La Municipalidad de Villa Regina informa que ha presentado en la Superintendencia General del Departamento Provincial de Aguas de la provincia de Río Negro los requerimientos establecidos en la Ley Provincial 5292 para la readecuación tarifaria del servicio de Agua Potable y Desagües Cloacales.
De acuerdo a la legislación indicada, el Departamento Provincial de Aguas publicará en el Boletín Oficial de la provincia de Río Negro en el mes de diciembre de este año los índices de actualización que serán aplicados en la facturación del Servicio de Agua Potable y Desagües Cloacales conforme a lo establecido en el contrato de concesión de fecha 15 de noviembre de 2005.
El ministro Toto Caputo salió a mostrar que el Gobierno tiene cubiertos los próximos vencimientos de deuda, pero dejó una frase que abrió otra discusión. El ministro reconoció que el swap con Estados Unidos de USD 20 mil millones está supuestamente disponible, aunque no puede usarse de manera automática, ni ingresa en las reservas. Si la Argentina necesitara activarlo otra vez, habría que volver a negociar con Washington.
La definición apareció durante la conferencia de prensa en la que Caputo presentó el programa financiero del Gobierno. La puesta en escena buscó transmitir calma. Pero la explicación sobre el swap dejó una zona gris.
«El swap con Estados Unidos está disponible. Si se requiriera, por supuesto tendríamos que ir a, tendríamos que charlarlo nuevamente», dijo Caputo. La frase fue el dato político de la conferencia. Confirmó que la línea existe, pero también reconoció que su uso depende de una nueva conversación con el Tesoro norteamericano.
Después completó: «hay como una especie de creencia que porque el año que viene es un año electoral, algo va a pasar. Nosotros, si bien nos preparamos para eso, no es el escenario base. De vuelta, nuestro trabajo es prepararnos para el peor escenario, y así lo hacemos».
Lo concreto es que para el mercado, el respaldo del Tesoro de Estados Unidos funcionaba como un prestamista de última instancia, comprometido a volcar la cantidad de dólares que sean necesarios para contener una corrida cambiaria, figura que se diluyó con las declaraciones del ministro.
El swap con Estados Unidos está disponible. Si se requiriera, por supuesto tendríamos que ir a, tendríamos que charlarlo nuevamente.
Caputo intentó desactivar la idea de que el año electoral pueda derivar en una crisis cambiaria o financiera. Pero al mismo tiempo reconoció que el Gobierno trabaja con un plan de emergencia. «Si uno mira las herramientas que vamos a tener el año que viene, son muchísimo más grandes y más amplias de las que tuvimos en el 2025», aseguró.
El ministro también ató la calma financiera a los fundamentos de la economía. «Pero la realidad es que creemos que estas reacciones obedecen también a los fundamentos económicos, o sea, no son casuales», afirmó. Luego agregó: «Y la economía va a seguir mejorando, la inflación va a seguir bajando, la economía va a seguir recuperando, y el escenario político se va a ir clarificando».
«Entonces, en ese escenario, la verdad, no creería que algo de eso va a pasar. Pero como dije, nos preparamos para que si eventualmente pase, no sea un, pues pasara, no sea un problema para los argentinos», cerró Caputo. La frase dejó expuesta la tensión del mensaje oficial. No espera una crisis, pero prepara un dique.
Lo cierto es que el swap con Estados Unidos nunca funcionó como una transferencia directa de dólares a las reservas. Al momento de la firma, no sumó un solo dólar a las brutas ni a las netas del Banco Central. Quedó asentado apenas como una «línea de liquidez vigente contractualmente» dentro de las notas marginales de los estados contables del BCRA.
El Tesoro de Estados Unidos también aclaró desde el inicio que no estaba transfiriendo dinero a la Argentina. Lo que habilitaba era un cupo disponible. Es decir, una línea que podía ser usada bajo determinadas condiciones. El Gobierno la presentó como un respaldo de gran volumen, pero en los papeles no engrosó la caja del Banco Central.
La operación también tuvo otra cara. Scott Bessent, el secretario del Tesoro norteamericano, la calificó públicamente como un negocio sumamente rentable para Estados Unidos. La describió como un «home run deal», un éxito total. No habló como un funcionario que había hecho asistencia financiera clásica. Habló como alguien que había cerrado una operación ganadora.
La estrategia que ejecutó el Tesoro de Estados Unidos mezcló auxilio geopolítico a Javier Milei con una jugada de mercado muy conocida en el mundo de los fondos de cobertura. Bessent viene de ese universo. Y la mecánica tuvo el ritmo de una apuesta financiera: entrar cuando el activo está castigado, cobrar tasa y salir cuando el precio mejora.
El primer movimiento fue comprar pesos baratos. Durante la corrida cambiaria previa a las elecciones legislativas de octubre de 2025, el Tesoro norteamericano volcó dólares del tramo activado, unos 2.500 millones, para comprar pesos argentinos en plena devaluación. Esa intervención ayudó a frenar la escalada del dólar libre y le dio aire político al Gobierno en un momento crítico.
