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Enero cerró con porcentajes de ocupación récord en los destinos turísticos

Más de 220.000 turistas disfrutaron los encantos de Río Negro durante enero con una ocupación del 98% en los destinos más elegidos, posicionándose entre las provincias preferidas por el turismo nacional

Según datos recabados por el Observatorio Turístico del Ministerio de Turismo y Deporte, la región Cordillera (Bariloche, El Bolsón, Dina Huapi) alcanzó el 98% de ocupación, mientras que la región Mar (Las Grutas, Playas Doradas, El Cóndor) trepó al 97%. Durante este mes el turismo generó, en el territorio provincial, un impacto económico de $5.656.292.616,84.

Estos números resultan de un trabajo sólido que lleva adelante la Provincia conjuntamente con los municipios en materia de promoción y difusión de sus destinos, orientado al público final como también a operadores y agencias de viajes, dando a conocer la diversidad de paisajes, actividades y servicios que ofrecen los destinos ríonegrinos para quienes elijen disfrutar de un verano en Río Negro.

Las impactantes cifras del mes de enero en los altos niveles de ocupación generan grandes expectativas de cara al mes de febrero, en el que también se espera el arribo de miles de visitantes que ya reservaron sus alojamientos en los principales centros turísticos de la provincia. Sumado al beneficioso  programa nacional PreViaje, como herramienta de incentivo para la reactivación del turismo, consolidando a Río Negro como líder en ventas, elegido por miles de turistas que disfrutarán de sus próximas vacaciones.

El verano se disfruta en el mar

Además de Las Grutas, Playas Doradas y El Cóndor también vivieron un comienzo del 2022 exitoso en el que recibieron a miles de visitantes, volviendo a ubicarse entre los lugares más elegidos de la Costa Atlántica provincial.

Sin embargo, las playas más solitarias como las del Puerto de San Antonio Este, La Lobería, Bahía Creek y Punta Perdices también fueron elegidas por el turismo que optó por una propuesta centrada en el descanso y el relax a orillas del mar como una oferta distintiva.

La temporada también se vive en la montaña

En la Cordillera rionegrina, las y los viajeros eligieron vivir unas vacaciones increíbles en San Carlos de Bariloche entre lagos, bosques y montañas, mientras que algunos otros visitantes arribaron a El Bolsón para disfrutar una tentadora propuesta de Turismo de Aventura y de Bienestar.

Cabe destacar que un gran caudal de pasajeros arribaron a las ciudades lacustres gracias a los beneficios del programa nacional de pre venta impulsado por el Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación, que en su segunda edición tuvo a Bariloche como el destino más elegido a nivel nacional.

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  • El Banco Central sancionó a la Caja de Ahorros de Tucumán y se complica su conversión a banco

     

    El peronismo tucumano sigue atravesado por la disputa por el manejo de la Caja Popular de Ahorros (CPA), una fenomenal fuente de recursos que semanas atrás el gobernador Osvaldo Jaldo le quitó al diputado Carlos Cisneros. Ahora, el también dirigente de La Bancaria apuesta a convertir a la CPA en un banco, aunque ya no tiene el manejo de la entidad.

    Cisneros anunció que «el Banco Central está a días o semanas de firmar una autorización para que el Banco Caja Popular pueda funcionar con absoluta normalidad». El diputado dijo que el proyecto fue impulsado por la desplazada gestión que le respondía políticamente, pero que lo hicieron por instrucción de Jaldo. 

    Cisneros está peleado con Jaldo por lo que el anticipo del supuesto anuncio causó sorpresa en Tucumán. Fuentes del gobierno tucumano dijeron a LPO que no saben nada del tema y que es un asunto que corresponde a la Caja. Pero el tema es que la Caja está manejada por interventores designados por el propio Jaldo.

    Guerra abierta en el peronismo tucumano: Jaldo le intervino la Caja a Cisneros

    La Caja es una mega estructura que maneja los fondos del juego provincial y tiene entre sus finalidades la entrega créditos a empleados públicos, construcción de viviendas sociales, financiar la salud y el deporte. Pero en la realidad está lejos de eso. «No recuerdo que la Caja haya entregado una sola vivienda», dijo a LPO un dirigente tucumano. Lo mismo sucede con los créditos, abundan las quejas de trabajadores que no pudieron conseguir una ayuda.

    La Caja está fundida, es imposible que el Banco Central apruebe convertirla en banco. Son años de desprolijidades, ni siquiera se sabe cuántos empleados tiene ni quiénes son. Imaginate si Milei le va a aprobar un banco a ellos.

