tocar, pero hace cosa de 15, 20 años atrás, ellos tuvieron ahí un cambio de integrantes, y de alguna manera el nexo con esa banda es el hermano de Marco Jesús, y en esta cuestión de querer compartir fecha también nos pareció copado compartirlo. Tenemos a Marco que es nuestro guitarrista, si su hermano toca en una banda, está buenísimo poder compartirlo. Después están los chicos de The Moñock, que ellos son de Plottier, el contacto ahí es Tito Carrizo, el cantante. Él también es un técnico que yo me lo encuentro en Neuquén, vamos a trabajar al Casino, a la Expo Plottier, algo en Mood, siempre está Tito. Ellos tenían una complicación de horario porque uno de los integrantes está saliendo muy sobre la hora, así que, si todavía no llegaron, capaz que vamos a tomar nosotros su lugar para esperarlos y para que eso no sea un trajín. Después de The Moñock nos subiríamos nosotros, Koisur de Villa Regina, y van a cerrar los chicos de Carne de Rey, que en particular, a mí, es una de las bandas que más me gusta de la zona, de todo lo que hay para elegir, Carne de Rey es un bandón y ahí participa uno de mis mejores amigos, una de las guitarras es Daniel “El Pelado” Ramírez, es un tipazo, tuvimos proyectos en común, incluso vivimos juntos un tiempo en Neuquén, cuando estuvimos estudiando Saneamiento Ambiental hace 20 años atrás.

No hablaste de costos. ¿Cómo se sostienen parte de los gastos?

Mira, eso es bastante crucial, entender que todos los actores involucrados, arrancando por el sonido y la iluminación de Patagonia Backline, se sumó Roxana Chanqueo, que es una iluminadora de Regina, los chicos de Clavo, los chicos de The Moñock, los chicos de Carne de Rey, Hormigas, y nosotros, no hay plata de por medio. Esto fue apalabrado y cuando los chicos nos devuelvan alguna fecha, va a ser más o menos en las mismas condiciones. No hay plata de por medio por una cuestión de que logramos hacerlo así, y por eso tampoco le queremos poner una entrada para el recital. Porque sucede mucho que, cuando se junta el arte con lo económico, lo económico termina como ensuciando un poco la cuestión artística. Como te digo, a todos los actores involucrados les pareció bien que hiciéramos una cuestión de honor por el hecho de la fecha en sí, y que nosotros, de parte nuestra estamos contentos de festejar este tiempo de ensayos, de juntadas, de encuentros, y que todos tengan ganas de venir hasta acá para participar, también nos parece súper copado, y ojalá también que diversos grupos humanos puedan ver que muchas veces la concreción de las cosas tiene más que ver con hablar y proyectar, y decir las cosas claramente, que simplemente ir en busca de un monto económico.

¿Algo más sobre la fecha de mañana?

Invitarlos a todos, la convocatoria es para la gente que se quiera dar una vuelta a ver una tarde de rock acá en Regina. Son cinco bandas, se pueden traer algo para sentarse, para estar cómodos, porque va a ser un tirón de un par de horas largas. Y un abrigo por si hace frio. Esperemos que esté un poco más lindo que hoy, que está bastante ventoso y nublado. Pero lo hacíamos ahora al aire libre, antes de que llegue el frio, o lo teníamos que pensar ya para Noviembre o Diciembre.  Y aprovecho para agradecer a toda la gente que está haciendo posible este evento.

¿Qué es Koisur cómo banda? Y cómo transcurrieron estos 3 años que están celebrando.

Koisur es un grupo o una banda de rock alternativo que combina dentro de sus composiciones otros estilos musicales como el bossa nova, el tango, el jazz, el metal. Dentro de la banda somos Lini Herrera en la voz principal, Marco Jesús en guitarra y coros, Erson Olate en batería y percusión, Dave Cabeza en batería y percusión y yo Damián Carrasco en el bajo y coros. Estamos cumpliendo tres años, nosotros los primeros ensayos los tuvimos ahí los últimos domingos del mes de Abril de 2022. El primer año transcurrió compartiendo domingos, tocando y afianzando los covers que cada integrante sugería. El segundo año básicamente fue de integrantes que se fueron al tiempo que otros llegaron, se estabilizó así la formación actual y desembocamos en la producción de las primeras canciones propias. El tercer año que es el que acabamos de cumplir, se basó en dejar atrás los covers para centrarnos directamente en nuestras músicas, comenzando con la dinámica de componer la música que queríamos tocar, trayendo la real sonoridad original que nos representan como grupo artístico, mientras continuaba consolidándose el grupo humano. La idea para el cuarto año, luego de concretar este recital del 3° Aniversario, es plasmar de manera lo más profesional que se pueda esta primera tanda de canciones para darle forma así a nuestro primer material de estudio.

