El raid mediático de Pablo Quirno generó sorpresa entre los funcionarios del gobierno de Lula en Brasil.
El canciller dio una conferencia de prensa tras la decisión de Brasil de retirar el embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, en la que confirmó que Itamaraty solicitó la salida del embajador argentino, Daniel Raimondi, y se limitó a acusar a Lula de estar aislado y responder por cuestiones ideológicas.
Luego, realizó un caótico recorrido por medios de comunicación en el que no pudo sostener las acusaciones de Milei a Lula ni defender los beneficios de la Ley de Tierras en el Congreso. En el streaming de Infobae, Quirno no pudo explicar si tiene pruebas para confirmar que el gobierno de Brasil estuvo detrás de la campaña antiargentina.
En esta línea, con Eduardo Feinmann en A24 dijo que un extranjero que viene al país puede comprar un pueble entero porque «genera beneficios para la Argentina».
En efecto, las flojas declaraciones de Quirno generaron sorpresa entre los funcionarios de Lula que, entre risas e indignación, consideran que «le hacen falta un par de clases de diplomacia básica en el Instituto de Servicio Exterior de la Nación (ISEN)». «Peor son los que lo mandan hacer un raid mediático. Les faltan jugadores, como se ve», apuntaron.
Le hacen falta un par de clases de diplomacia básica en el Instituto de Servicio Exterior de la Nación (ISEN). Peor son los que lo mandan hacer un raid mediático. Les faltan jugadores, como se ve
«Es un canciller improvisado. Todavía hay tiempo para aprender conceptos como el de soberanía», ironizó uno de los funcionarios.
En ese marco, este funcionario del gabinete de Lula planteó que «a Lula le salen por todos lados los aspirantes a jefes de campaña». Esto confirma que para el entorno del líder del Partido de los Trabajadores, la pelea con los libertarios los favorece para la campaña electoral.
Un diplomático argentino con experiencia en la región aseguró que «en un país serio, el canciller en una situación de este tipo ya tiene que estar o renunciado o despedido. No hay ninguna posibilidad de sobrevivir a semejante papelón diplomático en ningún país del mundo».
«Los ministros son fusibles ante un escándalo diplomático de semejante envergadura. Lo que pasa es que como Milei lo va a proteger porque es su empleado», finalizó.
La fecha que quedó grabada en la historia responde a un calendario que Rusia ya no utiliza. La insurrección bolchevique comenzó el 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, pero esa misma jornada correspondía al 7 de noviembre en el calendario gregoriano. La diferencia de 13 días explica por qué la Revolución de Octubre ocurrió, para buena parte del mundo, en noviembre.
Por Alcides Blanco para NLI
La historia suele quedar atrapada en los nombres con los que fue bautizada. La Revolución de Octubre es uno de los ejemplos más famosos. Durante generaciones, millones de personas aprendieron que el 25 de octubre de 1917 los bolcheviques encabezados por Vladimir Lenin tomaron el poder en Rusia y pusieron en marcha uno de los procesos políticos más trascendentales del siglo XX. Sin embargo, si alguien viajara hasta aquella misma fecha utilizando el calendario que actualmente rige en la mayor parte del mundo, descubriría algo aparentemente desconcertante: el 25 de octubre ruso era el 7 de noviembre para el resto de Europa.
No se trata de un error histórico ni de una modificación posterior de los acontecimientos. La explicación está en una cuestión aparentemente menor, pero fundamental para comprender cómo se registraban las fechas en la Rusia de comienzos del siglo XX: el Imperio ruso todavía utilizaba el calendario juliano, mientras que la mayoría de los países europeos ya se regían por el calendario gregoriano, establecido en 1582 por iniciativa del papa Gregorio XIII. Entre ambos calendarios existía entonces una diferencia de 13 días.
Por eso, cuando los bolcheviques avanzaron sobre los principales puntos estratégicos de Petrogrado durante la noche del 24 al 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, en los países que utilizaban el calendario gregoriano ya era la noche del 6 al 7 de noviembre. La revolución que Rusia llamó “de Octubre” ocurrió, entonces, en noviembre según el calendario que hoy utilizamos.
Dos calendarios para una misma revolución
Para entender el asunto hay que retroceder algunos siglos. El calendario juliano había sido introducido por Julio César en el año 46 antes de Cristo y durante muchísimo tiempo fue utilizado como referencia en Europa. El problema era que su cálculo del año solar contenía una pequeña diferencia que, acumulada durante siglos, provocaba un desplazamiento progresivo de las fechas respecto de las estaciones.
En 1582 se introdujo el calendario gregoriano para corregir ese desfasaje. Los países católicos comenzaron a adoptarlo rápidamente, aunque otros Estados europeos lo hicieron mucho después. Rusia, vinculada además a la tradición de la Iglesia ortodoxa, mantuvo durante siglos el calendario juliano.
Así, mientras Francia, España, Italia y otros países europeos ya utilizaban el calendario gregoriano, Rusia continuaba registrando oficialmente sus acontecimientos con el sistema anterior. La diferencia, que durante buena parte de la historia había sido de 10 u 11 días, llegó a 13 días en los siglos XX y XXI.