    En efecto, la Caja fue creada en 1915 para favorecer el crédito a los trabajadores e impulsar la construcción de viviendas sociales. Años más tarde fue la primera entidad del país en legalizar la quiniela. Es así un híbrido casi único en la Argentina que no es banco, pero supuestamente toma ahorros y da créditos y administra el juego.

    En los hechos es una fenomenal caja política que desde los noventa maneja el

    sindicato La Bancaria, que en Tucumán lidera Cisneros. El diputado nacional suele ser un aliado ineludible de los gobernadores peronistas, hasta que alguna disputa de poder los hace chocar. Una pelea similar a la que mantiene con Jaldo tuvo una década atrás con José Alperovich, que también le intervino la Caja. Con Juan Manzur logró convivir en paz.

    Mientras en el gobierno tucumano hay cautela, en otros sectores del peronismo creen que  el anuncio de su próxima conversión a banco es «humo».

    «La Caja está fundida, es imposible que el Banco Central apruebe convertirla en banco. Son años de desprolijidades, ni siquiera se sabe cuántos empleados tiene ni quiénes son. Imaginate si Milei le va a aprobar un banco a ellos», agregó la fuente.

    Tras la intervención de la Caja y el inicio de auditorías del Tribunal de Cuentas de la provincia, empezaron a aparecer denuncias sobre los supuestos desmanejos. Días atrás, el TdC denunció que la Caja incumplió durante más de veinte años el aporte obligatorio del 1% para financiar el Fondo Provincial del Deporte. Algo similar habría pasado con el Sistema Provincial de Salud, al que habría aportado una ínfima parte de lo que correspondía por ley.

    No recuerdo que la Caja haya entregado una sola vivienda.

    También en estos días trascendió que el Banco Central le impuso tiempo atrás una multa de 108 millones de pesos a la Caja por haber operado al margen de la normativa nacional de manejo de fondos. Concretamente, la Caja no separó contablemente sus recursos propios de los depósitos captados del público, lo que impidió determinar con certeza el origen de los fondos destinados a préstamos.

    Sin embargo, en la oposición denuncian que Jaldo no va a fondo con el tema: «Le sacó el manejo a Cisneros, pero no profundizó en el desastre, no están haciendo nada», dijo a LPO un dirigente importante de la oposición tucumana.

     

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    1. Se acabaron las excusas

    Milei abre las sesiones ordinarias del Congreso “más reformista de la historia”, con la correlación de fuerzas más favorable desde el inicio de su mandato, con la tranquilidad de una serie de muy importantes triunfos parlamentarios que lo proveen del aplomo necesario para la fase de institucionalización de su proyecto de país. Sin embargo, su discurso no lleva la serenidad del ganador, sino el histrionismo nervioso del desesperado. Un show farsesco que nos devuelve al Milei más desatado, vulgar y procaz. ¿Por qué desplegar semejante demostración de impotencia en un momento de estabilización? Porque la secuencia de reformas propuestas implican la institucionalización de la desinstitucionalización, y porque la volatilidad y la inestabilidad son intrínsecas a una política del caos como la que anhelan Trump y Milei para “the Americas”: guerra imperial hacia fuera, disciplinamiento y crueldad hacia dentro. No hay estabilidad en este modelo, ni siquiera en sus momentos de fortaleza, en los que el acelerador se aprieta para enfrentarnos a una nueva dinámica de shock.

    Repasemos. Una maratón de reformas ultra-regresivas para el trabajo, para la vida en la tierra, para las generaciones futuras. Un neofascismo bananero que nos ata al destino de un imperio en crisis. Una guerra global en curso, que ya ha tocado las puertas de nuestra región. Un tiempo de colapso de las mediaciones y de caída de los velos, donde el poder de los ultrarricos se ejerce y se consolida con la explicitud de lo obsceno. Una época violenta que nos está empujando a las decisiones existenciales más elementales, hacia un umbral de supervivencia donde todo puede suceder, donde la política es menos la negociación de las diferencias que la hipérbole permanente del todo o nada. Y donde la defensa de la democracia se ve obligada a jugar un juego ajeno a las reglas de la democracia. Un tiempo en el que sostener nuestras banderas está dejando de ser una cuestión ideológico-política y está pasando a ser una cuestión de estricta supervivencia. La volatilidad y la aceleración están colaborando, por ahora, con los agentes de la destrucción, pero esa misma volatilidad afecta la fragilidad de su avanzada. La aceleración se parece mucho más a la desesperación por aprovechar una oportunidad de saqueo que a la construcción de un nuevo orden. La convulsión dejará un tendal de víctimas, pero también prepara nuevas formas de radicalidad emergentes. Porque este viaje hacia el colapso está siendo, cada vez más, un viaje a la raíz.

