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¡El regalo para las fiestas encontralo en la Feria ReEmprender!

Este sábado y domingo a partir de las 19 horas tendrá lugar la Feria ReEmprender especial Navidad. En la Plaza Primeros Pobladores se podrá encontrar la mejor opción para regalar en estas fiestas de la mano de artesanos y emprendedores reginenses.

Además acompañará la música de distintos artistas para disfrutar de este espacio.

¡Te esperamos!

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    Mientras impulsa un cambio en el proceso de selección de magistrados, Carlos Rosenkrantz traba un concurso para cubrir una vacante clave en la Capital Federal.

    Junto con Ricardo Lorenzetti, Rosenkrantz busca modificar el reglamento con el que el Consejo de la Magistratura selecciona a los jueces. Asegura que el proyecto busca transparentar la elección de magistrados, pero en realidad la fuerza motora de ese cambio parece ser el sector más concentrado del establishment.

    De hecho, la iniciativa tuvo el sugestivo apoyo del G6, que aglutina a las principales corporaciones empresarias y exigió su inmediata aprobación, lo que molestó a los integrantes del Consejo de la Magistratura que estuvieron a punto de hacerla caer esta semana. Lorenzetti tuvo que negar que sea un proyecto del establishment.

    Pero la presión no cesa. Según publicó La Nación, Lorenzetti y Rosenkrantz comenzaron a citar a la Corte a los consejeros a reuniones individuales y personales para persuadirlos de que no debatan ni modifiquen el proyecto que ellos redactaron, en sintonía con las cámaras empresariales. Una presión pocas veces vista en la historia del Consejo de la Magistratura.

    Interna en la Corte: Abogados y políticos traban el proyecto de las grandes empresas para meterse en la selección de jueces

    «Nos citaron a declarar. No recuerdo una apretada así», bromeó un consejero ante la consulta de LPO.

    La falta de jueces y fiscales es uno de los mayores problemas que tiene la administración de justicia. Para comenzar a subsanarlo, en los últimos meses se enviaron al Senado 62 pliegos para cubrir una parte de las más de 360 vacantes en la justicia.

    Nos citaron a declarar. No recuerdo una apretada así.

    Esos pliegos habían pasado por el Consejo, que elevó ternas al poder ejecutivo. Tras el cambio de ministro de Justicia, Milei envió un listado al Senado.

    Rosenkrantz parece haber puesto todo su empeño en la transparencia de la selección de jueces, aunque aún no entregó el informe correspondiente al Concurso 527, en el que se desempeña como jurado.

    Ese concurso es para avanzar con un cargo clave en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial de la Capital. La presidenta del TSJ porteño, Inés Weinberg, también es parte del jurado junto a Carlos Hugo Valdéz y Cintia Marcela Bayardi Martínez.

    Rosenkrantz debería haber elevado su informe el 6 de marzo pasado, pero aún no lo envió. El reglamento del concurso prevé que demora más de 10 días en entregar su informe perderá los honorarios estipulados y no podrá intervenir en ningún otro concurso por cuatro años.

     

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  • Montoneros, putos y faloperos

     

    El Frente de Liberación Homosexual (FLH) marchó por primera vez con una bandera propia el día de la asunción de Héctor Cámpora. Se asomó a la Plaza de Mayo con algo de temor, pero al mismo tiempo, con una ilusión: la democracia pondría fin a décadas de persecución, según reconstruyó Santiago Insausti en un artículo sobre los cuatrocientos desaparecidos gays. Los jóvenes revolucionarios iban a abrazar a estos militantes de la diversidad como no había ocurrido antes con el peronismo.

    En 1973 seguía vigente un edicto del primer gobierno de Perón, del año 1949, que le permitía a la Policía Federal encarcelar por treinta días a “las personas de uno u otro sexo que públicamente incitaran o se ofrecieran al acto carnal”. A pesar de la vigencia de esa normativa, para fines de la década del sesenta se había consolidado un movimiento cultural y político potente en defensa del colectivo LGTB y de los derechos de la mujer, que en 1971 dio paso a la creación del FLH.

    Aquel 25 de mayo su columna se sumó a la plaza que colmaron los montoneros. El temor que sentían aquel día ante una posible “reacción anti-marica” quedó registrado en la revista 2001 Periodismo de Anticipación, que publicaba artículos de temas tan variados y contrapuestos como la carrera al espacio, ovnis, vida extraterrestre, ecología, parapsicología y también, sexualidad. Una extensa crónica contó que el FLH entró por Retiro y se ubicó frente al Banco Hipotecario. Alguien les gritó: “Aquí necesitamos hombres. No luchamos dieciocho años para que ustedes vengan a esta plaza”, y un integrante del frente le respondió: “Nosotros también somos hombres, y tan dueños de la plaza como vos”. Las mujeres de las minorías sexuales todavía no formaban parte de la conversación.