Sos consciente, lo hemos charlado muchas veces, que uno de los problemas de las bandas es justamente entre el tercer y el cuarto año.

Claro, mira nosotros para llevar tres años de ensayo y producción musical la verdad que hemos salido más bien poco, yo contabilizaba el otro día y tocadas en público tenemos siete u ocho, no es mucho, pero porque hay mucho disfrute en el ensayo. La cuestión de los domingos (días de ensayo), esta cuestión de llevar una base nueva, de decir arreglemos este tema o no me cierra esto, la cuestión de que el ensayo sea nutritivo por ahí te saca la carga de estar planificando un recital, porque cuando estás saliendo mucho a tocar focalizas en ese playlist de 12 o 14 temas y a veces no salís de ahí, si bien es un laburo bastante redundante porque tenés que ensayar mucho lo que le vas a presentar al público. En cambio, esta situación más del laboratorio sonoro que se va proponiendo en los ensayos hace que sea muy nutritivo y como decir, bueno, no están dadas las condiciones. Seamos realistas, hace cosas de dos años, quizá tres, que no hay muchas posibilidades para tocar acá, más ahora que lugares como Kuyén cerraron, que en Binarius, si bien es un lugar reducido, los chicos (Leandro y Jackie) tienen la mejor de las ondas, también dejaron de hacer espectáculos. Entonces hacer nuestro Aniversario al aire libre básicamente se justifica porque no hay lugares reales donde llevar a estas bandas a tocar, porque es la realidad, no hay lugar, entonces lo hacíamos al aire libre o directamente no hacíamos nada.

En Koisur, conviven músicos de distintas edades o generaciones.

Exactamente, tenemos un arco de edades en la banda que es, Lini y Erson están en los 25 más o menos, Dave ya está caminando los 30 y con Marcos, el guitarrista, ya pasamos los 40. Pero todos coincidimos en una cuestión, que, si no están dadas, esta es una frase típica, si para ir a tocar a un lugar, las condiciones son menores que en la sala de ensayo, nos quedamos ensayando.

Sabíamos que ensayan mucho y no se presentan frecuentemente. Así que mañana es una gran oportunidad para escucharlos en vivo. ¿Podríamos compartir algún tema de ustedes?  

Sí, totalmente. Es un instrumental titulado Ataxia.

– Abril 2025 –

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  • La crisis minera se agrava y las canteras aceleran despidos, retiros y recortes salariales

     

    Se agrava la crisis de la producción de granito triturado en medio del derrumbe de la construcción privada y la parálisis de la obra pública. En Olavarría, son numerosas las canteras que exponen números en rojo y aceleran un proceso de recorte de personal.

    Fuentes del ámbito minero consultadas por LPO revelaron que el sector está trabajando a un 30% de su capacidad operativa y que llegó al punto límite de tener que vender muy por debajo de los costos de producción solo para poder pagar salarios. Ahora, ya se habla de despidos y retiros voluntarios.

    En ese contexto, muchas canteras temen un horizonte de quiebra, con ARCA como su principal acreedor a partir del aumento de los pasivos impositivos. Eso, a pesar de que el Estado mantiene con la mayoría de ellas deudas millonarias, fundamentalmente a través de Vialidad Nacional.

    «En lo que queda del año no hay ningún empresario de la construcción que vea una perspectiva de movimiento. Mientras tanto, hay canteras que solo trabajan cuando tienen gasoil para echarle a los equipos. Es preocupante», dijo una fuente al tanto de panorama crítico de la minería olavarriense.

    A esa foto se suma la parálisis cementera, con Loma Negra que decidió pasar el invierno con su horno principal apagado en la planta L’Amalí de Olavarría para mitigar los elevados costos operativos proyectados en los meses donde el impacto de las bajas temperaturas se montan al frío recesivo.