    La sociedad está estallada. El sistema político está estallado. El Congreso no existe. El mundo del trabajo está en ruinas. Nuestras categorías para pensar el mundo estallaron y nuestras formas de vida también. Ante el umbral de una nueva etapa del gobierno libertario, se impone una pregunta: ¿y ahora qué? Una pregunta que, en este contexto convulsionado, no parece poder recibir una ordenada programática de respuesta. Ante el estallido de la vida, juntar las esquirlas, y en el poco tiempo que nos queda entre laburo y laburo, armar molotovs de pensamiento como si fuéramos infiltrados en una batalla cultural que sólo nos incluye para excluirnos.

    Basta de indignación, basta de sorpresas. Basta de encuestas fallidas y de pseudo-predicciones baiteras para el 2027. La catástrofe es hoy. Ya fue dicho mil veces, pero no nos hacemos cargo: el futuro ya llegó, y no era lo que imaginábamos. Ahora, a conocer y habitar sus reglas, para destruirlas desde dentro.

    2. Un auto acelara desbocado hacia nosotros

    Durante décadas, la política pudo pensarse —desde el modelo de la teoría de juegos— a partir del llamado “dilema del prisionero”: dos actores enfrentados, incomunicados entre sí, obligados a decidir sin garantías si cooperar o traicionar. Si ambos cooperan, todos ganan un poco. Si ambos traicionan, todos pierden. Y si uno traiciona mientras el otro coopera, uno se salva y el otro paga el costo entero. La política, en ese esquema, todavía era un arte del cálculo: cuánto conviene ceder, cuánto conviene aguantar, cuánta traición es tolerable para que el sistema no estalle.

    Pero ese tablero ya no organiza la escena.

    El conflicto contemporáneo se parece cada vez menos a un problema de cooperación imperfecta y cada vez más al del llamado “juego de la gallina” (nosotrxs diríamos “juego del gallina”, del cobarde): dos autos lanzados de frente, a toda velocidad, y gana el que no frena. El ejemplo pop es la carrera suicida de Rebelde sin causa: no se trata de negociar, ni de optimizar resultados, sino de demostrar quién está dispuesto a llegar más lejos.

    El pasaje del dilema del prisionero al juego del gallina marca un desplazamiento brutal de las reglas de juego, del trazado del mapa político, previo a la distinción entre derecha e izquierda. Con el trasfondo de la catástrofe inminente, pasamos de la política como administración del conflicto a la política como prueba de coraje destructivo, de la cooperación racional a la intimidación existencial. Ya no se condena al traidor, se humilla al que duda o frena. La victoria no consiste en mejorar el resultado común, sino en obligar al otro a renunciar a su propia estrategia, a su propio relato y, finalmente, a su legitimidad. Si antes había un castigo para el oportunista, hoy se le perdona todo al temerario.

    Aquí no hay equilibrio cooperativo posible. Es un juego asimétrico, de suma cero, gobernado por el riesgo puro. El que pierde no sólo pierde: es despojado de toda legitimidad. Y el que gana sólo puede ganar produciendo, en el otro, la convicción de que está loco. Hacer política en este escenario exige, literalmente, volverse loco. O aceptar la derrota antes de empezar. Por eso el perdedor siempre interpreta al ganador como un desquiciado: alguien dispuesto a destruirlo todo con tal de no aflojar. Y esa percepción no es un malentendido, sino la condición misma de la victoria. En el juego de la gallina, parecer racional es una riesgosa desventaja política y existencial.

    ¿Cómo se actúa en este contexto? ¿Debemos asumir la exasperación y apretar nuestro acelerador? ¿Debemos intentar cambiar las reglas de juego? ¿Podremos cambiarlas si, en esta dinámica bélica que se nos impone, sólo atinamos a pegar el volantazo cada vez que se ponen en juego nuestras banderas más elementales?

    Milei maneja un bólido feroz e incontrolado acelerando directo hacia nosotros. La perspectiva adrenalínica de la catástrofe total, de la destrucción total, fascina, intimida y disciplina. El credo de la posdemocracia reza: con la catástrofe se come, se cura y se educa. ¿Quién ganó cuando todos aceptamos que estas reglas son las únicas posibles? Milei maneja el auto y seguramente morirá en él. Él es el doble de riesgo de quienes necesitan convencernos de que esta es la única política posible: la guerra, la intimidación, la “amenaza existencial”, la eliminación del otro. 