El segundo movimiento fue hacer tasa. Los pesos adquiridos por Estados Unidos no quedaron quietos. Fueron colocados de inmediato en instrumentos financieros remunerados del propio Banco Central, con tasas muy elevadas, cercanas al 4 por ciento mensual en ese momento. Según balances oficiales posteriores del BCRA, la Argentina terminó pagándole al Tesoro norteamericano más de 17 millones de dólares netos sólo en concepto de intereses por el trimestre que duró la operación.
El tercer movimiento fue la salida con ganancia. En enero de 2026, ya con el mercado cambiario estabilizado después de las elecciones, el Gobierno argentino recompró la totalidad de esos pesos y le devolvió los dólares a Washington. Estados Unidos se desprendió de los pesos a un valor conveniente y cerró su posición con decenas de millones de dólares en ganancias líquidas.
El resultado fue nítido. Washington no se quedó con un solo peso argentino en su cartera. Cobró intereses. Recuperó los dólares. Y además obtuvo una ganancia financiera sobre la operación. Para Estados Unidos fue una jugada redonda. Para la Argentina, fue una asistencia con un costo significativo.
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El gobierno oficializó a Rodrigo Sbarra como viceministro de Salud tras la renuncia de Guido Giana y ahora se arriesga a otro caso Adorni con un funcionario que se fue del gobierno de Macri envuelto en un escándalo y con un crecimiento patrimonial también difícil de explicar.
Sbarra, que
se desempeñaba como subsecretario de Coordinación Administrativa, ahora fue nombrado secretario de Gestión Administrativa del Ministerio de Salud, virtual número dos de Mario Lugones, y tendrá a su cargo el manejo del monumental presupuesto de la cartera sanitaria.
El nuevo viceministro no es un desconocido de la política. Durante el gobierno de Cambiemos fue subsecretario y secretario de Coordinación del Ministerio de Producción que conducía Francisco «Pancho» Cabrera y luego continuó con Dante Sica. Como ahora, en ese cargo era el encargado de las compras y contrataciones de la cartera.
Sbarra saltó a la fama poco después de su salida de la función pública cuando en lo que era su despacho encontraron un sobre con 10 mil dólares con anotaciones como el nombre de una empresa y fechas. El exfuncionario denunció una operación y dijo que el dinero fue plantado. Una cuestión que en ese momento llamó la atención fue que el despacho de Sbarra tenía llamativas medidas de seguridad y era difícil acceder.
Sbarra fue denunciado y el fiscal Gerardo Pollicita lo investigó durante tres años por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. En diciembre de 2023, tres días después del cambio de gobierno, lo sobreseyó con el argumento de que su situación económica justificaba la tenencia de esos 10 mil dólares y los otros bienes que descubrieron.
Sbarra saltó a la fama poco después de su salida de la función pública cuando en lo que era su despacho encontraron un sobre con 10 mil dólares con anotaciones como el nombre de una empresa y fechas
Pero en el camino de la investigación saltaron varias cosas llamativas. Primero, que la justicia determinó que el sobre con los 10 mil dólares era suyo y no plantado, como sostuvo. Pero, principalmente, los bienes sin declarar que le aparecieron, como un lote de 1000 metros cuadrados en Nordelta que había comprado en 2016 por 180 mil dólares y no declaró.
Con los números de la época, Sbarra ingresó al gobierno nacional en 2015 con un patrimonio declarado de poco más de 1 millón de pesos, que correspondía casi por completo a un departamento en CABA, y se fue en 2019 con bienes declarados por más de 30 millones de pesos, entre ellos un Mini Cooper y depósitos en el extranjero.
Luego de algunas rectificaciones de sus declaraciones juradas por «omisiones», Pollicita lo sobreseyó en diciembre de 2023. Meses después, el gobierno de Milei lo rescató y lo designó subsecretario de Gestión Administrativa de la Jefatura de Gabinete, otra oficina encargada de compras y contrataciones.
La última declaración jurada de Sbarra, que presentó en 2024, sostiene que es propietario de una casa y dos lotes en Navarro, dos departamentos y una cochera en Caba, tres lotes en Escobar, dos SUV Volvo, varias cajas de ahorro en Argentina, una cuenta en dólares en el exterior, dinero en efectivo y acciones en dos firmas. Todo eso con una trayectoria laboral casi exclusivamente sostenida en diversos cargos menores en la función pública nacional y porteña.
Mario Lugones
Sbarra es el tercer viceministro de Lugones, después de Giana y Cecilia Loccisano. La Secretaría de Gestión Administrativa es un lugar clave porque allí pasan todas las decisiones sobre el presupuesto de Salud. El cargo se ha convertido en una silla eléctrica.
El Ministerio de Salud ha quedado atravesado por la mayoría de los escándalos de corrupción del gobierno de Milei, como las coimas en Andis, las contrataciones irregulares en Osprera, y los sobreprecios en las compras de medicamentos a laboratorios como el de los Kovalivker.
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