    Loma Negra apaga su horno principal hasta noviembre por la baja actividad y los costos del gas

    De acuerdo al último índice de costos realizado por la Asociación Pymes de la Construcción de la provincia de Buenos Aires (Apymeco), el despacho de cemento mostró en junio una baja del 0,8% respecto del mes anterior y una caída más pronunciada, del 1,4%, respecto del año pasado.

    Frente a la escalada de la crisis, en las últimas horas se conoció que la cantera Galasur esta en una situación «muy complicada» y proyecta despidos. Según, el sitio local En Línea Noticias, la empresa planteó 27 desvinculaciones, aunque advierte no tener espalda financiera para pagar las indemnizaciones.

    Crecen los despidos en las canteras por el freno a la obra pública

    En otra firma de la región, Canteras Argentinas, se habla de un acuerdo con los trabajadores que contempla reducciones salariales, percibiendo solo la mitad del sueldo de forma registrada, algo que, por lo pronto, no cuenta con el acompañamiento del gremio minero AOMA que alerta por la inconsistencia legal de esa salida provisoria a la crisis.

    En tanto, en la cantera Ana Rita avanzan con un esquema de retiros voluntarios que por lo pronto abarcaría a una veintena de trabajadores.

    Frente este panorama crítico, en el sector también analizan acuerdos de suspensiones en las que los trabajadores percibirían un porcentaje de sus salarios.

     

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    El día que Buenos Aires quedó a oscuras: la electricidad que cambió para siempre la vida porteña

     

    La llegada de la electricidad transformó Buenos Aires mucho más allá del alumbrado público: modificó el trabajo, el transporte, los hogares y la vida nocturna de la ciudad.

    Por Redacción de NLI

    En 1931 se apagó el último farol alimentado con alcohol de la Ciudad, ubicado en Villa Lugano

    Hoy resulta casi imposible imaginar una Buenos Aires en la que encender una luz no fuera un gesto automático, en la que una calle pudiera quedar prácticamente a oscuras después de la puesta del sol y en la que las actividades económicas, culturales y sociales estuvieran condicionadas por la disponibilidad de iluminación natural. Sin embargo, durante buena parte del siglo XIX esa era la realidad cotidiana de los porteños, y la transformación que posteriormente produjo la electricidad fue tan profunda que terminó modificando no solamente la manera de iluminar una habitación, sino también los horarios de trabajo, el funcionamiento de las fábricas, el transporte, los espectáculos, la actividad comercial y hasta la percepción que los habitantes tenían de su propia ciudad. La electrificación de Buenos Aires fue, en definitiva, una de las grandes revoluciones silenciosas que construyeron la metrópolis que conocemos actualmente.

    La electricidad no apareció de golpe ni llegó a todos los hogares al mismo tiempo, sino que atravesó un largo proceso de experimentación, inversiones y construcción de infraestructura que acompañó la modernización acelerada de Buenos Aires durante las últimas décadas del siglo XIX. Antes de convertirse en un servicio cotidiano, fue una tecnología extraordinaria que se utilizaba en demostraciones, instalaciones particulares y determinados espacios públicos o comerciales, mientras que la iluminación urbana dependía fundamentalmente de sistemas basados en el aceite y, posteriormente, en el gas. El verdadero cambio comenzó cuando la generación eléctrica pudo combinarse con redes de distribución suficientemente amplias como para llevar energía desde las centrales hasta distintos puntos de la ciudad, porque la revolución no consistía simplemente en inventar una lámpara eléctrica, sino en construir un sistema capaz de hacer que millones de personas pudieran encenderla cuando quisieran.

    Antes de la electricidad, la noche era otra cosa

    Durante siglos, la oscuridad había impuesto límites concretos a la actividad humana. En una ciudad como Buenos Aires, donde la vida económica y social fue creciendo rápidamente durante el siglo XIX, las alternativas para iluminar las calles y los edificios eran necesariamente limitadas. Las velas y las lámparas de aceite permitían resolver determinadas necesidades domésticas, mientras que el alumbrado público requería sistemas de mantenimiento permanente que no podían ofrecer la intensidad ni la regularidad que posteriormente alcanzaría la iluminación eléctrica.