    Necesitamos cambiar las reglas de este juego, pero para que lograrlo no coincida con admitir la trampa de la derrota anticipada, vamos a tener que jugárnosla a todo o nada. Una paradójica democracia de guerra (lucha de clases, para decirlo con los clásicos). O también: jugárnosla a todo o nada por la democracia es la única salida a la avanzada belicista del neofascismo que no implique una claudicación anticipada. Recordar que nunca hubo democracia sin afirmación insumisa, pre-democrática, de las reglas de la democracia. Cambiar las reglas implicará primero admitir que hoy la democracia no es el juego que jugamos. El bólido avanza hacia nosotros, no hay tiempo para juntar firmas. Tenemos que acelerar una salida del juego perverso de la aceleración.

    3. La política del todo o nada

    Esta nueva dinámica de la política, que nos tiene entre frenéticos y paralizados, no es sólo política, es también social. Una política catastrofista, del todo o nada, genera una sociedad en donde el todo y la nada se separan cada vez más: de un lado todos los recursos, del otro nada. El acelerador de Milei es un acelerador de la miseria, tanto macro como micro: cada vez es más visible la relación sistémica entre la destrucción del entramado productivo y sus efectos en las economías cotidianas de la gente.

    La crisis económica, maquillada por el gobierno, inunda cada vez más toda conversación. Hoy la sobremesa argentina reemplazó la vieja grieta por la condición de miseria unánime como tema omnipresente. Que cómo llego a fin de mes; que empecé a hacer Uber para completar; que me despidieron del laburo, y encima estaba en negro; que la prepaga canceló su convenio con el médico que me atendía; que me mudo con dos amigos porque no puedo pagar el alquiler; que sólo tengo una suplencia, así que me bajé Rappi; que a mi pareja no le renovaron el contrato; que estoy terminando una carrera universitaria pero ni sueño dedicarme a aquello para lo que me habilita mi título; que estoy sobrecalificado para un laburo al que se presentaron un montón de sobrecalificados; que no paro ni los domingos; y un largo etcétera que muestra que la aceleración no sólo refiere a las reformas que se propone el gobierno, sino también al recrudecimiento de sus efectos.

    Las ganancias se concentran, la gente sobra, y la IA lubrica, acelera y escala el proceso. Si en los noventa el estallido demoró diez años, la política actual parece acelerar también el choque de su propio modelo. “Hacer lo mismo, pero más rápido” incluía, también, al estallido.

    La política de la catástrofe implica una política social de la catástrofe. El gobierno de Milei es una fábrica de producción de miseria, en la que cada vez más gente tendrá menos que perder. Milei nos está transformando a su imagen: el político sin nada que perder, y por lo tanto dispuesto a todo, está produciendo toda una generación sin nada que perder, que va a estar dispuesta a todo. Y cuando haya un ejército de gente sin nada que perder, será difícil que esto no estalle con la misma fuerza explosiva con que la época encumbró la catástrofe programada como única regla posible de lo social.

    4. La caída de los velos

    Vivimos un tiempo de colapso de las mediaciones. La crisis del sistema de representación política no es un fenómeno aislado: es apenas un síntoma de una crisis mucho más vasta que ha deslegitimado toda forma de institucionalidad, toda figura de intermediación, la gramática misma de la vida pública como vida simbólica. La ultraderecha y los algoritmos son signos convergentes de una misma orientación de la época: populismo de plataformas.

    En este tecnopopulismo, donde toda mediación colapsa, la política se reorganiza alrededor de dos rasgos dominantes: la latencia de la guerra como reverso de lo político, y la espectacularización de la crueldad como tecnología de disciplinamiento. Sí, la guerra como verdad de la política y la crueldad como verdad del sujeto, eso parece escupir la época.

    La latencia de la guerra es la emergencia a primer plano de la política del fondo anómico, violento, de su proceder, ahora liberado de los frenos institucionales que lo contenían. El colapso del multilateralismo y la renovación de las aspiraciones imperiales del “destino manifiesto” norteamericano sumado a la “tierra prometida” de Israel en medio oriente son el norte del nuevo caos global.

    La espectacularización de la crueldad se consuma en la estética de la obscenidad de los ultrarricos. Estética de lo explícito que oficia como una auténtica pedagogía global de la crueldad. Los archivos de Jeffrey Epstein llegan como metonimia de época: caída de los velos, visibilidad total, exhibición orgullosa de los privilegios. Revelaciones que no erosionan el poder, sino que consolidan su perversión más oscura.