Eso significa que un acontecimiento fechado oficialmente en Rusia como 25 de octubre de 1917 debe convertirse en 7 de noviembre de 1917 al trasladarlo al calendario gregoriano.
La confusión se vuelve todavía mayor porque los propios protagonistas de la revolución utilizaron las fechas del calendario vigente en Rusia. Para ellos, aquella jornada era efectivamente octubre. El nombre Revolución de Octubre no fue una equivocación: era la denominación correcta dentro del sistema de fechas que utilizaba el Estado ruso.
La revolución que cambió el siglo XX
Pero detrás de esos 13 días existe una historia mucho más profunda. La revolución no surgió de la nada ni comenzó y terminó en una única jornada. 1917 fue el resultado de una crisis acumulada durante años, agravada por la Primera Guerra Mundial, la pobreza, el hambre, las enormes desigualdades sociales y el agotamiento de un régimen autocrático que tenía en el zar Nicolás II su máxima autoridad.
Rusia había ingresado en la Primera Guerra Mundial en 1914 y el conflicto tuvo consecuencias devastadoras. Millones de soldados murieron, resultaron heridos o fueron tomados prisioneros. La economía se deterioró, las ciudades comenzaron a sufrir problemas de abastecimiento y la población campesina soportó enormes sacrificios.
En febrero de 1917 —también aquí hay que hacer la conversión de calendario— una oleada de huelgas, protestas y movilizaciones terminó provocando la caída del zar Nicolás II, que abdicó el 15 de marzo según el calendario gregoriano, correspondiente al 2 de marzo del calendario juliano.
La monarquía había caído, pero la crisis estaba lejos de resolverse.
Se formó un Gobierno Provisional, mientras paralelamente se fortalecían los soviets, consejos integrados por trabajadores y soldados. Se produjo así una situación de poder dual: por un lado, las instituciones del Gobierno Provisional; por otro, una estructura política nacida de la movilización popular.
El problema fundamental era que el nuevo gobierno decidió continuar la guerra. Para una población exhausta, esa decisión resultó cada vez más difícil de aceptar.
En ese escenario crecieron los bolcheviques, encabezados por Lenin, que sintetizaron buena parte de sus consignas en demandas que podían ser comprendidas fácilmente por una sociedad atravesada por la crisis: paz, pan y tierra.
Del 25 de octubre al 7 de noviembre
Durante el otoño ruso de 1917, la situación política se volvió explosiva. Los bolcheviques lograron aumentar su influencia en los soviets de Petrogrado y Moscú y comenzaron a preparar una insurrección destinada a desplazar al Gobierno Provisional.
La noche del 24 al 25 de octubre del calendario juliano, fuerzas revolucionarias ocuparon puntos estratégicos de Petrogrado: puentes, estaciones, centrales de comunicaciones y edificios fundamentales para controlar la ciudad.
El objetivo era aislar al Gobierno Provisional y tomar los centros neurálgicos del poder.
El episodio más simbólico fue la toma del Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. En las horas siguientes, los ministros fueron detenidos y el poder quedó en manos del Consejo de Comisarios del Pueblo, encabezado por Lenin.
Pero aquí aparece nuevamente la cuestión del calendario.
Para los rusos de aquel momento, el asalto decisivo estaba ocurriendo el 25 de octubre de 1917. Para los países que utilizaban el calendario gregoriano, era el 7 de noviembre.
Cuando la revolución pasó a ser estudiada internacionalmente, muchos historiadores comenzaron a utilizar las fechas gregorianas para facilitar la comparación con los acontecimientos del resto del mundo. Sin embargo, el nombre original permaneció: Revolución de Octubre.
La paradoja quedó instalada para siempre.
Lenin, Trotsky y una revolución que no terminó aquella noche
Otro error frecuente consiste en imaginar la Revolución de Octubre como un golpe instantáneo que produjo inmediatamente un Estado soviético consolidado. En realidad, la toma del poder fue el comienzo de un proceso mucho más largo.
Los bolcheviques debieron enfrentar a sus adversarios políticos, reorganizar el Estado, hacer frente a la resistencia armada y, finalmente, atravesar una guerra civil que se extendió desde 1918 hasta aproximadamente 1922.
Entre las figuras centrales del proceso estuvieron Lenin y León Trotsky, quien tuvo un papel decisivo en la organización militar de la revolución y en la creación del Ejército Rojo. También participaron miles de dirigentes, militantes, obreros, soldados y campesinos cuyas historias quedaron muchas veces subordinadas a los nombres de los grandes líderes.
La revolución tampoco fue un fenómeno exclusivamente urbano. La cuestión de la tierra, el poder de los terratenientes y la situación de los campesinos fueron elementos fundamentales para entender la crisis del viejo régimen.
En 1918, el nuevo gobierno decidió adoptar oficialmente el calendario gregoriano. Rusia pasó directamente del 31 de enero al 14 de febrero de ese año, eliminando así los 13 días de diferencia que existían con el calendario occidental.
Desde entonces, Rusia comenzó a utilizar el mismo calendario civil que gran parte del mundo.