    La incorporación del alumbrado a gas representó un avance enorme y constituyó uno de los primeros pasos hacia una ciudad capaz de prolongar su actividad después de la puesta del sol. Las calles, edificios y espacios públicos podían disponer de una iluminación mucho más potente que la ofrecida por las tecnologías anteriores, y Buenos Aires comenzó a experimentar una transformación de sus hábitos nocturnos. La aparición del gas también demostró que la iluminación urbana podía convertirse en una infraestructura permanente y organizada, dependiente de redes y empresas especializadas, y no solamente de miles de pequeñas fuentes de luz distribuidas individualmente.

    Pero el gas todavía tenía limitaciones importantes y, sobre todo, pertenecía a una etapa tecnológica que estaba empezando a quedar atrás frente a las posibilidades de la electricidad. Las grandes ciudades del mundo experimentaban entonces una carrera por incorporar nuevas formas de energía a sus sistemas urbanos, y Buenos Aires, que pretendía consolidarse como una capital moderna vinculada económica y culturalmente con Europa, no permaneció al margen de ese proceso.

    La electricidad llegó primero como una demostración de futuro

    Las primeras experiencias eléctricas porteñas estuvieron lejos de parecerse al sistema que hoy consideramos normal. Durante las décadas iniciales, la electricidad podía encontrarse en instalaciones particulares, establecimientos específicos o demostraciones destinadas a mostrar las posibilidades de una tecnología que todavía resultaba novedosa para la mayoría de la población. El problema no era solamente conseguir producir electricidad, sino encontrar una forma eficiente de distribuirla y mantener el suministro de manera relativamente estable.

    Ese aspecto resulta fundamental para comprender cualquier proceso de electrificación: una ciudad no se electrifica instalando lámparas, sino construyendo una red. Esa red necesita centrales generadoras, sistemas de transporte de la energía, estaciones de transformación, tendidos, instalaciones de seguridad y una organización empresarial capaz de mantener todo el conjunto funcionando. Cada nuevo usuario agrega demanda y obliga a ampliar la infraestructura, por lo que la electrificación se convierte rápidamente en un proceso acumulativo en el que una mejora tecnológica genera nuevas necesidades y esas necesidades impulsan nuevas inversiones.

    Buenos Aires comenzó a atravesar ese proceso mientras experimentaba una expansión demográfica y económica extraordinaria. La llegada masiva de inmigrantes, el crecimiento de las actividades comerciales, la expansión de los servicios y el desarrollo de nuevas zonas urbanas generaban una demanda cada vez mayor de infraestructura. La electricidad encontró allí un terreno particularmente favorable porque podía responder simultáneamente a necesidades muy diferentes: iluminar, mover máquinas, alimentar sistemas de transporte y, con el tiempo, hacer funcionar una enorme cantidad de aparatos domésticos.

    Cuando la luz empezó a cambiar los horarios

    La consecuencia más evidente de la electrificación fue, naturalmente, la iluminación, pero su verdadero impacto estuvo en todo aquello que la iluminación hizo posible. Cuando una ciudad consigue disponer de luz artificial abundante y relativamente estable, comienza a modificar su relación con el tiempo, porque las horas posteriores al anochecer dejan de representar necesariamente el final de la actividad.

    Los comercios podían extender sus horarios, los teatros y salas de espectáculos podían funcionar con mayor comodidad, los restaurantes podían recibir clientes durante más tiempo y las calles podían mantener una actividad nocturna que anteriormente estaba mucho más condicionada por las posibilidades de iluminación. La noche comenzó a incorporarse progresivamente a la vida económica y cultural de Buenos Aires, y con ella apareció una nueva percepción de la ciudad: una metrópolis que no necesitaba apagarse completamente cuando desaparecía la luz natural.

    Este cambio tuvo una dimensión social particularmente importante porque modificó las rutinas de una población que hasta entonces había organizado buena parte de su vida alrededor del ciclo natural del día y la noche. La electricidad permitió que el tiempo útil de una jornada se ampliara, aunque esa posibilidad también tuvo consecuencias contradictorias, especialmente en el mundo del trabajo, donde la existencia de iluminación artificial podía significar tanto mejores condiciones para determinadas tareas como la posibilidad de extender los horarios laborales.