    Crisis de las mediaciones, que se expresa, por arriba, en la legitimación abierta, “desinhibida”, como se dice, del despojo económico y la represión policial, y, por abajo, en la inorganicidad y la falta de conducción. Y todo ello bajo una gramática que tiende al aflojamiento de toda referencia normativa en un horizonte cada vez más regido por la anomia del contexto bélico, la ausencia de reglas estructural de un conflicto en el que, sin mediación, ya sólo tramita flujos de violencia y de descarga.

    Para el pueblo trabajador, esta dinámica viene implicando dificultades de organización, en un contexto de declive del poder de los sindicatos, y de defección política de los partidos políticos. Ahora bien, que las formas organizativas estén en crisis de ninguna manera significa que las energías del malestar estén contenidas. Todo lo contrario, se percibe una aceleración del malestar y de las energías liberadas por ese malestar.

    Si la volatilidad es el rasgo más destacado de este momento, si las instancias organizativas de la clase trabajadora están deslegitimadas, debemos preguntarnos no sólo cómo organizarnos en este contexto, sino también cómo aprovechar la volatilidad de época a favor de las mayorías.

    Por supuesto que hay que hacer todo para sumar, organizar y acumular poder popular. Pero al mismo tiempo debemos pensar esa dimensión de la acción colectiva, cada vez más amplia, que va más allá de la lógica de la acumulación. Una turba de precarios es más fácil de gobernar, pero también más difícil. Porque cuando ya no haya nada que perder, esto se va a caldear de verdad. Y allí valdrá no sólo la organización, sino también la actuación estratégica de energías inorganizables que son parte legítima del paisaje caótico de la vida popular contemporánea.

    El estallido vendrá de manera más sorpresiva que en otros tiempos, porque la acumulación de estos tiempos no es primeramente de estructuras, sino acumulación afectiva, física, sensible y nerviosa. Ese acumulado inorgánico de malestar debe ser reconocido en toda su legitimidad.

    Si los “ingenieros del caos” gobiernan, debemos preguntarnos qué fuerzas movilizan a las víctimas del caos. Lo nuevo emergerá menos como respuesta a la pregunta por cómo restaurar el orden que de la disputa por las energías liberadas en este desborde. El problema es qué organización de la resistencia puede hacerse cargo de este caos sin sucumbir a él, pero también sin excluirlo de su esquema de pensamiento y acción.

    5. Desbordar a Milei

    Ya ha sido dicho de muchas maneras: lo que sea que le gane a Milei va a ser algo que desborde a Milei, no que lo contenga, algo post-Milei, no pre-Milei, un futuro más tentador que la seducción de la catástrofe, y no el retorno a un pasado defensivo, que ya no moviliza ningún deseo y ninguna verdad histórica.

    No, no estoy hablando en contra del peronismo, sino justo al revés, a su favor. Lo único que puede desbordar a Milei es un peronismo que sepa renovar la fuerza plástica y polimorfa que lo definió en los grandes umbrales de transformación y convulsión de nuestra historia.

    El peronismo siempre supo moverse en contextos de crisis de la representación, y supo convertir el adelgazamiento de las mediaciones en formas de populismo que, justamente, desde los bordes de la democracia, restituyeran el poder de las clases trabajadoras y postergadas como único fundamento posible de un orden democrático.

    No parece que las versiones actuales del peronismo estén interesadas en activar esa potencia. Ni el kirchnerismo melancólico-defensivo, ni el morenismo doctrinario-trumpista, ni la esperanza blanca de fantasmas estilo Pichetto representan al peronismo mostri que necesitamos. Pero que no nos confundan: el peronismo siempre es mucho más que sus versiones realmente existentes.

    En una época de gobierno a través del caos la resistencia vendrá más en forma de movimientos que de partidos, de estallidos esporádicos que de acumulación progresiva, de energías desatadas que de organización. Organizar el malestar significará dar forma orgánica a lo que carece de forma, pero también detectar esas fuerzas inorgánicas que se oponen a la concentración de la riqueza y el poder, legitimar esas fuerzas antifascistas que, en su deformidad, afirman una actualidad y legitimidad de época.El peronismo es el nombre argentino para ese difícil metabolismo colectivo, siempre inestable, en el que lo inorgánico y lo orgánico negocian sus roles en favor de los destinos populares. La memoria histórica, política y militante de un movimiento que supo hacer de las oscilaciones entre organización y desborde una forma de populismo democrático, es la fuente de aquello que podrá no contener sino desbordar a Milei. No se trata de volver a las formas del pasado, sino de reconectar con las fuerzas vivas del porvenir.

    La entrada Los sueños y las guerras se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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