Pero la revolución ya había quedado bautizada.
¿Entonces fue en octubre o en noviembre?
La respuesta correcta es: en ambos, dependiendo del calendario utilizado.
El acontecimiento comenzó el 24-25 de octubre de 1917 según el calendario juliano vigente en Rusia. Esa misma fecha correspondía al 6-7 de noviembre de 1917 según el calendario gregoriano.
Por eso, cuando hoy se conmemora la Revolución de Octubre el 7 de noviembre, no se está cambiando la historia. Se está utilizando el calendario que Rusia adoptó posteriormente.
La paradoja tiene incluso una dimensión simbólica. La revolución que pretendía romper con el viejo orden terminó siendo recordada con una fecha perteneciente a un sistema de calendario que el nuevo poder abandonaría pocos meses después.
La historia, como suele ocurrir, también está hecha de pequeños detalles.
Trece días separan octubre de noviembre. Pero esos trece días también sirven para recordar algo más importante: las fechas históricas no existen aisladas del mundo que las produjo. Detrás de una jornada revolucionaria hubo una guerra, millones de personas movilizadas, una monarquía en crisis, hambre, desigualdad, luchas políticas y una sociedad que había llegado al límite.
La Revolución de Octubre fue, entonces, una revolución de noviembre para nuestro calendario. Pero siguió siendo de octubre para quienes la hicieron.
Y así quedó grabada en la memoria histórica: una revolución que ocurrió en noviembre, pero que la historia decidió llamar Octubre.
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Axel Kicillof salió del Hotel Emperador y bajó la orden de acelerar a fondo con la instalación de su candidatura presidencial. El gobernador estuvo reunido en ese punto de Retiro con Sergio Massa y Máximo Kirchner donde se conversó exclusivamente de la necesidad de sostener las PASO de cara al año próximo.
De regreso a La Plata, Kicillof dio luz verde a una apretada agenda para los días siguientes y pidió a sus armadores políticos acelerar los encuentros y plenarios del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), la línea interna del gobernador en el peronismo.
Los días que siguieron fueron agitados. En apenas cuatro días viajó a Chaco para encabezar un acto con la CGT; participó de un seminario del PJ bonaerense en La Plata; se reunió con Susan Segal en el Hotel Alvear y viajó a Montevideo para participar del Tercer Congreso Panamericano, un ámbito que reúne a políticos progresistas de varios países.
Este sábado Kicillof encabezó el lanzamiento del MDF Juventudes en San Martín del que participaron más de 3.000 jóvenes de distintos puntos del país que organizaron las actividades en distintas comisiones temáticas.
Entre otros temas, abordaron el impacto de la inteligencia artificial, las plataformas y las nuevas tecnologías; la importancia de la salud mental, la educación y el trabajo. También problemas como las apuestas y la construcción de un modelo productivo que incluya a todos.
«No queremos simplemente restaurar el pasado, sino construir entre todos un futuro distinto, un futuro mejor, un futuro para todos. Y eso no lo puede hacer un dirigente, lo tiene que construir una fuerza política que convoque al pueblo entero a luchar por sus derechos», dijo el gobernador.
No queremos restaurar el pasado, sino construir entre todos un futuro para todos. Y eso no lo puede hacer un dirigente, lo tiene que construir una fuerza política que convoque al pueblo entero a luchar por sus derechos.
En tanto, la orden de acelerar el armado del MDF de la provincia generó entusiasmo en dirigentes y militantes que venían reclamando mayor juego político. De modo que se confirmaron los plenarios seccionales que esperaban fecha.
El 29 de agosto se hará un encuentro de la Quinta Sección en Santa Clara del Mar. El 5 de septiembre Tapalqué será el punto de encuentro de los referentes de la Séptima. Y el 12, se realizará en Coronel Suárez un encuentro del MDF de la Sexta Sección. La idea es culminar el 19 de septiembre un Encuentro Federal en un lugar que todavía está por definirse.
LPO adelantó que Kicillof no quiere apurar un acuerdo con Massa y Cristina Kirchner y decidió patear por lo menos hasta en marzo del año próximo el inicio de las negociaciones.
El gobernador está convencido que el tiempo juega a su favor y prefiere enfocarse en crecer en la sociedad, alejado de las «roscas» de la política.
En La Plata no quieren saber nada con enredarse en la interna del peronismo y se entusiasman con la construcción de caminos separados. Por eso, alientan que otros sectores del peronismo se animen a una PASO.
«Hay que concentrarse en trabajar el vínculo directo entre Kicillof y los argentinos de a pie.», afirmó uno de ellos. Ese -aseguran- es el capital más importante del gobernador. «Si hay un acuerdo en marzo mejor. Sino iremos a una PASO o en listas distintas. Todas esas opciones están bien», agrega otra de las fuentes consultadas.
Por caso, esta tarde en San Martín, Kicillof dejó en claro que el próximo liderazgo no puede surgir de una rosca a puertas cerradas en la cúpula del peronismo. «Una alternativa que sea fuerte no va a surgir ni de un laboratorio, ni de una rosca política, ni de un encuentro entre cuatro paredes», planteó.
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