    La fábrica ya no tenía que obedecer al sol

    La industria fue uno de los sectores que más rápidamente aprovechó las posibilidades de la electricidad. Las fábricas podían incorporar iluminación más eficiente y, progresivamente, utilizar motores eléctricos que ofrecían ventajas importantes frente a otras fuentes de energía. La electrificación industrial no solamente permitió mejorar determinadas condiciones de producción, sino que facilitó una organización mucho más flexible de las instalaciones, porque la energía podía distribuirse hacia diferentes máquinas sin depender exclusivamente de un único sistema mecánico central.

    En Buenos Aires, este proceso acompañó la expansión de una economía urbana cada vez más diversificada, en la que crecían las actividades manufactureras, los talleres y las empresas vinculadas con el consumo de una población en aumento. La electricidad permitió que la producción pudiera desarrollarse durante períodos más extensos y contribuyó a crear una ciudad industrial que necesitaba cantidades cada vez mayores de energía.

    Pero aquella transformación también planteó una contradicción que acompañaría la historia del desarrollo industrial durante décadas. La electricidad podía mejorar la productividad y las condiciones materiales de determinadas tareas, pero al mismo tiempo permitía que las empresas extendieran los períodos de funcionamiento, porque la llegada de la noche ya no constituía necesariamente una barrera técnica para continuar produciendo.

    La modernización, como tantas veces ocurrió en la historia, no tenía una única consecuencia social.

    La electricidad también empezó a mover la ciudad

    La expansión de la electricidad no se limitó a los edificios y las fábricas, porque muy pronto alcanzó otro de los grandes problemas de una Buenos Aires en crecimiento: el transporte. El desarrollo del tranvía eléctrico permitió reemplazar progresivamente los antiguos sistemas de tracción animal por vehículos que podían desplazarse mediante energía eléctrica, ampliando las posibilidades de transporte urbano y contribuyendo a la expansión territorial de la ciudad.

    Esto produjo un efecto particularmente importante porque la electrificación empezó a actuar simultáneamente sobre dos dimensiones fundamentales de la vida urbana: permitía iluminar la ciudad y, al mismo tiempo, permitía moverla. Los cables eléctricos comenzaron a formar parte del paisaje porteño y la infraestructura necesaria para sostenerlos se convirtió en una nueva capa tecnológica superpuesta sobre una ciudad que ya estaba creciendo rápidamente.

    Los tranvías eléctricos ayudaron a conectar barrios alejados del centro, facilitaron los desplazamientos cotidianos y permitieron que muchas personas pudieran vivir a mayor distancia de sus lugares de trabajo. De esta manera, la electricidad no solamente hizo posible que Buenos Aires permaneciera activa durante la noche, sino que también contribuyó a que pudiera extenderse geográficamente.

    El negocio que estaba detrás de cada lámpara

    La electrificación también generó un enorme negocio alrededor de la producción y distribución de energía. Construir centrales, tender redes y abastecer a una población creciente requería inversiones de gran magnitud, por lo que diferentes empresas participaron de un proceso en el que se fueron definiendo las características del sistema eléctrico porteño. La historia de la electricidad estuvo desde el comienzo vinculada, por lo tanto, con una cuestión que adquiriría enorme importancia durante el siglo XX: quién debía controlar una infraestructura de la que dependía cada vez más la vida de toda la sociedad.

    La electricidad no era comparable con cualquier mercancía porque una interrupción del suministro podía afectar simultáneamente a hogares, comercios, fábricas, hospitales, transportes y servicios públicos. A medida que la dependencia aumentaba, también crecía la importancia política y económica de las empresas responsables de la generación y distribución.

    Esa discusión atravesaría diferentes etapas de la historia argentina, desde la expansión de compañías privadas hasta la intervención estatal y las posteriores transformaciones del sector energético. Lo interesante es que el debate no nació recientemente: está presente desde el mismo momento en que la electricidad dejó de ser una curiosidad tecnológica y se convirtió en una infraestructura indispensable para la vida urbana.

    Cuando la electricidad entró finalmente en las casas

    La transformación más íntima se produjo cuando la electricidad comenzó a incorporarse de manera creciente a los hogares. Para una persona acostumbrada a encender una vela o una lámpara de aceite, poder iluminar una habitación simplemente accionando un interruptor debía representar una experiencia extraordinaria, pero el verdadero cambio estaba en todo lo que esa facilidad permitía hacer.