    Durante el gobierno de Cámpora —por unas pocas semanas—, el FLH se convirtió en un interlocutor respetable en distintos ámbitos públicos. Sus miembros se reunieron con legisladores, enviaron cartas a todos los comisarios para que dejaran de aplicar los edictos represivos y repartieron volantes en bares gays. Nació el periódico Somos y se imprimió el manifiesto Sexo y revolución, con el poeta y escritor Néstor Perlongher como activista destacado.

    Formado en la izquierda trotskista, el futuro autor de “Cadáveres” había sufrido en el Partido Obrero la discriminación por ser gay; ahora Perlongher venía a plantear a la juventud peronista que los procesos de liberación debían incluir al cuerpo y el combate del modelo heteropatriarcal de familia funcional a la opresión capitalista.

    Los integrantes del FLH marcharon por segunda vez el 20 de junio para recibir a Perón en su regreso del exilio. Llegaron en micros que salieron de Constitución a la avenida Ricchieri, se sumaron a la Columna Oeste de la Juventud Peronista y para aflojar los primeros momentos de tensión reformularon estrofas de la marcha peronista que se podían interpretar como un canto a la diversidad sexual: “Por ese gran argentino,/ que trabaja sin cesar/ para que reine en el pueblo/ el amor y la igualdad”.

    El empoderamiento de la derecha peronista a partir de los episodios ocurridos en Ezeiza significó el fin de la primavera camporista para la comunidad homosexual. En respuesta a los carteles de la JP que lo señalaban como el responsable de una “masacre”, el coronel Jorge Osinde empapeló la ciudad con carteles en los que “acusaba” a los montoneros de ser “homosexuales y drogadictos”. La respuesta de la izquierda peronista mantuvo el mismo tono homofóbico: “No somos putos/ no somos faloperos:/ somos soldados de Perón/ y Montoneros”.

    En el mes de octubre se estrenó la película El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, que escandalizó por una escena en la que Marlon Brando, actor que ya tenía más de cincuenta años, para tener sexo con una muy joven María Schneider le untaba el ano con manteca. Aunque fue parcialmente censurada, a la JP le inspiró una rima machista del mismo tenor: “Brujo vení,/ Brujo vení, Brujo vení/te va a quedar el culo/ como el Tango de París”.

    Con el tercer peronismo volvieron las razias y las detenciones arbitrarias en los bares y ambientes que frecuentaba la comunidad homosexual. A partir de enero de 1974 Perón repuso en un cargo jerárquico de la Policía Federal a Luis Margaride, un comisario que había estado al frente de las Brigadas de Moralidad durante el régimen del dictador Juan Carlos Onganía. Era católico ferviente, no le gustaban los hombres con barbas ni las mujeres en minifalda y en nombre de las buenas costumbres había encabezado personalmente operativos en hoteles alojamiento para exigir la libreta de matrimonio a sus huéspedes.

    Con Isabel Perón, Margaride —el FLH lo apodó la tía Margarita— llegó a jefe de la Policía Federal y recibió la orden de parte de López Rega de “asustar” a la comunidad gay para que no volviera a salir a la calle.

    El 13 de octubre de 1974 aparecieron en Villa Soldati los cuerpos de Pedro Barraza y Carlos Laham, una pareja que se reivindicaba como “putos peronistas”: la brutalidad escalaba.

    Barraza tenía treinta y seis años y veinticinco orificios de bala; Laham, que no llegó a cumplir veintiuno, recibió cincuenta y cinco balazos. Una cinta adhesiva le cubría los ojos.

    Barraza era periodista y había investigado en 1963 la tortura y desaparición del sindicalista Felipe Vallese; responsabilizó a Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos, quien fue condenado en 1971 a tres años que no cumplió. Fiorillo, liberado poco antes del crimen, se sumó a la Triple A.

    Barraza había conocido a Laham al regresar de Europa, en noviembre de 1970. La hermana, Virgina, era novia de uno de sus grandes amigos, el periodista Carlos Eichelbaum; los tres lo fueron a buscar a Ezeiza. Desde ese día no se separaron: se mudaron juntos y vivieron como pareja.

    En una ocasión notaron que un auto los seguía. La última vez que los vieron fue el 11 de octubre; dos días después faltaron a un almuerzo con la madre de Carlos.

    Pasaron casi cuarenta años hasta que una agrupación recuperó la historia del FLH, se apropió del pretendido insulto y le cambió el sentido para formar en La Matanza, en el conurbano, una línea interna del Partido Justicialista llamada “Putos Peronistas”.

    La entrada Montoneros, putos y faloperos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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