    La iluminación eléctrica eliminaba buena parte de los inconvenientes asociados al fuego, ofrecía una luz más uniforme y permitía disponer de ella inmediatamente, sin necesidad de preparar una llama. Con el tiempo, además, la instalación eléctrica doméstica abrió la puerta a una enorme cantidad de nuevos aparatos y servicios que transformarían las tareas del hogar, aunque esa segunda revolución se desarrollaría plenamente durante el siglo XX.

    Lo importante fue que la electricidad dejó de ser percibida como una demostración de lujo y comenzó a convertirse en una condición esperada de la vida moderna. Una vivienda sin electricidad empezó progresivamente a ser considerada incompleta, de la misma manera que una ciudad sin alumbrado eléctrico comenzó a parecer atrasada frente a otras capitales.

    La tecnología había conseguido algo fundamental: transformar lo extraordinario en cotidiano.

    La infraestructura que aprendimos a no ver

    Hay una paradoja en la historia de la electricidad que se repite con muchas tecnologías fundamentales: cuanto más exitosa resulta una infraestructura, menos conscientes somos de su existencia. Los primeros cables y postes eléctricos eran símbolos visibles de modernidad y anunciaban en cada calle que algo estaba cambiando; con el paso de las décadas, buena parte de esa infraestructura fue integrada al paisaje urbano hasta convertirse en algo que prácticamente dejamos de observar.

    Hoy, cuando accionamos un interruptor, rara vez pensamos en las centrales que producen la energía, en las redes que la transportan, en las estaciones que modifican su tensión o en los trabajadores que mantienen todo el sistema operativo. La electricidad parece aparecer detrás de la pared como si fuera una propiedad natural de la vivienda, cuando en realidad depende de una de las redes técnicas más complejas que construyó la sociedad moderna.

    Esa invisibilidad explica también por qué los cortes de suministro pueden producir una sensación tan extraña. Durante unas horas desaparece algo que normalmente no vemos y, de inmediato, descubrimos hasta qué punto nuestra vida cotidiana depende de ello.

    La ciudad aprendió a fabricar su propio día

    La llegada de la electricidad modificó Buenos Aires de una manera mucho más profunda de lo que puede sugerir una fotografía de una lámpara encendida. Cambió la relación con la noche, permitió ampliar horarios comerciales y laborales, impulsó nuevas formas de producción industrial, transformó el transporte y terminó incorporándose a los hogares como una necesidad básica. La electricidad hizo posible que la ciudad dejara de depender completamente de los ritmos naturales de la luz solar, y esa modificación afectó tanto las estructuras económicas como las costumbres más pequeñas de la vida cotidiana.

    Por eso, cuando se habla de la modernización porteña de fines del siglo XIX y comienzos del XX, la electricidad merece ocupar un lugar central junto con los ferrocarriles, los tranvías, los puertos, las grandes obras públicas y la expansión de los servicios urbanos. Todas esas transformaciones estaban conectadas entre sí y formaban parte de un mismo proceso: la construcción de una metrópolis capaz de sostener una población cada vez mayor y una economía cada vez más compleja.

    La Buenos Aires de aquella época quería presentarse ante el mundo como una capital moderna, y la electricidad fue una de las formas más visibles de demostrarlo. Pero su importancia histórica fue mucho mayor que la imagen de progreso que podía transmitir. La electricidad cambió la estructura misma de la vida urbana, porque permitió que las personas trabajaran, viajaran, produjeran, comerciaran y se entretuvieran de maneras que anteriormente habían estado limitadas por la oscuridad y por las tecnologías disponibles.

    Quizás por eso el mejor símbolo de aquella transformación no sea una gran central eléctrica ni un moderno tendido de cables, sino algo mucho más pequeño: el interruptor de una habitación.

    Durante siglos, para obtener luz había que encender algo.

    Después de la electrificación, simplemente hubo que apretar un botón.

    Ese gesto aparentemente insignificante condensó una revolución entera: la de una ciudad que descubrió que podía producir su propia luz, prolongar sus jornadas y comenzar a vivir más allá de los límites que durante miles de años había impuesto la llegada de la noche.

    Y Buenos Aires, desde entonces, ya nunca volvió a ser la misma.

     

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